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Full text of "Obras originales del conde de Floridablanca, y escritos referentes a su persona"

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V. *59 



BIBLIOTECA 



AUTORES ESPAÑOLES. 



INTRODUCCIÓN. 



ESTUDIO SOBRE EL CONDE DE FLOMDABLANCA. 



Siglo fué de regeneración el decimoctavo para EspaEa en todo. Apañas terminada la guerra de 
sucesión ala corona , visiblemente comenzó aquí rnicva era de influjo civilizador y trascendental & 
lo8 varios conocimientos humanos, y con especialidad al buen gobierno de la monarquía. Don Melchor 
Rafael de Macanaz y fray Benito Jerónimo Feíjóo brillaron como dos culminantes antorchas, no 
permitiéndose reposo en la tarea voluntaria, patriótica y fecunda de propagar las luces, y pugnando 
vigoro** anión te por extirpar añejos abusos, mediante saludables reformas, y por sustituir máximas 
sanas á errores vulgares. Bajo los reinados dé Felipe V y Fernando VI fué su perscv erante y he- 
roica lucha, que al primero costó emigración larga y prisión estrecha en un castillo, y que el segundo 
pudo sostener libremente desde el monasterio de benedictinos de Oviedo, contra la preocupación y la 
ignorancia. Uno y otro se regocijaron de adquirir auxiliares insignes, de hacer prosélitos numerosos 
en las diversas carreras públicas j Ae observar cómo ganaban terreno sus opiniones , difundidas pro- 
fusamente en obras manuscritas o impresas; ambos alcanzaron ya muy ancianos el tránsito del 
Carlos III del trono de Ñapóles al de España é Indias, y partícipes fueron de sus mercedes inme- 
diatas; claro testimonio del rombo por donde pensaba aquel monarca llevarla nave del Estado. Aun- 
que hijo de Galicia, Feíjóo pasó lo uiu vistencia en Asturias, patria de Campouiáncs; Ma- 
canaz y MoÑino blasonaron de murcianos, y asi tienen hasta este accidental vi felfa enlace 
los que avanzaron victoriosos por la senda del progreso con los que se habían aplicado faerteJ y cons- 
tantes a desbrozarla y hacerla expedita ó disminuir sus malos pasus. Desde loa principios acreditóse 
Carlos III de soberano ilustre, y de bien fué" en mejor su reinado, y el último periodo aventajó en 
regularidad y florecimiento á los anteriores, cuando tuvo á un español de primer seei i Des- 
pacho, tras de figurar don Ricardo Wall y don Jerónimo (¡riinaldi como tales. Necesario es ahora 
bosquejar la vida é importancia del ministro famoso, por via de introducción á escritos de su pluma 
y concernientes á su persona. 

Sobre la esclarecida prosapia de don Josí HoRiko traen minuciosas noticias el doctor don Juan 
Lozano y Santa, en los Honores sejrutcralee á la buena memoria de su señor padre, y don Antonio 
López de OH ver y Medran o, en la dedicatoria que le hizo de la Verdadera idea dé ttfl , for- 

mada de la* leyes del reino. Como llegó á lo sumo de legítima y envidiable fama sin que nadie le 
pidiera la exhibición de su ejecutoria, cuando menos fuera ocioso llenar aquí papel con genealógicos 
apuntes* En la mocedad fué soldado su padre, luego mantuvo honradamente numerosa familia con 
su hacienda corta y la profesión de escribano, y á la vejez ordenóse de sacerdote. Nobleza antigua y 
virtudes cristianas adornaron también á su esposa, y asi, bajo patriarcal techo, CI >ino desde 

que vino al mundo, el 21 do Octubre de 1728, en la ciudad de Murcia. Su educación literaria debió 
al célebre colegio de San Fulgencio, donde se antepuso á todos por la aplicación y la perspicacia. A 
Madrid le trajo el anhelo vehemente de adquirir lustre, ya concluida la carrera de abogado, y honra 
y provecho comenzó a ganar en el foro. Tino mental y aversión á sutilezas y argucias, probidad y 
rectitud sin tacha, amor al trabajo y á la justicia, comprensión profunda de los múltiples negónos 
puestos á su cargo, y elocuencia insinuante para esclarecer las cuestiones sobre que habian de fallar 
los jueces, le valieron oré ivel del de Canipuniánes , y en recompensa, elevóle Carlos III, por 

el año de 1766, á tiscal del Consejo de Castilla. 



tr,A V *S C> 



vt LL CONDE DE FLOR1DÁBLAKCA, 

Sin duda existían ya relaciones amistosas entre los que asi empezaron á ser compañeros. Un 
antes habia dado Campománes su Draiada it la regalía de amortización á la estampa, y una Ca\ 
apol eribió Molturo, bajo el pseudónimo de don Antonio José Dorre, y suponiéndola n 

puesta á otra, en que le preguntaba un religioso cómo fué recibida la tal obra en la corte, á la 
que poma reparos á ciertos puntos. Doctrina contieno el opúsculo de Molturo tan sólida como s; 
y expuesta ademas con desenfado, que á las veces toca cu donaire. De muestra sirvan los páfll 
siguientes ; 

«Las gentes de la corte! para empezar por aquí, son de diferentes clases, genios, partidos, 
dos y conocimientos, ¿Qué quiere vuestra reverencia sacar de esta variedad de voces, sino ana 
tonada algazara, semejante á la destemplada música del Mogol? Hay en la corte sabios é ignora 
tes , ociosos y aplicados, interesados é imparciales, presumidos y modestos, gentes de profesión y 
ella, moderados y envidiosos», ¿Paréeele á vuestra reverencia que en esta caterva puede habei 
monía? Más digo: ¿podrá esperarse que todos los de una clase estén conformes con el tai 
nuevo tratado?... El estado de nuestras cosas es como vuestra reverencia sabe en materia de lite: 
tura. La noticia de ios códigos Gregoriano, Hermogeniano, Teodosiano; las antigüedades griegj 
romanas; la historia de sus leyes y obras de los jurisconsultos que componen Los I ti inieeti 

fueros antiguos , godos y españoles; los concilios generales , nacionales y provinciales, en sus faeOJ 
las epístolas decretales integras, y el discernimiento de las verdaderas y apon . 
positores ; la Escritura misma y la sagrada tradición f son una jerga inapeable para nuestros mod< 
nos letrados, — Eso es historia — dice alguno que, sin saber por qué, se La granjeado crédito 
grande hombre entre los de su partido, Y ¿qué historia? ¿ Se creerá que os la de Gaiferos y Mi 
sendra? Están persuadidos» padre reverendísimo, estos censores insufribles á que los que saben 
aquella erudición (forzosa para formar un hombro letrado), ignoran la delicadeza de las sustitucio- 
nes, los primores del derecho de acrecer, la barabúnda de lus contratos, la rutina moderna y antigua 
de las fórmulas de una acción, la casi metafUica de las cesiones, y la calificación de los de 
pruebas. Paréeeles, digo, que ignoran los letrados erudito* el origen y uso -de las jurisdí 
jurisprudencia decimal, beneficíala matrimonial y preeminencia!; que no saben dónde paran L 
pecies prácticas, amontonadas en los índices y mal digeridas en los Castillos, Acevcdos, Barbosi 
Gutiérrez y otros escritores de esta laya, y que no han estudiado a Molina, Olea y Salgado, Gonzá- 
lez, Fagnano y Grana. Pero ¿creerá vuestra reverencia que unos hombres infatigables para buscar 
los escondrijos do la venerable antigüedad, sufrir el polvo de viejos y despedazados pergami 
perder la vista en caracteres carcomidos y extraños, no tuvieron sufrimiento para emplear a!_ 
horas en la lección descansada de los autores vulgares de la profesión, práci i? El hom- 

bre verdaderamente erudito, y que desea ser sabio, es un hidrópico, que bebe en todas partes , sin sé* 
ciar la sed, con que, no sólo no pierde, sino que aumenta el discernimiento y gusto del caudal que 
lo recrea. La verdad es que los letrados buenos» celosos y eruditos, saben tdla aquella bulla, y sa- 
ben más; esto es, que deben estudiar y aprender las leyes del reino; que por éstas se han do juzgar 
loa pleitos y desatar las dudas , y no por opiniones violentas , torcidas ó voluntarias , de glosadores, 
tratadistas y consulentes; que, cu defecto de leyes modernas, se hade recurrir á las antiguas, mien- 
tras no conste estar derogadas; y que con buena conciencia no pueden servir oficios de justicia, sin 
la noticia universal de las leyes nacionales y de su contexto. Yo quisiera imprimir este escrúpulo 
mal de cuatro antagonistas del tratado del 8r, Campo-manes.» 

Jurisconsulto consumado y escritor hábil y de facundia manifestó bo, al calificar de frr 

lidades, nacidas más bien de la envidia y de otros malos fines que de amor á la verdad y al bien 
Estado, las objeciones sobre la inutilidad do la obra, y la tacha do estar su titulo mal puesto, 
cada de muchos libros, con especialidad de un viejo papelón del siglo antecedente, y de contení 
proposiciones duras, según decires de críticos adocenados é indoctos, contrarios al dictamen de 
sonas sanas é instruidas, que la colmaban de alabanzas. Cual reparos hechos por el religioso, exp 
los que tenian visos de mayor fundamento, acerca de haberse detenido mucho Campománes en 
mostrar la autoridad del Hoberano para imponer tributos, pues cargándolos á los bienes de 
muertas, ya no eran tan precisas las leyes contra su adquisición futura; sobre omitir que Im 
ció III hizo derogar al Emperador de Constan* inopia la ley prohibitiva de la traslación da ! i 
las iglesias; respecto de citar un canon del tercer concilio do Toledo, cual si de amortización hu 
sen tratado los godos, no hablándose allí sino de los siervos del fisco; y por lili re no ser 

adquisiciones de bienes raíces del estado eclesiástico tan excesivas como se ponderaba siempre. 






ICIK'S I 



*- ♦ 



INTRODUCCIÓN. vn 

solidez y origínali sfizo loa r< >Íos, y de tu espirita y carácter dio idea fiel en estas 

significativas palabras ¡ Q Los que na ven sino la superficie de las cosas, y los que sólo piensan en 
aj mismos i 00 laniamieul le bus hijee , ó en su poltronería y comodidad, se burlan de 

los que tienen amor á la patria y se fatigan por ella. Pero los que hacen análisis de los hechos im- 
portantes, j ven desde lejos las resultas , conocen que el servicio de Dios y del Rey exige nías pro- 
videncias, y un continuo trabajo y movimiento para ellas.» De idéntico modo sentía y obraba Cam- 
pománes, pues 0OCB0 ciudadano, creíase en la obligación de desear el bien del reino, y de investigar 
las causas de que dimanaba su estado de entonces , y como magistrado, por necesidad tenía que aten- 
der al bien común y á la reforma de abusos, y que reclamar el auxilio de leyes olvidadas, y pro- 
poner su renovación ó mejoramiento ; sin ocultársele que so expone á mucho el que abiertamente 
embate daaóffdttziei col de la religión por el ínteres mal entendido de pocos, 

bien que ejerciendo influjo de eficacia mayor en su alma el convencimiento de que no es religión di- 
simular Id verdad) ni dejar perecer d la república por el terror ja ostracismo , ó de la censtira 
de ahí Jos ; palabras textuales, de que hizo uso en la dedicatoria del Tratado < 
la retjalia de amortización al Monarca. 

Nutridos ambos fi buenos estudios, conocedores del origen radical de los abusos que eu- 

mian a España en tenaz atraso, penetrad ísimos de la urgencia de plantear saludables reformas con 
bríos, para arrostrar las dificultades enormes y aun los peligros notorios de la empresa magna, muy 
de sobra se concibe al golpe que entre HoSrjffO y Campománes reinara armonía cordial y perpetua. 
Del famoso motín con t ni Esquiladle se derivaron ocupaciones gravísimas para uno y otro. Aquel mo- 
vimiento estilla en Mailrid el 2.'J de Marzo de 1766, y trascendental fué á varias poblaciones. Secreta 
pesquisa mandóse hacer al Presidente, Conde de Aramia, de los excesos cometidos, de los papeles se- 
diciosa y pasquines divulgados , á fin de evitar su repetición en lo futuro; y la elección de fiscal re- 
cayo en t , para el buen desempeño do comisión tan de confianza. Alboroto popular hubo 
también el domingo 6 de Abril en Zaragoza y Cuenca; á esta ultima ciudad envióse á Mofturo, con 
encargo de hacer las indagaciones judiciales más conducentes al esclarecimiento de todo» Necesi- 
tando allí quien le llevara la pluma, se b non dos jóvenes pendolistas, don Pedro Julián de 
Titos y don Pedro de Lercna ; y aun cuaudo escribía más gallardamente el primero, por más listo 
mereció la preferencia el segundo, que bajo la protección del personaje á quien por acaso vino á ser- 
vir de amanuense, y en alas del mérito propio, sucesivamente fué contador en Cuenca de las rentas 
reales, superintendente del canal de Murcia, comisario ordenador de guerra en la expedición á Me- 
norca, asistente dé Sevilla y secretario del Despacho de Hacienda y Conde; todo en el trascurso 
de veinte años. 

Mientras por comisión espcciul desempeñaba MoSSino con celo ilustrado las funciones de juez in- 
vestigador en Cuenca, su obiQX íro Carvajal y Laneáster, escribía al confesor de Carlos lll 
una grave y destemplada caria, afirmando que la Iglesia estaba saqueada en sus bienes , ultra;* 
en sus ministros y atropellos inmunidad , y que de aquí provenían los males recientes de la 
nación española. Enterado el Monarca del contenido de un documento de tal magnitud, por el direc- 
tor de su conciencia, al prelado animó en tono edificante á que explícase libremente ¡ con recta in- 
tención y santa ingenuidad, cuanto pedia esta materia, para desentrañarla bien y cumplir poi su 
parte las obligaciones inherentes á la corona. De agresiva en la forma y declamatoria en la sustancia 
adoleció la representación del Obispo; tachas demostrativas á todas luces de que espíritus intrigan- 
tes abusaron de su candor y celo. No la pudo escribir por si propio, á causa de tener mal sentado el 
pulso y delicada la cabeza, y se valió del secretario, persona de su mayor confianza. Todos los pun- 
tos de la representación funesta dilucidó y redujo a la nada, como fiscal de lo criminal, nos José lío- 
Kiko, en una alegación muy notable y suficientemente motivada , para traer á la memoria que por 
menor cansa tuvo que comparecer, de orden de Felipe II, ante el acuerdo de la Real Audiencia, un 
santo arzobispo de Lima, y para pedir que el prelado de Cuenca diera satisfacción pública, y tal 
que pudiera precaver y reparar las con ^cuencias de su conducta. Hablando como fiscal de lo civil 
don Pedro Rodríguez Cnmpomáucs , demandó que el reverendo don Isidro Carvajal y Laneáster se 
presentara en el Consejo pleno de Castilla, para ser allí reprendido y avisado de que otra vez se le 
trataría con todo el rigor que las leyes previenen contra los que hablan mal del Rey y del Gobierno, 
y que después de esta intimación, se le notificara su salida do Madrid en el término de veinte y cua- 
tro horas, sin ir á palacio. Resuelto fué el expediente por el Consejo, según la petición de sus fisca- 
les, y la comparecencia tuvo lugar el 22 de Junio de 1768, en la casa del Presidente, con des.aj¿*Q 



raí EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 

bacion de sus escritos, por una acordada, de que á la sazón se le hizo entrega, 7 que posteriormente 

fné remitida á los prelados todos. 

Bajo la presidencia del Conde de Aranda había hecho nn Consejo extraordinario la secreta pes- 
quisa respecto del origen de los alborotos recientes é incidencias varias, y de su consulta derivóse lt 
real pragmática de 2 de Abril de 1767 sobre el extrañamiento de los jesuítas y la ocupación de sos 
temporalidades. Para tratar de que tuvieran el mejor destino posible , inmediatamente después fue- 
ron agregados al mismo Consejo los arzobispos de Burgos y de Zaragoza , los obispos de Tarazona, 
de, Albarracin y de Orihuela, y también el fiscal don José MoSino. En unión de su compañero Cam- 
pománes, sostuvo éste la regalía de la corona para disponer de los bienes ocupados á los expulsos, 
en virtud de las leyes fundamentales de la nación y de la observancia general y continua. Lo alegado 
por los fiscales vino á ser muy luego unánime consulta, y en seguida resolución soberana. José I de 
Portugal y Luis XV de Francia habíanse anticipado á Carlos III en la expulsión de los jesuítas 
de sus dominios respectivos. Un hijo y un sobrino carnal del monarca español reinaban sobre loa tro- 
nos de Ñapóles y Parma , y ambos propendían á tomar igual providencia. Realización tuvo en Ña- 
póles, el mismo año que aquí, por Noviembre; en vísperas de seguir tal ejemplo el Duque de Parma, 
á 30 de Enero de 1768, expedía el papa Clemente XIII un Monitorio en su contra , por varios de- 
cretos publicados y concernientes á limitar las adquisiciones de manos muertas; á imponer tributos 
á los bienes eclesiásticos adquiridos después del último catastro ; á exigir una magistratura conser- 
vadora de la jurisdicción real para cobrar estas contribuciones y desempeñar otros encargos protec- 
tivos y encaminados á mantener la disciplina eclesiástica en observancia rigorosa; á vedar á sus sub- 
ditos seguir litigios en tribunales extranjeros; á mandar que los beneficios eclesiásticos se adjudica- 
ran únicamente á los naturales , y á sujetar al plácito regio las bulas y los breves pontificios. Como 
de emanación jesuítica miraron las cortes borbónicas el Monitorio, en que se declaraba ilegítima la 
autoridad de quien procedían aquellos decretos , y se anatematizaba con las censuras contenidas en 
la bula de la Cena á cuantos hubiesen intervenido en su promulgación , ó los obedecieran en adelan- 
te. Desde luego recogióse por el Consejo de Castilla , y según propuesta de sus fiscales, á mano real, 
el Monitorio, y se pidió su revocación á la Santa Sede sin fruto. Entre tanto aparecía aquí un libro 
titulado : Juicio imparcial sobre las letras , en forma de breve , que ha publicado la curia romana , en 
que se intenta derogar ciertos edictos del serenísimo señor Infante Duque de Parma, y disputarle la 
soberanía temporal con este pretexto. Campománes lo redactó de primera mano, y de resultas mortifi- 
cáronle grandes amarguras , porque hallaron bastantes máximas y proposiciones censurables los cinco 
arzobispos y obispos que asistían al Consejo extraordinario, y á quienes tuvo á bien el Monarca, so- 
meter la revisión de obra tan importante. No circulara , por cierto, sin intervención oficial de dos 
José MoSJino, cuya discreción y sagacidad halló recursos para salvar los reparos opuestos por los pre- 
lados , y mantener el sólido vigor de las argumentaciones. 

Toda la base de la obra consiste en establecer, según el Evangelio, las epístolas de san Pedro y 
san Pablo y la autoridad de los Santos Padres , lo mucho que distan entre si la dominación y el apos- 
tolado, conteniéndose la potestad sacerdotal en el mero y eficaz uso de la palabra santa ; no debiendo 
apelar á la violencia ni para corregir los pecados , y careciendo de otro almacén y munición de armas 
que el sufrimiento y la oración , aun para vengar las injurias. Asi el fuero, exención é inmunidad de 
los eclesiásticos en los asuntos temporales no proviene de las constituciones divinas de ningún modo, 
sino que trae su raíz de una merced de los soberanos , á que les pudo mover la piedad ó reverencia 
al sacerdocio, ó la necesidad y mayor utilidad que resultara de ella para cumplir los ministerios sa- 
grados. Allí se comprueba á la larga que los decretos anatematizados versaban sobre asuntos tem- 
porales, y ajenos, por tanto, de la autoridad pontificia. Acerca de la nulidad manifiesta de las censuras, 
dice el libro en sustancia : « Jamas han permitido los soberanos que se traigan las excomuniones á 
las cosas civiles , ni las han fulminado los papas sin preceder amonestaciones saludables. Aun exis- 
tiendo motivo justo, no puede ser excomulgada la muchedumbre, porque el único arbitrio de los mi- 
nistros de la Iglesia para casos de tal especie se cifra en el ruego y en la plegaria; efecto propio de 
una madre tierna, que desea la salud de sus hijos y siempre debe usar de misericordia. Por otra 
parte, ninguna validez tenían censuras sin más apoyo que la bula de la Cena, resistida por todas las 
naciones cristianas , y cuyos capítulos adicionales emanaban de las opiniones divulgadas por los je- 
suítas , para debilitar el respeto y valor de las leyes civiles y del poder soberano, bajo el supuesto 
insostenible de que los eclesiásticos no son propiamente subditos de los reyes, y de que san Pedro y 
san Pablo adularon á los emperadores , cuando escribieron que la sumisión á los príncipes constituía 



IXTRODUCaON. I* 

un rielar di u ya bástanteme te ilustrado*, para que se dude da 

irdaderOi 1 i Butoridí le san Pedro» Ya no puede pasar de los Alpes 

ta, la peligrosa opinión de los que han enseñado que el Papa 
rívar á otros de su soberanía, y mucho menos del ejercicio de bus funciones, que es, en sus- 
taneia, eJ objeto del Monitorio.! T u la obra, cual fundamento de la justicia de resis- 

tir ú la corte romana cuando usurpa U de la corona, 

era que el Monitorio se había dictado por influencia de los je- 
suítas, poderosos y ¿un | EtoSHk Notori M tuTO por seguro que la piedad 
Indísima de Carlos III se alarmaría ante los anatemas del Papa, sin calcular que su ilustra- 
ción discernía perfectamente la diferencia enorme entre la causa de la religión católica y la di 
tituto de ^an Ignaci i ia inquebrantable de Clemente XIII á revocar lo 
tado contra el Duque de Parma, tod<*s los Eorbones se unieron á favor de un príncipe de 
▼ por aron, el rey de Francia á Aviñon, y el de Ñapóles á Benevento, a la par que el 
de España, bajo los auspicios del Consejo <le Castilla, preparaba una resolución eficaz, y formulada 
noialmenti toes y MoSino de este modo: ((Los desórdenes cansados por la Com- 
pañía llamada de Jesús en l<»s dominios españoles, y sus repetidos y ya antiguos excesos contra toda 
autoridad legitima y desafecta á sus intereses, obligaron al Bey Católico, en virtud del poder que lia 

Dios para castigar y reprimir los delitos, á destruir en sus estados tan continuo fo 
inquietudes; pero si así ha llenado las obligacíoi u pueblos, Aun le resta mucho por 

hacer como hijo de la Iglesia, protector suyo, de la religión y de la sana doctrina. No cabe hoy po- 
ner en duda la corrupción de la moral especulativa y práctica de estos regulares , «Iminetraluiente 
opuesta á la doctrina de Jesucristo; tampoco hay quien no esté convencido de los tumultos y atenta- 
dos de que se les aeur*a, y de la relajación de rao, desdo que, perdido de vista el fin proj 

sanio fundador, se han adherido á un sistema político y mundano, contrario á todas las po- 
testades que Dios ha ev la tierra, enemigo de las perdonas que ejercen la autoridad 
¿ en inventar y sostener sanguinarias opiniones, perseguidor de los prelados y de los 
hombres virtuosos. Ni aun la Santa Sede se ha visto libre de las persecuciones , calumnias, amena- 
zas y ncias de los jesuítas; y la historia de varios turnos pontífices suministra pruebas 
abundantes de lo mucho que han tenido que sufrir por su culpo, y de lo que deben temer cuantos so 
opongan á sus miras de dominación ó i 6 pensamientos. ¡Su pertinacia en est< 

ipacidad total de enmienda, están igualmente probadas por muchos ejemplares. Con fé 
á los paíso m donde aun existen, se debe suponer sn inutilidad en adelante, á consecuencia 

del descrédito en que han caido, ya arrancada, por virtud de testimonios muy segura, la mu>eara im- 
i con que tu al orbe. Mientras existan no habrá j 1 de atraer al seno do la Igle- 

sia á los principes disidentes, qui- 1 regulares perturban los estados cot< 

insultan la* sacras pej&onaa d^ los reyes > amotinan los pueblos y combaten laam blica, evi- 

tarán con su alejamiento los | ufort unios. Movido el Rey ( e estas raí 

harto notorias; penetrado de filial amor hacia la Iglesia; lleno de celo por su exaltación, acrecenta- 
miento y gloria, por la an« e la Santa Sede y por la quietud de los reinos c 
íntimamente persuadido de que uunra se conseguirá la felicidad pública mientras continúe este ins- 
tituto; deseando, en E debe á la religión, al í uto, á st mismo \ á sui 
▼aaallos, su¡ ínstanria á su Santidad que mtingú |f totalmente la Compa- 
ñía Ua;> uljiri/.an<i< dúos , y sin permitir que formen congregación 
ó comnnid» rma ó de nuevo instituto, en que so hallen sujetos á otros en- 
periores que los obispos de las diócesis donde residan ya secularizados. a 

Por san< lt esta minul< i Consejo de Castilla á Memoria, 

qu« pañol , pnso don Tomas Azpuru , el 16 de Enero de 17*39, en manos del 

Papa, Otras Memorias análogas le presentaron el cardenal Orsini y el Marqués de Aubeterre, á nom- 

lespues y en sus audiencias sucesivas. Clemente XIII 
limitóse ¿ tu .1 negocio era grave y exigia tiempo , y naturalmente se su- 

puro que no daría ningún q formar una congregación ó reunir á los cardenales #m i 

sutorio. Dead Oárlos III, entre los Borbones, la iniciativa y direcei 

manda, »le la i paraba fin 'ínto, pues el 31 de Enero decía al se da 

Tanucci , m < sarta da bu pv [»ero sab*»r por el primer correo que nuestros ministros de Roma 

hayan presentado al Papa las Memorias tocante á la extinción de los jesuítas , y ver la respuesta que 






EL COXÜE DE FLOIUDABLANCA. 
nos dará, que no dudo, ó de* que ©era negativa , ó do que sin un concilio no lapue 
e importa que sea de un modo ó do otro, pues me basta que esté hecha y 

acia para mejor tiempo que el presente.)) Sin duda aludía al de ceftj sumo pontifico la 

N'o eran trascurridas cuarenta y ocho horas de trazar Carlos III tales palabras con la pluma, 
ando la noche del 2 de Febrero D A muerto por el anciano ( XIII las campan» 

de Roma, 

Desde el 15 de Febrero duro el cónclave hasta el ID de Mayo, y ascendido fué a papa fray Lo- 
renzo Ganganelli, con el nombre de Clemente XIV, y sin obligarse bajo ningún concepto á la ex- 

i de los jesuítas, bien que de su grande amor a la paz de la Iglesia fuera de esperar que 
diese la instancia de los Borbones. Mucho facilito su elección el apoyo del cardenal arzobispo de 
a, don Francisco de Solís y Cardona, muy persuadido, á causa de particular y anterior trato 
con aquel franciscano ilustre, de que llenaría las ideas de su monarca; y A la misma opinión atrajo 
á los demás cardenales favorables á las coronas ; aunque el francés Bernia y el napolitano Orsini 
saban de bien diverso modo. Carlos III dijo 4 Tanucci, el 30 de Mayo : «En este punto recibo 
la noticia, que ya sabrás, de la elección do papa, de la cual quedo muy contento, pues espero todo 
el bien que deseamos»; y como aquel ministro napolitano se mostrase poco satisfecho, le hubo de 
escribir, el 13 de Junio : a Veo cuanto también me dices sobre la imtic ia recibida de la elección de 
papa y su ministerio, y ten paciencia que te diga que, aunque siento infimí haya caído en 

vuestro cardenal Sersalc, óptimo en todo, no pienso tan melancólicamente como tú; pero debemos 
tr á ver para formar un justo juicio.)) 
Largas supo dar Clemente XIV durante dos años y medio al asunto de la instancia de los Bor- 
tones con sagacidad maravillosa, ya ofreciendo sanear por un motu propio todo lo obrado contra je* 
guitas, ya anunciando que al mismo tiempo decretaría la extinción de su instituto y la canonización 
del venerable Palafox y Mendoza, ya consiguiendo que don Tomas Azpuru aflojara en celo como 
untante de España, mediante su elevación al arzobispado de Valencia y la promesa de la púrpura 
cardenalicia, hasta que, desesperanzado y muy enfermo, hizo este ministro, en Diciembre do 1 
la dimisión de su alto cargo. A sucederle de seguida iba el Conde de Lavarla, hombre de honradez 
y prudencia; mas no tuvo ocasión de acreditarlas en Boma, pues murió de apoplegía, por Febrero 
de 1772, a medio camino. Do resultas, Carlos II I escribía á Tanucci, el 80 de Marzo : «Me hallo 
bien embarazado, y no me acabo de resolver en quién debo enviar, pues es una miseria cómo ee está 
aquí de sujetos en quienes encontrar las circunstancias precisas para tal ministerio; pero es preciso 
que vaya uno, y Dios me iluminará, según se lo ruego, para elegirlo. r> Poco duraron sus vacilacio- 
nes, como que á los catorce dias comunicaba lo siguiente al mismo personaje : — He nombrado pa- 
ra mi ministro interino en Boma A don José Molino, fiscal de mi Consejo de Castilla y del extraer- 
án'»... buen rcgalista, prudente y de buen modo y trato, pero firme al mismo tiempo y muy per- 
adido de la necesidad de la extinción de los jesuítas, pues, como todo ha pasado por sus manos, 
a visto cuan perjudiciales son y cuan indispensable es el que se haga; y así creo que se desempe- 
ñará bien en su comisión. » Y el 25 de Abril expresábase de este modo : tí Te agradezco todo lo 
que me dices tocante á mt elección de ministro para Roma, y estoy seguro de que no te habrá dis- 
gustado, pues por ella habrás visto que he tenido presentes las mismas cosas que me dices ; y espe- 
que partirá de aquí del 5 al 6 del mes que viene, pues no ha sido posible que lo haya ejecutado 

Kepetidísimas pruebas había hecho MoSfrro de jurisconsulto eminente en sus alegaciones sobre 1» 
demanda interpuesta contra el cabildo de Lérida por el Conde do Fuentes, para la reivindicación 
del dominio del estado de Montaragut y su señorío y vasallaje ; sobre el término para la segunda 
aplicación y presidios; sobre el acopio de trigo para consumo de la corte; sobre excesos cometidos 
el reconocimiento de yeguas extraídas de Andalucía á Valencia ; sobre primicias de Aragón y 
rsos de nuevos diezmos en Cataluña ; contra los ganaderos trashumantes ; sobre las recogidas 
papel ó discurso titulado Puntos dé disciplina eclesiástica y de don Francisco Alba, y de la obra 
f lca arsjuriSi de autor desconocido. Compuesto juzgaba el discurso más bien para alterar lot 
os e imbuirlos de opiniones perjudiciales y falsas que con el recto fin de concordar el sacordo- 
el imperio; respecto de la obra, su atinado juicio resume este notabilísimo pasaje : (íCuán- 
perturben el orden público y los ánimos de la juventud estudiosa escritos tan defectuosos y des- 
«dos de critica, excede á toda ponderación. Ello es que, de no haberse atajado el curso de soma- 
nte* tratados, ha resultado el menosprecio de la autoridad real en estos reinos, y eso mismo ex- 



rNTRODTTCCTON XT 

>e, que ahora son au+ 
pe han imbuido, cuando eran < imas en los decretal ultramon- 

tanos, que han corrido impunemente en el reino por falta de otros libros Bólidos, y así se ha trasmi- 
ido d> pereza y falta de erudición y de 

k, á exan finales; dimanando todo esto de la pora aplicación & 

^a yála< u rnaterias , y lo que es más, al (liento de las colee- 

iones puras, en que se hallan las mismas fuentes.» Razón sobrada tenía Carlos III para afirmar de 
plano quo era buen i Su ultimo trabajo en el Consejo de Castilla 

adiós para la universidad de Granada, y allí propuso, entre muy útiles re- 
formas, la c lo ana facultad de letras, y ademas la de ■ lero profesorado, con dotar á 
los catedráticos de manera más decorosa y capaz de bastar A la subsistencia de sus familias. No po- 
nía las manos en cusa alguna , sin atender predilectamente á la propagación de las luces* 



IL 



Desde el 16 de Mayo hasta el 4 de Julio duró su viaje do Madrid á Roma. Por entonces supo 
Carlos 111 que en Venecia había salido una estampa del Juicio universal, donde figuraba entre los 
reprobos su persona augusr otado contra el instituto de san Ignacio; y á Tanucci e. 4 ^ 

bia de resultas: «Dios perdone á los autores de la estampa» como yo, como Carlos , los perdono; 
pero como Rey, que me ha »rque ha querido, es precisa y absoluta la extinción de los jesuí- 

tas.» Dox José Monino la había de obtener eon ehocBim marta ó con ^ según textuales 

' facciones , y á ellas se atuvo puntualmente del modo que revelarán diversos pasajes de sus inte- 

JVw i con el Pnpa } á 13 dt Julio, — <■ ae nie pro (idad, me hizo 

las te más expresivas de amor y ternura baria la persona del Bey y su amada familia; 

con cuyo motivo entró en 1 cursos sobre que pensaba ver á España y á su ahijado (Carlos 

Clemente» primogénito del Pfli pasó su Santidad á contarme lárgame 

as de su p< pie tuvo la voca- 

ción de entrar en la orden do san Francí 1 en cierto modo le habia qn nadir su 

confesor, qne tavo en mueb. ue seria largo referir, y vino á parar 

en que por el ano do 1743 le pi rsecucion para hacerle salir de Roma, y 

ae el granpap ¡dvado de esta tormenta, haciéndole consultor del 

Oficio. De esta j otras eepi :¡ para exponerle con bs lira- 

da la neo aabia de romper el lazo q bs papas y de las tes- 

tas i que estaba admirado de la detención en an punto que, ron ser importante, era 

os incon- 
venientes que resultarían di t ario, y la gloria que adquiriría su Santidad si calmaba por esto 
me<i todas 1m i , que yo hice con 
el modo mas vigoroso que pude, respondió su i tiempo, secreto y confian- 
za. I l se habi. juchas cosas que se deberían haber 
tenido « Me habló de las c habían tenido los 
nistros de las iban la extinción, fciu públicas y tea, que habían dado cansa 
á Ul , extrañando la deten* 

aque de Choiseul, 
por ode de Foen- 

ies y con el I asi que éste ultimo era el mayor jesuíta que que 

ar que por esta < isoa 

par^ ; y finalmente 

fesado el Pupa qu< dijo que, 

cuín miado los ojos al cielo 

Qratku Cantidad 

Ique no podi.i íes de tanto como había j > ndo 

muy bastante para qo la libertad y maduro reamen COU »bia procedido» 

Teta yo as se manifestase con la mayor 



M 



■ 



Xii EL CONDE DE FLOBIDABLAXCA. 

reserva) pues sin esta franqueza no sería fácil llegar al término. Díjome el Papa qne no se podía 
fiar de nadie, ni aun de sus domésticos. Repliquéle que se podia fiar del Bey y de los ministros en 
quienes había depositado su real confianza, y que asi era preciso entrar en materia y comunicarse 
las ideas siempre que hubiese algún reparo, que jo no alcanzaba ni en la sustancia ni en el modo. 
Á esto me repitió que secreto y confianza, preguntándome si me hallaba con secretario de quien tu- 
viese estas seguridades ; y habiéndole dicho que sí , me añadió : (( Está bien ; pero ahora no quie- 
ro entrar en detalles.» Por el juicio que entonces formé, concebí que convenia aprovechar aquel 
momento para explicarme con alguna franqueza. Dije que no era mi ánimo ni tenía por justo fati- 
garle en mi primera audiencia; pero que la misma conversación que él se había dignado excitarme, 
había encadenado las especies. Sin embargo, le expuse con vehemencia que , aunque yo había sido 
fiscal y conservaba los principios que había estudiado, sabia que actualmente era un ministro que 
debía tener más de mediador ; que amaba la paz y la moderación ; que en beneficio de aquella , era 
mi opinión que se debía alguna vez ceder algo ; y que en esto conocería que le deseaba hablar con la 
verdad y la claridad que correspondía á un hombro de bien y religioso, que anhelaba por la tranqui- 
lidad y correspondencia más íntima de su corte con la Santa Sede ; pero que le hacia presente que 
el taey, mi amo, al mismo tiempo que era un príncipe religiosísimo, que veneraba á su Santidad co- 
mo padre y pastor, y le amaba tiernamente por su persona, era un monarca dotado de una gran for- 
taleza en las cosas que emprendía después de haberlas examinado maduramente, como sucedía en 
el negocio actual.; que era igualmente sincero, y tan amante de la verdad y buena fe como enemigo 
de la doblez y el engaño; que, mientras no tenía motivo de desconfiar, se prestaba con una efusión 
y blandura de corazón inimitables , y que , por el contrario, si una vez llegaba á entrar en descon- 
fianza, porque se le diese motivo para ello, todo estaba perdido. Aquí me habló de su correspon- 
dencia con el Rey de España, y creí me lo dijo como para darme á entender que estaban su Santi- 
dad y el Rey enterados recíprocamente de sus intenciones. A esto le expuse , arreglándome á la or- 
den de 28 de Junio, que había leído todas las cartas de que me hablaba , y que tenía muy presente 
su contenido. Entonces se suspendió, y me dijo que deseaba que los ministros de las cortes conser- 
vasen el concepto de sus respectivos soberanos , y que éste era su genio y costumbre. Viéndole yo 
qne mudaba la especie, y recelando si acaso trataba de ponerme en aprensión, elogié su benignidad; 
pero le manifesté que tenia una plenísima seguridad en el Rey, mi amo, quien sabía muy bien la fi- 
delidad y el amor con que siempre le había servido , y que, en todo caso, en continuando del mismo 
modo, en cualquiera parte estaría contento, mucho más en el retiro en que me había criado, y por 
el cual yo siempre suspiraba. Pedile día fijo para audiencia, como acostumbraba á tenerla con los 
ministros de Francia y Ñapóles. Díjome que lo haría después que saliese de unos baños que debe- 
ría tomar por una especie de fuego que le ha salido á la superficie del cuerpo; y para comprobarlo, 
tuvo la bondad de mostrarme desnudos los brazos; pero me dijo que si algo extraordinario ocurría, 
le pidiera audiencia por conducto de Buontempi , de quien me hizo elogios. Di muchas gracias á su 
Santidad, y le insinué que en otra audiencia tendría el honor de presentarle una carta del concilio 
provincial mejicano, á que me respondió que en pasando los baños , y so me explicó con un ¡ya! del 
cual y del gesto inferí que estaba enterado del fin á que se encaminaba dicha carta, aunque yo no le 
había explicado todavía.» Concerniente á que solicitara Carlos III del Papa la extinción de la 
Compañía de Jesús era la carta del concilio provisional mejicano. 

Entrevista con el cardenal Naced onio. — ((Me dijo que cuando al Papa en el cónclave se le pre- 
sentó el papel de puntos, que extendió el Cardenal, entre los cuales se comprendía el de Parma y el 
de extinción de los jesuítas, respondió que en cuanto al primero acreditaría, con el hecho de dar las 
bendiciones nupciales al señor Infante Duque, que no hacia aprecio de lo ocurrido; y en cuanto al 
segundo, que era menester á los jesuítas, ó extinguirlos, ó hacer una reforma por grados que impor- 
tase lo mismo, empobreciéndoles , quitándoles el poder, despojándoles de los estudios y cortándoles 
las facultades de admitir novicios. )) 

Plática ministerial con el cardenal de Bernis, sucesor allí del Marqués dé Aubeterre como represen- 
tante de Francia. (( Habiéndole hablado de este asunto al cardenal de Bernis , la noche del 8 de es- 
te mes (Agosto), y de la principal causa de que puedo ser efecto esta suspensión, le di á entender 
que estaría esperando hasta que comprobase completamente que era un efugio para eludir el pro- 
greso de las cosas pendientes, suspendiendo entre tanto mi juicio, como debía, sin embargo de que 
había oído decir que el Papa pensaría en hacer un viaje á Asís , con lo cual se tiraba á cerrarnos la 
puerta hasta Diciembre. El Cardenal me confesó que parecía una conducta de niños la que observa- 






TON. xm 

esU corte, y habiéndome entra- 1 te extinción» empezó a discurrir sobre los me- 

los de estrechar á en Santidad, insinn ú acaso conTendria que le diésemos nosotros alguna 

dea de lo q iría hacer, para allanarle las dificultades de la ejecución. Esta especie, cotejada 

on los antecedentes en que habíamos quedado do obligar al Papa á que se explicase primero y á 
<e el plano, como habia ofrecido, me alarmó y puso en la antigua sospecha de que el Cn* 
entendía ó quería también entenderse ahora con el Papa, y que trataba de descubrir mi modo 
nsar, para regularse asi en el de conducirse, Dljele que el proponer nosotros cualquiera idea d 
to era exponerse á que sobre cada palabra se i ka y un seminario de dilacio- 

es, por lo que jamas entraría en tal propósito; que es cierto que yo tenía un pensamiento, que po- 
dría abrir la puerta á la negociación , y ejecutado previamente por su Santidad, le podría poner de 
buena fe con nuestros soberanos, y dar tiempo á muchas ooias respectivas á la ejecución ¡ pero que 
no diría á nadie, ni a él mismo, el pensamiento, mientras el Papa no se explicase en tales términos, 
que en la hora se tomase ía resolución , porque yo no podia ni debía exponer el decoro de tan gran- 
des principes y el nuestro, después de tantos años y entretenidas, a nuevas contestaciones y burlas; 
que, como le babia dicho, estaba esperando comprobar si de propósito se nos diferian las audien- 
cias, lo cual tendría por comprobado si llegaba la mitad de este mes sin que se usase continuamen- 
., y si seguía su Santidad, como ahora lo hacia, saliendo i a paseo á Vi- 

lia Patrici, donde se divertía en jugar á las bochas; que en tal caso pediría audiencia extraordina- 
ria todas las semanas, como si la tuviera señalada ordinariamente, puee, si se me negaba, sería 
un testimonio de loa designios de esa corte, y si se me concedía, tendría ocasión de hablar claro á 
■u Santidad, como era absolutamente preciso. Esto le dije, sumamente encendido, porque en realidad 
lo estaba y lo requerían las circunstancias; que, sí se pensaba en esta corte que el Bey de España 
y sus ministros habían de ser el juguete de estas gentes y la diversión de los cafés y de las conver- 
paiii»]! .fañados I >res de cualquier maniobra, porque, por vida de su ma- 

jestad, que yo estimaba en más que la mia, le juraba que, en cuai ese de mi parte, no Jes 

saldría bien tal diversión. Mi objeto en esta tentativa, en que no puedo negar haberme acalorado 
algo, fué descubrir por una parte sí el Cardenal se entendía con el Papa ó sns ministros, y por otra, 
si esto era como yo lo pensaba, pudiese el mismo Cardenal, receloso do mi ardor, inclinar al Pa- 
pa á las audiencias y á explicarse, con la curiosidad de • nsamiento que le indiqué en ter- 

mine sos, y con el deseo de salir de las inquietudes y agitaciones que creo tenga,» 

Advertencias al padre Inocencio Buonttmpi, religioso franciscana de toda la Intimidad d*l Papa. — 

«Me añadió que las audiencias empezarían cn la semana 1 yo mamib 

me alegraría que no sucediese lo que otras veces, entró en largos discursos para disculpar al Papa 

disculparle él, dando muchas seguridades de uno y de )do contra las bachille- 

as* de esta corte. Yo le dije que me alegraría que saliese falsa la noticia de que se dispondrían la.* 

cosas de modo q e una audiencia antes de que el Papa saliese á la vi! 

>n esto no habría tiempo de concluir cosa alguna, pasaría^ re, Octubre y parte da 

Noviembre, y entre tanto se verla qué daba de sí el tieni; la añadí que no sabia yo si entón- 

habrian arrepentido aquí ya de no creerme. Díjome que dentro de poco tiempo esperaba que 
no tuviese yo motivo de desagrado. Le respondí que era ya mucho el que había pasado n>n iguales 
no querían conocer que, aunque no fuese más que por el inf repu- 

tación, le tenía grande en componer estas cosas; que sabía que escribían que yo venía con fuego 4 

¡por. debiendo considerar que, para hacer una intimación como la que os 
hace á ana plaza para que se rinda, no era menester haber enviado á un fiscal del Consejo, sacan- 
tos importantes; que, por tanto, debían suponer que venía con disposición** j 
atar las materias; pero que observaba que, por no prestarse en esta corte á lo qna 
}tk congenia, estabn ado 1" que debían el Papa y sus ministros, templando y manejando 

e podía hacerse glorioso y feliz, caminaba, no sé si por malos consejo*, 4 
*er desgraciado y perder y que al padre Bl poca parte, porque 

todos sabia- intenta^ ar, no podrí 

to de aquello» que le echasen la culpa, adre que yo le estrechaba por todas partea, me 

vino con la especie de que, si el Papa i lir de estas apreturas, lo conseguiría fácilmente só- 

lo con nombrar una e encargí mto de extinción de jesuítas, Á lo que U 

alegraría muchísimo lo hiciese en la hora, pues con esto no* 
libertábamos de quebraderos de cabeza, y estaríamo» en el termino de la negociación, que yo Unto 









3tiv EL CONDE DE FLOBIDABLA v 

deseaba, para salir «le l tea y cabalas que producía este punto, puesto que, según mis 

trucciones, en el instante en que se resolviese nombrar tal congregación , entenderían los soberano 
haberse quebrantado la palabra dada pof su Santidad mismo con el secreto y confianza que sabia; lo 
declararían asi , y se habrían de tomar medidas por otro terreno. A esta especie , de que usé con 
bastante resolución y desenfado, me dijo con mucha viveza el padre Buonterapi que ni por sueñe 
pensaba bu Santidad en tal cosa; y como yo hubiese insistido en que ¡ojalá lo hiciese al instan 
pitió muchas veces que no imaginaba el Papa desprenderse por aquel medio de lo ofrecido, y qu 
sólo lo había dicho estQ padre para manifestar que en caso de que el Tapa fuese capaz de apartar 
de sus promesas, podía tener este efugio. Entro después el podre Enontempi á hablarme del difun- 
to Azpuru, dictándome que su genio le habia acabado, queriendo darme á entender que no había sid 
4 propósito para concluir el negocio, y lisonjeándome con que (ojalá hubiese yo venido dos años 
tes! — Pido ahora á vuestra excelencia que una tódofl wto* pasajes en el discurso de tres ó cual 
días, y se convencerá de que se han hecho las últimas pruebas para no cumplir lo ofrecido. Des 
haberme engañado y que tengan la mejor intención del mundo. Mi ánimo para obrar consiguient 
cargarme de razón y evitar que se consume esta queja de mis ardores, es no hablar al Papa en 
ta audiencia sobre extinción de jesuítas, si su Santidad no me habla de ella. En lugar de la Mee 
ria que tengo dispuesta para presentar las cartas del concilio provincial mejicano, pienso entablí 
la pretensión de reducción de asilos , aprovechando esta ocasión, y después volveré á la carga por 
medio que tenía discurrido antes de experimentar todas estas maniobras.» 

Audi nietas con el Papa desde el 23 de Agosto hasta su salida para la villeggiatura d fints de 
•'■re. — «Pasó su Santidad á hablarme de los eorcinos (asi llama á loa jesuítas), y me dijo, ce 
igual encargo del secreto, que iba á quitarles las facultades de recibir novicios , y á cortarles ] 
subsidios que recibían de la Cámara Apostólica por varios medios, y señaladamente el que para i 
mi tención de los portugueses había señalado su antecesor, quien fué más negro que blanco; 
dicwrirnne que en esto seguía las pisadas de grandes papas, como Inocencio XIII, que extendió i 
creto con la misma prohibidos de vestir la ropa; pero que le sucedió un fraile dominico y la leva 
tó. Inmediatamente dije 'pie los medio* paliativos siempre prodncian iguales consecuencias, y qt 
mientras no se resolviese esta cura radical, que baldan propuesto los soberanos, se vendría á pa 
en las mismas debilidades. Me respondió el Santo Padre que si él pudiese hacer lo que los reyc 
que loa linlirm arrojado de sus dominios, tendría el caso menos dificultades; pero que, habí 
de quedar crin ellos dentro, era de considerar y temer el gran partido que tenían, sus amenazas^ ase 
chanzas, venenos y otras cosas. Le conteste que iodo se debía temer hasta que diese el ultimo ge 
pe; pero que» una vez dado, inmediatamente experimentaría que debían cesar los temores, asi 
que faltaba la causa ó el agente que daba impulso á toda la máquina, como porque la impresión \ 
mismo golpe sorprendía y aturdía, como se habia experimentado en España con la expulsión, Á i 
do esto añadí que tendría prontos de parte de su majestad todos los auxilios que necesitase paral 
cerse respetar; á cuya promesa me respondió que estaba pronto á la muerte y á todo; que estas i 
sas eran como las labores de mosaico, que se componían de muchas piezas, y requerían tiempo pa 
ajustarse todas ; que le dejase hacer y que vería las resultas ; que su modo de conducirse era mt 
disimulado, sobre que me citó varios ejemplares; y así que nada creyese hasta que viese las coñac 
cueneias. Con la mayor sagacidad que pude signifique* á su Santidad que todo estaba bien, como ; 
hubiera pasado tanto tiempo, el cual necesariamente había de introducir la desconfianza en las cor 
tes, como en efecto amenazaba cada dia más este fatal momento; que el Key estrechaba ahora ce 
tanta más razón, cuanto, habiéndose introducido algunos jesuítas en España, habia motivos para < 
nocer que comenzaban sus invasiones, siendo absolutamente preciso cortarla raíz de donde salia 
las asechanzas... A pesar del fuego, de que aquí me acusan , ninguno pensará con más templan 
mientras vea que con ella se puede salir con utilidad y decoro*,. 

»Yo, en el instante que su Beatitud se negó á oír mié especies, volví el papel al bolsillo con ma- 
cha prontitud, sin hacerle la menor instancia, manifestando en mi exterior sequedad el disgusto qci 
me habia producido la repulsa. Entonces el Santo Padre, que sin duda lo conoció, dijo que teñí 
pensado hacer una cosa, á la cual no se podrían oponer los demás príncipes, y su majestad queda 
ria sumamente contento; pero que esto no se podía ejecutar sin algún tiempo. A esto le respond 
que con esta dilación se arriesgaba mucho, y que al Rey nada le sosegaría como no fuese la extin- 
ción absoluta; que para sostenerla cada día con más premura tenía eu majestad los motivos que le 
daba la continua fermentación é inquietud del cuerpo jesuítico, y que no podía menos de decirle qu 



bia na aba, Á e$\ le echare 4 un poco de 

halla cual y así no 

finiré tonto lo que ptae 
ion, me repli> Edad, bal 

entre tan nietos, fluctuando entre el temor y la esperanza. — Nada m 

Padre, p la raíz de la muela, se acaba el dolor. Vuestra Santi«lal -or las 

bablaitO hombre lleno de amor ¡ 
de confianza, tema vuestra Santidad que mí corte caiga en la cuenta en que han caí 

tedio indirecto todos loi ordene* religiosos, porque, á vuel- 
de ellos, quedará extinguida la Compañía, — ¿Cómo es «so de ex i me preguntó, — No 

permitiendo, re A aquello! religiosos que no renuncien la exem ucea 

ojetos á los obispos ; por mano de éstos podrán los monarcas hacer las su{ 
■ues que quieran y conduzcan á la felicidad del Estado, a lo cual contribuirán g 
loa obispos afectos y just er algo de esto, no sólo de Venecia, sino 

rieren, me dijo, los jes ni tas ¡ hacer causa común con todos, y sé muy bien lo 
en varias partes sobre órdenes religiosos. — Pues si vuestra Santidad lo sabe, le res- 
, poco importará á los principes que la causa sea general , una vez que logren ver extinguidos 
(iiicren , divididos, reducidos y sujetos los demás á lo que parezca justo y conveniente, 
ta Sede no puede romper con todos los principes católicos, y en esta p le re- 

algun dia esl r tanto, traía yo ahora á rts -itidad mis 

■navidad y templanza.- — Ya los oiré, me dijo entonces, — No, Balito Padre, le 
afiadi ; no quiero molestar á vuestra Beatitud ; pero le pido que me crea y medite todas las conse- 
s. — Que y me condujo á la puerta, encargándome que viese 

finadas al señor Is la amlien 

ji El Santo Padre se me abrió diciendo que las piezas del mosaico, que habían consumido tanto 
ra trabajarse y ajustarse, se iban poniendo en buen estado; que dos anos há, poco más ó 
menos, J¡i «nes del General de la Compañía, y su temperamento enfermo, h 

faltando asta hombre, estuviese hecho lo principal de la obra para su extinción; 
pero que Dios, cuyos juicios debíamos adorar, había dispuesto las cosas de otro modo; que los asun- 
tos de .l le habían estorbado, siendo los nuncios, por sus intereses particulares, loa 
mayoM Javia tenia en precaver y recelar luego 

areceria que el temor, y no el examen y la con- 
eiencí; m decidido; que I rgat una operación nal Malve&fci, arzo- 

le quien se debía tener gran con- 
fianza en el ¡a abrir la puerta á y que 
no sabia tp as de Modcna, Toacana, algunos de Alemania y otras partea, 

- cusas y colegios, y por consí*: >s efectos do la 

ó axpltoai mlí á su Santidad con lu-s palabras del Evange- 

tur oves. El Santo Padre rió y celel o mi salida; j 

» insinuado en otra audiencia que tenía al- 
gunos pensamientos relativos á la hacer de esta obra; pero, como 8i 

o ahora, mortifica) 
ue también tenía pn .l>ras del Evangelio, que me enseñaban 

ríos, ocultaba á lo 
y f¡abl dijo el Papa que tenia razón, y que 

á cojo i raméate deaeaba - 

saqué el apn. i italiana, y la puse en man 

) hacia, porque m n re- 

líento de las promesas de extineí ■; 
camino, y el oí 
Ver á su Beatitud que, en su xtaba el Rey en la resolución de usar de loa demás pr 

AéOOTG Iglesia catoliza, turbada por toa 

aa, y como o ahora por e,vte cuerpo rebelde y tenaz, !> tenté 

sosegar alguna agita las insim 

udole ver que en oeto paso w interesaban la paz de la Iglesia universal, la autoridad de la 



xvi EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 

Santa Sede, la tranquilidad y buena correspondencia de los estados católicos, la quietud del 
Papa y su gloria, sobre cuyo punto, al cual me parece bastante sensible el Santo Padre, procuré de- 
tenerme algo mas. Sobre el mismo punto de gloria y fama, me pareció conveniente tantear á ra 
Beatitud, diciéndole que si estaba detenido en querer facilitar algo sobre los negocios de Beneven- 
to y Aviñon ó sobre otros, era menester que se explicase ; y que , si lo hacia, yo entraría en mate- 
ria como hombre privado para ver qué se podía proponer ó adelantar, siempre que hubiese las segu- 
ridades que exigirían los monarcas. El Papa me dijo con repetición, á estas especies, que él no hacii 
tráfico de sus resoluciones... Finalmente se concluyó la audiencia después de muchas protestas de 
su Santidad de querer salir del asunto, y de encargarme el secreto y que escribiese á mi corte que 
había apariencias de abreviarse ese negocio ; aunque sobre esto le expuse que las quería yo más po- 
sitivas y claras , de modo que enteramente sosegasen al Bey nuestro señor... 

»Me habló el Santo Padre de la providencia de haber cerrado el Seminario Romano, manifestan- 
do que ya experimentaba los efectos y resentimientos de la corte de Toscana, donde, como en desquite, 
se había quitado á sus pobres frailes conventuales el convento de Qrosseto, con el pretexto de con- 
vertirlo en hospital , sin esperar providencia ni aprobación del Pontífice. Todo esto, y otras cosas 
que se debían esperar de aquella corte, me dijo el Santo Padre que dimanaban tanto de la domina- 
ción que en ella tenia el partidp jesuítico cuanto de la conducta de su ministro en Roma, el Barón 
de Saint-Odile. Siguió el Santo Padre hablando de jesuítas; y diciéndome que los reyes los habían 
echado de sus reinos , me añadió que él quisiera arrojarlos del mundo, porque cada dia daban ma- 
yores motivos para ser temidos y arruinados; que habían trabajado una obra destructiva de la reli- 
gión para admitir en el cielo tanto á los turcos como á los católicos ; que en el Archipiélago, donde 
tenían varios establecimientos, se les había querido remover, y no habían obedecido; que en la des- 
membración de Polonia habían influido para ganarse la protección del Emperador, lo cual causaba 
un nuevo embarazo ; que en Módena estaban favorecidos fuertemente , y que en Roma misma un 
cardenal había tenido la frescura de parar su carroza en la calle y de estar en ella más de media 
hora en conversación con el padre Casali , rector del Seminario Romano, en la misma mañana que 
se había cerrado éste. — Todo esto prueba, continuó el Santo Padre, cuántas cosas es menester pre- 
caver antes de venir á la providencia final ; y asi ahora se les hará otro despojo, y por escala ven- 
dremos á la conclusión. — Cuando el Papa finalizó con estas especies, le dije que todo dependía de sus 
temores y tardanzas en arrancar la raíz , y que se desengañase, que mientras no llegara á esta reso- 
lución decisiva y final,. todo era perder tiempo, aumentar el daño de la Iglesia, y prepararse los 
riesgos de la corte romana , por la desconfianza en que iban á entrar las cortes. Su Santidad me 
quiso argüir sobre que no tenia motivo para tal desconfianza, y que cada dia se declararían más sus 
buenas intenciones y las razones con que había obrado, sobre que pensaba adelantar algo en la pró- 
xima viUeggiatura, Entonces presenté al Santo Padre las cartas del concilio provincial mejicano, y 
las recibió después de alguna resistencia, por haber dicho que no era necesario y que no quería car- 
garse de papeles. Le volví á instar á que no perdiese el momento, y á que, después de su salud, 
cuidase ante todas cosas de este negocio en el tiempo de su jornada, porque era sin duda el más 
importante y del cual dependían otros infinitos. Se explicó en tono de llevar esta intención, y se 
concluyó la audiencia... Dije, hablando á Bernis, que jamas había salido tan descontento de las au- 
diencias como aquella mañana , porque todo el cúmulo de voces y especies que había hecho el Papa 
conmigo, me inclinaba á creer que llevaba muy largas sus ideas , y más viendo que no me había ha- 
blado del apunte ó nota que le entregué; siendo tan corto, con el pretexto de dejarlo para el tiempo 
de la viUeggiatura; y añadi al Cardenal que iba ratificándome cada dia en que el Papa no cumpliría 
lo que había ofrecido, y que estaba á punto de escribir á mi corte que si su Santidad, pasado este 
tiempo de villeggiatura y no se decidía, yo no tenía ni sabía más que hacer; y así que se me exonera- 
se de todo empleo, tomando las cortes las medidas que tuviesen por conveniente, pues ya habría 
poco ó nada que esperar... Le ha respondido el Papa con suma extrañeza que yo no tenia motivo 
para pensar de aquel modo; que no imaginaba llevar el asunto tan largo como yo discurría; que 
sabia que á veces me asaltaba la hipocondría (y es así), de la cual podían haber dimanado, y no de 
otra cosa , mis imaginaciones ; que me asegurase que respondería y resolvería sobre el apunte ó 
nota entregada , pues hubiera sido una niñada entrar en materia y tomarla para no contestar, y que 
su desgracia estaba en que todo lo queríamos en el momento, porque no tenemos otra cosa sustancial 
en que pensar, y su Beatitud tenia infinitas... Mi juicio no estaba muy distante de lo que manifesté 
al Cardenal de Bernis, pues, aunque á aquella explicación me decidió la política, fué sin faltar á los 






[OS, XVTI 

ovirm rnos y ¿ una se puede adquirir con la observación 

¡ata de las personas y Je sos díaposiei go en que tal vea estaré equivocado, y en 

que, á pesar de mié is, me queda un cierto rayo de esperanza, qee absoluta- 

uedo extinguir y sofocar dentro de mí mismo; y por tanto, no me acobardaré , aun 
98 a sea tan ardua y mo be tocado. Es cierto que ya no sé qué hacer, y asi eóa 

ocurre insistir en lo C0Bwáft&tee que serán la carta ó cartas de vuestra excelencia y de su majestad 
que insinué en mis dos próximas anteriores. í) 

Agente de preces por España era en Roma don José Nicolás de Azara; mucho mas le predispo- 
ia su genio á la censura que al aplauso respecto de hacían figura, y asi tiene gran fuerza 

lo que dijo entonces al ministro de Gracia 3 , don Manuel de Roda, con estas literales pala- 

bras : a Moñin'o en una de sus audiencias ha adelantado más que el triunvirato clerical en el espacio 
de cuarenta meses,}) No daban paso los dos cardenales representantes de Ñapóles y Francia sino 
bajo la dirección suya, y hasta sobre el ministro portugués habla llegado á ejercer grande inlluen- 
> ráete r de este personaje, conocido por el Comendador Aliñada, sobre quien de- 
•Snro al Marqués de Grimaldi, en su despacho de L° de Octubre : «Es muy desconfiado y to- 
celoso, y es menester estar siempre sobre él, para iluminarle acerca de cualquier paso que doy ó vi- 
sita que hago, pues le basta que uno hable con quien tenga opinión de terciario de la Compañía, 
para entrar en desconfianza, siendo asi que conviene mucho deslumhrar á todos y acercarse para se- 
imerables cosas. Es del caso, por lo mismo, que Carballo (el Marqués de Potnbal) no se deje 
alucinar hacia mí, y vuestra excelencia sabe muy bien cuan distante estoy de ser seducido de esta 
corte ni de jesuítas.» Por intimidación también supo atraer al padre Buontempi á trabajar ea favor 
de su instancia. Cuando dementa XIV volvió de la míUggiatura^ ya tenia MuSrsco eu su poder laa 
carta» del Rey y del Secretario de Estado, una y otra aprobatorias del vigor dado á la negociación 
contra jesuítas, y do la necesidad irren o llevarla de seguida á remate. Nada mejor que 

transcribir aqui pasaje» del despacho del ministro español sobre su audiencia de 8 de re. 

me presentó, entregué á su Beatitud la citada carta, de puno propio del Rc\ 
vuestra exceleii emitirme con la suya de 13 de Octubre, a adola con una 

traducida eu italiano, a lo cual me determiné por dos consideraciones : una para que el Papa no to- 
mase ó dijese que había tomado en otro sentido algunas expresiones, teniendo la salida de que no 
entendía perfectamente el idioma espafml ¡ y ..tra para que desde luego comprendiese que me halla- 
ba entera»! - de la carta, y se evitase alguna travesara ó mala inteligencia, 
á las que b tdo en otras an ncs que el Papa leyó la carta de su u 
tad, an que en lo respectivo á asilos, el Conde Vincenti había escrito al- 
go al Cardenal i de Estado, que ignoraba el contexto de aquel breve, dije á su Santidad 
que 1<> (ue representarle con toda confianza era lo que resultaba de una ór« ! 
me había común habia recibido a mi venida de Ñapóles ; con lo que saqué la otra carta que 

fecha de 29 de Setiembre, acompañada de su traducción, y la puse 
en manos d Padre, diciéndole la estrechez del tiempo en que debía concluir el asur 

oye emp los recelos, distaba poco de la ultimad* 

fianza; y podía ver su \ i firme resolución en que se hallaba su majestad de tomar sus me- 

didas para salir con ¡upe fio. Leyó el Papa casi toda esta carta, y desde luego d»j 

en su semblante la profundísima u que le habia hecho \ intent irme que no habia 

las personas mal Intencionades de que la misma carta hace mención, para imputar la culpa de las 
ililaci' del Santo Padre era desviar nuestras api 

Buontempi y demai ios de su Saní tónces aproveché aquel momento de tuj 

parainfu! «pa el terror, que absolutamente conviene, bien que acompañado de 

y rae i os dulces y r< i cual prorumpió el Papa on diferentes deseb 

Dijon o habia n al ípant había enl otes de eu 

tu lian do todos lo i Tnplarea < 

s en el mismo cuarto, con vario* 
i ros j que absolutamente no tenía de q lalquier trabajo, y que u esta 

an las <»* hizo una larga enumera* - liü > bo- 

ido to, pasó á ponderarme, as teces, las dificulta- 

des de i Iotas de la corte de Viena , para persuadirme 

I que estaba por los jesuítas» Como á estas especies le hubiese yo satisfecho, Unto con el empeñe 




xvín EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 

contraído por la misma corte, cuanto con otras reflexiones, que acreditaban ser personal, cuando 
mas, la inclinación de la Emperatriz respecto de uno ú otro jesuíta , y que , por lo que mira al cuer- 
po, habia pruebas claras de su oposición, por el excesivo poder y por las intrigas con que se mane- 
jaban en todas partes , me replicó el Santo Padre que recelaba contar con la contradicción de Ve- 
necia y Toscana , donde los jesuítas mandaban enteramente ; de Genova , Módena y otras partes , 
donde sucedía lo mismo, y que en Cerdefía, aunque no podía decir nada positivamente, tal vez se 
verificaría otro tanto. Repuse á su Beatitud que estas potencias no eran de tanta consideración, que 
pudiesen y debiesen impedir una providencia tan justa y necesaria ; que extinguida la Orden , y por 
consiguiente la autoridad del General y demás superiores subalternos , no alcanzaba yo qué podían 
hacer aquellos potentados y repúblicas, pues cuando más, dejarían en calidad de clérigos unidos en 
una misma casa á los jesuítas de sus estados, y finalmente, que yo no creía, con los antecedentes 
con que me hallaba , que tuviesen empeño alguno en sostener un cuerpo cuya autoridad habían de- 
bilitado muchos de los principes y repúblicas que me citaba... El Papa procuró disculparse de las 
quejas del Gran Duque, diciendo que en su tiempo no habia hecho instancia alguna; pero yo le dije 
que, si estaban pendientes cuando su Beatitud ascendió al pontificado, y su alteza no vio adelanto 
alguno, pudo creer con fundamento que se llevaba el mismo sistema, y sobre todo, anadi que éstos 
eran otros negocios , y que el mió se reducía á esperar de la justificación de su Beatitud una contes- 
tación positiva á las solicitudes del Bey mi amo y de los demás principes de la augusta casa de 
Borbon. De resultas de todo me dijo el Santo Padre que me entregaría una minuta de su plan, 
constitución ó bula de extinción, para que yo la remitiese al Bey, y pudiese su majestad ponerse de 
acuerdo con las cortes y allanar las dificultades que se ofreciesen con Viena, Venecia, Toscana, Cer- 
deña, Genova y Módena, y que la publicaría en tal caso ex communi principum consensu; éstas fue- 
ron sus palabras. Protesto á vuestra excelencia que no sé cómo me pude contener con esta explica- 
ción, pues ya tuve casi en la boca la reconvención de que también debía añadir que se obtuviese el 
consentimiento del Gran Turco, del Rey de Congo y de otros príncipes y bajas de África y Asia, 
de la Emperat.iz de Rusia, el Rey de Prusia, los cantones suizos, los estados generales y otros po- 
tentados y repúblicas de esta laya, supuesto que casi todos tenían jesuítas en sus dominios. Repito á 
vuestra excelencia que me contuve porque Dios me ayudó, pues , luego que le hubiese hecho esta 
reconvención, le habría añadido redondamente que el negocio estaba concluido, y que no volvería i 
hablar otra palabra sobre él. Sin embargo, en aquel acto instantáneo pude reflexionar que convenía 
manifestar una gran serenidad y confianza, para ver si podemos coger la tal minuta de extinción, 
cuya prenda nunca podía sernos importuna. Con esta idea dije al Santo Padre que ya le habia di- 
cho el concepto que se podía formar sobre la mal temida oposición de estos príncipes y repúbli- 
cas , y que, en todo caso, era yo de dictamen que lo que su Santidad hubiese de hacer en esta mate- 
ria, lo hiciese presto, y si pudiese dentro de un mes , porque , según mis conjeturas , ya no habría 
mucho más tiempo para que empezasen á prorumpir las desconfianzas del Rey y las demás cortes. 
Cuando el Papa oyó mis instancias , me dijo que lo haría, pero que le dejase dar antes los pasos 
preliminares, que me quería revelar con toda reserva... Me pareció exponer á su Santidad que, aun- 
que pensase en estas cosas por los designios que habia concebido, y yo no alcanzaba, puesto que 
con la extinción total se salía de todos los embarazos , podía sin retardación comunicar la minuta 
que me habia dicho, pues con esto adelantaría un testimonio más de sus buenos deseos y buena fe, 
y entre tanto que se veía y comunicaba á las cortes unidas, con los reparos que ocurriesen, había 
tiempo para que su Santidad fuera dando los domas pasos. Unum faceré et alium non omitiere ¡ San- 
to Padre ; así dije. No fué posible reducir al Papa á abrazar este pensamiento, por más reflexiones 
que le hice, bien que tuve mucho cuidado en ellas de no extraviarle de los pasos que meditaba con- 
tra jesuítas , porque , aunque yo he comprendido que son medios de que se vale para deslumhrar á 
las cortes y dilatar el último salto, me parece ya preciso, sin aprobárselo, supuesto que está conoci- 
do lo que antes era dudoso, dejarle resbalar, porque al fin con cada paso de éstos se pone en una 
rampa ó pendiente tal, que la enemistad de los mismos jesuítas y sus protectores , ó le ha de forzar 
al último partido, ó le ha de quitar, si está ligado, como muchos presumen, un grande apoyo para 
hacer frente á las ideas que pongan en práctica las cortes unidas , en desagravio de la falta de cum- 
plimiento de 6us promesas. Entre las reconvenciones que hice al Santo Padre para lo que llevo di- 
cho, se le escaparon, para satisfacerme, algunas especies importantes, que conviene que sepa su ma- 
jestad. Después de haberme repetido el recelo que su Santidad tuvo en otro tiempo de la muerte del 
{¿enera! de la Compañía, por sus muchos achaques, y que estaba resuelto en este caso á suspender lft 



INTRODUCCIÓN. xix 

eccion , disolver el Cuerpo y acabar con la Orden , me añadió que para lo mismo Labia también 
ensado hacerle cardenal. No me atreví á apoyar esta especie, porque puede traer muchos inconve- 
nientes, ei se consideran las proporciones en que pondría al padre Ricci; pero dije al Papa que le 
hiciese arzobispo ú obispo. A esto me respondió que no aceptaría, y que con el padre Casali, rector 
del Seminario Romano, le había sucedido que, proponiéndole por medio de su hermano, el C 
nador de Roma, que se secularizase y le daría un canonicato de San Pedro, dio por respuesta que 
primero se cortaría las piernas. Dejo á la discreción do vuestra excelencia las conjeturas que pueda 
formar sobre estas consideraciones personales de su Santidad, pues ellas dan a sospechar que el 
General de la Compañía y los do su consejo sean depositarios de algún secreto grande. A fiada 
vuestra excelencia que el Papa me reconvino con grandes agitaciones y cuidados sobre que no serla 
justo decir que habia hecho alguna promesa, ni que de ella había dependido su elección. A esta es- 
pecie satisfice, diciendo que tenía entendida la discreción con que se habia conducida Y en 
efecto, según lo que el Cardenal de Bernia me refirió recién venido, el Papa nunca prometió redon- 
damente la extinción antes de ser elegido , y sólo respondió al papel de puntos que se le presentó, 
que daría los pasos por escala, hasta llegar al término por las razones que se le diesen, y que es- 
peraba le hiciesen fuerza, según sus antecedentes, para dar gusto a las cortes. He dicho algo de es- 
á vuestra excelencia en mis primeras cartas, atribuyéndose al cónclave y sus manejos la raíz de 
as dilaciones. Esto no quita que el Papa se haya ligado después, como reconoce y confiesa, y de 
ello, no sólo tenemos la prueba nosotros, sino también el Rey Fidelísimo, que conserva una carta 
de puno propio de su Santidad, en que ofrece y asegura la extinción, como me lo ha revelado el 
Comendador Almada... Si el Santo Padre dijese que tenía escrúpulos en la extinción; que no hálla- 
la causas ó pruebas; que habia descubierto algunas dificultades nuevas y graves, se podría I 
mpasion á la situación en que se halla; pero un pontífice que sabe más y habla peor do jesuitaa 
ue nosotros; que reconoce la razón para arrojarlos de sus estados y aun del mundo; que confiesa 
daño que hacen á la religión con bus escritos y conducta; que no duda de la justicia del Hey y 
s providencias, y que apoya con las suyas, en los CMOf {articulares de Roma, el concepto formado 
ior los soberanos; un pontífice, digo, que se explica y obra de este modo, sólo puede estar deteni- 
o por algún renitente que no alcanzamos, y que es preciso quitar de enmedio por decoro y amor 
d bien de la Iglesia y de los estados católicos,)) 
Muy contento se mostraba el monarca español de todo lo que decía y hacia eu ministro en R 
r la sabiduría y honradez le celebraba Clemente XI V en la vaga contestación á la real carta. Dig- 
o era non José Monino de tales elogios. Con las alternativa*? de tesón y suavidad iba de continuo 
su objeto, y hábil tocaba cuantos resortes podían mover al Papa, sin faltar á la* contemplaciones 
ue le eran debidas, ni perder ocasión de adelantar algo. Uu suceso exterior puso de mejor seña- 
lante el asunto de extinción do los jesuítas por entonces. A don José Agustín de Llano habían he- 
o primer ministro del Duque de Parma, su tio Carlos III y su suegra María lira, ra i 
•lazo del Marqués de Felino, y tiempos antes. Por sí y ante sí exonerólo ahora el duque Fernando, 
tyo arranque de independencia soberana produjo tal disgusto en las cortes de Madrid y de Viena, 
e el Rey de España previno que sus correos no pasaran por aquel territorio, y suspendió á su 
brino la pensión de infante, á la par que María Teresa devolvía sin abrir las cartas de su hija, j 
ue se ausentaban de Parma sus representantes y el de Francia. En la exoneración de aquel rninis- 
o creyeron mnehof descubrir la mano de los jesuítas, pues á la sazón estaban tan desconceptuados, 
que con más ó monos fundamento se les echaba la culpa de todo. Así que estas noticias empezaron 
circular por la corto romana, anheloso fu<; el padre Inocencio Buontempi á visitar á Moñino, quien 
le hizo muy de plano observar la significativa firmeza de la Emperatriz y la indignación legitima de 
su soberano; y á la siguiente andiencia tocó los efectos de la terrible sensación causada al fraile con 
is revelaciones , según lo explican estas palabras : « Inmediatamente que me presente á su E 
ad t lleno de alegría me dijo: Quiero sacaros de vuestra aflicción y desconfianza; estoy resuelto 
esde luego á tomar la providencia de extinción , porque he reflexionado lo mucho que ha de tardar 
visita, visto que me gastaron ano y medio en la del Seminario Romano, He vacilado mucho sobre 
persona de quien me debería fiar, eu que he padecido y padezco grandísimos trabajos; y al fin me 
e determinado á valerme del cardenal Negroni , por la antigua experiencia que tengo de su hunra- 
ez, y por la ultima que me dio con el breve de minoración de asilos, del cual no so supo aqui nada 
asta que vino la noticia de España. Aunque este cardenal se ha sangrado tres veces estos dias , está 
a casi bueno, y en el primer despacho que venga, le daré la orden con la idea para la extensión del 

h 



xx EL CONDE DE FLORIDABLAXCA. 

breve, y le dirá que se ponga de acuerdo para las cláusulas con mi carísimo Pepe (asi dijo). Poda 
tener pronto vuestro plano y hablar con el Cardenal , luego que os avise; pero cuidado con el secre- 
to, y que nadie entienda mis designios. Para las cosas del estado eclesiástico en esto punto cuenfy 
como os he dicho, con el presidente de Urbino, Aquaviva, después que será promovido. Me han ser- 
vido infinito las visitas que se han hecho y los pasos que he dado. Por mí podéis escribirlo todo il 
Rey, por el correo próximo, diciendo que en la primera dominica de adviento, víspera de San An- 
drés, se ha salido de todo esto. ¡Y estad alegre!»— Con agradabilísima sorpresa oyeron posterior- 
mente especies igualmente satisfactorias los ministros do las demás cortes interesadas en la extin- 
ción do los jesuítas. Al mismo despacho, dirigido por Moni so á Grimaldi el 3 de Diciembre, perte- 
nece estotro pasaje: «No sé á qué atribuir la mutación del Papa; conozco la gran fuerza que la 
hecho la demostración del Rey sobre el suceso de Parma; veo también la aprensión que ha dadoli 
conducta de la Emperatriz- Reina en el mismo apunto; comprendo el ascendiente de Baontempi,j 
las conmociones que pude causarle con mi persuasión ; y con todo, no croo que, sin haberse soltado 
algún cabo que estuviese muy asido, ó sin un particularísimo auxilio de la Providencia divina, hiyi 
podido el Santo Padre decidirse en los términos que lo he tocado.)) 

No creyó oportuno Clemente XIV franquearse con el Cardenal Xegroni del todo, tras de tantearle 
sagazmente, y de seguida puso la mira en el prelado Zelada, no sin obtener, por conducto del padre 
Buontempi, la explícita aprobación de Momno. Perplejo quedó este por de pronto, pues juzgaba i 
Zelada como uno de los sujetos más problemáticos de Roma; pero al fin se avino á su nombramien- 
to, por no verse enredado en otro nuevo laberinto de dilaciones; y de resultas dijo á su jefe: «Co- 
nozco que es arduo el paso en que estoy metido, por el carácter, inclinación y sagacidad de Zelada; 
pero estoy resuelto á usar con éste do todo el vigor y de las artes que, si no me engaño, son nece- 
sarias para salir bien. Cuando las cosas llegan á un momento crítico, es menester aventurar algo 
para no perderlas ; y más temor tengo de que el Papa no le nombre, que de que, una vez nombrado, 
dejemos de conseguir el fin. Sin embargo, es preciso estar con mucha desconfianza , por las grandes 
astucias , inconsecuencias y debilidades de estas gentes... Veremos ahora lo que se hace con Zelada 
ú otro ; yo, asegurado de nuestra razón y de la decisión última , estoy resuelto á entrar en materia 
hasta con el General de la Compañía.)) — Elegido fué el prelado, y al punto avistóse con Molino; so- 
bre lo cual dijo éste, en despacho de 23 de Diciembre : (( Hice ver á Zelada con tres palabras todo 
cuanto tenía que decirle; éstas se redujeron á encargarle el secreto, la armonía y la brevedad, acor- 
dándole la gran carta que jugaba , y lo mucho que iba á ganar ó perder en ella. Hecho esto, le leí é 
impuse en la minuta que yo tenía formada con anticipación para una bula formal , y me parece qne 
no le disgustó su contexto. Después de mis explicaciones, lo entregué la minuta, y me aseguró que 
trabajaría, y me vería al fin de la semana.)) 

Zelada aplicóse á desvanecer las dudas suscitadas respecto de su proceder honrado ; y tras de po- 
ner extendida la bula, el 4 de Enero, en manos del Papa, auxiliar eficacísimo fué de Moñino, así en 
desvanecer los escrúpulos de Clemente XIV sobre que pudieran algunos atribuir á algún pacto del 
cónclave lo que resultara de este negocio, como en determinarle á que la extinción se publicara por 
letras en forma de breve. Ya marcharon las cosas de modo que el soberano español escribía al Mar- 
qués de Tanucci, con fecha 2 de Marzo: ((Deja que, antes de continuar á responderte, te dé la gus- 
tosísima y tan importante noticia, para nuestra santa religión y para toda nuestra familia, de ha- 
berme, en fin, enviado el Papa la minuta de la bula, informa breris, de la extinción de los jesuítas, 
según bien sabes que yo siempre lo he esperado, y muy á mi satisfacción , pidiéndome que la comu- 
nique al Rey mi muy amado hijo, al de Francia, al de Portugal y á Viena con el mayor secreto; lo 
que voy á ejecutar luego que estén sacadas las copias que se necesitan, como más distintamente ve- 
rás por lo que lie mandado á Grimaldi que te escriba, enviándote un resumen de ello, para que in- 
formes al Rey, ínterin que va por el correo siguiente copia idéntica de ella; y demos muy de veras 
las debidas gracias á Dios, pues con esto nos da nuestra quietud en nuestros reinos y la seguridad 
de muchas personas, que no podia haber sin esto.)) De Carlos III al mismo personaje son también 
los siguientes párrafos de cartas del 30 de Marzo y de 27 do Abril, sobre el mismo asunto : a Tengo 
el grandísimo gusto de poderte decir que he recibido las respuestas de Francia y Portugal, apro- 
bando totalmente, según yo lo deseaba, y sin el menor reparo, la minuta que me envió el Papa, lo 
que conviene tener con el mayor secreto; y espero en Dios que la respuesta de Viena venga también 
según deseo...» «Te pido que quieras ayudarme á dar á Dios muy particularmente gracias por lares- 
puesta de Viena, que también he recibido, tocante á la extinción de los benditos jesuítas; cuya copia 



INTRODUCCIÓN. xxi 

mandudo á Grimaldi que te *S presente al Eev amado hijo, guar- 

ió; y verás po o te 

engañad tft de 

lo envío á lia de Dios que todo se pueda compouer, j 

importa. 
íon, y qu 

Don la la minuta, ada, 

o aqttl fuese cono* iniera de oficio. Mientras llegaron á la capital del 

las respuestas de ! ííenes la habi: aña, nuevaí prue- 

reeibió nuestro ministro de utempi obraban lealmentc a tenoT de sus miras, 

aes hasta le ayudaron á alentar al Padre Santo, melancolizado por agüeros de una muerte in me- 
laban a la pa: ie de que el monarca español babia perdido la cabeza. 
de* i 3 de Jai ordena! Xcgvoni tenía orden confid 
ctender los breí ejecución do Ja providencia para di 

lo cual equivalía á un mes de dilación forzosa. Inten- 
¡ionada era la q >jes del n 

ación d la audiencia de dos dias antes : a En efecto, habiendo visto á su Santidad, m 
ne habia sabido la in ir é Benevento y Aviilon. Vuestra excelencia 

irá memoria que en carta de podía asegurar á las gentes q'¡ 

íi temor que debían tener 10 I Cardenal de Bernia, que tenia igua- 

lenes, concurrió con is, que se mostraron en y sá- 

lente me añadió al ''adre que, viniendo la publicación del 

evo la noticia de ma i «lar un buen día i Roma, acreditar 

ira la extinción, ni «-u traba en p 
ría con gi 
f me dio ; r que estaba n ti obrar d- 

119 que era un ¡ 
K Me i que estaba conforme en escribir ii la Euiperal 

eos de aquella princesa, según que yo le habi 
que yo po con que r- 

I 'adre, y aunque se amontonaron ¡rríeron sobre 

lochas mal «arque,» ielpartid< 

bierta- re* le bul 

fruto de 1 
«tuto, el cual puede envolver perverso! raba el feliz éxito en 

i gran serenidad, y i no babn te, si 

Sant; creta, a i in- 

uliariati -:s que me babia hecho 

su animo; u»e babia dad ter n<> qi 

pacto para venir á la * ! : *no- 

itnd no perderían urac- 

er irtí 

irado »d, probi Id los 

ibinn de resultar de I y la 

ticas r tan | ara el bien de 1 

perder t lo que el 1 ' 

i y ai que no le ai * -ti duda 

Liorc»; pero con mucho i un hombre de bien de ba- 

ar claro, aun cuando sin I nciencia.,, 

mí boras sil oaa alguna, y yo mi 

•lonría pU< 

publicaba en y» la difle 

si habia i de Avifion y 1 aunque i 

Jidad, todo me da á sospechar de que bay alguna mano oculta , »»te 



XXII EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 

esta arma para el último recurso do dilación, introduciendo en el Papa la desconfianza, y aumen- 
tando los temores que son tan propios de su genio. He hablado con el Cardenal de Zelada, quien 
antes de su despacho del lunes próximo se pondrá de acuerdo conmigo para batir al Santo Padre, j 
creo que lo hará con eficacia. También lo hará el Cardenal Bernis , con quien igualmente he habla- 
do; y este ministro opina que Giraud es quien habrá movido esta máquina, por los antecedente 
que tiene de su espíritu intrigante y de sus ideas. Mañana, que debe buscarme el confesor de ia 
Santidad , hablaré con él y le dispondré , siendo mi dictamen y el de Bernis que absolutamente con- 
viene usar del tono alto y fiero, en que no me descuidaré, pues, así como este medio nos ha condu- 
cido al estado en que nos hallamos , debe ser el que nos saque de la última jornada. Separadamente 
estrecharé al Cardenal Negroni á que se concluya la extensión de los breves , y vuestra excelencia 
puede estar seguro de que , en cuanto penda de mis fuerzas , nada omitiré para terminar este nego- 
cio fastidioso y molesto, y evitar que seamos burlados de estas gentes. )) 

Confidencialmente decia MoSino á su jefe que necesitaba de toda la asistencia de Dios para no 
desbarrar, y que esperaba ganar la palma del martirio, si permanecía mucho en Roma. Al padre Baon- 
tempi atacó tan de firme sobre lo do Aviñon y Benevento, que le hizo exclamar con vehementísimo 
arranque : ¡Pluguiera á Dios que nunca hubiera nacido san Ignacio! Aun logrando que desistiera el 
Papa de la previa restitución de Aviñon y de Benevento, en la audiencia del 7 de Junio hallóse coa 
que iba á ocupar ciertos efectos y papeles de los jesuítas de Urbino, de Formo y do Ferrara, antes de 
dar el paso postrero; sobre lo cual llegaron las alteraciones á un punto muy alto, y su Santidad !• 
hubo de 6ufrir las expresiones más ardientes y vigorosas , no replicando Clemente XIV sino que 
sólo podía poner 6U buena fe en duda á causa de estar hipocondríaco. Poco más ó menos para el 4 de 
Julio, en que se cumplía un año de la llegada de Monino á la capital romana, le ofreció que sus de- 
seos llegarían á colmo. Ni por haberle fiado el arduo encargo de correr personalmente con la impre- 
sión del breve, que se hizo dentro del mismo palacio de España, sin que se trasluciera cosa alguna, 
se aquietaba el espíritu de Moniho; y asi al Marqués de Tanucci dirigía estas frases : ((Aun he te- 
nido necesidad de descargar mi arcabuz, cargado con la conocida metralla, y temo que sea menester 
otra descarga, pues á cada paso nace un tropiezo.» Por fin, á 21 de Julio de 1773 firmó Clemen- 
te XIV el breve de extinción de los jesuítas. Con ocho días de posterioridad escribía MoSiko al 
Marqués de Grimaldi : tt Acaba do estar conmigo el padre Buontempi, y me ha dicho que su majes- 
tad puede publicar y mandar ejemplares á todas las cortes que quiera, puesto que nada falta sino 
aguardar los días proporcionados al arreglo material de estas cosas , y á que nuestro correo esté 
cerca do Madrid... Yo no retardaría divulgar la especie , y á este fin acompaño algún número de 
ejemplares.)) Hasta el 16 de Agosto no so comunicó á los jesuítas la extinción total de su instituto. 
A tenor do idea concebida por don José Monino, tan luego como fué conocida la providencia, el in- 
fante Duque de Parma solicitaba testimonios de gratitud de los príncipes do su familia hacia el Pa- 
dre Santo , y algo después Francia y Ñapóles restituían los territorios de Aviñon y de Benevento. 
Portugal celebraba la extinción de la Compañía de Jesús con Te Deum y luminarias ; España , por 
iniciativa y dirección de su venerado y querido rey, había hecho sentir su influencia y se gloriaba 
del triunfo. Todos los demás estados católicos se sometieron dóciles á lo mandado. Protegidos por 
una emperatriz cismática y un monarca hereje, en Rusia y Prusia desobedecieron los jesuítas al 
Papa, mientras le infamaron otros con libelos, dados principalmente á luz en Colonia y Friburgo, 
ó hicieron por acreditar presagios siniestros en su contra. 

No se concibe figura diplomática más brillante que la do Monino al dar impulso á negociación 
tan espinosa por esencia , y atollada ademas entre regiros dilatorios , y al conseguir su feliz término 
á fuerza de solicitud inteligente y fecunda en arbitrios para allanar los tropiezos y desvanecer loe 
reparos. Necesariamente habia de patentizar un monarca tan justificado como Carlos III cuan sa- 
tisfecho estaba de la conducta de su ministro en Roma, y así fué su voluntad elevarle á titulo de 
Castilla, y que el Marqués de Grimaldi lo pusiera en conocimiento del interesado, quien dio la si- 
guiente respuesta el día 23 de Setiembre : « En lo que toca á la denominación del título con que el 
Rey quiere honrarme, me parece tomarlo do un pedazo de tierra que posee mi casa, llamado Flo- 
ridablaxca; en esto me acomodo á lo que tal vez agradará á los míos. A mí me bastará la denomi- 
nación de conde ; soy poco versado en estas cosas. » Todo se hizo á tenor de su gusto. 

Casi un ano transcurrió desde la extinción de los jesuítas sin que se resintieran la salud ni el 
buen humor del Papa. Al regresar el 28 do Octubre do 1773 do la jornada do Castel-Gandolfo, le 
recibia la multitud con aclamaciones, y su salud era perfecta y su humor alegre aun más que de eos* 



DJTRODUCCTOK 
.-.ti un ciar, en el consistorio de 14 de Enero do 1774, la - Aviñon y 

evento, gozo^ ronvcní- Los á entonar el Ti Deum en acción da 

gracias; tras de celebrar al dii o en el Vaticano, se le fió llevar a los 

cardenales Bcrnis y Orsini dentro de su carroza, por muestra de cabal armonía entre la Santa Sede y 
loa monarcas, Por Febrero, según t< agente de preces, ya ni se hablaba de jesuítas 

en Roma, Antes de espirar de la temprana muerte «leí primogénito del Príncipe do 

Asturias, de quien Clemente XIV fué padrino, RloUidablajtoa escribía á su jefe : «En la audiencia 
del domingo 20 di cuenta al Santo Padre de la enfermedad del Infante, templada con la considera- 
ción de que esperábamos su restabí Beatitud oyó tranquilamente esta novedad, y mo 
dijo que le encomendaría á Dios en aquel sitio, señalándome su capilla privada, en quo dice misa to- 
dos los d añadió que, así como Labia esperado viva fe en que caliese u luz el dia do 
San José de Copcrtino, de quien su Santidad era especial devoto, como se verificó, fiaba en la vo- 
luntad de Dios que no se malograse ahora el fruto. La m ayer miércoles a las nueve mo 
hallé con el papel adjunto del Cardenal , en que refiero la inquietud y aflicción en quo 
había hallado al Papa la noche del martes , por la enfermedad de su alteza, y el encargo que le hizo 
de avisar lo que trajere el correo sobre este importante punto, Lo que yo noto ahora es que el 
correo no llegó hasta ayer a la seis y media de la tarde. ¿ Quién r pues , puso al Papa en aquella 
aflicción el dia martes, en que no había noticia alguna, y quién le alteró la serenidad y esperanza 
manifestadas en la noche del domingo? Sé que su Santidad confia sus ahogos á personas de virtud 
laordinaria, y aunque no soy devoto, y me contentaría con ser buen cristiano, concibo que la 
Providencia tiene canales que no conocemos , y que estos mismos pueden servir para consolarnos 
con nueva sucesión. » De resultas de haber cogido al Padre Santo un terrible aguacero, sin que ex- 
perimentase novedad alguna, por el mes de Abril escribia Azara que estaba más fuerte que una car- 
rasca, No se efectuó la evacuación de Avinon por los franceses basta el E y la noticia 
produjo sama alegría al Papa. Flot; a decía al 16 de Junio : «Aquí no hay novedad, y la 
que habian intentado esparcir de que el Papa no ♦ todo BU mal 
se ha reducido a una pequeña fluxión á la boca, ft Luego de noticiar que su Santidad habia suspen- 
dido los despachos y las audiencias, según costumbre, para tomar baños, nuestro mii 
el 21 de Julio en esta forma : aEntrc tanto aquí se prenden profetas y esparcidores de profecías* La 
superstición que reina entre los f¡ boa de nacimiento y dignidad, esperaba 
el 16 do éste una gran desgracia qe, del Papa. Gracias á Dios, hemos salido 
de aquel dia to de estos va' mdrio mucha de esta gente en la casa de 
locos. iSin embargo, hacen el g> ur la imaginación de los ignorantes y perdido*, con 
riesgo de exponerlos á un dispi feto inny ., de su letra y fechado el 28 de Ja- 
lio, se excusaba el Sumo Pontífice OQD Befl i los funerales de Luís XV por lo excesivo 
de lo^ del régim Como especial merced recibió privada* 
acntc a Florum para manifestar su gratitud por el plantea- 
miento del b tribunal de la Rota de la nunciatura, á fin de que 86 
fenecieran todos los pleito linistro expresóse así en su despacho : a Hallé al 
Papa flaco, torpe y sin la vivacidad y alegría quo le es genial ; se me quejó de un dolor en las rodi- 
llas, y en bu temblante noté una su extraer linaria; me dijo que en estos últimos días la 
hab o al cuen :rso de su conversación, quo duró poco 
mas de horu toó parte de su alegría, contando con gracia 
algunos chi ¡dente de secreto y sin cero- 
monia, y asi lo 1 situación que yo. Uno y otro hemos creído que iti Bca- 
:o algo que le debilita, y en el moral convinimos que le ha entrado el temor y 
la I pueden asesinar, f mulé y haga el papel de hombre fuerte. 
Yo indo |f di cii< neeso del pescador do Ñapóles, que le habia hecho una 
imi t diñaría, y acaso aquell la & las de las demás profecías y 1 han 

irado por díhoí fortificarle y con- 

aolarle, han i y dan sus enemigos es el de la aprensión qua 

lo procuran I felüs en tener en bu mano el presen 

este venena que utrera fió á fines do Agosto i Clemente XIV 

el Covrm na Fr,oair>Ant.AyrA, y en su despacho de 1.° de ¡e hay este pasaje: a La salud 

del Papa, que ea el p ríante del dia, me dio grandísimo cuidado el domingo por ! 



I 






rsrv EL CONDE DE FLORIDABLAXCA. 

porque halló á su Santidad con una debiliiiad y postración de fuerzas» tal, que temi una ruina inmi- 
nente. Sin embartro, el lunes siguiente experimentó el Santo Padre una gran mejoría, de modo que 
hizo su acostumbrado ejercicio, comió y bebió nmy bien, y el Cardenal de Bernia me aseguró haber 
visto el mismo lunes por la noche un hombre distinto del que halda encontrado el lunes precedente. 
Continua, scirun noticias, esta mejoría, y si no hay otra novedad, esta semana abrirá el Santo Pi- 
dre el despacho y audiencias «le todos sus ministros. Sin embargo, hablamos y acordamos Bernia j 
yo sobre la necesidad de estimular al Papa á que declare la promoción que tiene in pectore, pan 
formar un competente partido en caso de cónclave, pues la baraja con que nos hallamos tiene pocas 
cartas buenas con que juirar. Yo hacro y haré todo lo posible en esta materia.)) 

Clemente XIV bajó al sepulcro el 22 de Setiembre, sin declarar la promoción de cardenales,? 
otra vez tuvo que desplegar Floridablaxca las dotes de su inteligencia privilegiada y de su gran 
celo para que no se malograra el fruto de la negociación ardua que había llevado á dichoso remate. 
Insuficientes le parecieron las exclusivas de las coronas y votos . pues la primera sólo alcanzan» 
á evitar que se ciñera la tiara uno ú otro purpurado, y para que fuera eficaz la segunda se requería 
tener siempre á favor más de la tercera parte de electores, y así hubo de recurrir á otro arbitrio, de 
sólido fundamento, aunque atrevido en prado sumo. Según halló en cánones antiguos y billas primi- 
tivas, á la elección de prelados, y señaladamente de papas, debia concurrir el consentimiento del pue- 
blo: por tanto «lijo vigorosa y resueltamente que. siendo los monarcas legítimos representantes del 
pueblo cristiano, su consentimiento debia acceder ó preceder á la elección de papa, y que sin este 
requisito se exponían los cardenales á una nulidad redonda, la Iglesia á un cisma, y Roma 4 mil 
desastres en las circunstancias de obstinación y de encono de los partidos. Su enérgico temple, so 
activísima diligencia y su sagacidad maravillosa lograron que todo el Sacro Colegio adoptara la má- 
xima de concertar entre purpurados y embajadores los sujetos elegibles y propios á conservar li 
quietud y armonía de la Santa Sede y los soberanos. No siendo posible hacer que recayera la elec- 
ción en persona adicta á las cortes, sin más que la tercera parte de votos, mantenida á costa d« 
grandes afanes , se hubo de resolver Floridablaxca á fijar los ojos en uno del opuesto bando, que, 
por sus circunstancias personales, y por la noticia o conocimiento de deber su elección á España, la 
mirara favorablemenre en lo que permitiera la justicia. Trato había tenido con el Cardenal Ángel 
Braschi en materias de oficio y de confianza, y le consideraba de genio franco, fie fidelidad suma en el 
cumplimiento de las pro mesas , de erudición y máximas superiores á las de los inmunistas ordina- 
rios, y tras de hacer que explorara su ánimo un cardenal adicto á las coronas, por los informes ad- 
quiridos, no vaciló en exponer á Carlos III la necesidad absoluta de elevarle al pontificado, para 
salir del cónclave con utilidad y decoro. Plena aprobación tuvo ¡su pensamiento, y así le cupo la glo- 
ria de que se pusieran en sus manos lus representantes ríe las coronas y los cardenales , y de que 
por su indujo ocupara Pío VI el 15 de Febrero de 1775 la Santa Sede. Cuando la salud" de Cle- 
mente XIV iba á menos de instante en instante. Flobioablaxca decia terminantemente : «No veo 
sucesor, que nos pueda llenar de mil leguas: hablo de los que tendrán proporción para ser elegidos... 
Verdaderamente habría mucho que pensar para hallar un sucesor prudente, pacifico y afecto á las 
coronas.-) .VI mes de elegido el nuevo papa, y manifestando que, al preferirle sobre todos, se había 
propuesto los tres objetas principales de asegurar la supresión de los jesuítas, poner á cubierto las 
regalías combatidas, y procurar que condescendiera á las instancias prudentes de las cortes, y parti- 
cularmente de la de Es piula, su lenguaje era en esta forma : K Siii faltar á los estímulos de la propia 
conciencia. ii" puedo hasta ahora quejarme del Papa. » Un año era transcurrido, y tan normal era la 
situación cano n j vi»lan catas palabras suyas : «.( En Roma no queda pendiente cosa grave. )> 

Mejor que de riscal se hallaba FLORíDAnr.ANrA de minibtro español en Ruma; poco después déla 
extinción de !■■< Ígnitas, de su voluntad fué acto exclusivo no ascender á Gobernador del Consejo- 
mas, como f«.r:iia>ft propn.-ito de renunciar á la ¡rodilla, se le había radicado en la diplomacia á me- 
dida de mi dií."ii«.i. con lo necesario para sostener el tren y esplendor correspondientes, pues del Rey 
salía naturalmente id .ra>t««, no poseyendo caudal propio, í.'u ¿grave disgusto causóle don José Nicolás 
de Azara, quien ocribiu el 2S «le Abril 'le 1774 al mini^ro don Manuel de Roda: uM.edio de rebo- 
zo corre por aqui una estampa, mandada hacer por filies que usted conoce... la incluyo. Verá usted 
en ella que, después do agotar el diccionario del incienso para r.tWtn sujeto, apenas , apenas se deja 
al Bey el honor de ser principal de su criado, y esto como de limosna. No di^i j nada de los otros 
*~ **dos los ministros y embajadores del mundo, que, como usted vera, son unos pobres 
i quieren saber algo, han de venir á la escuela do este múdelo. Zelada ha catíplado 



ÍNTICO! xan 

•n e- Yo me escondería en una letrina» ánt 

li oí 1G de Junio : 
- 
Je uiftja ute lo sería di ta estampa que» 

iriamente el n Ltafié loa c< 

a enajenar su? ánimos y á perder el fruto 
aidad <pie I. Por otra parto» i 

jesuítas, - roso y temible, como yo sá mejor 

que otro, para echarlo todo sobre las espaldas.,. Me conocen poco los mismos que tal vez i 

que afectan tratar i ¿calenda», de cuya honestidad tengo el 

ie, y poniéndome á los 
asegurar su real gracia y buena < 
mi fidelidad y oelowll Muy cm »cia á Floridablajíca dar ú Azara por di» 

ta; cuando ya no tuvo «huía nim- manifestó propicio a sacrificar su amor propio y per- 

donar la ofensa , no por aer mr beohú roto «le perfecto, sino porque, para usar de 

humanidad y caridad con ser hombre y . De no hallarse un ano des- 

, también chismeara á su modo sobre haber asistido 
Flori \6 cierta serenata, compuesta en :yo por loa 

herma' latitud i favores; y quizá omitiera qi 

el Conde en la si m alabanzas, y cono o que ha- 

cían e» de inocentada semejante, no turo más arl llamará los autores de Ib m 

y letra, y reconvenirles acremente y delante de todos; tras de lo cual, se retiró de allí con enffl 
A princi, manera á Flouidaplanoa una r iriosa de fray Joa- 

de se mostraba exasperado, a causa de que la i de la 

octava del I tenue rescripto, y no por bula y cerrada y de precepto, cual 

de 1. ras. Por t aquel fraile güito : «Y tro qtte no ha» 

gn«i du el Rey me mandó escribir á usía sobre este a 

anuncie lo mismo qi recelaba y ahora n >e me manda 

i para que no se vea p< I ida la voluntad del 

b aquella mi eartn > yo justan ir ni ba que sucediese en 

esto lo i ue con li -da; pues, con haber asegurado que el K 

se inte LU, y que sólo es empeño <1 rta causa, 

mano, Balitado tantai B ella en fícelas, y sin dar paso á la orden que 

tuvo usía del li n ios di as del papa QfattBOifl X IV, Bien cono/ rá de 

nente satisfecho con el premio qi; 
honra y glOTW ifljftj de Si 

bou M,s y sú r ! 

a mucho* Textuabm M Florida hlawca la carta del p 

puesta coa ¡caloría de batan de la n 

. se referia á una nación, y no á la I 
i la do san Juan y san 
lJias fuort adamas prometía al 

la isa de h llda 

tero lloren Jactara de la ea- 

■ ner de manifiesto o -aró 

por 
con 'idas palabra- í a« 

taimo q laáaugH «taatotJw iue f 

iaesa 

;to sobre octava del 

larde 

Dios para n • erft **■ 

propia do un aacerd - ^° W& P m>do * '* s ' I a * j * 



■ 



■ 



xsvt EL COXDE DE FLORIDABLAXCA. 

motivo le han irritado extraordinariamente contra mi; y cuando me falta aun á las leyes de la buen* 
crianza tan descubiertamente, no puedo lisonjearme que deje de contribuir á destruirme siempre que 
halle la ocasión. Esta zozobra continua no me hará variar el propósito de servir ai Rey con todas mis 
fuerzas; pero, á pesar de todo, puede la humanidad quebrantarme en algún lance por una de aquellas 
fatalidades inseparables de la condición humana. ¿ Por qué, pues, dejarme expuesto á estas contingen- 
cias ?... Yo no pretendo que se haga nada ai confesor, pues le perdono de corazón el error en que le han 
metido, y concibo que el remedio sería peor que la enfermedad. Sólo pido una cosa, en caso que su 
majestad no piense más prudente retirarme, como yo entiendo, para trabajar por otra vía en su real 
servicio, y es, que se tengan siempre á la vista, en cualquier acusación que se me haga, las peligro- 
sas enemistades que me han adquirido los negocios, y la razón con que debo desear se me comuni- 
que cualquier sospecha para dar explicación; aunque lo mejor me parecería siempre poner aquí per- 
sona nueva.» 

Todas las aspiraciones de Floridablanca por entonces se reducian á venir á su plaza del Consejo 
do Castilla con ccdula de preeminencias, como las que se daban á los ministros viejos y achacosos. 
Por de pronto el Marqués de Grimaldi templóle el arrebato de la grave desazón padecida; á los po- 
cos meses le avisó que estaba elegido por Carlos III para ocupar la secretaría del despacho univer- 
sal de Estado. Su nombramiento le produjo natural sorpresa, y movió su alma á los sentimientos da 
amor, gratitud y ternura, á la par que le afligió la ninguna proporción de sus fuerzas para el nuevo 
empleo; y sin hacer el hipócrita, rogó á su protector constante que le pusiera á los pies del Rey, y 
le anticipera las excusas por los errores involuntarios en que incurriría de seguro. 

HX 

Difícilmente se puede hoy concebir que un cambio ministerial era suceso de bulto, y aun especia 
de fenómeno por entonces. Desde el año de 1762 figuraba el Marqués de Grimaldi al frente de la 
secretaría de Estado, tras de negociar, como embajador en París, el funesto pacto de familia. Alguna 
demostración popular hubo en su contra, por la calidad de extranjero, al tiempo del motín de Es- 
quilarle. De español eran sus procederes, y asi la ojeriza tuvo carácter de transitoria. Su crédito 
experimentó vaivén grande con motivo de la cuestión suscitada por Inglaterra, al ocupar el capitán 
general de Buenos Aires las islas Maluinas, que aquella nación llamaba de Falkland, y tenía por 
suyas. Aun presidia el Conde de Aranda. el Consejo de Castilla y regia las armas de Castilla la 
Nueva, y por la guerra inmediata opinó en luminosísimos informes; Grimaldi se sobrepuso á su in- 
fluencia, dando tan mal sesgo al asunto, que la desaprobación oficial del Capitán General ñié un hecho. 
De las desavenencias entre Aranda y Grimaldi se derivaron los partidos opuestos «le aragoneses y go- 
lillas; sin duda tomaron el nombre de la patria de Aranda y «leí epíteto que solía dar á los fiscales, 
como en despique <ie que a menudo le coartaran las prerogativas . con apoyo de las prácticas y de 
las leyes; pero sustancia] mente entre el poder civil y pI militar era la pronunciadísima lucha. De ella 
salió Grimaldi victorioso, pues se deshizo «le Aranda, que á Taris fué en clase de embajador, á los 
siete años de ser traído de la capitanía general de Valencia á Madrid con las más elevadas funcio- 
nes. Trascendental fué á la opinión de Grimaldi la desgraciada expedición á Argel del año de 1775 
en sumo grado, y casi toda la responsabilidad se le «íchó encima. No le eran adictos sus compañeros; 
también le achacaron sus enemigos la publicación de la pragmática de matrimonios desiguales, por 
cuya virtud el infante don Luis fué esposo de doña María Torosa Vallabriga, y que pareció novedad 
censurable y aun doloroso. Bajo todos conceptos eran los ánimos hostiles al Ministro de Estado. Du- 
rante la jornada de San Ildefonso de 177'). se le acrecentaron los desabrimientos, no pasando día 
sin que le llegaran papeles anónimos y llenos de insultos y amenazas; su casa de Madrid quisieron 
incendiar una noche: cuantas sátiras salieron sobre la expedición de Argel iban á parar á sus ma- 
nos; todas las mañanas aparecían pasquines en su contra. Por más que aparentara serenidad de es- 
píritu a lo? principios, >in tuerza ya para disimulos, habta en el semblante se le conocían las desa- 
zones. — E¿to y ti ■ * menvuter dejarlo... Estoy jirmementc resuelto á dejar *.l ministerio y á retirarme á 
Boma, porque >-rro »/«« allí he de vivir aun diez ó dore años; frases oran os tus que repetía á me- 
nudo en A «eno de la confianza. Un incidente de ninguna significación esencial vino á producir el 
final desenlace. Como protector «le la Academia de Nobles Artes de San Fernando, Grimaldi ex- 
tendió el nombramiento de persona tan idónea como don Antonio Tonz , en calidad de secretario; 



INT1Í0F' KTTI 

pero la corporación ofendiese de que se hubiera h< margen á 

contestaciones y wép\ las juntas, 

á qne asistieron con j punto alidail indas de 1 -libo- 

redámente unidos para atizar el fuego de 1 

bu puesto, y de modo, que Carlos III le hubo de admitir la renuncia con mucho sentimiento, que- 
dando muy satisfecho de sus servicios, y haciéndoselo ver al mundo del modo que estaba á su al- 
cance, pues nombróle embajador en la corte toth 

ta en la caida galio Grímaldi victorioso de sus ene? n obtener que FLORioABLAycA le 

sucediera en el mando, como sn legitima hechura. Sin haberle visto en la vida, ni conocer 
por sus producciones impresas y su bien ganado renoml» uso al Monarca, para que lo- 

grara de Clemente XIY la extinción de los jesuítas; después influyó muy espontain 
ae le hicieran galardones, y siempre le mantuvo á salvo de las malas voluntades, que tiraron á per- 
derle en la gracia del Soberano, Por entendidos se dieron los contrarios del ministro saliente de que 
le debia su ascenso el entrante. Una sátira circuló titulada : Junta anual gtf \ anti- 

hispana, celebrada el dia de J dé 177*1, y fin de fiesta en el evarto dclMarqiu laldi; 

■ en 8Q boca poníase allí el siguiente pasaje : 

Pero no les salió como pensaban, 
Porque lea ho pegado el gran petardo 
De deshacer sus máquinas é intrigas, 
Poniendo en mi lugar tm hombre bajo, 
De corazón torcido, y tan perverso, 
Que aparenta candor y encubre rayos. 



Generalmente fué aplaudidisima la elevación del Cont>e de Flor ida bx anca al ministerio, por la 
reputación grande que se habia adquirido de fino tacto y capacidad eum eios fiados 

4 su desempeño. Cabeza del partido aragonés era el Coi; anda; como si maldi, 

se le habia designado en oo y hasta en pasquines; sin emba; 

citó de seguida, con la marcial franqueza y carecí . fe- 

chada en París el 25 de Noviembre : a Vaya ésta á la H hallar ó no á usía ünstrtsima aún en 

Boma, de donde se la enviaran, ei acaso hubiese ya salido para la nueva Billa que trueca. Por el úl- 
ünario he tenido a la nominación de u n para la secretaria de 

Estado. Si le doy la enhorabuena, que es el cumplido común, bago lo que á 

blecida y justa atención del mundo; pero no me contento con eso t y paso á desear a us una 

toda felicidad en su desempeño, por su persona y ¡ !e la monarquía. Por ainba* lé le 

hará creible á usía ilustdsima : por la primera, á causa de habernos tratado recíprocamente si 
rupcion y sin objeto <Ic fines particulares; por la r ego amor 

i la patria, mi pasión por la gloria y c <ua ? y mi modo de ser , , dee- 

i Jo do todo impulso de interés ó miras personales. Sea usia ilnstrísíma tan dichosa como yo se 
lo deseo. Mujora te vocan$ t y ei talento de ma tiene ensanches para todo. Sea buen es- 

pañol, que así sera buen servidor del Rey, y li bfl le harán justicia, ínmortaliz 

orazon ofrezco á usía ilustrlsima, que es todo mi caudal, y la seguridad de que nin truno obe- 
decerá sus i voluntad más fina,)) — No morios cordial monte le r. FLoniP.tr T 
el 16 de Diciembre i mía: «De vuelta de Ñapóles recibo la esi 
cuyas expresiones agradezco en ú alma, porque las creo sinceras. Siempre hemos ten 
de genio reciproco, a pesar tlel ptiegoliimo (pase la voz italiana) de ni i 

icia de mi promoci- n de ánimo, por la desj i* con el 

peso de los gl 'jetos 4 que la y la bondad del Rey me ha» quei Del 

celo y de la actividad no •huí excelencia, como ni del amor a mí patria y a la 1 Rey 

déla nación; pero mintrnut ínter omnes % Jquo podre* hacer pnra nrribar al colmo de mi 
deseos I En fin, yo m mo, pues qae asi lo quiere el amo, y voy á partir, e 

los precepto» de vuestra ia.H — A loe oii sar la mano de Carlos Ilí, en el real 

lol Pardo >>ro de 1777, á Ar;¡ 

y he comenzado desde luego a ejei pero par.. rtsciso 

hacer el noviciado, ♦ »y muy expuesto a re igual t escri- 

bía , pocos meaos después, 4 Flokidablancx: a Veo que vuc lencia trata l oe coa 




xxvm EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 

habilidad y profundidad , de que carecían cuantos han pasado por mis manos desde que llegué a esta 
corto, malográndose varios por la superficialidad y ligereza con que venian dispuestos , y por el poco 
apego de que es susceptible el que no puede pronunciar bien cuerno, cebolla y ajo. Gracias á Dios que 
todos somos unos , y vuestra excelencia irá cosiendo los asuntos.» No le podia Floridablanca seguir 
por este último tono, pues á Grimaldi estaba muy agradecido; y de ello le dio inequívoca muestra, 
con pedir y obtener en el primer despacho que el Rey le hiciera duque y grande de España, cuya 
noticia envióle diligente y gozoso á Medina del Campo, adonde se habia ido á despedir del Mar- 
qués de la Ensenada, antiguo amigo suyo. 

Poco venturoso fué el reinado de Carlos III bajo el aspecto de las relaciones exteriores durante 
su primer periodo; en el segundo brilló con más lustre, desde que todo el ministerio se com- 
puso no más que de españoles. Bu primer paso ministerial dio Floridablanca en el sendero de la 
gloria , mediante el tratado que puso á las cortes de España y Portugal en perfecta armonía , á la 
par que adquirimos en el Rio de la Plata la disputada posesión de la colonia del Sacramento, y las 
islas de Fernando Po y Annobon junto á las costas africanas. Más complicada cuestión era la de la 
América del Norte, ya luchando heroicamente por su independencia. Sobre la base de que todo el 
mundo se previene en su casa si hay fuego en las inmediaciones, Floridablanca propuso que á li 
deshilada se enviasen buques franceses á la isla de Santo Domingo y españoles á la de Cuba, no 
con ánimo de promover la guerra, sino de estar á todas las eventualidades , y en aptitud propia de 
conseguir ventajas, ora quedasen al fin sometidas ó independientes las colonias. Mal pareció á los 
consejeros de Luis XVI tal propuesta , y no 6e habló más del asunto. Poco después lograban comi- 
sionados americanos que por ellos se declarase IJrancia, y entonces vino aquella corte á halagar á U 
nuestra, para que procediese de igual modo, y la respuesta fué negativa, después de hacer que la es- 
perasen allí largo tiempo; sobre lo cual escribía Aranda el año de 1778 á 7 de Marzo : (( Habrá tres 
dias que, furioso Vergennes sobre que no venía respuesta al correo de 31 de Enero, no pudo conte- 
nerse y me dijo : « Esta es la tercera jornada de los aciertos de España : primera la de Argel , para 
gastar su dinero, perder millares de hombres , ser rechazada por unos bárbaros , y venir después á 
la Francia para que interviniese con los argelinos ; segunda la de Buenos Aires , para consumir 
millones , favorecerla Dios sin perder un hombre en ocupar los puntos que podia desear, y después 
hacer con Portugal un tratado que no podia soñar, pero con mucho misterio en conducirlo de modo 
que cualquier arbitro que hubiese mediado hubiera tenido vergüenza de proponerlo á la España ; 
tercera la presente , en que por escrúpulos ó irresoluciones llegará tarde para las ideas que 66 for- 
maron.)) Floridablanca respondió sabiamente y sin demora : «Vergennes... se queja de que no res- 
pondemos á unas resoluciones que no piden respuesta, sino obediencia y conformidad ; éste parece el 
sistema actual de esa corte , muy consecuente á sus antiguas máximas. Nos ridiculizan sobre nues- 
tro tratado con Portugal, al mismo tiempo que nos sugirieron ó influyeron para hacerlo en términos 
mucho menos ventajosos, de que tengo las pruebas en mi poder, autorizadas por la respetable firma 
de su excelencia. Llaman tercera jornada de nuestros aciertos la de la presente comedia ; dígales 
vuestra excelencia que no es sino la cuarta, porque la primera fué la pérdida de la Habana y de 
las riquezas del Sur en la Hermiona, quedando después sin la Florida y con nuestros enemigos en 
el Seno Mejicano, para no poder entrar ni salir en nuestra casa sin su intervención; ésta fué la pri- 
mera jornada de aciertos. Incluya vuestra excelencia la de Portugal por consejo y auxilio de esos 
señores, que nos desprecian, y hacen bien si continuamos en creerles y seguirles. Al fin, 6Í no se 
conquistó Argel , y después los buscamos para componernos , no perdimos tierras ni navíps , ni he- 
mos necesitado el que nos compongan ; si gastamos en Buenos Aires , hemos tomado el fresco , sin 
perder un hombre ni un pedazo de tierra ; si ahora no acertamos, vendremos á parar, á lo menos, en 
gobernarnes sin tutores, y no quejarnos de otros que de nosotros mismos, sintiendo sólo el tiempo 
que hemos perdido en planes , preguntas, respuestas y altercaciones, para concluir en no hacer nada, 
hasta la hora precisa en que se le antojó á esa corte dictar la ley y tomar su partido para lo que 
crea conveniente, sin contar con nuestro daño ni provecho... Parece que nuestra conducta política 
debe ser semejante á la militar que ahi proponen; esto es, obrar separados, sin dejar de ser amigos..» 
Vuelvo á declamar por España, la cual estará bien cuando mire por sí, y muy mal cuando sea es- 
clava do otro poder, sea el que fuere. )) Aranda estuvo por la guerra desde los principios ; Florida- 
blanca inclinóse á sacar fruto por la via de las negociaciones , y de esta suerte obtuvo para España 
el gran papel do mediadora. No pudo reducir las voluntades á que las cuestiones pendientes se venti- 
laran pacificamente en un congreso, y al fin España declaróse potencia beligerante el año de 1779 






TON xxix 

por el mes de J ra durante 

aviniéndose s, y saqueaba no 

bajeles, y á loe 

Coto 
los donativos. Cuatr- 

idente de Guatemala y los 
apresó nuestra - i la altara de las Azores por hál ¡ due- 

tíos nos bí« peñón de Gil 

dera. Sólo faltó este requisito á li riosa, y ast v á la vi 

de Kan Quintín tan brilla 

snfcóno v el initi 

berano, y d realzaron 

rablemente el lustre de I itee y los o celebraron d las en 

bien de los vínculos tradición naciones; paz hubo fructuosa con las regencias berbe- 

riscas ; un embaj ino aquí de la Sublime a, Francia, Rusia, 

Inglaterra, Frusta, Dinaman ma Turquía acordaron consultar a Carlos III sobre 

los arbitrios para la paciticacion general de Europa, turbada por la cuestión de Oriente á los 
moa de su reinado. [Qué gloria para el Conde de Florit ladera alma de la política de 

entonces! 

Prolijo fuera, y basta ocioso, detenerse á enumerar cuanto hizo varón tan Ilustre en los asuntos in- 
teriores, para difundir las luces y acrecer t los ramos, y velar por los n* 
terosos. Ademas de que su /- ¡ene la suma de las ideas adquiri- 
das y la norma para el mejor gobierno de 1 1 1 y reprodujo 
á Carlos IV, en qu< man parte 
del tomo que ahora se da á la estampa. Redacta no de estos documentos inapreciables 
con motivo de que es necesario dar bol altibajos habían tenido las relaciones amistosas de 
nuestro embajador en París y del Ministro de 1 tempre la agresión provino de Aranda, que- 
joso de que no se si , ó de qm Floridablanca no hizo 
mas que parar los golpes en actitud muy decorosa y mcrano nsiva. Por muestra hay 
transcribir trozos de sus cartas co \ ritióla á I jue la Es- 
pana m rr el lado que U\< :»aíia; 
ciertamente que á TTH 

o que 
para mirar á las tajadas; con que, así, señor ex las mejores.» Florida- 

v & Aran da : ttVdw lencia predica por I Índole 

por la misma. I lado las si 

de nn« pectivas romancescas & re lisonjear n 

Crea vuestra excciei; 

gunln adío i m b les i i y que ha} 

tra e\ 

Dios le ba hecho nacer en la 

que el Rey lo viera por sus ojos , decir Aramia toa y descontiunziis no U eran 

dtar á ve <«rque 

eje mas de ocultaciones, que su caria de I i to de muy mal hu» 

¿co su uk rae 6 

desenfadar dría habei -i mi alma 

no fuese más gruí 
sea per< 
sabe que, no nonos 

»y las ca- 
Tilaciones para 
mis fuerzas, como b* be ia me ha- 

gujue con testa- 

ciones sobr que no me lo permiten ni mi salud, ni el tiempo, ni mis 

principios,» Aramia á Floridablasca : tt No nos amontonemos, sofior excelentísimo; ambos somos 



BSB^H 





alífU- 

i 

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?xce- 

U,y 

ornen 






EL CONDE DE FLOBIDA- 
hombres para entendernos recíprocamente ; no 6e me acoja vuestra excelencia al sagrado del amo, 
cuyo nombre solo es una barrera para mi respeto. Y luego» ¿quién podría distinguir lo que hubiera 
salido de su motu propio y lo que hubiere sido proposición de sus ministros y sólo condescerv 
suya, según lo habían pintado? Pero si vuestra excelencia, sacerdote <lel oráculo, no quiere admit 
me ni aun por sacristán, pues tengo voz do chantre y de capiscol , déjeme á lo menos entonar algu- 
na vez las letanías.*. He dicho varias veces que yo no abonaba á este ministerio en sus cordiales in- 
tenciones de corte á corte , pues si una vez ha ido derecho, se ha torcido otras , y lo mismo digo á 
vuestra excelencia, como dicen, al paño, que pienso de nuestro gabinete con éste, y aun, si cabe, coi 
más conocimiento, pues si alas gentes propias, como yo soy, se han interpolado roñas y tretas, mi 
resé qué será con las ajenas,,. Yo sé que he sido buen embajador del Bey, dando mil vueltas á to- 
dos los asuntos y obedeciendo su voluntad decisiva ; sé también que he procurado ayudar á vuestra 
ncia con cuantas especies se podían suscitar, y que con caramelos me hubiera vuestra exce- 
lencia llevado por las orejas ; pero azote encima, señor excelentísimo, suele causar que los niñ< 
hagan novillos. Yo no los puedo dar á vuestra excelencia, porque soy quien está en la escuela 
vuestra excelencia, al contrario, regenta la clase y tiene en manos la férula del maestro, hocest n< 

mas, como ya no tengo padre ni madre, ni tutor, por haber cumplido la edad, ruedo 
tomar la carrera de las armas, y haciéndome soldado, quedar á la buena vida de ellos para servir al 
Estado y al Rey contra sus enemigos,» Floriuablanca á Aranda: «t Ahora, excelentísimo señor, 
yo no pretendo que vuestra excelencia me confiese la razón, pues me contento con quo de botones 
adentro conozca que tengo algunas disculpas ; tampoco quiero exigir de vuestra excelencia que di< 
ga que no tuvo motivo de quejarse, porque eso va en los genios más ó menos delicados, y en 1 
accidentes que se cruzan con la astucia de las cortes y el momento de nuestras vivezas ; lo que 

'»do, es que vuestra excelencia no tiene razón de quejarse en los términos que lo ha hecho con 
migo, porque ni yo he maltratado á vuestra excelencia, ni le he desconceptuado con el Rey, ni te h 
ocultado do propósito cosa alguna para desairarle con ese ministerio, ni le he puesto una sola 
de desaprobación, reconvención, extrañeza ü otra expresión que pudiera en lo más mínimo mortifi- 
carle. Una cosa que se calló á vuestra excelencia, en los principios déla guerra, fué, hableí 
no sólo por el bien del negocio, sino por vuestra excelencia mismo; el Rey mandó callar sobre esto, 
y no es justo que removamos caldos ; las demás ocultaciones que se nos atribuyen han sido apren- 
siones ó casualidades , pequeneces 6 equivocaciones. En cambio de esto, vuestra excelencia me trata 
de hombre que no cumple con su obligación; que faltará á la verdad, atribuyendo al Rey cosas quo 
no habrá hecho ni dicho; que pintará á su majestad las cosas como quiera; que usa de roñas y de 
tretas ; que tiene otras mil cosas ó defectos... Lea vuestra excelencia su borrador y esta confidencial 
á sangre fria r y vea si resulta de ella todo esto, y si puesto en mi lujjar, ni en otro alguno, lo ertíri- 
in embargo, yo, por reverencia á la majestad del Rey, á quien he de leer esta carta, no sólo me 
tgo de otras expresiones, sino que le pido que atienda á las buenas cualidades que ha/ en 
vuestra excelencia y á su celo y actividad, que le he elogiado repetidas veces; que no rebajaré en 
nada el concepto do vuestra excelencia por el paso que acaba de dar, excitado de su genio nimia- 
mente delicado y pundonoroso... También pido á vuestra excelencia dos cosas : primera, que no me 
vuelva á escribir en términos iguales, y se compadezca de mis trabajos, salud y situación, para no 
exponerme á una imprudencia,.. Segunda, que no se ponga siempre de parte de las disculpas de esa 
corte , y que alcance su equidad alguna vez á las disculpas de la nuestra, aunque sea entre nos* 
otros mismos.» Nuevo motivo tuvo FLOKinABLANCA, á los pocos meses, para escribir á Aranda y re- 
tratarse de este modo : «Boy el mismo que he sido siempre, á saber: hombre de bien, agradecido, 
rador de la persona de vuestra excelencia y deseoso del acierto; si yerro, es porque no alcanzo 
más. Confieso que soy vivo y poco sufrido; pero el temperamento del país en que nací me puede 
disculpar. En fin , hagamos por la patria cuanto se pueda , y chismes á un lado. )) Afectuosísima era 
la correspondencia de los condes, al dejar el de Aranda en 1787 la embajada, por estar casado en 
segundas nupcias y no avenirse á la ausencia de su esposa, á la cual fue el clima do París muy des- 
favor aj 

Clamores se alzaron de los descontentos y ambiciosos en contra de Flomdablahca, do resultas de 
la creación de la Junta de Estado, so color de que asi aspiraba al ministerial despotismo. Como jefe 
de la oposición vino á figurar el Conde de Aranda, que so creía para más que otro alguno de sus 
compatriotas» Bueno es afirmar que la Junta de Estado no era más ni menos que el Consejo de Mi- 
nistroa, según se celebra actualmente. Un real decreto de 23 de Mayo de 1783 sobre honores mili* 






INTRODUCCIÓN. rxxt 

tarea determinó de plano la actitud hostil del antiguo Presidente de Castilla , representando con vi- 
racidad extraordinaria en contra por el Ministerio de la Guerra, y no siendo verosímilmente extraño 
á la divulgación de una sátira I mismo asunto, bajo el epígrafe de Conv, 

l&s condes de Floridahlanca y de Campománes el 20 de Junio de 1788 y con hacinamiento de calum- 
nias para arruinar al primer ministro en la gracia del Soberano. Por aquellos mismos días pul 
en el Diario de Madrid la fábula siguiente: 



EL KAPOSO. 



De un león poderoso 
Ministro principal era un raposo; 
Por lo saga.- 
Orgullo como el hombre tiene el bruto; 

Y asi, de su privanza envanecido. 
Trataba con orgullo desmedido 
Hasta á los mismos tigres y los osos. 
Todos los animales, 

Grandes, pequeños mansos y furiosos, 
Eran para él i goales ; 

-or los trataba 7 aspereza, 

Y despreciaba fuerzas y grandeza 
En esto, del favor una mudanza 
Caer hizo al visir de la privanza, 

Y apenas del aeft l aprecio, 
Objeto fué del general 



Ann el más infelíce le acomete, 

Y les grandes del reino por juguete^ 
No queriendo tomarse más trabajo 
Que tal cual arañazo de ligero, 
Como por agasajo, 

Tal martirio le dieron y tan fiero, 

Y se lo continuaron de tal suerte, 
Que, cargado de llagas y de afrenta. 
Vino á sufrir la muerte, 

Penosa tanto más cuanto más Unta. 

¿Por qué para estos casos 
Buscamos en los brutos ejemplares, 
Si de iguales fracasos 
Nos ofrecen los hombres centenares, 
Cuando el poder usaron con exceso? 
¿Y la soberbia cesará por eso? 



Sátira y fábula so juzgaron generalmente enderezadas contra el mismo personaje , aunque la 
primera estuviese clara y la segunda en cifra. Diligencias se empezaron á practicar por los alcal- 
des de casa y corte en averiguación de todo. A la sazón estaba el Bey de jomada en San Ildefonso, 
cual de costumbre durante los meses estivales. Diversas copias de la sátira se remitieron 
pablvm a, y entre ellas le pareció ver una de cierta señora perteneciente á la grandeza y que le de* 
bia lo cual desahogóse con personas allegadas, no sin hablar de la suma benigni- 

dad con que lo tía -oberano y le favorecian de continuo los príncipes sus Lijo o lo 

expresaba á meun «nir á cuento» y le observaran taciturno y ensimismado, y salían lo de la 

copia de letra coi. llegaron á persuadir de que había concebido recelos de loa Grandes de 

fcbles conjeturas indujeron las averiguaciones oficiales de provenir la sátira y 
oion primera de militares condecorados. Respecto de la fábula se supo con eviden» 
don I rantegt) que el autor era un joven amigo suyo, residente en Bilbao, llama- 

do don José Agustín Ibañez de la Rentería, no ocultándoselo á nadie, por ser del todo ¡nocente su 
obra* Algunos tenientes generales y mariscales de campo fueron alejados de Madrid con varias co- 
era de la sátira divulgada, F acota se renovaba, como en 1 

:, la agito 1 >artido aragonés contra el de los golillas; sólo que entonces el punto 

1 tida de la opoi un desasí r-u las playas de Argel, ; r mala 

combinación de la empresa, y le daba apoyo el Príncipe de Asturias, anheloso de ser admitido á las 
juntas qu , y ahora, sobre no- tener mejor fundam» 

el docrot*» do militares, CUjai consecuencias, do más órnenos bulto, admitían el fa- 

cilísimo de una plomada, e! primogénito de Carlos 111 estaba ¿« p 

el gran g poHtíCá de que se le admitiera á todos los despachos y se lo dispensara una 

aza en los do que no había memoria ios do la monarquía, ni ejemplo 1 

demás EuftLAxeJ aso aband trar es- 

ta gracia di esos de su época y do los ade- 

lanto^ y el justo y 1 ¡«abian 

contribuid tro. Lo acabó :r el 10 do Octubre; Ci 1 lVchn es oto 

au contra, y titulada : C a abogad* \r\d í ¿obre ti líhre co- 

mercio de los huevos : bgp rnercio libra entro España é Indií <to A favor 

del antiguo sistema 5 a 1 ni desazonó á los amigos , ni regocijó á los contrai I 

Floiupahlanoa ol u ante las del Monai-ca, el cual oi a gustosísimo la lectura del 

iul en los despachos de su ministro predilecto, cuando rió enfermar y morir a au nuera do- 







xxxn EL CONDE DE FLORIDA BLANCA. 

ña María Ana Victoria, á su nieto Carlos José y á su hijo el infante don Gabriel, en el breve espacio 
de diez y ocho dias. A pesar de 6U resignación cristiana , Curios III era hombre , y no se pudo so- 
breponer á tantas penas , y asi exclamaba, transido de angustia : / Gabriel ha muerto, yo le seguiré 
pronto! Sus hijos rodeáronle de contemplaciones y le suplicaron que viniera á Madrid sin demora; 
por encargo de ellos interpuso Floridablaxca para lo mismo sus ardientes instancias , con la sen- 
tida pintura del temple desapacible de aquel sitio, de los efluvios virolentos que vagueaban por todo 
el palacio y de la tristeza funeral de sus habitaciones ; a todo lo cual repuso el Monarca, en tono de 
presentimiento : Déjate de eso, AI añino. Pues ¡que'! ¿no sé yo que dentro de pocos dias me han de traer 
para hacer una jornada mucho más larga entre estos cuatro paredes? Cual de costumbre, hasta el 
1.° de Diciembre duró la jornada; por vez primera no hizo Carlos III la víspera de la Concepción 
de la Virgen la función de los mantos desde la creación de su Orden do caballería, pues ya estabs 
enfermo de calentura inflamatoria. De tres años atrás, y á consecuencia de la muerte de don Manuel 
de Roda, también desempeñaba Floridadlanca el ministerio de Gracia y Justicia, ademas del de 
Estado. Como notario mayor de los reinos entró á que firmara su testamento el Monarca, sumamen- 
te afligido y saltándosele las lágrimas de los ojos , de forma que le dijo el augusto paciente : ¿ Que 
creías? ¿que yo habia de ser eterno? Es preciso que paguemos todos el debido tributo. Carlos III finó de lt 
manera más ejemplar á la madrugada del 14 de Diciembre, recomendando á su hijo y sucesor qne 
conservara en su puesto al primer Secretario del Despacho. Mejor le estuviera á Floridablakca 
soltar á todo trance su cartera ministerial sobre el féretro del monarca difunto. Ya habia cumplido 
sesenta años y ganado perpetua fama; sus grandes trabajos pedian reposo, su salud quebrantada lo 
necesitaba de veras; mas por veneración á la alta memoria de su Rey amado, aun se sacrificó á su 
voluntad soberana, como si no yaciera en la tumba. De tan profundo acatamiento se derivaron pan 
el espíritu y el corazón de este varón preclaro muy terribles y hondas tribulaciones. 

No hubo alteración alguna en el nuevo reinado acerca de las jornadas á los sitios, y en la de Aran- 
juez hallábase la corte, cuando el 12 de Mayo de 1789 se remitieron desde Madrid dos paquetes 
con un papel anónimo al guardia de corps don Manuel Godoy y al jefe del guardaropa don Car- 
los Huta, á fin de que lo pusieran en manos de la Reina el uno, y del Rey el otro. Nueva sátira 
era bajo el epígrafe siguiente : Confesión general del Conde de Floridablanca ; copia de un papel que 
se cayó de la manga al padre comisario general de los franciscos, vulgo observantes. Sus autores 
tiraban á desconceptuar y destruir al Conde, mediante el uso de las armas del ridículo y de la inju- 
ria y la calumnia , y descargándolas igualmente sobre supuestos actos de su vida pública y privada. 
Pero, á vueltas de esta primordial idea, no perdonaban á ningún secretario del Despacho, ni á los 
subalternos de las secretarias , ni á los tribunales supremos y sus ministros , ni á otra multitud de 
personas condecoradas. Asimismo vertían particulares especies 6obre resentimientos de los embajado- 
res y ministros extranjeros y de sus cortes, y amenazaban con la venganza de Francia, de Ingla- 
terra y de los Estados Unidos , y con el derramamiento de la sangre de Floridablanca , y con la 
divulgación del anónimo dentro y fuera do España, para escarnecer y difamar al Gobierno. Por úl- 
timo, injuriaban torpísimamente al monarca difunto, en términos de que, á pesar de su elevado mé- 
rito, y do los elogios y el amor de sus vasallos y de toda la Europa, se le pintaba como un hombro 
pasivo, inerte, estúpido é insensible; y hasta predecían conmociones, si continuaba el despotismo del 
personaje contra quien asestaban principalmente dardos tan llenos de ponzoña. Puntualmente cum- 
plieron don Carlos Ruta y don Manuel de Godoy el deseo de los encubiertos autores , cuyo papel 
subversivo llegó á manos de Carlos IV y de María Luisa. 

Ambos príncipes leyéronlo de seguida en todo ó en parte, y por el mismo Ruta llamaron cerca 
del mediodía á Floridablanca de la secretaría de Estado, y le dieron los dos ejemplares del libelo, 
con alguna idea á la par de sus especies malignas y calumniosas. Bien dijo don José Antonio de Ar- 
mona, corregidor de Madrid por entonces, y varón do gran seso y pulso, que «para un lance asi, 
estando á los pies del Soberano, ante quien se hace la acusación , se necesita todo un hombre, puef 
acaso no alcanza de pronto el interior consuelo do la inocencia , y se requieren los auxilios de Dios 
y gran fortaleza de espíritu para no caer en tierra ó muerto ó desmayado.)) Verdad es que hubo de 
mitigar sobremanera su disgusto la urgencia con que los reyes le encargaron la averiguación y cas- 
tigo del autor ó de los autores del anónimo infamatorio. Según el mismo Armón a, escritor de vera- 
cidad suma, «la osadía del estilo, suponiendo errores sobre la justicia del rey difunto; las calum- 
nias mas atroces y los hechos que se vertian contra el ministro en favor, dieron mucho sentimien- 
to «1 Bey, porque el amor reverencial que siempre manifestó á su padre, las sabias lecciones de 



INTRODUCCIÓN. X* 

gobierno qut lo él, aer.< toe añoa a sus despachos, loa negocios mismos qtu 

t elia memoria 
mit ;: i el hor- 

ia ae 
aba Ijl misma Ifl la negra trama no era po- 

dían sospechar ei m dias la taciturnidad y el sentirme i conocido 

Por carta ¡as se adquirieron euücient» 

ion contra don Manuel Manca, don í íimoni y 

tn Juan del I iuudo er:t ro de Cerdeña y nacido por casualidad en España, y loe 

ian de extranjera cotia, 
Al el Ministro de io introductor de em bajado- 

. y le tru noticias an1 

quf to, sin posibilidad al ¿runa de proporcionarle adelantos en la carrera, ni reenr- 

I as contraidas en i la notable y al .an- 

de Carlos Iil a manife ¿cana vino recomendad' 

le restitución de tú, apresada p 

'uranle la última guerra ía <Jnin Bretaña; buena fué declarada la tal 

pros cía del Consejo de la Guerra, confirmada en definitiva é interviniendo magi&trai 

de 1 Indias; alguna indemnización solicitó, por via de equidad, el 

ead* ,J cedieran varias acciones de lafl A&f 

tes á la reí la en la compañía de Filipinas, a lo CtiaJ negóse el Monarca de un modo rotun- 

do; sobre Wd por negocios muy enredados y ruidosos, y 

que *c había hecho harto v A don L iria Fi.orii»jhilanca, 

d© J embajador ti idioma bn id ido en 

Cone tan t inopia, y á quien trasmitió do i eta de lacón* de Bfipafl*, al 

decir de uno de rpretes del ot< mas babia tratad., ni fisto á dd 

ile y algún otro, le enlistaban especies de ser te 
anj' «finidos, sin que el Estado gane cosa 

ntendente general de policía formó don María] 
1 cual resultaron le , bien que afanca y Sainen en mayor grado, pues los 

artas á Godoy y Ruta eran indudablemente de *n letra, y las de- 
- de los ei de un mod 

das | las leyes para aplicar la 

ibo de preocupar este asunto a Floridas nesto 

raron las fiestas suntuosas por la ex, 
IV al trono, y la- iralajur^ , v de 

veebó anhelosamei ider un lar^o e 

por d< nts sobrr q Con- 

cón 
en 

n á la 
a paiie : i 
loa IV atestiguar á su au loti b<-< li 

,'ie eran el Iv* Teta- 

\ actos 
en cuanto habí aspiraba a otro galardón por 

para p una y la de su 

ia de la boca y plm 

aera del i 
la vida, sil i 

! 
. : 
letra, cuan gratos le \ sus 

oe continuos de abandonar el m o k cumplió la palabra, empeñada por su augusto. 



auxi7 EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 

padre, de aliviarle sobremanera de trabajo, mediante el arreglo de secretarías, de forma que yii 
quedó con la de Estado y las rl m de la superintendencia general de correos y postas; i 

pósitos de todo el reino, de academias y de policía. Muy contento manifestóse Floiudabl Asa : 
esta reforma, obra especial suya, y de que no tuvieron la noción mils leve sus compañero» hasta i 
estuvo decretada. Así descargóse de i a secretaría de Gracia y Justicia , y también dejaron de < 
por su mano los asuntos do la real casa y patrimonio. Desde entonces varió el plan de vida, no ye 

iian uniente á palacio, según su antigua costumbre, sino los dias de sus despachos, á no 6ei 
le llamaran los reyes , ó viniera algún correo extraordinario de laa cortes de Europa. 

10 que no se hallara todavía sustanciado el proceso contra los autores de la sátira atroz y 1 
indecente, sobrado explícitas eran las declaraciones del Soberano para sosegar á Floiudabl 
vivament* por los ataques á su honra, con acusaciones de robos, de deslealtad al Rey y i 

patria, y de todo género do inmoralidades. Poco le duraron las recientes satisfacciones. Á las dieid 
la mañana del 18 de Junio recibió doB puñaladas en la espaldilla izquierda, á la puerta del i 
del infante don Antonio, y allí quedara sin vida, a no ser por el auxilio de sus lacayos , uno del 
cuales derribó al agresor en tierra, impidiéndole que se matara con la misma arma. Para honrad 
nuestro país y consuelo del Ministro de Estado, también ora extranjero este hombre alevoso, i 
al grito de ¡Mucre, traidor! le quiso postrar sin aliento. Natural de un pueblo inmediato á la capit 
de Francia, como cirujano charlatán rodaba Juan Pablo Peret por el mundo; un dia antes Labia < 
tregado un memorial ala Reina, tirándole <1< i rostido con ademan osado, para que eo dei 

le algunas frases, despreciadas en la creencia de ser un loco; y al Ministro de la Guerra, 
de Campo Alange, se i >r ver en su secretaria de noche. Todos estos antecedentes difa 

ron por Aranjuez grande y rápida alarma. Al herido se hizo la primera cura en la próxima secr 
ría de Estado, y inégo so le traslada sa su berlina á su casa, donde un cirujano de cámara fué á i 
tirle, por s. No eran de gravedad las heridas, y al paciente sir 

saludable consuelo el sumo interés de la real familia y de todas las clases de la corte y del 
Verle sano. Personas eclesiásticas y seglares de la primera jerarquía volaron de Madrid á 
para saber de su salud y acompañarlo junto al techo; «testimonio público, dado á su vista y á lac 
sus amigos y enemigos, según Armona, que podia borrar para siempre todos los sentitnieutos anti 
riores.» Al mismo tiempo, misas cantadas , de gracia» con sermones, o de como 

dados religiosas y sujetos conocidos, por todas partes manifestaron la estimación de *u persona y i 
concepto general y la gratitud que se tributaban á su ministerio y á su amor á la patria; y final me 
en el primer despacho con don Antonio Valdés , ministro de Marina, Carlos IV concedió cuatr 
tos ducados de pensión á cada uno de los dos lacayos que le salvaron la existencia y prendieron al i 
lincuente, Pasados ocho dias, ya pudo el Conde salir á misa y presentarse en palacio, con el finí 
agradecer los reales favores. Cabalmente al mismo tiempo la rea! administración de arbitrios pl 
sos celebraba una solemne acción de gracias en el convento de San Hermenegildo, de carmelitas i 
calzos, de esta corte, por la especial protección con que Dios preservo la vida al Conde de Floro 
blanca. Allí pronunció el padre maestro fray Francisco Sánchez un sermón de bastante nota i 
eo insertará en lugar oportuno, y cuya idea está comprendida en las dos proposiciones sig-uient 
La misericordia con los pobres es recompensada con las felicidades temporales; igualmente lo será < 
los bienes eternos. 

Afortunadamente la tentativa de Peret no tenia relación alguna con las intrigas hostiles á Flob 
da blanca, y de las diligencias judiciales sacóse tan sólo en limpio que el reo era un monstruo 
figura de hombre* Ante la sala de alcaldes vióse á puerta abierta la causa, resultando Peret cond 
nado á morir en la horca. De curas y frailea burlóse dentro de la capilla, no dando el menor 
monio de amor á Dios ni de obligaciones cristianas, y tampoco de arrepentimiento, y negando 
fijar los ojos en un Crucifijo que le pusieron delante. Hasta el suplicio llevó su bárbara entereza * | 
con el dogal á la garganta, por una breve detención del ejecutor de la justicia, tal vez creyó qneí 
iba á dirigir alguna frase en caridad cristiana; y jarre! gritó con aire de impaciencia, tras de lo i 
hizo el verdugo su triste oficio. Pot la noche se le dio sepultura junto al Arroyo Abronigal, y en i 
rincón distante de toa pasos más trillados. Peret murió en la horca á 18 de Agosto, siendo el 
mer ejecutado en la Plazuela de la Cebada , pues desde dos dias atrás ardiau los edificios de la Pía 
Mayor en todo su ángulo de Sur ¿ Poniente , desde el arco de la calle de Toledo, y así hubo qne i 
terar la custurabr© de levantar allí el cadalso. 

A fines del propio mea de Agosto se empezó á ver en el Consejo de Castilla la causa for 



ratv 

'Urques di i lente rio Poli. 

lj em^eñu 
I fritan*! 

imadas ii 
tic hacia las tle algún persom atara Fi.oi 

urna. Diez dias pn.-b.-n- 
la, j al cabe de ellos se dividieron los votos de forma, que once aeft 

paaa- 
1 »i que se p B0 la» reales manos , el dia 24 

ioablakga, i q 
lijo loi ¡garoso. — Su primer Becre- 

ocftaioi] de acreditar une rea mus la eleva* 
labra* : Pue* m aprobar vurstra majestad; estamos 61 

Q6 soy el prin- 
a, expedida por la secretaria de 

cGl)T \i\\\ del 1 Ota que Ja de salir del 

el término de treinta dias; al e lo se le obligó á morar en una 

¡ a a (Je elec A córLe y los sitios reales; todo con expn Ma- 

nde en loe papeles de esta causa, y por las rabones que 
■ios, y especialmente á loe em- 
plea ..ndueta estaba muy satisfecho* 

> babia acreditado i QA etB inquebrantable rectitud y su privilegiada 

iol cerca 
nrar como cabal dechado de gobernantes, en la primera secre 
i :ides y reyes a lo Carlos 1 1 i perpetuaran la existencia de leí 
narquías a ncia del gobierno se cifra en promover el 

irse á los reformas exigidas por la opinión ilustrada - III 

miras ni marcharon por oír.» 
rl nm la regularidad de costumbres en la mi 

le; a la par los Je-manes de la I no 

oitian boigadam -eguir aquí el ourao vivificante de la política expansiva. Todos eran es- 

jIos po -ara avivar el i^an había pe- 

una vez y otra id más entera y espíritu menos fatiga- 

y sin e íes tan sañudas, Ningún hal k> a sus ojoaj 

ate bai lifieil cari la *u honra, d 

17'JI, la el caso de que 

I \ .i li 

si mi salud lo padece, 

profesión acias, alH 

mudad, m ruea- 

-tas y otras eo- 
■alnd ) la ate 1 

■i ne le 

Ullilllo ¡.: 

00 para no acv 

|'|< ia le exonerara de impí 

ir para tu país na: aand<> QC 

con ln 
I»ent ¡ano, y hora 



xxxvi EL CONDE DE FLORIDABLAXCA. 

aplicados y sin recursos, que alcanzaban su protección ¿le lleno. Por sus manos habían pasado cuan- 
tiosos caudales, y siempre manejólos con tal desintere.> y pureza, que hubo de pedir prestadas veinte 
onzas de oro á su antiguo mayordomo Canosa para cumplir de seguida el real precepto de empren- 
der la marcha hacia Murcia. Sobremanera le afectó el golpe inesperado, á pesar de poseer gran co- 
razón y sublime resignación cristiana; salida anhelaba y merecía honrosa, no violentísima y pan 
destierro arbitrario. Cuando la historia tiene que registrar hechos de esta clase, mal volviera por los 
venerandísimos fueros de la verdad y de la justicia, si ai decantado principio de autoridad tributara 
acatamiento servil y afrentoso, pues la autoridad no es respetable más que distribuyendo según ley 
y razón los premios y los castigos , y dando á cada uno su derecho, y sobreponiéndose á las mal» 
pasiones, y no obrando en nada por mero antojo. 



IV. 



Siempre que ocurren caídas súbitas é inexplicables como la de Floridablaxca, involuntariamente 
se fijan los ojos del público en el personaje que asciende al mando, para designarle como agente muy 
principal del trastorno; ahora lo fué el septuagenario y célebre don Pedro Pablo Abarca de Bolea, 
conde de Aranda. Tan fugazmente pasó por la esfera del poder, que su nombre no figura en una sola 
Guía de forasteros como secretario del despacho de Estado. Prontu demostró el curso de los suce- 
sos que el victorioso magnate no habia sido más que instrumento de maquinaciuncs únicamente en- 
derezadas á preparar la elevación de otro personaje, apenas tuviera la edad requerida por las leyei 
para administrar la hacienda propia. Desde 28 de Febrero hasta 13 de Noviembre de 1792 estovo 
Aranda á la cabeza del ministerio; y como si previera la corta duración de su mando, se apresará 
sañudo á desencadenar todos ios elementos hostiles á Floiudarlanva. Ec te ministro respetable, aun- 
que privado de sus papeles , como que al tiempo de la destitución se le recogieron las llaves de to- 
dos, con la mayor buena fe del mundo, no aguardó á concluir el viaje, para enterar al sucesor del 
Estado de los negocios casi innumerables que habia tenido á su cargo; y desde las posadas lo hizo de 
memoria con su ejercitadísima pluma, anteponiendo el buen servicio al preciso reposo. Grande hubo 
de ser su sorpresa á las tres de la madrugada del 1 1 de Julio, hora en que el alcalde de corte don 
Domingo Codina y el corregidor de Hellin cercaron de saldados su casa: tras de lo cual fueron á so 
alcoba, y sólo para vestirse de prisa le dieron tiempo, y di* sciruida lo sacaron camino de la cindadela 
de Pamplona, donde se le puso en prisión de cruel estrechura, con truardia, y un oficial á la vista y 
centinelas á las puertas y rejas, y tomando las más rígidas precauciones para que no pudiera hablar 
ni escribir á nadie. Del Viroy de Navarra tuvo que solicitar licencia hasta para recurrir al Monarca 
y su ministro, y por de pronto se le otorgó con la limitación de hacerlo por conducto de aquel fun- 
cionario y del Gobernador del Consejo de Castilla, alta dignidad con que no estaba ya revestido el 
venerable Campománes. Posteriormente vedóselc también este arbitrio, y no fué dueño sino de remi- 
tir por igual via las instrucciones y cartas abiertas para sus apoderados , con prohibición absoluta de 
guardar copias ni borradores. 

¿Por qué se trataba de tan desapiadado modo al dignísimo Conde de Floripablanca? Éntrelas 
calumnias forjadas por los autores del libelo infamatorio, se contaba la de que el canal de Aragón le 
suministraba cómodos é inagotables medios de acuñar moneda sin metales , sirviéndole como de vo- 
lante el tesorero de la Junta, á cuyo cargo corrían las obras. Don Juan Bautista Condom se llamaba 
este banquero, según el lenguaje de actual uso, y de más de veinte años atrás cooperaba á las empre- 
sas de utilidad pública en Taita escala con bus caudales, su inteligencia y sus relaciones. Efectiva- 
mente constaba que cu vales 6 dinero habia recibido más de cuarenta millones de reales de la testa- 
mentaria ilwl infante don Gafar el t de la junta dts 1» Acequia imperial y de la diputación de los Gre- 

inuadas por Floridahlakca , sin otro fin que el de asegurar loa 

i * w (jraudio*a* obras del canal de Aragón llegasen al coro- 

* • :• ía 1' . . ri" ' »] lo 17D2 so previno al Conde de la Cañada que sobre 

t i m:in •• I** — * -~^ V l¡ i i magistrado tan ilustre expidiera auto de prisión 

c ••••». t m . ♦ r I i • i-i 8u enconado y mortal enemigo. 

3 desde U r tu J adela de Pamplona, dando pon* 
« onde de la Cañada, y sobre cuanto 










INTRODUCCIÓN. xxxvrr 

Itaba riel sumario. Tan desprendido en pnnto á inf mo codicioso de buena fam», nin Ta- 

lló que B6 le, y de la criminalidad más re- 

mota, y que la piedad del - r del am i W probaría jamas en 

ida, ni de qUi para que 

¡estrados 

asi como de eus sueldos y hasta di i la suplica, ver- 

aente conmovedora, de que, pigld ¡ñámente 

fundada f se adjudicara al Rey todo lo de su pi :ia, y quedaría cont. I ir «si de ios 

mínimos escrúpulos, y se ceñiría á la con su majestad se dignara reherrarle dr 

sueldos que gozaba por sus ser BU el último tercio 

de la vida; bien que de todos modos, aspiran ixilios que Dios le había cotí 

dido en sus di , se conformaría gustoso con no da y vivir a me [os que le qui- 

sieran asistir con socorros. Su espíritu magnánimo le inspiraba tan i al- 

canzó 4 impedir que su honor acendrado se pusiera en tela de j on dar explicaciones satis- 

fact ron invocar la piedad del Soberano, ni con resignarse á vivir de limosna T ai oan proponer 

ite medios eficaces de reintegrar al canal de Aragón por completo de los fondos aiü 
rero de la Junta, sin embargo del mal semblante de los negocios de este banquero ac- 
y desafortunado. 

Para ira Flqridablaxca y perderlo del todo, nada omitía Aranda. Apenas llevaba 

un mes de mi uando el B -sj don Vicente Salucci, don Luis 

inni y don Juan del Turco, desde el extranjero, por su conducto y mediante confabulación p 

bao la revisión de la causa que se les habia formado como autores del libelo infámate- 
le hubo de atrever Aranda ronto a dar el escándalo de que se volviera á abrir un 
ediente, ejecutoriado en virtud de la consulta (le un ; ibunales mas respetan! <«pa 
j de la resolución o on la cindadela de Pamplon de- 
lincuente presunto de 

, y dio curso libre a sus odi) resa de] Rej se había 

iva de las actuaciones, 
ira que lo fall le Castilla estaba de real puno y letra* ni a que 

examina al ngra- 

\Tik suavizar los castigos, Aranda comunicó al mi. > vorable á 

nstaneia del Mar*] de Julio, para 

a , pues ha a de 

grave, menester es s del tal documento: w La le su 

l no ha podido ro dolor, al considerar las circunstancias que 

u 1 a ac tu ación d el p n > > la i rre g i 

s , que re> 
¡nás en el d de la « mal ejemplo, t 

I ni tuilo, su re -apro- 

bados; con cuy 
btn Iüh in nceptos; mas hacen mal 

cmpla- 

Doandantes, ni disponer 

• laxara ú it:n mal 

Ja un extracto de los pa] se le h; o sobre el los 

uiá.i en o lidft, a fin de des, 

míen- 
. Hiin. — í Manca la 

rte, lo mi a lo ins- 

acto 
negaba i íulaxca lo 

. ada al 8 a cual habí tu la ruiti: 

de las peas 

>r si Aranda habrií ido bajo cuerda u -rtee al delito 



xxxvui EL CONDE DE FLORIDABLANCA 

quería ahora sacar indemnes , atropellando por todo y azuzándolos como á mastines contra su ene- 
migo, relegado á un encierro de la cindadela de Pamplona. 

Allí escribió Florida blanca, sobre los expedientes promovidos en su contra, dos laminosas é in- 
teresantísimas Defensas legales, que en este volumen se publicarán por vez primera. Una y otra son 
posteriores á la caída súbita del Conde de Aranda del ministerio de Estado, tras de amenguar su 
anterior lustre con procederes mezquinos é injustos. A su genio cuadraba la jactancia de creerse 
afianzado en el poder basta la tumba, y de consumar obras capaces de inmortalizarle á los ojos de 
las generaciones venideras; y no hizo más que servir de puente á don Manuel Godoy y Alvares da 
Faría, joven á la sazón de veinte y cinco años, ya capitán general y duque de la Alcudia, consejero 
de Estado y caballero de la insigne orden del Toisón de Oro, ahora primer ministro, principe de lt 
Paz muy luego, y sucesivamente generalísimo y almirante, con el tratamiento de alteza, distinguién- 
dose de los demás personajes elevados á la graduación superior de la milicia, por el color azul de la 
faja. Muy después afirmó el gran favorito de Carlos IV y María Luisa a que uno de sus primeros actos 
fué el de levantar su destierro al Conde de Floridablanca, y volverle al pleno goce de sus rentas 
y honores.» Prisión, y no destierro, sufría el Conde de Flor i da blanca, y con la subida del nueio 
ministro no cesaron de pronto &us persecuciones y desventuras; mas no mueve á extrañeza que se 
hallara trascordado quien las padecía mayores y de duración sumamente larga. Como á los dos años 
se volvían las tornas, Aranda salía confinado para la Alhambra, y Floridablanca pasaba libremente 
á Hellin á hacer vida de campo; algo más adelante Aranda obtenía licencia para acabar en el rin- 
cón de Épíla sus días , y Floridablanca se retiraba de voluntad propia á una humilde celda del 
convento de franciscanos de Murcia, á practicar obras de caridad y ejercicios piadosos, y á meditar 
y aun á escribir sobre la insubsistencia de las venturas terrenales y la inefabilidad de los goces 
eternos. 

Allí estuvo hasta que los sucesos públicos trajeron consigo la caída del Principe de la Paz, y la 
abdicación por Carlos IV de su corona, y la jornada heroica del Dos de Mayo, y las renuncias de 
Bayona, y el levantamiento de todas las provincias de España por 6U libertad é independencia, según 
pintaron á maravilla don Manuel José Quintana y don Juan Nicasio Gallego en sus célebres é in- 
mortales cantos , y el Conde de Toreno en su estimabilísima historia de la vivificante revolución y 
la magna lucha de entonces. No fué Murcia de las postreras provincias en lanzar el grito nacional 
de todas , ni menos anduvo en vacilaciones sobre la persona más capaz de autorizar y dirigir aquel 
movimiento glorioso. A las puertas del convento de San Francisco agolpóse la exaltada muchedum- 
bre; triunfal mente sacó de allí al anciano Conde de Floridablanca, y opinión acorde le puso ala 
cabeza de la Junta. Próximo estaba á cumplir los ochenta años ; pero su corazón axdia en patriotis- 
mo, y la indignación contra el yugo extranjero aun avivó por cortos meses sus fuerzas muy debili- 
tadas. De Floridablanca fué la idea fecunda de centralizar el poder sin demora, á fin de que los 
extraordinarios sacrificios de la nación resultaran más eficaces. Unisono eco tuvo la propuesta bene- 
ficiosa, y cuando, á consecuencia del inmarcesible triunfo de Bailen, se hubo de alejar de Madrid el 
rey intruso, al palacio de Aranjuez se vino á instalar de seguida la Junta suprema Central guberna- 
tiva del reino, con Floridablanca por su presidente. 

Pasados eran ya los tiempos de este célebre personaje, abstraído ademas de todo casi veinte años, 
durante los cuales habíanse propagado otras ideas que las suyas , con el triunfo de la revolución de 
Francia; ideas sostenidas por muchos, que ansiaban á todo trance imposibilitar la reproducción de 
privanzas como la de Godoy en la monarquía española. Circunstancias tan de bulto y el curso natu- 
ral de las cosas hacían que entonces al regalismo se empezara á mirar como antigualla , y al libe- 
ralismo como fórmula más fecunda y mejor de progreso, que don Gaspar Melchor de Jovellanos re- 
presentaba en aquella junta. Sin embargo, Floridablanca atemperóse á firmar el Manifiesto de 26 
de Octubre, destinado á describir el cuadro fiel de los sucesos , á promover arbitrios vigorosos é inme- 
diatos de lucha y victoria, y á dar esperanzas de que se mejorarían para lo sucesivo nuestras insti- 
tuciones. Poco después acercábase á Madrid , con ejército formidablemente reforzado, el Emperador 
de los franceses, y la Junta Central se hubo de retirar á Sevilla, donde murió Floridablanca, el 30 
de Diciembre, de más de ochenta años, sin dejar á sus herederos más riquezas que su buen nombre, 
según consignólo en preciosísimos Apuntes, bien que disfrutando el tratamiento de alteza, y siendo 
sepultado en el panteón real con honores de infante , y cabalmente debajo de la urna donde se ve- 
> el cuerpo del santo rey Fernando. 

J3u epitafio testifica las pasiones del tiempo á las claras; pues á continuación de alabanzas jastial* 



INTRODUCCIÓN. xxnx 

mas al ▼« por eti sabiduría y su* d la cnnibre He loa y las 

digni ^ su ¡nir vtesano, ' 

muy hurí 901 de i" 'ira y aun de entra! le la furibunda im- 

placabilidad y el desentono horrible de semejante concepto sobro la lapida do un sepulcro. írm 
t&TDCii s se publicaba el Efarjio kiií simo tenor Conde de Fhridabtnnca , presi- 

poi autor v respetado, ministro de par, como 

Sacerdote, var> casi toda la flor y nata do la j«- 

Tentu ta (taranta un ni desear el mal de nadie t autorizado pre- 

cepto- todos los y al tanto de las dotes que deben adornar á loa 

ia t y bajo el influjo de la atmósfera de entonces, sin más que dar libre curso á la 
pluma, se desa rivado, y frases que desdicen de toda 

caridad cristiana. Al Príncipe de la Paz llamó atroz visir, malvado seductor, bárbaro favorito, in- 
digno valido, el más vil y el mal despreciable de los intrigantes, hombre condenado por sn car 
su incapacidad á la nulidad más absoluta, déspota y tirano» fiera y monatn 
¡ Idemas dijo qne todas las artes de dañar puso en ejercicio tan luego como subió al mando; 

la ignorancia tü i te y la más sórdida avaricia constituyeron su ministerio; que desde el 

primer momento del atroz reinado de Gfodoy ^e dejó sentir la funesta influencia de sn negra alma; 
que de casi todos los ramos de la administrarion pública se apoderó súbitamente el espíritu de rapi- 
i misma raíz fué sofocado el germen de las cien rales y políticas, y de las ar- 

adables, Todo esto expresaba el señor don Alberto Lista, ya no joven irreflexivo é 
impet 10 que pasaba de treinta años , y después de insinuar la conveniencia de correr un 

BObre las vilezas y perfidias de que se valió aqn> ije para robaT el afecto del Monarca y apo- 

derarse del gobierno, por no exuc, nieles heridas que no / ir el tiempo ni la misma 

cuando la nación española alzaba su abatida frente y sostenia impla- 
lucha contra los soldado y eco era de la opinión publica sin duda, lo 
mismo en las i ciónos de odio a] favorito j ruina, que en las del entol- 
de la indi la, y en las del hondo sentimiento por la muerte de 
as amado lijo que 1 razón de los p y que mu- 
fundían el odio á los tumo*, el amor de la patria y el ardor por la gloria del nombre 

guerra si o y el final triunfo justificaron de plano la confian» legitima de 

fas. Tiempos muy d íaba á luz el < 

de Toreno su Hhtoria d té España, donde i \ apa- 

: lo, y donde el IV la Paz ligue deprimido, bien que ju 

sus Memorias. No se balda sepa- 
rado de Carlos IV y María I mo> meses, luego de restablecido Fernando Vil en 
no, por al ralidar la a de Aran-juez con otra pros 

¡Itas la córtn de Madrid á la de Roma, y temporal- 
te fué desb ios; más adelante piid^v 
sus reyes, y por Enero de 1819, y sin más intervalo quo el de diez y siete dias, les 
• los ojos. Leal á las exhortaciones de ambos, dq el rey Femando, su hijo, se aba- 
la propia defensa ante i las clases, dados á la estampa en 
utra. Anr, le cumplidos f jaba de abrigar dudas acerca de si ha- 
bía a-. iin decidióse A publicar sus Memorias, por las consideraciones po* 

y ademas hijos, y de estar oblíjtr 
S y otros* Sólo dos tomos llevaba impresos, cuando la nueva y: 
ospaf iaa de un Critico ya muy di .naje á quien la genera- 

lo á las nubes y hundido en el le manera 

o m erizaban á hacer 
fign tatemante dij< Larra: 

ihísorber en sí mismo el poder do nn rey; 

rio bullir i naras una BÓrfo, COmpQesta de lo mejor d< 

i hombre a hollar c<m mis botas de montar las regias alfombras 

inflexiona que aquel guardia 
tacho una XÍV á¡ >>, ¿quien 









XX EL CONDE DE FLORIBABLAXCA. 

el genio del siglo pensó colocar en un trono, es el mismo que en el dia , apeaao de sus brillante: 
trenes, lanzad-:» de su propio palacio, desnudado de sus palas y veneras, arrojado por la fuerza de la 
opinión ¿las márgenes de nn rio extranjero, se presenta á las puertas de la patria en modesto traje, 
con un Lumilde sombrero redond-» en aquella cal»eza que cubrieron coronas ducales, y con unos cua- 
dernos impresos en la mano, no va para rescatar las perdidas grandezas, sino para reconquistar el 
uombre de ciudadano españul . que catorce millones de hombres poseen sin esfuerzo alguno, para 
demandar justicia . jara hacerse simplemente escuchar; cuando se reflexiona en tan espantosa peri- 
pecia, es imposible negarse al deseo, á la curiosidad de oir, y sólo entonces se concibe el interés ex- 
traordinario que deben inspirar al público las Memorias de ese hombre, todavía más extraordinario, 
asi por su elevación como por su caída. Y decimos extraordinario p.*-r su caida. porque, conocido el 
corazón humano, es preciso confesar que don Alvaro de Luna, perdiendo en uno vida y privanza. 
es inénos digno de lástima que aquel que fue" condenado por el destino á sobrevivir á su desgracia Y 
á verse privado de todo, después de haberlo gozado todo. Mero canal por donde las grandezas y lo* 
tesoros han pasado, sin dejar en sus paredes más que el desengaño: desengaño muy semejante al 
cieno que posa el agua al recorrer el cauce que su corriente socava. El antiguo Principe de la Paz. 
arbitro de EsiaLa. y don Manuel Godoy. extranjero y particular en París, es la personificación del 
alma destinada á ver el cuerj*» crecer, robustecerse, llegar á su apogeo, y sucumbir á la ley coman 
de la decrepitud y la decadencia: don M?nuel God«vr. condenado á ser espectador del Principe de la 
Paz caido. es el hombre á quien se le concediera el funesto privilegio de contemplarse á si mismo 
después de muerto... Nosotros ansiamos la conclusión de la publicación de estas interesantes Mano- 
«o*, que tanta luz van á dar á la historia del reinado de Carlos IV, poco conocido y mal apreciado; 
y en el ínterin, sin prejuzgar nada acerca de la culpabilidad del acusado: sin negarla perniciosa in- 
fiueníia que semejantes elevaciones colosales tienen en la mor.il de un pueblo; sin decir que el Princi- 
pe de la Paz fuese un grande hombre, antes creyéndole inferior á las difíciles circunstancias al 
frente de ]l» cuales se ha'i]- ; nosotros, sin embargo, aconsejamos á nuestros lectores que lean sus 
Jíern-i-rict ames ¿e coiünnar ó de alterar sus juicios. El derecho de ser oido lo tiene todo el mun- 
do; acordémonos generosamente de que ése es el único de que la suerte no ha podido despojarle. 
Tríale resto de la grandeza jasada : miserable derecho, cuando no hay otro, y terrible ejemplo da 
las vicisiiufes humanas.» 

Leídas fueron las Mmoria* del Principe de la Paz con interés sumo, aunque no por el critico no- 
table, recomendador ae su lectura, pues a los pocos meses quitóse arrebatado la vida: y el antiguo 
privado de Carlos IV rehabilitó completamente su honra, bajo el aspecto de no haber hecho jamas 
traición ¿ ra patria, h* cual era ya muy bastante para que movieran a compasión viva sus largas é 
imponderables desventuras : para que se *-iera claramente que en la época de su privanza no todos 
fueren escándalos y desacienos . ni el mérito estuvo desatendido, aun cuando el favor se hallara en 
boza, y para que al cabo la opinión pública pidiera justicia respecto del que ni misericordia había 
alcanzado hasta entonces desde su estruendoso desastre. Asi pudieron los señores ministros don 
Joaquín Francisco Pacheco, don Florencio Rodríguez Yahauíonde, don Manuel de Mazarredo, don 
Juan de Dios Sotelo, don Antonio Benavides, don José de Salamanca y don Nicomedes Pastor Diai 
elevar el 31 de Mayo de 1847 una exposición por demás notable á la corona. Animados del más vi- 
to deseo de que se extinguieran los rencores, producto de nuestras discordias intestinas, y de que 
Tolvieran á sus antiguos hogares todos los españoles arrojados politicamente de ellos en el turbu- 
lento periodo, que debia cerrar su majestad con un reinado pacifico y justo, no habían podido menos 
de fijar la atención en la persona que arrastraba su existencia lejos del suelo español desde mas an- 
tiguo, en don Manuel Godoy Alvarez de Faria. arrebatado y ausente de nuestra península desde la 
revolución de 1808, y desconocido ya á la mayor parte de sus conciudadanos. Su vida y sus hechos 
eran únicamente del dominio y jurisdicción de la historia. Kxtraña la generación presente á unos 
acontecimientos ya tan remotos, no miraba ni calificaba á Godoy como persona que tuviese relación 
con sus intereses y pasiones actuales, sino como a monumento de otra edad y á resto escapado ala 
universal destrucción pasada sobre la España del último siglo, tan lejana de la España de nuestros 
tiempos. Ademas la expulsión y proscripción de don Manuel Godoy fueron actos revolucionarios, 
grande», si se quiere, y aun oportunos, pero jamas actos de gobtrnaci- n y justicia, pues ninguna 
sentencia pronunció su destierro, ni le ivivíeno tribunal alguno a la j-ordida de sus bienes y de sus 
honores.. Asi el Consejo de Ministros juzgaba que no ex istia rar.on alguna por la cual debiera aún 
estarle prohibida la vuelta á su patria , y negada la posesión de aquellos honores no incompatibles 



ISTBODl 

con lae jerarquías ordinarias do la nobleza española, ó con la organización de nuestros ejércitos de 
aar y tierra, y la de sus bien la suerte consiguiente a 

qa confiscación de hecho l ara cernir un 

bia escribir más la generado! y para que pu- 

rolver á vivir en el seno o y trem< pío da (i 

abilídad y mudanza de la furíuim, por real 6 la vuelta á España do don Manuel 

Sodoy como grande de primera clase , duque de la Alcudia, < igné orden deí 

son de Oro, gran cruz «le la real y ¡arlos III y < » neral de los 

citos nacionales ( y se previno que dentro el téru. ; bitros, de 

cuatro individuos nombrados por el Ministro de Hacienda resado, y otro por los ya elegidos, 

en caso de discordia, a fin de liía motiones relativas ¿ devo- 

; ó indemnización de los bienes *■«: r el dictamen que estimasen en conciencia, 

i ejecutar; ¡itradiccion el Gobierno 

basta donde alcanzaran sus fan entaria á las Cortes el oportuno 

proyecto de ley en la primera legislaf 

Cuatro años sobrevivió el antiguo P la Paz a esta reparación de pura justicia, aun 

cuando, por la frecueij: no tuvo eficaz virtud más que para nutrir su aba- 

espíritu de esperanzas, que tío se cumplieron al cal rabies eran las primaveras y otoños 

para el alivio de sus achaques, y resuelto se hallaba i la vida á trueque de re irto 

n su amada patria; lo Bato quien escribe estos renglones por cartas de su puño y letra» con 
que le honró en sus últimos años ; poro la i imposibilitó el viaje T y á principios de 

(ubre de 1851 Dba, cuan* n su mente el designio de tornar á sus 

lares por aqn , según palabras re¡ Si ti señor Ministro Presi- 

dente le abrí" i sol/re sus negocios, tan pronto y bien como U> espe- 

ba d* su 

Emigrado vivía en París también á la sazón el señor don Pedro Gom i, qoe por su títu- 

de marqués de Labrador filé más conocido; di nir á acabar sus ya breves dias 

en España, no efectuándolo nunca por el tesón de resistirse á jurar á la Reina y laa b ¡íes; 

allí | . yá ellas conv- de Labra- 

lor se ha envanecido siempre date l , pero no oculta 1 s do su nación. El inay 

stos es la envidia, que en lo general tienen todos a aquel de ue se distinga 

rá recorrer á España de un extremo á otro, y no se hallará ningún tnonuraent ¡ionor 

un grande hombre, á no ser una estatua ntes, costead a rio general de Orn- 

eada, V alera. Después de haber atravesado Ettpaña en liria que Colon no < 

cubrió las A me ricas en honra y * r»o fué 

on Juan de Austria era extraño a nuestra patria; téú í Pizam» y tantos otros héroes y 

con cian á otras región hay un solo monumento erigido en su memo- 

1 »uque de Alba, que cometió el gran pecado 
-tar el Portugal i , cu fin, 

constantemente calumniado por los extranjer Q no pudieron jamas vencerle la razón 

trola el Mar ib rador para tronar contra i oro derivado radicalmente 

del sistema político ó ¡ twa consagró una voluntad inny 

or parte de sus ochenta y i e ya va España c 

>s muchos. Hoy pudiera el de Labrador 

ían el Cano, en Sevilla la de Bartol Murillo, en Motrico la 

del tu la del obispo don reno, en 55ara- 

lailel canónigo don Ramón Pignafc n Jaime Balmes» en el jar- 

botánico de esta corte las de nuestros Di lusa la del c aneo 

don Mariano Lagasca; ra aa ¡mismo la del car enlájala 

ral de la Universidad Central , U da, la de fray 

til do la J ! mas eabria las fútiles ra*< 

B no se alza aqui la de don Juan Ah . ftbal en la plaza ! I Progreso, desdo 

h»< tros, sin c na mía su rio para su coate; 

antea de mucho asistiría á la cr<< «tro fra\ d en Salamanca, y sobre 

todo, « se hallara al tanto de lo aqui acontecido, Ofl . mientras preparaba 1. Ion do 




Ilii EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 

bus Memorias, bien pudiera en ellas hacer una excepción muy honrosa, y relativa al personaje que 

es objeto del presente estudio. 

Antes de que el Príncipe de la Paz fuese restituido en sus títulos y honores, desde el 12 de Ene- 
ro de 1847, ya tenía acordado por unánime aclamación el ayuntamiento de la ciudad de Murcia ren- 
dir homenaje de admiración á la fama, y perpetuar monumentalmente la memoria de su hijo ilustra 
el Cox de de Floridablaxca. Por el alcalde constitucional don Salvador Marín Baldo rae iniciidi 
la idea patriótica de levantarle una estatua en la plaza principal del jardín y paseo público de cons- 
trucción reciente , y &e llevó á cabo, sin mas tardanza que la naturalmente exigida por la ejecución 
délas obras de arte. Con fecha de 19 de Noviembre de 1849 celebróse la solemnísima ceremonia. Á 
los gritos / Viva la Reina! ¡Murcia al Conde de Floridablanca ! dados respectivamente por el Jefe 
Político y el Alcalde, ambos tiraron de dos cordones, y de pronto se rasgó y abatió el velo que ca- 
bría la estatua del preclaro ministro, vestido de consejero de Estado, con la capa caída á la espalda 
y sostenida sobre el hombro derecho. Saludada fue por el pueblo todo con aplauso general y con lia 
muestras más expresivas de entusiasmo, entre el marcial sonido de la música y el alegre repique dfl 
las campanas. A merecer la mejor y más universal reputación aspiró durante su vida, y el fallo de li 
posteridad ha declarado que sus deseos vehementes llegaron á colmo. 

V. 

Con tus virtudes has excedido la fama. Y la fama de su nombre erecta todos los dios, ar andaba vo- 
lando por las bocas de todos. Textos de los libros de los Paralipomenos y de Ester son éstos, oportu- 
namente aplicados á Floridablanca, y que figuran al pió de retratos suyos de buril distinto. Uno 
al óleo posee el señor Marqués de Miradores, pintado por el célebre don Francisco Ooja, á quien 
se ve en secundo término con el no menos famoso arquitecto don Juan Yillanueva , cual por mues- 
tra de su liberal protección á las artes. Allí se ve al vivo la sinceridad noble de quien decia á don 
José Antonio de Armona, asegurándole que recomendaría al Soberano una instancia suya en li 
ocasión primera : Yo soy hombre de bien y y á quien no quiero servir nunca le doy palabra. A vueltas 
de la gravedad natural de su persona, también se trasluce la abertura de un corazón generoso y la 
expansión de un genio afable , que animaban á don Leandro Fernandez Moratin á dedicarle roman- 
ces en tono festivo y con buen fruto ; después de contemplar su fisonomía y apostura , muy bien w 
comprende que sobre las reglas sólidas y religiosas de su gran política dijera don Antonio de Oliver 
y Medrano sin lisonja: «Xo son estas reglas aquellos principios de política tan conocidos de los 
hombres estudiosos, y de que abundan las historias antiguas y modernas , de las cuales han tratado 
muchos célebres autores; sino unas reglas que exceden la esfera de estos preceptos comunes, ema- 
nadas de aquel fondo original de sabiduría y talento, que por especial privilegio distingue á ciertas 
almas y vincula los aciertos en el gobierno de un estado y en la decisión de los negocios. La sua- 
vidad , la atención , el arte de ganar los corazones , el conocimiento de los diferentes caracteres de 
los hombres , y el trato de gentes, son otras tanta» cualidades que distinguen á vuestra excelencia, y 
forman una idea natural para llenar su alto ministerio; y al beneficio de estos principios logra yak 
nación el buen orden en el Estado, el mejor arreglo en la sociedad y una observancia exacta en las 
leyes, la mas buena y perfecta policía, un estado floreciente y opulento, formidable en si mismo y 
respetable a los extraños. i> 

Cartas originales é inéditas de Floridablaxoa se tienen á la vista, que le dan á conocer m¿# ¿ 
fondo. Propuesta suya fué la de crear en Madrid el año de 1782 una caja para reducir á metálico 
los vales reales , que tenían una pérdida de diez por ciento, y á su compañero don Miguel de Mu- 
quís y Goyeneche, ministro de Hacienda, se la hizo el 10 de Agosto, no sin autorizarle para que la 
consultara á quienes fuera de su agrado. Entre otras cosas, díjole Muzquiz por respuesta: a Vea V<L el 
pensamiento que rae comunica Cabarrus en la representación adjunta, de unir al Banco loa fondos de 
la Compañía do los cinco tírennos y de otras; y dígame Vd. su parecer, pues yo opino que no con- 
viene usar del poder para ello, y que para hacerlo es menester de otro modo entablar una negociación, 
que pido más habilidad quo la mia.» Una tras otra le escribía Floripablanva, el 14 y el 16 de Agos- 
to, las dos siguientes cartas : «Esta proposición es por una parte una debilidad, y por otra una pre- 
potencia: es lo primero, porquo es dejar el Banco, reconocer que no hay disposición de establecerlo, 
ponerse en mimos do los que lo repugnan, y querer chocar con gran parte de la nación, queabor- 



INTRODUCCIÓN. xliii 

ce á ! i lo segundo, porque es ir á violentar en alguna manera la libertad y el uso do 

loe fondos de los mismos gremios y é as; y yo entiendo que sóloá la fuerza lo harían 

anos y otros, rus Otee poder agenciar y arreglar este punto, está muy equivocado. 

para su gobierno que Gabarras empi recido de nn modo que llega á darme 

;i v;t tomando mucho cu» actividad de eete hombre, sos La for- 

>ns vivezas, le han formado un partido de y de enemistad gran- 

, y como, por o e, escasea el dinern lo con tanta ansia para nuestras ne- 

esidades, le figuran autor del mal y propagan especies d udo que roba y ayuda á 

robar á otros, sin que nadie i malignidades. Bajo este supuesto, digo á Vd., como 

si estuviera para morirme, que ja caja provisional de reducciones es di absoluta necesidad, y que no 
pase del mes su establecimiento, •chindo desde luego la voz de que Be va mas: 

que esta caja será para Vd. un recurso el mayor que puede I tar 

18 signos menores con lot ion, los cuales no ganarán intereses, y dejaran á 

de Vd. todos los de los vales que se lleven á reducir, y los que vayan, tomando, como to- 
an , la cuarta parte en dinero, y confiando en ser r ?ui las otras tres cuar- 
parí \ amenté, que tomarán en billetes, darán á éstos tanta estimación como al dinero, 
ste pensamiento tiene más alma que la que puede percibir Cabarrus ni otros calculistas , y asi no 
extrañaré que no le adopte , porque su fin será el de le luego al comercio y formar una 
m;tsa é idea de ostenta ion. Bato es bq o el dia, y curando Vd. la ap: ñor 
fcableoerá 1 como quiera, y en seguida respirará el ■ 
mercio en la mayor parte. Digo, en fin, que absolutamente no conviene que Cabarrus suene eu la 
caja interina, por las voces y rumores que hay ya contra él, y que acabo de citar. Precisamente de- 
hacerlo el Rey por amor á sus vasallos, y en los términos que explic; se acep- 
licen los del Consejo particular, ya que ellos impidieron ó dilataron coto 
Amigo, hablemos claros 6 dejarme, por Dios, cuidar de mis ne- 
tt extranji reguntarme nada de lo demás.» « A pesar de mis propósitos, el amor ai 
ral y á mis amigos no me deja soscgai y pausadamente ese pequeño pa- 
pel, y verá en pocos renglones y con claridad las utilidades de mi idea y loe diferente* medios de 
cutarla. No se amontone Vd. , tómelo á sangre fría, y hallará que es un camino llano, fácil y que le 
cara de mil laberintos. Dios nos ilumine y guarde á Vd-, como desea su Car- 
fttnzqnia á las cartas de Floridablasca, y en ellas escribí «mente de su p 
urna está desacreditado ya de modo, que p repararle su crédito . 1 . .; pero es 
buscar en su lugar cinco ó seis casas de 000104 
y aun los mismos Gremio*, para acreditar los nada de esto valgo yo, 

recen Ia¿ ae aborrezco yo á términos de desear mi mneri Laf de 

mi tnn litando su mn no coa mi mérito, la i ia de 

¡iieneia. ;) ttSon muchas las cosas que comprende el papel del mSob tfoJtutO, pan 

q mí la resolución no puedo cobrar brío; ya me con- 

sidero muerto; el Rey yd si pueden contal con la. tu haga 

i y afectuosamente animóle 
ada fué la tan* dedicarse táfbme&l 

y el con i risimo ú Un diez y nueve anos de 

nnpensar en los hi- 
jos la íntegra ■-■ leí padre tero de 11 
das || abito el abatim 

lodas las carreras y 
acompañaron su i tato Tonu Jor en el corazón y llar, 

loe oj' e conserva su uno re los altares del Descendimiento y de Nuestra Señora 

del Rosar 

Á la vista se tienen carias eacritas p- III en Julio y Agosto de 1780 al Condb i>b 1 

enfermo, de acompañarle á la jornada de San Ildefonso, Frases de 
ellas son la* m. saber ñutirías tina* . 

»J mayor gusto en saber que continuas bien en tu d que la 

¿a nu te j tarebar, y rea - 

kdrav luego que puedas , y no ceso de pedir á Dio* que te ponga totaluieuU* l' '">• 



luv EL CONDE DE FLORIDA BLANCA. 

pelles. Siento infinito el nuevo insulto que has tenido, y espero en Dios que luego 86 te cortará can 
la quina, y que no tendrá nuevas consecuencias. Deseo tener el gusto de verte cuanto antes, bien 
entendido que no quiero que te apresures y te haga daño. Aquí está más templado, y te restablece- 
rás enteramente, para lo cual puedes estar seguro de que te daré todas las treguas que quieras, 
pues no deseo sino que estés muy bueno.» Con tan solicita bondad trataba aquel gran monarca á su 
primer secretario del Despacho y á cuantos vivían á inmediación de su augusta persona. 

Sobre la alta suficiencia, y la rectitud acrisolada , y el noble patriotismo, y la hombría de bien 4 
toda prueba, y la infatigable aplicación al trabajo, Flobidablaxca tuvo la singular fortuna, que 
logran muy pocos, de llegar á tiempo á regir los negocios públicos desde las esferas del mando. 
Su paisano don Melchor Rafael de Macanaz habia propuesto, en el Memorial de los cincuenta y cinco 
párrafos y en los Auxilios para bien gobernar una monarquía católica, á Felipe V lo que bajo su 
hijo Carlos se puso en planta. Ardoroso promovió reformas fecundas : no era aún sazón de que fruc- 
tificasen por desdicha; más pudieron los apegados á rancios abusos, y sin embargo de tener al Rey 
de su parte, no menos de treinta y cuatro años de emigración en Francia y diez de encierro en el 
castillo de San Antón de la Corana le costaron su patriótico celo y su afán por difundir las luces y 
fomentar á España. Floridablaxca pudo holgadamente cultivar la semilla esparcida por su pre- 
cursor y paisano, ya arrancada mucha parte de la maleza que no permitía el cabal desarrollo, y li 
rió dia tras dia granar y florecer pomposa, al amparo de un monarca ilustrado, que tenia voluntad 
y medios eficaces de mantener en sus puestos á las personas de su elección feliz contra todo género 
de tramas. Si á la escena política hubiera llegado posteriormente , con las mismas dotes no repre- 
sentara papel tan brillante, pues no acabaron con su vida los españoles ilustres, buenos patriotas y 
muy capaces de llevar por venturoso derrotero la nave del Estado, mas sí los tiempos de que al ti- 
món pudiesen durar años y años como pilotos. 

Una gloria nacional es el Conde de Floridablanca á todas luces, y sumo interés ofrecerían sus 
Memorias, A ellas equivale el tomo que ahora se da á la estampa. Ya que por si no las dejó escri- 
tas, oportunamente se reúne aquí todo lo que respecto de su carrera trazó su pluma. Para que este 
volumen tenga el mayor colorido posible de Mt morías de Eloridablanca. de propósito se ha como 
empedrado la Introducción de pasajes suyos, y con particularidad respecto del importante negocio 
que agenció en liorna. Su alegación fiscal en el Expediente del Obispo de Cuenca va acompañada de 
la de Campománes y de los documentos más importantes del Memorial ajustado. A continuación se 
publica el Juicio imparcial sobre el monitorio contra Parma. á causa de haber tenido circulación li- 
bre sólo porque dox José Moxixo lo modificó oportunamente. For orden de fechas va luego la Ora- 
ción fúnebre de su señor padre. Después toca el turno á la famosa Instrucción reservada para la Jun- 
ta de Estado. Indispensable es la inserción de las Tres sátiras en contra de Floridablakca, no 
impresas hasta ahora , porque dieron margen al Memorial de sus servicios y á sus importantísimas 
Observaciones contra la última de ellas ; todo lo cual se pone de «eguida. También merece aquí uu 
lugar el sermón predicado en la función de acción de gracias «leí Carmen Descalzo, con el motivo de 
que se habló antes. Bastante curiosa es una estampa con el retrato de Flor ida blanca, y descripción 
fiel se hace de ella. Asimismo se dan á conocer por primera vez su« dos Defensas legales en las can- 
sas relativas al canal de Araron y al Marques de Manca y consortes. Omisión imperdonable 6erís 
no reproducir el único Manifiesto de la Junta Central bajo su presidencia. Hasta con edificación se 
leerá sin duda lo que dejó escrito bajo titulo en es; a forma : Puntos que pueden servir para qué ha- 
po» reflexiones mis pobres herederos , sobrias, parantes 1/ amigos* a quúnes no dejo otras riquezas 
fW las del buen nombre. A la letra copiase ademas su Epitafio. Cabida natural tiene de igual mo- 
do el Elogio histórico del serenísimo S'ñor don Jos*.' Menino* conde de Floridablanca* por don Alber- 
to Lista. Y corona el todo la Descripción hecha p<*r la ciudad de Murcia de la inauguración del 
ttouumento erigido allí en honor suyo. 

Cualesquiera que fuesen las aficiones de Flor ida blanca, jamas tuvo tiempo de profesar la litera- 
ira, aunque si ocasión de acreditar su anhelo de protegerla sin tasa, por depender de su secretaria 
I academias todas, en cuyas actas hay frecuente* y bien escrita* comunicaciones del eminente mi- 
lito, que aplaudía y fomentaba, á nombre del Rey. sus varios pensamientos, y facilitaba sus tareas 
idaa, j so desvivía por su mayor auge con expansión y hasta entusiasmo. Voluntariamente no 
U pluma sino para componer la Carta apologetiza </, ¡' Tratado de la Regalía de Amortiza- 
Campománes ; todo lo demás fué producido en el ejercicio de sus diversas funciones, ó por 
I laa circunstancias y para vindicar su honra. Cuando pudo, al fin, vivir exento de cuidados 



INTRODUCCIÓN. xlv 

y libre do persecuciones, ya le agobiaban la vejez y la fatiga, y no sentía apego á nada del mundo, 
tras de haber aspirado noblemente y con fruto á inmortalizar su ilustre nombre. Sin embargo de todo, 
aun bajo el concepto de escritor hace buena figura en la Biblioteca ds Autores Españoles, por lo 
natural y propio de su lenguaje, siempre claro y jamas difuso, lejano de ampulosidades, y no viciado 
ni por asomos de extranjerismos. Respecto de la importancia de sus producciones y de las referentes 
á su persona, inéditas las más hasta el dia y concernientes á la historia de nuestra patria, todo en- 
carecimiento pecaría de ocioso. Floridablanca tiene en Murcia una estatua; su nombre lleva en 
Madrid una calle; también el presente volumen es monumento consagrado á su ínclita fama, que 
por su legitimidad y solidez sobrevivirá á todas las vicisitudes y mudanzas que en el desarrollo de 
su civilización y por las vias del progreso experimente la nación española. 

Madrid, 22 de Febrero de 1867. 

Antonio Ferreb del Rio. 



OBRAS ORIGINALES 



r>r.L 



CONDE DE FLORIDABLANCA, 

^ ESCHITOS REFERENTES A SU PERSONA. 



EXPEDIENTE DEL OBISPO DE CUENCA. 



Jteal arden expedida por el Secretario del Despa- 
cho í y Justina al Presidente Conde de 
A randa. 

ExciLENTffíiifo beSor: El r*ver«ndo Obupo dfl 
Cuenca escribió al padre confesor del Rey la carta 
cuya copia es la adjunta, Su i « quien dio 

i de ella, le escribió ú dicho reverendo Obis- 
arta firmada de su real mano, de que 
Igualmente incluyo copia, que le explicase libre- 
mente y con sania ingenuidad en qué consistía la 
rsccttcion de la Iglesia ( taqueada en sus bienes, 
jada en sut ministro Jt y atropellada en su iV, 
l t de que se quejaba y á que atribuía la ruina 
I perdición de España; pues su majestad de ningún 
timbre se gloría más que de el de católico, pr. 
dote de hijo primogénito de la Iglesia, y esta pron- 
rramar la sangre de sus venas por mante- 
nerlo. 

Prometió el reverendo Obispo responder lo más 
pronto que pudiese y le permitiesen sus accidentes 
i ales, y después lo ejecutó en la carta y re- 
presentación á su majestad que acompaño origi- 
nales 4 su majestad reservadamente por 
ano. Y habiéndolo puov , d la de su 
ajesUd t y considerando su piedad los diferentes 
raves asuntos que contiene , ha querido su majes- 
tad, para la mayor seguridad d#M ia, el 
tnaa acertado gobierno de bus reinos y felicidad de 
sus vasallos, eclesiásticos y seculares, que vea y 
examine el Consejo, con la madurez j 

t nbra, todo lo que el reverendo I 
Seré haberse procedido y ejecutado de su real 
y por los ministros y tribunales suyos, en 
o de la sagrada inmunidad del estado ecle- 
F-B. 



elástico y de sub bienes «a; tomanao el 

Consejo para este fin los informes que fueren ne- 
cesarios de todos los asuntos que no huí 
pendido de su inspección, para asegurarse de las 
dudas que IOS de visto 

y examinado, U el Consejo «obre todo lo 

que se le <• ■■ngo d 

vuecencia de m n, para su 

MU&plimic I i a muchos 

10 de Junio de 1766, — Manuel ms 
Rodas. — Señor Conde de Aro 

[feéor 
rml } J> 

Mr y Btffoft WTO Y PEUI MAYOR WTIMACIóií : Aun- 
que rendido i la cama por mis accidentes, no me 
permite mi antiguo afecto suspender mas la pluma 
para hacer saber ú uaía la especial memoria que 
me ha debido su fa nunca se 

ella. No sé si el tumulto de negocios, ordinarios y 
extraordinarios, que ocupan á usía habrán dado lu- 
gar á que se acuerde de los pronos ticos m 
pelados á cumplir; pi \o a insi- 

nuarlos sin la extensión que llevaron. Dije en 

i n ru- 

uente sólidas; aliad el se- 

~e hizo el depósito de trigo en San 

Clemente, para conducirlo á Madrid por la» cuatro 

¡cías señaladas, que ya no $Ato corrin 

ellas, y señales fijas de las demás ; y final p 

i que ya estaba ñO sin 

nano y en mi dictamen ; afiadiendo en esta 

lo que se hablaba hasta en esa íuciau 



2 EL CONDE DE F 

muy alto : El reino está perdido por la persecución 
de la Iglesia; ¿ qué hace el padre confesor? A ésta 
me respondió usía , concediendo el antecedente y 
negando la consecuencia , ó de otro modo , conce- 
diendo el efecto y negando la causa. No es mi in- 
tento probarlo , aunque me fuera fácil con sucesos 
de historias sagradas y aun profanas, y la verdad 
infalible de que nuestro Dios es inmutable; sólo 
quiero acordar á usía que no fueron mis temores 
tan mal fundados como lian parecido quizás á mu- 
chos, á quienes he procurado lleguen, aunque sin 
fruto ; digo esto para que sepa usía que no ha sido 
solo el conducto por donde he procurado que lle- 
gue la luz al Rey, no sólo por el ves mihi quia tacui, 
que está sonando siempre en los oidos de los que 
debemos hablar , sino para compasión de nuestro 
soberano, á quien debo singulares honras, sobre la 
obligación de fiel vasallo; pero la desgracia del 
piadoso Monarca ha consistido en no encontrarle 
mis desvelos, por estar en la triste situación que llo- 
raba Jeremías cuando decía : In tenebrosis colloca- 
vit me, quasimortuos sempiternos conclusit vias meas 
lapidibus quadris; sin tener la felicidad que logró el 
impío rey Achab en Micheas, do cuya boca oia las 
verdades que despreciaba, creyendo las falsedades 
con que ad al aban su gusto los falsos profetas. No 
digo en esto disgusta la verdad á nuestro católico 
Monarca, cuya rectitud y piedad* es notoria á 
todo el reino, y en mi juicio, inseparable de su co- 
razón cristiano; ni digo tampoco le falto un Mi- 
cheas, teniendo á usía á su lado; pero lo dicen 
otros, y lo oigo con dolor, habiendo llegado elnom- 
bre de vuestra ilustrísima al extremo de más aborre- 
cible que el de Squilace; porque dicen no hubiera 
ésto perdido á España y ¿ las Indias , si son ciertas 
las tristes voces que corren , si el padre confesor 
cumpliera con su obligación, desengañando ai Rey; 
y si alguno quiere contener este concepto general, 
se expone á quedar sin habla , por no tener solu- 
ción. No há tres días me sucedió con la réplica que 
oí. Fué el caso : siendo el cardenal Barón i o confe- 
sor del Papa, que excomulgó al Rey de Francia, en- 
terado el Cardenal quo era tiempo de absolverlo, 
encontró al santísimo Padre muy firme en no ha- 
cerlo; pero el fiel ministro do Dios, revestido de la 
autoridad quo su Majestad le dio, dijo al Papa muy 
resuelto : uO vuestra Santidad absuelva al Rey de 
Francia de la censura, ó busque confesor (pie lo 
absuelva de sus pecados; quo yo no puedo.» ¿Qué 
podria yo responder á tal caso, loido por mí en su 
Vida, y traído tan á tiempo V En fin, España murió, 
•i Dios no hace un milagro, y ¿ cómo podremos es- 
perarlo, si es su espada justiciera quien descarga el 
golpe mortal? Harto despacio ha caido, gracias á 
nuestra soberana Patrona, que la ha detenido tanto, 
•aperando nuestra enmienda ; pero, como ésta no 
llega, que es el único remedio, ni puede llegar 
JDitntras duran las tinieblas, que no dejan ver el 



LORIDABLANCA. 
pecado que la causa , no hay remedio. Los que esta- 
mos, como los israelitas , de la parte de afuera ve- 
mos claramente que es la persecución de la Iglesia, 
saqueada en 6us bienes , ultrajada en sus ministros 
y atropellada en su inmunidad; pero en la corte 
nada se ve, porque falta la luz, y sin ella corren im- 
punes en Gacetas y Mercurios, que pueden leer loa 
más rústicos , las blasfemias más execrables que vo- 
mita el abismo por los enemigos de la santa Igle- 
sia, sin perdonar á su cabeza visible, no sólo la 
viva , sino la que vive y reina en la patria celes- 
tial ; y aunque el Santo Tribunal ha puesto el re- 
medio que debe en una de estas piezas, han pasado 
otras , en que lo hubiera ejecutado también si las 
hubieran delatado ; pero lo más lastimoso es , que no 
les faltan patronos en nuestro católico reino, qnc 
ha sido siempre el hijo primogénito de la Iglesia y 
el que se ha distinguido sobre toólos en la sumisión 
y respeto ásu cabeza. Pudieran estos libertinos sa- 
crilegos tomar ejemplo de nuestro católico Mo- 
narca, cuyas palabras, obras y aun respiraciones 
están llenas de religión , de piedad y de venera- 
ción á la Iglesia, mereciendo de justicia ser el hijo 
primogénito do esta buena madre. No puedo prose- 
guir, ni fuera fácil sin mojar el papel con lágrimas, 
considerando el estado en que se hallan madre y 
hijo; pero concluyo diciendo que Dios está muy 
atento á las quejas amorosas con que, en pluma de 
Jeremías, recurre á su Majostad su esposa escogida, 
la Iglesia, diciendo : Vide, Domine , et considera qwh 
niamfacta sum vilis; y habiéndola formado y her- 
moseado con su divina sangre , de infinito valor, 
no puede dejar sin castigo á los atrevidos que la 
insultan. 

Mo he dilatado mucho á mis débiles fuerzas en 
materia que pedia muchísimo más , pero por mejor 
pluma. Dios sabe los motivos justos que me obli- 
gan á ello , y usía me hará el favor de creer es uno 
el afecto antiguo que le profeso, y mi continuo deseo 
de su eterna felicidad. Si ésta se pierde, quid pro- 
desthomini, si universum mundum luertturt Esta 
verdad grande, que usía sabe muy bien, y no so- 
nará en sus oidos, por la multitud de aduladores 
que, en lugar de ella, le incensarán para sus fines 
terrenos, se la acuerdo yo, que nada quiero, sino 
quo nos veamos juntos en la presencia de Dios por 
toda la eternidad. Su Majestad divina se digne 
hacerlo por su infinita misericordia. Amén. Cuenca, 
á 15 de Abril do 17G7. Reverendísimo padre. Besa 

las manos de usía su más afecto servidor, Isidro, 

obispo do Cuenca. — Reverendísimo padre fray 
Joaquín de Osma. 

Real Cédula de su majestad al reverendo Obispo 

de Cuenca. 
El Rey.— Reverendo en Cristo, padre Obispo de 
Cuenca, do mi Consejo. Mi confesor, para descargo 
de su conciencia y de la inia, me ha confiado la 



expeíhk íspo de 



car tu cía escrito, llevado 

En eJJ 

secuci 

ruina lia llegjií la verdad, 

que os habéis valido 

aseguro que t<< del mundo que 

pudieran aucedenne, ser. 
corazón, que la infelicidad de íüíb ▼tsallc 
Dios me lia enc< do hi- 

jos, y nada anhelo con mayor ansia que su 
alivio y eco todo, lo que mas me 

es que digáis en míe ca- 

tólicos dominios padece persecución la Iglesia, sa 
-ius bienes, ultrajada en sus minifl 
liada en su inmunidad. Me procio de 

tan santa v buena madre ¡ de uin- 
hago más gloría que «i :>lico; 

t, Pero, ya que decís que no lia llegado á 
jos la luz , ni la verdad á mli 
que me explicaseis en qué consisto esta persecu- 
le la Iglesia, que ignoro. ¿Qué saqueos, qué 
ultraj b se han causado a 

sus l-i m y á su sagrada inmuni- 

dad ? , , demás de 

nfesor, para iluminarme ? V ; ^ tan 

justos, como ínsinuí los que os obligan á 

iirí Y poi 
• n y santa í 

materia, p 
trabarla bien t y cumplir yo con La debida o 
.m8 me ha puesto. Espero del 
y del celo que os mueve . 
en particular los agravios, las faltas d< 
dad y religión, y los perjuicios que baya caí 
ú la Iglesia mí gobierno, pues nada deaeo nías que 
«1 acierto en mis res 
ración 

lustros. De Aran ju* i de 176C. — Yo 

! tía. 

Alego Jo§é IfoSi 

á su mojcéti ' reverendo 

cal de lo 
las re ] 

que n 

de ellos, ¡ 

en 10 d- 

tto d.< la i 

ridad de su 

de tus reinos y felicidad de sus vasal 1* 

ticos y seculares, que vea y examine el Conae; 







la madurez y reflexión que acoi l o que 

y eje* 
de su real orden, y por los ministros j 

la sagrada inmuni- 
dad del esi le sus bienes y dere- 
chos, tomando el Consejo los informes necesarios; 
y que, después de visto y examinado f consu, 
jo lo que se le ofreciere y pareciere» 
La i J ion y piedad del Rey, que 
brilla i la citada orden, empeña 
la confian? o, para que en asun- 
tos tan gr¿* h que se tocan 
en las repr. , acre- 
i y verdad con que ha sa- 
le el primer tribunal del reino en 
¿uniones. 

lias oblic 
nes de su oficio, empeñan también al Fiscal que res- 

1 sen- 
unar la pluma, para examinar Lis quejas y 
la conducta en ella*? de un prelado, con quien guar- 
ios asuntos que tuvo 
que tratar con él en el tiempo qu en la 

ciudad de Cuenca. 

o ni pe odio de las quejas del reverendo Obis- 
po se i ia es tú i m »Ué 
■us ministros y atropellada en 
su íjw itípo que, a 
bu parecer, M la raíz y causa do todos los males 
, y refiero padecer la monar 
quia ; ; a i , proposición 6 ar- 
gumento de su i i ion, 

El G Blscal debe ha- 

9 en que se funda el 
ndo Obispo, exige que se vayan reconocien 
Tiradamente por el orden mismo < 

La administra gracia del excusado for- 

ma el primer oí lis quejas del reverendo 

Obispo. Dice este prelado que euu. Ud su 

k*U que se esta- 

¡Ui'flo 

hiciei loque 

el eler 

.-■ees concordado, corno lo 
i tanto, hubo de ha- 

a 

por la iiiíki 

lo ure- 
to. 
Obta- 

la voluntad 
dada, 
para l 






EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



siendo así, padece la Iglesia un perjuicio gravísi- 
mo en la administración, por la diferencia que hay 
desde dos millones y medio, con que contribuía en 
tiempo de concordias, hasta once millones y más, 
que ahora recibo su majestad do los arrendadores, 
sin las ganancias que tendrán. 

En estos hechos padece el reverendo Obispo al- 
gunas equivocaciones, que es justo deshacer. La 
materia es de mucha importancia para el real era- 
rio, y de mucho gravamen para el clero si fueran 
ciertas la queja y razones del reverendo Obispo. Se 
intenta impugnar en su raíz la gracia del excusado, 
y subir de punto el perjuicio de las iglesias, figu- 
rando una exacción injusta de once millones ; y así, 
no deberá extrañarse que el Fiscal se dilate como 
lo requiere el asunto. 

La bula de que trata el reverendo Obispo es la 
expedida en 6 de Setiembre de 1757 , para compren- 
der al clero secular y regular en la única contribu- 
ción. En ella no se prorogó el excusado, como dice 
el reverendo Obispo , hasta que se estableciese la 
misma contribución. La prorogacion interina y res- 
pectiva al nuevo método de contribuir, y sus valo- 
rea, pudiera producir alguna do las reflexiones que 
propone el reverendo Obispo, aunque, para ser só- 
lidas, serian precisas otras explicaciones en la bula. 

Esto rescripto pontificio contuvo dos objetos ó 
concesiones realmente distintas : la una fué, que el 
clero secular y regular pagase como los legos la 
nueva contribución que se deseaba establecer, se- 
gún la cuota, rata ó tanto por ciento que corres- 
pondería á sus bienes y rentas. Para el caso en que 
tuviese efecto esta idea, anuló, irritó ó extinguió 
su Santidad las gracias de millones, subsidio y ex- 
cusado. 

Pero, como ni en todas las provincias de España 
se trataba de introducir la contribución nueva, ni 
en las de Castilla y León , en que se había proyec- 
tado, era seguro y cierto su establecimiento, per- 
petuó su Santidad las gracias del subsidio y excu- 
sado, y quiso que permaneciesen en su fuerza para 
los reinos y casos en que no se estableciese la única 
contribución ; y éste fué el otro objeto ó concesión 
de la bula. 

Este hecho indubitable y literal en la bula que 
está en el expediente, descubre con claridad que la 
prorogacion no fué ni pudo ser sobro el supuesto, 
ni con respecto á el valor de las concordias, como 
pretende el reverendo Obispo. Las tasas y regula- 
ciones de bienes, rentas y tributos sólo se habían 
hecho en los reinos de Castilla y León. Así se hizo 
presente al Papa, y lo expresa una do las cláusulas 
de la bula. En los demás reinos de esta corona, ni 
•e habían hecho tales operaciones, ni la única con- 
tribución se había de establecer bajo las reglas y 
tasa ó cantidad acordada. Sin embargo, su Santidad 
prorogó indistintamente para los mismos reinos y 
provincias la gracia del excusado, y en ellos bien 



cierto es que no pudo tener consideración «1 valar 
de sus concordias, que no se comprendió en la* 
cuentas y regulaciones, ni era del caso. 

La letra de la prorogacion dice que habían de 
quedar en toda su fuerza las concesiones del subsi- 
dio, excusado y millones, donde y en el caso que do 
se estableciese la única contribución. La misma 
bula cita que aquellas concesiones eran la del sub- 
sidio, expedida por Pío IV, á 6 de las nonas de Mano 
de 1561; la del excusado, acordada por san Pió V, 
en 21 de Mayo de 1571 ; y la de millonea, librada 
por Gregorio XIV, en 16 de Agosto de 1591. 

Habiendo, pues, de quedar en su fuerza la bula 
y concesión del excusado, expedida por san Pió V, 
y no tratándose, ni pudiendo tratar en ella de con- 
cordias, como que se hicieron después de bu muer- 
te, es evidente que ninguna atención se tuvo á éstas | 
en la última prorogacion, y que sólo se perpetuóla 
concesión primitiva y original. 

La costumbre y continuación con que los papas 
habian prorogado llanamente la gracia del excu- 
sado por cerca de doscientos años, y la permanen- 
cia de las causas de guerra contra infieles, y empo- 
brecimiento de la corona dimanado de ellas, pres- 
taban un fundamento de justicia para que sin una 
especie de injuria no se negase á los reyes de fe- . 
paña la continuaciom omnímoda y absoluta de la 
misma gracia. ' 

Es verdad que para regular la cantidad á que 
debía subir el equivalente de la única contribución, 
se hicieron cuentas y averiguaciones de bienes de 
legos y eclesiásticos, de sus réditos y cargas, y de 
los tributos y subsidios con que contribuían. 

Igualmente supone el Fiscal que en la averigua- 
ción de los subsidios y contribuciones de eclesiás- 
ticos se comprendió lo que pagaban por la grada 
del excusado, aunque no consta en el expediente 
si se reguló su producto ó no por el valor de con- 
cordia , ni se hizo mención en la bula. 

Pero , cuando así sea , sólo resultará que para la 
rata ó tasa del equivalente de única contribución á 
que conspiraron sus cuentas y averiguaciones, que- 
dó muy aliviado el clero por este medio 

Los ministros del Rey acaso creyeron, si obraron 
de este modo , que en la hipótesi de establecerse la 
única contribución , podía compensarse la gracia 
que hacían al clero , regulando el excusado por el 
producto de concordias , con la mayor extensión y 
seguridad que entendían dar á la cobranza del 
nuevo equivalente en todo género de bienes ecle- 
siásticos , sin distinción alguna. Pudo haber otras 
consideraciones, ó algún error, que no es necesario 
apurar. 

Lo que puede colegirse de aqui es , que el Papa 
adhirió á la nueva y única contribución respecto del 
clero, sobre algún presupuesto de valores, bien que 
sin ceñirse ni limitarse á ellos , por suponer su va- 
riación eventual ; mas, para el caso de no establo- 



EXPEDIENTE DEL 

tal < 
mismo P»p 
las ain 
a ellos , y que pura nada i l preetij" 

Los papas habían prorogado la gracia del excu- 
sado, sin m iones de | 
El mismo Benedicto XIV, qne expidió la bula de 

sjtdo, por 
de 8 de M;i 56, para el quinquenio que de- 

bia empezar ti correr, sin tutor de 
regulación que se le hubiese hecho Este 

el esti lo de prorogar aqn e 1 1 . . 
siguió en la bula de «wíca contri 1 ira el 

caso de no establecerse , sin mas novedad que per- 
petuax la conexión, para quitar la inútil 
v molestia de bulas les. 

Tod" lo expuesto persuade qnc la voluntad de 
los papas no ha sido conceder la gracia del excu- 
sado C >rd»da; si asi 1 
y obis] m sin 
duda • Ni en el breve de prorogacion 
n citado, ni en los anteriores, 
ni en la bula é< buciim¡ hay una sola 
labra que nombre lea concordia». Todos los bre- 
ieren y prorogau el de san Pío V, de 21 de 
. en él sólo se trató de conceder al 
eefior Felipe 11 los frutos de la casa mayor des- 
mera de las parroquias de estos reinos; esto es lo 
que se matul" administrar de cuenta de su majes- 
así, por esta parte es imponible probar que 
hay ex 

La observancia 6 i <>n de las i 

ropone el reverendo Obispo, ni es cierta y 

al,nipued< pie la gracia del excusado 

•e ha prorogado como concordada. Han tenido las 

i días sus interrupciones, porque en al| 
tiempos se ha intentado administrar, y admii 

mente, el excusado, MBNgOft U oVferen- 
cía baya suspeí la administración. 

Para uo recurrir á tiempos más antiguos, hay 
ejemplar, ocui afio de 1751, en 

1 del sefior Femando Vi modo se 
administrase el provi- 

sor rilgiu 

El I 

tosa han estado casi siempre 

en acto 

pudiera habera 
¡a 

como la. Lo» pt >s de 

ol eraobiepado, qu< 

mar el 
[ í0 f iaa han paotado 

idad trtw la 
eehai desde la m gorioXLU, 



ÜEHGA. 5 

que expidió la a] de la primera concordia 

esta con i i 
i los cabildos creían que las pro- 
gnes de 1 i I excusado recaían 
ella como concordada ? ¿ No prueba i i todo 

¿rario, y que los mismos cabildos c 
confesaban distintas la concesión y pro* 

rogación, y las concordias ? 

odian menos de proceder asi los cabildo* La 
concesión del ex 

cosas muy diferentes en la sustancia y en el tu 
Po r 1 as c o n c es i o oes j staba 

comprendidas \na primicias en lo* 
• fi su majestad por la casa na 
dezmé™. P<t si contrario, en las concordias da 
Castilla y Aragón, aunque no en la de Cataluña, no 
sólo se pactó que habían de gravarse loafrut 
des, sino también los primiciales. 

>iu duda el motivo por que di 
casi á loe primeros pasos de la admini*' 
las primicias de la primera casa dezmera q^ 
giese su majestad estaban comprendidas en la 
cesión del excusado, se declaró que no, en la roso* 
1 ueion al punto sexto del real de 
Enero de 1762 , expedido para aclarar las dudas 
las en el modo de administrar. Lo& ministros 
.impusieron la junta en que se consultó 4 su 
majestad la resolución de aquellas dudas, compren - 
dieron que eran cosas muy distintas la e 
las concordias ¡ y que, aunque en éstas Be gravasen 
las primicias, no se debia tomar de aquí argumento 
para dicha concesión. 

Es constante también que en virtud de las con- 
cesiones y prorogaciones del excusado, solo queda- 
ban gravados con esi lo los perceptores do 

ti los que a<l 
la primera casa elegida j- ■ I , y así las 

personas que percibiesen 

6 frutos determr el mayor 

trian gravamen aL re por 

ncordias se gravó i 
nales indistintamente. 
Las (8 se din 

cantidad >i 
entre los pi 

r el contra 

Otnprendi 

la pii 

yon n n que 

oiiderVí 
La instrucción para administrar el 

niaario 

general de ' 

1 mismo, K 

Obisp i»»otro 

del espíritu de la concesión y t*u« prorogs 
te acceder 4 dar regías <l 









6 EL CONDE DE !■ 

tracion, si el excusado sólo so hubiese prorogado 
con respecto á las concordias». El fiscal de la misma 
gracia, don Fernando Gil de la Cuesta, que con- 
currió al establecimiento de la administración, tam- 
bién era eclesiástico docto. 

En la junta que se ha citado ántc3 para resolver 
las dudas de la administración, ademas de los se- 
ñores don Pedro Colon, don Francisco Cepeda, Mar- 
qués de Someruelos y Conde do Troncoso, ministros 
seculares, concurrieron los señores Obispo Goberna- 
dor del Consejo , el citado comisario general y don 
Manuel Ventura de Figueroa, todos eclesiásticos 
del primer orden , y el fiscal fué también el citado 
don Fernando Gil. ¿ Será justo creer que todos se 
alucinaron ; que ninguno entendió el espíritu de la 
bula, de cuyas dudas se trataba, y que con error 
dieron por supuesta la facultad del Rey para admi- 
nistrar el excusado en toda su extensión ? 

Por otra parte, ¿podrá haber motivo prudente 
de queja contra el Roy y su gobierno, que puso en 
una porción de las más preeminentes del clero la di- 
rección y consejo acerca del uso do sus reales de- 
rechos ? 

Es cosa digna de reflexión, que siempre la pie- 
dad y religión de su majestad ha comprendido en 
el número de ministros señalados para buscar dic- 
tamen en materias del interés del clero, los eclesiás- 
ticos que sirven en sus tribunales, y aun fuera de 
ellos; prefiriendo la circunspección, moderación y 
honestidad del examen, á los recelos de cualquier 
adhesión ó preocupación. 

Así se ve que en la junta nombrada para exami- 
nar si á nombre de su majestad se podía elegir por 
mayor dezmero el que tuviese más patrimonio, con- 
currieron cinco eclesiásticos, á saber: los señores 
Obispo Gobernador, el comisario general de Cru- 
zada y don Manuel Ventura de Figueroa, don Fer- 
nando Gil de la Cuesta y don Isidro de Soto y Aguí- 
lar. Fue la consulta contraria á el interés de la Real 
Hacienda, y con todo se conformó su majestad lla- 
namente. 

Para la junta destinada al examen de la bula do 
Novales , su extensión y modo de ejecutarla , nom- 
bró también su majestad, con otros ministros, á 
los señores Figueroa y don José García üerreros, 
únicos eclesiásticos que servían en este Consejo. 
Tampoco fué favorable á los reales intereses la con- 
sulta , y el religioso corazón del Rey so conf onnó 
y decretó activamente la reintegración del clero, 
de que después se tratará. 

Pudieran añadirse otros casos notorios ; pero, co- 
mo formarían una digresión demasiado larga, se 
ha ceñido el Fiscal á los insinuados, para no des- 
viarse de los mismos puntos en que el reverendo 
Obispo ha propuesto sus quejas. 

Ahora se ve que si la administración del excu- 
sado ha hecho crecer esta renta , como se explica 
el reverendo Obispo , desde dos millones y medio 



LORIDABLANCA. 

i hasta los once y más que pagan loa arrendadora. 

j no ha sido por este lado con exceso a las facnlti- 

¡ des do la concesión, ni el clero sufre el perjuicio 

j gravísimo que so exagera en la extensión atribuida 

! á las prorogaciones. 

i Pero, para decirla verdad, tampoco es cierto, íi 
que el clero ó iglesias pagasen dos millones y ni- 
dio antes do la administración , ni que haya cre- 
cido el producto do esta gracia con exceso al «- 
píritu y valor de la primera concordia, que sen 
continuado, ni que el rendimiento liquido y efec- 
tivo del día grave á el clero en los once millonsj 
y más que pagan los arrendadores. 

El clero antes de la administración concordó en 
variedad. En las provincias de Castilla y León en- 
cordaron el excusado los cabildos, ya unidos cae 
el de Toledo, y ya separándose algunos , que « 
unieron con el de Sevilla, formando diversas con- 
cordias. 

Es cierto que de uno ú otro modo , nanea pacta- 
ron estos cabildos pagar por el excusado más oie 
doscientos cincuenta mil ducados en cada año, y 
así sólo se puedo decir que las iglesias dé Castilla 
contribuían únicamente con dos millones y medio, 
como afirma el reverendo Obispo ; pero, como « 
estos contratos no se comprendían las iglesias de li 
corona de Aragón , que hacían sus concordias sepa- 
radas y pagaban otras sumas, dividiéndose en pro- 
vincias Ccsaraugustana y Tarraconense, es visto 
que el producto del excusado no era sólo de dos 
millones y medio en lo universal de España, que 
es por lo que de presento pagan los arrendataríoi 
más de once millones. 

Pero se ha de reflexionar que la primera con- 
cordia, en quo se pactó el pago de los veinticinco 
mil ducados que se han continuado después , con 
las modificaciones que se dirán , se hizo en 1672, 
y so aprobó por la santidad de Gregorio XIII, en 4 
de Enero de 1573. Es muy necesario combinar lu 
circunstancias de aquel tiempo con el presente, para 
sacar consecuencias sólidas y legitimas. 

La estimación del dinero en el año de 1572 ere 
mucho mayor que ahora, y se puede afirmar sin hi- 
pérbole que los doscientos cincuenta mil ducados de 
la primer concordia eran para el Rey tanto 6 mil 
que lo quo actualmente recibe del clero de Castilla. 
Quien tenga algún conocimiento de nuestro go- 
bierno, leyes, costumbres y comercio en los tres úl- 
timos siglos , confesará precisamente ser evidente 
la proposición. 

Los intereses del dinero son un barómetro cuys 
baja ó subida demuestra la estimación legitima de 
la moneda, su valor ó envilecimiento. Baja preci- 
samente el rédito de una alhaja, si ella se deteriora 
ó envilece. Más vale lo que más produce , y por el 
contrario. Estos son axiomas, y asi no es menester 
recurrir á las muchas pruebas de autoridad extrín- 
seca que pudieran darse para concluir que la alsa 






' boj a del 

elei- 
cvi, que á petición i!< 

1539 y 1" 

• i que nirt 

rula, más que á razón de diez por ciento 
por uí 

i, libro v de la Recopilad 
Paro los censos, cuyo rédito ha sido si* 

ado, por la seguridad que prestan las 
v por i i tal á la c 

poi la 

ti imponer ni venderá menos 

mil el millar, qtie equivale Ú 
siete por cié nt 
luiente hasta el de 1621 ¡ hío" el 

rétate, qe 

iel eitad<» titulo xv. 
(atuvieron lai pftm< ■■• áo* 

lo xvi, supuesto que hubo 
á los capitales, p] 
lueee uieuor, y moderar los i¡ 

se cou aquel valor ui»tí 

digioea que hl lou del di 

ue la pr.i 
•fio do 170 , iento, y el 

y un ter- 

■k materialmente que hay fre- 

u¡ mes 

lio. Peí Btta regla 

don los precios de los capítulos ñ cincuenta mil el 

i« bajos a mil. 

En que hallan los 

y aun se lo v.in .i 
los dios. 
Pe todo resalta que n 

lepri &feftlde 

itaú de cuarenta, 

loa dk 
ó algo 
más, 

ie lo mismo, porque 

" , y on las 

a, coa que ahora se contenta el capitu 
,'la clara 
re que, sin BXigl 



\0l. 

mil ducado 
realce, on el año «le 1 572 , valia 
den valer o 

l'ereneia. 
Las antiguas tasas de grauos, y su cotejo con los 
I, prestan igualmente una pri 
>ria de lo que ha decaído la 
dinero desde el siglo xvi hasta el y la 

■ DO aquí I 
1571, que fué el mismo en que ao 
! excusado, se expidió pragrnáti* 
tasa, regulando el precio del I 

< ducado i 
15G6, y el centeno ¿ doscientos mará 

X* y 4.*, titulo xxv, libro v de I teta. Este 

valor tenían los fm 

conseguir i las casa 1 * 

laron. Yo se \ afios 

yenderian al peí tasa , y que en los obun- 

y medianos s. 

na sucedido. Con e 
ton que se quen 
La tasa, que llamamos moderna, d 1690 

i precios de h's granee a veinte y ocho rea- 
les el t 

le loe del 
estas baja? i mitir 

la libertad de precios en varios años del pn 
servase los establecidos « 
\ndalucia . tilla la N> 

y últimamente á que laso 1 
nsultase ú 
las tasa- 

ifl III, 
dejase libre la v [o de los i 

una p 

r la época feliz de la nación. 
Por eetae pro vi 

y por 1 * ecísa 

especies i 

un ore par* 

iqni es que los dio/ 
mh, que on 1571 se venderían 

ladiv. 

■pios 
frutOf 

vámon de doscientos icU* 



8 



EL CONDE DE FLORIDABLAN 



do en la primer con t0 del 

excusado, no pueden just&mer por exce- 

exorbitante que la administración del Bey 
produzca algo ináe de dos tercera» partes de aumen- 
cho uiill' mes de reales que con pota 
eminente rendir loa obis- 
(Jastilla. 
Si los reveré udos obispos y cabildos hacen re- 
Üexion sobre el aum lu loa valo- 

res de sus rentas en estos 6U opos, y si 

atienden á la mayoría de precios qne han experi- 
mentado en todoa los géneros del uso y consumo 
del hombre , reconocerán la verdad indubitable de 
cuanto el Fiscal ha expuesto. La correspondencia de 
la especie comerciable con el dinero obra necesa- 
riamente que cuanto éste se envilezca más ó pier- 
da bu estimación , sea preciso mayor numero de 
moneda para adquirir la especie con que se permu- 
ta. Es menester reconocerlo así con buena f e t y abs- 
tenerse de clamores y quejas inmoderadas, mientras 
no se penetre hasta lo intimo el fondo de las 

Todavía pudiera el Fiscal persuadir lo que ha pro- 
puesto por otro medio , como es el aumento y pre- 
mios de la moneda. Desde et afio de 1602 fué au- 
mentándose tanto el vellón, y de tan mala calidad, 
jpitadameute É fué preciso 
repetir pragmáticas por todo el siglo pasado para 
fijar los premios de las reducciones y pagos en esta 
¡e. Un cincuenta por ciento» señalado en las 
cédulas y pragmáticas de 1651 , 1680 y 1686, no 
bastó para dar punto á los premios, y no había 
cosa más f recuente que abonarse I los asentistas 
del Rey, en virtud de sus contratos, el premio de 
qU , setenta y aun ochenta por ciei 
Lt baja del vellou á la mitad de su estimación, 
que se decretó en varias resoluciones, forzosamente 
Babia de crecer los premios. Ya se pensaba y de- 
. la extinción de esta moneda , ya se que- 
ría aumentar el valor intrínseco de la plata y oro 
y el numera! , y parece que deslumhrado el Go* 
bier-< >aba con el remedio de los daños. 

Continuáronse las providencias en el presente si- 
glo Kwl i 1 ( pragmática del año de 1737, en queso 
fijó la moneda de oro y plata en el valor que tiene 
actualmente. 

Quien sepa algo de estas cosas, sabrá que en i 

alio de 1572 se consideraban al marco de plata 

iedada sesenta y siete reales, aunque verda- 

ia sesenta y cinco, y en el dio 

i- an de ól do plata provin- 

i real de plata de aquellos sesenta y 

^ alia mas que treinta y cuatro mará ve - 

díaos, QO se habían inventado los premios 

i, ni el vellón había comenzado A 

rse; y cada real do pinta do 

loa ochenta y uno del marco valo, por la 

■ de 1737, sesenta > 

des de vellón* 



pues , el marco de plata en a pe va 

lia en cual eda dos mil dt 

y ocho maravedises , y ahora vale en velb < 
mil quinientos ocho, que vienen i quilín 

partes man, y no mucho menos de dos h 
Añádase ahora la menor 

>pecto á los frutos r» eap nales, por 

que sólo ha crecido su valor respect- 'on por 

el envilecimiento de éste, y se concluirá que lo 
doscientos cincuenta mil ducados de la primer con- 
cordia del clero de Castilla eran mucho mas esti- 
mables quede presente ochocientos mil. 

Pero lo cierto es , que tampoco ahora los cabil- 
dos é iglesias de España sufren el total do los on 
millones seiscientos cincuenta mil reales qne | 
los arrendadores, que fué jo último que propuso al 
Fiscal. 

Para esto se hade tener presente, lo primero, qu 
por la condición séptima de loa asientos pactaron b 
arrendadores que en los obispados que se había 
administrado de cuenta de la Real Hacienda en i 
cuadrienio anterior, no se habían de deducir deis 
casas excusadas los diezmos y tercias que p 
ciesen á su majestad ; y siendo los obispados i 
pingues loa que se administraron , como Toledo 
Cuenca , Sigüenza , Córdoba , Plasencia t Jaén , ! 
ttago , Burgos y otros que se nombran en loe cii 
dos asientos, es visto que el valor de estas ter 
y diezmos, que su majestad recogía libremente • 
tiempo de concordias, y que eran suyos antea do 1 
gracia del excusado , son menos producto de < 
y disminuyen la carga de las iglesias de Castilla 
en lo respectivo á lo que les toque de los once 
11 unes del arrendamiento. 

Lo segunde», que en el contrato se han compr 
dido los excusados de encomiendas de las órde 
que son de mucha consideración , y á éstos se l« 
repartía separadamente la cuota de esta gracia en 
tiempo de concordias; ademas de que sus p* 
tores no componen el cuerpo del clero t á 
nombre se proponen las quejas. 

Lo tercero , que por la resolución al punto die 
al decreto de 14 de Enero de 1762, ya citado 
se declararon comprendidos todoa los diezmos i 
s de estos reinos, y sobre que en ellos no 
gravado el clero, hay la circunstancia de que 
algunas partes, y señaladamente en Cataluña, no 
contribuían ios legos en tiempo de concordias; de 
que dimana la demanda puesta por ellos , que ci- 
tan loa arrendadores en su Informe, al número \4 

Lo cuarto, que los arrendadores pactaron , en 1 
condición sexta , que de las ventas de frutos da 
excusado no habían de pagar alcabala de las pri- 
meras ventas, ni otra contribución de las estable- 
cidas 6 que se estableciese, y el valor de 
bertad, que es muy estimable, y no la tenían por 
las concordias los arrendadores de las iglesias ni 
los legos perceptores de diezmos, aumenta «1 m 



M 






EXPEDIENTE DEL 

rio del arrendamiento sin gravamen de! 
n«e á costa do los derechos re» 

Lo quinto, que Us congrua* da pilTOi 

ti di presente el pi Jen ocaso 

- en ftdelai 
sexto, ijiiecn el valor del arrends 
tran varios derechos litigiosos, que serán también 
, si Mi ellos tenoteren las igh 
Por estas y otras consideraciones, que pudieran 
añadirse, es fácil conocer que de los once nj¡ l 
y medio que produce el e>; gun los p] 

remitidos por los arrenda : 
al clero las cantidades que se abultan y exa 

Para decir la verdad con la franqueza que el F¡*- 
cal acostumbra, y debe por su ministerio, no puede 
r que, en bu dictamen, las quejas y extráñela 
de algunos individuos del esleí 
to actual del excusado, dimanan en mucha parte 
ya de no haber hecho toda! las reflexiones que pide 
la materii, y ya de estar acostumbrados á no con- 
tribuir por las concordias últimas cosa que tu 
proporción con lo que contiene la gracia con- 
cordada, 

De modo que en los últimos quinquenios per- 
donaban los señores reyes al clero illa la 

i parte de lo* 
cados; ademas de esto, le concedían la reserva de 
annatas, descuentos y valimientos de juros hasta 
en la cantidad de cien mil ducados al ano , pv 

de juros mIu» ilustra- 

ban , sin mas obligación de legitimarlos que pre- 
sentar el ia. 

Luego se pactaba que la contribución se había 
di pagar en vellón , remitiéndose la obligación de 
rio en plata , y el premio do veinte por ciento 
de su cuarta parto, que se había acostumbr 1 

Agregúense ahora á estas crecidas sumas y uti- 
lidades las cantidades que pn oonoordias 
loa poseedores legos de tercias, enaje- 
nadas sil* remisiones 
que loa señores reyes harían i di» uniini- 
dudes y lugares píos , las cuales se abonaban al 
¡ y r^nltará, por una combinación y ajuste 
llano y f;i lias era 
de puro S01 
El FSsoal 

6 n-mita el 
tibí ga; pero 
no alcanza que de aqui | finito para 

impugnar las faeuh. m del Prín 

i un exceso 
cuami 

El rever- queja tan 

•agrave á loe frutos dsl axcueado con el ssjvh 
te del soh duca- 

dos, en qu iribiiyoel le que do se 



PO DE CUENCA, 

En [ 

la quinta p i ochenta 

Loa al «fio; y asi, los reinte mil 

s a trescientos treinta y seis mil ; 
eon qi 

valor 
<k e*f< 

atoé de la concordia de 
subsidio, ¿n.za el claro la reserva de cíen mil duca- 
dus de jur< ¡o del pago en i 

por cieuto de la paga en pla- 
ta, en la misma forrmí «jue antease dijo del e^ 

lo junto puede importar muy cerc 
cien mil ducados; por lo que será b 
la cantidad del subsidio queda en algo más de la 
nces ion. 
Ademas, parece al Fiscal que los frutos del ex- 
o no deben ser gi on el subsidio. Aun- 

que el excusado se c< 

fué sustancialmente otro subsidio añadido si pr¡- 
<'uyo producto se creyó necesario para com- 
pensar en alguna pai es gastos q 
señor rey Felipe II hizo en la farn 
déla Liga contra el Tunjo, que con la gloriosa ha- 
la Na ile Lepanto libertó á Itali 
ella, á la capital del orbe 

»ula misma de) I , expedida en el día 

rite a el W mólaLig ucion 

I causa y de otras muchos en las i o no 
bles guerras que por la religión mantuvieron aquel 
príncipe y su augusto padre, dentro y fuera de Eu- 
ropa, rule I de la Iglesia ro- 
mana. 

De aquelloB principios vienen las cree idísimas y 
casi tatoleí 

o i as y la corona ; la= 

tea de 'gos , encomiendas y va- 

sallos de iglesias, en que se gravó el erario 
juros par.- usar á tod 

De allí provino agotarse tanto los tesoros de esta 
■ 
en 1590 se formó el designio de la ex j 
Inglaterra ♦ tam I pnlso delecÓrto & Roma, 

r la sisa de loa mulo 

aumentada a loa legoi con n uue- 

astoa por todo el siglo pasado, y i 
miada hasta nuestros dina, sin esperanza ya o 
< te I irla, a no dejar indotada la corona, 
re, á vista de e 
i 
nteriorV jifia posible qu- 
nidio nuevo con ol antiguo á fu 
mismo concesionario? ¿No «erla encañar A el Roy, 
linio todOf los diezmos de o 
parroquia - <r úpense necesaria, y minorar- 



10 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



celos al mismo tiempo, dejando en ellos la carga 
del subsidio? 

Es verdad que el clero tendría menos diezmos 
mediante la concesión del excusado, pero sin dnda 
se quiso gravar los que le quedaban con el subsi- 
dio íntegro. Así lo ha canonizado la observancia 
de las prorogaciones del subsidio posteriores al 
excusado ; pues, sin embargo de esto , y de que, en 
su virtud, se debían suponer desmembrados del cle- 
ro los diezmos do la primera casa, se han concedi- 
do á el Rey los mismos cuatrocientos veinte mil 
ducados del primer subsidio. 

Mas , como quiera que sea , ¿ quién ha quitado á 
el clero que acuda á pedir en justicia la rebaja del 
subsidio por la minoración de frutos que le causa 
el excusado ? 

Ya consta del expediente que en 8 de Julio do 
1763 ocurrieron las iglesias de Castilla y León á 
la comisaría general de Cruzada á pedir, entre otras 
cosas, que se les mandase dar relaciones de los fru- 
tos del excusado, para cargar sobre todos ellos el 
subsidio. Es cierto que en la comisaría se mandó 
que las iglesias acudiesen á su majestad ; pero no 
se sabe si lo han hecho. El Comisario, dice el reve- 
rendo Obispo que es un eclesiástico docto y justi- 
ficado ; pues ¿ cómo no admitió y decretó la instan- 
cia de las iglesias, ó la sustanció en la forma regu- 
lar? Ni ¿quién le quita que lo haga de nuevo, si se 
suplica de su resolución? 

Mas bien conocen las iglesias y el Comisario la 
dureza do esta instancia, y que recibiendo de la 
piedad de el Rey el perdón de la quinta parte de el 
subsidio y las demás utilidades que contiene su 
concordia, se aventura demasiado en promover una 
pretensión tan poco fundada. 

Sigue el reverendo Obispo diciendo que los fru- 
tos del excusado están obligados á los reparos de 
las iglesias y gastos del culto , como carga inhe- 
rente á los diezmos, y que no se ha cargado hasta 
ahora cantidad alguna para estos fines á su majes- 
tad, por no haberse atrevido el clero á reclamar el 
agravio. 

De la certificación dada por el escribano de cá- 
mara del excusado, puesta en el expediente, cons- 
ta que su majestad consignó, en 19 de Diciembre 
de 1765, cierta cantidad de reales de vellón á el 
año para la fábrica de la iglesia del Congosto, en 
el obispado de Cuenca. Véase cómo á el reverendo 
Obispo no le han instruido cabalmente de lo que 
pasa en este punto dentro de su misma diócesis. 
También hay consignaciones á las fábricas de la 
colegial de Baeza y parroquial de Villafruela, en 
el obispado de Palencia. Si otras hubieran acudido 
t con igual razón , y por vía do gracia, como éstas, 
habrían experimentado también la piedad religio- 
sa de nuestro amable Soberano. 

No es cierto que el clero no se haya atrevido á 
'adamar este punto. El Fiscal quo responde, dejó, 



al tiempo de su ausencia, á la comisión en que ht 
entendido , despachado un expediente , formado á 
instancia de la iglesia de Toledo, sobre que se sa- 
casen las quintas partes de los excusados de mucho 
número de parroquias, para reparos de su fábrica 
material. Los arrendadores tienen capitulado que 
han de sufrir las diminuciones que provengan de 
la naturaleza de la misma gracia ; pero es justo 
oírlos, y saber si las deducciones son justas, si el 
excusado está sujeto á ellas, y si las fabricas ne- 
cesitan de estos auxilios. 

Esto pide un examen de justicia, para el que hay 
un tribunal eclesiástico que debe administrarla. Si 
se busca gracia , ya se ha dicho y resulta que el 
Rey las ha hecho sin detención, y el Fiscal ha con- 
tribuido, como es notorio, á que se atiendan las 
necesidades de la Iglesia. 

No trata el Fiscal ahora de impugnar la respon- 
sabilidad del excusado á los reparos de fábricas y i 
las congruas de párrocos, de que trata después el 
reverendo Obispo, por haber mandado su majes- 
tad en cuanto á éstas, por orden de 16 de Julio de 
1761 , que se hiciesen ciertas averiguaciones ins- 
tructivas para asignarlas. 

Si el Fiscal quisiera hacer esta impugnación, ha- 
llaría apoyo en lo que escribió don Antonio Josef 
de Angos , eclesiástico y doctoral de una iglesia de 
estos reinos, que afirmó que para la carga del ex- 
cusado no ec debia deducir la congrua, y que de 
hecho no se deducía, cuando el clero tenia concor- 
dada esta gracia. En efecto , el Fiscal vio repetida- 
mente, en los muchos expedientes de congruas que 
despachó sirviendo la fiscalía del Excusado, que 
siempre el clero cargaba alguna cosa por esta gra- 
cia á los curas que constaba estar incongruos en 
tiempo de concordias. 

Mucho más vio el Fiscal ; pues tuvo en su poder 
expediente y documento en quo constaba que el 
Obispo y cabildo de Pamplona, sin embargo de ser 
perceptores universales de diezmos en cierta cuota, 
litigaron antes de administrarse el excusado, y ob- 
tuvieron ejecutoriales en la Bota Romana, declaran- 
do que no debían suplir la congrua á los párrocos, 
no obstante que los más de ellos son pobrísimos, y 
que para completar algunos la congrua precisa de 
órdenes han tenido que fundar patrimonios. 

Conmovióse el Fiscal que responde con estos he- 
chos ; propuso y pidió lo que tuvo por conveniente 
para su enmienda, sin perjuicio de proveer á la ne- 
cesidad; y en efecto, el Rey, á consulta del tribu- 
nal del Excusado, cooperando el Fiscal, hizo varias 
consignaciones á los curas del obispado de Pam- 
plona, que exceden de noventa y seis mil reales, y 
consta de las certificaciones puestas en el expedien- 
te. Hágase ahora un justo paralelo de la conducta 
del Príncipe, tribunales y ministros regios, con la 
de los eclesiásticos. 

Estos pasajes, y otros que produce el expedien- 



EXPEDIENTE DEL 
la equiv rué se lia i 

congruas, y para e\ 
pasarán años; que [ozfirtalt* oj> 
q podrán vencerse p 

• linero 
m per- 
perimentado en su obispado, 
rielo alatli :• B Gali- 

cia, Asturias, I 

sabe que sus obispos han 
3o la diminución del culto, y haber f 

para la luminaria del Santísi- 
mo, y cera pao persuade á que 
¿roa pocas ( kM que se han dado ; y qm 
do por la tasa sinodal, se hace un grande perjui- 
cio a, los párrocos, como acreedores á mayor do- 
¡on, 

Por más que el Fiscal que responde se haya pro- 
uto usar de una u> acaso 

iva en la mab 
digm líspo, apenas ha pod ir ver 

aladas tantas especies de pura conjetura, equi- 
■■■* piadosas 
[es del Rey y bu integridad. 
kóIo no ha sido difícil la ejecución del de* 
¡ios, sino que por las certificaciones 
i general y 
'•aiiía de cámara del Excu atalas mu- 

chas que bc han dado, y que llegan acerca de sete- 
as los que se pueden contar entre ellas ; sien- 
- las que no se especifican por menor, 
porq>; nombran los curas de un partido. 

Importan cerca de doscientos mil reales sel ano 
las coi Ties con que se ha gravado la Real 

nda, sin las que están consultadas á su n 
y ademas resulte de la • n do la to~ 

que para que los euros no padez- 
can las dilaciones, molestias y gastos de la distan- 
cia, se les ha destinad* si pago en las adminis- 
tran*' sus respectivas provin- 
ias. 

También consta de la misma certificación que á 
algunos cursi , á quienes ha cesado nación 

narte, se les han conferido y unido 
se su majestad y snsmii' 
tle la retalia y facultades de tu j q. 

Igualmente resulta ií el fin di la oeitifi 
la escribanía do cámara, que los expedientes do 
congruas se han despacl 

■le asegurar de propia en p 
LOS simple carta ó mi cualquie 

m cura se ha i bastante para rom i: 

ie está en el es- 
is diligencias. 

entre los curas á qni 
m> ha hecho consignación, están los de Villa-Ru- 







n 

cómo no han igi 

han hecho pretensión i 
• sí la presunción d* 
snfidei 
La i 
por U 

verendo Obispa En el despacho impreso 
tincar * que se i 

¡*d último sínodo qn< --g'u*» 

i idfñ He los be» 

sin torpeza la 

y la simple b< 
Así pues, corno informa el Comisan 
se hn viste pon soSalar la < > 
señalaba la de los párrocos. El señalamiento de la 
Vnes simple bi 
nde no había regla sinení 
tí va á los párrocos , so ha buscado la costuu 
La lástima ha sido , que en algunos obispados no 
lo costumbre de dar congrua á los 
en su defecto, se ha procedido con 
v 4 las circunstancias, 
En las mismas certificar fado, 

se ve que hay curatos á Iob cuales so han consig- 
nado doscientos y más ducados. Ya se sabe que 
esta eonsk ser respectiva á el 

icio que les pudo causar la extracción de la 
cosa mayor dezmera, y qu 
los curas la parte n 

primicias y obvenciones ■■■«ten- 

te masa COIiuiti do la parroquia ; 
obispado en España en que la - 
fiVíal exceda, ni aun llegue, é cien dncad< 
ver la 
estas materias. 

En Asturias, Na van 
ta que se ha fiado varias y m 

des á los párrocos y, beneficiad 
Tan prolijo, eiacto o escrupuloso ha si 
nisterio del Rey, que la tnás mínima cantidad 
haya resultado perjudicar á la congrua, f 
dado c Ha habido cura que ha pe 

c i nene? 

siguaciones, aun 

quena utilidad de las casas de 

países entre mucho número ,¡, 
tariua, hace de poca entidad ;,. los 

ida uno, 

y ha con* 
el excusado quitaba a los cura 
parroquia ¡ 
caba en aquellas pro lo han pedido a se 










12 EL CONDE DE 

majestad, siendo así que estando muchos sin con- 
grua antes de la administración , especialmente en 
el obispado de Oviedo, todos pagaban alguna can- 
tidad por excusado en tiempo de concordias ; y raro 
6 ninguno pidió el suplemento de congrua á los 
demás partícipes en diezmos. 

Es verdad que algunos curas, y otros poco reflexi- 
vos, según noticias que llegaron al Fiscal, creían 
que su majestad les había de dar toda la congura, 
aunque sólo les perjudicase el excusado en una pe- 
queña parte. Ya se ve que esta persuasión era hi- 
ja de un error intolerable ; porque no podían pre- 
tender del Rey justamente más que quitarles todo 
gravamen , y contribuir al suplemento de congrua 
en aquello que la perjudicaba el excusado. 

Si ha habido, pues, obispos que han exagerado 
la falta del culto y congrua en los países de Mon- 
taña y otros, aunque no consta, no habrán produ- 
cido justificación alguna para obtener iguales con- 
signaciones , como los que resulta haberse hecho. 
Tales pruebas son siempre necesarias para regular 
la necesidad , la cuota y el fondo del excusado en 
la parroquia sobre que recae la pretensión ; pero, 
como es más fácil declamar con ponderaciones que 
probar, no todos los que han hecho lo primero ha- 
brán podido desempeñar lo segundo. 

Parece ya que no han sido ni serán tantas las 
dificultades que han opuesto y opondrán los fisca- 
les para dejar sin efecto el decreto de congruos, 
como ha recelado el reverendo Obispo. El Fiscal 
que responde es propiamente el acusado en estas 
expresiones, por ser el que servia la fiscalía de 
Excusado cuando se hizo la representación. 

Sin embargo , puedo el Fiscal asegurar que tra- 
bajó infinito en arreglar estos puntos de congrua, 
y facilitarlos , reconocer y aun formar las liquida- 
ciones y planes en muchos expedientes , en que se 
omitieron por impericia; absteniéndose de toda 
contradicción en lo que no fuese muy clara la fal- 
ta de justicia ú de prueba, por creerlo conformo á 
las piadosas intenciones del Rey ; y así, serán muy 
raros los curas que pidieron congrua, y no fueron 
consolados. 

El tono enfático de aquellas tantas dificultades 
que los fiscales opondrían, supone á éstos como 
á unos defensores cavilosos y apasionados, que, 
abandonando los sentimientos que debe inspirarles 
el honor do su ministerio y la propia conciencia, 
antepondrían sus caprichos ó el ínteres del erario 
al alivio de unos curas necesitados é infelices. No 
alcanza el Fiscal que este modo de juzgar del más 
miserable prójimo, antes de certificarse de su con- 
ducta, sea muy conforme á la moral de Jesucristo. 

Finalmente, el reverendo Obispo concluye este 
panto de excusado, representando los excesos de los 
subalternos ; el crecido número de pleitos, que sólo 
en su iglesia, dice, pasan de ciento; que por su di- 
lación y costas serán eternos los perjuicios; que 



FLORIDABLANCA. 

siempre será perjudicial la administración , por li 
desigualdad inherente á la misma gracia , y que w 
continuará si no se establece la única contribución. 

Los excesos de los subalternos habrán sido alga- 
nos, ó tal vez muchos. Esta fatalidad sucede en 
todo gobierno eclesiástico y secular. Lo que toca al 
ministerio superior es dar reglas y tomar las pro- 
videncias y precauciones que dicta la prudencia 
humana, para evitar ó castigar los desórdenes. 

Los ministros del Rey, concurriendo los eclesiás- 
ticos que antes se han citado, contribuyeron á qne 



se formase instrucción , á que se resolviesen dudas, 
y á que se eligiese un tribunal colegiado, eclesiás- 
tico, donde con madurez y examen se resolviesen 
estos puntos. Allí, pues, tiene el clero llano el re- 
curso para el desagravio, y cuando no lo consi- 
guiera, que no puede creerse, no sería culpa del 
Gobierno ni de los ministros seculares. 

Es cierto que son muchos los pleitos ; pero no son 
más de ciento los de la iglesia de Cuenca, oomo re- 
fiere el reverendo Obispo , sino treinta y nueve, co- 
mo consta de la certificación de la escribanía de 
cámara del Excusado. De éstos, no todos son de 
gravamen perpetuo , ni á instancia de la Iglesia, y 
casi todos están , ó recibidos á justificación, ó hecha 
la prueba, ó en estado de sentencia; y el de los cu- 
ras de la ciudad de Cuenca, que cita el reverendo 
Obispo, está determinado y ejecutado en vista á so 
favor. 

Los arrendadores, en su Informe, contestan igual- 
mente la multitud de pleitos ; pero en mucha parte 
lo atribuyen á que las iglesias, en cuyo poder han de 
parar precisamente los documentos para aclarar la 
verdad, no los franquean sinceramente y desde el 
principio. 

Sea como quiera, de estas especies, que pueden 
no ser absolutamente inciertas , sabe el Fiscal , por 
la experiencia que adquirió en la comisión de Ex- 
cusado, que efectivamente hay muchos pleitos por 
las diferentes especies suscitadas en una materia, 
al parecer nueva, y entiende que para cortar la ma- 
yor parte, en caso do continuarse la administra- 
ción , sería muy conveniente añadir algunas expli- 
caciones á la primera instrucción, decidiendo, por 
regla general , varios puntos que ha excitado la 
ocurrencia de los casos. 

Todas las cosas no se pudieron tener presentes 
cuando se formó dicha instrucción. El ministro de 
más luces y de mejor intención es hombre, y hade 
ser precisamente limitado. El tiempo y sus varia- 
ciones descubren dudas y circunstancias, que no 
pueden prevenirse sin el don profético. 

Así pues, para continuar la administración, se- 
ría muy acertado, y así se puede consultar, que con- 
formándose el clero y los arrendadores, para evitar 
cavilaciones sobre el derecho adquirido en los plei- 
tos pendientes, se nombrasen ministros experimen- 
tados y celosos, que arreglasen nueva instrucción. 



EXPEDIENTE DEL OBISPO DE CUí 



13 



licíendo los punto» generales que se cont 
^ue por la may lacen á anexiones de 

♦ xencionea ; y en su defecto, ne p 
andar que el tribuna! de Excusado se tuvic 
dea los días, para facilitar el despacho, auno/ 
i con algún aumento de dota- 
Lo que el Fiscal i ift buen;» fe que 

os la desigualdad inherente á la natal 
del excusado. En etto islas reflexiones del 

reverendo Obispo; pero debía también confesar 
que la desigualdad, dimanada de la naturaleza del 
privilegio, no produce mérito para oponerse á los 
leí Rey, ni quejarse de bu gol 

Í valiera la queja» más debía tenerse del concedí 
que del concesionario, el cual tomó la recompensa 
que le dieron. 
Es, sin duda, cierto que no contribuye el clero 
i proporción á el Ij; ctivo de sus indi- 

cios* En esta parte, los dee imadores particu" 
ele cada parroquia, en que entran el clero iní 
las fábricas y los legos, sufren un gravamen des- 
igual respecto de los declinadores universal' 
^alármente son loa cabildos, 

EJ perceptor de una lOh parroquia, BJ 
un dexmero de crecidos frutos, padece una diminu- 
lorable, sin tener compensación en otra, 
Kl llevador universal repara la diminución que le 
causa el ri lo de una iglesia, con la peque- 

Aa detracción que le hace en otra un d< 

Enti pos particulares hay tai 

i aliad notable. Donde los dezmeroa bou QftUr 
v de fortunas ni «to el grai 

de lo- rea de la parroquia, aunque t 

una renta muy crecida. Así sucede en el arzobispa- 

Valencia 
las mayores de toda España, produce el exi 
cantidad, por la multitud y ED 

Por el contrario, d hay uno * 

« gruesos, aunq 

si una contribución crecida, Reparándole la casa 

son igual l uñero 

roquias, y suelen sacarse más ex 
un obi i anas rentas, que en el que son 

muy grandes. 
Cetas coi y otras que pudieran afta- 

i oso corazón d« 
o que se busque y tome un 
te, que reduciendo las cosas á la ¡gualda 

I : uie n tu 

grave de Iob leí Hoy. 

El i 
¿nica le mu- 

chas reflexiones, hechas con deseo d se ha 

para aquel eeti lebeo 



¡ios punt 
innúmera! 

s del reino, que no son del exp 
i a de él. Sería muy arriesgado, ain eatu 
y otras experiencias, aventurar un 
que, DO «filo 8» oque 

serla trascendental á la« demás contri i 

que llaman provinciales, cuya aUeTi 
mucho pi 

la única contribución á los 
ministros encargados de m nniento, parece 

al Fiscal que rebajan «arrendamiento 

tu al es lo que se 

en luí» obispados en que estáu comprendidas, lo 
consignado por razón de congruas, algo por los de- 

g que subsisten litigiosos, y lo demás q\ 
fuese claro y verdadero producto del exc : 
según lo notado en otra parte, se proratease el re 
síduo de valores entre los obispados do España, 

para esta renta, 
■tara de las relaciones que han debido pre- 
sentar los . res. 

Hecha este repartimiento, se podría concordar 
con cada iglesia el pago de su haber, y aun tratar 
lia que para facilitar la cobranza, y In 
M igualdad exactísima, y sin los perjuicios á 
que están • particula- 

res, ee cargase en una cunta determinada <1 
tos, como do un noveno más 6 menos, B< 

á loa diezmos 1 cual 

podría arrendar la misma iglesia, 6 administrarlo 

»n sus reales t* 
roe gastos de a 
CÍ0D, 

La iglesia que no quisiese acceder á este m 
se aabria que no quería igualdad, y que deseaba su- 
jetarse á una administración rigorosa. 

La igualdad matem ática en estas materias t 
00 i ■ j íble, y con todo, «i puede haber 

algún. iá la obligación de 

ha de ser por el raed ido, 

mer re pan n cor di as había 

tambv b. Las tasas an1 

de los obispados y beneficios, la variación de sus 
valor* ¡ansas bien sabida*, producían bas- 

tantes agravios y muchas quejas, oí 
inferior olí 

El i! 'puesto no debe ser en p* 

actual arrendamiento, mientras no intervenga con* 
to de los i i pensa pro* 

nada. La buena fe pide que I* 
mente los conti alguna COB 

ración pública de lugar a 

QOmo se explica una 
ley de Pai 

ee p*>r 
liciones antiguas, yo ve por las de- 
mostraciones de esta respuesta* y por los reilexio- 



14 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



nos que puedo hacer, que no tendrá razón. Es me- 
nester dar á las cosas un punto de justicia y equi- 
dad, y el Fiscal cree (sin emulación ciertamen- 
te del clero , á quien profesa veneración y amor) 
quo el precio y condiciones de las últimas concor- 
dias eran lesivos enormemente á la corona. 

Evacuados los particulares de excusado, se con- 
trae el reverendo Obispo á tratar difusamente de 
los perjuicios que causaba la extensión que se ha- 
bía dado á la gracia de diezmos novales ; sobre esto 
particular se extiende bastante aquel prelado, pro- 
poniendo los daños, y combatiendo la inteligencia 
que so intentaba dar á la bula de la concesión. 

Como éste es un punto decidido ya por el real 
decreto que precedió á la provisión del Consejo, 
librarla en 21 de Junio do 17GG, se abstiene el Fiscal 
de entrar en materia sobre él , aunque tal vez no 
faltaría quo decir. 

Pero no so puede dejar de admirar la liberalidad 
del Rey, su soberana justicia y su real propensión 
á favorecer al clero. No sólo mandó su majestad, 
por el citado decreto, reponer todo lo quo se pudie- 
ra creer ejeeutado con exceso en la comisión do No- 
vales, sino que ha dejado por ahora suspendido en 
mucha parte el uso de esta gracia, aun en la limi- 
tada comprensión que se le ha declarado. 

Lo quo conviene tener presente, es que el exa- 
men que se hizo do esta materia, á el cual se debe 
todo el suceso, fué propuesto y promovido por un 
fiscal del Roy, el señor don Pedro Rodríguez C.im- 
pománes, en respuesta de 18 de Octubre de 1765, 
quo se copia en la real provisión ya citada, para 
que so vea que los fiscales más celosos saben aten- 
der las instancias del clero cuando creen ser justas. 

Este hecho debia ser notorio á los obispos, como 
también que en 31 de Enero do 17GG habia el Rey 
nombrado una junta, comprendiendo en ella á los 
dos ministros eclesiásticos que habia en el Consejo, 
para examinar Tos procedimientos del subdelegado 
y sus subalternos. 

Era demasiado el interés do las iglesias, y do mu- 
cha expectación el asunto, para quií en Cuenca no 
se supiese todo. Efectivamente, el reverendo Obis- 
po se hace cargo de quo habia una junta, y de que 
esperaba que su majestad fuese mejor informado 
por ella. 

Parvee que seria justo, con tales noticias y espe- 
ranzas, haber aguardado la resolución de la misma 
junta y do su majestad, especialmente estando tan 
próxima, en 23 de Mayo, cuya fecha tiene la repre- 
sentación del reverendo Obispo, que no podían me- 
nos de haberlo percibido las iglesias. 

Soria también justo que en una representación y 
-en unos papeles que tanto acriminan á los fiscales 
y ministros regios, no se suprimiese un paso corno 
el que habia dado un fiscal para proporcionar los 
desagravios del clero. 

Seria, finalmente, <oji formo á reglas do pruden- 



cia, haber anticipado y dirigido al Rey la» quejai 
contra los ejecutores do la gracia de novales cuan- 
do lo hicieron otras iglesias, y acaso la muou 
de Cuenca, supuesto que hábia junta para exami- 
narlas, y no haber esperado á una ocasión tal 
critica como la quo presentaban las turbacionei 
ocurridas, en quo, sin aprovechar, como no aprove- 
chó ya, la representación para la resolución, que ya 
estaba concebida, habia el riesgo de que, divulgán- 
dose estos papeles , como en efecto se han divulga- 
do, recibiese el ignorante pueblo alguna impresión 
poco favorable á la piadosa y justificada conducta 
del Rey y de sus tribunales. 

Otro asunto ú objeto de las quejas del reverendo 
Obispo es el modo con que se ha ejecutado el ar- 
ticulo 8.° del concordato celebrado entre esta cor- 
te y la de Roma en 1 737 ; y á este fin, representa 
varios agravios que dice contener la real instruc- 
ción, expedida en 29 de Junio de 1760, para su eje- 
cución. 

A la verdad, bien examinado este concordato, 
se hallará que apenas contiene algo favorable i 
esta monarquía; y que, por el contrario, en lo que 
envuelve y supone, si no so interpreta con gran 
tino y justicia, y si no hubiera sobrevenido el con- 
cordato último de 1752, podia y puede perjudicar 
mucho á los derechos, máximas y leyes fundamen- 
tales déla corona. 

Así se reconoció cuando, en la exaltación á el tro- 
no del señor Fernando VI el Justo, se vio que el ar- 
zobispo do Nacianzo, nuncio de su Santidad, soli- 
citaba apresuradamente que su majestad obsérvale 
y confirmase el concordato, y ministros muy celo- 
sos dijeron y fundaron con solidez que no con- 
venia. 

Examinado ahora con esta prevención cada uno 
de los agravios que propone el reverendo Obispo, 
es el primero decir quo por la citada instrucción se 
mandó cargar el servicio ordinario y extraordina- 
rio á los bienes adquiridos por manos muertas de 
lego pechero ; que este tributo no es precisa carga 
real do las haciendas; que le pagan solamente los 
plebeyos ; que están exentos los nobles, á cuya clase 
se comparan las iglesias y sus ministros ; que tiene 
cierta especie de repugnancia hacerlas tributarias 
en la colecta ínfima ; y últimamente, quo no se en- 
tiendo que el concordato quiso privarlas del privi- 
legio y exención quo tenian, ademas de la inmuni- 
dad, pudiendo verificarse en los demás tributos 

Reconoce el Fiscal que si no se examina radical- 
mente esta materia, pueden hacer impresión algu- 
nas do las antecedentes reflexiones. Conduce á 
esforzar este concepto la real orden de 18 de Octu- 
bre de 17G0, comunicada á el Consejo de Hacienda 
por el Marqués de Squilace, en que previno su ma- 
jestad que no venia en que á los bienes, cuando 
estaban en poder de manos muertas, se les cargase 
el servicio ordinario y extraordinario ; porque esta 



EXPEDIENTE DEL 
razón ele la person. 
calida 
obles, y todo al clero y comunidad 

l sobre este punto, y así lo i 
<jjo; ydltt v.m.LhI, las - 
líos docto*? doC le] fisco, 

la consulta de 14 de Octubiv , en que se 

-i muchas que producen, así al 
mestras leyes, sygobier- 

ii dejado i el que 

pagpoinl»' , da que eu just : 
ra laa manos muertas en < 

La ¡nsti nada j>or a] propio Coi 

■ 

cu consulta de 19 Ue Agosto de 1745, con la cual Be 

utenia igual capitulo que 

uoderna de 1700, acerca do queso 

carga- irdinario y extraordinario alas 

i adquiridor» de 
I Hedor Fernando VI mandó guardaí 

rnecion ; y así , este gran 
tad debe inclinar cualqui' 

á lo r 

oncordato 

quedasen \ »■! día 

[jue se firmaso aquella oq . á todo* 1 

Maonliiiiiv 
Esta sola con I • persuadir que se 

i las manos mil 
.ir la paga del se. ren qiie adquie- 

ran de 

■ 

auerta no pags - sitaban lot 

:i do ser repetida i 
i idos eu pocli contribi» 

■ »'ii tributarios» 
¡ vasallo, y la Mental y 

una 

i i bien 
muer- 
ito, 

i la instru 
der qt) 

Íom ha el rerareudo Obi i 

teluir de la g< 

io no d*n q que la» manos 



preci* 

■ ¡ara dol sai 
ie es la M del titulo ni, til 

. 

/ as tos 

i tributo qae el 

esta ley, 
que se . b radas en 1390, parece 

de todos los j ¡mita de 1 

1 animo y 
clérigos los pa. toa por las ee qae 

, eu dos caaos : uno, cuam!» j 
pra se rtmu 

bu -¡r»Ii 

do el clérigo comprase á fumo muerto todas las he- 
redades de q quo 
á aquellas tortea 
reino, que en otros p 
rar varias q aojas. 

que en los tributos q 
distin_ tíia con nombre de 

itribuida por el estado llano, v 

ara su paga á los bi 

dido de la autor 

ga antigua a los exi 
loa tales bienes de mano de pecheros. 
<:\íx varías ley* 
real Por la ley 55, tita) 

i la Tglétit 
?«#, ó ge ¡' 
Bey, Unudúi en 

to, y 

Mas «l r para cual 

la opi 

■ 
■ 
- 

Eu J 
libro i 

Bnriqoe II y doi 



16 EL CONDE DE 

que II en Burgos, y el rey don Juan I en Segovia. 

El señor rey don Juan el Segundo, por prag- 
máticas hechas en Toledo y Zamora, años de 1422 
y 1431 , habia mandado generalmente que cual- 
quiera persona que comprase bienes de pecheros, 
pechase por ellos. Aunque el mismo señor Rey, y su 
hijo el señor Enrique IV, según la ley 12, título iv, 
libro iv del Ordon amiento, que es la ley 14, título xiv, 
libro vi de la Recopilación, mandaron después sus- 
pender las citadas pragmáticas , para que los bienes 
que comprasen de pechero los hidalgos ó exentos, no 
pasasen con su carga de pecho; siempre resulta de 
aquí que la autoridad del Príncipe ha sido la que 
en España ha arreglado estas materias y promul- 
gado leyes como ha tenido por conveniente. 

Ni esto tenía nada de particular ó exorbitante; 
porque, prescindiendo de que la exención de tribu- 
tos concedida al clero dimana de la potestad tem- 
poral, como podría fundarse, si ahora fuese del ca- 
so, con las escrituras canónicas , decisiones conci- 
liares, leyes civiles, reales y eclesiásticas, autoridad 
de los padres y opinión de juristas y teólogos gra- 
vísimos , en que se comprende el angélico doctor 
santo Tomas; prescindiendo, pues, de todo esto, 
aunque sólo se atiendan las vulgares colecciones 
del derecho canónico, está literalmente decidido y 
preservado en ellas el derecho de los príncipes á los 
pechos y servicios que les hacían y pagaban los lc- 
gos por los bienes que adquiriesen de ellos las igle- 
sias, excepto sus casas contiguas y oficinas, y el 
manso ó dotación. 

Puede verse en el decreto de Graciano una deci- 
sión que los correctores romanos atribuyen al ca- 
non l del concilio de Vórines, en que literalmente se 
dice : a Se halla establecido que á cada iglesia se 
atribuya ó aplique un manso íntegro sin algún ser- 
vicio, y los presbíteros constituidos en ellas, ni de 
los diezmos y oblaciones de los fieles, ni de las 
casas, atrios ó huertos contiguos á la iglesia, ni del 
referido manso, hagan algún servicio fuera del ecle- 
siástico \pero si algo más tuvieren, paguen apresten 
á sus mayores el debido servicio. » 

Esta misma decisión se comprendió en la colec- 
ción de las Decretales de Gregorio IX, sin más di- 
ferencia que en lugar de la expresión de mayores, 
á quienes se habia de prestar el debido servicio, se 
puso la de sus señores, dicha en el estilo de aquel 
tiempo, y ésta es la lección verdadera. 

El monje y colector Graciano, en el texto de la 
causa en que iba hablando, y para cuyo apoyo 
adaptó la decisión conciliar citada, aunque la dio 
alguna extenniou que ella no tiene, afirmó que de 
aquellas cosas *que la Iglesia comprase de cuales- 
quiera, ó recibiese por donaciones de los vivos (ha- 
bia él atribuido libertad á lo que se dejaba pro be- 
neficio sepultura), debíalos obsequios acostumbra- 
dos á los príncipes, tanto para pagarles los anuales 
i#, cuanto para acudir á la guerra en la con- 



FLORIDABLANCA. 

vocación de ejército ; bien que esto último (la tsk 
toncia á la guerra) no se debía hacer sin consenti- 
miento del Pontífice romano.» Pasó después Gra- 
ciano á comprobar con otras decisiones la prohibi- 
ción de que los obispos concurriesen por sus penan») 
á el servicio militar. 

Las glosas de aquellos textos comprueban lo ma- 
mo, y en ello convienen los más doctos decretábate», 
proponiendo, y con razón, que en estas decisión*) 
eclesiásticas se conformaron los cánones con la» le- 
yes capitulares de Carlomagno y Lndovico Pío. 
que establecieron la translación del pecho 6 tribv- 
to con la hacienda adquirida por las iglesias. 

Si se consideran bien las determinaciones mil 
modernas, que se comprendieron en los cuerpo» é 
colecciones últimas de lo que llamamos Derecs» 
Canónico, se verá que la exención de cargas del ob- 
ro, ó se dirigió á libertarle de las exacciones qn» 
intentaban hacer algunos pueblos 6 comunidades 
que carecían de la autoridad suprema, ó miró » 
preservarlo de tallas y colectas puramente peno- 
nales, ú de imposiciones nuevas, inventadas con- 
tra los eclesiásticos en odio suyo, 6 para retraerlo! 
de adquirir bienes. 

De esta clase son las decisiones del concilio Late- 
ranense tercero, celebrado en 1179 , en tiempo de 
Alejandro III, y del Lateranense cuarto, distingui- 
do en las decretales con el nombre de concilio ge- 
neral, y celebrado en el pontificado de Inocen- 
cio III, año de 1215; y ya saben todos que á esta» de 
cisiones redujo la santidad de Clemente V laísmos» 
constitución de Bonifacio VII, que reformó; y así, 
do los capítulos ó pasajes de ella , comprendidos on 
la colección de este pontífice, llamado el Sexto, no 
se puede sacar argumento sólido, por estar refor- 
mada. 

Pero decisión eclesiástica (no se habla de opi- 
niones poco fundadas) que con claridad releve á el 
clero de cargas 6 tributos antiguas, ya establecidos 1 
pagados por legos con respecto á sus bienes, cuemie 
los adquieren de éstos los eclesiásticos, ó no la hay 
en las colecciones del Derecho Canónico, ó tiene el 
Fiscal que responde la desgracia de no haberls 
visto. 

Por el contrario, en la corte de Roma era un su- 
puesto fijo en el tiempo de las mayores y mis an- 
tiguas controversias con nuestra corona sobre pun- 
toB de inmunidad, que los bienes transferidos en Us 
iglesias quedaban afectos á las cargas y tributos 
que pagaban los legos cuando los poseían. 

Algunos historiadores eclesiásticos que escribie- 
ron dentro de Roma , copian la instrucción secreta 
que dio el papa Nicolao III, por el año de 1279, á el 
obispo Reatino, su legado á España, para manejar- 
se en los diferentes puntos de que se quejaba aque- 
lla corte , como agravios del clero por varias dispo- 
siciones del señor rey 'don Alonso el Sabio; y en- 
tre ellos hay un capítulo respectivo á reclamar cjuo 



EXPEDIENTE D 

cuando pasaban á las igl< ya exentas 

antes á fiaco et regatibus t se les cargasen tributos 

pero en las sujetas á los pechos do) 
ni aun vino ú la imaginación el proponer u_ 
alguno. Cualquiera sabe que esto era muy poste- 
rior á el concilio general de Letrao ya estado 
En esta parte, mayor argumento se pudie 

1 reino, 14, título XIV, libro vi de la 
m , citada arril lieron 

Ins pragmáticos axil [oe mandaron pasar 

j carga de pecbo los bienes que compra- 
ros log hidalgos ó exent 
embargo, como esta ley no nombra i los clé- 
rigos 6 sturabraban las leyes que 
tratal -eban indicado anteriormente, 
es muy verisímil entender que aquellos exentos eran 
ibia en el reino, distintos de los 
hidalgos, m de cuantía, los de 

sias, y otros muchos, de que están llenas nuestras 
reales. Como era personal y temporal aquella 
exención, era de menos perjuicio á la corona que 
la de los bienes que se iban a sepultar perpetua- 
mente en las manos muertas ; y sea como 

~u ubre el origen del gravamen y la 
exención t que es la autoridad y piedad del Prín- 
cipe legislador, á que se ha agregado en el dia, 
para remover todo escrúpulo, la fuerza del con- 
cordato. 

El servicio ordinario y extraordinario no es car- 
ga sólo de los pecheros porque sea puramente per- 
sonal, ni éste es el motivo por que no le pagan los 
■ les. 
Cualquiera que haya leído algo de las costumbres 
y leyes antiguas españolas, sabrá que todos los tri- 
butos interiores del reino eran cargas de los . 
roa, y que los nobles sólo prestaban el servicio mi- 
litar, m gravámeues. 

En el servicio de lanzas se ve una imagen de la 
responsabilidad de los nobles del primer orden a el 

litar, por los bienes y honores qi 
blan i na. No pretenderá 

ningún • te adquiera un 

libertarse de aquel servicio, hallándose \n 
n tributo | -Lo que en ta- 

bres era obligación «l m cierto número 

de lanzas á el 8 ilitar, es ahora una con- 

tribución equivalen! 
lia di no se libertan ¡ 

tenor clase sólo tenian la obli- 

urrir á la guerra por sus ¡ 

este servicio distinguía su exención, asi en lo que 

llamaban devengar quinientos sueldos, como en las 

precíi nales, y las de su caballo y ar- 

ígabalos - s;pero 

en este y los demás dimanaban las obligaciones de 
la oí* ieron los bienes y los re- 



OBISPO DE CUENi 17 

partimientos do ellos, di lose el gravamen 

á proporción de las clases. 

Todo est - brea godas , en cuyo 

tiempo 80 ¡ fcrs lo» mismos cléri- 

gos, para que loa que fuesen nobles ó ingenuos no 
loa trabajos é ¡ js pú- 

blicas, como se ve en el canon xlvij d« 
cuarto de Tole.dc», celebrado en la era de 671, y rei- 
nado ndo. 

Estas oostumbres eran también propias, ó casi ge- 
nerales, de las demás naciones septentrión alea que 
inundaron lo mejor de Europa; y asi, las decisiones 
canónicas, las capitulares de los emperadores y le 
leyes antiguas del reino , que establecían la tras- 
lación del pecho 6 eenticio con los bienes tran 
dos en la Iglesia, no podían entenderse, en cuanto 
¿tributos, sino do los que pagaban los pecheros, 
porque solos ellos los satisfacían. 

De aquí es que el pecho llamado servicio no es 
una CQ ;d , inventada para ¡ 

el sello de la bajeza á los buenos hombrea llanos, 
que es lo que se puede colegir de la representación. 
En el estado llano ó general hay sus dia*. 
honores, que no confunden al labrador y 4 el ciu- 
dadano 6 burgués honrado con la ínfima ph 
todos pagan pechos y servicios. 

El pecho ó servicio, como los demás tributos an- 
tiguos, es un reconocimiento del vasal! a 

-pecio á 1 3o cada vasallo, para las 

cargas inherentes a la corona, y todos le deben, 
pliéatrai no prueben exención, subrogándose i 
nobles el servicio militar. 

Los leyes del reino acreditan que para el repar- 
tas servicios se ha de tener considera- 
ción a las haciendas, frutos y negociacioues de los 
vasallos, y así los pagan los forasteros en los pue- 
blos donde tienen bu aunque no reí 
por sus personas. 

ipitulo in de la instrucción del año de 1725^ 
iva á la cobranza de haberos reales 
viene también que se atienda á los bienes, tr 
negociacioues para el repartimiento del 
que no se cobre de loa p 

O á estos últimos, si la colecta fuera puu 
te personal, do babia mol ovar- 

los, aunque sólo fuese con un niara\ 
el espíritu del gravamen. 

Este era el estado de la contribu* 
cuando sobrevino el concordato, en que y 
propiedad era carga real de los bienes, y pt : 
motivo irrecusable su pago de Jas nuevas idq 
ciónos. 

En el sentido quo habla 
baria demasiado su argu m < I ser- 

'caldéltuhaá' 
que se podría d 

nuevos iuij porque los png i 

aunque no tonga bienes ; que tampoco las aleaba* 

% 









LsH 



18 



EL CONDfí DE FLOKIDABLANCA. 



las y cientos son carga de los predios, cuando sólo 
se venden los frutos , y que no lo son los demás 
tributos ó impuestos que se pagan en España , de 
que saldría, por consecuencia, la inutilidad del con- 
cordato y de nuestras leyes. 

Las manos muertas, por esta translación de la 
carga del servicio, no pierden los distintivos do su 
exención, quedándoles otras muchas libertades y 
prerogativas, de que carecen los pecheros. Los bie- 
nes do primera fundación y los eclesiásticos serán 
libres del tributo temporal. Alojamientos , cargas 
concejiles, y otros muchos gravámenes personales, 
serán sólo carga de los vasallos seglares, y su li- 
bertad es por sí tan estimable, que la tomarían los 
legos á costa de cualquier aumento de contribución. 

Asi, pues, no se puedo decir que el noble que 
entraría cu una comunidad religiosa, perdería su 
privilegio. Siempre quedaría distinguido por las 
preeminencias de su nuevo estado, y la paga que 
hiciese la comunidad de sus nuevas adquisiciones, 
nada disminuiría la estimación y exenciones de ella. 

No se ha de confundir la indemnidad del daño 
que causa al Príncipe la adquisición de la mano 
muerta, con la exención de las personas del clero. 
Débese reflexionar muy bien esta distinción ; y asi, 
no es justo dar á la exacción del servicio el nombre 
odioso de colecta ínfima, dirigida á señalar los ple- 
beyos, é indecente al estado clerical. 

Los diezmos debidos á la Iglesia son un tributo 
personal .pro rebus, causado por la administración 
de los sacramentos á las personas, sin obligación- 
precisa y real de las haciendas, y si sólo de los 
frutos ; y así 80 estimó en la junta que se citó en 
otra parto, para que la elección del mayor dezmero 
cu la administración del excusado, no la hiciese su 
majestad con respecto a la mayor hacienda ó patri- 
monio. 

Sin embargo, las leyes canónicas preservaron el 
dafío que podrían recibir las iglesias, trasfíriéndoso 
las haciendas en personas que no debiesen diezmos, 
y mandaron que los pagasen los judíos, sarracenos 
y exentos, y para los regulares, que tenían exen- 
ciones amplísimas sobre las disposiciones de dere- 
cho común , hay decisión de la congregación del 
concilio, aprobada por bula de Inocencio X, expe- 
dida en 21 de Diciembre de 1646, con motivo de 
controversias ocurridas en el reino de Polonia. 

En los beneficios amortizados por uniones perpe- 
tuas, ha cuidado la Curia Humana de establecer y 
cobrar quindenios, para indemnizarse de las ana- 
tas que perdía en sus provisiones, aunque este de- 
recho no fuese, como no era, carga real del bene- 
ficio, ni muy conformo á la disciplina canónica. 

Esta misma indemnidad es la que quiso la Igle- 
sia para los tributos de los principes ; porque, como 
cultora de la justicia y amantisima de la equidad, 
no quiere el detrimento del estado temporal, ni que 
sea tratado desigualmente. 



El servicio, finalmente , de que so trata , no es d* 
tanta incomodidad, que deba rehusarse. En los pue- 
blos principales del reino hay arbitrios para su 
pago ; en los cortos cederá en beneficio de los po- 
bres labradores lo que contribuyan las manos muer- 
tas ; porque el Rey no quiere lo que paguen par* 
aumento de sus rentas , sino para aliviar á los de- 
mas vasallos, como está prevenido en la misma ins- 
trucción. Asi que, no hay bastante motivo pan al- 
terarla en este punto, y asi se debe estimar y con- 
sultar. 

£1 reverendo Obispo propone otro agravio con- 
tra lo resuelto en el número 3 del capitulo n de li 
instrucción citada, acerca de que no se han de le- 
parar ó quedar libres de contribuciones los biena 
que después del concordato se hayan adquirido por 
subrogación ó con el precio de loe adquirido* anta 
del concordato , aunque fuesen de anteriores funda- 
ciones , de que no se habla en él. 

Examinado este punto con la debida reflexión, 
parece al Fiscal que responde que en él son conve- 
nientes , y aun precisas, otras explicaciones, mode- 
rando la instrucción en lo que se dirá. 

£1 citado capítulo de la instrucción previene que 
hayan de quedar libres los bienes que se adquirie- 
sen por permuta ó con el precio de los pertenecien- 
tes a fundaciones posteriores á el concordato. Ku 
parece que hay motivos más relevantes para que 
se preserven los bienes subrogados de fundaciones 
nuevas , que los que se subroguen de las antiguas. 

Aunque en el concordato no se hable de fundi- 
ciones antiguas, se habla de adquisiciones, y no se 
pueden llamar adquiridos en el rigor legal los bie- 
nes subrogados. 

Tampoco habló el concordato de subrogaciones 
de bienes pertenecientes á fundaciones posteriores, 
y con todo, la instrucción los preservó, siguiendo 
las reglas ordinarias. 

Quedando fuera de la comprensión del concordato 
esta clase de bienes, habría de recurrirse para gra- 
varlos á las disposiciones legales, reales y canóni- 
cas ; y conforme á la mente de ellas, está ya visto 
que los bienes de fuud ación deben tener libertad. 

La ley que ya se ha citado, 55, titulo vi, parti- 
da i , dice expresamente : E otrosí de las heredades 
que dan los reyes, é los otros homes á las iglesias 
quando las facen de nuevo ó quando las consagra*, 
non deben por ellas pechar. 

También exceptúa la misma ley de los pechos las 
heredades que se dan por las sepulturas, confor- 
mándose sin duda con la extensión que dio Gra- 
ciano al canon que bo citó en otra parte. Igual- 
mente liberta la ley los donadíos que los empera- 
dores é los reyes dieron á las iglesias, diciendo que 
non deben por ellas pechar los clérigo* ninguna cosa. 

Esta disposición real , que apoya y aun aumenta 
las canónicas ú favor del clero, da motivo para que 
asi como la exención pactada en el concordato para 



EXPEDIENTE DEL 

ndacioncs postenores á él influya en los tríe- 
subrogados, también tenga igual influjo la 
exención que concedía á I < riten ore; 

recho del romo, mientras no se derogue formal- 
mente. 

Es verdad que pueden hacerse al 
raciones a favor del capítulo de iu arriba 

citado, interpretando las reglas de subroga. 
la di*f 

icciones ; pero en estas materias es lo mejor y 
conforme á las intenciones de nuestro re» 
ligioso y amable principe, que resplandezca la 
piedad. 

Sin embargo, cada caso y cada subrogación se 
puede vestir con diferentes hechos y circunstan- 
cias, Pudieran los vasallos legos privarse de I 
sujetos á tributos, y no adquirir los equival 
para llevar las cargas; siendo asi qu rvar- 

ti el vigor necesario para ello, fué el fin que 
hto. 
Los fruu<l en también ser muchos, si se 

dejase «m las manos de unas justicias rústicas gra- 
I stKdad da los bienes y su ex I justo 

do se examine, y entre tanto funda su ma- 
jestad en la disposición de las leyes y del oo 
dato la exacción del tributo de toda hacienda nue- 
vamente adquirida por cualquiera titulo. 

tanto, pues, para ocurrir á todo, y con aten- 
ción á las reflexiones que contiene en este puut<> U 
representación del reverendo Obispo, parece al Fis- 
cal que responde que el citado número y cj 
de la podria extender en esta í 

«Que se separen de la oontribncion i libres 

por ahora, y sin per¡ as resaltan de §u ma- 

jestad, los bienes que sean de primera fundación, 
hecha después del concordato, y .pie li fW las ma- 
nos muertas se 

hubiesen a I mis- 

oo, deban también ser I i 

en lugar de «4 roe perten. 

i* ó modernas, u exentos por StJ 
hayan de acudir á acreditarlo á la lu 
del partido ó al Consejo de H noten da, dandi 

a do las juf 
lea, se resuelva, ó la sujeccion á los tributos, ó la 
libertad, si constase la exención de Jos bien 
cuyo lugar se hayan subrogado otros ; la verdad é 
igualdad do la subrogación, \ 

vasallos contribuyentes, en los bienes 
rulan las manos muerta.-*, un eqiri- 
• i naturaleza á los 
que entro tanto se suspenda el repartimiento y la 
col 'te la mía- 

lun una pro- 

el para la suspensión, según la notoriedad 6 
jo- -recho.» 

Faaa adelante el reverondo Obispo en el n 
cimiento de la i ustr uccion p y se auuja de que i 



'¡TENCA. tft 

en Ion a los apremios ; y qi 16 des- 

pachar fres dtas,*5 despachados, no 

[« otros tr< lu las 

justici 
9Íéatíoo$ t ü 

us sujetos á la 

El reverendo Obispo dice. Jo primer 
gfir en los curas por punto g 
obligarles 4 que en tres días hagan eí 
apremios, porque no son ministros de su 
ni inteligentes en diligencias judiciales 
evacuarse un juicio en tiempo tan limitado. 

Añade el reverendo Obispo que habiendo man* 
dado el Papa que los obispos y sus ministros, y do 
iostrib liguen á las mal 

tas á la sati de su conting- 

concederse que el mandato del se frustre 

oofi haber hedió al juez eclesiástico mero ej^ 
con tan corto término, y que en su d tga la 

exacoion el juez lpgo ; y esto T sin embargo del auto 
de presidentes, y de la opinión qi de fa- 

cultad á la potestad laica para cobrar los tributos 
que deben pagar los eclesiásticos; por 
auto sólo comprendió a los negociadores, y la opí- 
le destruyó por el r- iya obser- 

vancia , por contener fuer/a de pacto que liga á los 
que le otorgan, condescendió el señor Felipe ^ 
su aceptación. 

Para entender bien este punto se < pre- 

que en el capituló vui del coi 
pactó qii» el conocimiento do la a u, su 

tito, desagravio y o ! 
tenecer á loe obispos; ni esto podía ser sin p< 
cío gravísimo de la real jurisdicion, y un trastor- 
no del buen orden y de la facilidad de 

se pacto en el 
de ser propio de los obi : 
tamales legos ; y en dictamen del que n 

6 de algo u 1 1 érente a las personas, y 

no de la ex rígida A lo n a el 

Para 

I texto ital , que 

MU las que propiamente cxpli 
Santidad jf sus ministros ; porque la 

guarda cu algunas vocee la debida prc~ 
Ind. 
úkñ non posmno (asi dice la letra italiana) í 
tribunal» hici forzare gti ecli< 

na che di fon i vc$r< 

En lugar 
aúf, compresión 6 a impulsión p rjn le 

• ion castellana \u palal 

ira la que ia ¡te* 

i el verbo obligar?. 



20 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



Ve aquí por 1a letra rigorosa del concordato li- 
mitado el conocimiento do los obispos á el apremio 
personal : <iY que no puedan (ésta es la traducción 
literal) los tribunales legos/orzar 6 violentar á los 
tclesiástkos á pagar los sobredichos tributos, sino 
que deban hacer esto los obispos. • 

Nada so habló do bienes de los mismos eclesiás- 
ticos, del conocimiento, judicial ni extrajudicial, de 
la contribución y su repartimiento ; y no son los 
romanos tan defectuosos de frases y locuciones, ni 
tan ignorantes de las consecuencias de aquel con- 
trato y de los derechos del fisco regio , para exigir 
sus tributos de cualesquiera bienes que los doban, 
que por inadvertencia dejasen de pactar el conoci- 
miento del juez eclesiástico para la exacción. 

Este conocimiento en el juex seglar no se funda 
861o en el auto do presidentes extendido para los 
casos de negociaciones, ni en puras opiniones, como 
insinúa el reverendo Obispo. 

La potestad real, para exigir el tributo ú derecho 
de los bienes que los deben cuando se transfieren 
en eclesiásticos, tiene el apoyo de las disposicio- 
nes regias y de las canónicas. 

La ley de Partida que ya se ha citado, después de 
establecer que los clérigos estén obligados á cum- 
plir aquellos pechos y derechos que pagarían los 
legos pecheros al Rey cuando de ellos adquieren 
alguna heredad , añade : o Pero si la Iglesia esto- 
biese en alguna sazón que non fieiese el fuero que 
debia facer p«r razón de tales heredades , non debe 
por eso perder el señorío de ellos, como quicr que 
los sefiores puedan apremiar á los clérigos que las 
tobieren , prendándolo* fasta que lo cumplan, o 

Por la ley 8.*, titulo xvni, libro ix de la Recopi- 
¿anori, se previene qne no pn di en do ser habido el 
que vendió bienes á iglesias, monasterios ú otros 
exentos para el pago de la alcabala, se proceda á 
la cobranza contra los bienes vendido?. 

El señor temporal del feudo es juez competente 
y propio de h>s derechos feudales y controversias 
de los vasallos subre ellos, aunque sean eclesiásti- 
cos ; y esto se halla comprobado por diferentes epís- 
tolas decretales de los papas. 

De mucho más valor y efecto es la preeminencia 
real en \o> bienes de los vasallos inmediatos, que 
la del É-efior del feudo en los feudales; y la fideli- 
dad ofrecida por el poseedor ó poseedores de los 
bienes que se infeudan, no es meiK-r que laque 
debe y ha jurado al Rey el cuerpo del clero, repre- 
sentado por t-us prelada*. Así que, supuesto el dé- 
bito de los tributis por los bienes adquiridos . es su 
pago cu secuencia de la sujeción, del Loinenaje y 
de la fidelidad, como en Jo? írii'l«.«?. 

Ena ** :a razón por que en cédula del señor Car- j 
los V. que ¿«t ». ita a el número 28 de las remisiones ' 
á el tirulo ni. libro i de la JRccopilacúm , se declaró ! 
que pertenecí:; ¿ los tribunales reales, riendo neto- j 
Tu ó nut los echriámiccti el conocimiento de los ' 



pleitos de jurisdiciones, vasallos, villas y luga- 
res , y demás cosas que tocan á la preeminencia rea'. 
No puede justamente negarse que toca á la real 
preeminencia la materia de los tributos. 

De todo lo dicho se sigue que no sólo no es vio- 
lento entender que por el concordato quedó el jo*z 
eclesiástico mero ejecutor parala exacción, sino que, 
según su letra, combinada con la potestad regia, 
fundada en la disposición de ambos derechos, h 
que sustancialmente se pactó en aquella conven- 
ción , fué un auxilio de parte de los obispos para \\ 
exacción y apremio de las personas, y cuando más, 
de los bienes á que podia trascender y comunican* 
su exención y privilegio, pero no para los sujeto? 
á el tributo ; y esto fué lo que no habían de hacer 
los tribunales seglares sin aquel auxilio, y á lo qui- 
justamentc puede entenderse que se ligó el principe 
contratante. 

Por tanto, no puede con fundamento decirse que 
se frustra el mandato del Pontífice, ni oonduce que 
los curas sean ó no miuistros del tribunal del reve- 
rendo Obispo, inteligentes en diligencias judicii 
les, ni que el tiempo de tres dias, señalado en ia 
instrucción para los apremios, sea limitado pan 
evacuar un juicio, como se expone en la represen- 
tación. 

Para la exacción de que se trata, no es menester 
entablar un juicio, ni más diligencias que las del 
apremio, ni corresponde otra cosa conforme á dere- 
cho. £1 repartimiento es más que ejecutivo ; y si se 
diera lugar á la formación de juicios en esta mate- 
ria, cada cobranza costaría un pleito, y se haría 
inútil el concordato en esta parte. 

Para evitar perjuicios á las manos muertas, pre- 
viene la instrucción que se les oigan los agravio» 
que tuvieren que exponer, y se modere 6 reforme 
lo que sea justo. Ademas de esta precaución, hay 
la general , establecida por la instrucción del año 
de 1725, para que el repartimiento que hacen los 
pueblos se remita para bu aprobación 6 reforma a 
la superitendencia del partido. Después de todo, y 
aun de la paga, queda á las manos muertas el re- 
curso á la superintendencia y al Consejo de Hacien- 
da, como previene la misma instrucción de 1760. 

De estas cosas nunca pudieran conocer los juecei 
eclesiásticos sin dificultades insuperables, porque 
les faltarían las noticias, oficinas, repartimientos 
y papeles conducentes para examinar la igualdad 
de la contribución, la legitimidad de su cuota, U 
proporción con el contingente de los demás ve- 
cinos, el rendimiento de los puestos públicos, las 
reglas, órdenes y antecedentes ocurridos en el re- 
partimiento y contribución de cada pueblo ; y si 
todo esto, y mucho más, se hubiese de llevar al juez 
eclesiástico, seria menester formar una intendencia 
en el juzgado de cada uno para el cortísimo repar- 
timiento de las manos muertas. 

Es de creer que todo se tuvo presente en el con- 



DEL OBISPO DP 



21 



10 exigir loe mil 
dad da 

■lid eclesiástico para i 
cobranza* 

El m lo coraqu* 

pagado á su majestad , prueba qu< >e de 

extraña la delegación en loe curas y la c 
ó api» 

Regularmente daban los jueces o- s sus 

cometidoB A cualquier cura , clérigo ó 

-r T para exigir con censuras !a cantidad del 

lio repart Cadísimo; y ala 

más leve ffl igo, se seguía el ap 

por la cantidad repartida, y las QOftl • jecu- 

tn que h\ acia alguna 

instructiva para el dcsagrav 

No manda tanto !« toa del Rey, porque 

ibre la exposición de agravio», antes y 
pues de la cobranza ; no grava á las manos i . 
taa con eje leso (goa les da ea de doce 

días, contados desde el rr M les corar, 

del repartimiento: tres para propon*! agravios» 
ara disolverlos, tre* para el pago, y otros 
tres para el np¡ I se debia referir al 

le la metroectOD para evitar toda 
i está la iri 

se inserta < o XVIH, libro ix de los 

tuvír* n¿M t't frutfi* que 

nej qve twtiesm pr* 

■ 

leí juez eclesiástico 

ai bime$ y afecto a imjetot á 

\\\ r 

ten A purificar los excesos experimentados en al- 

1 irtinez, qi 

y de órdenes circuí didas 

por algunos corre- 

n relación nos adquiri- 

dos bajo de igual Btrjmeftto, íth Jitver 
clérif: tos; y 

es se de^ Muras 

Pura tul ta espocó I >< 

reren o que \\w\ ¡tado 

para desagraviar al. 

nía p€ 

Uti «1 

dio por », a© le en 



de orden de éste, que los dejase libros t y disimula- 
se como si fuera Arbitro de las censura*, duran- 
do el mal ejemplo , por no haber pedido la abso- 

Examínados loa testimonios que ha remitido el 
ndo Obispo T y los demás le xpe- 

, no se encuentra alguno que compruebe ha* 
ber expedido los corregidores las órdenes circula- 
rea que se enuncian en la representación. Aunque 
se suponga la veracidad intencional del reverendo 
Obispo , no se puede negar que estando en muchas 
cosas sujeto al informe ajeno, se lo pueden haber 
fingido i equivocado. 

Cuando las órdenes fueran ciertas, podían diri- 
girse á discernirlos bienes de loa eclesiásticos, para 
sa,be¿ en los que podia haber negoc ■■«? que 

pertenecían a mano muerta, y los que no fue?» 
ninguna de estas clases ; y en todo caso, no 
te que cualquier equivocación de aquellas órdenes 
haya producido los agravios ó exceso* 

taeion, con la extenaioii 
colige. 

Porque los casos que resoltan de los testim 

los por el reverendo Obispo, en que ae pue- 
da decir que las justicias han incluido en las 

los los bienes de los clérigos, son 
n la villa de Vi llar gordo del 
Marqucsad drofieras. 

usta que lo» alcaldes re- 
ma, presbítero, y le embargaron 
míos granos para el pago; y habiénd" 
Aquel , por Enero de 1764, ante 

le restituya 
1 importe de lo c 
venta* de frut> 
tUrraM de r rigorom, y po: 

(lirio 

Por ^ncia se - 1 itaba 

-gado 
lió á la jus 
to y en la inatrttocior ni* *1 gre- 

cos, ésta fué una equivocación Ó 
en el conerpto d 

ucia. 

En i villa de 1' 

u el afio de 1762 (n» 

n, en que no ec 
hoehos con la 
is repartieron 

■ 
1 lose no£i 
ía«, 
ESlConsej ienda, Aqui< unios 

, do rvsultAN de loa pro* 






22 EL CONDE DE 1 

visor contra las justicias, estimó que estas no ha- 
bían ejecutado debidamente y con todo conoci- 
miento las diligencias, y que provenían de igno- 
rancia ó falta de inteligencia de la instrucción, y 
por lo mismo les dio regla para su modo de obrar 
en el asunto, y tiró á cortar el negocio, escribien- 
do para ello al reverendo Obispo, en 23 de Marzo 
de 1763. 

Aunque el reverondo Obispo contestó al Consejo 
en disposición de contribuir á el establecimiento 
del concordato, y a el efecto del auto de presiden- 
tes, se experimentó que el Provisor continuaba 
sus procedimientos contra la justicia para compa- 
recería y seguir la declaración do censuras ; y con 
esta noticia, repitió el Consejo otra orden al mismo 
Provisor, en 5 do Julio, extrañando los procedi- 
mientos de la causa, encargándole que disimulase 
la pasada ignorancia de las justicias , y provinien- 
do que cuando éstas se hiciesen dignas de castigo, 
se representase al Consejo. 

Éste es el hecho que sustancialmentc se colige 
del testimonio ; tan sin consecuencia y tan atrasa- 
do, como ocurrido en 1762, sin que por entonces 
se quejase ol reverendo Obispo de lo resuelto ; y 
viene á resultar que todos los casos en que las 
justicias han comprendido indistintamente á los 
eclesiásticos por sus nuevas adquisiciones, están 
reducidos á uno solo , y en él estimó el Consejo de 
Hacienda que habia dimanado de ignorancia. 

Si habia en los autos (como es de creer, cuando 
lo estimó un tribunal tan autorizado como aquel 
consejo) motivos para atribuir á ignorancia el pro- 
cedimiento de la justicia de Pcdrofíeras , nada te- 
nía de extraño que el mismo Consejo tratase de 
cortar la causa, y encargase á el Provisor que di- 
simulase la ignorancia do las justicias. Las censu- 
ras no pueden incurrirse sin pecado grave, y á este 
debe preceder la advertencia y libertad sobre el con- 
sentimiento y la materia prohibida. 

Era también una grave irreverencia á la autori- 
dad de aquel Consejo, y aun á el mismo reverendo 
Obispo, que habia contestado á sus intenciones, 
volver á entablar procedimientos para la declara- 
ción de censuras ; y esto sobre la dureza que ticno 
la facilidad de imponerlas á las personas que ejer- 
cen la real jurisdicion, do que tratará después el 
Fiscal. 

También ha remitido el reverendo Obispo un tes- 
timonio , de que resulta quo al sacristán lego del 
lugar del Villar de Domingo García lo cargaron 
los alcaldes las reales contribuciones por el salario 
que le daba la iglesia, siendo así que de los diez- 
mos do ella se pagaba el subsidio. 

Los alcaldes hicieron lo que debían ; porque el 
sacristán no tiene exención do tributos, y el salario 
desprendido del dominio do la iglesia, y transferido 
en un lego, está sujeto á las cargas que éste debe 
sufrir, sin que la paga del subsidio anterior sea del 



LORIDABLANCA. 
caso ni pueda eximirle. Si esto valiera, to< 
criados de eclesiásticos , sus dependientes , . 
nos y mercaderes, quo recibiesen dinero po 
dos, graneros ó manufacturas, estarían e 
del tributo respectivo á estas cantidades, 
provenían de personas y bienes que habían j 
subsidio. 

Es cierto quo los libros do Soler y Martine 
tando de la fuerza del concordato, nombr 
estado eclesiástico como comprendido en la i 
sabilidad á los tributos por sus nuevas a 
ciones ; pero , como ellos mismos copian el c 
del concordato, la bula expedida en su vi 
las instrucciones, es visto que hablan del 
eclesiástico según la sujeta materia, por roí 
posee los bienes quo llamamos de mano mu 

El mismo reverendo Obispo ha incurrido 
blar en esta generalidad del cloro y estar 
siástico, cuando trata en varios pasajes de 
presentación de la ley de amortización , y 
los tributos que sólo pueden contraerse á 
muertas. Así que, no es tan digno de acuse 
modo de explicarse aquellos autores , ni par 
correspondía el énfasis con que se culpa á < 
bunal supremo y justificado, cuando haMí 
los libros de dichos autores, nota la represe 
que se hayan dado á el público, con licencia d 
sejo, en lengua vulgar. 

Parece, pues, que todos los motivos que 
para rehusar la subdelegacion cu los curas, 
de bastante consideración. Ningunos com 
estando á la vista de los pueblos y do las ju 
lo que no sucede á los provisores fuera de 
pítales , podrán tener presente su conducta 
operaciones del repartimiento ; y el reverend 
po no puede justamente desconfiar de unas 
ñas que él mismo ha propuesto ó destinado ; 
ministerio más grave y que requiere mayo 
ees, celo y experiencias. 

Los interesados, como ya se ha dicho, 
abiertos los recursos para pedir los desaj 
antes y después del repartimiento; y así i 
necesidad de un tribunal eclesiástico, forma* 
purificar los excesos de cada pueblo. 

Lo que sí parece al Fiscal en este punto 
apremios, por el espíritu piadoso y de e 
con quo ha pensado exponer su dictamen , < 
el capítulo ni de la instrucción se explique 
minos, que se advierta á las justicias que 
cedimiento contra las manos muertas ha de 
los plazos de cada tercio, en la misma fon 
se pagan por los legos contribuyentes , para 
parezca que so trata á aquellas con la desig 
de cobrar todo el repartimiento de una vez 
do á el vecino más acomodado sólo se exige i 
cios , conforme á la instrucción de* 1725. 

También se queja el reverendo Obispo de 
carguen alcabalas y cientos por la igdustrú 



EXPEDIENTE DE* 
Dtflta que la Iglesr á el cien 

i lio en un 
'> para labrarlos ó administrarlos, tunda 
H en que por los eáaOQM y Joy del reino, polo Bi 
¡iodo? el que ae emplea en negocios por vía tío 
comercio y granjeria, y que los clérigos, por la 
i id do las congruos sinodales, necesitan ade- 
mas de alguna decente ocupación, para no mendi- 
gar y mantener sus familias. 

Como el reverendo Obispo on la clase de indus- 
tria licita y necesaria al clérigo pobre no señala es- 
pecíficamente alguna , y sólo nombra el caso 
mar bienes en arrendamiento, es preciso contraer 
el examen á esta especio, dejando de traiaj do 
casos de industria, para cuando m diga los 
que han do gozar exención. 

El arrendamiento ó conducción de bienes I 
g tares, ó su procuración , está señalado como nego- 
cio prohibido á los clérigos, en un r¿in"u del con- 
cilio Magaatino, inserto es <l cuerpo délas D 
tales de Gregorio IX. 

En uimiios sinodales del obispado de 

CutOU ha podido ver su reverendo Obispo las pa- 
labras *¡gtiioiit< h: Mandamos que htngun * 

por via de trato ni negociación, ni ar- 
le tierras , reñios 6 diezmos , para tratar y t;< /?- 
¿fruto* que no fueren patrimonial** 
i ti i* de a. 
En el auto de pf< «¡ue J» se lia citado, 

HBMÉAi 906 lee I b 'riges, de 
afdos ó mostos que procedieren de viñas que 
,-, ndado , con fruto ó sin él, paguen 
OfBj que aquel auto so extendió 
por los mayores hombres que tenía el ministerio 
español en 1508; presidentes del Consejo t di |..s 
de ludias y Hacienda, y mtuietros del de la Cá- 

Iii illa. 

Las leyes del reino , lejos de favorecer la liber- 
tad de este género de industria do la paga do tri- 
butos, suponen, cuando hablan de los que tienen 
privilegio de exención do alcabalas, que ee en- 
I i de las ventas de frutos do su propio patri- 
monio. 

De la cria de seda, que es una especie de indus- 
tria y beneficio del fruto, se deben los derechos 
por loa eclesiásticos, conformo ri ht ley 9. a , condi- 
ción 31, titulo xxx, libro ix do la Recopilación. 

Aun cuando so dudase si en el clérigo pobre es- 
taba 6 no prohibido el negocio de arrendar los bie- 
nes para mantenerse, por lo que se puedo inferir 
de Düf ley do Partida, nunca se le podría justa- 
mente libertar del tributo respectivo á el fruto do 
los miamos bienes, por la hipoteca y afección do 
éstos á los derecho» regios, corno pertenecientes i 
los legos, y por la indemnidad del Príncipe, qne de 
otro modo perdería el tributo de bienes que le es- 
tán sujetos. 

Las leyes eclesiásticas han seguido estas razones 



OBISl'ü DB I 23 

para declarar que son debidos los di canos a 
perceptores cuando los predios son condi 

idos por comunidades ó personas ex- 
de pagarlos. Y este ejemplo persuade que n- 

r tratados desigualmente los derechos del 
Soberano. 

SÍ las congruas sinodales son bajas, 1 
obispos facultad para subirlas, eonvi 
conforme á el sagrado concilio do Tracto, excepto 
en Iob patrimonios qno resistió el miam 
menos en casos muy raros i y por este medJ 
tina distribución más igual de las ron! 
siáaticas que la que se experimenta . en que 
de haber influido la variación de lúe tiempo 
ocurrirá más bien y más bonos! 
te dotación del clero, que permitiéndole 
t «Mu [Mírales, siempre ajenos de su veo 
t U I Q , 

todo esto el reverendo Obispo i 
de que clásticos se les carga por la ciudad 

de Cuenca ocho reales en arroba d 
que consumen y destilan de sus dífti 
que presione so haga lo minino en otros pttdl 
y que en las sisas no lee o todo el dei 

de su inmunidad, ni les abonan la refacción 
val ente. 
L> i nid.-nl de Cttew a, 3 el adroiai 1 1 idor ■ 

ral de rentas de su < á quienes ee pidió 

infortii. tos puntos, acreditan con docu- 

mentos que el aguardien: 

doocíoQ y ooneumo por equivalente de id oslan- 
do, < n rpie subrogó á los pueblos el 

do VI, por tu roa] • de 21 de Mareo de I 

y que á los ecb Hastíeos se les abonaban fidej 

do cobrar en las espacies do carne. 

te, Bujetas á la contribución dt¡ millonei 

tidades respectivas a nuevos Impuestos y dora 

que no contribuyen , por las limitaci- 

vos apostólicos, do qi 

puntuales. 

Ld( mas resulta que su majestad , por orden do 7 
do Febrero de ette afio, comunicada pOl 
Hacienda, bo ha servido mandar qti iudod 

do Cuenca se reduzca la cobranza do los 
do millones en las carne 
mismo quo contribuyen I 
ma que quedando éstos iguales con loa del b 
■-.i | alar, y 00 cobran 1 1 
son exceptuados los primeros , i 
qai por ellos so afroñahqa. 

También ha resuelto el Rey 
ciudad subsista la exacción do los derechos del vi 
no como antes, y para los eoli Be recule, 

según la calidad do su persona y rentas, la re 
clon que deba gozar cada uno , abonándosela on di- 
nero y contribuyendo en su entrada como los le- 
gos, para quitar el abuso experimentado do que á 
la sombra de un clérigo, hijo de familia* £<**&*&£»% 



24 EL CONDE DE 

dejen de contribuir muchos seglares pudientes, como 
ha sucedido. 

Estos documentos acreditan todo lo contrario de 
lo que representa el reverendo Obispo por lo que 
mira á la ciudad de Cuenca; y en cuanto á otros 
pueblos que no especifica, no puede sin esta cir- 
cunstancia examinarse el agravio. 

Los breves y condiciones de millones, de que el 
reverendo Obispo trata, y la libertad de los ecle- 
siásticos para el consumo de las especies de sub co- 
sechas, no son adaptables al uso y entrada del 
aguardiente, en que se queja del gravamen. 

En esta especie , cuando se administraba de cuen- 
ta de la Real Hacienda, se consideraba la paga del 
octavo á los cosecheros, que inmutaban el vino y 
lo destilaban, de que eran libres los eclesiásticos, 
por acuerdo del reino, celebrado en 3 de Octubre 
de 1663, y real cédula expedida en 1.° de Abril 
de 1664; y ademas habia el aumento de precio 
que ocasionaba la regalía y derecho de estanco, de 
que nadie podia estar exento. 

El establecimiento 6 permisión de estancos 6 mo- 
nopolios es derecho privativo del Príncipe, con- 
forme á una ley expresa de Partida, y en las espe- 
cies no necesarias para la conservación del hom- 
bre ni de su común uso , como no lo es el aguar- 
diente , cesa todo motivo de parto del clero para 
reclamar la regalía 6 el gravamen. 

Por tanto, el señor Fernando VI el Justo deci- 
dió, en el citado decreto do 21 de Marzo de 1747: 
Que respecto de subrogarse loe pueblos en loe dere- 
chos de la Real Hacienda , por la cuota ó equiva- 
lente de aguardiente que se les reparta , debían usar 
de los privilegios de estanco, sin exclusión de perso- 
na, de cualquier estado y calidad que fuese, para la 
cobranza de esta contribución. 

No hay razón para que lo que no se impugnaría 
ni so impugnó en tiempo de la administración de 
la Real Hacienda, ni de aquel príncipe religiosí- 
simo, se reclame ahora contra la ciudad do Cuenca, 
subrogada en sus derechos, y contra su majestad 
reinante, como un exceso en perjuicio de la in- 
munidad. 

Aunque en la instrucción para ejecutar el ar- 
tículo ocho del concordato , se dijese que se habia 
de cargar á los manos muertas, por sus nuevas ad- 
quisiciones , el equivalente de la cuota de aguar- 
diente , no es porque donde usen los pueblos del 
derecho de estanco estén libres los eclesiásticos de 
esta regalía , aunque lo estén del octavo que adeu- 
dan los cosecheros. La instrucción trata de los ca- 
sos en que los pueblos cobren la cuota del aguar- 
diente por repartimiento , en que hay la diferen- 
cia de sujetar ala contribución, tanto al consumi- 
dor como al que no lo es , sobre que el citado real 
decreto dejó esta materia á el arbitrio de los pue- 
blos. 

Las Sudas podrán ser si la ciudad de Cuenca car- 



FLORIDABLANCA. 

ga por el derecho de estanco cantidades excesivas: 
si son correspondientes, no sólo á esta regalía, 
sino á la concesión del octavo , y si en ello debe 
haber alguna moderación 6 alteración para los ecle- 
siásticos cosecheros que no vendan sus aguardien- 
tes ; pero estos puntos requieren examen de justi- 
cia y audiencia de la ciudad , y corresponden i el 
Consejo de Hacienda, donde podrá recurrir el ecle- 
siástico que quisiere promover estas especies , para 
que, según los hechos que se justifiquen, las conce- 
siones del reino, las extensiones que tuviese el de- 
recho de estanco cuando lo usaba la Real Hacienda, 
la monte de los reales decretos de su extensión j 
subrogación á los pueblos, y las facultades que en 
ellos se les concedieron, se declare ó decida lo con- 
veniente, y esto es lo que se puede consultar. 

Después de todas estas especies, se introduce el 
reverendo Obispo á impugnar la ley de amortiza- 
ción, de cuyo establecimiento se estaba tratando 
en el Consejo para consultar á su majestad , cuando 
hizo su representación ; y refiriendo el cuidado de 
alguno do los fiscales en este punto , las alegacio- 
nes escritas sobre él, y particulares autoridades, y 
ejemplos en que se fundaban, dice que aunque no 
lo afligen estas noticias por los intereses pecunia- 
rios, le llena de opresión y sentimiento ver que es- 
tos discursos se fundan en supuestos voluntarios, 
que no tienen vigor en el estado actual, y que se 
dirigen á deprimir la libertad de la Iglesia y á di- 
fundir en el pueblo de Dios las malas resultas que 
no puede dejar de tener la amortización , y clama 
á su majestad por el remedio de este y otros dafiot 

Sobre ese principio se dilata el reverendo Obis- 
po , haciendo varias reflexiones , interpretando el 
auto acordado y el concordato , proponiendo qne 
el número de eclesiásticos no es tan excesivo ahora 
como en otros tiempos , representando el buen uso 
y destino de las rentos eclsiásticas y obras pías, y 
la pobreza de las iglesias por la reducción de sos 
censos y juros, y dando por origen de los males 
del reino el ocio , vicio y otras causas ; por lo que 
concluye que cuanto más tributos se cobren del 
clero y más so lo privo de bienes, más perjuicio so 
haco al Estado, y que no siendo su ánimo ofender ni 
menoscabar en línea alguna la suprema autoridad 
del Rey , asegura que no es conveniente al reino ¡a 
ley de amortización. 

Como en este punto han trabajado tantos otros 
doctos fiscales del Rey, y la sabiduría del Consejo 
y sus ministros particulares tiene consultado á sn 
majestad lo que ha juzgado ser oportuno, sería 
temeridad del que responde querer introducirse i 
tratar esta materia de propósito , ni lisonjearse que 
podría adelantar luces algunas para su decisión. 

Sin embargo, observa el Fiscal, por lo que ha 
visto de estos antecedentes , que todos convienen 
en la potestad del Rey para la ley de que se trata, 
y aun el reverendo Obispo no se aparta entera- 



DFX OBISPO DE CUENCA. 






nento de *■ fad la legisla- 

emporal pn todo lo ncce- 
k el reino, su tu »n y aumento, rs di 

ncial de la soberanía, que sería d< 
sarln «i se i inoír en lo más mínimo. 

Añora se ! I, no sólo 

ir daños, & i 
para precaverlos. Seria imperfectisima la pro vi- 

i del gobierno civil y su constitución, si 
U publicación de una ley que tnirase A precaver 
ios dd Balado, bnbieee de wpi 

ríos. 

El señor Cnvarruhras, eclesiástico doctísimo, 

, padre de un concilio general f jefe de este 

inculpable vida, sólo requiere 

que sea conveniente á Ja república su régimen y 

tutela, el [lie impida la adquisición de 

género de bienes á las iglesias para ser ií- 

apoya con la opinión de otros autores 

En U i del cuerpo político, como en la 

, no solo se ha de tratar de la 
curación de la enfermedad actual, sino del régi- 
y de precaver la futura Ó la itt&ifr 
Lo que conviene examinar es , qué cosas se de- 
ben apartar 6 precaver para conservar la salud pú 
blieu y evitar sus detrimentos. La 

dafia y aprovecha es la maestra que i - 
lo que se ha de hacer y prohibir, y cuando las pre- 
cauciones suaves y paliativas no bastan á estable- 
p el régimen , hay necesidad y obligación de usar 
t medios fuertes y radicales. 

i esto conduce para discernir cuál ha H, 
aqnella necesidad grave y urgentísima 6 extrema 
ren algunos d y ¿ti 

•u , suponiendo en este caso la potestad 
el Príncipe para establecerla. 
6Í l:v i ha de sor, cuando ya las manos 

auertas hayan adquirido tantos bienes, que II 
¿bil y casi exánime el cuerpo del Estado, caté pro- 
no á su destrucción f la ley entonces , cuando más, 
Irá dejarle en aquella constitución arriesgada y 
forma en que le encuentre ; pero no podrá res- 
vigor sin nuevas m le for- 
tifiquen y restablezcan. 

La extracción de estas sustancias no podría ha- 
corte sino despojando á las manos muertas que las 
Itabrian adquirido, y en tal caso sena niu< 1 
violento y odioso el rem 

Los miembros y famili laala espe- 

rar la última necesi 

tampoco se podrían i la convalecencia del 

¡i serla casi unj 

la victima indi aemigoa, 

or tatií 

r la nec l tí i de 

Bobdo. 
tino á quo verdaderamente haya enfermedad grave 



y habitual , ó riesgo que pueda llevarle i el extre- 
mo, y que para contenerle no haya bastado género 
alguno de remedios y providencias. 

No es lo mismo lo extremo y gravísimo de la 
enfermedad quédela necesidad del remedio. Ne- 
cesidad extrema y gravísima de un rem- 
udo otros i bao. bastado, y 
do, sin embargo de ellos, subsiste el mal con riesgo 
de agravarse y destruirse el cuerpo. No es metafí- 
sica esta precisión, sino palpable, material y de 
bulto, en lo moral y en lo físico. 

¿Quien podrá negar que hay enfermedad en la 
* de que se trata ¡ que es antigua y arriesga- 
da, y que no han bastado innumerables remedios 
para contenerla ? 

Lo que consta de las leyes antiguas de España 
y de sus fueros particulares; lo que han dicho y 
clamado las Cortes; lo que han escrito personas 
doctas y gtf (esiasticas y religio- 

sas j lo que se halla los los 

reinos y repúblicas de la Europa, está ya muy pon- 
derado en las alegaciones ^ue se 
han extendido con singular ingenio , erudición y 
doctrina. 

Pero el Fiscal que responde, ha observado que 
en las mismas leyes eclesiásticas, y en la oot 
(a del clero hacia las manos muertas, está compro- 
bado el daño, y que no han bastado, ni los reme- 
dios que se coligen de las disp canónicas, 
ni los que han promovido la ¡ roporal. 

Seiscientos años há que el papa Alejandro III 

exhortaba á los monjes del Cistcr se abstuviesen de 

varían .ndose tus casas con 

se lea estaban constituidos; y su 

ll decretal c.M nía en la col* 

vulgar del derecho cañón 

En otra decretal del mismo Papa, el 
las quejas frecuentes que se daban por dif* :< 
personas eclesiásticas contra aquellos monjea por 
sus adquisiciones, y por la k lo diezmos 

que pretendían de ellos, se les mandó pagar 6 
sigir ; dando por razón , que cuando la Iglesia ro- 
mana les habia concedido sus privilegios! eran tan 
raras y pobres las abadías de su orden , que de ello 
no podia resultar escándalo ; pero que ya se 1. 
aumentado y enriquecido tanto con posesiones, qua 
muchos varones eclesiásticos no cesaban di 
jarte* 

Las quejas continuaron de modn, q< 
moa religiosos - 1 , amonestados de Inocen- 

cio Til , hicieron la famosa t 
da on el concilio general de Lcfran del afio d« 
en que se prohibier ur posesi* 

antes so pagaban diezmos a fa* iglesias, r\ 
para nuevas fu u á el 

il con- 
cilio extendió á los demás órdenes 
evitar igual daño. 



26 EL CCXDE DE FI 

Xo pareció ¿ el concilio que bastaban estos re- 
medios, y se tomó el de prohibir que en adelante 
se fundasen más órdenes religiosa» que las que 
existían, impuesto que en ellas pod i a cualquiera 
lograr el efecto de su vocación. i 

Todavía no bastó esta prohibición conciliar, y ' 
fué preciso repetirla en el segundo concilio gene- : 
ral de León, celebrado en tiempo de Gregorio X, 
afto de 1274, revocando la desenfrenada multitud • 
de órdenes religiosa* (son palabras de esta sagrada 
y general asamblea do la Iglesia) que se habían 
introducido, dejando sólo existentes las cuatro men- 
dicantes , y prohibiendo que las que se trataban de \ 
extinguir adquiriesen casas y posesiones, ni reci- 
biesen ó admitiesen á la profesión religiosa a per- ! 
pona alguna. I 

Sin embargo, continuaron las queja*» del clero, 
pues con motivo de la libre elección de sepultura. I 
concedida á los fieles en las iglesias «le los exentos, 
y la facultad de éstos para administrar el sacra- 
mento de la penitencia, procedida la licencia de 
los ordinarios, se experimentó que los legados píos. 
y otras utilidades y adquisiciones, se dejaban co- 
munmente á este g»'nero de manos muertas ; y d" ; 
aquí dimanó que al fin del siglo xm se expidiese j 
por Bonifacio VIII una constitución, en que man- j 
do se sacase para los presbíteros parroquiales la 
cuarta ó porción canónica de cualesquiera cosas 
que se dejasen á los regulares, y fueren donadas j 
en la enfermedad de que muriese el donante, di- 
recta ó indirectamente, para cualesquiera usus, 
aunque fuesen de los que hasta entunas no se hubis- 
te exigido ó debido exigir ;wr derecho 6 eos fumare tul 
porción % alterando con esto la exención que de ella 
tenían los legados para fábrica, culto y otro*. 

No sólo fué confirmada y renovada esta consti- 
tución por Clemente V, en el concilio de Viena, 
sino que también se mandó en él á los exentos que 
cuando asistiesen á la confección de testamentos, 
no retrajesen á los testadores de las restituciones 
debidas, ni de las mandas á sus iglesias matri- 
ces, ni procurasen que á ellos ó su* conventos ¡ en per- 
juicio de otros, se les hiciesen legados % ó aplíca^eu 
los débitos ó restituciones incierta*. 

Reiteráronse estas providencia* en el concilio 
general de Constancia, entrado el siglo xv, con 
motivo de la repetición de quejas del clero, que 
representó, entre otras, que algunos n -guiares su- 
gerían á los testadores secretamente, que. hiciesen 
legados á ellos, y no á los curas, y se sepultasen 
en sus conventos. 

El mismo concilio prohibió á los mendicantes que 
en particular ó en común retuviesen los bienes in- 
muebles que se experimentaba tener muchos de 
ellos, y mandó que los vendiesen, viviendo con- 
forme ¿ su instituto. 

Así continuaron las cosas , siendo el clero y sus 
prelados más ilustres los que hacían frente á la ex- 



/íRIDABLANTA. 

tensión y adquisiciones de este genero de mano* 
muertas ; y en nuestra España, aquel ornamento de 
la nación, el gran cardenal don Pedro Gomales o> 
Mendoza , á el fin del citado siglo xv, se negó ab- 
solutamente á conceder licencias para fundar mo- 
nasterios, defendiéndose con que había machas 
fundaciones en todas partes, daZonu á los pusblot, 
que las sustentaban. 

En el siglo xvi el santo concilio de Trente, sia 
embargo de que estimó ser conveniente conceder ó 
permitir á las religiones que poseyesen bienes rai- 
ces, con la calidad de señalar en cada monasterio 
aquel número de personas solamente que se pudie- 
sen mantener con sus propios réditos 6 limosnas 
acostumbradas, según sos diferentes institutos, re- 
conoció también que había dallo en las adquisicio- 
nes; y para evitarlo, no sólo ciñó la facultad de 
hacer las renuncias a los dos meses inmediatos á 
la profesión, sino que antes de ella prohibió a loa 
padres, parientes y curadores de los novicios dar 
alpina cosa de sus bienes á los monasterios, fuera 
de la comida y vestido, imponiendo censuras é IflS 
que diesen y recibiesen alguna cosa. 

El clero español (para no recurrir á tiempos mis 
antiguo*), en el mismo siglo xvi , en que se celebró 
el Tridentino, impulsó al sefior emperador Carlos V 
para obtener do la santidad de Paulo IfT bula, ex- 
pedida en 1541 , para reducir las exenciones délos 
diezmos de bis reculares en el reino de Granada á 
la disposición de derecho común, ocurriendo por 
este medio al perjuicio que se experimentaba con 
la extensión de sus adquisiciones. 

Por todo aquel siglo y el pasado repitió el cle- 
ro sus precauciones y súplicas á los papas y a los 
reyes, para contener los daftos que recibía con la 
extensiou y udquisicioucs de los exentos ; y de aquí 
provino moderar Gregorio XIII los privilegios de 
los mendicantes ; repetir Paulo V, en 1609, prece- 
diendo oficios del señor Felipe III , lo mandado 
por Paulo III para el reino de Granada ; derogar 
Clemente VIII la exención de diezmos que preten- 
dían las beatas y terceras de las órdenes, y los ca- 
balleros del Thao do San Juan ; reformar León XI 
y Urbano VIII igual exención de los jesuítas ; y 
alterar otros muchos papas, en ambos siglos m 
y xvn, los privilegios exontivo» de las clarisas. 

Los expedientes , así generales como particula- 
res, que el clero de España ha promovido en la 
congregación del concilio, para moderar las exen- 
ciones de diezmos , fu nd dudoso en el dallo ame oca- 
sionaban la* adquisiciones excesivas , son notorios; 
y en nuestros dias han obtenido algunas igle 
bulas de moderación, entre las cuales merecen i 
cion las expedidas á instancia del cloro de Pam- 
plona, y de Barbas tro, en el reino de Aragón. 

La congregación general del clero de eettm rai- 
nes , tenida desde el afio de 1664 hasta #1 de laslfi, 
acordó en diferentes sesiones reclamar «a Rosna les 



DfiL 

* bu rtLigion4$ % y di- 
i de tu* rento* d 
f/is concordia* de subfudj 

ara que las r. 

mucha* fuu irruías en Si % cui- 

do de dia en d 1 1 1 idad <n*o de- 

■ di toda» las que mteva; 
lo.i 
Pu diera formarse un larguísimo catálogo éi 
araos y quejas del cloro, y de eus providencias so- 
ni e ya demasiado prolija 

ds «u« prelados cu 

¡nodos de cada diócesi, donde s^ hallar < 

cauciones 
ra el remedio. 
■ 

proseóte Oble*- 

I 
irez, y 

I 
ri.jiu Pímentel , en que se n >s privile- 

•ioa d« aoi y las p 

D los exeoí j <(*\ si Sfft) 

cuw» y labran de la constitución 

npo en 7 u e bx* pon >*dt 

auis, y no hubíe** renta a irn fot <m- 

tff hentftcbídú* que tirvéi 
rtéüti I aró que n a e; as 

fín 1' nodo 

etir lo que ya está c 
i del pasada aiglo escribía el Cardenal d< 

ÜH materias, p 
ito y educación, do. 
ceion noipios del Para 

irest' i* mmu tnrUaiUU 

I 

na tu i 

immiÉ 

'itaUubi* qm hfvcinu bt* /«£«**! p. 
nle->du> hunale* L diluido son 

Lfi dubio §e debía 

' contra talé» víanos muerto*. 

i ha sido la conducta \ loa 

muerta* hasta el tiempo pre*> lo se 

> de • • se puede justa 

discursos de loe fiscales en 

4 amortización y proaer vacio* de] estado 



iga, 2: 

1 1 se futid* qu* 

I 04 «stado actual de las cosas? 

> pactos <]., >rdias del «uU 

y en o jos? 

¿Cómo tampoco se púa ■ aquello* 

discursos se dirigen á deprimir la libertad de la 
, y á difundir en a] pnel OS las sus 

las resultas de la amo a de 

la intención de n Hros del I. 

asados, wpdlMI y deti roen 

listado, en Saimj da ¿us es 

trecha* oíd ilaciones)? 

81 9Í fiscales se equivocaban , ya 

se pudiera tolerar, porque son hombres; pero 

que sus discursos *« dsWfaa á di 
libertades eclesiásticas, at 

eu el i fra las re- 

glas de la sana moral, 

El Fiscal que responde sabe de si que á nadie 
cede en la veneración y en el amor á los insto 

«ot, á los que ¡ 111, y al eu-rpo 4 ¿o 

üvidiios del clero; sabe I ia y necesidad 

del ministerio sacerdotal, 

los regulares, y la rogón qm 
ten dotados; y con todo, después de I 
hecho ifimiamerables ¡ «, oree tu 

nients poner limite * las adoiiisicione» d« « 
muertas. 

No es rí|Sjs/iÍo 

nes odiosas; bn ' ir sj aloastssn al 1 

dio la ai que 

80 han r 1Ynl' Has se ba 

inniiriH de lai fasjdÉrfnjisjsj, ém desde los i 
Alejandro Iíl y de los concilio* de LeUun y de 
León se han aumentado tanto, qm ..uedo 

calcularse la diferencia, ^ 

1 1 nichas y muy ricas las abadías 
ter eeiscieutos afme ha, cí viviese en 
ros? 
¿Eao b 1 poco las precauciona de la 

potest i l 1 ■ acaso las leyes d^ 

iU, la dul 
Juan el SegnsKlo, par* saigir la qt 

- rtas, 
las condiciones de mi I Iones pi 

el auto acordado de4 
U) se deja> 

'^tif ermeslad , «i 
I de este Com < 

das estas leyes, y las providencias y r ocursos 
ro, no se ha» ohsexv 

Los que «e debía»» dreesr. 
Issj pocos meses que el Ksjaml ^ye rss3f> 
nor de asistir á ef»t« supremo Cons* 
visto en él vén** estaje* de diepasic i onm sospecho- 
sas f de extcnaioQ de adquisiciones á favor de ma 



28 EL CONDE DE 

nos muertas : dos en esta corte, una de Córdoba, otra 
de la isla de León, otra de Barcelona, otra de Fuen- 
te el Maestre, otra de Talamanca, otra de un lugar 
del obispado de Segovia, otra de Murvíedro y las 
resultas de Arganda ; ¿ cuántas no habrá en las es- 
cribanías de cámara del Consejo, que no han llega- 
do 4 la noticia del Fiscal ? ¿ cuántas no estarán pen- 
dientes en las cnancillerías , audiencias y demás 
tribunales del reino ? ¿ cuántas habrán dejado de 
reclamarse por no haber apariencia de nulidad ni 
presunción de fraude, 6 fuerzas para litigar ? 

También ha visto el Fiscal, con motivo de otro ex- 
pediente, que por el catastro de la ciudad de Zara- 
goza del afio de 1725 consta que tres mil seiscien- 
tas noventa y nueve personas eclesiásticas disfru- 
taban ochocientos treinta tres mil ciento sesenta y 
tres reales de plata de renta anual en bienes rai- 
ces, y que veinte y cuatro mil cuarenta y dos legos 
sólo gozaban de trescientos treinta y tres mil seis- 
cientos cuarenta y seis reales de la misma moneda. 
¡Pasma ver tan enorme desigualdad! Esto sucede 
en la capital de Aragón, en cuyo reino hubo ley que 
prohibió la amortización, aunque no se haya ob- 
servado. 

Hay muchos motivos para las entradas en manos 
muertas, sin recurrir á medios viciosos. Aquel prin- 
cipio de que cuanto adquiere el monje lo adquiere 
para el monasterio, y de que éste representa los 
derechos del hijo, facilita inculpablemente muchas 
adquisiciones. 

La devoción de los que van á profesar á el ins- 
tituto que abrazan , es preciso que les incline á con- 
siderar los monasterios en sus renuncias. 

Las repetidas é incesantes dotes de las religio- 
sas se han de emplear de algún modo y aumentar 
las entradas. 

Los fieles, que han creído justamente ser medio 
para la expiación de sus culpas las mandas y lega- 
dos píos, no suelen tenor toda la discreción nece- 
saria para el modo de manejarse en ellos, y como 
estas disposiciones más dependen de la voluntad 
que del entendimiento, se aumentan y han de se- 
guir las entradas por este camino. 

El término final de los mayorazgos y otras suce- 
siones perpetuas viene á ser regularmente el lla- 
mamiento de una mano muerta, de que el Fiscal ha 
visto mucho en las diferentes fundaciones de casi 
todas las provincias de España , que ha reconocido 
en la carrera do su profesión para la defensa de 
varias sucesiones. 

Las riquezas de América, adqniridas bien ó mal 
por los que pasan á buscarlas en aquellas remotas 
regiones , vienen todos los dias para emplearse á 
beneficio de todo género de obras pías ; y en el 
Consejo hay por incidencia alguna* disputas res- 
pectivas á esto punto. 

Finalmente, hay tantos caminos para la entrada, 
aun sin recurrir á la compra, el negocio, la suges- 



FLOBIDABLANCA. 

tion y el fraude, que sólo podrá desconocerlos arria 
carezca de luces ú de experiencias 6 se preocup» 
tenazmente. 

Para la salida no hay más puerta que la déla 
necesidad urgentísima; porque la de utilidad evi- 
dente no despoja á la mano muerta de igual ó mi- ¡ 
yor adquisición, y para uno y otro son precioi 
tantas licencias y formalidades, que son may rana 
los casos en que los bienes amortizados recobran* 
libertad. 

¿Qué importará, á vista de todo esto, que sota 
las operaciones de única contribución se haga 
cuentas de proporción altas 6 bajas para regulare* 
exceso de las adquisiciones de manos muertai? 
¿ Han cesado éstas, ni han de cesar con aqneUti 
operaciones ? ¿ Y si no cesan, ni cierran 6 estrecha 
los caminos, dejará de aumentarse la enfennedsl 
y el peligro, y seguirse la ruina? 

¿ Puede tampoco reputarse por un plan den» 
trativo el de la única contribución ? A el Fiscal <j» 
responde, cuando no desconfiaba de ella, confaf 
un eclesiástico que en su iglesia, que es de las me- 
nores, se habia conseguido deslumhrar al juez qu 
entendía en la operación del catastro; ¿ seráextn- 
fio que en otras haya sucedido lo mismo? 

Aunque las rentas eclesiásticas y obras pías» 
distribuyan bien entre necesitados, como dice d 
reverendo Obispo, y lo cree el Fiscal, ¿será joto 
por esto aumentar las necesidades? ¿Será justo mv 
ccr pobres para fundar hospitales y obras pia- 
dosas? 

Reconoce el Fiscal que en algunas iglesias, na- 
sas pías y otras manos muertas se habrán minora- 
do sus rentas, como dice el reverendo Obispo, so 
sólo por las reduccittnes de juros y censos, siso 
también por negligencias y malas administracio- 
nes; pero en equivalencia de éstas, ¿cuantas se han 
aumentado y fundado de nuevo ? 

Por otra parte, la misma deterioración de las fia- 
cas de capellanías y obras pías, que propone el re- 
verendo Obispo, es un perjuicio gravísimo del Es- 
tado. 

Miransc con fastidio las fincas gravadas. El ad- 
ministrador de la obra pía y el poseedor de cape- 
llanías buscan la utilidad interina y personal, aun- 
que se deterioren los efectos 6 bienes. 

Carecen de reparo las casas, no se mejoran las 
haciendas , dejan de repararse las viñas y arbola- 
dos, no se reedifican molinos y otros artefactos; y 
así perece la industria, sin poder salir de prisión 
perpótua aquellos bienes, y transferirse á manos 
1 más ricas, que los restauren. 

Estos son perjuicios también transcendentales i 
los mayorazgos, en que desearía el Fiscal se hirie- 
se un examen, cual requiere la necesidad, y espera 
proponerlo al Consejo. 

Ademas, ¿quién quita á las manos muertas ne- 
cesitadas que adquieran, con la correspondiente li- 



nciaycor .j de su estado y necesidad? 

Jorca, porqQ« se hallo establecida la ley do amor- 
ñon 

El espirita de esta ley no ha de ser quitar la li- 
I omnímoda de adquirir á las manos mu 

lo necesario y conveniente para su 
nana tención. En esto, ciertamente, Be ofendería la 
inmunidad un ministro pío, jus- 

ido y r >ejado ni lo acense- 

ara. 
La ley sólo se ha de dirigir á preservar el estado 
uporal, conservándole sus fuerzas en los bienes 
nebíes ó raicea, que son la substancia principal 
i vasallo. 
Aun en cuanto a estos bienes, la anv ■ 

ida radicalmente, se dirige á que el vasallo 
i enajene sin licencia regia en las manos muor- 
y que en otra forma la enajenación contenga 
vicio de nulidad, 6 en la translación ó en la rc- 

Aunque cualquiera vasallo tenga un arbitrio, a 
1 parecer ilimitado, para disponer de sus bi 
r>mo importa á la república contener el abuso de 

id, puede el Principe limitarla en 1 
üs que sea dañosa. 

Asi lo ha practicado el derecho, limitando la fa- 
nltad de los padres para disponer entre los hijos, 
i de los descendientes entre los ascendientes, la 
i loa menores por acto entre vivos, cuando no se 
sd ni precede el conocimiento y de- 
eiu que convalide las disp<»si 
1 que se bagan á favor de causas pías. 

¡ fueros ó estatutos i i ■ - ales se fun- 

sobre iguales principios; sobre los na 
jora el teder para limitar las dis- 

íioionca testamentarias á la sucesión do los pa- 
ríosla el o 

' esta» misma autoridad podría ceñir la suoeaioi) y 
ajenación á los conciudadanos de todas ú de 
orlas clases. 

no menos que todo esto es imponer la i 
idad de ls el vasallo am 

medio de ella quedan, el G 
i de examinar y coi abu- 

¡ y las manos muertas en la do a d u co- 

tí e cause. 

■le sociedad, con que sin duda se for- 
nicas y monarquías, dio 4 el socio 
fe Ó soberano dol Estado, la facultad de 
oer y gravar loa bienes d Utos 6 so- 

aíoriorcs, en los casos de necesidad 6 utilidad 

o, que los | - llaman dominio alto 6 

,ta por Jo menos una administra 
el uta, que para casos ha conferido la 

í*d a su director. 
Bi un particular ó tus administradores, con f 



í'O DE QU1W 29 

ner, pueden en la enajenaeion del 
1 1 imponer el gravamen de la licencia y 
la prohibición de amortizar los bienes, 

Irá la sociedad del reino hacer lo mismo por 
uinitítrador ab- 

rto que en el conco: cíese 

el señor Fe I 

1 me- 
«i el perj'i 

Ble no basta para sostener loa vasa* 
Has, si van perdiendo la sustancia de sus pat ¡ 
nios f hay necesidad de recurrirá otras prov 
cías más efectivas y ¡ 

Que el número de eclesiásticos sea excesivo ac- 
tualmente, por mas que al reverendo Obispo pares* 
íesado por todo el clero en las 
últimas concordias de sul lo; pues en 

ellas dijo «que de las órde. ¡lo de 

patrimonio se originaba el excesivo numero d 
$ que hay en esíué reinos t ordenandos 
chos por sólo el fuero, < mías supuestas, 

propias solo en el nombre, y formando 

•Je ellas, que para las contribuciones 
son eclesiásticas, y para las gracias ecles 
eximen como seculares; con que en i >s son 

las más privilegiadas, ai e de la re- 

recargan en los pobres las car>. 
que ellos se libran; que pide pronto y efectivo re- 
medio. 

Será cierto que, sin embargo del excesivo D 
ro, se haya císado el reverendo Obispo 4 

dar licencia para reiterar la misa á algunos sacer- 
dotes, y que falte quien asista á algunos pueblos; 
pero si el mismo reverendo Obispo se acerca a nu- 
merar los clérigos de su diócesi, verá que la falta 
.siste en que no haya muchos eclesiásticos, 
sino en el repartimiento y destino de ellos, y en la 
las dotaciones ; y en este sentido se 
tad decir que los operarios son po- 
cos y la mies mucha. 

La corte, las capitales y los pueblos gi 
abundan d> Los beneficios pingües 1 

innumerables pn tes, y el Bervicio, excepto 

BU los curados, es como todos Baben. 

Una distribución más igual de las rentas benefi- 
cíales, y la la disciplina en las resi- 
dencias, evitarían todos estos inconvenientes, aun- 
que ie di^ iasticaa. 

Menos clérigos había cuando los cánones manda- 
ron numerar y titular los beneficios, prohibiendo 
conferir las ordenes á quien no se confiriese tam- 
bién el tu 

La distribución igual y la disciplina, no solo ba- 
ria floreciente al clero y respetable, sino que atrae- 
ría á las iglesias lo necesario, y aun lo 
para el culto. 
Aunque haya constituciones conciliares y p 



30 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



ficias para arreglar el número del cloro regular, 
como insinúa el reverendo Obispo, esto no quita 
que la protección que el Bey debe á la Iglesia y á 
su disciplina, promueva un asunto tan importante, 
como le promovieron los señores Reyes Católicos, á 
instancia del cardenal Jiménez, varón de inmortal 
memoria, y el señor Felipe II, á representación de 
personas santas y doctas. 

No puede el Fiscal dejar de persuadirse á que la 
parte sana del clero secular y regular coincide con 
el dictamen de los ministros del Bey en estos pun- 
tos. Si no lo creyesen asi ambos, los cleros desco- 
nocerían sus verdaderos y sólidos intereses. 

Un clero moderado, laborioso y ejemplar se atrae- 
rá la veneración de los pueblos y el respeto que echa 
menos el reverendo Obispo. 

La devoción y piedad de los fíeles concurrirá á 
porfía á los ministros del altar con abundada, 
cuando se aparten los motivos de emulación y des- 
precio que en las personas poco ilustradas engen- 
dran las adquisiciones, la relajación de costumbres 
y la multitud de personas eclesiásticas , vulgarizán- 
dose el más santo y alto ministerio que hay en la 
tierra. 

Aquellos monasterios en que brilla la perfección 
religiosa y la observancia de la vida común expe- 
rimentan la devoción y la abundancia. 

Si algunas comunidades carecen de competentes 
bienes para su manutención, tendrán mayores en- 
tradas cuando cesen las do otras que estén sobra- 
das y no dejen de adquirir; y en una palabra , el 
recogimiento del claustro, la minoración de indi- 
viduos y la vida común cortarán todas las necesi- 
dades. 

Los prelados seculares y regularos, ciñéndose el 
número de los subditos y de las admisiones, ten- 
drán más pretendientes en quienes escoger y dis- 
cernir las vocaciones, y se libertarán de muchas 
fatigas y pesadumbres que reciben de los que en- 
tran sin vocación. 

Aunque el reverendo Obispo, continuando en sus 
especies sobre esto punto, dice que consentirá que 
el Estado so reintegre de todos los bienes tempo- 
rales que posee la Iglesia, con tal que se devuelvan 
á ella los diezmos poseídos por legos , no se sabe 
si querrán hacer igual allanamiento todos las igle- 
sias, monasterios, hospitales, capellanías, aniver- 
sarios, universidades y otras fundaciones piadosos 
do España. 

De los tercias del Bey so sabe que muchísimas 
paran en iglesias y monasterios, universidades y 
otras obras pías. Pudiera el Fiscal, recurriendo so- 
lamente á la memoria que conserva, señalar mu- 
chas do estas enajenaciones, como también muchos 
obispados donde no Be cobran las tercias. 

También sucede lo misino en muchos diezmos 
que se concedieron á legos, y para los que perma- 
necen en poder de éstos hay , entro otros títulos, los 



de recompensa por sangre derramada en la glo- 
riosa conquista de estos reinos y restablecinuesko 
de la verdadera religión. 

Estas quejas son antiguas , porque en les oírte 
de Guadalajara del año de 1390 ee propusiere* por 
el clero, y loe poseedores de diezmos dieron tai» 
razones y se examinaron tan radicalmente, que fié 
preciso reconocor su justicia. Sin embargo, asi caso 
en aquellas cortes se propuso que el clero atóse 
la dimisión que ahora ofrece el reverendo Obispa, 
no tendría el Fiscal reparo en aceptarla, qnedatdi 
de cuenta del clero substituir todas las reeompe> 
sas legítimas t y dotar con equivalencia A todo d 
clero español, secular y regular, y A todo género ¿9 
fundaciones y obras pías. 

El ocio, lujo y otras causas que el revenado 
Obispo señala como raía de los malee del reino, sos 
sin duda enfermedades que padece, j que el Go- 
bierno desea remediar; pero esto no quita ojo» k 
amortización continua de los bienes no sean» sato 
gravísimo, digno también de remedio. 

Asi pues , concluye el Fiscal este punto, en ose 
se ha dilatado más de lo que pensaba, dioiesdo 
que venerando, como venera, cuanto el Conorjo 
haya discurrido y acordado en él , no puede si- 
nos de exponer que una ley prudente y equítstifi 
para contener la amortización es umiiinlhis' sésil 
y aun necesaria al Estado y á la mejor disciptist 
eclesiástica. 

Otra queja del reverendo Obispo es que el Mer- 
ques de Squilace dio orden al Intendente de Catata, 
en 29 de Abril de 17C5, para que á las conduoeiaseí 
de granos á esta corte, por la estrechea y neoesidid 
que se habia concebido, concurriesen les cassllf- 
rías de los eclesiásticos. 

Aunque resulta del expediente ser cierta esa 
orden , también consta que el Intendente para eje- 
cutarla pidió auxilio al reverendo Obispo; que ésto 
se excusó á darlo ; que el Intendente lo representó 
así, suspendiendo comunicar la orden á los paebk» 
de su provincia ; y que no habiéndosele repetido 
otra pora que la llevase á efecto, se quedaron las 
cosas en esto estado. 

El reverendo Obispo dice que en consecuencia 
de esto obligaron las justicias de los pueblos ami- 
chos eclesiásticos, con citaciones personales y re- 
gistros, á que hiciesen lo conducción. 

Sobre este punto sólo resulta de los testimonios 
remitidos por el reverendo Obispo, que en conse- 
cuencia de una orden del Corregidor de San de- 
mente, para que concurriesen á las conducciones 
las caballerías do labradores , acabada la semente- 
ra, sin distinción de clases ni estados, el Corregi- 
dor de Sisante mandó fijar edicto con igual «¿pre- 
sión, y que á los distinguidos se diese recado potíéios. 

En efecto, consta que se formó lista de los ose 
podían concurrir á la conducción, y entre ellos se 
expresaron varios eclesiásticos, á quienes da fe ol 



EXPEDIENTE 1 
baño, que m manda- 

y que fUédarcn enterada y prontot á hacer sí 
val ¿trvido* 

También consta, y ésta es otra queja de! 
rendo Obispo, que el corregidor ínt Utiel, 

áon José González, publicó bando para que toda 
eraona, sin distinción de estados, concurriese con 
i caballerías á la citada bien- 

Jo á los del estado eclesiástico, en caso de no con- 
rrir, con cuatro aiios de exterminio de estos ret- 
aos ; tiendo del reaí agro < i 

Este mismo c ti r regido i i cía de que el 

obispo procedí. I 1 por la publicación del 

, le dirigió una carta muy reverente y su 
:c procuro disculparse con la necesidad, di- 
lo que no precisó ni requirió á eclesiástico al- 
guno para la conducción; qne, por tanto, irnos en- 
viaron sus caballerías y otros no; que no babia sido 
i ánimo ofender al estado, y que si al reveromlu 
)bispo le parecía conforme otro efecto de su 
ia, se lo mandase. 

pretende el Fiscal disculpar el error de este 
tdor ; pero si es de considerar que su pronto 
nto y un oficio de tanta sumí 
el que pasó á el reverendo Obispo, era acre 
rjne con él se dilatasen las benignidades de un prc- 
Jo de la Iglesia, 

Sin embargo de todo, y aunque este correa 
tese hecli miento jo 

mparecido á el tribunal del 
ligado, arrastrado a el tribunal do 
ira y a ls r sus- 

sion y a!- -«uras^ &n 

para ser al 

coi' i a ai 

rra ba logrado salir d 
i es < 

i , miando 

ripto de üoma. El Fiscal deja 
para ■' 

'% y «ólo l 

lál de las áot 
rlesUi 

Tan; on la apo- 

da «i fW de las 

calamidad 
Je los 
jgos psra ir su corte. Si i 

i es muy graves definnd* n y afirman 
hacerse, y pi 

feSOl' 

ol expedí 



Í J PK CUEK* 3i 

que har movido igual disputa en' 

bargo del I , en que son grava- 

dos los eclesiástico» con todo g cargas pu- 

blicas por los bienes que aú ] v\6 la 

i del Rey mandar que no se les obligase á la 
conducción de granos. 

Lo mÁs notable en aquel rec ¡ue el Fia- 

rla estuvo pOI la libertad 
del clero, aunque el mismo Consejo fué do contra - 
ictámen, fundado en los fuer 
El padre confesor de su majestad informó tam- 
bién por la líber! * he- 
chos p u a el mundo, sin necesi- 
dad de otra apol i de los fis- 
cales del Rey y del padre confesor en los puntos 
de inmunidad, aunque dudosos De se vea si 
tratamiento <¡ en las cartas v 
rendo Obi 
Éste añade á la queja antecedente que el Mar* 
qués de Squila< s para que las 
*s so valiesen de los éranos que los partíci- 
pes de diezmos tenían sin dividir en las tercias ó 
cillas ; qne con este motivo pusieron llaves eo ella* 
y extrajeron los granos; que se resintieron á que 
los mayordomos del Obispa y prebendados 1 remi- 
tiesen á Cuenca el trigo >¡ur ao para su 
alimento y la limosna de tres mil pobres, obl 
do cou amenazas y alborotos ú los i que 
*e volviesen con Las recuas vacias 
pagarles el porte, y que se fij algua 
pueblo para 

i de la l»; 1 
En los b' ,3 re-. 

mu las Ór- 
denes del Marqués de 8qui 
granos decu m« lu.s hnfc 

diante la es 1 que se padecí 

Sflos i]r V 
ni la inmunidad ni 1 
que las iglesia» 

que por la- 
níos del reverendo 0l»¡*|> 

hacer In 

1 dad, libró despacbo á la 
tíci&t> 1 

avena y tté 

no habiendo aat¡sf&< 

ceros, 1 ndoHperw 



32 



EL CONDE DE FLOBIDABLANCA. 



Con este despacho fué requerid o el Corregidor de 
las villas Je Sisante y Vara de Rey, quien lo cum- 
plimento* , y pasó recado político al Vicario ecle- 
siástico y mayordomo de la cilla, para que se *i>- 
viese no permitir la extracción de aquellos granos en- 
tre (ante que se pi*ovidenciase el permiso correspon- 
diente para su entrega , si llegase este, caso, »/ para 
que diese el certificado que se pedia de la em$l 

Igual recado y providencia se hizo saber a el 
mayordomo de Vara de Bey 4 que es substituto 6 
vicetercero del de Simante, quien dio la certifica- 
ción y se puao sobrellave. 

Kq el int lo de Vara de Rey fué donde, 

según una certificación del tal vicetercero , habien- 
do pasado arrieros con libramiento del arcediano de 
Alarcon y del cura de San Juan de la misma villa, 
sólo so \qb permitió sacar el trigo, guijas y garban- 
zos que contenia la libranza, y so volvieron sin la 
da y domas comuñas que estaban detenidas* 

En el lugar de Atalaya, se dice también que el 
Alcalde pidió las llaves de la cilla al tercero, y las 
retuvo algún tiempo sin medií [oí granos, y esto 
es todo lo que consta en este punto do embargos 
de grano», de resulta de las órdenes generales que 
cha el reverendo Obispo. 

embargo, éste dio comisión á el Vicario de 
Sisante y Vara de Rey para hacer averiguación, y 
usta que la causa haya tenido otro progreso. 
Es de creer que no habría otros casos, cuando no ge 
han probado, ni el reverendo Obispo disimularía 
alguno a vista do la atención que le merecieron 
éstos. 

Ahora queda á la justificación del Consejo rom- 
parar el hecho con los clamores de la representa- 
para reconoce* dónde está 1* generalidad de 
embargos, aquel tropel de extraer loe granos y po- 
ner sobrellaves, y aquella resistencia para que se 
remitiese á Cuenca el trigo necesario para el ali- 
mento del Obispo y prebendados, y limosna de los 
pobres. 

El edicto que dice el reverendo Obispo se puso 

en algún lugar para que nadie comprare los gra- 

de la Iglesia, es cosa separada, que no tiene 

conexión con Jas órdenes del Marqués de Squilace 

que se citan. 

Este hecho se reduce á que en la villa de Ve- 
, por el mismo año de 764, tuvieron los alcal- 
des y el cura varias altercaciones sobre que había 
de vender el trigo para el abasto del pueblo, y so- 
bre su precio. De resulta de diferentes paBajes y 
recados con el cura, mandaron los alcaldes poner 
sobrellavo á la panera de la iglesia. El provisor de 
Cuenca, á quien Be llevó la queja, despachó un 
comparendo al Alcalde por el estado noble. Enton- 
ces la justicia fijó una cédula , diciendo que por la 
urgente necesidad del pueblo, ninguna persona, sin 
licencia dé los alcaldes, comprase ni un almud de 
trigo de la panera de la iglesia ni de casa del cura. 



Sobre estos procedimientos se ocurrid al 
sejo, donde se tomaron informes y se formalizó < 
expediento, y de él aparece que está para resol? 
CO± respUOBU del señor fiscal, don Pedro Camp 
manes, en que, culpando la conducta de loe ale 
des, propone qne se proceda contra ellos á 
rentes reintegraciones , y á oír las personas que j 
dieren los perjuicios que hubieren causado. 

Parece, pues, que en este asunto no hay mas i 
hacer sino determinar el expediente, teniendo \ 
senté el mérito del testimonio ul ti mámente 
ti do por el re v oren do Obispo, para que recaiga i 
bre los alcaldes el castigo que justamente m 

En lo demás es cierto que se deben guardar 1 
concordias con el clero para no embargar el pan < 
el acerbo común, y para las formalidades que i 
han de observar en los casos de hambre y cala 
dad pública; pero si estrecha tanto la necesidad, c 
hubiere peligro en la tardanza , justo y funJ 
temor do que se extravien los granos del monb 
un antes de formalizarse las diligencias, I 
ra tenerse por exceso que las justicias acue 
den eon tal mismos eclesiásticos y terceros la 
terminación de los granos, y que de hecho los 
tengan, con la protesta y calillad de evacuar 
pues las formalidades, que fué loque hiei< 
corregidores de San Clemente y Sisante. 

Después de todo esto, se queja el reverendo Ob 
po de que á los acólitos y sacristanes solteros i 
catedral de Cuenca y de las parroquias , sin 
bargo de tener título y salario fijo , se les incluí 
en las quintas, siguiéndose á las iglesias el de 
mentó de carecer de aquellos á quienes toco" la 
suerte , y que lo mismo se practicó con los ak 

fiscales de vara, que cuidan en los pueblos < 
evitar escándalos e irreverencias en las iglesias. 

Por los testimonios y documentos que hay en < 
expediente, reuiitidus por el reverendo Obispo J 
por "I Intendente de Cuenca, sólo consta que i 
aquella se incluyeron en el sorteo para la quiu 
ejecutada en el año de 1762 a dü3 acólitos 6 
guilles de la catedral y á un salmista, pero & : 
gano tocó la suerte; con que ya no so siguió 
ti i mente de carecer las iglesias de estos ministro 
como se propone. 

La ordenanza publicada en 12 de Junio de 76 
para la quinta practicada entonces, se arregló i 
las exenciones de ella, en lo respectivo á las pe 
senas y ministros eclesiásticos, á lo dispuc- 
el santo concilio de Trento, y todos saben 
éste , aun para gozar del fuero los tonsurados 
clérigoB de menores órdenes, se requieren vá 
calidades, que no tienen los sacristanes , monagui- 
llos y fiscales legos, que llaman de vara. 

Aunque en la misma ordenanza no se habló < 
pecíncamente de esta clase de sirvientes de las igle 
sias, se comunicó orden por don Ricardo Wa 
en 21 de Junio de dicho año de 1762, prerinie 



del 




EDIEOTE DEL OBISP* i'NCA 



l Intendente , que Labia t idas, 

Jtie no se e j: los sacristanes solteros. 

No pued< ifirmarse que » 

tas providencias se i inmunidad, por no 

gozar de l i M B e£Lala el 

reverendo Obispo, 

Aunque el señor Felipe V eximiese de quinta á 
loe focales de vara, ¡a del cardenal Be- 

lluga, como el reverendo Obispo expone T esto sólo 
brueb.H ende de la real voluntad conceder 

i revocar estas exenciones, según las cireunstan- 
liss, las urgencias del servicio y el estado de loa 
h, como se ha practicado con los síndicos de 
religiones, dependientes de cruzada, ministros 
i rentas , fabricantes y otras personas» 
El mismo señor Felipe V, por resolución de 25 
(le Octubre, eximió también del sorteo de milicias 
| los sacristanes y dependientes de las iglesias que 
ozasen salario; pero esta providencia no fué una 
ley irrevocable, ni ¿un trascendental á la urgencia 
de las quintas. 

Las iglesias tienen el arbitrio de Bervirae de per- 
sonas o vocación al estado eelesiás- 
que se tonauren para disponerse á las órdenes 
estando, como estarán , ocu- 
ias en ministerios necesarios y conveniente 
rício de la Iglesia, gozarán sin disputa de las 
scenciones que les conceden el santo concilio y las 
eyes del reino. 

Por tanto , repite el Fiscal que en esta materia 
lepen de todo de la real voluntad, I será 

auy propio atender piadosamente por algún tieru- 
rs la exención á aquellos empleados en • | » i i t_- - 
tas se requiere cierta industria y aptitud para el 
> de la Iglesia, 

ro de personas ni adquirirse de repente, 
ío los salmistas, nes ásala- 

superiores consido- 
oo su majestad ha ex escribien- 

te* pn abogados, procuradores y escri- 

En los nl_ vara cesatod< 

le congruencia pora estas ex» y aun 

- es prop coras y ú 

ios, A los i ry auxiliar pa- 

ioa desórdenes y las irreverencias en 

d concep- 

i ■ aumentar 

« holgazanes, y algunas TOO 

causar inquietud hacer publico i 

Loh 
el au\ 

le familia 

ra ser 
si dan cuenta 

6 tribunal superior d«i nseguirán 



efectos más útiles con la demostración y severidad 
-ara con las mismas justicias, que coa el 
> o al es de vara, 
no hay que extrañar que las justicias no au- 
xilien 4 est le fiscales, de que también se 
queja el reverendo Obispo. El auxilio no puede pe- 
dirse por los fiscales de vara, de su autoridad y sin 

tandato, porque carecen de toda jurisdi 
para proceder é impartirlo* 

Tampoco debe extrañarse que las justicias casti- 
guen á estos fiscales cuando cometieren excesos 
que lo merezcan. A el expediente se ka unido el 
formado en el Consejo, con motivo de la resisten- 
cia que hizo á la justicia un fiscal de vara de la vi- 
lla de Utiel, porque se le quiso prender, hallándolo 
de noche con un sable desnudo. Las voces y des- 
mura del fiscal alborotaron el pueblo y le 
expusieron i una orí por lo que el Conse- 

jo, precedidas tai udientes averiguaciones, 

r una preven- 
ción ¿el cura por nicdio del reverendo Obispo, para 
que no diese quejas sin fundamen 

Éste es el caso único que resulta del expedí 
haber habido con riscales de vara en aquel obis- 
pado, ispo expone en su 
jue las justicias loa amenazan y 
neo con pr > multas. 
Tañí el reverendo 01 ha habido 
corre;.- tno armada qtxj lenes 
y providencial a un propio que leí [a á el 

cura y fiscal dr 

l'J adaptarse á esta especie, se- 

gún 1 monio retí el re- 

> t es en 
a que en 3 de Junj 

■rregidor de l.'tiel, acom- 
ano y un 4 un hom- 

diüho el i | ríe parocia 

el proj 

. sorprendido é inmutado, qoe 

variedad de las respuestas, m u nía de 

ido et 
hallaron 

ha que inducís la alteración y va- 
del aují I 
tildad con 
il de la Oi-Hn -ep*, le tnai 

i 
da al V que al hom- 

elnir ni firmar una declaración 
los seis días le soltó el Corregidor, imponiéndole la 

3 



34 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



multa de un ducado ; que el reverendo Obispo dio 
comisión para formar sumaria ; que el comisionado, 
después de haber mandado entregar el pliego, como 
se hizo, sin señal, indicio ó argumento de haberse 
abierto, hizo notificar al juez y escribano que se 
presentasen ante el reverendo Obispo, conminán- 
doles con censuras, y que el mismo Obispo las sus- 
pendió, sin haber expedido otro decreto. 

Éste es el hcclio que resulta, y no parece que es 
menester más que tenerlo presente y compararlo 
con lo que representa el reverendo Obispo, para 
formar juicio del cuerpo que se le ha intentado dar. 

El reverendo Obispo se dilata en atribuir á las 
justicias y sus parciales que son los que más ilu- 
den la jurisdicion eclesiástica, estando muchas ve- 
ces enredados en amancebamientos y otros pecados 
públicos ; que no tienen respeto á los templos y 
sacerdotes ; que trabajan, compran y venden en las 
fiestas , permiten y defienden los bailes disolutos, 
borracheras y otras indecencias populares en los 
dias más clásicos. 

De estas generales acusaciones no hay en el ex- 
pediente justificación alguna, aunque se previno al 
reverendo Obispo que la remitiese ; con que ni el 
Fiscal puedo exponer su dictamen , ni recaer pro- 
videncia particular, pues para evitar en lo general 
este género de desórdenes tienen las leyes del reino 
provenido todo lo que se puede apetecer, y bastará 
cuidar de su observancia. Luego pasa el reverendo 
Obispo á especificar algunos casos, en que atribuye 
excesos á las justicias y ministros reales, y en éstos 
irá pruponiendo el Fiscal lo que se dice y resulta. 

Un caso es , decir que ha habido juez que se ha 
introducido á actuar solemnemente en la iglesia 
negocios civiles , y lo que resulta de testimonio re- 
mitido por el reverendo Obispo es que en un plei- 
to sobre pertenencia de un patronato, se presentó 
un testimonio do que el poseedor de un vínculo pi- 
dió, y se le mandó dar, y dio posesión por el año 
de 1749, en virtud de auto del alcalde mayor de 
Cuenca, del patronato y capilla del convento de 
religiosas de San Lorenzo Justíniano de aquella 
ciudad ; y aunque se dice que no consta del testi- 
monio se exhortase para ello ai juez eclesiástico, no 
se sabe si asi resultará del proceso y diligencias de 
posesión. 

También hay otro testimonio de autos seguidos 
á instancia del ayuntamiento de la villa de Val de- 
moro contra el cura, para que exhibiese la funda- 
ción de una capellanía, y habiendo mandado el pro- 
visor de Cuenca que lo hiciese dentro de seis dias, y 
que puados se le publicase por excomulgado, dice 
*i notario que da el testimonio, hacer memoria, por 
» tener los autos en su poder y existir en la chañ- 
aría, que uno de loe alcaldes puso auto para que 
icribano pasase á reconocer, como lo hizo, si el 
i estaba en la tablilla, y se averiguase si hubia 

ibrado misos. 



Este caso y el antecedente son los únicos que 
pueden aplicarse á la queja del reverendo Obirpo 
de que se han actuado solemnemente negocios civi- 
les en la iglesia ; y el Consejo , según el modo y 
circunstancias con que se prueban y acaecieron, 
formará el juicio que merecen. 

Otro caso ó exceso es, decir el reverendo Obispo 
que ha habido juez que mandó que se trabajase en 
las fiestas, cuando lo resistía el cura, y que impi- 
dió que lo hiciesen los que tcnian licencia de éste; 
y sobre este punto hay testimonio de un notario, 
que relacionando unos autos seguidos por el Provi- 
sor contra Josef Palomar, alcalde de Vellisca, re- 
mitidos en apelación á la Nunciatura, expresa hacer 
memoria se formaron por haber man dado dicho Pa- 
lomar que se trabajase en las fiestas que él diese li- 
cencia, y no en las que lo permitía el cura. Sobre 
esta casta de certificaciones de memoria, y sin la 
resultancia de los autos, es imposible formar dic- 
támenes f lindados. 

Otra especie es, decir el reverendo Obispo ha- 
bérsele informado que uno de los fiscales de su ma- 
jestad respondió á unos seglares que en cumplien- 
' do con el precepto anual , no temiesen 6 no hicie- 
sen caso en lo demás de los jueces eclesiásticos; y 
de aqui nace el desprecio do sus providencias y de 
las censuras, y el recurso frecuente de las fuerza*; 
pues hay ejemplar en su audiencia de que un lególa 
introdujo de la ejecución de lo determinado por la 
Chancillcría en un recurso de esta ciase, permane- 
ciendo excomulgado antes y después con mucha 
quietud. 

El cuentecillo que se atribuye á uno de los fis- 
cales do su majestad es impropio, por no decir ia- 
digtio de la gravedad de una representación dirigi- 
da á el Monarca. Esto presenta un testimonio de lo 
que se abusa del candor del reverendo Obispo, quien 
si hubiese hecho la reflexión correspondiente, ha- 
bría cerrado los oídos á este género de hablillas y 
rumores contrarios á la caridad , con que se pre- 
tenden insinuar y adquirir la gracia de los superio- 
res incautos y crédulos las personas oscuras, des- 
contentas y detractoras del Gobierno y ministros 
regios. Se ha visto que en otros hechos han altera- 
do la verdad á el reverendo Obispo ; y asi, no ten 
extraño que en este informe volante le haya suce- 
dido lo mismo. 

En cuanto ala fuerza introducida de la ejecución 
de otra declaración de fuerza que cita el reverendo 
Obispo, no halla el Fiscal en el expediente caso al- 
guno que adaptarle, aunque no sería extraño, si hu- 
biese exceso apelable en la ejecución. 

Otro exceso de los que se proponen es , que á los 
clérigos tonsurados con las calidades del concilio y 
leyes del reino los tratan las justicias como legos, 
incluyéndolos ó intentándolos incluir en las cargas 
de república y en las quintas, negándose á ■econo- 
cer los títulos de órdenes y la colación benefioial 



E DEL 
jue lo- ian,desj 

En í i hay praeba alguna, 

■ 
[iie se le p 
tnplir lo que su maj 
fiando da justificación á la 

rilla de ! 
íia se \v» incluyó en la quinta del . 
jánd-:- , ade- 

i de usubnn sita calida» !< 

uede ser i Ele el revel- 

ando Obispo, u> an este género 

oq el debi- 
le los li< ¡ue no hay -amas 

que turbaras sus verdaderas eheunstan- 
, y üun falsificarse. En otros minhoK casos que 

>n, se 
ndolos con los jue él mia- 

np ha remitido, cuan diferente semblan 

in las quejas. ¿ Qué extraño será que 
a en el caso de Buendia? El reve- 
ne no ha visto por al 
lances y jusüi 
así, > panda al asenso 

ilte no con 

i y muchos tra» 
ie ha visto últimamente en la 
irgar ú lo» prelados diooeaai 
rdada de 12 de Febrero de esta alio, el 
ulo r*n este puní 
En Inadmisión de laa congí i abien mo- 

rbos n (lie loe prtl ¡ren- 

ic por la bula 
ti \ i 

ren.b» carden i 
litiga \ • reducir i 

1 10 llegasen á la 
14, se exj a imi- 

que se podran 
minan radical - 

lo son 
ir cuando 

4e es otro 
XceSo i las justicias, que éstas 

• isurado» - -.»na y 

rícal r de día, á .le lus 

que 

n tren a ati 

00 su 
i «1 caso de .luán Rafael fti 

jo ha vis- 

ias, y 
»u. 



OBrSPO DE CUEN' 

Pero, sin embargo d Eto será de prop 

ite que por ílí ag y nne* 

r el alcalde mayor de SanCle- 
uadaeul- remitido por el 

provisor de Cuenca, consta que dicho M 
usaba de hábito clerical ni corona abierta ái 
meses á aquella parte, aunque antes lo habían 
asistirá la iglesia; que trata ¡ a, ba~ 

biendi nipra- 

onrador 1 .ha en 

teatinn ib j que había | 

mlizaje del o!i 
nesta-j i qni~ 

usan- 

saultaqued 
Luía, de que se le hizo c< 
el alcalde mayor que su 

ducados ; y verificada que fuese es I -a, no 

nforme á la bula A¡ ya ci- 

tada, no podía esta pieza colocarse ni reputar- 

También resulta de los autos del 
I preso al referido M 

el alcalde 
heridas, • 

"ial alguna de clérigo, tu 
i e la ropa talar, y se presento al iüímuio alea! 

itera» 
Anti 

el Provisor, s¡> 

ieron lo contrario qu 

que el alcalde mayor hubiese touldo muv 

ler. 

su resultbti n á la 

SS, *Í el al- 
uar la defensa de la 
as justifica* 

encargó el Con- 

IgUri 

ealde mayor justos y proOJ I i vos de obrar y 

proceder, no Be 

usuras con 

i, dando I 

Lsiguiese t 
de la abac 












EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



Los jueces eclesiásticos, según lo que arroja la 
experiencia de muchos casos, creen con equivoca- 
ción que lo mismo es decidirse una competencia 
de jurisdicion á su favor, que estar violada la in- 
munidad por cualquier procedimiento del juez lego, 
y esto produce discordias, recursos y desavenencias 
ciertamente lastimosas y dignas de remedio. 

Convendría que todos tuviesen presente lo que 
lamentaba en este punto el Cardenal de Luca, autor 
nada apasionado a la jurisdicion real , comentando 
el capítulo del Tridcntino que recomienda la so- 
briedad de las censuras. 

Porque ftáun supuesta la jurisdicion 6 competen- 
cia del juez eclesiástico (así se explica el Luca), 
puede verificarse el abuso en esta especie por la 
mala interpretación de las leyes, de que dimanan 
las censuras, especialmente cuando se trata de usur- 
pación ú ocupación de bienes y derechos de la Igle- 
sia, 6 do violación de la inmunidad y jurisdicion; 
pues ya se trate de cuestión probablemente dudosa de 
competencia de fuero, ya de que so nieguen á los 
eclesiásticos algunas franquicias por probable cos- 
tumbre, privilegios apostólicos ó concordias, ya de 
otras (las refiere Luca por menor) , se procede de 
hecho por algunos obispos y otros que tienen esta 
potestad á la declaración de aquellas censuras que 
se contienen en el concilio, en la bula de la Cena ó 
en otras constituciones apostólicas, que tratan de 
positivos y poderosos ocupadores y usurpadores de 
bienes y derechos de la Iglesia, ó violadores de 
la inmunidad y jurisdicion y en esto experimen- 
tamos un abuso frecuente y casi cotidiano, de que re- 
sultan los vilipendios de las mismas censuras, que son 
los que producen casi todos los males é inconvenientes.* 

Ahora se pueden cotejar estas graves y senten- 
ciosas palabras con el caso do Juan Rafael Monte- 
ro, de que se queja el reverendo Obispo, y aun con 
los demás que se hallan en el expediente. 

Añado también el reverendo Obispo que á un 
sacerdote conocido, á quien aquel tribunal eclesiás- 
tico cometió la ejecución de un negocio suyo, lo 
quiso prender el juez lego porque como á parte le 
intimó un auto ; y lo hubiera ejecutado con el es- 
trépito ó inquietud que movió, si el sacerdote no 
so hubiese retirado precipitadamente y con precau- 
ción á la iglesia. 

Acerca de este caso, no hay más prueba que pue- 
da adaptársele que lo que arroja un testimonio 
remitido por el reverendo Obispo , de que resulta 
que en la sede vacante última de aquella diócesi , 
se dio comisión por el Vicario general á un recetor 
lego para pasar á la villa de Osa de la Vega á 
practicar unas diligencias respectivas á cierta causa 
matrimonial. 

El recetor quiso hacer un requerimiento al al- 
calde, don Esteban del Coso, sin exhibir el despa- 
cho, y por ello le mandó prender, aunque no tuvo 
electo, por haberse retirado á la iglesia. 



De aquí dimanó requerir el recetor á el presbí- 
tero don Julián de Alcarria, y éste de hecho eje- 
cutó la tropelía de prender á el alcalde con auxilio 
militar, y ponerle recluso en la sacristía de la 
iglesia. 

A el tiempo que se conducia á el alcalde preso, 
con escándalo precisamente del vecindario, gritó 
pidiendo favor al Rey; pero ni hubo quien se lo 
diese, ni él dejó de ser encerrado por el tal juez in- 
truso de comisión. 

El mismo Vicario general de la sede vacante des- 
aprobó este atentado, y ésta es toda la historia de la 
prisión del sacerdote. Clama tanto este hecho por 
sí solo en defensa de la real jurisdicion, y por el 
remedio de tan increíbles atropellaniíentos, que no 
requiere que el Fiscal se detenga á ponderarlo. 

Dice todavía el reverendo Obispo que las justi- 
cias, sin temor á el desprecio de la Iglesia y de las 
censuras, violan la inmunidad local, se entran de 
mano armada en los templos , y con irreverencia y 
estrépito sacan de ellos á los refugiados, sin justi- 
ficación ni aun indicio de que los delitos sean ex- 
ceptuados, poniéndolos en la cárcel con el mayor 
rigor; no obedecen las censuras para restituirlos, y 
preparan recursos de fuerza, que no se pueden de- 
terminar sin muchas dilaciones. 

En cuanto á estos puntos hay dos casos : el mío 
ocurrido en la villa de Montalvo por el año de 1752. 
en que celando el Alcalde que mientras se ejecuta- 
ba una pública y devota procesión no estu viesen 
las gentes en la taberna, encontró resistencia en un 
hombre, que descargó un palo en la cabeza á el Al- 
calde, de que resultó herido. 

Refugióse el reo á la iglesia, y la sinceridad del 
Alcalde se dirigió á el cura que presidia la proce- 
sión, preguntándole si en aquellas circunstancial 
gozaba de inmunidad, y habiéndole respondido ti 
cura que no, se entró en el templo, donde continuó 
resistiéndose el reo , de que provino bastante es- 
cándalo é irreverencia, hasta que fué preso. 

Aunque la ignorancia y sencillez del Alcalde fué 
tanta como se deja ver, fué comparecido por el 
Provisor y multado con otros que concurrieron á el 
lance ; pero no consta que á el cura ni al reo se leí 
dijese cosa alguna. 

El otro caso es do un desertor del regimiento de 
León, extraído de la iglesia de Enguídanos, en 16 
de Marzo de 17G3. Por la deserción saben todos que 
sólo podría valer la inmunidad para libertarle de 
la pena, pero no para eximirle de la obligación de 
continuar el servicio por el tiempo que se empeñó. 

La pretensión de inmunidad no se introdujo hasta 
Junio de 1764, casi un año después de la extrac- 
ción , y entonces parece que estaba preso el deser- 
tor por otros delitos que no se especifican. Puede 
colegirse del modo oscuro con que está concebido 
el testimonio en que se cita este caso, que la pre- 
tensa inmunidad era propiamente una reclamación 



EXPEDIENTE DEL 
de igl&iafiria, reprobada por derecho y por el ron- 
cordato del an< irgo, decretó* el 
jaez eclesiástico larestii 
lio" la justicia real. 
A eeto se reducen las pruebas di todos loe i 
eos que e! reverendo Obispo atribuye A las justicias 
seculares. Auftoue el reverendo Obispo dice gv 
notorios los demás casos que cita con generalidad, 
vistas las equivocaciones que le han hecho padecer 
en los misinos documentos que ha remitido, es pre- 
ciso que sean mayores en lo que no se ha probado 
en el expedien 

El Consejo ha visto que casi todos los casos tie- 
nen diferente semblante que e! que se les ha dado 
en la representación del reverendo Obispo. Tam- 
bién ha visto el Consejo que para haber de llenar 
estas pruebas, ha sido menester recurrir á casos que 
tienen su origen en los años de 1747 y 1749, á el 
i o de la vacante del obispado, y á otros muy 
anteriores en algunos anos á la representación. 

Todo esto querría decir poco, si en los mismos 
casos no se viese la facilidad con que han sido atro- 
pelladas las justicias reales, comparecidas perso- 
nalmente á los tribunales eclesiásticos, y conmina- 
das 6 declaradas en las censuras de la bula / 
Don- 
La comparecencia personal de las justicias debo 
le un gran remedio. La real juria- 
i y su ejercicio pierden su autoridad, y se per- 
■ mucho á los vasallos con este modo de sus- 
tanciar los pleitos 6 recursos de inmunidad ó com- 
petencia de jurisdi* 

A cate ñn parece á el Fiscal se escriban acorda- 
i á los reverendos obispos y demás prelados, para 
que se abstengan de molestar á las justicias con se- 
mejantes comparendos, y procedan en los casos de 
liidad, competencia de jurisdicion ú exceso 
de las mismas justicias conforme á derecho, 

uidiencia, y qne den 
S a BU majestad, á < ó á la audiencia 

iici Hería del territorio, de cualquier agravio 
rezca personal castigo, con la jus- 
necesaria» para que 
daa alguna den provea de l 

á la adroini ia en el pueblo en (pie 

ocurriere el el te «e hará pan 

encargo á loa tribus riores de cada terri- 

on alguna. 

lo que mira a la declaración de censuras, 

tamt i «líi da á los 

lan con la 

<[\it man iiio il< 

uto ii usar de las censura* de la bula Iu 
\l) arlavistu 

ion del expediento que .'- 

Iirln. 



PO DE CüKNt 37 

bula en Empatia, se opuso el señor Felipe ít, pagan- 
do tan fuertes oficios por medio 4 

nena, su embajador en Roma, q?j 
Padre hubo de ceder. 

En Francia, Alemania, 
arzobispo elector de Maguncia, y ca*i toda la Eu 
ropa, se opusieron también los príncipes a la pu- 
blicación. 

La ley del reino maniñesta el ímpetu y Olí 
impropios con que se intentaba publicar la bul 
aunque algunos autores digan que sólo está suplí- 
cada en cuanto á fuerzas J nes, la verdad 
es, que jamas se lia permitido su publicaci* ■ 
lemne, y que son tantos los puntos en que ofendo 
la potestad real bueno y celoso miii 
y aun simple vasallo, debe dolerse de los abusos y 
negligencias que ha habido en este punto, y Tra- 
bajar para su remedio por una estrecha obliga 
¡cia y honor. 
pasa el reverendo Obispo á quejarse de 
que en las Gacetas y Mercurio* 
posiciones capciosas 1 equívocas, escandalosa? 
presivas de la auho i. ificia y e 
disimuladas con máxi trarias ala religión 
y A el Estado, con noticias en parte falsas y L 
rarias ; y que aunque se ha prohibido por la luqui< 
i uno de estos M corren librci. 
v algunos papeles públicos qu n no- 
lucbo ascaí jurio- 

tibles 
a otras religiones. 

Propone que aunque b< 
ás sirven de ruin 
más qw» de su número y riquezas, de ta 
humana; y que el modo de reprimir los alm 

n os y ; 

Atribuye las desgrana .]* E 

- 

que el 
dad de 

po loa tila, 

aérda á el 

tiene ta pragí Enero 

da 17* la§! en qw 

iba unac" 
no solo la 
sino que la tn.i 

■ 

io valerse 

piedad <1< I Rey que se di 

u d* Gacft jWos, 

O á el reverendo Obiapo I 
ado lae especies, que el que ae 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



recogió, fué detenido de orden do su majestad, cuya 
religión y piedad hizo la demostración de mudar 
de traductor, suspendiendo la pensión que gozaba 
el que acaso inocentemente redujo á nuestro idio- 
ma el Mercurio de la Haya. 

Ésta es la conducta de nuestro monarca y su go- 
bierno por el descuido con que so tradujeron las 
controversias que saben todos hubo entre el santo 
papa Gregorio VII y el emperador Enrique III, 
acerca de puntos que sin duda herian la potestad 
temporal. Así se maneja el religiosísimo Carlos III, 
para evitar toda censura y aun la menor sombra do 
tibieza hacia el respeto de los papas en materias en 
que puedo interesarse la soberanía. 

Las demás proposiciones de Gacetas y Mercurio*, 
y algunos papeles públicos que generalmente cita 
y censura el reverendo Obispo, no se pueden exa- 
minar sin señalarse específicamente. Las noticias 
históricas, como sean de hechos públicos, instruyen 
é interesan á todos los hombres, y con su narración 
no se puede causar injuria á nadie. 

La historia del Evangelio y de la Iglesia, no sólo 
es historia de las virtudes y de los progresos de la 
religión, sino de las caídas de los mayores santos f 
de las herejías y de los desórdenes en todos los es- 
tados. El escándalo nace muchas veces en el cora- 
zón de los que leen , sin culpa de los que escriben. 

Lo que conviene es, que las noticias públicas so 
divulguen sin falsedad y sin sátira; y en esto bien 
se ve y es notorio que el Gobierno va tomando todas 
las precauciones. ¡ Ojalá que los papeles sediciosos, 
coplas y otras declamaciones contra el Gobierno , 
aun desde puestos muy sagrados, se hubiesen con- 
tenido por los que deben tener delante de sí el es- 
píritu de subordinación y caridad que manda nues- 
tra santísima religión, y que se halla tan recomen- 
dado en los libros canónicos y en los santos doc- 
tores de la Iglesia ! 

Bien reconoce el reverendo Obispo que hay ecle- 
siásticos que más sirven de ruina que de edifica- 
ción. No es de extrañar, porque en todos tiempos 
ha sucedido lo mismo, sin que, por tanto, deje de 
merecer toda nuestra veneración la dignidad de su 
estado y la vida ejemplar de muchos que han ilus- 
trado la Iglesia y la nación. 

Pero si el reverendo Obispo atribuye con razón 
á la fragilidad humana las faltas do algunos indi- 
viduos del clero, ¿por quú no imputará á el mismo 
principio los desórdenes del estado secular? ¿Acaso 
para que haya excesos y desórdenes es preciso que 
exista un principio de persecución hacia los ecle- 
siásticos ? ¿ Ni será imperfección del Gobierno la 
conducta reprensible de uno ú otro ministro in- 
ferior ? 

Si el reverendo Obispo cree renovar la disciplina 
con los sínodos, debe esforzarse á promoverlos por 
si y con sus hermanos en el ministerio pastoral. El 
santo concilio de Trento previene el modo y tiem- 



po de celebrarse, y los señores reyes de España lt 
han acordado su protección y decretado la obser- 
vancia. 

Bajo de este supuesto, estima el Fiscal que en 
este punto puede su majestad desde luego excitar 
la celebración de sínodos, en conformidad de lo 
dispuesto por el santo concilio ; pero será justo que 
los prelados escuchen las insinuaciones del Prín- 
cipe, y que su real autoridad intervenga por loe 
medios corespondientes para proteger la tranquili- 
dad de estas asambleas y evitar inconveniente! ; 
siguiendo el ejemplo de lo que practicaron siempí» 
los sínodos ecuménicos, y los nacionales y provin- 
ciales de España, en cuya convocación y decisio- 
nes tuvieron tanta parte los gloriosos reyes deesti 
monarquía, como consta de sus actas y contextos. 

Las desgracias de España en estos afios, quee! 
reverendo Obispo atribuye á los arbitrios buscado* 
por los fiscales para gravar al clero, proceden sin 
duda de causas muy distintas. Ta se ha visto que 
los fiscales no han buscado tales arbitrios, ni re- 
sulta que se haya impuesto á el clero gravamen 
nuevo alguno. 

Las gracias de excusado y novales, y sos última* 
prorogaciones, pactos del concordato y reglas de 
su ejecución , son muy anteriores á el amable go- 
bierno de nuestro monarca actual. 

La ley de amortización estuvo en uso en tiempo 
de san Fernando, como lo da por constante el auto 
acordado ; y el mismo reverendo Obispo reconoce y 
pondera las felicidades temporales de la monarquii 
en tiempo do aquel glorioso principe. 

La presentación, de las bulas de Roma para sn 
reconocimiento, que también nota el reverendo 
Obispo, se decretó en España en el felicísimo rei- 
nado de los señores Reyes Católicos, sin que por 
esto dejasen de ser los restauradores de la nación 
y de su gloria. 

Es de notar cuál fue el motivo de aquella reso- 
lución, quién la promovió y por quién se decretó. 

El motivo fué haber obtenido bula nn canónigo 
de Avila para que te le hiciese presente en las ho- 
ras canónicas, ganando las distribuciones en ausen- 
cia. Compárese esta causal con la grandeza y gra- 
vedad de las que tuvo nuestro Rey , y representó 
el Consejo casi con uniformidad sustancial , en la 
consulta que precedió á la última pragmática. 

Quien excitó aquella resolución antigua fué el 
cardenal fray Francisco Jiménez de Cisneros, el 
mayor y más excelente varón qne ha conocido el 
ministerio de los príncipes ; dechado de religiosos, 
de prelados y de ministros. 

« Opúsose Jiménez (así lo cuenta Albar Gomes, 
ilustre historiador de aquel cardenal y honor del 
colegio de Alcalá) á la ejecución de la bula, y es- 
cribió á el Rey los inconvenientes que habían do 
provenir de ella si con tiempo no se precavían. 
Entonces, pues, se expidieron letras regias, en que 



BXPEDIENTI HEL 

- 

Quien decretó ratas próvida 

el mus afortunado, mas reli- 
gioso aI qua lian conocido i 
oh o a ligli 

^a, A vista de tales ejemplos, ques< 
al Rey lo que contiene la pragmática 

la repri ib ofrecería 

ocursos si las soberanas luces del Rey y 

I 1m \ ista «i espejad a de los* que BOU verdaderamente 
sabios, fieles y 

La pragmática no se revocó, ni cualquiera equi- 
en tal destruye la bondad sust 
de su decisión. Mucho convendría que su majestad 
declarase sns intenciones en 

digno ofn es uno de los 

más i la disciplina eclesiástica, su 

1 estado temporal» 
Asi que, no parece conducente la especie qn 
pone el reverendo Obispo sobre la cobranza i 
luill.'iiftgsin bula , que practicó el señor Felipe IV, 
yl»n -dida por la sai 

i ano VI II. A a*f« becho se daria toda la ea- 

aria, sí fuese del pie ya 

la dieron en mi m ministros del 

jo de Hacie-nd I dres de Riafio J 

Antonio de Castro, con fundauientt>B que i 
poca respuesta. 

i sino os también incondu 
man i Gesto por la inmunidad »n leHÍástica,que 
cotí * able prelad 

Juan do Palaf< m au hace i 

ropre 

no lia cobrado m» 

lI.-i puedan oonducii 
sea para li IgttO rapw 

ofttsqi 

oí;» oVp<<n 

nunca bu 

á las i 

r lósala nación 

i los 

1 is, La faJ 

. . l.i *uho 
«Icasiigodc rúalos miuiotror 



»t? ,'ie en paz y guerra prospere 

ufa, 

si resulta de t< 
piejo de las quejas o 

re&entocion* Resta igualment 
¡es haber proced 
la en su 
se valió para extender la represen* 
u, ba producido loe m ©a* 

> ros y atropellada en su i 

sobre he 
m y casi inauditos? 
i iíi- exclama 
que en estos anos podían haber resucita 

i octanos, 1 Ion Wi: 

eirse mas de 
torra, ni de otros gobiernos, que llenar 
colmo de la impiedad ? 

Sin embargo, se acaba de ver ¡\\¡ 

altad, aui Leu las bulas a 

para administrar la g *d¡da 

[Uena recompensado tnuuri 

- Iglesia roí 
juntas 

tros y personas i do re- 

i.l uisnoi i 
Porqi 

!■• la ¡raai 
loa que han qu< 

EtCÍB. 

Porqm la piedad 

■'■«SU* 

actual arrcndnuii 

[ü cfitla at tas Otante 









40 



porque un concordato hecho con la Santa Sede 
en 1737, y deseado ejecutar por los señores reyes 
Felipe V y Fernando VI , de cnya orden se forma- 
ron instrucciones , se ha intentado llevar á efecto 
con algún vigor, aunque no han bastado esfuerzos 
para conseguirlo, cabalmente después de treinta 
afios. 

Porque so ha mandado examinar á el Consejo 
Supremo de estos reinos si era conveniente y justa 
la ley impeditiva de la amortización, sin que hasta 
ahora lo haya resuelto su majestad, por mas que 
cada día se vea en el mismo Consejo que no cesan 
los recursos y las quejas de adquisiciones de ma- 
nos muertas. 

La Iglesia está ultrajada en sus ministros, porque 
se incluyó en los sorteos de una quinta á un músico 
y dos monaguillos, y porque se puso en prisión á 
un tonsurado travieso y díscolo, que más que pro- 
bablemente no debia gozar del privilegio del fue- 
ro, conforme á el santo concilio de Trento. 

Porque unos alcaldes incluyeron , con ignoran- 
cia , los bienes de algunos clérigos en las contri- 
buciones del concordato, y el Consejo de Hacienda 
lo mandó reformar. 

Está ía Iglesia atropellada en tu inmunidad, por- 
que se han sacado un desertor y otro «reo de los 
templos, con anuencia del cura , que dijo no gozar 
de inmunidad. 

Porque en las gravísimas calamidades que ha 
padecido el reino en la repetición de afios estéri- 
les, ha obligado la necesidad, ó el concepto ó fija 
persuasión de ella, á buscar el auxilio de granos de 
los eclesiásticos y de sus caballerías para las con- 
ducciones. 

Porque á este fin se dio una orden, que logró sus- 
pender el reverendo Obispo, reformándose después 
en los recursos del reino de Valencia. 

Y finalmente, porque una ú otra justicia, ú por 
ignorancia, ó por estrechez, ó por malicia, no haya 
observado todas las formalidades, ó haya cometido 
algún desorden imposible de precaver absoluta- 
mente mientras que hubiere mundo. 

¿No es esto lo que resulta del expediente regis- 
trado con tranquilidad de ánimo y sin preocupa- 
ción? Pues ¿dónde están los saqueos , los ultrajes y 
loa atropellamientos que se exageran? ¿Dónde las 
nuevas imposiciones y los arbitrios inventados por 
los fiscales para gravar al clero? Ni ¿en qué se 
fundan loa vaticinios de las desgracias de España 
y su ruina? 

¿Son éstos los motivos por que debia negarse la 
absolución á el Bey, según lo que manifiesta la 
carta del reverendo Obispo á el padre confesor ? 
¿Son todas éstas las pruebas de que el Rey ha es- 
tado en tinieblas y con los oidos tapados á pie- 
dra y lodo? ¿Y es por esto por lo que se dice que 
■u majestad ha estado en peor situación que el im- 
ito rey Achab? ¿ Asi se trata á un monarca justo, 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 

religioso y piadosísimo? ¿Qué es lo que el Rey no 
ha mandado examinar escrupulosamente , ni lo que 
se ha ocultado á su soberanía ? 

¿ Son éstos también los motivos por que se ha he- 
cho el nombre del padre confesor mas aborrecible 
que el de Squilace, como se explica el reverendo 
Obispo? ¿Será porque en el excusado estuvo el pa- 
dre confesor haciendo oficios, no sólo de protector, 
sino de agente de las iglesias para que se concor- 
dasen , como resulta de los menudos pasajes qne 
refiere el informe hecho á los fiscales por uno de 
los doctorales de Toledo? 

¿ Será porque el padre confesor dio su dictamen 
para libertar de las conducciones de granos á lot 
eclesiásticos del reino de Valencia, contra la con- 
sulta del Consejo de Hacienda, fundada en aque- 
llos fueros? 

Pero, sea como quiera, ya el Rey vio aquella 
carta escrita á el padre confesor, que tuvo la for- 
taleza nada común de presentársela. Ta el Rey, no 
sólo toleró sus expresiones, sino que, inflamado m 
real corazón del amor y rendimiento que profesa á 
la Iglesia y sus sagrados derechos , escribió á el 
reverendo Obispo para que libremente y con santa 
ingenuidad explicase los agravios , las faltas de 
piedad y religión, y los perjuicios que bu gobierno 
hubiese causado á la Iglesia. 

Esta carta de Carlos III el Piadoso será á todoi 
los siglos el monumento más auténtico de bu gran- 
deza de alma, del amor á sus vasallos y de sus rea- 
les y excelsas virtudes. 

No sólo lleva á bien el mayor rey de la tierra 
que un vasallo le reconvenga con los desaciertos y 
desgracias que atribuye á su gobierno, sino que se 
franquea á escucharle más y más todo lo que le 
diga libremente , descubriéndole la inimitable dis- 
posición de sus piadosísimas intenciones 

« Os aseguro ( dice con palabras de oro nuestro 
amabilísimo Rey) que todas las desgracias del mun- 
do que pudieran sucederme serian menos sensibles 
á mi corazón que la infelicidad de mis vasallos, que 
Dios me ha encomendado, á quienes amo como á 
hijos, y nada anhelo con mayor ansia que su bien, 
alivio y consuelo ; pero sobre todo, lo que más me 
aflige es, que digáis á mi confesor que en mis ca- 
tólicos dominios padece persecución la Iglesia, sa- 
queada en sus bienes , ultrajada en sus ministros y 
atropellada en su inmunidad. Me precio de hijo 
primogénito de tan santa y buena madre. De nin- 
gún timbre hago más gloría que do Católico. Estoy 
pronto á derramar la sangre de mis venas por man- 
tenerlo.* 

No se puede proseguir sin lágrimas la narración 
de un papel que hará siempre el honor y la gloria 
del mejor de los reyes. 

¿ Podría esperarse, á vista de tan singular demos- 
tración, que se abusase de la confianza y bondad 
del Soberano? ¿Que no sólo se diese el informe coa 



EXPEDIENTE DEL 
Ignal dureza que !a primera carta , i diese 

el mundo unas Ifc- 
preaí'ti que culpan y acriminan con tanto 

ardor 

La publicidad de estos papeles es un hecho no- 
torio. El Fiscal tiene entendido que se han 

1 a Roma , y no será extraño que tam- 
bién hayan pasado á otras cor 

¿Qti tro gobierno los in- 

cautos los ignorante*, los mal intencionados, cuan- 
do vean hablar á un obispo español, de bastante 
opinión , en el tono que manifiestan sus represen- 
taciones y cartas? 

¿ Era éste el » «atisfecion que el reve- 

an do Obispo proponía en bu representación y que 
peraba de las perdonas de su confianza? 
Apenas se harían rreiblea al Fiscal que re-i 
s, estos he» indo lo* ha sabido y toe 

Pero ello es que la experieocia ha enseñado al que 
responde, que sea como fuere, se ha faltado a la 
confianza del Pj me en tiempos peligrosos 

y turbulentos se han divulgado unos papel e 
solo podían servir de encender el fuego de una so- 

i t si los vasallos del Rey n<> 
experimentados y no fuesen tan amanta de su dul- 
ce y suave gobierno ; que en 1 tijeras 

Be han leído estas declamaciones contra el gobierno 
español, y que tal vez se hará prenda de sus ex- 
presiones, por más que ee hayan fundado en hechos 
vocadoa. 
Todo esto clama por una satisfacion pública. Un 
santo arzobispo de Lima, que tuvo la facilidad de 
escribir á Roma sin bastaute examen, que tomaban 
posesión de Indias antea de llegar las bulas ; que 
le impedia visitar los hospitales y fábricas, y 
que no tenía de donde sustentar el colegio semi- 
¡ido y reprendido severamente 
\cuerdo de la real Audiencia, de orden de Fe- 
lipe II el Prudente. 

Son dignas de copiarse las palabras de la real 
iota de aquel monarca, expedida en 29 de Mayo 
do 1 693, dirigida al Virey del Perú. 

oPara corrección (así dice) del Arzobispo y ejem- 
plo á lo» otros prela< I que sepa y 
.■da l * figura con que se ha tomado su deter- 
minación , le enviaréis á llamar al Acuerdo, y i 
éencia de la Audiencia y ene ministro*, le da 
entender cuan indigna cosa ha sido tí su estado y 

feoioo haber escrito á Roma cosas sei 
Y entendido todo esto, le diréis asimismo que sí 
bien ee verdad que fuera mdalle llamar á 

ni corte para que se tratara de este negocio más de 
propósito, é se hiciera en el caso nna gran de 
tfacion , cual la pide su exce*< 
quo su iglesia y ovejos podrán «entir en tan larga 
le su prelado, S debe eent I 

[Ui su mal haya obligado á satisfa- 

cer en Roma, con tanta mengua de su autoridad é 



OBISPO DB CUEN<" 4t 

nota en la elección qn persona. p\ 

se deja ent< ¡ar He 

rta.y tito en quien ha reciba 
honra*,* 
Ofro obispo m refiéreos! v sin 

rgo de que elogia, con razón, las emir 
lee del arzobispo reprendido, confiesa •■, 
pa de habrr engrifó antes de trncr bat 
la de la materia, en que padeció muchas 
vocaciones. 

No encuentra el Fiscal comparación entre aquel 
easo y la gravedad del actual. Por lo misnv 
ñas halla demostración adaptable á las circuns- 
tancias. 

Sin embargo , la piedad del Rey, mayor de lo 
que puede ponderarse,y la dignidad del Úbiflp 
ducen al Fiscal á pedir que el Consejo consulte a 
su majestad que este prelado debe dar una satis- 
f ación pública, señalándola tal, que pueda preca- 
ver y reparar las conser 

En lo demás respectivo á los puntos que contie- 
ne la representación del reverendo Obispo, deja el 
Fiscal expuesto separadamente en cada uno < 
támen que ha formado, y lo que se puede resolver* 
y así podrá el Consejo consultarlo, 6 como tuviera 
por más justo. Madrid, 12 de Abril de 1767. 

Alegación del fecal don Pedro Rodrigue» 
Campománes, 

El fiacal de lo civil, don Pedro Rodríguez Cam- 
pománes, ha reconocido eBte expediente ínformati» 
vo, remitido al Consejo, en real orden de 10 de Ju- 
nio del ano pasado, para que sobre el contenido de 

presentaciones del reverendo obisp 
ca, don Isidro de Carvajal y Lancáster, OO&fn 
su majestad lo qne se le ofreciere y pareciere ; y 
dice que pasado á los fiscales, pidieron, en su res- 
puesta de 19 de Noviembre, las diligencias que 
consideraron oportunas para la debida instru 
que con efecto se han ido poniendo sucesivamente 
en dicho expediente, cumpliendo con el encargo 
que su majestad hace al Consejo de su deto 

■ lo fiscal un no- 
do tanta gravedad y consecuencias para lo 
venidero, y de que no hay ejemplar, atendidas tas 
rircimstancias. El por si solo suministra un concep- 
to cabal, ó sea retrato, del abatimiento en que se 
tenia á la sazón á la autoridad civil, y del riesgo á 
que ha estado expuesta , si la Providencia hubiese 
abandonado la nación , y no hubiese en ella varo- 
nes fuertes y un rey magnánimo é ilustrado. 

has son las especies que comprenden las Te- 
ntaciones del reverendo Obispo, de 15 de 
y 23 de Mayo del aflo pav no se har 

go de ellas el señor fiscal i nnal, don Josef 

M ontno, ee dispensará el Fiscal que responde, de 
repetirla* en lo que no eea muy preciso, y en lodo 



42 



EL CONDE DE FLOMDABLANCA. 



«aso se refiere al tenor mismo de las representacio- 
nes, que deben leerse á la letra en el Consejo, y á 
cnanto fundadamente expone su compañero, con la 
claridad y orden que lo son tan familiares. 

Todos los vasallos de su majestad tienen la noción 
popular de representar al trono cuanto crean con- 
ducente al bien de la patria, á la recta administra- 
ción de la justicia y á promover la felicidad públi- 
ca, procediendo con la sinceridad, verdad, mode- 
ración y oportunidad que exige el Príncipe sobera- 
no, á quien el señor don AlonRO el Sabio, en sus le- 
yes de Partida, llama Vicario de Dios en lo tempo- 
ral ; pues por su divina disposición reina, gobierna 
á los pueblos, y tiene á su cargo la protección de la 
Iglesia y de sus ministros, para que se arreglen á 
la sana disciplina, no debiendo responder en la 
tierra á potestad alguna de su conducta como rey. 

La sinceridad debe consistir en que los fines de 
las representaciones no conspiren á bacer tal vez 
odiosa, con pretexto de celo, la autoridad pública 
de los que gobiernan ; porque, á la verdad, si Re der- 
raman en el pueblo, y se remiten fuera del reino 
tales representaciones, como ha sucedido con las 
del reverendo Obispo de Cuenca, más bien se pue- 
de decir que el objeto de escribirlas se encamina á 
desacreditar al Soberano y bu ministerio, que á avi- 
sarle desús pretendidos defectos. 

Aun entre particulares aconsejan las divinas le- 
tras, y aun la buena crianza, se proceda por amo- 
nestación y corrección fraterna, quedando ésta re- 
servada cutre los labios del que pronuncia y los 
oidos del que la escucha; porque, si en lugar de 
guardarla en secreto, la propala el que amonesta, se 
infiere con claridad que el objeto es el descrédito 
del prójimo con apariencias de aviso y de exhor- 
tación. 

No ignora el reverendo Obispo que sus papeles 
se han confiado á personas particulares, que se han 
sacado copias de ellos, y que entre otros parajes se 
han remitido á Roma. El Gobierno tiene pruebas 
en mano de esta verdad , de que es fiVI depositario 
el sefliu 1 Presidente del Consejo; y aunque el Fis- 
cal hubiera podido hacerlo constar plenamente, lo 
ha suspendido por no implicar á muchos, reserván- 
dose en ceta parte al Ministerio el uso que «ron- 
venga hacer de dichas pruebas. 

¿Qué podía producir este cíñanlo de agravios 
que pretende <1 reverendo Obispo de Cuenca pade- 
ce el estado eclesiástico en España, divulgándose 
en el reino, sino presentar en el aspecto más horri- 
ble á la sagrada persona de su majestad, suponien- 
do á un rey tan penetrante, falto de discernimien- 
to, motejando á su confesor en la parte más sensi- 
ble de su encargo, y á los ministros de justicia y 
gobierno como violadores del santuario, en un 
tiempo en que los jesuíta* estaban divulgando 
por el reino una infinidad de impresos anónimos y 
especies que consternaban la piedad de la nación, 



abusando de ella los incendiarios, qae escribía r 
divulgaban estas detestables producciones, con; 
instrumento de unas miras bien ajenas de la risee 
ridad del sacerdooio? 

Que en cada caso representase el reverendo Obis- 
po lo que creyese ser conveniente respecto al den 
de su diócesis, hubiera sido santo, bueno y coon- 
nicntc ; porque encontraría , 6 resolución adecosb 
á sus instancias, si ollas lo eran en sf mismas, ¿ni 
prueba, en las repulsas, de no haber sido steadfr 
ni escuchado de aquellos tribunales y ministros .i 
quienes correspondía proveer sobre los tales retir- 
ros , y con justificación podia quejarse al Rey di h 
omisión do cualquier ministro, sin salir de 1m li- 
mites de sus instancias, 6 de los hechos qae tiró- 
se bien averiguados por conductos no viciado! 

Pero excitar voluntariamente una declamad» 
general , nada monos que desde el gozoso adveni- 
miento del Rey al trono, impugnando cuantas pro- 
videncias ha tomado el Gobierno desde entfara. 
pintándolas con los colores más negros, no iaenm- 
bicndole en mucha parte directa ni infractamente 
su inspección, ¿qué otro efecto podia esperar el re- 
verendo Obispo de su publicación , sino oonsterur 
los ánimos, hacer aborrecible la autoridad real. y 
comprometer la curia romana con el Gobierno, me- 
diante las especies alteradas que habrá leído es 1» 
cariase informes dol Obispo? ¿cómo podría su San- 
tidad oír sin amargura especies tan congojosa*, li 
fuesen verdaderas? 

El Fiscal , por más reflexiones que haga á fsrar 
del reverendo Obispo, no puede persuadirse qussfi 
sincera su conducta, ni ajustada á los preceptos del 
Evangelio, que enseña á respetar al César, ni á lm 
del Decálogo, que encargan mucho se absténganlos 
fieles de manchar la honra do sus prójimos, tratán- 
doles como quisieran ser tratados de ellos. 

¿Tendría por sincera el reverendo Obispo ana 
representación al Gobierno de un eclesiástico, y 
mucho menos de un seglar, que, sin haber explica- 
do se antes con aquel preladc. sindicase toda h 
conducta desde que entró en el obispado de Cuen- 
ca , atribuyendo á poca atención suya los defecto* 
del clero, y le arguyese de tenerlo tiranizado, por 
dejarse llevar do sus provisores, secretarios, abo- 
gados de cámara y condiscípulos? 

Aun cuando esto fuese probable, tendría motrro 
el reverendo Obispo para decir que una semejante 
declamación se debía tratar como libelo famoso, y 
castigar severamente á su autor con las penas qne 
las leyes tienen establecidas contra los calumnian- 
tes é impostores, porque le infamaba á él y á aussa- 
balternos, haciéndole despreciable delante 'de tos 
parroquianos. En buena fe, que no miraría como 
sincera y dictada por un verdadero celo semejante 
delación, aun cuando en los hechos hubiese síga- 
nos ciertos. Hasta un san Pablo estimaba en tanto 
la honra, que la prefería ala vida, y aunque santo, 



iba. 

v y el ini- 
08 A la cen- 
sura j imirdesuoo 

halla 
xtravio de 

alentó* ? 

endo 

pasen 

pasado, n 
\h\\\\ agregado de p 

so verá, por por«onas do limitada instruc- 
de ana a^ al Go- 

aicn haya reflexionado en muchas especies de 
lot tumultos de] 

1 acesia* liciones, creerá con ver- 

dad aa ¡amo, y encaminarse a la mutación 

y trastorno del Gobierno. Por desgracia, se estaba 
acá la primera carta de lf> de 
Abril do 1766, dirigida al padr< 

*sy llamas dal notó i Lod, Igua- 

• iras y alteración de especies advi.- 
Fiscal en boca de loe as n loa cartas 

'i iepo, í igual familiaridad on \ 
porque, i la verdad, . tran* 

ince al 
en dicha carta de 15 de 
■> firme las siguientes palabra 

de mii$ 

¿Qn lecir la paradoja qu 

carde lio, suponiendo a* Rey como BU 

•isra, y al j fesor, qim Ir* absolvía no obs- 

tautr ? Como si 

La táWta iipol .R de Ia < 

paf&ts, quej 

out-rorias, qu« Ilarui dé la /. ■ 

itt najastAn tanto aspiraban aqi 

m universal predomi- 
tdéñtíoas las vo- 
la carta ti la? que 
i y leían cu I as sátiras mi - 
aparoidason toda la a, has- 
ta qiu 

dicho pteladoi 

k| ¡araalítas, di Uparte de aftie- 
Obispo, amiqi; EM en el 



43 

!a de las i 

ida en sus 
tos y atropellada en su inmi: roen 

y sin ella 
l 

"xecrable 

mita el ato ígosde 1« 

Iglesia,!) 

Explica i 24 de Mayo, al 

libremente lo 
noticias i 

SOS á la Santa Sede y al 

iplinn 
eclesiástica resultasen elr< 

La manifestación di 
sentid- Fiscal 

de lo criminal, 
paos*! 
loados 

me* con que al 
ron de su credulidad los colaterales que le w 
Seos© uno 6 otro, si ahora se d 
lo al Obispo el 

iba san 
Pablo, con el fin de que ningv 
di h>s apóstoles ignora cuál del 

naííiiades, IJn- 

oon todo i 

esgrimidlo voluntariamente, lia dorda 
.r.in.» y de los personas de su 
mas íntima confianza. 

El Fiscal se ni I i ente 

a loa bachos que resulten proba atando 

dabra; ama ll ¡dad, y 

por asa rudas, ex- 

tentar .. 
tes no futí 

llevaron u pluma del raí 

de am me de 2S da 

Mayo, sin probar el asunto de que se había I 

el padre c 

to ara 

cierta i no se admira 

tío se d ino de la vab 

radoja 

al 1¡< r 

• 

al gobierno ; asi, tas primero* jou la 

carta 

"Ha e« al I I lodo el r 

la murmuración excitada con estas cartas del Ubis 



41 



EL CONDE DE FLORIDABLAXCA. 



po de f'nenca. y la* mala* impresiones quede ellas 
** qignier'in, así por la facilidad que hay en creer 
lo que se dice contra los que tienen la confianza del 
Rey , pues aun Ion que obran muy bien no agra- 
dan á todos, romo porqno el carácter de un prelado, 
el distinguido nacimiento del de Cuenca y la fama 
de mi virtud eran motivo» todo* para creer que sus 
representaciones estuviesen llenan de avisos salu- 
dables y agravios ciertos, no pudicndo creerse ni 
eaher en mente alguna que sin un gravísimo mo- 
tivo se acercase al trono á declarar la guerra abier- 
tamente a todo el Gobierno, con la satisfacion de 
pintarlos á todos engañados, profanadores del san- 
tnario y autores do proyectos contrarios al público 
beneficio; en una palabra, como enemigos de Dios 
y de los hombres. 

Hubiera en mucha parte el reverendo Obispo evi- 
tado el mal paso en quo le puso la fuerza de sume- 
lanc/ílica imaginación , haciéndose instruir con más 
tiempo y exactitud do los hechos , aconsejándose 
ron personas sanas y sabias más afectas á los dere- 
chos de la soberanía, los cuales so tratan con muy 
poro decoro en estns cartas, y no so ven pruebas que 
disculpen un método tan contrario á la subordina- 
ción quo so debo á la autoridad pública y á la mo- 
deración y urbanidad con quo conviene tratar los 
negocios, Aun entre personas do condición inferior. 
Donde resido la ira y la aversión, es incompatible 
lasinccridad ni la moderación. Reprima sus invecti- 
vas el Obispo, vuelva á releer con m.'ís serenidad 
sus cartas, y él mismo conocerá á qué oxcosos no 
conduce la preocupación on estas materias. ¿Quiero 
lineemos persuadir que para sor un prelado digno 
sea medio insultar con avilantez á los quo gobier- 
nan? Fácil sería desempeñar un puesto cuya prenda 
relevante consistiese en lisonjear su amor propio. 

La oportunidad on que esto se divulgó no podía 
sor peor. El pueblo se hallaba conmovido cu muchas 
partos , y no era la ciudad do Cuenca la man quieta. 
Allí pudo el reverendo Obispo haber empleado toda 
la vehemencia desús discursos para contener aque- 
llos miserables plebeyos que gritaron en el tumulto, 
maltrataron injustamente las casas del depositario 
del pósito, don Podro do la ITtrucla. y so atrajeron 
el castigo ejecutado en las cabeza» do motín, ron- 
forme á la templada ejecutoria del Consejo, pro- 
nunciada en aquella causa, obligando a los jueces 
á que diesen los abastos á un vil precio, con perdi- 
da inmensa de lo» caudales comunes. 

Entonce» sí que un prelado celoso, dejándose ver 
en *1 público, podia proteger al pueblo inocente 
contra los tumultuantes fanático», que habían pues • 
toen estado de ludibrio y escarnio las justicia* 
que on nombre del Itev regían aquella ciudad. 
obligándolas á su antojo á cuanto mi capricho les 
dictaba. Nada de esto se vio en el discurso de aquel 
motín, cuyos sucesos constan menudamente al Con- 
sejo. 



Todos los esfuerzos del reverendo Obispo se en- 
caminaron en aquella coyuntura á solicitar el in- 
dulto de los amotinados, conspirando su tribunal 
eclesiástico á la impunidad por medio de una in- 
munidad fría y figurada á favor de uno de los prin- 
cipales reos visibles, que conmovieron á los denm 

¿ Qué mucho que en aquella cindad se maltrata- 
se tanto la justicia y el respeto á la soberanía, á 
vista de una indisposición tan declarada contra lu 
regalías de la corona y subordinación al ministe- 
rio, cual se lee en las cartas del Obispo de Cuenca? 
Cuando se han atrevido los que han dirigido estas 
cartas á escribirlas tan sin miramiento alguno, 
¿cuáles serian sus expresiones de palabra? De ella» 
pudiera el Fiscal producir en el Consejo indubita- 
bles pruebas, si la materia lo necesitase, y no laa 
hubiese tan abundantes en el expediente para lo 
que es del caso, y su majestad lo remite al Consejo, 
prescindiendo de estar su examen separado de esta 
expediente. 

Bajo de estas cuatro preliminares consideracio- 
nes, se hará menudamente cargo el Fiscal de las 
dos cartas del Obispo de Cuenca; y viniendo á la pri- 
mera, que es la que en 15 de Abril escribió al pa- 
dre confesor de su majestad, fray Joaquin de Osma, 
la considera el Fiscal como un mero tejido de ca- 
lumnias, con una ilación tan inverosímil como 
querer hacer al confesor responsable de los asuntos 
de gobierno, que aun cuando hubiese ido tan mal 
como el Obispo se figura, ya so conoce que el con- 
fesor de su majestad no es responsable, porque nin- 
gún ministerio público está anejo á su encargo, y 
sería más loable su moderación en dejar correr loa 
negocios por sus conductores naturales. En sustan- 
cia, la carta se reduce á hacerle culpado de defectos 
ajenos, contra la rúbrica del derecho, que exime en 
cosas personales aun al mismo padre de la respon- 
eion por su hijo, ó al contrario. 

Es, en una palabra, el argumento de la carta 
igual á si el Fiscal intentase hacer responsable del 
crimen que resulta de su formación contra el Obis- 
po, al confesor, con quien desahoga su conciencia 
dicho prelado. El ministerio del fuero penitencial 
nada tiene de común con el gobierno temporal, sino 
con aquellos que á título de devotos quieren mez- 
clarse en todo, como hicieron algunos confesores, 
d*^ que dista mucho la moderación del actual y de 
su predecesor el padre Bol arios. Es una justicia que 
el Fiscal no les puede rehusar. 

Al confesor de su majestad no basta la clandes- 
tina delación 6* queja del Obispo de Cuenca ni de 
■ •tro. para impresionar el ánimo de su majestad 
contra los ministros y tribunales ordinarios, por 
donde corre el despacho de los públicos negocios. 
Esc seria un método detener vacílame el Gobierno, 
y en desasosiego las personas más respetables del 
Estado. ; Quién estaría seguro de sensaciones dic- 
tadas por la envidia 6 la venganza, dando fe á de- 



EXPEDrENTí 
lociones áo esta esp< lo las leyes pr< i 

en casos menores t> tlosam&Bt 

hecha la delación por par 
competente, no la admiten sin fianza da cal 
y previa justificación de los cargos á 00 
iator? 

Aun £-1 mismo Dios, que sabia el delito de Adán, 
Je litao cargo para oir sus defensas. Buen ejemplo 
de este in 

Obispo de Cuenca con el cara de Vara de I 
Sisante, al cual delató por la primera secretaria de 
Estado, implorando el auxilio de su majestad 
la extremidad de ponerlo en el presidio de I 
sin otros fundamentos que aquellos que le influ- 
yeron personas cercanas y familiares suyas , con 
deseo tal vez. departe de los instigada 
cer recaer en alguno de ellos este curato, por su 
gran valor. 

La falsedad de esta delación la ha conocido su 

(ad, la ha toca ¡arado 

io de AlcaM en < >rio juicio, 

y la l la sala Beguoda de 

mo del Consejo, donde se trajo reciente] 
el negocio por recorto de ft» 
sala entera, con asistencia del Fiscal v 
notorio por sus circ - 

prendo Chispo le u para des< 

más de sus colaterales y paniagufl 

De esta misma naturaleza son otras tt 
dones hechas á nombre del r 
Cuenca contra toda especie de personas de bu dió- 
cesis, en las cuales, i tuidu la via rea 
da, ha sido preciso reformar las penas impuestas á 
solicitud del Chispo, sin audiencia y sin 
que hay ejemplares en la secretaria de la pr* 
cia del ae ha corregido la vi 

1 Gobierno actual, para impedir por tales me- 
' id extorsiones de los puet! 

la que los eciesiásti< peíanles habian 

tomad i» el l delatare*, reproba: 

1í*s leyes, ni que se me/ al gobierno po- 

, solicitando los eol I la erección de 

¡tai mayores en varios pueblos de la di 
de Cuenca, en odio de loa alcaldes ordinarios, que 
lee pedían las contribuciones debidas, a con** 
cía «J lato de 1737? 

Estas instancias sobre erección de alcaldes ma- 
yores, ron al Consejo y m 
ron 00 ¡a del Fiscal que responde, 
ver la altura y predominio con que en Cuenca y su 
diócesis turbaba el clero todo i >, abu* 
sondo de la confianza y poder que el rev 
Obispo tenia en la corto con varias personas, que 

i ¿iban sus planes é ínforn 

¡cia do lo mucho que abusaban sus pan- 
dos del reverendo Obispo, acalorándole en estos 
lió animo para precipitarle en ésta, 
contra su propio decoro. 



01 002» 
Po? grande qu« osa el celo de este 6 de otropre- 
de apartarse de dos prii 
sus n -| , que son: la ¡ndub 

¡ue las forma, y loco 
por no turbar i 
[o carta al padre confesor 
Abril, sus pronóét icos, ya empezados ¿ cumplir, se- 
lii e, aludiendo, al parecer, á ti os pa- 

, y por la de pronos- 

t rii, intstancia de aprobar las pondera- 
das quejan de loi que piid ¡ iir en tan extra- 
ños desacat una recomendación pai i 
garla i hoce este prclod 
los vaticinios de tumultos se han reputado hasta 
ahora entre las acciones heroicas di tos. 

i ne expone en la mi a con* 

\ 
uno se dirá en su lugar, y m hace una 
i a á su majestad, que, á con- 
Cousej istade lo que expuso el Fiscal, re- 

medió todos estos desórdenes, un la real 

pragmática de 11 de Jnlíi 

con lo provisión acordada de 30 de Octubre del 
mismo año, que les puso termino final. 

El Consejo , entre otras noticias, jodio Informe 
tenca por qué los pueblos 
ríe aquella diócesis eran de los más afligidos con 
l forzadas que se hacían en virtud 
de órdenes del Marqués de Squilace y del comisio- 
nado de San Clemente, don Juan de Pifio, 

• n esto hubo excesos, pero también 
lo es que su majestad los remedió radicalmente, en 
fuerza de las consultas del Consejo citadas, luego 
que su real ánimo se instruyó de las quejas; de 
<iue desde Octubre de 17&5, cinco meses án- 
los tumultos pasados, habian cesado ya, sin 
embargo de la dificultad que costó su remedí» 
la preocupación de los que habian inspirado los 

1 08, 

Diga enhorabuena que aquellos abusaron de la 
confianza y que hicieron extorsiones; pero ¿cómo 
A padre confesor de su niaj' 
A quien pone el Obispo en paralelo 
hab, cuando las resoluí 
existentes en el archivo del Consejo, muy arn 
res á los bullicios, como va dicho, demuestran quo 
la del i i de su majestad» apenas supo 

el desorden, cuando puso el remedio, aiguieri 
unánime dieUiacu de su Consejo pleno, 

i as serán un perpetuo monumento de la alta 
penet id? 

;o no estaba imbuido su real ánimo por el 

¡ opuestas al b le los 

pueblos, ni negado ú la voz de la verdad, 

D ser ciertas las ilaciones qoe saca 

l!*pO. 

rcera cláusula se reduce á la m que 

dedujo este prelado, diciendo : El niño uta j 



46 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA, 



do por la persecución de la Iglesia; ¿qué hace el pa- 
dre confesor f 

Estas expresiones no dejan de encerrar bastante 
énfasis, y son en todo sinónimas con las que se ver- 
tieron generalmente en el reino pura conmoverle. 
Conociendo los diestros esparcidores de estas tu- 
multuosas declamaciones que ninguna voz podía 
ser más eficaz en España para tocar a arrebato que 
llamar el numen a la scena , gritar que la religión 
estaba perdida, y hacer que estos ecos saliesen por 
todas partes, abusando basta de la predieueiun, del 
confesonario y de los discursos familiares, pareci- 
dos en todo á la multitud de sátiras con quo se 
inundó y quino alucinar al reino. 

Se llamaba herejes á los que no se queríati colo- 
cados ; se tomaba el pretexto del Marqués de Squi- 
laoe para levantarse los particulares contra el Go- 
bierno; y la doctrina del tiranicidio y regicidio se 
autorizaba con la pretendida persecución de la Igle- 
sia, en cuyo caso la sostienen sus defensores, y se 
creen arbitros para decidir el critico momento de 
cuándo tiene ó no lugar. 

Preceden en todos los motines supersticiosas pro- 
fecías, ó por mejor decir, especies anticipadas de 
los horribles proyectos que se intentan poner en 
obra, y en los incautos pueblos pasan por tales; y 
si algún prelado de candor entra en estas profecías, 
aunque ignore el misterio oculto que las gobierna, 
las cosas se exasperan, y se toman los tumultos por 
actos meritorios. 

Cualquiera que lea esta carta con reflexión y 
coteje los sucesos pasados, que por notorios, no 
necesitan ahora mayor individualidad, se conven- 
cerá por si mismo que nada es más arriesgado con- 
tra la quietud de un pueblo que semejante espe- 
cie de cartas 6 escritos, que abusando de la reli- 
gión, anuncian infaustos sucesos y revoluciones, 
porque ellos mismos son los que las inducen y pro- 
pagan. 

El reverendo Obispo confiesa paladinamente es- 
tas predicciones, y haberlas hecho él, y lo que es 
más, las atribuye á la persecución de la Iglesia, 
saqueada en sus bienes, ultrajada en sus ministros y 
atropellada en su inmunidad. 

Esta confesión en boca del reverendo Obispo 
hace la prueba más completa de su modo de obrar 
y de pensar ; no es una calumnia que le haya sus- 
citado la emulación, sino una espontánea declara- 
ción, que ha ejecutado por sí mismo, de haber ame- 
nazado con tumultos , vanagloriándose de haber 
acertado en sus pronósticos, maltratando á su so- 
berano como á un rey Achab, y diciendo ásu con- 
fesor que le ocultaba la verdad , y era más aborre- 
cible en España que el Marqués de Squilace. 

Finalmente, autoriza indirectamente de justa to- 
da la turbulencia pasada, que la atribuye á la pre- 
tensa persecución de la Iglesia, y en prueba de la 
tal pretendida persecución, afirma qm.-efi-t.-tiv aman- 



te los bienes, los ministros de la Iglesia y tu inmu- 
nidad están atropellados. 

Demos que hubiese desórdenes ; ¿ seria licito, i ti 
tulo de ellos, excitar motines, seducirlos pueblos 7 
abusar de la piedad de la nación para traerlo todo 
en confusión y desurden? 

¿ No enseña santo Tomas en talos casos (muy re- 
motos y nunca vistos en España, donde reina mág 
la superstición que la impiedad, por el poco cui- 
ji Jo de la instrucción de aquellos á cayo cargo 
corre darla á los fieles) que el remedio es oraré 
invocar la protección del Altísimo para que ilumine 
á los que nos gobiernan en su nombre, puesto qu¿ 
la a ut 1 iriJad lea viene del mismo Dios, que algau 
vez permite desaciertos para mejorarnos? 

La doctrina contraria, de levantarse los pueblos 
contra los que gobiernan, es sacrilega, porque quiere 
sujetar los ungidos de Dios al juicio de los parti- 
culares, como hizo el pueblo de Inglaterra, guiado 
de la ambición y fanatismo de Oliverio Crommotl, 
contra Carlos I. 

Es seductiva; pues á título de conciencia, aunque 
errónea, pone á los eclesiásticos secuaces de tal 
doctrina el poder inspirar á los pueblos, siempre 
que sus intereses particulares se lo dicten , las ideas 
de persecución de la Iglesia, arrogándose los mi- 
nistros de ella, y aun los impropios, este nombre, 
como lo pretendían los regulares de la Compañía 
en sus obras anónimas esparcidas en el reino, dando 
á entender que en ellos estaba reunido el centro de 
la Iglesia, y que el 110 adular sus pasiones era per- 
seguirla. Llegó el fanatismo do un escritor de la 
Compañía á afirmar (pie los jesuítas eran quienes 
podian decidir cuándo la Iglesia está perseguida; 
que en sustancia, con rodeo de palabras, es querer 
tomar un pretexto para poder levantarse contra la 
soberanía siempre que las cosas no fuesen á me- 
dida de los deseos de tales fanáticos, no habiendo, 
á la verdad, personas que con mus facilidad y mi- 
no* riesgo puedan inspirar tales semillas de sedi- 
ción so color de religión y do celo, ni lia habido 
tampoco jamas tumultos entre los católicos, como 
observa el político Antonio Pérez, en que no haya 
obrado esta mano oculta. 

Es subversiva tal doctrina y modo de obrar de la 
sociedad política, reduciendo al juicio de los hom- 
bres díscolos y facciosos al que depende del solo 
juicio del Todopoderoso, por quien está puesto y 
colocado sobre los pueblos; y así, es contradictoria, 
no sólo á las leyes civiles y derecho de gentes, sino 
también á la ley de Dios. 

Es, finalmente, herética y absolutamente repro- 
bada semejante doctrina y práctica contra las po- 
testades supremas y gobiernos, como lo declaró, en 
la sesión 15, el concilio general de Constancia, cou- 
tra las aserciones de Juan Petit. 

Es muy cutí o que hasta en estos novísimos tiem- 
pos no ha <idu c.) ntin la práctica en España dése- 



DEL OBI 



47 



ej antes doctrinas sai 

ro desde que el padre Juan de Mariana las pil- 
le han visto, por desgracia , muchas re» 
lo parte do loa dogmatizantes de tan pcrv 
naximas, d que incautamente dan oidos varones 
U» ajustados, pero que no han leído lo 
jte para deaempe Car sus obligaciones y • 

contra tan depravadas ideas, tanto más 
¡es, cuanto tienen su origen en personas 
■agradas á Dios, y á quienes el pueblo mira como 
■ ■ 

a ahora que de la primera carta del reveren- 
ispo, en que queda pronosticado el tan 
fundado á su modo provenir de l.t pe 
ile la Iglesia , se pase á las pruebas de esta di 
tada | pode ella, desús I 

de sus ministros y d*; tu «u las 

cuatro partea Ó puntos en que este prelado IQpODi 
lida la esposa de Jai 
Esta vida mortal es tiu cúmulo de miserias y de 
calamidades, y aquellos que afectan el espíritu de 
» un cami •< ara flecar de loe 

malo ¡na aplicación contra el < 

M <!»' las miras de algunos individuos del ele- 
> es éste el modo de opi- 
de la masa general de los eclesiásticos en 

La benignidad del Rey despachó bu real o 

da al reverendo 
Obispo du Cuenca, á fia á* 
lo que con tunta confianza y seguridad eXpU 
la carta anterior 4*23 de Abril, pOf mano <l..l pe- 
no r, según queda expuesta 

i siguiente 
toda especificación, y sienta en primer 

en el afio pasan .'-. que se diese á 

tt^stad unacompendiosar. u que 

exponía el estado del reino, y añade li 
cláusula : 7 >ido consultado con personas dé 

toda confianza y uicion al real H 

ks pareció f¡ut por entonces ** suspendiese la tu 
Si la divina Misericordia** apiadar 
tanta en que este resumen no tuvo uso 

alguj 

ufesion m 
¡o saber á su majestad el i 

I lo había pea* 
> y resumido ou un lyeeopia rita, y tío 

i en el 

t dejaudo obrar ala Pr« 
Ali.i 'ttii á 

turnen (habla de los que le aconsejaban), /** 
procurado qué por otro* medio* llega** á noticia de 
eu4JJru majetíad él lastimoso tetad* y ene 

poco ¡o he conseguido. 

Ka cosa i >e en "il< 

urodig íia ls del 



délas 
iras del < obispo, Le omisión d«« estos medios en ocul- 
tar ai Rey los aviso* me tan ini] 

. descarga todos sus esfuerzos» 
en dirigí 
negocios de qnfe, en que los e< 

kaciendo qu 
según el coi 

fonnesi <iasti- 

cos los sacase de la esfera de civiles, 6 fuese el eon- 
fesonarJM un trilmnal que en nociese é debies 
iie ellos. 
Continúa dicn úñente : h ! 

deseando es 

hacer ¿ Dios y a vue&tra majestad el ma 

la carta q 
cho presen i tad, despu» 

experimentado que continuaban los y que 

no bal [o las resultas que \ a las 

providencias roias, de qne se remitió tei I 
Marqués de Squilace, ni lo re¡ 
soe.s 
De este preámbulo resulta que todo • 

reduce á un resumen del estado «Ir 
la monarquía, que no presentó; a otros medios do 
que se valió para instruir á su maj» tam- 

poco lo hicieron; y finalmente , a una carta es 
al padre confcsi tiendo á su ma 

el impio rey Achab. lole -»1 m¡- 

\ñ aborrecible que el del 
Mar 

Eu t ■ sea la s?<: 

procede I I mera. 

sabe i iglesia es la coügre- 

- los fieles 

iay recfpi nd, para llevar 

tcia las flaquezas y adversidades de nues- 

MOS. 

se halla que el dogma católico, el eje¡ 

oner, ni ái 
bay p» i en la Iglesia. 

po de I medios, á lo que se i 

jeturar, »i lo inmetódico é ¡ni 

>íi la* aser 

toen 

de prueba le toma de las ve- 
ri huye hacerse al c! 
Y prescin diando de esta pretensa 
vejación, de qne ie va á I 

Imgemi tas cartas del Obis- 

po, *rt con porque los 

tros uo son la \&q parte y 

do ella, au n f estar 

von el 
Loe Üeles, 



4S EL CONDE DE 

Pudiera también decirse que la Iglesia era perse- 
guida si á los ministros se les impidiesen sus verda- 
deras funciones de la predicación , administración 
de los santos sacramentos y demás actos propios de 
bu ministerio pastoral ó parroquial , como sucede 
en los países de herejes, donde está interrumpido 
el verdadero culto, ó no se permite público. 

De forma que en la Iglesia no se han conocido 
más que dos especies de persecuciones : una de par- 
te de los infieles contra todo el cuerpo de los cristia- 
nos, no habiendo sido menos constantes los segla- 
res que los eclesiásticos en testificar la fe con su 
martirio ; y la otra es la que queda insinuada de los 
herejes contra los católicos en ciertos puntos del 
dogma ó de la hierarquía. 

Ninguna de estas dos persecuciones hay, por la 
misericordia divina, entre nosotros. Con que, es fal- 
sa la proposición de que la Iglesia está perseguida, 
y una mera calumnia, tanto más atroz, cuanto es 
productiva de funestísimas consecuencias, para in- 
disponer al pueblo sencillo contra el Gobierno, y 
un ardid astuto y diabólico para escandalizar á los 
párvulos , de que hay gran número, aun de los que 
se creen muy advertidos y tienen el suficiente amor 
propio para tenerse por mejores que los demás, é in- 
sultar á los buenos y celosos con tachas que, aun- 
que inciertas, según la doctrina de Maquiabelo, 
siempre surten el mal efecto que se desea entre los 
vulgares. 

El segundo medio de prueba con que el reveren- 
do Obispo parece quiere hacer persuadir esta pre- 
tendida persecución , se toma de las noticias de Ga- 
cetas y Mercurios , afectando ignorar que por un 
descuido que se observó en el Mercurio de Diciem- 
bre de 1765. el Gobierno hizo por sí mismo corre- 
girle, y tomó precauciones para que el Inquisidor 
general reviese estas piezas, como se hace, habien- 
do sido posterior á la providencia enunciada la del 
Santo Oficio acerca de la cláusula justamente ex- 
purgada. 

Déjase traslucir de las expresiones del reverendo 
Obispo que toda esta declamación recae sobre que 
los Mercurios contienen noticias de mucho escándalo, 
con tratamientos injuriosos al instituto de la Compa- 
ñía de Jesús. 

El público está bien instruido que los Mercurios 
y Gacetas no contuvieron sino las piezas auténti- 
cas de las sentencias y decretos que en Portugal, 
en Francia y aun en otros países salieron contra 
loa regulares de la Compañía del nombre de Jesús, 
y no se sabe por qué en España se debía vivir con 
ignorancia de unos sucesos que podían dispertar al 
Gobierno y á la nación del letargo que padecía en 
esta parte, no ignorando el Fiscal las máquinas y 
artificios de dichos regulares, para impedir que en 
laa noticias públicas de España se insertasen las de 
esta clase, con el fin á ellos saludable de sostener 
la facción, el fanatismo, las doctrinos sediciosos y 



FLORIDABLANCA. 

sanguinarias , la laxitud en laa costumbres, y en 
una palabra, la ignorancia en los buenos estudio* 
única fuente de que nace la decadencia y miserable 
situación en que halló su majestad la monarquía. 

Bien se conoce el empeño con que se movió ei 
reverendo Obispo para declamar contra Mercurio* 
y Gacetas; pues se extiende á decir que eran perju- 
diciales á otras religiones, como si entre nosotros 
hubiese más religión que la de Jesucristo, titulan- 
do con este dictado á las demás órdenes regulara, 
á quienes inútilmente traia á una querella, en qne 
nada tenían de común con los regulares de la Com- 
pañía. Pero el fin del Obispo era hacer gente ó can- 
sa común y tocar al arma, porque ya en el proemio 
de su informe deja expuesto que no sólo él hib» 
representado, sino otros eclesiásticos; palabras qne, 
aunque preñadas y oscuras, arguyen liga y facción. 

La real pragmática de 2 de Abril de este año ha- 
brá desengañado al reverendo Obispo de que lu 
noticias de las Gacetas y Mercurios no se ponian 
por casualidad, ni con el fin de propagar la libertad 
la disolución y desobediencia d los superiores , do- 
concertando la unión y buen orden del cuerpo político 
y eclesiástico, en que consiste la tranquilidad y con- 
servación de la monarquía, como el reverendo Obis- 
po dice; sino que han contribuido á conocer los qne 
conspiraban á fines muy contrarios, como se deduce 
de dicha real pragmática. 

No es, por lo mismo, violento conjeturar quién» 
hacían hablar de esta forma al reverendo Obispo, 
encaminándole á sus fines bajo de una niebla de 
pretendidos agravios que suponían padecer el clero 
en España de parte del Gobierno. Y asi, sin saberte 
por qué ni cómo, se mete el Obispo con Gacetas j 
Mercurios, y concluyo haciendo con su majestad, á 
favor de los regulares de la Compañía, la siguiente 
instancia, supresso nomine: Conviene mucho que vues- 
tra majestad se sirva mandar que en adelante no m 
publiquen iguales noticias, y que para las pasadas st 
dé la providencia oportuna. Esto, en sustancia, quie- 
ra decir : vuelva la oscuridad; cállense en España 
las providencias tomadas con los regulares de la 
Compañía ; prohíbanse los Mercurios, en que se con- 
tienen los tomadas en Francia, Portugal y otras 
partes, y empléese la autoridad del Soberano y del 
Gobierno en estas prepotencias, persiguiendo á 
cuantos no sigan las banderas del instituto, y ten- 
gan carta de hermandad, como ha sucedido en to- 
dos tiempos, á influjo de la Compañía, respecto á 
los varones más doctos, sobresalientes y honrados 
de la nación. Esto es lo que conviene, según el con- 
cepto que se deduce del infonne del reverendo 
Obispo, hablando desde su privada habitación ; y 
esto, por el contrario, es lo que no conviene, según 
la práctica é inteligencia del Fiscal, guiado, no de 
impresiones privadas , siuo de providencias toma- 
das á la vista del universo. 

Todo lo contrario á lo que dice el Obispo de QatJh 



EXPEDIENTE DEL OBISPO DE CUENCA, 






, obraron los regulares de la Compañía contra el 
incia y Portugal, ait aque- 

llos tribunales, ni ¿un á las testan coronadas 
hicieron divulgar en todo el ámbito de esta monar- 
quía de España é ludías una multitud de libelos en 
tono de apologi, ya en im- 

prentas interiores y domésticas , ya eu otras de apa- 
sionados suyos, en desprecio de las leyes d« 
reinos. Pero, á pesar de su diligencia en o cu 

esto se ha bocho instrumental mente patente 
ierao, aunque no pudo atajarse tan en tiem- 
o, que no hubiesen surtido los efectos que se han 
visto las especies resultantes de dichas impresiones 
clandestinas. 

De lo dicho se infiere que los obispos, no están- 
► encargados del régimen político, carecen de las 
y noticias necesarias para estar impuestos 
f i ni llamen tal uiente en lo que pasa, y que, por con* 
iite, deben proceder con mucha circunspec* 
oto para do arrojar palabras inconsidera- 
das, ni meter la mano en el sacramento del Rey, cu- 
yas providencias aun la Escritura misma aconseja 
hay ocasiones en que es preciso recatarlas, pula 
is inconvenientes. El Obispo, de esta re- 
flexiva conducta habría sacado á lo menos el fruto, 
conteniéndose en su deber, de que no se le conside- 
i como sugerido de gentes nada afectas al Go- 
do y i la persona augusta de su majestad, que 
curaban pintar las acciones públicas general- 
i los colores de herejía y tiranía; voces 
favoritas en sus libelos, que no eran pocos, y que 
tal cual vez las usa también el reverendo Obispo en 
i dos cartas, cuyo análisis hace el objeto de la 
ate exposición fl 

i rentada persecución diocleciana de la 

i en general , discurriendo sobre bu palabra, 

el reverendo Obispo al que denomina saqueo 

¡es de la Iglesia, que en otro tiempo con 

Jad se llamaban asi; porque, no sólo los 

sban los ministros de ella para la sola con- 

i sustentación , sino también loñjietf* necesita- 

i'Sterosos en común. Eu estas decía o 

verendo Obispo se atribuyo el nombre de 

s álos ministros, y de bienes de ella, no sólo á 

le* presente, 

► también á las deducciones de excusado, subsi- 

: >s, novales y contribuciones debidas al 

rio por las nuevas adquisiciones posteriores al 

lato de 17 

Cualquiera coDoce que así como no corresponde 

I nombre de Iglesia á los ministros, sino de mism* 

) de la misma Iglesia, aunque muy respetables, 

Kfpecialmento si cumplen bien con sus encargos, 

mvione ni cuadra el nombre de bienes d* 

to IgleséQ á la cosa dexmera, porque está segregada 

ella en virtud de las concesiones pontificias, 

adas por el Soberano y reconocidas por el ele* 

de siglos á esta parte. 



Por la misma rezón , las tercias 6 dos novenas de 
i no son bienes de la Iglesia 
porque están secularizadas á favor de la corona 
sus donatarios , que poseen nomtas regio, y aunque 
ersonas Ó comunidades eclesiásticas, conocen 
<s los tribunales reales por esta razón, como 
teniente lo prueba el señor obispo don Diego 
'• arrubias, con el común de nuestros escrito- 
res y estilo de los tribunales, q aformes. 

No son tampoco bienes de la Iglesia el importe 
del subsidio , porque es una deuda y contribución 
perteneciente al erario, con iguales títulos que el 
excusado. 

Tampoco son bienes de la Iglesia los ¿tormo* no- 
vales Ó de supercrescencia de riego y nueva cultura, 
porque pertenecen por entero A la corona, en vir- 
tud de iguales concesiones, que son bien notoria 
y de que se hace cargo con mucha propiedad y so- 
lidez el señor F i si al de lo criminal, en que ni: 
agravio se causa á los participes, porque les quedan 
los diezmos antiguos de tierras labrantías y man- 
sas de continuada cultura. 

Tampoco son bienes de la Iglesia los tributos á 
quo quedan sujetas las tierras y haciendas de raíz 
que adquieren las manos muertas desde 1737, por 
estar asi estipulado y pasar con esta carga afecta á 
las mismas tierras , por evitar que con injusticia se 
sobrecargasen en las demás de seglares, no obstan- 
te que se disminuyesen de sus patrimonios. 
No son tampoco bienes de la Iglesia las haden- 
i batanas que se subrogan en lugar do otras 
fincas, que no se reduzcan a recompensar igual tri- 
buto, así porque el concordato no distingue, como 
porque su mente está clara, para impedir que el 
erario decaiga de sus derechos en las a 
nes nuevas. 

Los réditos que un duefio do tierras debe pagar 
4 su acreedor censualista no pertenecen al deudor» 
sino al acreedor, que hasta en la c 
tidad le reputan los derechos y < 

ruino ó dueño parciario. Y en este caso 
lia el erario real respecto 6 ia casa dezmera, al sub- 
sidio, álos diezmos, novales, i ie ad- 
quisiciones nuevas y á la indemnización de sobro- 
nos. 
Si el censualista no hace injuria ios i 
4, en apremiar el deudor moroso» en perseg 
la hipoteca, ¿dónde i 

los bienes de la Iglesia, cuando el Bey pido lo qu* 
es suyo ? Saqueo sería del erario negarse el clero 
á contribuir lo que le toca y debe. 

Quisiera el reverendo 01 la casa dezmé- 

ra se concordase como antes; la Keal Un- 

rarle, usando de su derecho. Hace 
lio no irroga injuria & nadie. 
Seria cosa graciosa que al reverendo Obispo se lo 
kM nn pleito por los arrendadores de d 
de su obispado, quejándose éstos de que no les de* 




60 



EL CONDE DE FLORIDA BLANCA. 



jaba ganar, y que pretendiesen continuar el arren- 
damiento, embarazando la administración el prela- 
do si la tuviese por más ventajosa. Esas solicitudes 
se logran con ruegos, con razones, con servicios, 
pero no con gritos y turbulencias. 

Declama contra los párrocos incongruos ; y por 
la relación auténtica del tesorero general consta 
que el erario real está abierto para suplir los de- 
fectos do congrua, según lo que estiman los jueces 
del excusado, que son eclesiásticos, y todos los re- 
cursos del obispado de Cuenca están reducidos á los 
curas de Villarubio y Santiago de la Torré , que al 
uno se le asignaron tresciontos veinte y seis reales, 
y al otro quinientos ; pero esta incongruidad no ha 
recaído en el Obispo ni en los canónigos de Cuen- 
ca, y con todo, no son los párrocos los que gritan. 

Quéjase de la ejecución de la gracia, y nada ha 
hecho el Rey por si, sino con consulta de los ecle- 
siásticos más graduados de la corte, y no son fisca- 
les ni ministros reales. Con todo eso , la batería de 
las cartas del Obispo se encamina contra estos úl- 
timos. 

El Ministerio se actuó de las diferencias entre 
don Andrea do Cerezo y Nieva , comisario general 
de las tres gracias, y don Fernando Gil de la Cues- 
ta, juez iTi curia, en calidad fiscal del juzgado de 
esto ramo. Con presencia de ambos, y á vista de 
cuanto expusieron de palabra y por escrito en una 
junta, se arregló lo que so juzgó ser justo y conve- 
niente. Asi se hizo sucesivamente sobre otras ocur- 
rencias ; de modo que todo camina por jueces y 
personas eclesiásticas en lo contencioso, en quienes 
reside la competente autoridad para reducir á lo 
justo los controversias. Este es el modo de acertar, 
y no se ve propuesto otro más seguro en las decla- 
maciones del Obispo de Cuenca. 

Vanamente, pues, clama contra el Gobierno, que- 
dando solamente exceptuado de esta vocinglería el 
Comisario general de Cruzada , siendo cabeza del 
tribunal del Excusado, y de cuya mano depende en 
mucho la ejecución, fundada en un rescripto pon- 
tificio. 

Se hace el reverendo Obispo procurador de las 
iglesias de las Montañas, Asturias, León y Galicia, 
porque sin duda no las conoce , respecto á que los 
diezmos están en mucha parto secularizados, igual- 
mente que en Cataluña y Mallorca, en patronos 
laicos, y esos son los que en sustancia contribu- 
yen y padecen el decantado saqueo. La agricultu- 
ra, por otro lado, está más bien repartida entre los 
colonos 6 foreros de dichas provincias, y asi es 
monos desigual la exacción , á pesar do la esterili- 
dad de ku U* r reno. 

E* verdad que han representado reposición de 
congrua algunos párrocos ; pero las mismas parti- 
das asignadas hacen ver cuan corto es el valor do 
la casa dezmera. La corona debe retener la exac- 
ción de la casa dezmera como una finca suya muy 



segura, y es fácil arreglar los perjuicios que padet- 
can algunos partidos. 

Resumido todo, se ve que las amarguras del re- 
verendo Obispo versan sobre intereses pecuniarios, 
y sus razones conspiran á impugnar la gracia del 
excusado, lo que seria muy provechoso al reveren- 
do Obispo, pero muy perjudicial á los justos fines 
de la defensa de la religión católica y conserva- 
ción de la monarquía ; y no son ciertamente estas 
causas ajenas del espíritu de la Iglesia. 

Pide que informe el Colector general sobre el ex- 
cusado, y ya lo ha hecho, no apareciendo fundado 
lo que el reverendo Obispo pretende , sino algunas 
disputas de jurisdicion, facultades y oposición, que 
mediaron con don Fernando Gil de la Cuesta, las 
cuales ya se terminaron á consulta do varias junta, 
y la muerte las dirimió. Finalmente, dice sobre ex- 
cusado, que hay más de cien pleitos pendientes del 
obispado de Cuenca en el tribunal de esta grada: 
pero la certificación de 14 de Enero de este año, dadi 
por el escribano de cámara don Josef Faustino de 
Medina, prueba ser únicamente treinta y nuev* les 
pleitos , y se reducen á exenciones de diezmar, á 
nulidad de elecciones de casa dezmera, disputan- 
do la cualidad de anejo, y algunos pleitos son con 
las órdenes regulares, y otros están abandonados por 
los interesados. 

Con que, no hay la multitud de pleitos que con 
confianza sienta el reverendo Obispo en su carta de 
informe, quejándose con generalidad, salvo del que 
rige el tribunal de excusado ; pues á pesar de las 
alabanzas del reverendo Obispo, su gil ando á todo* 
Iob demás, es el único que puede abreviar su deci- 
sión, como que le preside, ó proponer los medios de 
lograrlo. 

Es esto en tanto grado cierto, que seria muy pro- 
pio del Consejo proponer á su majestad separase la 
gracia del excusado de las demás, y estableciese un 
tribunal diario y totalmente diverso, que despa- 
chase y terminase los pleitos y negocios de esta 
clase , prefiriendo siempre los de asignaciones de 
congruas. 

El remitir á las mismas diócesis estos negocios, 
como el reverendo Obispo propone , m> deja de te- 
ner bien claros inconvenientes , pues ¿ qué jueces 
se hallarían en ellas, que no fuesen interesados 7 
parciales del clero contra la ejecución de la gracia? 
Por esa razón misma serian sospechosos , pues qns 
nadie es buen juez en causa propia, y aun ese de- 
fecto tiene lo que á título de informe representa el 
reverendo Obispo de Cuenca ; porque no se le ve 
empeñarse en todo su discurso en otro, que exage- 
rar las pretendidas exenciones del clero y abatir las 
regalías del trono, sin pensar en la nación, de la 
cual se contenta con llamarla j>erez0«ti, como se verá 
en su lugar. 

Contrayendo todo lo antecedente al padre confe- 
sor, es digno de tenerse á la vista el li|/bnii«MBr- 



EXPEDIENTE DEL OBISPO DE CUENCA. 



51 



vado do 18 de Diciembre de 17 A persuade 

los eficaces oficio» que pasó con el Marqu 
lace en beticficio dol clero T si- jeto que le 

Hace, por su carácter y la calidad de diputado, 
persona que se baila perfectamente instruida de los 
hechos, y califica la falta de noticias con que pro- 
n sus cartas el reverendo Obispo» disimula- 
ble en uua privada y secreta conversación, pero 
muy reprensible eu sentar de oficio hechos noto- 
riamente alterados , de que debió asegurarse t por 
no atropellar la verdad y el concepto de las prime- 
ras personas del Estado. 

Su majestad, con mucho acierto, para evitar que 
el reverendo Obispo de Cuenca ni otro alguno, ha- 
ciendo causa común, suscite quejas generales, ha 
tomado la resolución , f enétido el presente arren- 
damiento del excusado, de que las santas iglesias 
con separación, y cada una de por si, vengan & con- 
cordar, por ser éste el medio más proporcionado 
para que la justa piedad dol 11 ey pueda dispensar 
sus gracias á cada diócesis, segnn su necesidad y 
itos* Entonces el reverendo Obispo podrá, sin 
jadicar los intereses de la Real Hacienda ni del 
clero, limitar el celo á su propia diócesis, sin arro- 
garse, como ahora lo hace, la voz general de todas, 
r >poner conclusión determinada y con quejas 
'anidas de todo y de todos. 
Lo que recuerda el Obispo de Cuenca sobre única 
contribución es superficial, que nada concluye sino 
el deseo de su ee lento, porque con ella cree 

ls favorable la condición del clero. Y el 
I añade que en el modo que está concebida y 
v, la entiende como muy perjudicial al 
estado secular, y expone á los pueblos a la contri - 
i arbitraria, de que se quejan en otros rei- 
nos donde esta en uso la talla , cuyos políticos, para 
r este daño, recurrieron á la décima real de 
lo* p' como se lee en el Plan dol maris- 

cal de Vauban, sobre cuyo medio seda más fácil 
la ex;; entonces, pagando ana décima parte 

trios el clero ó otro equivalente , vendría 
xcusado con una repartición más ¡ 
Lo que se dice sobre novales es ocioso , respecto 
á que su majestad , movido de lo expuesto por el 
sitado por e! Consejo, tuvo á bien 
i junta 'le ministros para examinar la 
ota de los ejecutores de la gracia del 
la cual fué perpetuada y obtenida en el rei- 
nado antecedente. Entonces se dieron las primeras 
inMtrucciancs y ocurrieron las conocidas altercacio- 
nes ó* le Valencia. Todo esto lo dU 
Mspo, porque su objeto se er 
naba á desacreditar el reinado presente. 

■■abe duda que en el ministerio anterior de) 
itarques <J excedieron los ejecutores de 

coa desarreglo, despojando á las iglesias y \> 

nec eclesiásticos y seculares de muchos diezmo* 



que no eran novales ; que les impedían los recur- 
sos, y aun el ej< o el desacierto de querer 
la los protectivos de fuerza que in- 
trodujeron en el Consejo las iglesias de Málaga y 
i. sustrayendo los autos y abroquelándose 
en el Ministerio; sobre que el Fiscal expuso, con 
aquella franqueza y sinceridad que debe , lo que 
Jo y on la sustancia, de que pro- 
sulta hecha por el Consejo en 23 de No- 
re de 17G5, para contener estos excesos en la 
gracia de novales. 

Todo esto fué muy anterior á las decantadas 
representa- pode Cuenca, Informado 

su majestad de lo justo por medio de bu Consejo y 
de la junta formada á este fin , repuso las cosas en 
el orden que hoy tienen, radicando este negocio en 
el Con lo que aseguran la regalía, y las 

santas iglesias las en sus derechos, Be- 

gun lo están tocando y califica la real provisión 
acordada de 21 de Junto de 1766. 

De lo antecedente se infiere que no es cieita la 
generalidad del reverendo Obispo á tos 

magistrados políticos, á quienes los considera in- 
fernaos á las iglesias, como si les resultase b< 
ció de perjudicarlas en sus legítimos derechos, ó 
estuviesen olvidados de su propia reputación y 

El Fiscal se persuade que todo el capítulo de 
novales lo incluyó en su segunda carta el 
Obispo para exornar su informe y engrosarle á 
vueltas de este agravio, cierto de p Níinis- 

terio de Hacienda, pero ya reclamado por el Con- 
sejo, y puesto á examen de una junta d< 
de cuya justificación no se [ 
acierto, ni menos de la re;i i 
duciendo dicha real provisión. 

Tampoco puede autorizar sus profecías con este 
punto de novales, que la imponderable 
del H ■ f a de la consulta del 

ion mucho ánt- 

le constaba á t ro de 

España, mediante las vivas di le don Fa- 

I ro, canónigo y diputado de la santa igle- 
sia di 

El tercer fundamento del pretendido $aqv> 
la Iglesia le deduce este prelado do la exacción de 
tos de las nuevas a<i es de las manos 

muertas desde el alio de 1737. Su < r 
nc ve, es buscar medios para que el clero nuda pa- 
(ue sea parto civil de la república para el 
v que jamas ee considero como tal para 
voso. Y en una palabra, con el nombre de la 
wi, mal aplicarv recepto for 

ángel io, que manda dar al César lo que 
le pertenece, y señaladamente los tribu 
ser su paga conforme al derecho divino, los eole- 
j«?n inmunidad ó exención origina- 
ña, que no sea dimanada de los privilegios de los 



tó EL CONDE DE 

reyes , como lo sienta por doctrina católica y cons- 
tante santo Tomas , lumbrera de la Iglesia , y si le 
hubiera consultado el reverendo Obispo, habria re- 
ducido á principios más sanos lo que discurre sin 
ellos , abundando en su particular sentido. 

Funda agravio en que la real cédula de 29 de 
Junio de 17G0 imponga la obligación del servicio 
ordinario y extraordinario á los bienes que las igle- 
sias adquiriesen de pecheros, y también le disuena 
que si dentro de tres dias el ordinario eclesiástico 
no compele al pago, lo haya de ejecutar el juez 
real ; porquo do ese modo conoce que el pago será 
efectivo, y es lo que siente. 

Uno y otro está decidido en la ley 55, título VI, 
parte i, la cual supone que las heredades deben pa- 
sar á la Iglesia con sus cargas, y que los señores 
puedan apremiar á los clérigos que las Unieren, pren- 
dándolos fasta que lo cumplan , porque esta com- 
pulsión no mira á las personas, sino á las tempora- 
lidades, que nunca salieron en esta parte del dere- 
cho de la soberanía. 

Do otro modo se incidir ia en que, negándose con 
pretextos, que nunca faltan para dejar de hacer lo 
que no se desea, los ordinarios á despachar los 
apremios, quedaría ilusoria enteramente la contri- 
bución de manos muertas , porque no habria quien 
supliese su negligencia. 

Alégase por el reverendo Obispo que los nobles 
é hidalgos no pagan el servicio ordinario, y que es 
por esa razón gravoso cargarle á las manos muer- 
tas ; pero no advierte que los nobles están obliga- 
dos al servicio militar y á otras cargas , en cuya re- 
compensa gozan en algunas provincias esta inmu- 
nidad , aunque en las más pingües de España pa- 
gan como los pecheros, por estar á fuero de be- 
hetría. 

Las manos muertas con su adquisición extin- 
guirían este tributo, si la providencia del año 
de 1737, perjusnon decrescendo, no hubiese indem- 
nizado al erario para que las adquisiciones pasen 
con todas las mismas cargas que tenían al tiempo 
de adquirir las haciendas de raíz. Lo demás sería 
un juego de palabras, y el erario se iria menosca- 
bando, contra la intención de lo pactado en aquel 
concordato, sin que esta providencia afecte en nada 
las personas de los eclesiásticos, por estar dirigida 
únicamente á los raíces que adquieren bajo de esta 
precisa condición, estándoles prohibido adquirir- 
las do otro modo, y con la libertad que anhela el 
Obispo de Cuenca, quien para llevar adelante su 
sistema no se detiene en ninguna disposición. 

Lo quese dice sobre subrogaciones por el mismo 
prelado no tiene apoyo, porque éstas son adquisi- 
ciones nuevas, y la ley no distingue, antes se da- 
ría con ellas ocasión á muchos fraudes, porque á 
titulo de fundaciones nuevas y subrogaciones que- 
daría vana la providencia, y es á lo que se tira, 
no habiendo en la real¿4ad medio do atajar esto 



FLORÍDABLANCA. 

rumor y confusión de especies, sino el establecer 
la ley de amortización. Porque reducidas las ma- 
nos muertas alas adquisiciones necesarias, cesa- 
rían los motivos de estas quejas , y las cosas irán 
con orden y claridad ; importaría menos que su ma- 
jestad renunciase al concordato, cuyo provecho, 
con estas disputas, cuesta más pleitos á los segla- 
res, que les produce do beneficios. 

Si una comunidad tiene censos, ¿se llamará su- 
brogación emplear sus capitales en bienes raice*, 
quitando al Príncipe y al erario los tributos que 
el pechero pagaba sobre estos bienes, hasta que la 
venta aniquila la casa de este pechero, antes con- 
tribuyente? 

Para la comunidad es subrogación , pero subro- 
gación muy venta j osa *al paso que respecto al era- 
rio es una adquisición nueva gravosísima. 

Cuando la adquisición fuese de una misma espe- 
cie, esto es, trasmutando unas tierras por otras, 
quedando las anteriores subrogadas en igual tri- 
buto, entonces sería indiferente al erario cobrarle 
de la una ó de la otra ; poro el caso es que la tierra 
que deja la Iglesia no es pechera para el servicio 
ordinario y extraordinario, y la que se adquiere de 
nuevo quiere el reverendo Obispo Tenga sin esta 
carga. Con que, venimos á parar en que éste es un 
juego do palabras mil veces repetidas para frus- 
trar lo concordado, en que han hecho los eclesiás- 
ticos gastar tanto á los pueblos y los han molestado 
con tantos pleitos y recursos, que en realidad el 
Fiscal no halla gran provecho en el concordato 
de 1737, pues don Francisco Vázquez Men chaca, 
celoso ministro y que se halló en el concilio Tri- 
dentino, afirma con invencibles fundamentos que 
la autoridad real por sí sola puede y debe imponer 
á las tierras de seculares el tributo , para que no pa- 
sen sin esta carga á manos muertas ; lo que es con- 
forme á nuestras leyes, y propia de los magistra- 
dos reales la jurisdicción para exigirle de las mis- 
mas temporalidades. 

En aquel concordato nada se ganó que fuese de 
consecuencia , y aun en esto que está claro, sin dar 
lugar á los ambajes y sutilezas que repite el Obispo 
de Cuenca , al cabo de treinta afios que han corri- 
do, se están disputando las primeras nociones. Esta 
experiencia debe servir de desengaño al Minis- 
tro y al Consejo, para no acudir jamas en cesas 
temporales y de gobierno á otra potestad que ala 
del Soberano, sin que sea necesario detenerse más 
en cuanto á la jurisdicion, ni en la impugnación 
que hace el reverendo Obispo de un auto del Con- 
sejo de Hacienda, en que le mandó levantar las 
censuras á un alcalde y escribano excomulgado* 
por su provisor ; porque es de creer, sin hacer gran 
favor á aquel superior tribunal, que lo entendiese y 
mirase mejor que el provisor de Cuenca, que, como 
eclesiástico é imbuido de las máximas de su prela- 
do, no sería el más afecto á la regalía en esta parte, 



EXPEDIENTA DEL 
Las manos muertas pueden evitar estas alt 

pagando de buena fe, y consultando las du- 
das al Consejo de II corren los 
negocios dd real pal \ para 
que los advierta lo que conviene 1. si se 
excusan á pagar, y los provisores excomulgan a los 
alcaldes y escribanos , serla fatuidad reprensible so- 
licitar que los mi uistro» reales estuviesen con las 
manos cruzadas , y que las manos muertas repor- 
tasen lucro de su propio desorden. En tal ca> 
breve es impugnarlo todo de una vez y quitarse la 
mascarilla , metiéndolo á bulla con el especioso tí- 
tulo de inmunidad; j <jue el Rey y el 
pueblo secular piensen en llevar las cargas del Es- 
tado, y los que sostienen tales absurdos, en disfru- 
tar sus rentas con reposo. 

Por impugnarlo todo, también se extiende el re- 
verendo Obispo á contradecir la cuota de sesenta 
escudos romanos, prescrita en el capítulo v del 
citado concordato de 1 737, para deducir una con- 
grua indefinida, mediante la cual , á título de patri- 
monio) saquen indemnes los privilegiados todas sus 
granjerias. 

El Fiscal cree firmemente conviene que las con- 
gruas sean suficientes, y que no haya más clérigos 
que los necesarios con destinos á las parroquias y 
■le almas ; pero también está persuadido quo 
toda granjeria les es prohibida en las reglas canó- 
nicas, de cualquiera calidad y condición que sea , y 
na congrua indefinida nunca puede hacer li- 
las granjerias de los eclesiásticos, ni inmunes 
jabelas; porque tales negociaciones repugnan 
al espíritu de loa cánones, establecidos en los con- 
y no eximen de contribuir como bienes de 
legos, según el auto de presidentes. 

}, el reverendo Obispo el número de los 
-s necesarios; establezca, como debe, semi- 
nario del concilio en su diócesis ; no permita cléri- 
gos ó capellanes sueltos sin estar adictos á la Igle- 
sia, é i Jim eos para desempeñar y ayudar la cura de 
alma- p rotegerá con mucha complacencia 

wnejantc* establecimientos y providencias cuautff 
t* de su parte, y no duda ejecute to mi- 
tejo, en cumplí ti lo quo tas leyes disj 
Ataje el r< I ibispo las granjerias, y entóu- 
podrá establecer las congruas , no á costa del 
Je los seglares, que eso no se debe 
^ino ínvirt ello las rentas ecle- 
jMfltiran. qun consumen tantos eclesiásticos ociosos 
\ntes, contra la mente do la sana disciplina, 
en una palabra, el i po su 
clero , [ á los regulares sus constitu- 
ciones, usando de las facultades delegadas del santo 
ocupará más provechosamente el tiem- 
po, con más edificación de su 

\ sosiego de su concienca. Puesto quo el mayor 
• está en que cada uno haga su oficio, y no 
se ingiera en los ajenos, porque desemejantes Jíb- 



OBISPO DE CUENCA. 

tr¿i fusión y el deaord- 

qneza del clero const i ; las con- 

ocías temporales vendrán do añadidura, no 

m de la so> 
civil, sino por la buena distribución délas rentas 
14 y las voluntarias oblaciones de los 
fieles. Así ha sucedido en los siglos mas inmedia- 
tos á la tradición, y ahora, que nos apartamos de 
ella, no caben algunos eclesiásticos en el mundo: 
tanta es la alteración de la simplicidad evangélica 
que actualmente se advierte. Deben lo* 
eos hablar poco de haciendas y gran jen 
estas disputas al cuidado de los pu ; 

Lo que el reverendo Obispo trata en punto al es- 
tanco de aguardiente no merécela pena, porque 
t«>8 los monopolios autorizados por el Estado, 
6 sean estancos , deben contribuir del mismo modo 
loa eclesiásticos que los seglares. Asi se ha es: 
tupo que la Real Hacienda administra!» 
ramo , y eso mismo previene el real decroto del 
señor Fernando VI, de augusta memoria, ón 
Buen Retiro, á2l de Marzo de 1747, que se halla en 
el proceso, en que se subroga, por una 
encabezamiento perpetuo, á los pueblos en el uso de 
este estanco, con la carga de pagar la cuota 
valente á la Real Hacienda. En él no se exceptúa < 
persona, de cualquier estado y calidad que sea, para 
la cobranza de esta contribución ; todas general- 
mente quedan sujetas á ella» 

r decretos no son del presente reinado, á que 
tanta aversión manifiesta aquel prelado, 
lado, si quieren aprovecharse los e< ¡os del 

permiso que la subrogación les da de destilar sus 
vinos para convertirles en aguardientes, no lo pue- 
den hacer sino como vecinos y subrogados en el 
derecho de estanco. Para poder vender á otros de* 
ben pagar su prorata de contribución, no si 
ellos en realidad quien la paga, sino el con 
dor; así como el eclesiástico que hace tal 
vino, dehe el tributo de tnilloi 
que le cobra del consumidor, y el d garle 

Beria levantarse injustamente con los tr 
Rey, exigidos de los consumí" 
inconcusa está á favor dfl 
monte del de Cuenca; gozando el clero, 001 
seglar, del beneficio de la subrogación del estaño 
con todas sus cualidades activ vas, i 

se acredita de toda la pieza sexta d 
vista, ciencia y noticia del mismo prelado y i 
antecesores. Con todo, el actual se oree sufi< 
mente autorizado para impugnar con generalidades 
al Rey y á los pueblos los derechos más bien es- 
tablecidos y claros. Si esta conducta es 
justa y arreglada, lo po<I 

Consejo, porque siendo tan barato y fácil el abul- 
tar y declamar sobre su palabra, sin dar pr 
coneluyeutea, un ejemplo 
autorizaría i otros para caer en iguales iuconside. 






54 



EL CONDE DE FLOR ID ABL ANCA. 



raciones, nutritivas de discordia é inductivas de 
insubordinación al Gobierno y sos tribunales, á 
quienes las leyes mandan obedezcan los prelados 
y vengan á sus mandamientos como á los del So- 
berano. 

Uno de los más justos y estrechos juramentos 
que deben prestar los obispos al tiempo de entrar 
en su obispado , y que no debe haber olvidado el de 
Cuenca, es el de no ocupar ni impedir la cobranza 
de los tributos é impuestos reales. El reverendo 
Obispo, no sólo se contenta con la impugnación de 
las más autorizadas exacciones, sino que la extien- 
de con generalidad , y amenaza con la disposición 
de las censuras de la que llama bulla in Coma Do- 
wíni, sin advertir que este proceso ó monitorio, en 
cuanto se opone á las regalías de la corona, está 
suplicado y retenido en estos reinos, como es no- 
torio y lo tiene el Fiscal fundado en el expediente 
separado ; habiendo cesado ya entre las gentes la 
opinión establecida en los más infelices tiempos de 
la Iglesia, de que la potestad civil en el uso de sus 
funciones, aun respecto al clero como parte del 
Estado, pueda ser impedida por la espiritual, del 
modo incompetente á este fin. 

El punto de amortización ocupa al Obispo algu- 
nas hojas y tiempo en esto informe. Puede concep- 
tuarse cuanto so dice en él como una apelación á 
futuro gravamine, porque siendo ésta todavía una 
materia pendiente, consultiva y reservada, podía 
muy bien este prelado haberse dispensado de abul- 
tar con ella su informe, pronosticando también con 
esto gravámenes futuros. 

Honra á la nación con el dictado de estar dedi- 
cada al ocio, sin hacerse cargo que los actuales 
ociosos son en gran parte aquellos á quienes las 
manos muertas han ido despojando de sus bienes y 
raices , y mantienen adictos á las limosnas ostiatim, 
que son más bien ostentación do quienes las dan, 
que utilidad de los que las reciben. La limosna de 
un cuarto diario trae quinientas personas á las puer- 
tas do un obispo ó comunidad , y quedan en la mis- 
ma miseria con este débil recurso. Mejor estarían 
en sus hogares cultivando las tierras do que se les 
despojó, para hacer pompa de una caridad, á lo que 
cree el Fiscal, perniciosa. 

Procura disminuir en su contexto el perjuicio do 
las adquisiciones privilegiadas, para adormecer el 
mal ; dando de este modo lugar á que la gangrena 
inficione Bin recurso el cuerpo del estado político, 
sin reparar en que, venida la gangrena, seria con- 
vulsivo el remedio, puesto que nada violento puo- 
de durar sin hacer una explosión miñosa. Hállanse, 
por la verdad, en estado do violencia las adquisi- 
ciones indefinidas de los eclesiásticos. 

Se hace cargo que desdo 1591 ha ido en decaden- 
cia el reino, y lo atribuye á las contribuciones que 
paga el clero en fuerza de las concesiones pontifi- 
cias « porque cuando le viene á su propósito, ningu- 



na autoridad le es respetable ; modo fácil , aunque 
no concluyente, de aparentar que sale de las difi- 
cultades. 

Si este prelado hubiese reflexionado con sereni- 
dad la materia, habría podido sacar dos ilación» 
más naturales, más ciertas y más respetuosas á 1» 
autoridades real y pontificia. 

La primera, que ya en 1591 las adquisiciones 
exenciones eran tales, que las fuerzas de lossegla- 
res no bastaban para soportar las cargas del Eata- 
do, y habia llegado el caso indispensable y preciso 
de obligar al clero secular y regular á ayudará 
esta común obligación , por la utilidad que le resal- 
ta al clero, como miembro civil, de la prosperidad 
pública y conservación del reino. En tales circosf- 
tancias, salvo el Obispo de Cuenca, convienen ion 
los eclesiásticos más preocupados de su exención 
en que los príncipes tienen derecho y titulo justo 
para exigir de los privilegiados su prorata de con- 
tribución ; porque el privilegio dimanado de la au- 
toridad civil se ha vuelto ruinoso y perjudicial 

De esta primera ilación habría sacado el conven- 
cimiento provechoso de que las concesiones pon- 
tificias desde 1591 han sido justas y necesarias; no 
pudiendo, por lo mismo, de unos actos irreprensibles 
resultar las desgracias que ha experimentado 1* 
monarquía ; porque de una causa buena nunca pue- 
den derivarse efectos malos. Es inaplicable lo que 
atribuye al venerable don Juan de Palafoz, que 
jamas disputó estas concesiones, y su celo lo redu- 
jo á quo los millones no se cobrasen sin ellas, si- 
guiendo la doctrina del canónigo Juan Gutiérrez, 
contra la cual escribió el señor don Juan del Casti- 
llo y Sotomayor, varón doctísimo, en cuya compro- 
bación hay mucho que decir, y se omite por no 
entrarse en digresiones inútiles, como lo es pan 
el punto de amortización la cita del venerable Obis- 
po de Osma. 

Pero , á falta de buenos y sólidos fundamentos 
inmediatos, se suelen mezclar otros asuntos dife- 
rentes para distraer al lector del hilo y serie de U 
materia, ofuscándole en ella con especies extrañas; 
arbitrio, aunque no muy retórico, demasiado coman 
en aquellas cuestiones en que obra más el empeño 
que la persuasión del que escribe ; y así, proseguirá 
el Fiscal huyendo de caer en igual nota. 

La segunda ilación es, que aun contribuyendo 
las manos muertas con millones , subsidio y excu- 
sado, la fuerza de la monarquía no se ha recobrado, 
antes la despoblación y la debilidad van en aumen- 
to. A esta progresiva pérdida de fuerza nacional 
es consiguiente la inferioridad en los combates, y 
que la victoria se ponga de parte de nuestros ene- 
migos, pues por lo común favorece á los más fuertes 
y poderosos. Antes de la época que señala el reveren- 
do Obispo habia empezado ya á declinar la monar- 
quía, y su declinación ha seguido constantemente, 
y cada vez con impulso más precipitado; con qw 



EXPEDIENTE DEL 
subsiste la causa que la pro- 
Ln f m estado está eu U agricultu- 

ra, porque ella es la que aumenta la población, la 
'a, produce materias para las artes y d 

portar del reino , para ganar eu la 
balanxa mercantil con otras nseiam I as ar* 

tes, porque los víveres son más baratos, y suficien- 
te* jornales más cortos para mantener á los arte- 
sanos, 

De modo que en un estado puede encarecerse 
!>or el demasiado cúmulo do i nvile- 

>se la moneda, signo común de las mercan- 
cías* I lencia amenaza a los muy prósperos. 
El otro medio de decadencia resulta de que la 
falta de mercadería* y producciones extrae fuera el 
aigno común ; y esta situación decadente es la que 
agota el Estado y lo pone en su languidez ; la cual 
jamas puede verificarse en los pueblos donde flo- 
rece la agricultura y las tierras permanecen en loa 
seglares ; pero es muy ude las manos 
muertas poseen las tierras , cultivan las mejora de 
y aprovechan en sus usos el producto, 
extrayendo mucho de él fuera del reino, ya sea 
osicion de los superiores extranjeros, ya sea 
por lujo i5 vestuario de bayetas, anaseotes, palios, 
que en gran parte vienen de fuera, comidas cua- 

fes, gastos en I y en la 

romana, ote. 

No | ¿rarse que mientras la agricultura 

estaba puj i lempo de los Reyes Caí 

y ñe Carlos I, nuestras manufacturas surtían a los 
M , a la España misma y á p^an parte de Eu- 
ropa des de aquellos países ve- 
nían i snsur la industria de nuestros labra- 
dores y artesanos. Las tropas, saoadas de entre los 
itot labradores, eran irresistibles en todas las 
partes del mundo, y seis mil hombree, como dice 
Trajano Booalini, hechos á vencer en cualquier 
>ate, hacían temblar á sus enemigos en todos 
los ángulos de la tierra. 

i cortes de Valladolid de 1545 testifican que 
hallaban tanto despacho de 
1 icturae, y era tan activo el comercio de 
la nación , que algunos de ellos tenían ajustados 
con ai 'i de seis años los géneros de sus fá- 

as, 
La agricultura ba decaído, las glorías de la na- 
le lian oscurecido. Pregunta ahora el I 
ser la nm 
•hispo, 6 do otrn píela 

Si ahoTa es per- no au- 

no lo era en tiempo de los 
Católicos y de Carlos I, t el clima 

nadado ni la naturaleza ha degenerado? 

La verdadera causa consiste en que las tierras 
kai en las manos muertas; las fatni- 

Ilias Motilares ae han vuelto jornalera* y labran ya 
«orno mercenarias, porque al fin no labran para sí ¡ 



OBISPO DE CUENCA. 

y á otras no Jes ba quedado qu< - las 

comunidades y la Mesta, que tanto alai 

I >biapo T por ir en todo contra el sistem 
blioo, lian reducido a dehesas y habitación de 
tías los que antes habían sido campos labrantíos 6 
do pasto y labor; reduciéndose á mendigos los que 
en el tiempo floreciente les cultivaban 
bradorea, porque se les quitaron las tierras en que 
ae empleaban, luego que los comunidades, en 
quienes recayeron por fundaciones, herencias y 
compras en anos calamitosos, las redujeron A puro 
pasto. Há más de siglo y medio que el i 
eu cortes , está gritando contra la Mesta; los pue- 
blos, las provincias enteras ostiin llenas de los mis- 
mas quejas, y con la desgracia de ' aupa- 
dos á muchos, en quienes reside la 1 para 
remediarlo. 

Lan Cortes claman desde el reinado del sefior 
Carlos I contra las adquisiciones do manos muer- 
tas, anunciando la próxima d< 
si no se atajaba , poniéndolas i 
de adquirir y aun obligándolas á v- :?!ares 

los bienes raíces sobrantes, reduciendo en los clan 
tros é un justo número sus individuos* El remedio 
no se puso, Antes en tiempo de Felipe 1 r 
pilcaron los conventos » titulo di 
funda ba capellanías ; y t< 

de una segur arrasadora, fué arrancando de su 
gares considerable número de vecinos poblí 
que se habrían conserva 1 ^ar i 

dejar las tierras á las comunidades «dores 

y dotadores de éstas, las hubiesen ellos her 
de sus cercanos parientes, deudos y axni 
la Escritura y los Santos Pa 

¡Cuántas fundaciones se han hecho poi 
en las confesiones y vi as que en ■ 
licitas, y mucho menos en el fuero interior ! El abu 
so de adquirir por todos caminos las manos 
tas ha producido que las comunidad 
renunciado al mundo, se convirtieron en casas i 
labranza, y los vecinos en casas il 
viniendo las cosas, por un Arden inverso 
contra su propia in?" 

li pobreza, y pobre aqu- 
para mantener su familia , propagar la espec^ 
mana y sufrir las cargas de la re¡ >iga 1 

den en contra el Obispo, el esta 
actual, ni es conforme á la perfección, 
niente al reino* 
orA poeíl 
por más que el Fiscal se esfuerce en < 

ler abusos . 
la inmunidad, como si fuese ftwWHlftfrni dejar ani 
«I u i I /ir tos vasallos secnlsres lo 1a* 

iglesias ; mas no puede dispensarse de recordar ín 
que Diego Arredoma 
de su majestad y de los i 
entre otras cosas, á principios del reinado de Fali* 






EL CONDE DE FLOR I DA BLANCA. 



pe IV, en un diécurto que estampó sobre el resta- 
blecimiento de la monarquía, acerca del crecimien- 
to del estado eclesiástico, 

«El estado eclesiástico y religiones (ton palabra* 
d< Mtó escritor) ha crecido de algunos años á esta 
parte en número de personas, fundaciones de igle- 
sisa y monasterios, capellanías y dotaciones de 
obras pías, posesione* de bienes raíces, juros y ren- 
tas ; de manera que en gente es muy numeroso res- 
pecto al estado seglar, que en los mismos años ee 
ha disminuido, y en sustancia de hacienda tiene la 
mejor parte del reino, Y al paso que lleva por man- 
das y fundaciones de obras pías, que tanto se usan, 
y por meterse en las religiones los hijos y hijas de 
hombres ricos, y llevar sus legítimas ; si no se le 
pone límite, regulando cuarenta años venideros por 
otros tantos pasados en ellos , vendrán á ser bienes 
eclesiásticos y se convertirán en espirituales ios 
raíces que pueden ser de provecho, y los juros y 
rentas que no estuvieren incorporados en mayoraz- 
gos, con que jamas saldrán de este estado. Y puesta 
en él y en los mayorazgos la hacienda y sustancia 
del reino, se estrechará y disminuirá el pueblo, 
nervio y principal alimento de la república; de 
suerte que se dificultará mucho su reparo, y muchos 
hombres, con el aprieto de la necesidad , por no te- 
ner haciendas propias en que vivir y sustentarse, 
dejan sus tierras y naturalezas, lo que no harían 
si las tuviesen ; que el amor de ellas los detendría 
en su crianza y labranza, con beneficio general del 
reino. 

»Para cuyo remedio, sin alterar lo pasado, se 
podría mandar que en ninguna parte de él se pue- 
da fundar ninguna iglesia, capellanía, monasterio 
ni otra obra pía, ni pasar á las dichas fundaciones y 
obras pías por herencia, compra ni donación, nin- 
gunos bienes raíces, juros ni rentas, sin licencia de 
la junta; la cual habiendo entendido las religiones 
y sacerdotes que hubiere en el lugar donde se tra- 
tare de hacer fundación, y la necesidad de ella 
respecto á su vecindad, y los bienes y rentas que 
son menester, así para las nuevas fundaciones 
para aumento de las antiguas, proveerá lo 
que convenga al servicio de nuestro señor y de su 
majestad y á la conservación del reino ; con que no 
se quita ni impide el aumento de las cosas sagra- 
das y eclesiásticas donde conviniere le tenga, y 
se proviene á los daños que pueden resultar de que 
el estado eclesiástico y seglar no anden en el peso 
debido á la igualdad que deben tener, respetando 
las necesidades y obligaciones de cada uno de ellos, 
y de lo contrario se seguirán los efectos que cau- 
ri un cuerpo la desigualdad do humores, Y 
lo el de esta república compuesto de los dos 
estados, jí i ene guardar entre si 

recípr íay uniformidad que los 

el tiempo mostrare necesidad de 
apretar más esta materia, hallándola en este limito, 



Irá fácil disposición el hacerlo. Y sería mu 
conveniente subrogar algunas obras pisa en < 
como son dotaciones para casar doncellas 1 
ñas y pobres honradas, hospitales d*< nifint er 
tos y huérfanos, y otros pora sustentar 

m impedidos, que después de ha) 
su majestad por muchos años, padecen grandtti 
cesidades, y viejos honrados pobres, que hay i 

que por no se abatir á pedir mueren de 
si dad. 

i daño que había de causar en estos retara l 
aumento de loa bienes que se iban incorporando! 
el estado eclesiástico, se advirtió más há dse 
años, estando el reino junto en cortes, en lasqusf 
juntaron en Valladolid el año de 1523, en las -í 
Toledo de 1525, en las de Madrid do 1528, cal 
de Segovia que tuvo la serenísima Etnp 
de 153*2 1 y continuadas en Madrid por el Emp 
dor en 1534, en las de 1579 y 15*3. Ha> 
reparado de cien años á esta parte en daño tan j 
judicial, sin haberse ejecutado ninguno de los i 
medios que se han propuesto en tan largo tiempo,! 
puede considerar cuánto ha crecido la enajena 
de las haciendas que han salido del estado i 
y pasado al estado eclesiástico; y como los i 
las benefician, mirando sólo á su aprovechamiento, 
á los seglares que se las arriendan y administran 
no les queda útil considerable; de que procede < 
dejar sus patrias y darse á mendigar.» 

Este testimonio, tan autorizado, antiguo y 
cluyente, hace ver que no es invención del día i 
establecimiento de ley de amortización en Espa 
y que sin exponer su honor y fidelidad, no pu 
dispensarse el Fiscal de insistir y clamar sin i 
al Consejo y al Trono , para que se acabe de j 
limite á estas adquisiciones, tan opuestas á la con 
titucion sólida del Estado, y para que no se tole 
sin licencia y noticia del Gobierno; pues, pnr j 
que se esfuerce el reverendo r lo c 

lo, la capacidad de adquirir y de pose» 
en el reino, y el derecho de permanecer en la j 

Lad civil de él, todo dependa di la si.- 
real. Así lo confiesa paladinamente sai 
reprendiendo la temeridad de los clérigos 
tentaron en su tiempo decir lo contrario ; y á la 
verdad, que un testimonio como el de este 
r, de san Ambrosio, de santo Tomas y 
muchos, merece bien ser respetado del obispo dt 
Cuenca y de otro cualquiera eclesiástico de estoi 
reinos, por satisfecho que se halle de sus luces 6 
de su celo. Si los Santos Padres, ni el Evangel i 
claramente dice que el reino espiritual no es os 
este mundo, son insuficientes á convencer á los qs 
dictaron el informe del Obispo, vanamente el Fis- 
cal intentaría ser mus feliz en esta persuas: 

La conducción y surtimiento de granos 
otro artículo 6 sección del informe del referid 
prelado. En él conviene proceder con mas 



EXPEDIENTE DEL OBISPO DE CUENCA. 






cion y método del que observa dicho informe , por 
oufundir la materia con especies trocadas 

En loa afios de 1764 y 1765 se introdujo trigo 
ultramarino para el surtimiento de In corte, diri- 
; o estas pro vid t ario de II a c i e n - 

da , que corría al cargo del Marqués de B 

No vienen con estos autoB las órdenes dadas en 
«ate asunto f no obstante que son notorias y los fis- 
cales las pidieron; pero se deducen bastante' 

l expediente remitido de la vía reservada re 

» á los eclesiásticos de Valencia, y hay 
ellas en el Consejo, donde en el año de 1765 M 

varias consultas esta materia, siendo de di 
aen este supremo tribunal de que las conduccio- 
nes forzadas hacían la ruina de loa pueblos de Va- 
lencia, Murcia y Mancha, situados en la carrera 
or donde se conducía el trigo desembarcado en 

licantc. 

Estas órdenes ocasionaron gravísimas extor 

i á los vasallos de su majestad, por la dureza 
que hubo en esta parte, llevándose á mal las repre- 
sentaciones de] Consejo, y extraviando al de Ha- 
cienda, sin competirle la inspección de estos nego- 
cios de policía de granos, encomendados al Consejo 
or ley fundamental de su dotación. 

El propio extravio se hizo de la famosa causa 
entre don Francisco Pérez de Arce y el corregidor 
de Salamanca don Felipe de Cif uentea, sobre extrac- 
ciones y acopios de granos ; habiendo padecido este 
ultimo gravísimos perjuicios, que el Fiscal entien- 
de no se le han resarcido aún de) todo. Estos daños 
les padecieron los seglares, y de eso poco concepto 
forma el Obispo, 

No consta que los eclesiásticos de Cuenca acu- 
diesen con sus caballerías y mozos á portear el tri- 

i ultramarino á la corto; antes se enuncia en di- 
lio expediente de Valencia, por el fiscal de Ha- 
cienda, que en virtud de representación del reve- 
rendo Obispo de Cuenca, se suspendió por el Minis- 
terio la orden, Ó á lo menos no se insistió en ella 
á los eclesiásticos; pero los vasallos secu- 
larea sufrieron todo el peso de esta derrama, y fue- 
ron inauditas las extorsiones; y si alguno de los 
eclesiásticos se comprendió en ellas, el agravio es 
indubitable, y responsables de él las personas que 
le auxiliaron y aconsejaron» 

En dicho expediente de Valencia viene el extrac- 
to de una consulta de Octubre de 1765, ej< 
por el Consejo de Hacienda, sobre si aquellos ecle- 
* i así icos estaban ó no obligados á la condu 
el cnal so remitió, en 26 del mismo mes, á informo 
del padre confesor, quien, en 31 del mismo, 
dictamen de no deberse obligar á los celes i i 
4 ella, por el ningún interés que les res til tu '' 
surtimiento de la corte ; y asi lo resolvió su majes- 
tad, en 16 de Noviembre, posteriormente á la pro 
visión acordada de 30 de Octubre, expedida por el 
Consejó en consecuencia de las resoluciones á sus 



reiteradas consultas sobre esta materia Sobre ella 
nada hubo que vencer en el real ánimo, no por in- 
munidad del clero t que ninguna tí*n<> cuando versa 
necesidad, sino porque se conceptuaron las Órde- 
nes del Ministerio y sns comisionados excedentes 
» convenientes al público; dimanando en 
gran parte este desorden del trastorno de sacar 
arbitrariamente, como entonces se hizo, estas ma- 
terias de su centro, y llevarlas á un tribunal donde 
podian tener más mano é influencia los que mane- 
jaban acopios y conducciones. Este fué el verda- 
dero origen de tales desórdenes, ayudando á ellos 
al tribunal eclesiástico con las censuras impuestas 
en Utiel, Vcllisca y otras partes. 

Queda, pues, en claro que la inmunidad nada 
padeció en Cuenca luego que representó el Obispo ; 
que bu majestad no quiso adherir á los dictámenes 
del Consejo de Hacienda, ni á las máximas adop- 
tadas por el Ministerio en lo tocante á los eclesiás- 
ticos de Valencia, ateniéndose al dictamen de su 
confesor. Este evidente hecho califica la ligereza 
con que este prelado inculca el piadoso real ánimo 
y la rectitud del confesor. 

No pide ahora el Fiscal que parezcan las órdenes 
sobre conducciones do granos ; que se examinen los 
autores de ellas, se ju los daños padecidos 

por los vasallos, y se condene en su resarció ¡ 
á los verdaderos causantes, porque no ha venido el 
expediente al Consejo ; pero en esta parte hallaría 
más dificultad el Fiscal en indemuizar á algunas 
i as de la inversión en extraviar la policía de 
granos de los tribunales nativos ; siendo loable la 
piadosa benignidad del Rey en estos asuntos, que 
defirió en todo á cuanto le representó el Consejo, 
como lo testifican las resoluciones y consultas, que 
están en el archivo. 

El Obispo de Cuenca en punto de surtimiento 
público de granos no se halla fuera de exceso, por- 
que él mismo confiesa impuso censuras reservadas 
m Cama Domini al Corregidor de Utiel, sólo porque 
ejecutaba las órdenes del Ministerio, relativas á la 
conducción, que nunca pueden rozarse con la in- 
munidad; pues cuando fuesen obligados á olla los 
seculares por necesidad pública, también lo son los 
•-a, como ciudadanos y miembros de la 
y el calificar, cuando llega el caso 
no al Obispa 

El < uzalez, no 

daba estas órdenes á nombre propio, sino como eje- 
OUtox de las que á nombre de so majestad lecomu- 
uilacc, no estando en su 
» suspenderlas sin desacato á la soberanía. 
Ni aun < i ^en gravosas, era parte el ra- 

lo Obispo de Cuenca y su provisor pai 
pedir el uso de su jurisdicción con las censuras fa- 
voritas in Gma Domini al Corregidor, que Dt 
sujeto, en materias de gobierno y económicas, á res* 
i al Obispo, Y así, tan lejos estuvo dé babor 



EXPEDIENTE DEL OBISPO DE CUENCA. 



i aquellos oscuros autores y li ilserables 

o Ramos. 
De la misma uaturnlejia 

lo Prado, dio á luz ■ 
\ su competencia coa doi 0, siendo 

Dbcruadnr de aquella 0ÍB 

i obvio, y que ambas alegaciones se escri- 
on ron calor y pasión para ensanchar 1a juris- 
eion ecl bb asuntos d»< policía, juzga el 

y excusado molestar al Con* 
e su instancia á que se dé una ¡ 
¡a general para hacer cesar estos algu;n 
i vara en las pocas diócesis donde existen , porque 
tno es creíble que en la ilustración preséntese 
Hueven por los eclesiásticos las pretensiones de 
aifacio VIII en materia de jurisdicción, asi por 
rías reprobado Clemente V, su sucesor, con un 
ncilio general, que fué el de Viena del Delfina* 
j, como por ser novedades subversivas de la au- 
ídad civil, intolerables en paia al;: 
A lo que se dice sobro tonsurados, tiene el Con» 
acordada una providencia circular reciente- 
ate, en uso tle la protección al concilio, para que 
raigan clerical y asciendan á las órdenes 

An* ri»ntro del tiempo prefinido. E^ta circular 
rmente del informe del i 
)b¡spo, y no duda el Fiscal de su celo w 
k ponerla en eje< I8U obediencia 

ritará el disfraz de los clérigos, y estos 

i su propio traje, t compañías y 

nodales, sin dar ocasión á los jueces reales para 
i ios prendan, corno puedes y deben hacer' 
ncia y en justicia, siempre que les en 
en delinquiendo Ó en forma sospechosa, para re- 
»g después á sus superiores é informar- 
o que les dan, en que se nota un descuido íu- 
o parto de muchos superiores eclesiasti- 
, El reverendo Obispo debería ser más benigno 
• pensar mejor en esta parte de los magistrados 
ales, los cuales pecan mas de indi 
violadores de la verdadera inmunidad clerical; sien- 
ir Job delitos donde quiera que 
os eír y la exención no alcanza á impedir 

nes, hacer responsables á loa ma- 
gistrado* de la omisión del mismo Obispo y sus 
ubalternos en tj r á los tonsurados, como 

lió con el de San Clemente, que dio lugar ala 
ndalosa competencia 
Alcalde mayoi < para de* 

pune á una especie de homicida, 
Do la inmunidad local trata im ule el 

i» verendo Obispo , y no quisiera que sobre ella so 
/a; y ése serio 
u á los mayores delinca i 
ao 1 r actúa] con el llamado 

Si, uno de los calmaos d 

jo le raliese una inmunidad fría y afectada. 



lo, á instancia del Fiscal que responde, por 
> el negocio, el Consejo declaró hacer fuerza 
y proceder dicho provisor; y ano haber 
lo este recurso prot> 

lo burlando de la justicia, después de haber 
tado la ciudad. Para que asi no suceda, ni 
excedan los ordinarios eclesiásticas de su limitada 
potestad, ejerce el Bey, por medio de sus tribuna- 
les supremos, esta autoridad may estática, prol 
va y eminente, Su objeto se dirige á irj 

jurisdicción eclesiástica; y asi, dice el 
I ovarrubias que lo mismo seria quitar estos 
ivoa de la Iglesia, que arruinar de 
todo punto la república, y no es de creer que el re- 
verendo Obispo de Cuenca pretenda ejercer su au- 
toridad sin limites, con tanto riesgo del Estado. 

La inmunidad local tiene muchas dificultades en 
su origen , porque no hay decisión canónica que la 
establezca en los primeros siglos, puesto que todos 
sus pruebas se fundan en las concesiones de loe 
emperadores y principes, á imitación de la que ha- 
bía entre los romanos siendo aun gentiles. 

Adoptada por la Iglesia , ha sido necesario mo- 
derar el uso, por la impunidad que atribuye a los 
delincuentes muchas veces, En 
la» iglesias de confugio* En Kápol^s 
está moderado el uso por convenio, y en Espalla se 
trató, el afio de 1747, con Benedicto XIV, de ex- 
ca do Valencia á todo el reino, ha- 
biendo escrito al propio fin un parecer fundado á 
este propotito, el inquisidor general, Obispo de Te- 
ruel, que para original en la secretaria de Estado, 
no de no perderse de vista, por los 
grnn«l jue quedan sin castigo por una ex- 

i indebida de la inmunidad local. 
Ta queda puesto en su verdadero aspecto lo que 
¡iatamente al punto de inmunidad local toca 
el reverendo Obispo, sobre las noticias de Gacetat 

curios y los verdaderos fines de tan ir 
tona instancia, cuando ni estas obras periódicas so 
publican dentro de su diócesis, ni, como materias 
puramente temporales y de estado, debiera nn 
M BU ellas. 

Recuerda la celebración de concilios provincia* 
les, y aun la necesidad de que se congregase al- 
guno nacional. En el afio de 1721 se dieron ól 
circulares para su celebración; pero ésta no tuvo 
- alguno. No es difícil de averiguar la cansa! 
si se lee la carta del muy reverendo cardenal Qui- 
D 15 do Noviembre de 1584, al car- 
'lín de la con- 
lio, en defensa de la regalía, 
nacionales 
<.*, á nombro de su majestad y 
¡yo, interviniese, en ellos; practi* « 
aun se observa en los tarraconenses. 

La curia romana quería impedir una regalía tan 
usa y antigua en España nomo la corona mis* 



M 



EL CONDE DE FLOttlDABLAV 



ma, y que se borrase, d á lo menos do se imprimiese, 
la asistencia del Marqués de Velada, en nmu 
Felipe II, al concilio provincial Toledano, celebra- 
do el año de 1582, habiendo interpuesto con el car- 
denal Quirogalos mayores megos á este fin. Y tam- 
bién ha solicitado aquella curia, con novedad, re- 
conocer los mismos concilios para su corrección y 
aprobación por medio de la congregación que lla- 
man del Concilio, 

El famoso don Juan Bautista Pérez , canónigo y 
bibliotecario de la santa iglesia de Toledo, secre- 
tario del concilio, después obispo deSegorbe, com- 
probó con irrefragables monumentos la prorki in- 
tervención del Rey 6 del enviado suyo á los con- 
cilios, probándolo con las actas casi de cuantos 
se celebraron en España, Está tan clara y patente 
esta regalía en los concilios y en el ordo ceh j 
¿oncilium, que nada se podia hacer sin asenso y 
cédula real en ellos , ni se ha hecho jamas. 

La novedad de que tales concilios se remitiesen 
a la revisión de la congregación del Concilio M 
encaminaba á impedir á los metropolitanos y sus 
sufragáneos ó Iglesia de Empana el poder que de 
antiguo tenían y han tenido independientemente 
para decretar y estatuir en sus concilios, sin ne- 
cesidad de otra concurrencia , en todo lo que no 
repugnase á la verdadera piedad, y contribuyese a 
mantener la pureza del dogma y á mejorar la dis- 
riplin.-i. Pues acabadas las actas de nuestros conci- 
lios nacionales ó provinciales, se presentaban al 
Rey f que hacia publicar su contenido en virtud de 
una ley ó edicto m confirmalionem concMii, en que 
iban extractados bus cánones. 

Estos antecedentes indubitables descubren los 
manejos que ha habido para impedir la celebración 
de concilios y para que cuando no pueda, sean del 
todo dependientes do la curia romana. De ese modo 
no queda arbitrio en el clero é Iglesia de España 
para poner la disciplina en vigor, ni para que los 
obispos recobren muchas de bus autoridades Qatfc- 
vas, eclipsadas por la infrecuencia de celebrarse 
estos concilios. 

El presente tiempo todavía no.es el conveniente 
para restablecer en esta parte la disciplina. I 
cesaría mayor instrucción en el común de la nación ¡ 
que las universidades mejoren su enseñanza, ha- 
ciéndose ésta por las fuentes canónicas, separando 
las decretales apócrifas y las producciones de los 
siglos de ignorancia; que el clero piense como debe 
en sus nativas autoridades en lo eclesiástico, en lu- 
gar de turbar uno ó otro prelado al gobierno civil 
en sus mejores planes. La concurrencia de los obis- 
pos á los concilios provinciales Ó nacionales es úti- 
lísima cuando todos se hallan despejados de pre- 
ocupaciones y libres de sugestiones. Esfuércese, 
pues, el Obispo de Cuenca á promover el restable- 
cimiento del episcopado en Espafia, á instruir al 
clero, a reformar los abusos de las exenciones , y 



i un campo fértil en qae hacer brillar en 
huyendo de los asuntos de gobierno, de que 
muy distante. 

Concluye, finalmente, el reverendo 
culcáudose en la real pragmática de 18 de 
de 1762, sobre el pase y presentación de breves f 
pacfioB de la curia romana antes de publicarse y ép 
cutarse en el reino, y también declama c 
cédula tocante a \&b prohibiciones de libros que 
la Inquisición, y salió con igual data. 

No se sabe á qué fin traiga esta noticia ; pues 
de se hallan recogidas estas providencia» y 
sa su ejecución, sino es para difundir la falsa * 
ticia de las censuras in Cana Dominí , que snpof 
haber incurrido el señor Felipe IV , y de que di» 
le mandó absolver Urbano VIII f recibiéndola^ 
ni lene i a que le impusiese su confesar. Con 
pede decae en la pragmática y cédulas que 
citadas, y tiene la avilantez de poner la sij 
clausula : Testigo es vuestra majesitid de la 
verdad; esto es, a lo que puede entenderse. <U 
ber incurrido en iguales censuras y recibido U 
ma penitencia. 

j igual ilegalidad supone revocadas lȇe* 
terminaciones del citado día 18 de Enero delTÜ 
cuando el real decreto de 5 de Julio de 1763 j» 
vino únicamente se recogiese la pragmática, k 
terin su majestad explicaba bus reales inteno* 
nes; cosa del todo diferente, y que, como sed 
entender, esU pendiente para la explicación 
algunas cláusulas, que miraban más al modo< 
á la sustancia , especialmente do si con 
en los rescriptos de particulares que no ürj* 
sen consecuencia sujetarles genéricamente al Sm> 
quattir. 

Jamas dudó el Consejo, en su consulta de304ft 
Octubre de 1761, en la potestad de su majesrtad ptrt 
establecerlo, porque apenas hay estado cató! 
doode no se halle en práctica, y es, por otro laác 
más conveniente y respetoso impedir la ejecnciot 
de los breveB que puedan producir escándalo ó pv* 
juicio antes de publicarse, que esperar el daño pía 
poner remedio. Y asi se lee en dicha consulta • 
siguiente cláusula: «Por todo lo expuesto, y pro- 
cediendo el Consejo a manifestar con separad** 
fu dictamen, le parece, en cuanto á facultades, qn 
vuestra majestad tiene autoridad y pote- 
mandar» por regla general, se presenten y toso» 
de cualquiera mano todas cuantas bulas, brerwí 
rescriptos vengan de Roma, de cualquiera cl***7 
naturaleza que sean.* 

En esta presentación previa para obtener el » 
quatur^ no se trata de la justicia 6 injusticia de ti- 
les rescriptos, sino únicamente de reparar si en MI 
clausulas y material sonido se trastornan las leyo^ 
usos y costumbres de la nación, ó la disciplina rea- 
bida en el reino, y autoridad nativa de los superita 
rea eclesiásticos establecidos en el reino con la di*- 



EXPEDIENTE DEL 

plina monástica, 6 si so 
puedan traer escúndalo. 
En una palabra, los mismos f undamentos que ver- 
i para loa recursos protectivos de retención, obran 
ra la presentación precia y aprensión general 
ao real de los breves y degp& i curia 

i; porque, n<» indis- 

ble la dev 
retención en la forma ordinaria, con i 
i las partes, y declara si son de retener 6 de 
er para eer ejecutados. 

En Ñapóles sostuvo esta regalía el famoso Duque 
i Alcalá durante el reinado del m \e II, 

ajo de su aprobación y la de sus consejos, habién- 
ase aquietado á su ejecución , mejor informado, un 
apa tan respetable entre otros como san Pío V. 
Con el mismo vigor se sostuvo en Fíateles, en 
npo de CárloB II, este mismo derecho mayes- 
ico, que allí llaman plácito regio , cuya justicia, 
i nada ofensiva de la inmunidad, demuestra, con 
hos, el eefior don Pedro de Salcedo, doc- 
00 fiscal y ministro del Consejo. Nadio pensó*, 
de Cuenca, que pudiera haber leído 
gia del padre Enriquez, que en def 
lías de unas provincias de la monar- 
n los soberanos ni bus ni i 
i en semejante tacha ó pretensas censuras llama- 
i de la Cena, ó pormej leí monitorio m 

i Dominio por estar retenidas y sn¡ 

le Felipe II, en cuanto ofenden las re- 
s,y aun en el resto del orín 

ion lo demostró el Fiscal en el 
ívo, que pende en el < íonsejo, sobre 
litar del curao canónico del padre ¡durillo el 
Domini, estampado en él indel 
atavio de la regalía. 
Es, p uio, falsa la incursión de semejan- 

do el presente caso ni en el di 
pe IV, y una suposición gratuita del 01 
tatemar é intimidar apersonas simples, 
recen de instrucción y lectura. 
lioso para impresionar de la crítica situ 
so hallaban las cosas on el reino al tiempo 
i que escribía, tanta 

abo decs}« ifl y espantadizas, i 

non -o miraría 

l«iu tomaba 00 hi la VOS At todo 

.na. 

Para su desengaño debí/) advertir este prelado 

i: la primera mine 

( f coi, I para esta- 

i breves y despachos do I ra ob- 

tener el pan: antea de su publicación , según la uti- 
¡<1 j ti> dictare. 

I atAur iendo fiscal 

Cotiacj i 6 sol i dís imam ente los derechos 



OBISPO DE CUENCA. Cl 

de la soberanía para establecer semejante ley, que 
en resolución, á consulta del Consejo pleno de 12 
de Enero de 1751 , manifestó el señor Fernando VI, 
de augusta memoria, deseaba se practicase en es- 
t js reinos, á imitación de lo* «le indias, por los in- 
convenientes que observaba de lo contrario. Toda 
la dificultad de este docto ruiníatro se cifro en si 
sería embarazosa al despacho la universal y gene- 
ral presentación indefinida, por su multitud y no 

en los particulares y acostumbrados re^ 
tos igual necesidad que en los generales. No es, 

invención del presente reinado la necesidad 
de establecer pragmática, ni dudar en la necesidad 
de ella* Las palabras de la real resolución del se- 
ñor Fernando VI en esta parte dicen : u Asimismo 
me informará el Consejo si convendrá se ponga 
en práctica en estos reinos lo que se observa en el 
Consejo de Indias con las bulas, breves 6 rescrip- 
tos expedidos para aquellos dominios, y espero do 
su celo y activi atener los abu- 

sos que en estos asuntos se ofrezcan , y en propo- 
lo que considerare puede conducir para su 

iio.i» 
El Consejo, con la misma uniformidad , convino, 
como q i el principio cierto de ser pro- 

pio de la soberanía el establecimiento de semejante 
lev, y la discordancia de los votos estuvo en ate- 
nerse unos á que la presentación de rescriptos re- 
cayese sobre los generales ó que trajesen incon- 
veniente grave, y haber extendidose otros á mayor 
número de ¡ pero sin que en la sustan- 

1 exequátur quedase duda en la potestad re- 
gia; porque si todos convenían en lo más, claro es 
quo la duda no podía recaer en lo menos, que eran 
los rescriptos de particulares, porque no mudan de 

Lo que sí muda es la alteración do hechos y la 
escasa noticia de principios que se descubre en todo 
este iv Lo Obispo, el cual, á modo 

iculo, quiere ser creído sobre su palabra. Si 
hubie- lo al doctísimo obispo Jacobo He- 

rí contraria todo lo necesario 
para porque el primer principio de 

do ha de nacer de tonada en grado emi- 
darla nada nanos que aun 
ro. 
I i arzobispo don fray Francisco do 

varón al cual no pe tacha 

!, y este mismo aconsejó á don 
rtas bulas 
i^álaigh 
y ordenes generales para que no 
se curii los despachos, bulas y 

curia romana, sin preceder la pr< 
pr-_ y obtener el /mus. Asi so dotenninó y 

mando !ica Alvar Gómez, en la vida 

de «Bt* cardenal. Vea aquí el reverendo 01 
cuan antigua es esta regalía, quo ni aun cl misino; 






62 



EL CCNDE DE FLOR IDA BLANCA. 



doctísimo papa Benedicto XIV intentó impugnar, 
antes la consintió al Rey de Cerdefia; y escribió á 
favor de ella estando in minoribus y siendo tan 
gran letrado. 

Por esa razón está extendida con mucho pulso 
la resolución de Fernando VI á la citada consulta 
de 12 de Enero de 1751 , porque la promulgación 
de la pragmática de 18 de Enero de 1762 no es una 
ley nueva , sino una renovación de la providencia 
tomada desde los Reyes Católicos por regla gene- 
ral , usada según el espíritu del gobierno ó la ne- 
cesidad de los casos. No son diferentes los princi- 
pios ni la utilidad respecto á Indias de los que ver- 
san en estos reinos. Si alli no hieren en un ápice la 
inmunidad, ¿no se ve que es declamación volunta- 
ría cuanto sobre esto hablan personas interesadas, 
para intimidar con ponderaciones, á falta de sólidos 
conocimientos? 

A los reyes pertenece velar sobre la policía ex- 
terna de la Iglesia, en la exacta observación de los 
cánones y concilios y en que nada de esto se re- 
laje. Esta verdad y máxima fundamental no la po- 
drá negar el reverendo Obispo , porque los mismos 
concilios, y señaladamente el de Trento, exhortan á 
los reyes y principes soberanos, implorando su 
protección augusta para la observancia de las re- 
glas canónicas. 

¿Cómo podrán conocer si estas disposiciones ca- 
nónicas recibidas y útiles á la Iglesia do España se 
quebrantan ó relajan ó dispensan por importuni- 
dad do preces, ó se establecen cosas contrarias á 
los cánones en fuerza de un poder arbitrario , si 
por medio del pase ó exequátur no se instruye el 
real ánimo de las novedades que se intentan intro- 
ducir en perjuicio do los ordinarios ó de las rega- 
lías? Que el ministerio y curiales de Roma procura- 
sen oponerse con toda su actividad y refinada po- 
lítica, vertiendo escrúpulos afectados á la real prag- 
mática de 18 de Enero de 1762 , ya lo comprende el 
Fiscal , porque su interés es obrar sin límite : cer- 
cenar las autoridades nativas de los obispos , man- 
tenerles en inacción y hacerse arbitros de dispen- 
sarlo todo por el interés y valimiento que de ello 
les resulta. Fué, por lo mismo, consiguiente movie- 
sen á la santidad de Clemente XIII á que despa- 
chase su breve suplicatorio al Rey para la revo- 
cación ó moderación de dicha real pragmática. 
Pero que un obispo, que en calidad de tal es vasa- 
llo del Rey y do su Consejo , impugne la autoridad 
del Soberano y sus leyes, encaminadas principal- 
mente á conservar ilesos en España los derechos 
del episcopado, é impedir que los curiales los tras- 
tornen con sus dispensas y novedades, no alcanza 
á comprenderlo el Fiscal, ni tiene que atribuirlo 4 
sino á que este prelado no so halla bien instruido 
del negocio, ni aun do sus más obvios y comunes 
principios , y que discurre en él por lo que ha oido 
apersonas vulgares, ajenas de sólida instrucción 



canónica y muy remotas do las regalías. Hnbien 
sido bueno que las tales personas leyesen nuestra 
concilios españoles antiguos, y hallarían que n 
convocación , la indicación de los asuntos que « 
debian tratar y la intimación de los mismos cáno- 
nes se hacia, precedido el exequátur 6 edicto regio. 
Los mismos papas para la publicación de los con- 
cilios generales en el reino han solicitado el «w- 
quaiur, como lo hizo León II con el rey Ervigk, 
sin referir otros casos. 

Los nuncios de su santidad obtienen el pau í 
exequátur de sus facultades , y antes qne se dé pe 
el Consejo no usan do ellas, y si lo intentasen b- 
cer, se haria reponer cuanto obrasen por atentado, 
como sucedió con el Arzobispo de Damiata. Sn d 
acto mismo de extender esta respuesta se le to- 
ban de pasar al Fiscal las facultades del reverme» 
arzobispo de Nicoa, don César Albricio Lucin^pm 
sn reconocimiento, antes que entre á suceder en a 
nunciatura al muy reverendo cardenal don Láan 
Opicio Palavieini. 

El mismo reverendo Obispo de Cuenca presentó 
en la Cámara sus bulas , y so le dio el pase , oído d 
fiscal de su majestad, y libró para el cumplimien- 
to el ejecutorial de estilo. 

Pregúntase ahora si está incurso dicho Obispo 
en sus pretensas censuras in Cana Dotnini porhs 
bcr acudido á la potestad real á solicitar el pul 
de sus bulas que confirman su nombramiento ti 
obispado. 

Dirá que no, porque su reconocimiento en b 
Cámara versa en inspeccionar si contienen algo di 
nuevo en diminución de las regalías y patronit» 
real , de las facultades nativaB del Obispo, 6 entra- 
torno de los cánones y disciplina recibida en ú 
reino. 

Los príncipes y los tribunales han usado mil ó 
menos de esta regalía , según las circnnstanciu 4 
la ilustración lo han pedido, como materia entera- 
mente dependiente de su soberanía. La real prag- 
mática quiso fijarla, y su majestad, permaneciendo 
en esta misma máxima , reservó explicar sus reales 
intenciones para darlo la última mano y hacerla m* 
practicable. Todo lo que expone el Fiscal es con- 
forme á los hechos, y no encuentra algunos quedk> 
culpen las injuriosas especies estampadas sobre eite 
particular por el reverendo Obispo, con envileci- 
miento de la dignidad y decoro real ; siendo tales, 
que el Fiscal no podrá dejar do clamar á este Su- 
premo Tribunal hasta que se dé completa satisb- 
cion al Gobierno. 

No es menos extraordinario lo que en punto á U 
cédula del mismo dia 18 de Enero de 1762 tocante 
á prescribir regla á la Inquisición sobre la prohibi- 
ción de libros, amontona en pocas líneas el Obispo. 

Supone que su majestad revocó esta cédala y « 
hecho incierto y alterado , porque el real decreto 
de 5 de Julio de 1763, prescindiendo de que no 



¡: DIENTE DEL OBISPO DE CUENCA 



63 



rooó la Real pragm ti una palabra 

Ea desacato decir que con errada inte i 

V, de 
ata memoria, cuando la mente, asi de la coi 

como do la oéd iq se oiga á los su- 

ores ai < leñar sus 

Esta providem : o Jado, ea tan justa, que 

un cuando no hubiera tal constitución , pide la 
i justicia se oiga al autor antes dt 
bien ent' r 
nadie del sentido en que se e 

nentos do en raeioe¡ illa en asi 

i desimpresionar tal vez á los encargados del ex- 
rgatorio de libros, de algún siniestro 6 apasto- 
<pto que hayan formado, como sucede 
ra vex por este defecto do audiencia. La ver- 
de este concepto se manifestó en la práctica 
sí va á dicha real cédula con las obras del pa- 
ense do Leruela , por 
i de haberle oíd o, como notorio, no 

iebia pasarlo en silencio el reverendo Obispo; 

, persuade la utilidad 
)loe-' ila. 

Es verdad que las cédulas también se recop 
con iol indirectas, y tal vez en ellas había 

mas i tisidor g« 

• d <-- s d c 1 as qu e con veni a , re 
es que viniesen de Roma sobre co 
' ic^el pase 

ían en las facultades di la 1j 
au,y al Consejo real, 

lia. 

Los q =iente 

auto acordado, ó* sea resolución del seño 
IV, á consulta del Consejo, que apoya la letra 
¡i, y su respetable contexto y 
robidad* quedando i 
icir d términos más conveut 

La prohibición 6 permisión 

io se ve en la pragmática d< 
que I tal, 

del Expurgatorio 6 Memorial 

es, so delegó por autora- 
l real al Sa* lao en pilas mis- 

ponga li- 
"8 al abu- 
i ) se nota en las pr. 
ea Im 

dore- M algunas veces 

da cáemelas » J las man p 
calificador 

con las rogabas y ¡arfad i» 
malta quitar de cutre las manos A los estudiosos 



libros útilísimos, con daño universal de la nación 
y atraso lastimoso de la instrucción pública. 

■ I icos dieron grandes 
alabar i ai naciones de SU majes 

t?n 18 de Enero de 17G2, coi 

so tratado de Justino Fcbro- 
nio, en que in del Sob 

y la autoridad de lof i ll £ ar » 

OOn testimonios irrefragable* de antigüedad eole- 
a. [ Ojala que los que rodean al reverendo 
Obisp. « Padres, a consultar ios con- 

cilios y las leyes, antes de arrojarse á tocar unas 
riafl muy superiores á su instrucción y cono* 
cimiento! 

Es de la gloría de su majestad el haber mandado 
recoger la real pragmática para explicarla según 
des intenciones ; pero también se halla em- 
peñado el decoro y reputación del Gobierno en de- 
clarar los límites de estas regalías , hacerlas obser- 
var con vigor y restablecer la pragmática y cédula, 
hechas las convenientes declaraciones 

A causa de esta suspensión se experimentan gra- 
ves perjuicios é inconvenientes , como el de haberse 
atrevido un clérigo mallorquín , en fines del afio 
pasado de 1766, en fuerza de despachos de la 
romana, á poner por excomulgado al reverendo 
Obispo de Mallorca , prelado de tantas ptendat 
tud y letras, fijándose en Menorca loa cedulones, 
con escándalo, mengua y oprobio de nuestro ge- 
no resulta de los aut iden en el 
jo y están le los fiscales. Vea ahora 
si la regalía del txequatur ea 
necesaria para conservar á los obispos mismos en 
el libre uso de sus funciones pastorales, y a cada 
uno en sus Umitas. 

No contento el Obispo de Cuenca con inspirar 
en sus cartas especies tan sediciosas contra el Go- 
bierno en las materias eclesiásticas , capaces de in 
Crocita rebelión los pueblos, vuelve á sus favori* 
-ido y novales, atribuyendo A 
la escasez de granos, que con más pureza y 
i podría achacar á la deteriora i agri- 

cultura por las muchas tierras que las 
des y i j lian Toducido á dehesas 

n inspirado, que de ahí 
i I abana; constando al nni- 
contra los que no ta de- 
como era de su obligación, expo- 
sl último trance por la pj 

la de la escuadra sin obrar, y 
Duplicados en el mismo proceso 
i '■-«, y tac no habérseles pasado las 

órdete <™ incorporarse con la « 

dra do nuestro 

■ 

ma causa haberse disipado sin 

t ugat 

algunos, da poco su . . n la hospitalidad, y 












64 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



de otras circunstancias naturales , sin acudir preci- 
samente á las sobrenaturales? La victoria tiene sus 
antecedentes necesarios ; es por lo común el fruto 
de la actividad, de la buena disciplina y subordi- 
nación de las tropas, y de la robustez de ellas , me- 
diante su buena curación y asistencia. Es tan na- 
tural que venzan ejércitos bien disciplinados y asis- 
tidos, como el que se disipen los que carecen de tan 
precisos auxilios y calidades. 

A la misma causa atribuye el Prelado los albo- 
rotos de los pueblos é insolencias de la plebe en los 
bullicios pasados. Es más natural deducirlas del 
descontento y malas doctrinas que se inspiraron , y 
á la verdad que estos papeles del reverendo Obispo 
no habrán sido misiones muy provechosas. 

Finalmente , dice que todos los males dimanan 
de la opresión de la Iglesia, entendiendo la Igleaia 
en el modo que va dicho, y como la entendían los 
monjes y Patriarca de Constantinopla , que á título 
de devoción se metían en el gobierno, concitaban 
los pueblos contra los magistrados y aun contra 
los emperadores. De aquí nacian continuos tumul- 
tos y las rebeliones contra aquellos príncipes. Lle- 
gó la estupidez y superstición , en el imperio orien- 
tal, á tener ocupados los soldados en construir el 
templo de Santa Sofía , mientras los turcos inva- 
dían los confínes del imperio , ocupaban las provin- 
cias y cautivábanlos cristianos, como si el hermo- 
sear una catedral ó templo debiese prevalecer á la 
conservación del cristianismo en todas aquellas re- 
giones. 

La Providencia divina redujo la iglesia oriental 
á cautiverio , cayó en cisma, y el orgulloso Patriar- 
ca y monjes , que deponían los emperadores y mi- 
nistros , están ahora en dependencia servil de los 
mahometanos. 

La Iglesia está dentro del Estado, como advierte 
bien Optato Milevitano, y el Estado no puede per- 
manecer si los eclesiásticos se introducen á turbar 
el gobierno, porque son materias del todo ajenas 
de su conocimiento y competencia; y por otro lado, 
el vulgo ignorante se deja preocupar cada vez más. 

Los eclesiásticos, en la última época de los reyes 
godos , se ingerían en las elecciones reales y hasta 
en las conspiraciones y deposiciones de sus prín- 
cipes. El poder soberano llegó á hacerse vacilante 
y precario y á perder su fuerza, sometiéndose todo 
el reino bajo del poder arbitrario del clero. Basta 
leer nuestros concilios para demostrar esta verdad. 

Las consecuencias fueron iguales en España 
en el siglo viii, á las que en el siglo xv experi- 
mentó el imporio oriental. Por lo mismo deben 
tenor cuantos gobiernan muy á la vista el consejo 
de Antonio Pérez y de fray Juan Márquez, y los 
gobiernos recolar mucho de quo el clero, á título de 
.piedad mal entendida, so apodere del mando, y de 
que el fanatismo se introduzca en los pueblos en 
logar de le ilustración y verdadera piedad. Tam- 



poco debe tolerar que los ministros se quieran arro- 
gar el nombre de la Iglesia; porque en tal caso todo 
está perdido. Las letras, las artes, la agricultura, 
el comercio, la navegación , la milicia se abaten en 
países supersticiosos , y al fin se pierden, como su- 
cedió cuando los árabes vinieron á Espalia , que m 
aun armas tenían nuestros mayores para defenderse 
de ellos, y recurrieron por toda defensa á la natu- 
ral de las ásperas montanas de Asturias. 

Distintos son los derechos del santuario de los 
del imperio, y nadie ha autorizado á los eclesiásti- 
cos para meterse en éstos, ni impedir el uso deh 
protección y vigilancia exterior que el Gobiersc 
debe tener sobre la conducta del clero en cuanto 
miembro del Estado, y en que cumpla sus funcio- 
nes , sin salir de sus límites. Tribunales tiene «1 
Rey, donde pueden recurrir los eclesiásticos en m 
pretendidos agravios. El alterar estos subordina- 
dos recursos, el declamar contra sus providencial 
con generalidad, y conmover con este fin, esa 
sustancia inducir á sedación , y por decirlo de na 
vez, es faltar al juramento que el clero presta al 
Rey por medio de los obispos. 

Se ha difundido el Fiscal, porque en tono di 
triunfo se han traido de mano en mano las cartai 
del Obispo , y se han querido cubrir con ellas Im 
execrables maldades de los bullicios pasados é in- 
fundir en los simples fanatismo. 

Pudiera el Fiscal pedir que se tratase al ref- 
rendo Obispo como á reo de Estado, porque ponen 
boca, como dice la Escritura, contra su principe 7 
contra su gobierno, tirando á hacerle malquisto 
con sus vasallos. 

Se dirá que el Obispo es bueno y que obra mal 
aconsejado ; que es de una familia esclarecida 7 
que no puedo tener mala intención en lo que dice; 
y que al fin , si esto no basta, se le perdone, púas 
que el Rey con tanta generosidad ha perdonado 7 
sobrellevado tanto, y se ha portado con una benig- 
nidad inimitable con quienes debiera usar de tanto 
rigor. 

Podría el Fiscal pedir que, atento las especies que 
en sus escritos manifiesta este prelado, y su genio 
averso á la potestad real , se le echase de estos rei- 
nos, quedando el régimen de su obispado en manos 
más afectas al Rey, al ministerio y á la pública 
tranquilidad. 

A eso dirían sus valedores (que no le faltan al- 
gunos) que una providencia de esta especie tiraba 
á deshacerse de este prelado, por ser un varón cons- 
lantc y firmo ; que también el fanatismo tiene sus 
mártires, y ningunos ceden con mayor dificultad 
que aquellos en quienes se han impreso ideas se- 
mejantes á las que ha recopilado el reverendo Obis- 
po, y lisonjean el amor propio de algunas personas 
eclesiásticas, que se creen eximidas de toda auto- 
ridad pública. 

Otros dirán : a ¿ Qué se ha de hacer con un oh* 



EXPEDIENTE DEL OBISPO DE CUENCA. 



o?» Como si por serlo t aviene carta blanca para 
rbar el Gobierno y deaor- 

Si las ofensas fuesen hechas á personas singula- 

i privadamet uno es dueño de p* 

modo; no asi cuando voluntariamente y en pú- 

lico se declara la guerra al Gobierno, porque éste 

ia tachado de débil Ó perdería su reputación , y 

iin ella quedaría incapaz de bacer acciones gran- 

ice y dignas. 

Los papeles del Obispo, contrayéndose el Fiscal 

, delito y al escarmiento de los dias 15 de Abril y 

\áe Mayo, son libelos famosos, llenos de false- 

inj lirios y suposiciones, con el depravado 

de turbar el reino, aprovechándose de la opor- 

inidad que le prestaban los bullicios pasados; y 

m', pide el Fiscal que el original de dichos papelea 

. traído al Consejo y remitido ala sala, para que 

i á voje de pregonero le haga quemar por mano 

el ejecutor de la justicia en la forma ordinaria, y 

i ello remita testimonio al Consejo. 

Pido asimismo el Fiscal se mande por el Consejo 

reverendo Obispo comparezca en esta corte , y 

i estando el Consejo pleno, se le reprenda públi- 

aente de su atrevimiento é imposturas , y se le 

fcga saber judicialmente que si en adelant 

arriere en semejantes excesos ú otros equivalen- 

a, se le tratará con el rigor que Las leyes previe- 

ntra los quo hablan mal del Bey y de su 

gobierno; y hecha esta intimación, se le notifique 

ilga dentro de veinte y cuatro hornB á continuar 

i residencia, sin permitirle se presente en palacio. 

feto es lo que, cumpliendo con su obligación, 

roponey pide el Fiscal , y que el Consejo, sin per- 

licio de ponerlo en ejecución, dé noticia á su 

en consulta que se acuerde á oste fin. Mo- 
rid y Julio 16 de 1767. 

Con™ tía dd Consejo pleno. 

En el Consejo pleno , señor, se ha visto todo este 

l t reflexión y dete- 
nido de las 
materias q ron las cartas del rev. 

cica, don 1 ijal y Lan- 

No pudo menos de enternecerse el Consejo al 
leer li digno 

1 ir ol mismo prelad< i©e llegó á noti- 

ia de vuestra maj» :*stad la primera carta que con 
lia de 15 de Abn al padre 

afesor, fray Joaquin d< 

por 
Dportunidad do los i 

alia- 
ni los supuestos agrá* 

tíos dd i 

exponía el revi i tallarse ai: 

saqueado^ uticos y of andida la 



inmunidad de los templos, mediante las providen- 
> reinado de vuestra ma- 
jestad , coiu i u el del impío rey Achab; sin- 
gularizándose aquel prelado n declamar abierta- 
mente contra el Gobierno, tomándose una repre- 
sentación que por modo alguno le pertenece. 
Hócese cargo el Consejo de la mala coyuntura 
m majestad presentes es- 
, d> spues de unos bullicios que hubie- 
ran consternado aun ánimo que no estuviese dota- 
do de la magnanimidad y grandeza que el de vues- 
tra majestad. 

En vez de darse por ofendido de una declamación 

: nó vuestra majestad expedir 

la, llena de cláusulas piadosas y 

ríos III, que merecían escribirae 

en letras de oro , para que sirviesen de dechado á 

loa venideros. 

Explica* en 23 ai Obispo de Cuenca tos 

preten avíos de las personas, á los bienes 

y ó las Iglesias, con vaticinios funestos y melancó- 
licos ; increpándolo todo con un tono no correspon- 
diente al asunto ni á la augusta persona de vues- 
tra majestad, á quien se dirigía. 

Continuando i i ¡estad en dar ejemplo de 

rectitud y de un verdadero deseo del acierto y pros- 
A pública, tuvo á bien remitir, en 10 de Junio 
ruó año, al Consejo todo este negocio ; some- 
tiendo las principales acciones de su reinado á la 
leí primer tribunal de la nación, 
y para darle tod ie formase, or- 

dena rueatl i 1 al Consejo pidiese los expe- 

dientes y órdenes que se hubiesen causado sobro 
loa p u os cartas el 1j i epo f sacán- 

dose de cualesquiera o tiernas ó parajes donde se 
halla 

Con A Consejo á las justificadas y au- 

gustas intenciones de vuestra maj- 
sobre todos los puntos una especie de 
instructiva ó instrumental. Tr ajáronse loa expe- 
dienta 

que decia el revereii , y aun otros más, 

para a 

informar y oir de nuevo al mismo rever» 
po,con encargo d* qus produjese los d 
aut't¡- omprobacion de sus aser* 

ie por cení te fc*te 

aeguii los que 

De manera que ni ha pe- 
dido mayor instrucción aquel prelad" 

¡0 se haya dejado de fran- 
quear a oirle plenuii [gUlff la verdad 
nantoe medios y conductos podia adquirirso 
i, á pesar de la y di- 
laá de especies que hacían prolijo el expe- 
diente. 

Lo* stra majestad, por el orden 

con que el reverendo Obispo toca las materias, han 

5 



66 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



puesto en su debida claridad loo hechos, y traído á 
su genuino sentido las reglas del derecho público, 
civil y eclesiástico, para convencer de inciertas, 
calumniosas é insubsistentes las quejas y declama- 
ciones del reverendo Obispo de Cuenca, apuntadas 
pur mayor en su carta de 15 de Abril, y extendi- 
das por menor en la de 23 de Mayo, ratificándose 
en lo que anteriormente tenía expuesto. 

Créese, señor, el Consejo dispensado de repetir 
las especies, porque sería un trabajo largo, fasti- 
dioso é inútil, respecto á ir colocadas por su orden 
en el cuerpo de la consulta, y haber hecho de todas 
un análisis fundado los fiscales de vuestra majes- 
tad, cotejadas sus respuestas con lo resoltante del 
proceso, de que se ha actuado por menor el Consejo 
en los muchos dias que ocupó su vista. 

De su contexto resulta evidentemente compro- 
bado que son inciertos y afectados los agravios 
que se suponen irrogados á las iglesias ó al clero 
en el augusto reinado de vuestra majestad, ni en 
el modo ni en la sustancia. 

En todos los puntos consta que vuestra majestad 
ha procedido con consultas de tribunales y perso- 
nas graves, excediendo en la benignidad y piedad, 
y que si en algún caso se ha advertido desorden, 
vuestra majestad lo ha remediado al punto que llegó 
á su noticia, con una justificación que no ha sido 
muy común en otros tiempos. 

£1 Obispo de Cuenca en sus escritos se ha dejado 
llevar de impresiones vulgares y mal examinadas, 
y ha adoptado opiniones reprobadas por las leyes, 
por los escritores y por los gobiernos más ilustra- 
dos, y se ha enardecido demasiado, haciendo suyas 
tales preocupaciones. 

De aquí deduce el Consejo dos consecuencias 
ciertas y necesarias, para recaer en el dictamen que 
ha formado de este negocio. 

La primera, que estando desfigurados los hechos, 
y adoptadas en les escritos del Obispo máximas 
coctririaa á la regalía de vuestra majestad y del 
Estado, y pintado el Gobierno en un aspecto que le 
ha*:* odie so i loa subditos, dejando correr estas 
cartas impunemente, su contexto seria capaz de in- 
fundir escrúpulos gravísimos en los ánimos de una 
nación -ie suyo piadosa, y comprometer las auto- 
ridades civil y eclesiástica, lo que siempre induce 
perturbaciones y desorden. 

La secunda, que induciendo estos escritos, ya por 
el modo, ya per la sustancia, una injuria tan cono- 
cida al cat-.Lico c: razón de vuestra majestad y al 
padre confesor, cuyos ■: !!■.:■. s hacia las iglesias han 
sido tan deienninad.s* y re ¿recto a otras personas 
del Gvl'ierco. es indispensable que i éste se le de 
una púi-IL-a "it: ¿facción de parte del Obispo: pues 
«impar::.-:::*: es acreedor a ella para conservar 
su fama, que ¡e es útil y precisa, con mayor razón 
versa esto respecto a la suprema caluma del Estado 
y A las persogas publicas ofeniid&s que entienden 



en la general gobernación, para la cual se harón 
insuficientes arrancándoseles su opinión de entre 
las gentes. 

En el supuesto firme de que el Consejo encuen- 
tra desvanecidas las recriminaciones del reverendo 
Obispo, falsificados los hechos en que las funda. j 
de que debió instruirse antes de escribir al padre 
confesor, y mucho mas después de que vuestra ma- 
jestad y el Consejo le mandaron respectivamente 
informar, y que. por consiguiente, debe quedar tras- 
quilo el recto corazón de vuestra majestad, que li- 
gera é intempestivamente intentó sorprender y pada 
contristar el Obispo de Cuenca , abusando de n 
oficio pastoral é ingiriéndose en el gobierno poé- 
tico de estos reinos, ha ponderado por una y otos 
parte las circunstancias, para fijarse en el dictan» 
que debe consultar, en cumplimiento de la real or- 
den de 10 de Junio del año pasado ; y todo bien re 
flexionado, es de parecer que las cartas del Obiipo 
de Cuenca de 15 de Abril y 23 de Mayo se deben 
archivaren su original, recogiendo todas las copias 
que se hayan divulgado , para que queden tambkt 
archivadas en el Consejo. 

Que el reverendo Obispo debe comparecer en la 
corte, y estándolo á presencia del Consejo pleas, 
que se junte en la posada del Presidente, sea re- 
prendido por la suposición de los hechos y espeefea 
sediciosas que contienen sus cartas, y advertirle 
que si en adelante incurriere en desacatos de esta 
especie, experimentará toda la severidad que el 
Gobierno puede poner en uso contra los que turbo 
la debida armonía é inteligencia entre el imperio 
y el sacerdocio. 

Que en el mismo acto se le entregue acordada, 
firmada del escribano de gobierno del Consejo, en 
la cual se desaprueban los escritos del Obispo, avi- 
sando éste de su recibo desde su obispado, adonde 
se restituirá inmediatamente, sin detenerse en la 
corte ni entrar en sitios reales. 

Finalmente, que para reparación de las malta 
ideas que estas canas habrán infundado en alguno* 
eclesiásticos, se remita dicha acordada (cuya mi- 
nuta acompaña para la aprobación de vuestra ma- 
jestad), con expresión de la providencia, á todos los 
prelados eclesiásticos de estos reinos para que lea 
consten estas determinaciones, y á vista de ellas, 
nivelar sus procedimientos en asuntos de esta na- 
turaleza. 

Esto es. señor, lo que al Consejo pleno se le 
ofrece, bien pesadas las circunstancias en negocio 
tan delicado, cumpliendo con la confianza, fideli- 
dad y amor que debe á vuestra majestad. 

Rm lucio* de su mq/eslodL 

Me conformo en todo con lo que el Consejo me 
propone : y para que conste en el expediente que 
motivó dicha consulta, firmo la presente en Madrid, 



EXPEDIENTE DEL 
á 3 de Octubre de mil setecientos sesenta j Biete, 
— Ignacio db Hioabida* 

Acordada dirigida á todo» los arzobispo* y obUpos 
del reino. 

El reverendo ObiBpo de Cuenca escribió al padre 
confesor de su majestad , en 15 de Abril del alio 
i gado, una carta llena de ardientes que- 
jas contra el gobierno del Rey y su ministerio, y 
* el mismo padre confesor, 
aunque aquel prelado no expresase por menor 
agravios en que podia fundar las vehementes 
nes de su carta, manifestó en compen- 
i consistía en que la Iglesia estaba saqueada en 
i bi ene*, ultrajada en las personas de sus miuis- 
i y atropellada en su inmunidad. 
£1 padre confesor presentó á su majestad esta 
carta, para que, instruido de su contexto, pudiese 
I ¿r para el remedio y desagravio las providen- 
cias que debían esperarse de la soberana justifica- 
ción del Rey. 

Inflamado el religioso corazón de su majestad del 
y veneración que profesa á la Iglesia y sus 
sagrados derechos, penetrado de dolor con la noti- 
cia de que contra ella se ejecutasen tales saqueos, 
•tropel lamí en toa y ultrajes, y poseído de aquella 
ternura paternal con que ama á todos sus vasallos, 
deseó Juego enterarse individualmente de los agra- 
vios que hubiesen dado motivo á quejas tan amar- 
gas, y a este fin se dignó su majestad dirigir al re- 
verendo Obispo para que los explicase la cédula 
& copia acompaño á usted). 
El reverendo Obispo respondió á su majestad, en 
Carta de 23 de Mayo, repitiendo las tres propoei- 
8 del compendio de sus quejas, y fundándolas 
su varias especies de hecho y de derecho, relativas á 
las gracias de excusado y novales, concordato del 
año de 1737 con la corte de Roma, ley de amorti- 
cion m do las caballerías de eclesiásticos 

en las conducciones públicas de granos, y otros 
j untos y excesos de las justicias ordinarias de los 
pueblos con los eclesiásticos de su diócesi y con la 
id de los templos. 
Su majestad se sirvió remitir estos papeles al 
-'uiiKejü, con ór<i ie Junio, mandando que 

fiara la mayor seguridad de su conciencia, y el más 
cortado gobierno de sus reinos y felicidad de sus 
vasallos eclesiásticos y seculares, viese y exami- 
nase el Consejo, con la madurez y reflexión que 
umbra, cuanto el reverendo Obispo referia 
atado de su real 6n: 
a y tribunales suyos, en perjuicio de 
la sagrada •! del estado eclesiástico y de 

a , tomando el Consejo los in- 
- sarioa para asegurarse de la verdad de 
, y que después de visto y examinado, 
consultase lo que se le ofreciese y pareciese* 



PO DB CUENCA. 67 

Para desempeñar el Consejo dignamente su obh- 
n y la confianza del Rey, pidió los informes, 
ii y justificaciones correspondientes al 
reven io, al Comisario general de Cruzada 

y á todos los tribunales, personas y oficinas en que 
podían constar los hechos y existir las notisiae puu- 
y verdaderas de lo ocurrido en ellos, 
mido asi el expediente y visto en Consejo 
con lo que expusieron los señores fiscales so- 
bre todo, bi premo Tribunal, des- 
pués de un prolijo y maduro examen, que lo repre- 
\o por el reverendo Obispo está muy distante 
de la verdad de los hechos. 

Que éstos se hallan alterados en la represen t 
do este prelado, y extendidos en uu aspecto muy 
criminal y diferente del que realmente tienen. 

Pues en cuanto á contribuciones, subsidios y gra- 
vámenes del clero, ha usado el Rey de sus derechos 
legítimos, consultando escrupulosamente las dudas 
á los tribunales propios y á personas eclesiásticas 
d'-l prj n; y ai en algún caso se ha recla- 

mado algún exceso, ha sido consiguiente el examen 
y efectiva la reposición. 

Y en los demás puntos respectivos á las personas 
de los eclesiásticos é inmunidad de los templos, 
bien lejos de haber ofensa en los términos que ha 
propuesto el Obispo, resulta de los mismos doou- 
M remitidos por éste, que la jurisdicción real 
ordinaria ha sido la ofendida verdaderamente en 
>h casos por los dependientes y subditos del 
mismo Obispo, con atrope 11 amiento de las jii- 
seglares. 

El Consejo, después de haber conocido y califi- 
cado la poca razón del reverendo Obispo en la sus- 
tancia y en el modo con que dirigió sus quejas al 
trono, no ha podido ver con indiferencia que la 
sagrada y augusta persona del Rey sea tratada con 
las irreverentes y animosas expresiones que se leen 
en las cartas de este prelado • expresiones que, bien 
reflexionadas, debían llenar de rubor á quien las 
dictó, habiendo parecido justo suprimirlas, y aun 
odria borrarlas de la memoria de los hon 

Tampoco ha podido entender el Consejo sin una 
justa i ¡i que las mismas cartas se hayan 

confiado por el reverendo Obispo, dando causa á 
que tan crueles invectivas se hayan derramado y 
esparcido por muchas manos, pasando á las c 
extranjeras, en agravio de la reputación y ai 
dad del Gobierno, y en descrédito del mismo 
po y de la nación. 

También ha considerado el Consejo que en el 
to que representaban las turbaciones ocurridas 
al tiempo de escribirse y divulgarse estos papeles, 
era este hecho muy reprensible. Aun cuando sólo 
proviniese de una credulidad indiscreta ó poco ex- 
perimentada y reflexiva. 

Por todo, pues, el Consejo pleno, visto y consul- 
tado con su majestad lo conveniente para reparar 



68 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



las consecuencia*, y precaver iguales atentados á 
la soberanía, bien y tranquilidad del reino ; después 
de haber resuelto que el reverendo Obispo debía 
ser llamado y comparecido á la presencia del Con- 
sejo, congregado en la posada del señor Presiden- 
te, para ser advertido de lo que conviene y merece 
en este punto, como se ha hecho con otros prelados 
en casos de mucha menor consideración, ha acor- 
dado que se escriba circularmente á los reverendos 
arzobispos, obispos y demás prelados superiores de 
estos reinos, para que tengan entendido el mal 
uso que el de Cuenca ha hecho en esta ocasión de 
las proporciones de su ministerio, y de la confian- 
za que ha merecido á la piedad del Rey, manifes- 
tándoles que así como espera el Consejo que conoz- 
can y desaprueben un paso tan inconsiderado, pue- 
den asegurarse de las rectas intenciones de su ma- 
jestad, y de que se franqueará á oírles benigna- 
mente cualquiera queja ó agravio que en casos par- 
ticulares tuvieren por conveniente representar, ha- 
ciéndolo con la instrucción, verdad, moderación y 
respeto que es propio de su carácter y mansedum- 
bre episcopal, de su amor, fidelidad al Soberano, y 
de su celo por el bien del Estado y gloria de la 
nación. 

Lo que prevengo á V. de orden del Consejo, y 
espero que se sirva darme aviso de quedar en esta 
inteligencia, para trasladarlo á su superior noticia. 

Dios guarde á V. muchos afios. Madrid, 22 de 
Octubre de 1767. — Don Ignacio Esteban de Higa- 
bida 



Comparecencia del reverendo Obispo de Cuenca. 

Estando reunido el Consejo pleno, á 14 de Junio 
de 1768, en la casa del Conde de Aran da, allí k 
presentó el obispo don Isidro de Carvajal y Lan- 
oáster, y ocupó un taburete al fin de la sala, si bies 
tuvo que oír de pié estas palabras del Presidente: 
«Vuestra señoría ilustrísima comparece delante del 
Consejo para entender el real desagrado por U 
motivos que han precedido, y no repito, por no ig- 
norarlos vuestra señoría ilustrísima; el escriba» 
de cámara y gobierno del Consejo entregará á 
vuestra señoría ilustrísima una acordada, á laqv 
contestará desde su residencia luego que haya re- 
gresado á ella.» Después de recibir la acordad*, 
manifestó el Obispo que siendo su mayor dokr 
haber inflamado el desagrado de su majestad, h* 
go que le supo se apresuró á expresar por conducto 
del padre oonfesor su sentimiento; que lo había re- 
petido por representación puesta en las reales mi- 
nos, añadiendo al Consejo, con quien siguió skn* 
pre el discurso : a Ahora que vuestra alteaa en este 
acordada me prescribe lo que debo hacer, proes- 
raró arreglar á ella en lo sucesivo mi conducta? 
respetuosa obediencia.» El Presidente contestó q» 
pondría el contenido de su respuesta en conoci- 
miento del Soberano ; y haciendo el Obispo rere* 
rencia, salió y tomó el coche, y en seguida se le- 
vantó el Conseío. 



JUICIO IMPARCIAL 



SOBRE 



LAS LETRAS, EN FORMA DE DBEYE, QUE HA PUBLICADO LA CURIA 

El QCE SE INTENTAN DEBOCA!! CIEHTOS EDICTOS DEL SERENÍSIMO SEÑOR INFANTE DUQOE DE PA 
T DISPUTARLE LA SOBERANÍA TEMPORAL CON ESTE PRETEXTO* 



Príncipes Fflecnli nonnnmquam intra ecelesiam potestad» adeptas culmina tenent, ut per eandem poteatatcín 
diadplmam ecel< ataiaicam muuiant. Caeterum, intra ecelesiam Pu test atea neoeaaarÚB non casen t, ni? i ut quod non 
pncvalet Sácenlos ef fie re per doctrina sermonem, Potestaa hocimpleat per disciplin» terrorem. Ssepé per regnuin 
terrenum cceleste regnura proncit, ut qui intra ecelesiam poeiti contra fidem et disciplinam • cclesiic agunt, rigore 
Priucipum conteranfcar, ipaamquc disciplinam, quarn ecclcsi® bumilitas ciercere non pwralet, cervicibus eu~ 
perborum Potestas príncipalis imponat, et ut venerationem mereatur, virtutem potestatia impertiat. Cognoecant 
Principes afficuli Deo deberé ae rationem reddere propter ecelesiam, qnam á Chríato tuendatn atiscipiunt, Nam 
aire aogtatur pax et disciplina eccleaios per fídelea Principea, aive aolvatur; tile ab eía rationem exiget, qui < 
potestati saam ecelesiam credidit. 

(D. Isidob.» Ub. m, Senten. de 8umm. bon., cap. lql) 



INTRODUCCIÓN. 



Después de la tolerancia con que el Rey nuestro señor disimuló al ministerio pontificio la he 
ülidad que se hizo en Civitavecchia á su pabellón, impidiendo el desembarco de los regulara 
de la Compañía, y la protección de que éstos abusan, para indisponer, por medio de sus pareó- 
les, el ánimo pontificio de la santidad de Clemente X 1 1 1 , no parecía neniar segunda hostilidad 
rta, hecha con el Monitorio de 30 do Enero de este año, no sólo al serenísimo señor infant 
España don Fernando, duque soberano de Parraa, Plasencia y Guastala, sino también á to- 
dos los principes católicos, y con particularidad á los de la augusta casa de Borbon. 

Bu al Monitorio se empezó por la ofensa de lanzar las pretensas censuras contra un principe 
soberano, constituido BU una edad tierna, y que, á excepción del edicto de Mí del mismo mes de 
\ no publicó ninguno; porque todos loa (teme* vienen del tiempo de su glorioso padre, el se- 
ftor infante don Felipe, cuya piedad es bien notoria; tratan de materias temporales, y se enca- 
minan á liaccr florecer aquellos estados y proteger la disciplina. 

standar la corte de Roma al solemne tratado de Aquisgrán, de 1748» niá los títulos de que 
lia asistido el señor Infante, empiece el Monitorio con la cláusula de apropiarse el Papa la 
soberanía de Parma y Plasencia. Esta usurpación, junto con absolver I los vasallos del juramento 
de fidelidad que deben á su legitimo soberano, no sólo ofende la justicia, sino también al decoro 
nos de la real sangra de Borbon , y lo que es más, á cuantos poi mter- 

de Aquisgrán, Con esta ociosidad empipa y concluye el Monitorio. 
nido del efecto de asía primer medio, se desciende al segundo, que es fulminar anate- 
ma contra el ministerio y los estados de Parraa; haciendo dos supuestos, aunque con la desgra- 
le estar tan desnud 









70 EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 

El primero se reduce á afirmar que la corte de Parma rompió la negociación que tenia con la 
de Roma; habiendo acreditado el ministerio de Parma, en el manifiesto publicado, haber sido 
el cardenal Torreggiani quien dio una abierta repulsa á cuanto se trataba, con una altanería nada 
conveniente á él ni á Roma misma. 

El segundo supuesto estriba en querer persuadir que los edictos ofenden la inmunidad eclesiás- 
tica, y se toma esto por pretexto para fijar los cedulones ó Monitorio con nulidad é incompeten- 
cia, haciendo la persecución del Príncipe de Parma con unas expresiones á la verdad nada de- 
centes, áuu entre ínfimos particulares. 

La casualidad puso estas letras en nuestras manos. Es excusada la persuasión de sus nulida- 
des para con el mundo erudito, que no puede extrañar la conducta del ministerio de Roma, ai 
ignora que el señor Infante-Duque tenia á la mano la respuesta que dio un rey Cristianísimo i 
aquella curia en caso de iguales desaciertos : Deprecantes vos (habla con el papa Adriano II) m 
Omnipotentis Dei hanore, etSanctorum Apostolorum veneratione, ut tales inhorotationis nostrce epís- 
tolas, taliaque mandata, sicut haetenüs ex nomine vestro suscepimus, nobis et Regni nostri Episco- 
pis ae Primoribus de entero non mandetis , et non compellatis nos mandata et epístolas vestras inho- 
norandas contemnere, et missos vestros dehonorare (1). Hemos creído un obsequio de los soberanos 
y de la razón emplear nuestras reflexiones en dar á conocer de las personas que no son ilustra- 
das la nulidad notoria de este breve, retenido en Parma, suplicado de muchos, y en parte al- 
guna aceptado. 

No pretendemos ser creidos sobre nuestra palabra. De cualquiera de nuestras proposiciones se- 
rán inseparables el apoyo y la autoridad ; y el discurso se acomodará al mismo breve, siguién- 
dole en todas partes, como un fiel comentario. Por lo mismo, no debe el lector esperar ni temer 
la dulzura ni el engaño de la elocuencia ; y sólo podrá tal vez resarcirse de la molestia en la copia 
de la doctrina, que sujetamos siempre al mejor juicio; habiendo guiado el nuestro con perfecta 
imparcialidad, sin disimular las objeciones de los curiales. 

(1) Carolos Caifas , Galli» Hez, fe EpUL §d Ádrimtum II. Ext* inttr epittolat Hincmari fe Collcct. Sirwundic*, nom. 4*. 



SECCIÓN PRIMERA. 



TÍTULO DEL BREVE: 
SS. D. y. CLEif. PP. XIII. LITTERM QÜÍBÜS ABROGANTUR, etc. 



La gloriosa portada del breve romano ti 
que en loe papas reside la $\\\ 
lativa de los docados de Parma y Plaeenoia, á Jo 
meóos en determinados casos. Para descubrí f 
«lgo de verdad en estasupoBÍcion, se deben 
derar en el Pontífice dos representaciones : «tía, de 
i pe temporal, que tiene la soberanía indepen- 
■• de estos estados por alguno de los 
mos medios de adquirirla; y otra» de vicario de 
Cristo y cabeza visible de la Iglesia, 

A la primera de estas consideraciones , el mis- 
mo I í en adelante lagar más 
itda, que por siglos enteros es 
pefio de las naciones sabias , solamente non 
>*n que procederemos con 
nuidad y sencillez, sin que nos mueva la va- 
gloria de producir novedades, ni otro respeto lm~ 
mano que el de esclarecer una verdad oscurecida, 
que algún dia debe triunfar del embarazo del tiem- 
po 6 de la prescripción : Hoe exigit rentas, caí ne- 
ma praécriberñ potest, non spatium temporta 

peréonarum í non jnriviftgiumregionum (1), 

Algunos escritores, que han pretendido hacerse 

nombre por el camino de la adulación, ven en el 

■ ínano una potestad sin límites para dis- 

de todas las cosas espirituales y temporales, 

le los cetros y de las coronas (2). Suma por 

> y venerable sobremanera debe será b 

¡jos de la Iglesia la dignidad del sacer- 
do, del principe de los obispos, á quien 
aun le vi* i I elogio de san Bernardo (3); 

nte que si no goza título má^ 
tas inmensas facultades que le a( 
la ignorante lisonja do los cita<b>H autores, nada le 
i tanto del dominio de las cosas como oí 
do sucesor de san Pedro (4). 

| fla*d. Virf. t lapn 
(ti Cardln. DclUnu , nüf, in tmptrtMu 

ftnirrt J« Deftu. Ftdei CttAottt. atfrmiM Atyha, Aior H 
irtnunirri llU. 

M i\r Omxultr*!., cap. *m. 1* Sacrrloi mafou*, Sum- 
i Paatlfci, tu hatres aposlolortun, lu primita ,U»f|, gubernita 

Ut. Reil , Droitle Gens, chap. i\ »cc 4» 



En los primeros tiempos de la Iglesia se redu* 
dan los fasces pontificios ala cátedra y al pul 
Retirados entonces los sumos pastores á las cuevas 
y á los lugares solitarios, instruían 
los fieles, que se congregaban de todas p 
verdadera doctrina y en la ley, con amor y con 
dulzura, y en sola la poderosa fuerza de el ejemplo 
y de I >n tenían cifrado todo su inr 

Nada de fausto, nada penal ni nada coercitivo se 
dejó ver en estas santas congregaciones, aunque en 
el tiempo de su duración no faltasen tana 
y este gobierno paternal y puramente diré 
labró la constancia do lo* mártires, qus hizotriun- 

i la Iglesia do las persecuciones y d 
chillo. 

Esta conducta do los inmediatos sucesores do 
los apóstoles no era un acomodamiento á la nece- 
sidad É á que forzase la tiranía de los cesares, como 
piensan algunos, poco instruidos de las antigü 
des eclesiásticas; ora la puntual y formalísima ob- 
servancia del precepto divino ; Beyes gentium do- 
mimantur torne»; poj cwJmi non *io ($) 
lea prohibió toda sombra de potestad y j 
contenciosa. A no ser por el cumplí ¡ este 

mandato, su celo santo, quo uo p< 
por respetos humanos, en alguna 
diese el ejercicio de la potestad con 
tienda del juicio nos mas serias. 

La misma extrafieza tenía en tfl 
surno sacerdocio en Orden á tas públicas 

n de los 
contení ¡acámente la potestad sac 

las apacibles márgenes del consejo y d« 
se quiera argüir lo 
con algún ejemplar del Antigua Testammt 

leste el uso potestativo del gladio 
de algún sacerdote, ó la unión del imp< 
tilicado (7), los casos particulares que se pu 

, sólo prueban un abuso y la profir 
ministerio de) sacerdocio, que so hacia ín 

(3) lbttt«!,«0;Lttft,tt. 

Crríosiom , tn komlL 4, tn f/rí* halirr ilc|1 roana lisa 
suot corpora, ueefdeU liim¡ Kei mácalas eorporum n 
•aconta» marulas perciloruní ; lite eoglt, hlc hortatur; llteooccs- 
ittite, ble con 
(7) Uii 0. Isitfor refertur, utrtp* cjtm, dürt.íl* 






ismo, acostumbrado á unir y juntar ambas 
dignidades* 

Por esta razón, el reformador de la ley escrita 
poso especial cuidado en prohibir y defender á sus 
discípulos esta unión, y en explicarles y darles á en- 
tender que las funciones del apostolado distaban 
tanto de la judicatura y del uso de la jnrisdicion 

• ral, que aun voluntariamente prorogada, no 
la debían admitir, siguiendo el divino ejemplo que 
les dejó en la respuesta á aquel de los dos herma- 
nos que imploraba de nuestro Señor Jesucristo la 
partija de su herencia (1). 

No obstante la claridad con que los textos di* 
vinos niegan á los eclesiásticos la jurisdicion con- 
loas y coactiva, y á pesar de la diligencia 
con que los apóstoles por todas partes enseñaron 
que en la predicación se encerraban las armas de su 
ministerio (2), sin que les debiesen la menor aten- 
ción las cosas del siglo (3), como que militaban 
bajo la verdadera bandera de su Señor , que tenía 

ado que su reino no era de este mundo, se 
han buscado diligentemente interpretaciones que 
disculpen el olvido con que vemos tanto tiempo 
hace que loa eclesiásticos pasan sin embarazo del 
altar al tribunal , y usan promiscuamente de la to- 
ga y de la estola con aúlo la fácil investidura de 
mudar el titulo y nombrar la causa eclesiástica. 

En i Roma es donde se han inventado 

las sutilezas posibles para eludir los divinos decre- 
tos que prohiben al clero el principado y la domi- 
nación , y todos sus esfuerzos vienen á parar en 
que sólo se les ha negado la forma y la semejanza 
de la jurisdicion secular en el fausto y en el es- 
plendor de que ésta se adorna ; pero no la fuerza 
del principado y de la potestad en que consiste 
(según otros de estos interpretadores) la Fepública 

ística, que se distingue también déla secular 
en #* I modo de la subordinación (4). 

irnos de sí hubiera sido mejor obser- 
<» de Jesucristo que únicamente se 

ora á reformar el brillante porte exterior de 
ion eclesiástica; y aunque tau miserables 

>b no han menester n, acordaremos 

Le al ministerio y curia romana la que 

Hada los padres de la Iglesia á la cavilación 

n do san Bernardo es tan expresa 
i iva la prohibición á toda especie de potes- 
tad ex ntenciosa, que al mismo Pontífice, 
su elogio, no sólo le hizo presente 



fmri meo uf divldat roceum ha?red Hatera, Coi 
i . qiiíi me constituí! judíeem , aul riivl- 

i rutila. n ( Corintk., 10. 
i'< i <m| ( |icat se sseuliribus negoiils, u, 

ortí, De Hom> Pentif. Autforit. , lom m, líb. tu, 
IStt, 







la incompatible diferencia qu-* hay de la ác 
cion al apostolado, sino que no dudó en ndv 
le que pretender unirlos era el inedia do 
ambos (5). 

San Pedro Damián o explicó la diferencia i 
reino al sacerdocio, fijando la potestad sacerdotal 
en el mero y eficaz uso de la palabra de Dios, y »¿» 
virtiendo enérgicamente las barreras macceaibln 
que distinguen los dos oficios (6). 

San Juan Crisóstomo, tratando precisamente de 
la dignidad sacerdotal, plenamente afirma eme a 
potestad sólo consiste en la libre y saludable amo* 
nestacion , por haber negado las leyes toda esp 
de coacción y violencia, aun para corregir 
cados (7). Y el gran Osio, el presidente del i 
lio de Nicea, y uno de los más celosos defensores < 
los verdaderos derechos de la Iglesia* abiertamente 
confiesa al emperador Constancio que no es 
los sacerdotes el imperio (8) ; san Agustín y sao Je- 
rónimo nos dan la misma doctrina, de que \ 
lado el canon antiguo déla colección de Gracia 

Tal como nos la representan los santos Podra, 
es la jurisdicion que confirió Cristo á la Iglesia (9 
ajena é incapaz de toda temporal id i 
punto , que se prohibe la mezcla y la inte 
de los prelados en el mismo concilio qae 
ron los apóstoles (10), sin aparato de tribus 
audiencia p como en ninguna manera i 
pacífico y benigno ejercicio del sacerdocio i 
ain otro almacén ni munición de armas, ¿o 




(5i D. Bernard., Ilb> ir Ü* C&ntiáerót. ed Eug. t c?\k • 
alia quatuinqac ratíone hoetibi vindiees, sed noo apost. 
nec illc {Pelrusl Ubi (tare, qnod muí h.ibuit, pottfit ; qnod lufeiU 
hoc dedil; sulliriEudioem, uidlti. snpt r cedesla», Numqnldái 
naílones. Audi ipsuro: j\üm dominante* * íoquü, m ti? 
WA facti grrain. Et ne díctum sola tiumilr non el 

vertíate; *ox Dommi ut $n tlvungttt», rege» jenttum 
iorum* 

(6j Cartliú. D. Petras Damián., tía. i?, epls. 9. ad Oláeriem 
Firm. Episcop, Imer regiium et sacerdoliam proferta r 
distinguaotar offlria , ut et reí tiUtar armls s#cim <*t i 
accioffatur gladío spirilus, qui asi >erbura r>ei, Et infrm: 
Reí. quia sacerdutalr uaiirjut ufilcium, Ieprt per! 
¿acerdos arma corrípit, quid meretur? 

0} 0. ChrysosL, fíe Omítate tacerdotali , iib. tt, cap 
ehristfanos non licel aliqua vioteuicr p< nana^i 

íuris tunt jüdicet» malignos, quo.sque curn sulnl 
ostrwlunl ia fis pturiraam potestatem , el invitas a prioram mora* 
imítate eooopescuiit; \n ecelesia vero, non envetara, sr.t >c- 
qutesceotem oporiet ad meliora convertí; quia nec nobt! 
bus data cM talla pótelas, ut auctonUtc seoteniif cohíbea» 

Matoosl ddtoUa 

[ 8 EphL ad Cotutantium Imp, (de qua Alhaimitis rpiet. *d tv 
tonot), tibí Heos commíssll imperiuru; nnt B Ci>í 

rildlt; et quemadmodum qui tu ara tmpennm malif 
pit, comradielt ordinalioni divin», Ha et la rj\e, aefll9i 
Keclesie ad le irahens, magno crimini obnoiius Das. í»l 
luía esl, %ü& 5-nni Cssaria Catsari, el qu;i- h 
lar» fas est nobis ia terris imperium tenere; ñeque te U 
ttim , el sacro rom pot estatcm babes iraperaior. 

i9\ Acefpe claves Eedesiaí. Quodcumque íigaveri', 

t'i) EpistopiíJi.attlprxsbjter^aui diacrinu-Ns^riíl.frseuna o«a 
IBfelpltO; illoqul deponitor. Canon, Apott. per Ciement a>n f ttt 

(111 Nullum forum legibus, icd audlentiam, et nouoneo dsa* 
lual Le|. 1Ü t cap. Be Episcop, et Ck 



c 

aar 








JUICIO IMPARCIAL SOBRE 
ngar rae injurias , que el *>uf rimiento y la ora- 
ción (1)* 

En estos términos asaron de la potestad de la 
Iglesia los primeros padres, velando cada uno en 
en rebaño y en distribuirle el pasto y la corrección 
espiritual sin la menor negligencia T y en la misma 
conformidad se ejercitó el venerable ministerio del 
apostolado por el largo espacio de nueve siglos 
que la Iglesia fué gobernada por un sistema rigu- 
rosamente aristocrático, que es la natural forma y 
verdadera constitución de su régimen, como se evi- 
dencia en una reciente y erudita obra que tiene 
i objeto (2). 
Algunos han creído que esta opinión ha sido 
muy singular en todos tiempos, y aun no han ce- 
de admirar el indulto de la citada obra con 
\ ba vuelto de los remotos términos donde la ha- 
desterrodo la curia de liorna* A la verdad, el 
número de estos admiradores debe ser muy & 
porque, como para su desengaño no es neo* 
una vasta y noticiosa erudición, Bino la lectura de 
los canonistas más conocidos, no pudiera ninguno 
de los profesores manifestar su estrañeza acerca 
del argumento de la obra del Fibroma sin confesar 
en ignorancia. 

Llegando el doctor navarro Martín de Azpil- 
oueta á tocar este punto y á examinar á quién ha- 
bía sido concedida la potestad de la Iglesia, se con- 
cón referirnos que según los romanos , sólo 
Pedro había sido el único heredero ; pero que 
escuela universal de los parisienses sostenía que 
los los apóstoles* habían participado igualmente 
de ella, y recibido do Jesucristo el gobierno de su 
fiesta en las partes que se les encomendaron, abs- 
lose nuestro insigne y piadoso escritor de 
proferir su juicio en esto disidió, por las herejías 
de Alemania, que entonces hacían sus mas rápidos 
lastimosos progresos (3) ; miramiento y circuns- 

(t Tinnec umlrm coerciti falsseni Oci elencnifa, etc 
venus tilintáis; cuín hoe solum conira |u BtfeflftBt 

renedlam, Naitaoz*, Or§i. tn Jutiar ->stomus, he- 

nil. 4, in wetés tenis. Poatquan igitur ar^nisset «cerdos, reí 
mtfui non f«H«íi, scii arma mnitir!. MtfM utrrrlur P'-irn- 
tla. Ikl; tacerdos Ln?i, cgn quort ent offlcli m non an- 

pllut poitum lieefirCfl siccrdotló. 

lüttl. Fe broa*. D* SUt* Eceinia, ti kgittma poinMs 
rowtsni PfiJfyldf. 

i3) Id cap, ft'eplf. di Judicítt , noub X DKtftOMV* titfeftttr, 
rant* noaitnn étft* In sennlilnnr potealail* recles 
Ujíi/u/4, loro lllorum vrrborom cvíhta nponoti9 % etc., pe 
per Joan. CtflOl ubi sapra: tum quia Ionice aliad tit, tfitlllstn 
atíquam aatsiutsa; el aimd. Ufan eenítrrt, tstrsitri iltooL., 
tan ne MOaerlefi deílnlfc, tul BfMfittu illa fuerit i | 
eottata, an Eftlftia toil, an tero ipti P¡ iot Mi con*l- 

llura faceré In pra'scriiia . propirr m&ilnan dlstordlam Romanó- 
me*, et ParUlf oslan; lili n datan 
este bañe notcsialeai, alqtie Ideo Papan ronnlio csse mpeno- 
ren; U vero, quinos itii . toiam ÉkUM 
clftt», lletl eurtendan per unura ¡ alque adeo, tallen in 
cailbui coocitlsn tul agpra Papan. Quartua Uti, teilim íto- 
me&ühira, tlrtetar placnlwe S. Thom,, 5, t, quctlU.irtlc, leí 3, 
et qttattt* 1, artlc. ultimo. Tbom. a Vio, In eUdn 
Apofof. , t part , cap. i. Ubi alUvs omulbu», et profondiu» boc 



EL MONITORIO DE ROMA. 73 

peccion religiosa, que al mismo tiempo que nos 
recomienda la piedad de este doctísimo varón, nos 
hace conocer que estaba muy distante de adoptar 
la sentencia de los curial istas, que no hubiera de- 
jado de promover en obsequio de los sin 
fices, si no hubiera hallado á la contraria con me- 
jores fundamentos, como manifiesta la expresión 
de que entre nosotros era la más frecuente y la 
mas seguida, sin que permita duda de su inclina* 
cion el mismo contexto con que refiere ambas opi- 
niones. 

Pocos años antes que pareciesen á la luz pública 
las obras del doctor navarro, había dirigido al se- 
ñor rey don Carlos I, emperador, su célebre tratado 
el doctor Alfonso Guerrero , sobre el modo y for- 
ma que se debia observar en la celebración del 
concilio general , y acerca de la reformación de la 
Iglesia (4). 

En esta obra, sepultada en el olvido quiza por* 
que sus especies nunca pueden ser agradables á la 
curia, llevado el autor del celo de la religión y del 
servicio de Dios, señala por varios capítulos las 
coaas que en su juicio necesitaban de enmienda y 
de reforma en la Iglesia, y en el capitulo xv, que 
dedicó, entre otras cosas, i descubrir el origen de 
las potestades imperial y pontificia, se explica so- 
bre el punto en cuestión de esta manera : 

a Y os de notar que antes de la muerte de nues- 
tro Señor Jesucristo prometió á san Pedro el poder 
y autoridad de ligar y absolver, y le dijo que á él 
daría las llaves del reino de los cielos, como lo es- 
cribe san Mateo, en el capítulo xvi ¡ y después este 
poder y autoridad le dio á todos los apóstoles an- 
tes de su muerte, diciendo: Quodcumque lioa 
super terram> etc,, como parece en el capitulo xvm 
de san Mateo ; y también digo que los primeros 
apóstoles que Cristo tomó fueron san Andrés y san 
Pedro y san Juan y Santiago, y les dijo igualmente 
á todos cuatro : Andad acá , y hacerot he pescadores 
de los hombres. Asi lo dice san Mateo en el capitu- 
lo m ; y también, habiendo ya cumplido el número 
da los doce apóstoles, los envió á predicar de dos 
en dos, y les dio igual autoridad y poder para ha- 
cer milagros, como escribe san Mateo, en el capí- 
tulo x ; y también , previniendo á los apóstoles, que 
estaban en pensamiento quién era entre ellos el 
mayor, lea dijo : El que piensa entre oototro* que es 
menor, es el mayor. Asi lo dice san Lúeas, en el ca- 

demosatrare encalar. Altera tete placan Paiirirnit. qui pro Tari 
atenslbus est, in cip. Sigfú/lc**tl de EtecL t et in trnt 
Cerneen* Baile* , quem flrtqassitif nostri laqoaotsr, al Ira til l 
ttrrius, «nuil. 19, qaam noMicub iurlurJirc>b.Almain,e Sorbo- 
Da liirologns, qui rateoaáil Thomaj a Vio, hbcllo Jtialo, et Joan, 
filajor, qui i ti BSf. ivi Snyr. Mat¡k , idcn Fadt, ajena: Ron» nr- 
raini pmnitti ItOSfO Parisicnslun, ct Pamirm. w mentían ; nee 
nirsuft, acau>mun Ulan Parisién, pan ut contraria aatcfilar la 
ea |Mf«a HftfU vídftur rfptlcaíae Thon. a Vio in dicta Asó- 
te y i a 

ipNM ea Génora , en SO de Abril de 153?» •& caaa da As* 
tooio Prllooo. 






74 EL CONDE DE 

pítulo IX. Y después de la pasión y resurrección, á 
todos los apóstoles dio igual poderío y autoridad, 
diciendo : Accipite Spiritum Sanctum, como escribe 
san Juan, en el capítulo xz. Mas para demostrar 
que á san Pedro hacia cabeza, le dijo apartadamen- 
te : Pasee oves meas, como lo escribo san Juan, en 
el capítulo último ; y después de la pasión y re- 
surrección, el poder que habia prometido á los após- 
toles, mandó que lo fuesen á ejecutar, como escribe 
san Mateo, en el capítulo último; y después de su- 
bido á los cielos, el dia de Pentecostés confirmó on 
los apóstoles el Espíritu Santo ; de manera que 
edificó la Iglesia sobro san Pedro, y asi sobro uno 
solo, para manifestar unidad, y quiso que ol ori- 
gen de unidad tuviese principio de uno solo ; mas 
lo mismo eran los otros apóstoles que san Pedro 
en consorcio y honra y dignidad. Mas el exordio de 
unidad principió por demostrar que una era la Igle- 
sia de Dios ; de donde concluyo que el poder que 
tenían los apóstoles está hoy en la Iglesia univer- 
sal, que es el general concilio, y en el Papa, como 
cabeza de la Iglesia, se representa la unidad de la 
Iglesia, como se nota, etc., en el capítulo Loquitur, 
caus. xiv, quaast. i , etc. » 

En el concilio de Trento se propuso la gran cues- 
tión Bobre el origen de la autoridad de los obispos, 
y dos españoles sostuvieron la disputa , cada uno 
por su parte. El insigne Pedro de Soto, que murió 
Heno de gloría antes de finalizarse las sesiones, 
defendió que la potestad episcopal descendía do 
derecho divino y de la institución del mismo Cris- 
to ; y Diego Lainez , general de la Compañía y ce- 
lebrado defensor de los intereses de la curia ro- 
mana , ya que no pudo alcanzar el triunfo sobre su 
contrarío, logró que se encerrase la cuestión en el 
mismo sepulcro. 

Desde aquel tiempo se puede decir que ha vi- 
vido solamente en Francia la controversia que el 
concilio dejó indecisa, y entre las demás naciones 
católicas han sido muy pocos los escritores, hasta 
el Febronio, que han tomado la pluma para com- 
batir el espirita de la monarquía en la Iglesia. 

A este moderno autor se le podrá culpar la ex- 
quisita erudición con que ha recogido los abun- 
dantes materiales de los autores que le han prece- 
dido en su empresa, ó el método con que la ha dado 
nuera luz ; pero el cargo de inventor de una nove- 
dad <fue se le haga, será sin duda muy injusto. 

H genio de los curialistas ha sido siempro muy 
celoso en la conservación de sus pretendidos dere- 
chos. Ya notó el erudito padre Antonio Pereira 
que si hubiera tenido en los príncipes imitación, 
estuviera en mejor estado su causa (1). No sólo ha 
aprovechado todas las ocasiones favorables á el 
ejercicio de la pretendida monarquía espiritual, 

W^ P«*yn. i« Preleg. si tus» Thetet de Legitima Hegum 
wM smncee pstesíete» 



FLORIDABLANCA 

sino do refutar las opiniones contrarias, oponusfe 
con prontitud otros autores á los qne las han pro- 
movido. T si en esta celosa diligencia se lea puede 
notar de algún descuido, es ciertamente respecto 
de la obra del ilustrísimo Bossuet (2) , tal ves por- 
que fué preciso esperar á que el tiempo produje» 
en el cardenal Orsi un digno competidor, y coró 
guientemente no se podia esperar que la obran* * 
broniana corriese mucho tiempo sin impugnará*, i 

Con efecto, hemos visto dos libros con este pre- 
ciso argumento . El primero de sus autores na hi 
ocultado su nombre, sin duda por humildad ;p*rc 
á los eruditos se les dará á conocer la circunstawa 
de ser el mismo que escribe los hechos de los pon- 
tífices , que es el motivo que se explica en el pro- 
logo del editor para escribir su obra en lengua de 
aquel país (3). 

£1 segundo es fray Ladislao Sapell , y su ohn, 
que es la última en la materia que ha llegado i 
nuestras manos, examina todos los capítulos dd 
Febronio que pueden perjudicar á las pretensiosa 
ultramontanas, y á la antipatía quo en ellos enema- 
tra está arreglada la indulgencia ó la severidad de 
los exclamaciones del impugnador (4). 

No nos toca juzgar del mérito de estas impug- 
naciones que so hacen derechamente al sistema del 
régimen espiritual de la Iglesia que establece d 
Febronio. Nuestras noticias sólo se dirigen á dtf 
una idea de la dignidad pontificia, sus litigios y 
variedad do opiniones acerca de ella, para descu- 
brir si puede tener algún ejercicio en las materia 
temporales , y así esta empresa pertenece á los que 
defienden la causa de los obispos. 

Ni se pudiera hacer una justa critica de los at- 
entos del Febronio y sus impugnadores, sin traer 
al medio á cada paso cuestiones prolijas sobre los 
hechos de los concilios, inteligencia de los pasajes 
de los Santos Padres, de la Escritura Santa y del* 
historia, que hará eterna la sutileza con que suelen 
reducirse á mero arbitrio las interpretaciones. 

A cualquiera se le hará notable la prodigio*» 
variedad con que se explican los defensores de lt 
absoluta potestad del Papa, para ponerse á cubier- 
to do los textos del Evangelio, que nos ofrecen á los 
apóstoles, primeros ministros de la Iglesia, perfec- 
tamente iguales en poder y en dignidad. 

Como no puede negarse que si son sucesores los 
obispos do los apóstoles, les corresponde la univer- 
sal solicitud en la Iglesia y su gobierno, que afirma 
san Pablo (5) , y que es incompatible con el esta- 
blecimiento de la monarquía espiritual, se han di- 

(2) /» deffensione declarationit Cieri Gélllcenl, 163L 

13) Helio stalo iella Ckiesa,e legitimé petettá del romem Ves* 

teflee, etc. Litro Apologético, contro ilmsceo titlemm deteeUekxs 

da Giustino Kcbronio J. G. En VenecU, 17S6. 

(4) De Slatu Ecclesite, et Summi PontificU pelee fie cerniré Jet- 
tinum Febronium. Liber. tingularis. Angoste Vindelieor, f 787. 

(5) Instantia mea, qnolidiana sollicltodo onsina 
rom. n,C0ri»M., 11, 28. 



JUICIO I 
iido los ultramontanos de tal suerte, que se 
i muy poco sobre este i ow- 

► Je donde depende la a de la 

Jndera constitución del gobierno »ta la I - 
Unos niegan absolutamente q\ "1 de 

i «postóles ni de los obispos sea de divina in-ti- 
y sostienen que dimanó mei deja 

poeie: le su sucesor; 

i opinión quiso promover Francisco Antonio 
neonibua, refutador de Luis Dupin; aunquo 
«es, conociendo la debilidad de sus funda 
i, se aplicó á la opinión más común entre los ul- 
montanos , que dicen que los obispos f 

inmediatamente dol Sumo Pontífice, y por 

1 >io8, que se la confirió, con la ley 

ib i eso n de san Pedro y de sus suceso- 

i (i) 

Otros autores criados en aquellas metafísicas abs- 
cciones con que separan los conceptos de las co- 
i como mas bien les acomoda, han hecho de la 
ad episcopal una do cstai mentales 

atomías con que la distinguen en común Ó en sí 
snia de la personal de cada obispo ; y eu la pri- 
i consideración conceden que desciende de de- 
i divino, afirmando que en la segunda depen- 
nero arbitrio del Pontífice • 1 instituir á este 
i el otro sujeto obispo (2). Modo de pensar des- 
antre los mismos cari alistas, y que así 
90 la primera opinión que hemos referido, pa- 
i el absurdo de que los que fueren de este die- 
se verán precisados á defender que en los 
achos siglos en que los papas no instituyeron 
bispo alguno, excepto en las diócesis suburvica- 
i, careció la Iglesia do verdaderos ministros. 
En España se sabe muy bien que todavía i 
irlo mi nuestros obispos eran elegidos canónica- 

por sus cabildos y confirmados por sus 

opolitanos, sin que necesitasen recurrir á Roma; 

de ello dan testimonio las leyes de Partida (3) y 

el Ordenamiento, cuya práctioa inconcusa se em- 

i á alterar en el siglo xxv, trasladada la silla 

ontificia 4 AviCon. 

El anónimo que impugna al Febronfo sigue otro 

abo. Este autor descubre dos potestades y dos 

ignidades en los apóstoles : la primera, suma y 

(1) De Sim?m\\tnn f fíen>mampo*rifldsjuri¡LÍáriii poteátatt, lom. 
i», vt , f I . Ad Christam eoim referen is est . qvain 

? eplscopl» ea lege Del t ut ti Pctro lllaro aoflpcr- 
fD Joaanet Célala » lo 3 acaten!., Allí, k 2¿., (tajft, 7. 
i Lcj 18. til. r, parí, i. Antigua cosituobre fu* de Espala, é 
lodatla , é dura hay illa . »juc cuando Ana el Obispo de al- 
i Innr. «Hielo Tafeo saber ti deán él «al Rry BOf 

mensajeros de la rglcsla con carta det deán, e del cabildo 
do #t liado »u perlado , é que te piden por merced que le pie* 
i que elloi puedan facer &u elección dejembargatlamcnte» é que 
l encomiendan loa bienes de la egteala ; é el Rey debegi'1 

miaño *e dice en ia Ir y |, til m, do) Ordntamenio , po- 
Ueedi en Álcali por el aefior d l. Véate a M. 

la Bíml át Eipúña, lib. ti, cap. t, aobre la eludes de don 
d<* Alborno* , arroblspo de Toledo, ejecutada por et Cabildo 
es la forma que prescriben laa iejea eluda*. 



EL MONITORIO DE ROMA. 75 

ila, que consistía, como primeros predicado- 
roa y fundadores de la Iglesia, en las funciones del 
y anunciar el Evangelio al universo; y 
(a otra episcopal , reducida a regir y gobernar ios 
fieles que á cada uno le fué séllala- 
lé primera de estas potestades sostien 

i uron sucesor alguno > y que so- 
■ han heredado los obispos el limitado po- 
la segunda (4). Y de esta suerte encuentra 
puesta á las autoridades de los Santos 
M, y procura librarse de los argumentos que 
le son contrarios. 

En este modo de discurrir están bullendo sin ce- 
sar los dificultades. Si en el mero cargo de la pre- 
dicación consiste la suma y extraordinaria potes- 
tad del apostolado, difícilmente se puede compren- 
der que no hayan sucedido los obispos en esta po- 
testad, común á todos los ministros de la inferior 
jerarquía de la Iglesia; y que, según el santo con- 
cilio de Trento , de tal Buerte es imprescindible é 
inseparable del oficio episcopal, que no la puedeu 
omitir sin hacerse responsables á Jesucristo (5). 

Que no sea lícito á los obispos ejercer su autori- 
dad y la predicación en las diócesis ajenos, que es 
todo el fundamento de este autor, es uu ofreei- 
to bien ridiculo y despreciable, porque acerca 
de esto no hay prohibición alguna en las divinas 
letras, y es un mero establecimiento eclesiástico, 
conforme a el ejemplo de los apóstoles, que se abs- 
tuvieron también de predicar en las regiones que 
habían tocado á otros, sin ofensa de la igual y suma 
potestad que el autor los reconoce ; ademas de que, 
á los Santos Padres y á los concilios les ha sido des- 
conocida la separación de los dignidades apostóli- 
ca y episcopal. 

Otros confiesan ingenuamente que el sagrado 
orden de los obispos fué instituido minee 1 
por Jesucristo en las personas de los apóstoles, y 
Juan Cabasucio t escritor más afecto que los de su 
nación á la curia, lo sienta como una cosa indubi- 
table para todos los fieles, sosteniendo, no obstante! 
la absoluta potestad del Pontífice (6). 



1 4] Aaonymu», Deth ttoto delta fhlt$a, cap v , nnm, ffl. A fftl 
lonterri G. C. una somma poteUanclla ehiesa: ma nonti 
<■ che passar doveíae per aicccssioae: ele. ifl 
nnm, il, Due potos ti per tanto si consideratano ne f II apo atoll, 
una ron tota la plencta per ragtone de el apostolato: e qurita 
era In esst straordínaria , ne pas^r ünvev» itiiíera ic sseetsori 
Lililí era eplsfopale, separata dall aposlohto, e quesla oes en 
colla picneía delta potesta e paso ne » W-sco\| t 

quando dunque aleuni padrl dieono che i VsMflri tono aucecs- 
lOfl de |ti apóstol! , come S, ClpftlOO, 8. virola»©, 1 AgoUi- 
iü,. s (esfarto, Blfl déte lotcndensí ebe «ocecdono i ftl apoato- 
II come Vr^cnví , noo eiioe apóstol! 

TridenL , sesa. 41 ; Ut fte/tfrwof, t cap. »v. I*r«dica- 
tionl» mtrnus , qood eplicoporum prvcipniím eti euptens * aneta 
SfDodes, ele. 

(C) C%b}t.Txt. t Tkeor\*etl y r<xitil*r í:<tnm«fi, llb. tt t cap t t t oum.t. 
Ooanlbtt» firfrlfbsA m.tülulaiura e»t ÍuIhc iacrum eplfroporvm or- 
dinrm Immrdlate a JeMichrlsto Instltutum in penonli apóatolo- 
ruiD ; qulboi dlilt, ioin SO. Sicut diímI ute Titer , e< o aUUo f os,. . 



76 EL CONDE DE 

Esto opinión defiende el moderno impugnador 
de Febronio, fray Ladislao Sapell, que no duda que 
los obispos son verdaderos vicarios de Cristo en su 
Iglesia por inmediata participación , como herede- 
ros y sucesores de los apóstoles (1). El lector podrá 
juigar de la violencia que tiene el riguroso con- 
cepto de monarquía, con nna opinión que concede 
por divina institución muchos asociados de igual 
potestad al que tiene el imperio. 

Con esta discordia sobre un punto esencialisimo 
é imprescindible de la disputa, entran todos estos 
autores en el empeño de persuadir la monarquía 
espiritual de los papas y su plena y absoluta potes- 
tad. Las pruebas positivas de que se sirven unos y 
otros son puntualmente las mismas, y sin que en 
esta parte hayan adelantado los modernos la menor 
cosa álos antiguos; aquellas expresiones de Cristo 
á san Pedro, Tibi dabo claves Ecclesia, pasee oves 
meas, ego orabo pro te, ut non deficiai fides tua, et 
tu aUquando conversus confirma fratres tuos, han 
venido á ser, de las divinas letras, las que más veces 
se han escrito y más se han ponderado. 

En estos sagrados textos no encuentran los que 
defienden los derechos de los obispos, que se comu- 
nicase á san Pedro más plenitud de potestad que á 
los demás apóstoles en otros parajes de la Escritura 
Santa que alegan ; ni creen que se puede concluir 
de la singularidad que tanto se pondera, otra cosa 
que la suprema primacía que reconocon todos los 
fieles al Pontífice romano , y que le constituye ca- 
beza visible de la Iglesia, padre y doctor universal 
de los cristianos. 

No es menos escabroso para los factores de la 
monarquía eclesiástica el camino de la tradición. 
Su ingenio revuelve los fragmentos de la venera- 
ble antigüedad que el tiempo ha perdonado, y su 
diligencia procura deducir de expresiones oscuras 
y alusivas á tiempos y circunstancias que siempre 
nos serán ignoradas, reconocimientos de los pri- 
meros padres de la Iglesia, auténticos y formales 
de la monárquica potestad de los papas. A pesar de 
todo, los autores del partido opuesto notan que la 
mayor parte de sus testimonios son sacados de 
recursos que hicieron á la silla romana obispos 
depuestos en concilios nacionales; é interesados 
sumamente en levantar la potestad pontificia, ob- 
servan que aun en estos actos, las partes del Pon- 
tífice no fueron otras que las de un respetable me- 
diador, que interpuso su autoridad á favor de aque- 
llos prelados castigados injustamente ; unas veces 
para que se viese mejor su causa, y otras dando 
desde luego en su dictamen un testimonio de la 
inocencia, siempre apreciable, y singularmente en 
la materia de fe. por haber sido en todos tiempos 
la silla de Roma la pauta de la verdadera creen- 

Et aportólos cap. xi. Atteidlle toblt el universo greiri, io qao 
tm ¿piritas Sánelas posuit episcopoi refere Ecclfslam l>ei. 
(1) S«pell , De Sta/u Eettout, part. i, | 4, asm. 7. 



FLORIDABLANCA. 

cia; y últimamente, oponen nn numero dilatado fc 
establecimientos de los primeros concilios, contri- 
ríos á la pretendida monarquía, y de conferioos 
de grandes papas que desvanecen toda la ota. 
fuera de las expresas decisiones de los concüm. 
que no dan poco que hacer á aquellos escritora. 

Cuando la fatiga erudita de los promovedora di 
la dignidad pontificia fuera más folia, tsaptn 
probaria, en el juicio délos de la otra opinión, es jj 
que el positivo establecimiento de la Iglesia, *■ 
prefiriendo para su régimen el gobierno monánjá 
co, por más perfecto 6 por mas conveniente, le ti- 
bíese colocado en el Papa, y siempre vendrá i 
quedar triunfante la proposición con que el * 
blime Boasuet, descartando vanos razonamieofs, 
les provoca al campo de la Sagrada Escriton, j 
les niega que so haya reconocido en ella otro n> 
narca eclesiástico que á Jesucristo (2). 

A esto gran prelado francés, que fué capas, ps 
su autoridad, de hacer titubear á los mismos san* 
montanos sobre este punto, podemos dar un fiaáv 
bien abonado en el eminentísimo cardenal Betj 
naldo Polo. Este varón verdaderamente apostólica, 
elevado á la púrpura á fuerza de sus virtudes, ya 
todo muy superior á nuestro elogio, trazó la nona 
que se debía seguir en el concilio de Trento, tota 
las líneas del primitivo que celebraron los apósto- 
les en Jerusalen ; y en este tratado, dirigido i ki 
cardenales legados del Papa, se da una idea, quid 
la más justa, de los derechos de la primacía qa 
tiene en la Iglesia el sucesor de san Pedro; sea- 
plica la autoridad de los concilios, la represes»* 
cion que tienen en ellos los padres, y la verdad» 
cualidad de la potestad eclesiástica , no por moni 
discursos de los hombres, que siempre son falibles, 
sino por una sincera confrontación con el ejemplar 
que nos han dejado los discípulos iluminados ¿ 1» 
misma verdad. 

Conforme á la sólida doctrina del eminentísimo 
autor, la Iglesia es estado do un solo principe, y 
por consiguiente, rigurosamente monárquico; poro 
su forma de gobierno, extremamente distante de 
estas monarquías, que deben su principio si ota- 
sentimiento que pudo sugerir á las gentes la con- 
veniencia 6 la necesidad. En estas obras imperfec- 
tas de los humanos tiene el sumo imperio un hom- 
bre, que forzosamente le ha de traspasar un dita 
otro por herencia 6 por elección, sucediendo unos 
á otros. Cada principe manda en su propio nombre, 
sus acciones recuerdan 6 hacen olvidar la memo- 
ria de sus predecesores, y su autoridad á veces 
suele ser muy superior á la del principe que echó 
los primeros cimientos al imperio que ejercita. Es 

ili Dossoet, De Potest. Eeelesim, Ilb. un, cap. x?. Res ff 
proprio cerebro, vanisqoe nuodnatioaibas carUttaiarripaitt* 
cjc forma m tmofeodam tsse; sed SeriptarU, el CradiMenisi 
de znonstrandom ereltsiastlcam monarc&iaai tas ^rtitt pcTdft 
monareba consutoUm este, qaod hltleila»^ asi. 



JUICIO IMPARCIAL SOBRE 
la monarquía cristiana nadare esto sucede ; el fun- 
dador vive eteraanK -a un puro hombre, es 
verdadero Dio» al mismo tiempo, y este monarca 
omnipotente no ha cedido el mando, ni tuvo nece- 
sidad de nombrar sucesor, y aÓlo para el régimen 
de su Iglesia ha puesto pastores quo en su divino 
nombre rijan y apacienten el rebaño de los fieles, 
por propia representación (1). 
e modo de pensar, que encierra verdades á 
que ningún católico puede oponerse, y que siguien- 
do fielmente el concepto del establecimiento de la 
Iglesia , deshace la ignorante presunción con que 
se suelen regular las disposiciones divinas por los 
principios humanos, de que estamos imbuidos , der- 
riba al mismo tiempo la estatuado las monarquías 
eclesiásticas que han visto los ultramontanos, y 
manifiesta que siendo única, eterna é inalterable 
en Jesucristo, ciertamente deben limitarse las pre- 
tensiones de los curiales á solicitar que el Papa sea 
uno de los rectores que lia dejado para su gobierno 
el más superior en dignidad 6 facultades. 

Bien ha conocido el anónimo que impugna al 
Ftbronio, que apuradas las cosas, toda la cuestión 
viene á reducirse á averiguar los verdaderos dere- 
chos do la primacía del Pontífice , y por esta razón 
no duda afirmar que ambas opiniones podían con- 
certarse, si el Ftbronio no estrechara tanto la dig- 
nidad de primado, que la dejase en términos de 
puro honor y do mera dignidad. El que lea al Fe- 
bronio sobre este punto advertirá si tiene í 
mentó esta atribución, y nosotros sólo notaremos 
quts los defensores de los derechos de loa obispos 
jamas podrán aceptar el ajuste que propone el anó- 
nimo, porque sin duda se excede en la explicación 
de la autoridad de primado, que reside en el Papa, 
y la adorna de todos los efectos que pudieran con- 
venir á un verdadero monarca. 

Más fácil se ofrece, en nuestro juicio, la concor- 
dia con el padre SapelL La monarquía que descri- 
be dolos papas es tan templada y con tales limi- 
taciones, que pudiera admitirse sin reparo, si la 
caria romana pudiera habilitar una fianza segura 
de que nunca excedería sus limites. En repetidos 
parajes de su obra afirma oí autor que el P.h 
tiene el ejercicio de esta potestad monárquica, y 
positi Bs que no puede turbar la ju- 

ai ia de los obispos, que son sus 
jutores , v >, ain una grave 



irrfifljkt Rfgi al!. fM, , D ti L'**t Seii 

l*5c* Tridraí Sy,¡ • < pl%tO- 

poll l)H jiiiuMM suuoead 

itam niittriHii 
«Utn, iii <|Ui 

bu huoioi ai. ityitei) ntis« 



EL MONITORIO DE ROMA, 
y urgentísima causa (2) ; y en vista de esto, nos 
parece que sólo en su señalamiento podría consis- 
tir el ajuste de estas opiniones , 6 en la descripción 
do las voces, dando con más propiedad á los 
pos la de compañeros y hermanos, de que no »o 
desdeñan los mismos papas en sus rescriptos. 

Ahora lo que no puede perdonarse al padre 8a- 
pell es | que coloque en la negra galería que ha 
compuesto de los autores de que se vale el Febrv- 
nio f si insigne chanciller de Francia, Juan Ger- 
son, varón doctísimo, citado con veneración de los 
primeros hombres de la Iglesia, y al pío y religio- 
sísimo prelado Andrés Magorense, con título de 
cismáticos y de implacables enemigos de la Igle- 
sia romana (3). El autor no tiene otro motivo para 
faltar al respeto de estos venerables padres que ha- 
ber sido de opinión contraria en una cuestión que 
se sufre entre católicos sin censura alguna de la 
Iglesia, y para proceder con más circunsptv 
no debió perder do vista el tratamiento honorable 
de reverendísimo y religiosísimo que los antiguos 
padrea de la Iglesia , juntos en un concilio, dieron 
al mismo Nestorio, al tiempo que anatematizaron 
sus errores y herejías, teniendo atención al carác- 
ter de la dignidad episcopal (4). 

En lo demás, estos autores proceden con más 
moderación que aquellos canonistas que in 
deradamente han procurado defender el despotismo 
de los papas en todas materias. Confiesan la falsa 
suposición de las decretales Isidorianas, que pro- 
curan disculpar con la pureza de la doctrina que 
contienen, y de esta suerte Be mantiene una con- 
troversia, que será interminable, y de que nos ha 
parecido instruir al lector, aunque sea á costa da 
la distracción que hemos padecido. 

Volviendo, pues, á seguir el hilo de las pri 
vas costumbres eclesiásticas, que dejamos inter- 
rumpido, es constante que á toda la Iglesia, junta 
en concilio general ó nacional, pertenecía el esta- 
blecimiento de las leyes que regulasen el culto y la 
obligación de sus ministros; y en una palabra, la 
disciplina eclesiástica, la exposición de los dogmas, 
la materia de los sacramentos, era propia de es- 
tos cuerpos, legítimos depositarios de la infalibili- 
dad (5) y del derecho do los emperadores ó principe» 

I* Sapell, feStoft Ecctftl* ,part m, | iM««.«,et. partí, 
$ 4, aun». 7. Ima in 

Peatifa in rtftolsc M " jru . nil * ■*' 

olilias, «oí tfite Beccfsittt, Id eilfi ff, ct uiffcar* 

poffst 

fl1B a !>* Staiu Zrtlfnl*. nart i, f. 4, nora. 1 An aun lo- 

ijb hofettr», et humillé» srhUmtClcos in 

■ ibl iFrbrofi» MflcJil&fom Colriaalnim, 

. jlunium Ccsihnum, Plauoaní . Andream Magorrn- 

r.C. 

inm in, pf, 413, l.rloln» rplseopu» LMadli II» 
il i; Multólo y leatH Matas \cvioni rtNftout- 

il: guaro el ego toaiiieoa* 

¿tmih* , (:■ .i, 

i tbron.» Dt Siatu Ec¿u*t<M t cap, «.Me» tu, f *• 
útndu. 









78 EL CONDE DE 

supremos 7 soberanos de las tierras en que se tenían 
y celebraban ; era la convocación de los concilios, 
á que regularmente asistían por sí , ó por los ma- 
gistrados que destinaban, para proteger su cele- 
bración , como consta de los proemios y de la ac- 
ción de gracias al príncipe de cuya orden se habían 
juntado, con que finalizaban los padres sus se- 
siones. 

Al principio de este gobierno, el porte exterior 
de los obispos era la estrecha profesión de la hu- 
mildad, que fué la divisa de los apóstoles ; se glo- 
riaban con el título de siervo indigno, sin que usa- 
sen en sus cartas de otros más pomposos (1) ; pero 
aumentado después el número de los verdaderos 
creyentes , por un efecto de la humana flaqueza se 
dejaron engreír, é inflados de la reverencia que 
justamente infunde la dignidad episcopal, se ador- 
naron de los altos y respetables títulos do sumos 
pontífices (2) , de papas y de santísimos (3). 

Sin duda que estos epítectos, aunque tan extran- 
jeros de la Iglesia primitiva , é ignorados de los 
apóstoles , no pueden ser reprensibles ni dignos de 
murmuración; porque, aunque la modestia de los 
prelados los rehusase, se los pudo prohijar la reve- 
rencia de los fieles , y á la verdad sin escrúpulo de 
exceso ni franqueza, particularmente en España, 
donde han merecido siempre de nuestros augustos 
soberanos el tierno y respetuoso tratamiento de 
padres, desde una antigüedad que casi iguala al 
establecimiento de la monarquía (4). 

Más razón han tenido algunos para notar en los 
prelados el excesivo fausto de sus familias, el lujo 
profano de piedras, adornos y de los demás encan- 
tos que tanto aprecia el mundo ; pues, sin detener- 
nos en la enumeración de estos excesos , que se ha- 
lla en los autores, llegó hasta usurpar el uso de la 
púrpura, reservado á los príncipes supremos, y 
para su remedio fué precisa la promulgación de 
nna ley eclesiástica (5). Y no contentándose la sed 
de honores mundanos , que consumía sus corazo- 
nes, con la ruidosa celebración de los días de su 
nacimiento, que en muchas provincias se hacia con 
profusiones y regocijos públicos, ni con los demás 
que se pueden ver en los autores abajo citados (6), 

(1) Bateara., in can. 42 Synod. Carlhag. Theodor. Hoping.,D¿ 
Jure in*i$mum t cap. x\n, ex niim. 48. 

<i) Ut constat ex Concil. Tolejt. IV, in pra-fal. Convcuientibns 
aoaii hispaniarnm , Galliseque pontUlcibns summis. Agathen* A"/, 
cap. xxxv. Invitari per metropolitanum ad ordinationcm Sammi 
Pontincis. 

(3) D. Ferdin. de Mendoza, in nolis iá Concil. liliberii., nbi 
Hopiog. snpra. 

(4) Concil. Tolet. IV. Bracearen. I. in Proocm. Saavedra, in 
Coro*. Gotie. , cap. xui. 

(5» Concil. Xaroone$. , can. 2. Hoc rcgulariter dellnitum est: ut 
nilluf clericornra vestimenta purpurea indnai , quac ad jartantiam 
pertinent mundanalem , non ad reí u i os a m dignitatem, ut sicut de- 
fotio in mente, ila ostendator in corpore; quia purpura máxime 
laicornm potestate preditis drbetur , non rcli^iosis. 

(6) Anoiim., Hi*f. Pontiflew , lib. vm, cap. penult.. fnl. 858. 
¿>aodaeter, De Yeteri Clerico Moncho, líb. 111, cap. 111, fol. 427. 



FLORIDABLANCA. 

inventó la superticiosa práctica de ceñirse y ten- 
brar sus vestiduras de las reliquias de los mártir» 
más venerables al pueblo ; y para bu enmienda, e¡ 
celo católico del rey übamba mandó juntar, en 675. 
el concilio Bracarense, de que son bien noübla 
las palabras (7). 

Los misinos hechos do la historia que not pre- 
sentan la relajación de los obispos en su condón 
personal, nos hacen ver el constante arreglo ala 
preceptos divinos con que mantuvieron su gobier- 
no , sin confundir jamas el báculo con el cetro, y 
reconociendo distintos é incompatibles al saceróV 
ció y al principado. Al mismo tiempo que cania- 
trépido ánimo sostenían contra el poder de ki 
emperadores la potestad sacerdotal que heredara 
de los apóstoles, y que representaban vívame* 
la desproporción que hay en que los negociólo» 
la fe y puramente concernientes al bien espiritul 
de las almas se traten en el fuero secular (8), eos- 
fosaron con candor que les estaba prohibido el co- 
nocimiento de los asuntos temporales, remitías ftl 
juicio de los magistrados seculares aquellos, ton- 
que fuesen de personas eclesiásticas , que no hábil 
bastado á terminar su gubernativa dirección, re- 
conociendo en todas ocasiones sumisamente li ■*■ 
jecion y la obediencia que deben á los que tiesa 
por don de Dios la suprema potestad en la tíena, 
de que nos contentaremos con dar algunos testi- 
monios respectivos á varios tiempos de los infini- 
tos que ofrece la amenidad de la materia (9). 



(7) Concil. Bracearen*. III, can. 6. Booa qnidem res est, ¿has 
sacerdotibus contrectare mysteria: aed cavendam Tilde est.st 
hoc quisque ad usura pravi latís saje intorqneat, ande solí Dea si 
bono conscientia? placeré debuerat. Scriptam est enín: Ymüt, 
qni facinnt opus Domini fraudulenta et desidiosa: al eaiai eao- 
ruradam episcoporum detestanda presa mp ti o nostro se eaetai ia- 
tulit dirimenda, aguo vi mus qaosdam de episeopis, quodiatft- 
lemnitatibus martyrum , ad Ecclcsiam progressnri, reliquias colé 
suo imponan t, et ut majoris fastos apod nomines gloria talase»» 
cat quasi ipsi sint reliquiarum arca) Levita; albis indmiii ceBa- 
lis eos deportant. Quae detestanda presumptio abrogar! per os- 
nia debet, ne sub sanctitatis specie si mulata, Tanila* sola aw- 
va leal, si modum snnm aniuscujusqae ordinis merentía ioa i|- 
noscat; et raro antiqua in hac parte, et solcmnis conaaetada ftf- 
vabitur, ut in festis quibusque arcam Dei com reiiqoiis aoa ea*> 
copi, sed levita? gesten! in bameris, qaibaa et in relen lefe 
onus id et impositum novimus, et precepto m. Qaod ai etias 
episcopas reliquias per se deportare elegerit, son ¡pae a diaca- 
nibus in cellalis vi'dabilur; sed potlos pedíseqao eo, ni cas 
populis propri'ssiune procedente, ad conventícula sánela raai **• 
clcsiarum sánela 1 Dei roliqui* per eundem episeopum portabaa* 
tur. Jam vero qui ha>c instituía seiendo adimpiere dissalcrs, 
quamdiu in hoc \iiio fucrit, a sacrifleando cessabit. 

1.8) Lum nd verum, 6, di.st. 96. Cnm ad verana ventam est, altn 
sihi nec imperaior jura pontilieatus arripuít : nec ponUfex i 
impcratt.riuin usurpavit; quoniam ídem mediator Dei, et I 
uum, homo Chrisius, sic actibns propriis, et dignitaüs distiie- 
tis ofüciis pniestatem utriusque dis<Tevit, etc. Gregorios II ad 
l.eunem baurif uní , in Artis xeptimaz Synod. Idcircó przfeclisaal 
poniiUres ítoícmis, a reipublira 1 nogoliis abstiuenies , aliaiif- 
ralorcsab ercle^asticis se ab>tincant. 

(iv i). r.rcKor., lib. u, episi. 61. Ego jussioul snbjectas eaadea 
kpem per diversas terrarum partes trjnsmillo. Ublqae ergaqas 
debui fxsolvi, qui et imperatori obrdicntianí prebni, et pro Deo, 
quod sensí, mioimé tacui. Gelasius papa ad Aastlu . lay. FkalaM 



JUICIO IMPABCUL SOBRE 



§il 



En loa tiempos do Constantino el Grande , época 
que se llama de la paz do la Iglesia, se ven los 
primeros ensanches de ion , y los obis- 

pos empezaron a conocer de las causas tocantes A 
las personas, las cosas y los derechos de los cléri- 
gos, tratadas hasta allí ante los jueces seglares, La 
id de este emperador, 6 porque creyó más pro- 
lio de los eclesiásticos este conocimiento, ó pr 
ue los cuidados del imperio no le permitían la 
t pedición de su prolija muchedumbre , les w 
ió que por si mismos juzgasen y dirimiesen sus 
ios (1) r según un capítulo, que recogió Gra- 
no, con el error de atribuirle al papa Melchia- 
i, muerto anteriormente al reinado de Constan- 
do, como notó el señor presidente, don Di 
[>varrubias (2). 

No hay duda que en orden a] mando, toda la di- 
Itad consiste en el principio de su adquisi 
¿a gracia constantiniana (de cuyo valor y sentido 
b inmediatamente) no la miró el clero 
no efecto de la liberalidad de aquel principo, 
no como la remoción de un impedimento que lea 
onia en estado de recuperar por un derecho de 
la exencionó independencia de la po- 
blar, que pretende derivar de las divinas 
■$te pensamiento ha producido la 
rsia sobre este particular, que em- 
za á los doctores. 
Aunque un discurso es c para 

oto de este tamaño, no pod riamos dejar el ex ri- 
ñen del origen de eata exención sin faltar á nues- 
jmesas; pero ú n -solver laoneai 

dos sentar que sin detenernos en la certeza de 
ficesion de Constantino , príncipe secular, á 
si clero reconocía bu sujeción en el rn 
de las querellas que le presentaron <. 



In itmporalibuK debent tibí omnem ohedienFlam, ct re- 
n Ubi de roanu Deí csse coNstam. Í4em 
10, 9á eu*dem, I.rpibus lab Ipel |«Od«e pjrent rcüfüonit 

) ititdo*. In aetian> i, /pi$t. Roses, n 
MÍ tmp, Votrnt. Mi Vartínn PropOllt* 
renta quidem umcit 

JIJT£n1ibu> U IteO |Dfl(kl 

Ttíirl. l\\ 

Urtit *d Juvuíjki. rrn^i b rmpro- 

\ eoerreat, ToifL ff, Bal. II. Rafal tsi rnlm In <1ut 
rjuí 

irtofeu., m . «p. wm. Po- 

lis ftoiiMiHt » Oro onliuJtj < >i, liuntililrr atqqc 

'I lo» 

qeid Bftiatl, it In »nb<ltio« Jaata? h'fls if 
iinnu», *r»ifíi, ac tnUArmun trttrorua cuneta vola- 

i*. **mram xit, qnriL. i Va» i mawur judie ana potealii, 

Cl) /a Prarhc», cap. mi, uam, i, 



EL MONITORIO DE ROMA. 

B, y que presidía personalmente aquel 
concilio, su privilegio no les atribuía su pretendi- 
da exención. Ademas de que, los sucesores de Cons- 
ieron la misma autoridad ó imperio 
orno consta do fot 
reglanie n toa que hicieron para su gobierno (3^ en 
que se debe notar que en aquellos tiempos aun era 

los magis- 
trados seculares en los pleitos de los eclesiásticos, 
esta explicada la inteligencia t valor y sentido de 
aquella gracia con las tres notables restricciones 
le acceder el consentimiento volun- 
tario de las partes , faeee la tontería civil y por me- 
dio de arbitraje (4); franqueza qio n que 
envidiar los demás subditos de los emperadores, y 
en que, bien considerada la materia, lo que el clero 
vino á lograr fué la \ ■ . d tre si 
Dd, especie de judicatura, que también les 
está prohibida por derecho divino (5). 

Descubierta la debilidad del privilegio de Cons- 
tantino, y bu verdadera i ¡u, no creemos 
necesaria la advertencia de que el punto en 
tion no procede acerca de las m pirituales, 
en que tiene el clero una inmunidad tan bien guar- 
dada, como que no hemos oido hasta ahora que la 
curia romana haya acusado á ningún príncipe cris- 
tiano de haberse ingerido á reglar loa negocios de 
la fe ni la materia de sacramentos. 

Esto supuesto, nuestra proposición es f que el 
fuero, lad que gozan personal- 

mente los eclesiásticos en los asuntos temporalea, 
no desciende en modo alguno de las constitucio- 
nes divinas , y que, cualquiera que ella sea, según 
las costumbres de los reinos y de 
toa, es una merced de sus respectivos 
soberanos , á que sólo les ha podido mover su pie* 
dad y su reverencia al sacerdocio, ó la necesidad y 
mayor utilidad que resultase de ella para cumplir 
con los ministerios sagrados» 

La prueba de esta proposición está á la vista de 
cualquiera en los sagrados libros. Por más que se 
revuelvan los capítulos de la divina legislación, no 



(3) Honor, ti Atead., Iib. i, CM. 7ktei.de VstUg. (¡uoHes de 

ffjifioin? agitar, episcopos convcnH aguare; rartrras *<*ro casias, 

1 -ul usuro Juris publlfi pf rdnetit, 

die, tí dirsr* > 

l 

fi iifftoacm pos&c cognnsccrc; al ambo cjtj*<t<*nj ofh 
t-jtorts ttollui. toj Itürsiir, Iflfl! publicii Ipfilboa, el jure 
comm 

il Ltf. Si qui, 8, De rpl*cop í awHrii. (oii. Tht&i S» <\\.\ el 
IBtllliKfll 1(1 
bmitur, Md cí(h -rkMiiur i .ii dumlant negutJu, «ora 

nm. 

■ifiUtrm, II. ; 

ointirs 

¡.r j-^ruubj» buminom otfls, ood poi»eut terbo Del 
vacare. 



80 



EL CONDE DE PLORIDABLANOA. 



se hallará el pretendido privilegio que exima á los 
eclesiásticos de la potestad secular, como, según las 
reglas comunes, indispensablemente necesita cual- 
quiera que se supone privilegiado. Al contrario, lo 
que se encuentra en boca de la cabeza de la Igle- 
sia, del sucesor de Jesucristo, es un precepto estre- 
chísimo, dirigido inmediatamente á los obispos de 
Ponto, ¿alacia, Capadocia y Bithinia , do la fiel su- 
jeción que deben tener á los reyes y á sus ministros, 
conforme á la voluntad de Dios (1) ; que repitió san 
Pablo á los romanos en particular con sumo cuidado, 
para que no quedase duda de que esta ley divina 
comprendía en el Oriente y Occidente al mundo 
todo (2) , y que confirmó con su ejemplo el santo 
Apóstol, presentándose al tribunal secular, como 
el competente (3). 

No sólo en la doctrina de las dos columnas prin- 
cipales de la Iglesia , en que habla el Espíritu San- 
to, está declarada la sujeción del clero á los prin- 
cipes temporales, sino que la misma Verdad, el 
dueño de todas las jurisdiciones , en el acto rigu- 
roso de un juicio, en que era cuestión de esta potes- 
tad secular, la reconoció al más inicuo de los ma- 
gistrados , añadiendo el divino origen de que des- 
ciende (4); que es el sagrado ejemplar con que 
reconviene san Bernardo el orgullo de los ecle- 
siásticos inobedientes y despreciadores de la se- 
cularidad (5). 

A estos claros y fieles testimonios de la Escri- 
tura Santa ha procurado obscurecer la cervicosa ca- 
vilación, diciendo que no contienen otra cosa que 
un mandato general de la obediencia, por el cual 
se somete el inferior al superior dentro de su orden 
y clase, esto es, el eclesiástico al eclesiástico, el 
secular al secular, el siervo al señor, el discípulo al 
maestro, etc. ; porque todas las superioridades di- 
manan del establecimiento de Dios. Pero ¿quién 
no ve la resistencia que tiene esta interpretación 
en la letra de los textos que expresamente dispo- 
nen la obediencia y la sumisión del sacerdocio á 
los príncipes y magistrados? 

Otros autores que se han dejado arrastrar más de 



(1) II, Peir., cap. tiii. Genos electom, regale sacerdotium, etc. 
Snbjecti cstote oranl ereatunc human» propter Dcurc, slvc regí 
qoasi prxcellenti, sive dacihus, tamqaam ab eo m-ssis ad vi li- 
die tam malefactornm, laudem vero bonorom, qaia sic est volun- 
tas l)ei. 

(2) Div. Paol. , Ad. Tit. Admone ¡líos principibus, ct potestati- 
vos subditos esse, dicto obrdire. ídem, Adllom., cap. mi. Omncs 
tuina) potestatibus sablimioribus subdita sít : non es ten ¡ni po- 
lcaba olsi I Dco. Etinfrá: Qui resistit po testa ti, Dei ordioationi 
resistit. 

i3) ídem, Actor., 14. Ad tribunal esesaris sto: ibi me oportet 
jodicari. 

i4) J an. v 19. Nescis, qaia potestatem habeo cruciQgere te, et 
pdtrstatem babeo dimitiere te? Respondí! Jesús: Non haberes po- 
leslatem, iii»t libi datara esset desuuer. 

(B) 0. Bernad., epi»t. 44, Ad Archir pise np. Señen. Síecularita- 
teti contení nitis? Sed taecularior oemo Hiato, cui dominus adsti- 
ttt Jadfcaodos... Uicitc, si aodetis , soi prxsolis ordinaiionem 
Madre, cum rnmaoi presidís poteiutem su per se Cbrbtus rale- 
Mar c«/jiBi fojas* oraínatan. 



su empeño 6 de U vanagloria , no 86 hi 
en decir que estos preceptos sólo pn 
obligación tenporal y transitoria, aüi 
principios de la fe y de la Iglesia , qu 
ejercer entonces su autoridad ni diafruti 
quezas, y que, por consiguiente, debía 
tendido el cristianismo. Satisfacción j 
en que, destruida la perpetuidad de lo 
mientos divinos que sostienen la Iglesü 
hasta lo sumo la sincera ensefianza de 
les, porque se podría inferir que hábil 
la baja política de acomodarse al tiem] 
sobre este asunto un precepto que, seg 
terpretadores, viene á ser de que obedec 
tras no pudiesen otra cosa. 

Bien distintamente entienden los Sa 
el precepto apostólico, y particularmí 
liano y san Agustín, elevados uno al s 
otro al episcopado, cuando la Iglesia 1 
de su infancia, que reconocen la obli 
les impone de obedecer á los principes < 
temporales (6), fuera de que, la obedi 
Apóstol encarga es á las potestades mi 
que es decir á las seculares , buenas 6 
son las palabras de la glosa (7) , en c 
prenden los príncipes infieles é idólatra 
legítimamente se les debe todo honor, 
obediencia en las cosas temporales , y ci 
no pueden rehusar los eclesiásticos sin 
conocimiento y sumisión que exige el 
ha puesto en su mano el Todopoderoso 
cual está descubierta la repugnancia d 
el texto á los superiores eclesiásticos qu 
ser infieles. 

No hay, pues, en toda la Sagrada Ei 
saje de donde se pueda concluir la pre 
munidad personal de los clérigos. Todc 
que con menos violencia se pueden em 
fin, los trajo al medio nuestro doctísimo 
el señor Covarrubias (9) ; y advirtiend 
ciencia, estableció en la segunda conc 
el clero solamente era exento de la jur 
cular por un derecho humano, respect 
liarse en las divinas letras el claro prr 

(6) Tertull., lib. De Idol., cap. zv. Qnod attin 
regum, ct imperatorom satis pnes cripta na habeos 
sequío esse nos opurterc. serondum apostoli pra_N 
tiis magistratibus, el princi pibas, et potcstatibas 
in Epttt. ad Román. Cum anima constemos, et cor| 
in ba • Vita temporal! somos, oportet nos. ex es 
lianc vitam pcrtiiirt, subdito esse potestatibos: i 
bos res humanas curo alrqoo no no re adminlstranlib 

(7> dos. tnlerinearis. Potestatibus soblimioribl 
cularibus, bonis, vel malis. 

(8) Abulen., in iv, liegum, cap. m, <|. JQ, EH¡i 
bonorare n-g.-m Israel; nam quamquim csset Idplai 
bat esse rcx legitima et tencbjntor omnes de Israel 
quantum ad ea, qos rnne. cnrbaiit regale m dif&iUte 
regni, dum non prrtinereut aliquo nodo ad iéalat 
essenl contra legem Hel. 

(J; In Practica, cap. xxxu 



JUICIO IMPARCIAL SOBRE 

ra necesario, en presencia de los textos que le bu- 
á la potestad de los reyes y de los príncipe»», 
le las humildes eonfesio 
Padres y los concilios reconocen sa dominio* 
Es verdad qne este gran juriscon- sa es- 

do y por la general prevención que habían sem- 
los obreros de la curia romana en el tiempo 
De escribió acerca de las facultades pontificias, 
i las siguientes conclusiones afirmó que el Papa 
¿ia dispensar al clero esta gracia, y que los prin- 
gares no podían derogarla; pero baria 
nde agravio á la sabiduría y doctrina de tan sa- 
>io prelado cualquiera que entendiese su aserción 
otro sentido que el de pedir la reverencia de 
os príncipes cristianos para que se confirmasen en 
i estados los establecimientos pontificios , mirán- 
i en el concepto de una instancia que se debe 
■ lugar en su amor y liberalidad para con la 
n a. Otra cosa seria destruir las sumas potes ta* 
Qporales, y colocar en el Pontífice la u 
l majestad de la tierra , concediéndole la potes- 
I legislativa en todos remos. Pensamiento muy 
do del aefior Covarrubias . que aunque tocado de 
funestos principios de esta doctrina, era de 
aay superiores talentos para afirmarla en tales 

nOB. 

Esta explicación, debida á tan grande hombre, 
l> razará cualquiera que considere que nadie ha 
ttdado menos que este autor, que los clérigos es- 
sujetos á la jurisdicion secular en las materias 

No sólo funda eBta conclusioi 
los de primera tonsura (l),síno que abierta- 
ata defiendo que el juez real ordinario puede 
á cualquiera clérigo constituido en orden 
in sin preceder la degradación, acto en 
Be loa ¡coa juzgan reservada su inmuni- 

], y sin distinción de caaos ni delitos, cuando 
atroces ó en gran número, 6 fuese incorregi- 
2) ; y >mo éste de la r 

no ee puede presumir que la degradase, des- 
udándola d<? su ma* ¡ l con tan- 
i facilidad y tan destituido de fundamento. 
o de los eclesiásticos para 908 
ínmunida la derecho divino es 
un en gTau número antiguos y 
dos, en que se pretende declarada formalisi- 
nte ctsta derivación. Seriamos inmensos en 
fcrat en el prolijo 
nen de las palabras de cada un.». Bal 

que 
idir, lo suplió do-hosam 
lijo, en la apología (4) 



latir*, u». mu, 
i<lrm, nttm ■ 
ftftAtiiutuiíi, qui ton 

punlrl per J 

fte Pül*t Pótttiflc. 



uro lo isetis 
aletea uiia 



EL MONITORIO DE BOMA. «1 

para vengar la piadosa memoria paterna de las in- 
vectivas del cardenal Bel armiño. 

Los antiguos que se alegan son el Car- 

taginense III, el de Calcedonia, el de Macón I y 
el Toledano III. Cumplidamente responde Barcla- 
yo que la intención de los padres que se juntaron 
en estos sínodos no fué do ninguna manera pri- 
var á los jueces seglares del justo poder que 
cían sobre los eclesiásticos, y asi en sus cánones no 
se les hace la menor prohibición de tomar conoci- 
miento en las causas de los clérigos , ni pudieran 
despojar de estos derechos á los príncipes, do 
nes eran subditos. El reglamento de estos ¡ 
lios (meramente gubernativo y en forma de poli- 
cía, como era competente a la juriadidoü eclesiás- 
tica) fué prohibir á los mismos clérigos que acu- 
diesen á tratar sus diferencias y cuestiones á loa 
tribunales seglares, juzgando que ora muy mal 
ibiese entre ellos, y contemplando 
más propio de su carácter que en caso d 
las terminasen por una composición amigable, ó 
las remitiesen al arbitrio del Obispo, que llevar el 
camino contencioso de la jurisdicion seglar. Satis- 
admito fácil impugnación, por ser 
sus fiadoras las mismas palabras conciliares que 
prohiben á los clérigos acudir á los tribunales se- 
glares, pero no que los puedan llevar; á que se 
puede afiadir que el Toledano lo que les defiende 
es la agencia, la solicitación y su personal en los 
negocios contenciosos, á excepción de aquelloa en 
que fuese el interesado viuda 6 menor. 

Las palabras que se alegan del Constan cíense, 
del Lateranense, bajo León X, y del Tridentino, 
son más al caso, porque parece que positivamente 
declaran que las franquezas y exenciones de los 
eclesiásticos provienen de derecho divino (ó) 
si se ven en los originales, se bailarán deei 
del tono decisivo en que, no sin artificio, suelen 
ponderarse. En ninguna de las oca 
dijeron estas palabras se propuso ni le agitó la 
cuestión como i i rio, para que sobre ella 

hubiese recaído una liar* En el 

ia, laconti 
Ast y el Conde de Vertus sobre la 
lapada da Barcelona, a que ambos se i 
con ♦] ra el ásum en el 

Lateranense la reforma de corte y li\s excusas de los 

t»s franceses, y en al d. 
el punto que recomendar á !• ocipea 

soberanos los derechos de la Iglesia y ana ira i 
zas ; y en todos estos puntos son las expresiones de 
•icilios unas atmpU palabras prtsu- 

ta$ y enunciativas, de que todos los Keg 

(5í CwrJMri*». D ¡V k nuil ira ¡n tlctito* l«rlf- 

ifirnoorui, ial liabent, Lñkrtnrv 

Si |atf la» divino, .j tiara hiim.i 

el ptrsonnum r<(lc»ii»Uc*ran iminumu» i 
onoultti úacUoníbsi tntntuU «*L 

6 



82 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



iioh dirán c|tie no tienen valor alguno sino en 
cuanto al acto á i^uu se dirigen t y que nada prue- 
ban hí «obro uu enunciación so mueve dispata (1); 
y n¡ no consulta ti los canonistas, tendremos la es- 
pecifica renpiicstu do. que las exenciones eclesiás- 
tica* no pueden probarso por referencias ni narra- 
tiva*, hóuhi» en el instrumento quo se quiera (2). 

La m.t.H fuerte batería que se puede dirigir 
contra la natural sujeción del clero cu los nego- 
cíoh temporal oh á la potestad seglar, consiste en 
ios varios decretos, bulas y constituciones de los 
pontífices, cuque, diciendo el derecho en su causa, 
so han declarado excutos. Ciertamente que su con- 
texto ex durísimo, y que es perdida nuestra causa 
si se ha de estar a cnta regla ; pero no sabemos qué 
potestad puede haber cu los papas para derogar el 
derecho divino, que someto tan expresamente al 
poder temporal a los eclesiásticos, ni contravenir 
y destruir las solemnes confesiones do sus prede- 
cesores y de los mismos concilios. 

Las cou>t i t liciones mas expresas de las preten- 
didas inmunidades del clero son las decretales de 
Bonifacio Y 11 1, que re\ ocó Clemente V, su suce- 
sor (^U;pero no era necesaria esta circunstancia 
para su íuxaHdacion, como tampoco es menester 
para la nulidad de las de Inocencio lll, oponién- 
dose tan mauiticMamcntc unas y otras a los caño- 
nes ansiónos, a la doctrina de los Santos Padres y 
a la a*-c\ci*iion de lo* primeros papas, conforme 
a la ad\crtcn> ia que hace el mismo Graciano, al 



piar del cardenal Belarmino, este insigne defamen 
de los derechos do la curia, que oprimido de U 
fuerza de la verdad, tuvo que recurrir, barrenando 
el concepto de las cosas, con risa de los sahius.&i 
fingimiento de un derecho divino «imilitudinni» 
6 impropio para sostener semejante empeño (6í 

Es cierto que con nadie se debe dejar ver U ntl 
magnificencia más liberal y generosa que con ka } 
que por su ministerio están intimamente unidoii) j, 
altar ; pero por la misma razón se harán roo» esto 
dignos agraciados del vergonzoso delito de lab- 
gratitud, si intentan referir á otro principio a 
inmunidades, y nunca se les podrá tolerar quelt 
procuren convertir en una absoluta y cervices 
independencia de los soberanos, que jamas han te- 
nido, ni bajo los reyes , ni bajo los emperadora 

En el espacio de los ciento veinte y siete afi» 
que mediaron desde 312, eu que el gran Constas- 
tino abrazó !a religión católica, hasta el año de 43?. 
en que Teodosio el Menor restableció la jurispra- 
dencia romana , que la multitud de libros y la falu 
severidad de los jurisconsultos habian ofuscada 
fueron en bastante número las leyes eclesiásticas 
promulgadas por los diez y seis emperadores cris- 
tianos que reinaron en este tiempo , de que, por U 
falta de orden y conocida antinomia, que ayudó* 
turbar la ciencia (7) de lo justo y de lo injoito, 
sólo se comprendieron algunos en el sexto y últi- 
mo libro del Código Teodosiano, que trata fntegnv 
inente de los negocios eclesiásticos, y manifieste 



tiempo tic recomendar la obediencia do los decre- ' el uso y ejercicio de la potestad imperial. 



t,* p. r.r.licüs^. 

l.os vi \ t > han sido los dispensadores de la fran- 
girá > iv.a i o:i p* rs o n a \ d c 1 os o 1er i ¿ros y d e t o - 
v*.c áis:Yc.;.iü. aun por confesión do 
, ;■ * :; . ; es *»; : ; a . »; ;; o no se e \t en dio a 
íat i*.\ la e;«idad natural estas £ra- 



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> ¿.:e »:rv»«;T. 



y en: re las demás 
i el todo de nuestro 
¿i#cv«7so. :*>;* ¿>*ra c^oi-ru^ar a ios que pretcn- 
de- h*/.&:'.¿> ::3* r:r.; «ripio d.\ i:: o. el caviloso ejem- 



. /'W **-*K4 ti 



qtr*á »*V i.stt t:..^ t «.■.■. ; 
fwt n flint-t. i', i, F« •»* V." 
«Mttr <c«>:. . Uk <r m r," <c 

tt \4>r \. S. r.'f.*. •"■/ '■-■; 
liy>f*.vr> *.-■: i.-.. . ;r i :x .— . 
Ima f\fw:. . * n, %.-c ,•: >rt 

«Hfctwrcr:. r«.r i r; > . v* > 

<X H %j.*mk"*¿ ..>. v : . v*. . ;*: t. ,- 

*•• w»*!i:*:»« ;>■«% |».m *.-.% . t : <\iT^t H.v aserr 

fll^a* WS- ^ÍV.VfiU4 p -,.ir *,\ .«..,> ],-. OLT^.- ...>¿ 

uta* *#í.-. ♦:«, * * .n*. ..i.». <tli ,,.,„. t ;rf 

•**»»*l-.S\.,M„* »:» <i*Kí*.t :* .V.a-i.* ¿......,. í^, Kttm t fcí 

*** ^%^. r ír% O.,* H> iv^tit 0,'f.Yw.^tf ,->:■..; >!.*« .a 



w«.;. */. 7'..". N.si 

:" - , :*' l£" ICTliT. í*,l.-* Sí 

r . sr tv Si Ti.* :?. « ;l.* vr.*.- 
. . : ::: s^.';: ¿*: .r.*. u. *f r- 

.-* r r-írt-.rrv. »*. r.-r*.n:.-.i 
I 1 .-, o jt t\a±; ...■> fs\ rr. ^4.■*. 



. v. \t 



Ti. ^K 



En el tiempo de Justicia no Be descubre conli 
miiiiua claridad la disposición absoluta de los ce- 
sares en t^dos los asuntos temporales de los ecle- 
siostico»: aun era propia de los emperadores la in- 
vestidura del sumo Pontífice (8), y la remisión del 
derecho o tributo que cobraban con el nombre d* 
ítmVsWiW se refiere a tiempos muy posteriores (9). 
1.a legislación que hizo a e¿te emperador tan cono- 
cido y venerable a la posteridad, no contiene mil 
que testimonios irrefragables de su potestad sobw 
las cosas de la I c'.es ia. En sus celebradas Noveki 
se ve '.a facultad imperial de erigir sillas episco- 
pales y iv.t;r^vIi:aaAS 0^); «l^* á la misma supre- 

í Ke'.'«-s:r.. Tf T^rmfJumr Oinna, ejp. |, prop . i Per 
;t*¿ vrí8í;: -M. {.ass^'r.tnsiOeipropriedictaBi.ftoi 
*:,*: ,-\. rrv? t. sj;: * : :.':.s. iti <Xi>d «b nesiplis, Tel tesÜBODÜi 
Tfíuwíy;; Xitt-.s. *¿ Soii, j*r «ubSsb similiuidiaea éeétti 

v " t>.¿.-: H:*:*. . l.K i. 0-^.. c»S. 1. 

s \i.:i. ujs. :^;i>:::iTL3B.v:exejsssBctoríUteVi|Uin 
rír^Tí •-*::***. ;.^¿frr-n f*: . « isperstor certas ewt, * 
,\- /. ■ .- .- , :í r* s .» . >. : u.í. r ¿. i* :m miuai esss asctorítai 
,.*;í:*:. .mri.;- ;-^> :rif>ír«ji lulia »b**ntikj$, ne al^N 
7::: í.~í i.: >:. *t ¡rv-r*:.-.* IttX ¿riieaio, arbs v et Italia 

■> i.»! */'■■.• . * »¡.n: «\:y.: A(»ka v aaUose skslü... 
•: -c<í: : ti ; mM^tfi^t é.*k'*m . sccasdn Man posli- 
.-«:u k: ^Barr:tBs,qB«soliuenisvi 



.'■:.'» 



H**4^ 



<s M .1, Í>Í.<,'A-. 



.»-; i.r .i. 



K h»K*.^ 



•le 



'Tir.'í'íl.'I !. s '*.--.*>t-J¡ft. 






JUICIO IMPARCIAL SOBRE 
na dignidad eBtaba retervado el recurso de apela- 
ción en loa negocios civiles e m (1); que 

do de 

muy fíe notar la constitución 

de las censuras, 

y las penas que en ella establece contra loa ecle- 

onsideradamente en este 

on la ruina del imperio tomo el estado eclesiás- 
i las varia* formas de gobierno de las &a 

'iandad ; pero en España, antes de esta 
ñ muy diversa su situación de la que 
sta el den I «istmiano. La misma 

laño v i que hábil Id el JTOgO 

todas 
le la larga doniina- 
gran 
• y aplau- do, U pro- 

1<» para 

rno feliz, y nada exentas de la injuria y del 
(3). 
Desde su establecimiento fu monarquía 

exenta é independiente del trono de loa cesares. 
la fe alumbró á los príncipes 
»» sus fundadores, se aplicaron á protegí if U 
pureza de los dogmas de la verda 
la disciplina ocles iás tira con la misma fortaleza 
que laa cosas del siglo, por medio de concilios pro- 

interrupción basta la inundación de los sarrcenos. 
En todas estas asambleas , que han producido los 
ntisimos cánones y regí eticas qu- 

iera la Igl< dieron mezcla ni iní 

inmediata Ion pontífices romanos, y sólo «< 

»u, para darle por la primera veas el n 
L>re de papa, h .nocido, según 

observa un historiador Bclfiflüttfftft (4). La I 

real fo4 el eficaz móvil y el espíritu de todos 

establecimientos, y nuestros monarcas se 

consideraron con la misma ol-digacion para cuidar 



vi rter. ofnd prop. tpittep, conren., colbl. 6. 
»rr censa naturam, aul qusmlam forte difilrultatcm non 
iraabth epr- 

tem c ; m 1 i b u • 

.bylcrí* 

gire allquem i sacra eommuíijone, mtcquam 

aonstretur, propler quin teselas regul* hoc tlcri jobent, 

:i atnr.ia com- 
munione logrfRjrr prosa upserit, mndts on icerdotf, 

lo eonstitulus < : itur a comni lo lera ♦ 

ut quod Injost* íeeü , Joai 

1h4¡c, Bien «ofrimo», i bien qie- 
ítfSS df loa eitriflo* 

contra- 
6>rlia«jllo , que las IOS 0* 18 1 h»*i buenas pa- 

bjfftM, todavía ti»? muchas (ir-iM-ilurubirv . .ibcndi 

por fj> 

6 nln fSffl I sftl léÜSSll 

lean u*ada< •>» 

. Bcetti. ti «sst, Tvltt***, •«•« 400, 



EL MONITOR 10 DE ROMA. 83 

y promover toa seculares y eclesiásticos, 

de que es buena prueba el discurso ejeraplarishno 
con qu ico Kecaredo abrió las sesiones del 

tercer concilio Toledano, en el afio de 685, que be* 
mos querido í inducir, por estíir llano de celo y de 
piedad , y la ma- 

teria (5), para conocer las regaifas. Man «delante 
llegará ocasión de tratar del recurso á el Rey en 
los negocios er ¡ jue hablan los con* 

cilios IX y XIII Toledanos. 

Nada dispusieron los padres en estos sínodos, 
sin llevar á la frente el nombre real, de quien era 
i la indicación y la propuesta, del mismo 
que la con afirmación dolos de- 

para intimarlos al r medio d 

ó edicto real (6). En sus cánones se expresabas- 
particulares de los pleitos y 
los clérigos se decidían en el fuero se- 
• ul.tr, OOAudo no miraban á finos puramente espi- 
rituales i" 

una carta a del pri- 



xcíL Tútfta» ill Ucgia con usque , ele. El ruldadode 
los reyes se debe eil**nder a que eon fundamento y seténela le 

ll la verdad, porque cuanto mi* se levanta en L 
humana* la gloria - > mayor debe ser so 

providcncí:! H Si bien df las provincia» qie (TObieniJ. Y Ift, be»- 
■istmos M BÓlo nos narere obligación nuestra aplicar 

U atención para que lo* pueblos que Misa debajo d< osstlfS ls> 
minio gocen de Us felicidades de la pie, sum i\m- urntiien Jabe- 
ra os atender, con el favor de dios, a no Ignorar las cotas celestia- 
les, conteniente» al gobierno espiritual de nuestros Heles vasa- 
llos; porque, si M oficio nuestro componer cun la potestad 

bees humanas y refrenar la insolencia de los airen Mos, e»- 
tabieclcndo ta paz y sosiego púdico , mucho mi* debemos cuidar 
de- las cosas 41 kfsr 1 las superiores, bta |QS, depues- 

tos los errores t focen los pueblos de la serenix lúa do la Itfdffl. 
Es silo se ha de ocupar quien desea ser rsni E>l0J con 

duplicadús honores t liaciendo cuenta ¡ liqof- 

llil psllbfll! Lo qur te r 

Supuesto ya qnn vuestra caridad ha esatmnadn nuestra pre 
de la h iBibien han becho lo» eeiei n gran» 

des icjl necesario que para llrmeía de ti Te católica, 

y la Iti : ne coa 

nuestra autoridad que, en conformidad de la coHamlire de los pa- 
drea orienUlca, se diga en lod | de las 

incorderaetu 
cuerpo j sat: 
que los puei> Itncru la qai 

•i coer* 
po flitUl ute en la Ifle^ 

Mil tli- ino* SfM estilo, se confirmara < cj j ^e 

ato loo hombres A lo que repetidamente han 

la boca de tQSSl *ihe lo qu< 
por reverencia y Bn 

dad aloscún :ieos que ordiitarn, etia 

stmbolo t que por in>pirariim dhlsi ha propuevlo nuestra serení- 
cnanto a la corrrr brea estragadas, eon* 

ti rijfu- 
raui y ium( s decre- 

tantes anrmetf lo qoecoi 

■ 
uno Reesrtdi 
conclliom. 

issn, ti (tul 
oaiem,íüi onniuffi |Sl iele|t* 

U Judicio, 






84 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



mer concilio de Sevilla (cuyas acta» nos ha robado 
el tiempo) al obispo Pegasio, le dan noticia del 
desorden de algunos clérigos, que se servían de mu- 
jeres , contra las prohibiciones conciliares ; en que 
confiesan debia la justicia real poner el remedio, 
que no habia bastado á conseguir su saludable amo- 
nestación (1). Hecho en que está muy á la vista 
que en aquel tiempo la potestad eclesiástica no era 
propiamente coercitiva ni contenciosa, y sí exhor- 
tatoria, penitencial y paternal, y es la que ejercitó 
la Iglesia primitiva. 

La acción de gracias de los padres del concilio de 
Herida al rey Recesvinto fué un breve y expre- 
sivo elogio de la vigilancia de su gobierno, que 
brillaba aun más en el régimen de las cosas ecle- 
siásticas. Et deinde Serenissimo, ac P Os simo, et Or- 
thodoxo Viro, Clementisaimo Domino Recesvinto regí 
gratiam impendimus, ope cujusvigilantice et acecularia 
regit cum utilitate summa , et ecclesiastica pleniüs, di- 
vinitüs 8ibi sapientiá concessa (2) ; expresión que 
nos excusa de hacer más detención en este asunto. 

En el mismo concilio se hizo, aclaró y arregló la 
demarcación de los obispos y el señalamiento de 
las diócesis , que después se repitió por disposición 
del rey Ubamba en el de Braga (3). Estaba indi- 
cada ya la presentación á ios reyes en el segundo 
concilio Toledano, como han advertido con suma 
diligencia nuestros escritores (4) , buscando el an- 
tiquísimo origen do esta regalía, igualmente in- 
contestable que el patronato universal de todas las 
prebendas, piezas y beneficios eclesiásticos. En 
tiempos mucho más recientes, cual es el de don 
Alonso IX de León , según se deduce claramente 
del privilegio concedido por el rey don Alonso á 
la villa de Cáceres (5) , bien que respecto de algu- 
nas parroquias é iglesias menores jamas fué in- 
terrumpida la posesión del patronato do nuestros 
soberanos (6). 

También tenemos en los sínodos de la nación el 
famoso decreto con que el rey Gun demaro terminó 
las diferencias do los obispos de Cartagena y la Car- 
pen tan i a sobre la primacía do Toledo, de que pre- 

(1) EpisL Patrum Concito prim. Híspale**, ad Pegatium. Si pres- 
byteri, diacoDl, vel elerici consonia extranearura foemlnarum, 
«l incillarnm familiaritatem per sace rdolis sai ailmonitionem a 
le ninas remo ver i nt ; svcaü judires easriom mulierescam volun- 
táis, et perra i ss a episcopi comprebensas in sais lacrls, asurpent; 
lt iltlam hoc , dam sácenlos inliibcre non prsvalct, potestis ja- 
¿iciaUscoerceat; dato tamen ab cisdem jadicibas sacramento epis- 
eopo.it eas eleriets nulla arte resUtuant. 

(i) Omeilium Emeritens., canon 23. 

(3) Cañe. Braekarent. III. 

(41 Come. ToleL II, canon. 6. Archicpiscopus Loarsa, in efut 
ilhstratione. Vid ondas D. Franciscas Ramos del Manzano, Memo- 
rial topre lo» oHtpaio» de Portugal, fol. 47, nota 1 et 2, et Anóni- 
mos, in ttMoría Jurttiict. pontificia, lib. n, cap. ti. nom. 20. 

(5i « Prxterea tolo qnod domas elcriel , qai eedesias de Cace- 
res de nana mea tenuorint, idem habeal ca atura , qaod et pala- 
tina meam habet. • Add acor, tur yerba hujn* privilegit D. Petro 
de Ulloa. Golfln , in tu* ilhutraUona ai forum Sokrabri, fol. 292, 
BOU 5Ti6. 

fp Leg. 3, tit. n, lib. r, recopila!. 



tendían eximirse los cartagineses ; en que el mo- 
narca impuso á los tranagresores de su reglameaic 
severisimas penas, que no dejan duda acerca de i» 
potestad real en los asuntos eclesiásticos (7). 

Despuesde la bárbara avenida de los moros k 
mejoró la constitución de la monarquía, y el tro» 
se hizo hereditario, advirtiendo la prudencia ytl 
valor de los que emprendieron la gTan obra <ka 
restauración que para el suceso era menester ds- 
terrar las discordias inseparables de toda elecó* 
y ponerse bajo la conducta de un caudillo soben» 
é independiente; pero en todo lo demás deis* 
bierno se conservaron intactas las leyes y costis> 
bres godas. 

En aquellos tiempos guerreros quedó poco li- 
gar para los reglamentos políticos, seculares! 
eclesiásticos. Ea natural que el valeroso don rV 
layo y sus sucesores no celebrasen más juntas q* 
las frecuentes que tiene un general á la vista del 
enemigo, y que sola la expedición y el efecto bt 
se la escritura- y extensión de bus acuerdos. Ni tas- 
poco se debe desear sin inconsideración la notfcá 
de las cosas eclesiásticas en un tiempo en os) é 
corto y reducido clero que pudiese haber deba ci- 
frar su ministerio en animar á los guerreros etpt- 
fioles, para que á costa de sangre y de sudor sdqií- 
riesen terreno, en que se pudiesen fundar las dió- 
cesis y las parroquias. 

Cuando ya llegó á merecer la reconquista el 
nombre de reino, debieron 'suceder á los eínodosj 
los concilios las cortes generales. Estas son un» 
juntas y unos cuerpos que nosotros no alcánzanos 
á distinguir de los antiguos concilios españolo 
más que en la diversidad del nombre. En unos j 
otros no se conoce más autoridad que la del B*J- 
Los vocales venían á ser los mismos , la convoca- 
ción dependiente del real arbitrio, y el cuerpo por 
sí solo desnudo de todo derecho, y sin más faculta- 
des que las de la súplica y la conferencia. En unos 
y otros se trataron promiscuamente los negocios 
seculares y eclesiásticos, y asi vemos la sucesión 
fundamental del reino y las leyes contra los delta- 
cuentes en la majestad , publicadas antiguamente 
en concilios (8) , de suerte que , en nuestro juicio, 
aunque primitivamente se distinguiesen estas asam- 
bleas por el escrúpulo del clero en intervenir á los 
negocios seculares , y para reglar la disciplina ecle- 
siástica se tuviesen separadamente con el nombre 
de concilios, después indistintamente todos los 
negocios públicos so trataron en ellos, y se hizo 
este nombre univoco y adaptable á toda clase de 
asuntos , que después se trocó al de cortes ; en lo 
que parece que no deja duda nuestra primitiva le- 
gislación , promulgada en estos actos, como expre- 
samente se previene en ella (9). 

(7) Concil. Toletan. tuk Gundemaro, anno 610. 

(8) Concil. Tüled. del año de 638. 

[0) Le*, i, tit. i, lib. u, ftrtM. E*qadlMl*7e*»ta*»« 



JUICIO IM1-W -OBRE 

Por esta razón estamos en la creencia do que la 

tea, que hizo el rey 
Ion Ordofio II, la (k la del rey Atf 

uso el Casto , y de las demás, de que dos da no- 
distante escasez en esta parte, 
rían en los solemneB congresos de la na- 
de] mismo modo que Ai rcglanv 

o la disciplina eclesiástica ; pero por desgracia 
ha ! nosotros más que la noticia d 

que tenían los reyes de Oviedo y de León; 
no en estas mismas relaciones reluce la gran 
de los reyes en los negó másticos, de 

buena prueba el concilio de Oviedo del alio 
e 901 (1), que llamaremos cortes con más propie- 
ad t en el cual asistió el rey don Alfonso III con 
a Reina, y fué erigida í -li la iglesia de 

)viedo t y nombrado su obispo Hermenegildo para 
de la disciplina eclesiástica. 
8in que en esta junta de la unción , convocada y 
tutor izada con la presencia real , como en las de* 
ñas que se tuvieron en los reinados po 

e la jerarquía. Posteriormente el U 
si se hallaba < ao, asistía á los 

oncilios, como so vio en el de Valladolid cele- 
rado en 1322, á que concurrió el Gui- 
lerm^ I, y el de Patencia de 1386% en que 
o fn* si oardenal don Pedro de Luna, celebrado 
yo la real protección del rey don Juan el Prime- 
ro f y de su orden y miento y con mi asís- 

Lo cierto es, que en todo lo contencioso y en la 
lebracion de concilios mantuvo nuestra Iglesia 
toridad ilesa ; conservó á la Santa 
la unión de U El rito romano fué 

'o xi , subsistiendo el gó- 
,o 6 d o se puede negar que la 

ves concedió al clero la* 
individualizadas en las leyes de Partida (4), 
e desde entonces acá se han nsi- 

lemente. Pero no se han • stros 

cas, por sus amplísimas gracias y 
los eclesiásticos, do la suprema autoridad que 
compete para hac s aun- 

en ellos sea preciso moderarlas i 

6i se consultan nn< N l> aliará 

cosa | nadicion real, t 

caai doade 
i primero* reyes da LaoiL Ofld uso al *r- 

obispo de C a la furia 

lia , tai rnile» entenderen* que fueron ferhaa antrgtiameii- 
por tortcJttf» a jwr'iuc juigd el nuestro padre mismo, ó su* 
i»cmr los malí .uiuiiaio» cao eiui oír** li»>f», 

emo» ten 
oeatra carta , * ron otorgamiento del pueblo. 

ala Vencti?, iiai uilniur 

(4) U$.*Mtmm t|Ll * 



EL MONITORIO DI 
en castigo del p Eaado, 1- que habla sido 

falsamente acusado, y la inocencia del Pi 
que testificó el respeto de la fiera, mereció de 
príncipe, en desagravio, particulares os 
privilegios (5), La rudeza de los tiempos toleraba 
tal especie de penas. 

Don Ramiro el Primero , rey de León, dirimió la 
famosa cuestión de precedencia entre el 

regular, y el rey don Alonso el Sexto de Cas* 
tilla dio forma á la reñida controversia d 
de A «torga con eu cabildo, del modo que refiere 
ni y PrndQ&ClO dé Sandoval, admirándose do 
que ln ira disputar á los reyes de Es- 

paña la interposición en las materias eclesiásticas, 
de que usan en el día con tai moderación para el 
bves íuo (6). 

Otro historiador nuestro nos ha conservado la 
ría (]\\f dio el rey don Alonso el Octavo en 
el proceso y causa que se siguió contra fray 1 
abad del monasterio de Nájera, á inri 
obispo de Calahorra, don Rodrigo; en oj 
abad de todo cargo y oficio eclesiástico, y le . ¡ 
turalizó de estos reinos, con el notable apercibí- 
miento de que en caso de quebrantar esta 
lícito ¿cualquiera afrentarle y despoja 
sus bienes, que por ser notable damos abajo (7). 

Acercándonos á tiemp- 
que el rey don Juan • ¡ó el pleito 

que hubo entre el Arzobi- h do y Obispo de 

Burgos, sobre pretender, el primero, por virtud do 
su primacía, entrar en la lo con 

crus? delante (8) ; que los Rey»: 9 termina- 

ron las diferencias H aj fray Fancisco Ji- 

ménez de Cisneros , arzobispo do Toledo, i 

prebendados, iobr« inqv 
y costumbres (9) ; que el sefior don Fel i ¡ 
la precedencia de la iglesia catedral y el cor- 
de San Benito, de Valladolid. en una procesión 
general, y el señor don Felipe IV dirimió otra com- 
petencia semejante entre sus capellanes de honor y 



O» Marran., ' ptf> 9. 

(6) Sanrtoval , ln HitUr. Alpkwtí Ví t era 1 1 1 rondo- 

• Ouc es bien notable para conocer el proU 
u o> los señores retes de Espilla en las malcrías ecleal 
ruando habla mii! natal si eüi, aifi no uptntirie «le lo poco 
que boy i|üirren conservar para el bneu gobierna «le sus n 

Ktatia, Rol 
Eitrem^ 
etaqil i i t tos nfrínl , laluí 

i ensera , per slmoolats , ut ómnibus |» 
let , baña snsr ec el es I ir dlminurn 
jils suU nunífrsUs eilgemibus, tollos admlrn 

u»; Ipsumque a í» 
eliaiiuaíi prrcipiunj isatorle 

agere pr . eum inhon molbaa bou: 

fianoura MMtta npoalaia, Spalitlorfa qooqoa ara soa, quara 
tatseopl nnstrl , lollus ealumnl* iniutuncs tut oinimu* Trafl> 
tur a GaríbaT, in f.omjtmd. BUt9rUi, % cap, |ti 

(8) Mariana , í>e Rrbm tu*pa*. t iib. ti, oa» 4 ti\, 

iQ) Altar COMÍ, De Hela* gattt a cardtHüi nrwc, 









86 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



religiosos del convento de San Jerónimo, y son 
innumerables los ejemplos. 

En las materias criminales, á cada paso se en- 
cut'iitran en las historias procedimientos de nues- 
tros nobcram'is pira reprimir los excesos do los 
obispos méu ¿ atentos ¡\ la majestad, y reducirlos 
a la obediencia y fidelidad que tienen jurada. Es 
muy conocida la prisión del arzobispo do Toledo, 
don Pedro Tenorio, y de los demás eclesiásticos, 
que mandó hacer el rey don Enrique III, por la 
disipación de sus reales rentas, que había reducido 
la grandeza del Monarca á la vergonzosa pobreza 
que nos relieren los hibturiadores (l). 

Es bien notorio el procedimiento del rey don 
Juan el Segundo contra el obispo de Patencia, don 
Gutierre Gómez de Toledo (2), y pocos pueden ig- 
norar la prisión del obispo de Badajoz, don Alfonso 
Manrique , que hizo Francisco de Lujan , corregi- 
dor de las cuatro villas, de orden del rey don Fer- 
nando V, el Católico, conduciéndole al castillo de 
Atienza (3), y las providencias del mismo monaroa 
para contener el orgullo nada tranquilo del arzo- 
bispo do Toledo, don Alfonso Carrillo (4). 

Todos estos y semejantes casos persuaden el 
ejercicio de la potestad real inmediata que tiene 
el Rey sobre los eclesiásticos , cuando olvidándose 
de su alto ministerio, perturban con su conducta 
la paz y quietud de los pueblos, y la prueban tan 
admirablemente nuestros autores (5). 

Si están tan á la mano los documentos históri- 
cos de la sujeción de los clérigos , en las materias 
de que trata el Monitorio, al poder real, aun omi- 
tiendo las acciones de algunos otros reyes de Es- 
paña , que acalorados de la justicia , se excedieron 
en el castigo de algunos obispos, como el rey don 
Jaime de Aragón con el Obispo de Gerona , ó don 
Juan el Tercero, rey de Portugal, con Miguel do 
Silva; de los ministros del emperador Carlos V con 
el Obispo de Zamora, ¿cuántos no pudiera recoger 
la diligencia de los archivos del Rey y do los tribu- 
nales para descubrir que en ningún tiempo se han 
desprendido nuestros soberanos de la potestad que 
les pertenece sobre los eclesiásticos? 

A pesar de todo, no solamente se ha querido pin- 
tar la inmunidad del clero independiente de la con- 
cesión real , sino que se ha puesto en cuestión la 
soberanía, y aun se ha querido someterá los reyes 
á el arbitrio de la curia con el principio y funda- 
mentos que vamos á indicar. 



(I) Hariasa, llb. ti, cap.xin. 

ft) Ckrúnic* Re$. Jmss. //, ana. 34, cap. xxu, fol. 188. 

p) Zurita, tom. ti, Avulium, lib. un, cap. xtii. 

(a) Antonias Nebriisensli, lib. tu, cap. tu, decad. 1. Mariana, 
llb. xuii, cap. ti. 

(5) D. Salced., Dé le§. poütic., llb. i, cap. it, et lib. u, cap. xn. 
VkSor., De PetestsL eccletittic., aeeL 6, iom. 4. D. Silgad., De 
JtytoprvJW., i put., cap. i, nan. 4; pnelad. ), 



§111. 



El siglo xi estaba sumergido en grandísimas ti- 
nieblas. La colección de las decretales apócrifas 
iba cundiendo, y disminuyendo de dia en día lai 
autoridades nativas de los ordinarios y de los me- 
tropolitanos. Los privilegios que desde entonos 
se fueron concediendo para váriaa exenciones oca- 
sionaron graves perjuicios. Dieron motivo á la 
creación de conservadores, y á la evocación da 
gran número de causas á la caria romana, y se vina 
á erigir un foro de causas, reparable al mismo aas 
Bernardo, que lo escribió por aquellos tiempos i 
Eugenio III. 

Otro motivo de atraer á la curia aun á los mia- 
mos soberanos se tomó de las inmunidades de ki 
eclesiásticos en cosas temporales. Obscureciesen 
origen, emanado de los principes , y a la curia, to- 
mando en sí la defensa contra las pretendidas in- 
vasiones de los principes, no le costó mucho traba- 
jo convertir en un mando absoluto en lo temporal 
la dirección universal ó superintendencia que no 
se puede negar á los sucesores de san Pedro en to- 
dos los asuntos espirituales , "y que correspondes í 
la primacía que tienen respecto de los demás obm- 
pos (6). 

Es una cosa sentada que el clero tiene más 6 me- 
nos exenciones, según la diferencia de los estadoa 
y regiones. Estas exenciones se han sostenido por 
gracia y benignidad de los soberanos, sin neeeai- 
dad de establecer, á titulo de inmunidad original- 
mente civil , especie de dominación en la Iglesia; 
cosa que expresamente tenia prohibido el concilio 
Cartaginense, que por lo misino prescribía qw 
usase solamente del nombre de obispo el de la pri- 
mera silla (7). 

Es muy conveniente para decidir estas cuestio- 
nes, acercarse á los orígenes eclesiásticos. Allí se 
verá el respeto á los concilios ecuménicos, la do- 
cilidad á sus resoluciones, que la Santa Sede las res- 
petaba y se arreglaba á su decisión y juicio infa- 
lible en los casos ocurrentes ; que las causas se ter- 
minaban en las provincias, sin permitirse la avo- 
cación á la curia ; y finalmente, se verán obterrar 
das las elecciones canónicas , como se practica to- 
davía en Alemania, y guarda constantemente la 
Santa Sede. La alteración de esta disciplina fué el 
efecto do las falsas deoretales ; sus principios die- 
ron ocasión á los rasgos de dominación ó monar- 
quía en lo eclesiástico, y la curia se apropió gran 
parte de ella ; dominio que mantiene y que han re- 
conocido por varias causas á veces los mismo* 
príncipes. Los curiales, para asegurar el poder in- 
directo en los reyes, y no tener barrera en lóseos- 



le) Justin. Febron., De Suu* Ecdttim, cap. n, 1 6 tt ttm 
(7) OrncU. ftrttyfe. IU, can. S6. 






EMÍABGJ 

cilio», procuraron ap ndad aW 

por medi*< 
contrario wi lo 

(i) 

nrfsJéé 
para i iuc se apropian, lia 

lo al punto de atacarla h 

derribada su sutorid 
inconvenientes contrarios á la le- 
liticia; los escritores de la cu- 
ria ln han partido i > que 
r alguno i de estos sf- 
i , que son contra i i na á sus ideas. Mas la dr- 

luelloB hon 
grande» t incapaces dad sJ Pes> 

peto, al interés DI ii la lisonja, han inutilizad 

Los doctos ( 
gTsn Gerson, del abad Pattormitano y 1 
lador previnieron en Fm 

- de los romanos, que casi ahogaron la cues- 
tión en su principio, Igual triunfo lograron en Es- 
afta las obras del gran Magorense y del doctísimo 
riso Tostado, y se puede afirmar con buenas 
pruebas que la superioridad de los concilios ge- 
nerales respecto á la curia , a lo menos en t i- 
casos t pasó por una evid« e nuestros 

. y fué la opinión comunmem 
:ie la inundación ét los escritores 
partidarios consiguiese casi borrar la memoria de 
bus cscrit* 

las las naciones miraron la convocación del 
rio de Tr- al pauta féliofsimo del 

solamente espo- 

abun v*r confirmados y fortalecidos los d<> 

do la verdadera i las impías sectas de los 

ka, pítim enmendados, en esta 

v general congregación de la Iglesia, los 

sórdenes que la ambición, peste de 

loarte había arraigado 

Dootabati dad de 

ios, A la verdad que si se pudiera prescindir 
«v á nuestros intereses 

dos objetos pedia < ^encia la congrega- 

de la [gil 

las exan 
ilee era tan 
i al, que J<i 
í^lo Xiv, la refiere 

pOS. Es di]. rae la 

osidad dol 

altura 

d>ct oído de la 
boca común la Igle- 






l is.5,lm/ l ,m.i 



EL MOMTOlíí MA 87 

i había trocado fos tiernos oficios de 
madre amorosa * y en las avo- 

pasó hasta el punto de 
le el propio dictamen del ñel informan- 
i que la ñi 
- 
tC, etc, la apretura en que J 
tificia y la fuerza de la verdad, cada uno 
Lado, ponían á este insigne varón, tuvo la fran 
de dr ipa que él pensaba del mi 

en el asunto (2). 

Paulo III no pudo ver sin estn to la 

ira horrorosa de los desórdenes d> 
qne i q delante y que le explicaron con 

bWtsttta viveza los eminentísimos cardenales qm» 
refiere Natal Alejandro (3) T y se puede creí r 
la queja y el clamor de tol rizado 

hasta el ponto que da á conocer el dístico de fray 
Juan Bautista Español i, dominicano y poeta más 
verdadero que excelente \ 

Si vis,., düctdiie flm* t 

Omni* eum Itceunt non Hcel ru* ton** ; 

obligó al Papa á pensar s 

y á abandonar las rabones de pura p no ha- 

bían detenido en ti- rea las 

congregaciones generales de I 
Los padres españoles que i 
gran concilio desde su abertura nos han i 
ilustres testimonio* 

do las costumbres y ípttua eclesinst i 

do su modo de pensar acerca de la d«? la 

Iglesia universal. En la sent< gran- 

des prelados era suma é i 

tífices la potestad del concilio para todas Inp ma- 
t crias y asuntos gnt 

conformidad, no reconocieron en Paulo III bw 
tes facultades para transferir el sínodo á B' 
y no obstante la intemperie de Tp 
honesta causa que se dio de la tran nun- 

ron en aquella ciudad, sin ob 
Ir l Pontífice, ni al decr en su 

virtud, en la see i Marzo 

■47, 

bo, que es una prueba real en el a- 
no solo consta de la 

actas del a qu* 

sean, D U librarse de las tacha* 

tragable de la oarta circular que el sen 

irlos V expidió para que 
panoles ooncun 
vas é incesantes instancias , r< 

n». »♦. 

un. 

(5) ttatil Aln , Hi*t. i u|. n t pi« I 

,rttmn*ir* dts péret ti ttcfitéki r. . «m. Ir, 

tlh. v, Parls r t7«7. 









S5 EL CONDE DE 

concilio á fu primitivo lugar : la cual fué de este 
xe&?r: 

SOBRESCBITO. 

PCB EL RET. 

Al flury refrendo en Cristo padre el arzobispo A„ 



del « Consejo. 

EL REY. 

c3far reverendo padre arzobispo JL, del nuestro 
í Consejo: Ya tenéis entendido la instancia que 
t continuamente habernos hecho por la celebración 
rdel concilio general, conforme á la gran necesi- 
i dad que eii la Iglesia habia de semejante remedio; 
r y cómo, á nuestra suplicación, la santidad del papa 
x Paulo, difunto, le comenz-j en Trento, como lu- 
igar mis cómodo y á propósito, y tratado y concer- 
tado as: para satisfacer á los estados de la Ger- 
Tmania. que siempre han pretendido que T pues se 
^congregaba principalmente por las necesidades 
rde su provincia, se habia de elegir lugar de la 
r misma nación. Y aprobando la convocación en el 
» dicho lugar, se han sometido á la determinación 
rdel dicho concilio que en él se celebrase. Donde, 
acornó sabéis, se continuó por algún tiempo, hasta 
ique por lo* respectos y causas que entonces se ofre- 
e cieron . se anduvo tratando de la translación, que 
i ha sido á causa de tan larga suspensión, sin que 
i se pudiese en tiempo del dicho papa Paulo (aun- 
rque lo procuramos con la instancia y diligencia 
sque fue posible) dar en ello ningún remedio. Y 
sporque. después de tan grandes trabajos y gastos 
rcomo habernos padecido, y os son notorios, para 
t reducir á los desviados de la fe á la sumisión v de- 
t terminación del dicho concilio : y habiéndose ob- 
i tenido que los de la Germán ia se hayan sometido 
ral que es convocado en Trento, se ha instado siem- 
apre.por nuestra parte, por la persecución de él 
sen el dicho lugar. Y la santidad del papa Julio III. 
«movido por el celo del servicio de Dios y bien de_ 
fsu universal Iglesia, cuya es la causa: y cono- 
tciendo señaladamente cuanto importa al remedio 
■de la Gemianía, ha subvenido a la dicha necesi- 
•dad. Habiéndose dado en la dicha ciudad de 
•Trento. y expedí dose ya la bula de la reducción 
•y prosecución de él , siendo necesario que para 
ftl.'de Mayo del año siguiente de 551, que. como 
areléis por el traslado de la dicha bula . es el dia 
aen ella señalado para comenzar á proseguir el di- 
•cho concilio, todos los prelados de la cristiandad 
íqna son obligados á comparecer de derecho ó 
•costumbre, se hallen allí juntos y congregados, 
•mayormente aquellos en quien concurren las le- 
Btraa y cualidades que en vuestra persona, como 
tanjera que sabiendo tos mismo la obligación que 
«mella tenéis, por vuestra diguidad y oficio, no 
lamoe queoa hallaréis presente, todavía con 
Hoy deseo que tenemos de que esta tan buena 



FLORIDABLANTA- 

ty santa obra haya efecto, y que por ninguna an- 
isa se defiera ni impida, nos ha parecido encarga- 
iros, como por la presente os encargamos, que di» 
r poniéndoos para ello, y comenzando desde luego i 
* aparejaros, os partáis y pongáis en camino pin 
> Trento en tiempo que podáis ser allá para princi- 
rpio. 6 a lo menos mediado el mes de Abril, sinqm 
ken ello haya excusa ni dilación , como lo confu- 
imos. Procurando de traer entre los que hubiera [3 
rde venir en vuestra compañía personas de letzv 
»y buena vida y ejemplo. Certificándoos que hol- 
¡ rgarémos mucho que los prelados de nuestros reí- 
j i nos sean los primeros que allí comparezcan, «a» 
i también lo han sido solos en la asistencia y caá- 
r-n ua residencia de Trento dende el dia de la con** 
iricivn y apericion de dicho concilio hasta elpn- 
z tente; que demás de cumplir con lo que sois obli- 
rgado. nos haréis en ello muy acepto servicio, y« 
rque nos aviséis de cómo lo ponéis en obra. Do 
» Augusta, á XXIII de Diciembre M.D.L. (1). 

Restituido el concilio á Trento, nada les quede* 
que hacer á nuestros obispos para logTar la gran 
obra de la reformación de la Iglesia en su caben 
y miembros, y restablecer la disciplina, que llora- 
ba miserablemente corrompida, á un pié, conform 
al Evangelio. Los padres franceses acaloraron a 
empresa, y unos y otros conocían qne en este ponto 
venia á consistir casi principalmente la reunión de 
los errados alemanes . y la extirpación de una seca 
de ciegos sacramentarlos , que más debía su prin- 
cipio á un espíritu de odio y de venganza que á Ii 
fuerza del error, opresora de los entendimientos 
humanos. 

Para conseguir tan importante objeto era me- 
nester fijar salidamente la autoridad de los conci- 
lios y declarar los limites naturales de la dignidad 
pontificia : sin esta basa, ni se podía alzar edificio 
seguro de los embates de la curia , ni satisfacer al 
escrúpulo de los protestantes, que exigían este pre- 
liminar, como preciso para entrar en la controTer- 
sia. Por lo menos, en la elocuente oración de loe 
embajadores del duque Mauricio de Sajonia al con- 
cilio, que tuvo el argumento de persuadir la liber- 
tad de los votos, y el desprendimiento de todo otro 
respeto que el de la verdad y el servicio de Dios, 
propusieron que ante todas cosas se debían confir- 
mar las constituciones de los concilios de Constan- 

li) Se halla esta tarta es las iefer éeICsmeiñs 4* Trsnm ison- 
sai ea Alcalá . ea 1554. coa este malo: Geuermh CamaUsmWéBt 
tiwm etnttnen* euai* .fMa^u reémetine per JwMum IlL r«- 
M.yw mtTimmm . %^v ai fiaem m «p 9 »f tmmt; y se teidia es 
casa de Atasasio Salceda A la carta copiada precede el epitnfc 
v prevención del editor sirsieate : Uttenraa copia, qaaslapefi- 
tor ómnibus pnrlitis sooraa rtfior» scripsii, qa'lbas asnea! 
ros ad Concilinm Tridtntinom prolcisci : qa« quides litters sisal 
com copia bal¡* rcdoctionii ejisdea concilii , per pibliea* st- 
tariam coran tesiibas preséntate fueran aiagalis ; que tasto 
jussu Inperatoris sie acta sanL Sed qiia ipss Hilera valgsri **• 
mone hispano scrip:* fuere, eo qaod ad pra 
Htssaui* esse&t destina», idee cas hispano i 
lisia est 



y de Dan: lea, qno expresa turan la 

>n de los pontífices o ¡n las 

ausas de £e y las que miran á bus personas» y tam- 
bién hicieron presente que para asegurar una de~ 
i iniparcial y perfectamente ! 
, debían ser absuettos los prelados y demás 
•üjetos que interviniesen en e] ■ «* par- 

■ 

al Papa en urden ti todas las causas que débil 
tATse i ron sus formales palabras: Qtmrto 

sfimié dignitatibus et pratrta 

¿iam hab< im Chris- 

im , et aüqui úOi MeftfMUsl 

fíense 

xpresse con - camis fidei % et qum 

iieem contittgunt PonHfeas con 
ilium supra Pontificem esst dtbeat 
etiam in l *o ita 

\H in Basi- 
l sy nodo factura est; ut in steunda gestión* ejus- 

7«í in 

i lio rr v gradué , ac ordinis fucrint a 

tis,quibui xtni(jjuam- 

ncilium , ti causas in eo tractandas per- 

ri sint (1). 

I clamor universal por la enm 

a, todo el mundo sabe el 

adelantamiento que tuvo este asunto en los 

dos aftos que duraron las sesiones del concilio des- 

n á Tronto, fuese por la | 

Í«? los padres italianos , superiores en el número al 

• le las domas naciones, fuese por la in 

do los protestantes, 6 fuese t finalmente, por- 

ao a muchos padres les parecía en la realidad que 

eglar la conducta de los curiales era deprimir la 

Ocia y favorecer la C 

jes, tal vez por no alcanzar la suma dhfei 

jue interviene entre la religión y las costumbres, 

orno ponderó Antonio Florebelo en su elocuente 

cion contra los luteranos (2), Lo cierto es, que 

la propuesta declaración acerca de loa concilios ge- 



íeníint rr^z/wi reduenoñf per Jutium UU íla, 
II. 

¡taie Etttfiiix arf csrtttnatcm iadotetum, Logdu- 
esl sarrosa ncti reliflonls no*ín* nmteria li>t- 
r. Altud corruptos sacerd «aura mota reprehenderé, lU 
ge* óptimas antlquare, aliud eoruin tiUra, <|ut ttffbll Dtiiiim* 

Tiinjif me ; sUtid (Jeiiiqoe |ionii(kr«ju. 
qui poto Ule a ciirlslo permissa fofl <lo abusí siaiit, 

ilimiuro tlec srcernt. distinguiólo oportet; quo Btuiim*j 
icquis qur rcpreticnsioi 

HM probare eil 
non faclnm, Bt llf II RiB, tt*- 

qun nomino injuiiiin, sacerdotum or d 
t \\ro o^Uadao t 

tflOk disciplina , h .re par* I »• ttgr* c«n> 

td qutid Deu Jívaoi 
sperandum eit ¡ non mira bañe moruru . rt riuclpllnm corrpp- 
•dvcmfii maiti* verbo tflUgiiant, «juim optlmuí quisque 
si oo»th*re*ert n\ 



EL MONITORIO PE BOKL W 

t o, y que en 24 de Abril d» 

la iglesia catedral de San 
Vigüii ésa reto de 

suspensión por <on las cualidades y cir- 

cunstancias que en él se rcfiV 

rendió los ánimos de nuestros 
celoso -ii prudencia t- 

creto se disfrazo 1 i con- 

cilio en que se habían juntado todos loa padres del 
lo los innti escollos y 

ae á cada paso se habían opuesto. 
La guerra de Alemania, que era el buen pretex- 
to de esta inesperada resolución , no les pareció que 
podía obligar á tal extremo. Veían bien provista su 
seguridad en el valor y la fortuna de las tropas de 

V , y la ausencia de sus iglesias no b 
recto que instaba tanto, ni que podían remediarse 
los males que hubiese causado con la vista pasa- 
jera que podían hacer en dos años que habían de 

No hallando, pote, motivo razonable que y 
sase á interrumpir el gran concilio de la Iglesia, 
todos nuestros obispos reclamaron el decreto que 
fin se les intimó por los legados del Pontf* 
i el dia domingo 24 de Abril de 1552, indi- 
cion 10, y sólo consintieron que so prning^en las 
sesiones por algún corto tiempo, sin separarse (os 
i de Trento, á excepción do don Juan Ber- 
nardo Díaz d^ Lugo, olu'fípo de Calahorra, que ab- 
solutamente lo contradijo; y en el mismo acto en- 
tregaron por escrito el instrumento de su pi 
formal, con las razones que lo i' n, que con - 

i->do: Qua* quUJcm omnia ita, tt non 
alüer jitri petimut pTotf&iamurqu* ; si steu* Jíat, nul- 
nic ionctaf stfnoda prrrjiídicium ficri quo- 
vis ttmporf , propter hvjui deereti nupauknii pubfi- 
cationem , quám oh qnememmque alinm actumfac- 
htm, vótfacicndum , atffwtatnm , vtlattentandr 
ovasen mq tí r per tonas contra hnjus wumenici 
Ui auctoritaUm t et poUstatcp; ¡m aeum§* 

nicorujn omninm; como consta del io ail- 

téstioo que obtuvieron (3). 

En la tarde del mismo dia los ilustrfsimos don 

Joan de Fonseca, obispo de Caslelmar, don Alvaro 

ispo de Venosa, don Alvaro Moscoso t 

Pamplona, v don Pedro Ponce df I 

obispo de CiudAd-Rodrigo, ó desesperanzados do 

i que b*bii 
cho, por la malí los demás padree espafio* 



teinstratnrnto t rfnutMrt*lwflorrpy dun Fclipr Il t ícfnaf- 
fía entre los roarttiscrlfoidela celebre blbliotc- 
Hral Los nombre* ñe los ilostrisiuios obispo» que protcsiaroo fl 
Otersta do suspensión son los siguientes: Joan. Fonierj, Ep. 
Caitelmarls; Joan Salaiar, Ep. Lanetanens., ¡ * oarra # 

Ep + Paeeíis. ; Alnurui Qujdi», í 

: Joan. Miltan» Fp, ladeni ; Martin. Pereí Ajata, En. 
Cuadisens., Petrai Aeufti, Ep. A^tur rúa Moseoso. 

Ep, I^wpílnnens, ; Petras Pooee de León . Ep. Citritateas. ; Joan, 
Bemardus Üias d« Lago, Ep. CaJ»|umtanu». 



90 EL CONDE DE 

les, 6 no satisfechos con aquella diligencia, la re- 
pitieron ante Diego de Cárdenas t presbítero nota- 
rio, contradiciendo enteramente el decreto que se 
les había intimado, y todo acto de prorogacion ó 
suspensión, sin limitación alguna (1). 

En estos instrumentos auténticos, que no se su- 
jetan á las dudas ni á las interpretaciones , cual- 
quiera puede ver que nuestros venerables prelados 
no reconocían en el Papa la potestad de suspender 
ni disolver siquiera por tiempo determinado los 
concilios generales legítimamente congregados ; y 
en la eztrafíeza que les causó la intimación del de- 
creto pontificio, y las razones con que combatieron 
los pretextos de la guerra y de la ausencia en que 
se sostenían , fácilmente se percibe que el embarazo 
que causaba á los romanos el punto sobre la auto- 
ridad de los concilios que se trataba, y el temor de 
que se declarase conforme á los de Constancia y de 
Basilea, fueron las verdaderas causas del decreto 
de suspensión. 

Por los tiempos de esta protesta se publicó en 
España la obra del iliistrisimo don Diego de Álava 
y Esquibel, obispo que fué de Astorga, y después 
arzobispo de Granada, dedicada por su autor al 
sefior don Felipe II (2). Este doctísimo varón, que 
se halló á los principios del concilio, y que vino 
llamado del Rey para informar á su majestad do su 
estado secreto é interior, empleó toda la segunda 
parte de su tratado en descubrir los males en los 
desórdenes que necesitaban de remedio en la Igle- 
sia de Dios. Su plan principia por el sumo Pontí- 
fice, sigue por el sacro colegio de cardenales, y 
discurre por los demás órdenes de la jerarquía ecle- 
siástica, llevando siempre por norte las constitu- 
ciones del sínodo de Basilea en los puntos más 
principales. 

Según el dictamen de este insigne prelado, nada 
debe influir tanto en el restablecimiento do la Igle- 
sia, como la reducción del número de cardenales al 
que prescribían los decretos de los concilios do Ba- 
silea y de Constancia, eligiéndose para la sublime 
dignidad de la púrpura personas do todas las pro- 
vincias cristianas con una proporcionada igualdad. 
De este modo, en su juicio, se conseguía que hu- 
biese cerca del Papa quien lo pudiese informar con 
conocimiento de las particulares costumbres de las 
naciones, se lograba la instrucción necesaria en 
los negocios de la curia, y se podia con más madu- 
rez deliberar en cualquiera causa que aconteciese, 
con otras ventajas (3). 



(1) En la misma biblioteca se halla el instrumento original de 
cata segunda protesta, firmada de los cuatro prelado» que la hi- 
rieron, y refrendada con sus sellos. 

(i) Tract. de Conál. Untvertal. ac He kit , qux ad rrligionh et 
rcipublica* christiana reformaiionem insinuada videntur. Grána- 
las, 1551 

(5) De num. Cardinal, actum esl sa-pissime in conciliis univer- 
salibus, presertim in concilio eonstanüensi, et deinde in basi- 
llensi, ubi decretam exist, ne eardinaliam numerum vígintiqua- 



FLORIDABLAXCA. 

Dando á este pensamiento toda extensión, pro- 
pone que de España, Francia, Alemania élulii 
deberían ser elevados á la dignidad cardenabcii 
seis sujetos de cada nación ; uno de Portugal, In- 
glaterra, Hungría, Bohemia y Escocia, y do» d* 
Polonia, que todos vienen á componer el número de 
treinta. Establece la regla que se debía obsemr 
en la elección de los electores del sumo Pontifw, 
é insinúa el modo de hallar personas dignai ó? 
este alto derecho (4). 

Los perjuicios que han prevalecido contra lotci 
nones en la tolerada pluralidad de beneficios;» 
daños que introduce la facilidad de las dispensa 
en la disciplina eclesiástica; las perniciosas cooft- 
cuencias de las exenciones del clero secular t * 
guiar respecto de sus prelados diocesanos ; los á- 
convenicn1e8 del nombramiento de jueces curíala 
las más veces de la parcialidad del más poder» 
de los litigantes ; los insufribles gastos de las if»- 
laciones que omisso medio iban á la curia ; las h> 
quietudes de las competencias con los magistrado 
y justicias seculares, que hacían frecuentes loa clé- 
rigos de menores, y la inconsiderada ampliieta 
del fuero eclesiástico apersonas que uo debían par- 
ticiparle, y finalmente, otros abusos que se cons- 
ten por los diocesanos, están explicados en es> 
tratado con alguna más extensión que lo había to- 
cho Alfonso Guerrero pocos años antes, y den» 
y otro se colige la antigüedad con que, no obstante 
la enmienda que hizo el santo concilio de Trento. 
se llora en el dia de hoy la mayor parte. 

En cuanto á la superioridad del concilio genera! 
sobre los papas, le pareció al religiosísimo Obisp 
á propósito no proferir su juicio, y sin aprobar ai 
refutar una ni otra opinión, pasó por encima de li 
cuestión , que era tan propia de la materia de » 
tratado, contentándose con enunciarla, y creyendo 
que no podia haber necesidad de su resolución sm 
un estado de calamidad en la Iglesia (5). 

No obstante que esta expresión descubre bastan- 
temente la sentencia del autor on este particular, 
su silencio rompió un poco más abajo la clausura 



tnor excedat : atqu! idem modo repetí esset adraodom afile 
quod numeras tríginta caniinalium ¡mmulabilis statueretnr; ftt* 
quidem cardinales cliperentur ex ómnibus christianis provincia 
inspecta personal um qualitate; id enim prodesset mnltam adíe* 
goliorum consnltationem, ut faeilior esset apod pape senada 
cognilio rerum , posseique malarios adsami deliberado cajosau* 
que contingentis causa». Dicto tracto t., part. n, g i, fol. 06. 

'■i) Ca'teram hic numerus (Cardinal.) posset per summum Pofr 
Uficem in hunc, aut similcm modum distribuí, ot sex el ¡gerenta/ 
cardinales ex tota Germania , ex Híspanla totidem, ex GaUla ítea 
alü sex, ex Italia sex, ex Lusilania anas, ex Angljj unas, eiU- 
garia et Bohemia dúo, ex Polonia unus, ex Scolia anas. 

l5) Ítem pr.Tsertim illam quaestionem quam hic mlnimt disat- 
tabimus: An concilium sit supra Papam. ¿An ipae rumanos Poati- 
fex sit concilio universal! superior? Etenim ipsom ChristaaJ* 
sum pia mente precaniur, ne usquam permittat Petri naiicaln» 
ejus sponsam Eeclcsiam, i la íluctibus dissensionom, etenisaatn 
turbari, et agi tari, o toponea t in hanc i n cid ere calamliatem m 
nos ad hanc disputationem impellat. Dicto toa, i part. cap. a. 



JUICIO TMPARCTAL SOBRE 
e h piedad, y tratando do la suma utilidad de las 
©agregaciones generales de los concilios par i 1 1 ■ - 
¡inir tas controversias de la fe, nos dijo f r < 

que la autoridad del Pontífice era inferior a 
a de la Iglesia universal, juntando el incontrasta- 
1e fundamento de que, á no estar en esta creencia, 
n vano habrían tomado los papas y los emperada- 
el inútil trabajo de congregar los concilios ge- 
erales (1). 

Con menos Todeo se explico" el doctor Guerrero 
¡rea de la superioridad de los concilios resy 
Papa, en estos términos : Y ésta es la causa que el 
\nto concilio Q»> declaró que en 

que tocaren á la fe y á destruir chisma* y á la 
r ormacion de la Iglesia, así en la cabeza como en 
>s miembros , el concilio sea sobre el Papa: de tna- 
Ta que la sentencia y jn \ como de 

Icio superiax , se ha de preferir en las tres cosas ya 
ichas, ai juicio del Papa. Asi lo dice el Abad en su 
legantisimo tratado del concilio de Basilea, l 
rimara duda (2). 

Al mismo pontífice Paulo III, con la propia 
¡ion , aparece dedicado un Diálooo sobre las oir- 
instancias y requisitos del concilio, [h II 
ombre de Marco Mantua Bonaeito¡ jsriaooaaulto 
,dua (3), Entre otras curiosidades, que tal M 
¡ráu ingratas á los eruditos , se ptep 
de esta obra la duda de si debe prevalecer la 
tencia del Papa ó la del concilio, en caso de «'le- 
erse entre sí, y resuelve á favor de! concilio l._ i 
imamente congregado, en boca del jvritcoii 
loües, con gravísimos y sólidos fundamentos (4), 
eu adelante explica en qué casos puede hacerse 



11) Bine tanfe ct alus rausis disca^a , hacteoiis ab iuitin legis 
nafelioe jarlicatiira íuH, nniTerwlium lynodoram conajrgaií»- 
i maijoii semper filia* nmmcuii ; 8t utilitahs, ad dirimtuda*. 
£ toUendas lite*, se controversias. ([Q® fa Úde sotent iii Chl 
eligione contingere: quod si Unta esset salín» romani Punltflcis 
ürionias, quinta totius Erclesia.' tttofflSJÍS, frusira tanta lOílí- 
iludo, tantusqne labor ín '.-onffreg.trnlis *yn*>di* rjiuversalihus .1 
anctis pontiliobu-, et catholicis iinperatontins sutneretur. BicU* 
wcL t parL i, cap, u\, nuro. t, 
(% Traí. del Ctméü, , cap. vil, pig. 15. 
(3) Veneliis. 154 1. 

(i) Roberto Donavit , Dtaios., pag. 11, ibl : Crederem *go con* 

ihi senttnliam esaa pns/ereiidap, quaudn<iuidcm, al pronirae dt- 

ebaní, id ¡pswn Spiritu Sancío cooperante rongregelur, H qula 

postoli símil i modo ípst enim piiaúCD-iirilium relebraruet antío- 

herium , juxli not in Can. Sscrotancta, dial. 2Í«, com l'eiro sla- 

oebant, quamquam ipsam ul capul, et Miimitum pontilircm hi- 

•renl, til legitur act., i, «!, et 15, ubi; Malhias in lonim Judir 

ectus est, ct postea Stcptoanna, el a9ii ad (ollenrtam pnarl&tto- 

i sedLtiO'em, ei quo ,¡\n\\ii eoriirn díiebaiH, adbuc circumddc- 

re oporiere ; considerando r|uoi|ue :ul arcbld. inquit paríter, in 

ap. Anosíhamst 10 disM perkulosum (are fldei catisam anius 

ominis judlcio relinqucre , cum nrnime pece irc pMsít , ut in 

\c\. ran. AiutstKas. in concilio, el universa ti Ect lesla quemadmo- 

stipradii'tura fuit, non consíderabile; ct plus, quia Chnstus 

oli Pciro quamvis ipsi per prius poteslalem non dedil, sed otu- 

ibus aposlolis communiler, qtiandn dilit : Acápite Spiritum Sanr- 

ul ín can. lia Itominux, 19 disL el rationi est etíam corso- 

, enm Tideant plus mi est in proverbio) ocuti quam OCilQS, 

rminsque sil judicíum pturimorum senteitila comprobalum. ilap. 

Prvdendam, de Offlc. üelegat.., diftatiusque funkuhts tripia di- 

ntmpilur t ni eccUnoitlc. iY t etc. 



EL MONITORIO DE ROMA. 91 

lugar la plenitud de potestad atribuida ¿ los ro- 
niatjos poi 

Si fuera lícito extender una digresión que solo 
bc ba o con el ánimo do dar algnn.i 

cía de la opinión do nuestros antiguos españole»! 
sería fácil negocio juntar aquí un número dilata- 
do de testimonios de santos pontífices que i 
llámente se lian confesado sujetos á la religiosa 
observancia de los cánones délos concilios, que 
seguramente no se compadecen con la plenitud de 
potestad y superioridad A los sínodos, que ¡1 
sideradamente le Fuelcn alribrir los más canonis- 
tas ultramontanos. 

Entre la muchedumbre de ootafl confesiones que 
se pudieran alegar, es muy notable para omitida 
la del papa san Agapcto. No sólo se conocía este 
santo pontífice sin facultades para enajenar b»s 
bfoOM y los derecbos de la Iglesia, por la prohi- 
bición de las venerables constituciones canóni- 
cas ( sino que pr estas desgraciadas 
lesas con quo r*l espiríiu de pareial ; dad sal- 
r lns cosas más claras , afiade qne su m 
cumpl i miento á las constitiic iones canónicas no 
nacía ni de la afectada severidad ni de un humano 
interés, ni de otro nepote qoe el de la autoridad 
de los santos conrilins, quo le precisa a su inviola- 
ble observancia (5)» 

Oprimido un erudito defensor de la Silla Apostó- 
lica de la fuerza de estos testimonios» confesó la 
sujeción de los papas respecto de aquellos cáno- 
nes que confirman la ley de Dios y do la natura* 
lijando la cuestión solamente en los que mi- 
ran á la disciplina eclesiástica (tí). 

Cualquiera puede juzgar del fruto que puede te- 
ner la ondosa piedad de este escritor on presencia 
del test imotiió de san Agapeto. El asunto de que se 
trataba en este pasaje pertenece meramente á la 
disciplina y es puramente temporal, y Sobre - 
pone el santo Pontífice que no le ora licito por 
ia oeasion violar las prohibiciones cañón feas 
de enajenar los bienes de la Iglesia; expresión igoe 
sale al paso ii la sutileza do este escritor, y los de 
su partido interpretan el defecto de facultad sobre 
loa cánones que de sí mismos confiesan los pontí- 
fices romanos, en el caso en que no intervenga 
juta causa para !a dispensa ó la derogación. 

M puede negar que en los papas residen al- 
gtOUfé veces facultades para dispensar las leyes 

l-cvocaat nos \encranda palrnm manifcílissima cflMühita, 
quibus prohibeoiur pnrüla jurls Eecleaia», coi no* otnnipotens I h 
pfMSM DSOftiltU, qirolibet titulo arl aliena jura tnnsferre. Qaa 
in re vestra» íjao^an sapíPntia^ credimuí esse ífratissimurn, quod 
in nullo ctinlra priscal dcllriitíonis constituía, vcl regulas pro qoa- 
tibet oeoislone, vcl sub cujiiscunujun personas respeetu, teñiré 
pratamniíDUs. Wec lenaeilatis studio, aatsaiculari$aUliiatlscaQsJ. 
hoc faceré nos creilatís ¡ sed diTini considerationc judlcí* necesse 
nobíi cst, qutdqac sancta SyAodalj» deeroTil auctorttas, inviolabj- 
liter custodlrft. CuIIeet. Canc., tona. rt f p. 1798, lit, A. 

(6) Franc. Ant. de SlmeoBib,, De remaní Pontificia jutHeiarié m- 
téstete* tom. i f cap. viu,!!. 



92 



EL CONDE Di: FLORIDABLA! 



nunícas; pero Luís de Mainburgu, que a 

que estafi facultades dti\ 
reconocer en loe caeos permitirlos por loa 
niaraoa cánones (1) ; y cuando esta sentencia no 
neae constante , lo cierto es qne no se puede ín- 
erir tu superioridad del Papa á los concilios, de la 
potestad de dispensar en los cañónos, porqu 
es una concesión de la misma Iglesia , muy corres- 
pondiente á la suma preeminencia del romano Pon- 
titíce , que las variaciones de los tiempos y las cir- 
cunstancias hacen indispensable, no siendo fácil 
la congregación de un concilio general para cada 
una de las necesidades que pueden ocurrir ; pero 
esta facultad de dispensar con justa causa es co- 
mún y trascendente á los demás arzobispos y 
obispos. 

Finalmente, entro nosotros, después de la cele- 
bración del santo concilio de Rento, wU ejecuto- 
Hada la impotencia de la curia romana para alte- 
rar las leyes que dicto la Iglesia cueste sínodo ge- 
neral sobre el reglamento de la disciplina eclesiás- 
tica. La suma \ Q con que se han recibido, 
y la especial protección que corresponde al Rey, y 
prometió Felipe II en e] año de 1564, al tiempo de su 
aceptación , han hecho que la contrariedad ú opo- 
sición á sus santos reglamentos sea una justa causa 
para retener en el Consejo los breves 6 dispensas 
de Roma que la contengan , sin que, en el común 

E sentir de los autores, deban correr ni tener efe 
porque el Papa derogue específira y expresamente 
loe cánones á que se oponen (2). 
Volviendo ya den ^re^íon á señalar el 

principio que han tenido las tentativas de la curia 
romana contra el los principes, no se pue- 

de nejr.ir «jne ai mismo tiempo qu»7 el santo pontí- 
fice Gregorio VII hacia sus conquistas rs¡ ,iri- 
tuales, no se descuidaba en aspirar al dominio tetn- 
riral de todo el orbe. Aun no hacia ocho dias que 
taba sentado en la silla de san Pedro, y ya re- 
Oüvino á nuestros monarcas sobre los derechos de 
i silla de Boma (3) al trono de lasEspaüas, en un 
\6 á los grandes del rein 
Lie un servicio, que suponía aoostum- 
imente interrumpido por La ocupación 

este que se dio A sus oficios debí 
señará Gregorio VII otro camino más fácil de 
egará la dominación absoluta a qn s. En 

yó, influida 
i , hallar facultades bastantes para juz- 
gar á oner los emperador 
>lar, si ' esario, el vínculo y juramento de 

i" 1) Mi tn b u r , 'triga t di l Eg Une de fíame, p a*, i H , 

f!) 0. Sale*. i , pan. h, cap, i f per lot. Cevtflov, 

C*$n¡L per nwúnm PlotafJl», tn l»rol«, pan locíi. 

»*d, lo le*, i, til, vi, llb. i, htcijt, Pai, in Prat., lom. Jt, pr& 

r:i. 10. 

iferek preten* da puhtanct* de VEutopt , rliap* i, 
'♦ ti li dorar Brevii tfadonmr a Barón., ad ano. 1076. 



i lad qne liga in tU> atos «út*?btf 

á la obediencia de sus soberanos , «o a* 

sayo esta potestad « 

quien privo del reino que g-ozaba, y 
Labia dado libre de todfl i b« 

contentándose con dar al m ti mío on 
produjo tanto escándalo, empuñó por La priem 
vez, según Belartnino (4). el rayo de: la tarta* 
l la persona del mismo Emp- 
también nueva y abusiva, de la 
Jesucristo : Mi reino no es de e¿tc mundo, de unta!» 
cucion al apóstol san Pedro, en que le sieotie< 
potestad que el mismo Gregorio VII se babU am- 
gado en el uso que con novedad acababa de 
de ella (5). 

Nadie ignora las funestas consecuencias 
Inconsideración de este paso de la curia 
la sangre derramada con este motivo, y la oosfifr 1 
don on que puso á la Iglesia esta novedad, repmia» 
da generalmente. El Emp 

inconsecuencia para sosten* 
tro, Juntó el concilio Vorma* 
elección de Ildebrando nula • 
cion qne se confirmó en otros post, .). Da> 

pues, vencidos los favorecedor \ipa y »Ií«a 

cb as las fuerzas de la condesa Matilde, 
adieta ul partido román - 

el mise 'II 9 de que so libró por elfa 

vof del príncipe de Apulia, Guiscando Rom/ 
Sobre las ( icias de ♦ 

midad de los concilios Germájiícoj 
ron al papa Gregorio VII, y sobre la i 
de los procedimientos que mediaron entre lao&ts 
imperial y la curia romana, se e* ajwl- v 

gias de parte á parte , cuyos I 
dos en la Defensa de los Hivcma* contra los 
res de Lo vaina (8). 



íti Bellarmin., DepcteMtiU Poníif,, cap. ix 
ct relego, romanoran refina, < i impera inm avjoa 

Invenía quemqcaní rmperaiorum, ante hunc, a mmain- i 

omniunicntutu, vel regn» prívahiro. Otbo Fhs 
Chron., cap. \\x\. Ip*e primas, cst inter omu^ \my 
útpotilvi. Cieña Leodiensit, rpfü. odit p. ésttSL 

Uíldcbrandas papa, qul jurtor cst hujus nofdl 
priinus levi Til lancea m aacerdotalen contra diadema re*. 
ínrli>cretc Benrlco faventcs eieoeuninicarit, et$, 
tíi Habrtor apnd Harón», ad aun, lf>7tf, num, H5, 
r/Jeau., asno 1078* Guia er(5v> 
Ulitis perjuras initiatui esl, et Eecicsia hei p*>r ibuslo&eoí a«'t« 
lal ii in tuarnm Uní . 

pirns, f aitn. IÜ75. U^unttn., ano. 1071». H -4V i*í 

MopUMÜm. %ufr t>i*%*t! 
i Wri . ni Chrm., afl ann. Í%V*. Iti 
el Greg. Vil, apnd Sal emana cmlansmorUnr , úe bec it^ 
reperí : volun 

qsod dnminns apostoHfoa Hlldehnr ¡lus tn» 
OCa ví I uiium de 12 Cardinalibus, que» 
bat, el c¡ & fjiit 

occrasae ln pastoral! cara, quír e¡ ad r 
anúdenle diabülo contra hnmanum senut, inn 
cttxsse. 

ITiaeraor. flemonrt, coutr* Lovanifnta, pan 
tal lom. ni des Droitt el iiberm de l'Egtiu Galúa*?, 






JUICIO imparcial sobre 

nque fuese criminosa la conducta del Em 
r y el ja icio era privativo del Omnipotei 
! procedimiento del Pontífice no puede sostenerse 

cuanto á la fulminación de anatemas 
abeza del imperio. Esta censura es de los Santos 
Padres y de los hombres grandes, de que pu<l 
nos referir los innumerables testimonios que junta 
¡ citada Defensa de los H ¿vernos (1), 
No es nuestro ánimo derogar en lo demás las 
cides ni el talento de este papa. En puntos de 
ücion ( aun el mejor celo suele dar algunos 
os no bien meditados. Las sugestiones <J> Loa 
i al es y otras importunidades suelen prevenir 
ánimo pontificio, como ya lo observó san Bcr- 
ardo, en sus Consideraciones Á Eugenio IIT, avi* 
adolo de los tropiezos en que la ambición de los 
iriales había puesto á bus antecesores, y en que 
odria caer él. 

Gregorio VII dej¿ el ejemplo de su virtud en 
Dierar con secuencias en que 

la carrera de su vida, llena de amargura. Ja- 
so ha llegado en la Iglesia al abuso de las 
tiras contru los principes sin ocasionar graves 
m daños á los que las aconsejan y 
c>mu« lando el d< uinunidad 

ida al César, c» stán recomendados 

i el Evangelio á todos los cristianos para que no 
i violen. De la obligación á cumplir estos pre- 

el Papa ni la curia. 
Aunque fueroi m los laureles que los ro- 

ía de la monarquía universal i 
Tices, quedó muy arraigada en la c 
máxima, Bonifacio VIII se propuso la misma 
, y no dudó tratarse como soberano de los 

rey Felipe IV 
sucia, llamado el Hermoso; y aunque la viva 
puesta da este monarca dejó ba>' 

i la autoridad que Bonifacio se tomó (2), no 

tió éste, sin embargo, de su empeño, y procuró 

trarle adelante por medio de negociaciones y 

aanejos sor 

Las decretales de Bonifacio, tocantes á la mo- 

rquia eclesiástica, fueron revocadas, así por opo- 

upr.. parí, in, cap, n. 8, I 

I *cop. Serna Servar. J)ei. 
itUppo fmnrorum H^\< Ucüiü ni ata cjus observa : 

«re l* fólDma», «juod ir. '< rnporalibus nubis 

cOu • bemlafuní 

llana babeas frnenu 

rmnrm huju** 
rllam d*cr mlmus, el Brectattrtl revota» 

liud ID 

H>t*n ttonif. *t ormu pm tnmmo 

léhttem matti-tirn, tf»í nuitam. Seúl Iva m:ilraa fttultas 
m *se; ttdftti taris- 

ad tu>s Jure regia pertlncra 4 a. I 
oí tulcm l Dohls facías, ct i 

idac in i fulufum, ei cafüiii 

lo», el 
enirt repetía Qi, Hakntur luin. ui fas UNrtn ú« ¡i 

ucáf*e , víiíp. fu. 



EL MONITORIO DE ROMA. 93 

t los cánones antiguos como por ser intolera- 
bles ñ uente V, su sueeár.r, lo declaró 
asi, para pn ilesos los derechos de la c 
de Francia, en la clementina Meruit de Pri\ 
cuya d m fué á fu 

nos por militar í< sr sido 

i río nombrurl- las sólo se 

<n con el n dé Frauda, contra 

M principes. 
La decretal de Bonifacio en que quiso estable- 
ra monarquía eclesiástica y absoluta empieza: 
XJtiam sanctam, que muchos incautamente citan, 
por no advertir en la revocación de la clementina 

Ni puede tacharse i it>a canonizada por 

la decisión de un pm userta 

en el cuerpo del derecho canónico. 

No obstante que el consentimiento cútaos d 
jurisconsu utstas ilustrados lia firmado, á 

fuerza de tantas y tau expresas decían 
vinas, que al Pontifico no le co testad al* 

guna 8Q Ir y asuntos temporales ($) , so 

descubrió p res? apasionados de la curia el 

secreto admirable de la hs D con sólo el fá- 

cil rodeo de concederla un podar ¡ taifa cto para dis- 
poner do los reinos, de bus leves, de sus ce 
bree, de sus derechos y de los propios soberanos, 
to para un asunto eclesiás- 
tico ó que se n< ; y esta potestad, ai 

uta ni de distinta naturaleza que la 

cegada á los superiores eclesiásticos en 

los divinos á*i hallé muyoonformi 

sosten -tua de la cons- 

''fm, suponiéndola conexa con 

el su] de la jun espiritual. 

Este proyecto, que Inocencio III (4) templó, 
riendo los riesgos del anterior de Gregorio Vil, 
corrió con mejor fortuna, y en breve se vio la curia. 
casi en posesión pacífica del dominio del orbe cris- 
decidiendo loe papas de la suerte de los iin- 
en las diferencias de los príncipes ; pero des- 
de Cl< va no puede alegarse ni la potes- 
tad indirecta, sin oponerse al espíritu de su decla- 
rador i a favor del temporal de los reyes, 
digan lo que quieran los doctores transalpinos y 

Ya se ha la memoria de loa 

hombres el -d los 

autores de I mas sanguinarios y tiranteidas 

no hubiesen vuelto á resucitar este espantajo para 

á IQ arbitrio los cetros. Ha sido 

¡ue se han dejado correr las obraa 
en que tales máximas se sostenían, por el vali- 
miento de los regulares tie la Gómpañsa t principa 

(3) tt fftdSfl Um aped Sfhmler, Jurttp. Cana*k, t lio, i, lract.5, 
eap. ii. S 3, fiuin, 141. 

He Mujortí, tt Ote1. t cap, «tur. fl# Üf* t #1 



el Papa la obra que detestaban, sólo 

un el 
io (l). f • con 

.1* la lgta 
aban á loa 
ñbre de ber 
ote taclia 
idod del Papa en loe n< »| 

Oovarrul 
!iahia dísi 
adei en alguna manera U ú 
Papa 

de los tiempos del señor Covarrubias, 01 
nuestros canonistas ¡ 

i opin i les lia fal- 

i para reputar La contraria] ito di losa 

,td divina. El desengaño de estos doctorea, 
i- ser más poderoso t-1 oí 
[id (jue defienden un 
k t debt? librarse u laa divinas letras. Bu una cau- 
en que son interesados loa reyes y la curia, no 
edén ote admitirse las d». le las 

i t quu son la obra de los litigantes 

lie 
6 dado | I intor- 

ifl columnas 

Iglssia, niegan á los xeep- 

tuar aí Papa) absolutamente l 

las m v coacción, 

lertaruos de la&Otfl sin- 

i n jeras r fin lie &Bunt" 

Uol lina y 

SO r] 

bastante extensión sobre ambas 

na y otra, y atroqui 
>k fi» ■ dignidad imperial, no exinn 

I otroi reinos que los de 
ap«fi ■ concluye en que al Papa no lo 

it<> | □ caso tocar estos limites, con 

iraxoi 

destruir y tosjr tmdi- 

■I Emperador se 
lascosast' 



«rrob,, In cap, P«*«/*m, dt Hn/nl Jsr., L* 8 

ut ctr- 

reseos «fr. 

I , acque bL i 
dIdiU i lt0D ¿o* 

V) I). Cftfirr., Ibldesa, ftnJc i. An ftnm tit, U»|; Fíen t 

t, til in favarcm i 

huno llncm, ut cor una lententu 



EO DE ROMA. 95 

rales ", en el O 

ador es se- 

a en ti 
le dice el E 

Así lo dice el r 

Uat. 8 ¡airara gla- 

porque 4 01 después qi 

rfitfhillo en la > 

No admi- 
nistres, P* v »an Bernardo 

palabras 

' ¡its&tís es ' 

in vayinam, aggr edere subditos m faeto. 

Y la razón por que el Papa no ha de administrar 

gladio temporal es, \ Sacramento del altar 

la unidad de Cristo á la Iglesia y del 

lia, como cb el Papa, no La de udministrur 
\m\] el anima su aparta del cuerpo. 
Así lo dice santo Tomas, en la cuadragésima de- 
suso allegada; y que Cristo no dio gladio temporal 
á san Pedro paresce á la clara, porque resptn 
do Cristo á Piloto, como san Juan escribe en el ca- 
pítulo xviu , dijM n eat de koc mun- 
do. Así que, no es de creer que el guchilio temporal, 
que él no h lo ni quino administrar, ludie- 
se á san Pedro; y para corroboración de estn 

En el juicio del car lo, no scHo 

deriva el César de Dios la p »t« 

ente en i ralee < úm 

vio del T 
i ios de la Iglesia, y en esta calidad nrenir 

a los concilios generales, sin q Ito se ofeu* 

da la autoridad pontificia, porque en Li 
de este purpurad" no ye puede dudar que el «upre- 
v;n?erd"te, Jesucristo, dueño de fcC 
id del cielo y tierra, tiene sus vícari"- 

, y la representación de cabeza sa* 
tal| que corresponde al Papa en el con» Mí^ 
general, no excluyo la concurrencia del vicario de 
, rey (4). 



rlinl. Pol . ht &■#&, q, 18 Quomndo Cmftf \tt ron* 
titus gtatnlilmi C 

.liem |im|»n»s ronianí í'ontlfl* ís e*ir, omnia, 
qu¡r bl( 
Con»rnticntlbu& cum tertptttría, tum Bll III Ittll 

voluntar Non qttldetn 

triaa ihilmus romaui (' 

¡lis ijrere, ut omnef Ipwe Cbrtsti partes In Bcctesfl ocruprt, nu!~ 
U», aln | ■ mulo cum millas tlt in Eccittía, qul no» ili~ 

neiabra 
otii^a in ti i -'pir in suo tnunc/e 

I ficlt tá l^ rrírrJ ; nemo autn 

<?uam , míI iiiime.* ■ •• >mmi onnii «fu.- 

ll frita» eum |trtre 
ce muí. Ita honlifrx íjulíifm romano», ut capul uccrdoUlo 
u utt cdpttu Dtrtc* icrii, reuqsi tero, al n 



96 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



Toda esta doctrina habla de los príncipes sobe- 
ranos é independientes , que en nada se distinguen 
del Emperador en potestad, honor y dignidad. Cada 
uno en su reino es verdadero vicario de Dios, como 
nos dice el sabio monarca y legislador don Alfonso 
el Décimo con esta expresión : Vicarios de Dios son 
los reyes cada uno en su reino, puestos sobre las gen- 
tes para mantenerlas en justicia é en verdad cuanto 
en lo temporal, bien asi como el Emperador en su im- 
perio (1). Y basta para desterrar las contrarias adu- 
latorias opiniones que han pretendido apoyar los 
curiales y sus secuaces , á fuerza de sofisterías y ro- 
deos, para hallar casos en que los eclesiásticos sean 
superiores de Jesucristo á los soberanos que dejó 
en este mundo con sus respectivas facultades. 

Por fortuna parece que en nuestros dias se dejan 
ver más propicias las luces del desengaño acerca 
del poder de los príncipes. Ta oimos con gusto á 
uno de los empeñados defensores de la autoridad 
eclesiástica distinguir al imperio del sacerdocio , y 
afirmar, aunque con alguna restricción, que no 
le es lícito al Papa perturbar los derechos de los 
reyes (2). Esperamos que no vuelvan á parecer las 

nembra; at Osa re m , ot capot regale Cbrlsti, eüam vicarias par- 
tes agere recle dieere possumus ; ñeque enim simplex poiestas 
Cbristo foit data ; sed ut sácenlos, sic ttiara rex dicebalur... Om- 
ni* pótalas indita est miki in cath et m tena. Malih., 28. In 
atraque ergo potcstate, quin suos Cbristus vicarias habeat, dubi- 
tare non possomas ; vicarias aatem Christl regís partes in conci- 
lils generalibus ad Csesarem pertinere dicimus. 

(1) Ley 5, Ut. i, part. u. 

(2) SapelL, part. \, % 4, nom. 6. Porro aatem sammoram princi- 
póla jara mere temporal», usumque eorum fndiíTerentem, id est, 
bono Ecclesia? s^aviter non officicntem turbare: ñeque summo 
Pontiflei iicitum ecl, cam non sit Rex regum, et domnus dominan- 
tnm; sed sacerdos sacerdotum , et capul Ecclesiae ealholicae ; id 
est, per universam orbem diftussse. Unde et sacerdotio, et impe- 



cuestiones que sobre este punto inventó 1 
de un interés particular , y últimamente, < 
dude, á vista de la imagen de la potestad 
tica, que han copiado los Santos Padres 
nal del Evangelio, que al Papa, por los v 
títulos de cabeza visible de la Iglesia, a 
san Pedro, padre y maestro universal de 
no le puede pertenecer facultad alguna ] 
lar ni derogar los edictos, leyes ó constituc 
para el régimen temporal se publicasen < 
ó en otro cualquiera estado ó reino , aun c 
tales edictos comprendan a los eclesiástü 
ciudadanos y miembros del Estado, ó ] 
disciplina externa de la Iglesia para no 
abusos contrarios á ella. 

Con toda esta ilustración , ya general 
los curiales el último resto en el monitori 
de 30 de Enero de 1768 contra Parma. 1 
no es de esperar ya en el mundo una prodi 
esta clase, por la general ofensa de la i 
que envuelve, ha parecido del caso ponei 
la insubsistencia de los motivos que alegí 
riales para determinarse á un acto que tai 
mentó ha causado á la curia y á los oci 
movedores de tal producción , deseosos de 
su causa con la de la curia, como hicieroi 
en Venecia , aunque con risa y desprecio 
pública, que jamas incluyó a los jesuítas 
conciliación con Roma. 



rio sai limites aecuraté custodlendi smU,ne res cas 
cris intromittat; ñeque Papa sihi potestatem ueco 
quantum ab ipsismet principibus sponte per donatlot 
conventiones, eüam onerosas conditiones, consecal 
roget. 



SECCIÓN SEGUNDA. 



Alias ad Apostolatus nostri notitiam non une gravi animi nostri molestia pervmit, in 
nostro Parmensi et Placentino á soeculari illegitima potestate Edicta quadam contra 
jura, etc., etc. 



§1. 

Las expresiones lisonjeras con que en el proe- 
mio de sus letras se atribuye la corte de Roma el 
dominio y la propiedad de unos estados de que la 
Europa no la ha conocido jamas derecho, ni ella 
le puede producir, precisa á examinar con breve- 
dad cuáles puedan ser las miras del Pontífice ro- 
mano, en calidad de principe temporal, para dejar 
caer esta cláusula en el breve con novedad. 



En la opinión de los políticos, es cosa bi 
raosa hablar de aquellos derechos rancio 
han sido reconocidos después del sólido reg 
de una pacificación general. Semejantes : 
fuera de sazón y en ofensa de un sober 
quien se vive en paz , son el alimento de v 
bicion y de los celos recíprocos de las p< 
con la diferencia de que á los poderosos si 
cohonestar sus empresas , y á los febles de 
seca denominación. Parece que se conserv 



O IMPAI: BRE 

ía pnr recelo de que la tranquilidad pública 
uede .1 l ida, que 

santo de queivi 

(1), ¡Qué feliz seria el orbe 
fiando hubiese alcanzado tal equilibrio, y todas las 
i< acias se redujesen á empeñarse loa seño- 
de! mundo en hacer más felices á los mortales! 
Siesta es la obligación aun entre 1-jh fmeosorea 
rio, ¿con cuánta mas razón los curial* 
u ¿dudosamente apartar de la boca del suce- 
t de san Pedro un lenguaje tan poco conveniente 
la gravedad de los escritos que se autorizan con 
respetable leí Vaticano ? 

Al Papa se le ba reconocido de mncho tiempo 
(no bablo de Constantino) por soberano en 
o el territorio que se llama pa dé tan 

taiTo, quizá contra su voluntad. La posesión de 
estado , continuada por muchos siglos , y el 
asentimiento de las demás potencias de Eui 
'gitiraan su soberanía» Si este titulo posesorio no 
itante, y se desea el original , ¿ ninguno con 
n que Boma sufriría por ventura el nom- 
de potestad ilegitima? ¿Qué tienen de común 
controversias de Parrna y Roma para mezclar 
si dominio temporal del Estado con las cuestiones 
de preteusa inmunidad y jurisdicion eclesiástica? 

Es un axioma vulgar de que quien mal j 
tiene t U mete á voce*. Eso es lo que han hecho los 
curiales, ingiriendo la cláusula in nottro ducatuBm 
oportunidad , sin causa, y lo que es mas, con daño 
Le la misma corte de Boma, De aquí se infiere la 
sorpresa con que procedió el extensor del breve. 
Si se eleva el discurso á este genero de pesquisas 
lamente, sin volver á la memoria la incapacidad 
derecho de la muerte y de la vida, y de las dé- 
las prerogativas esenciales á la potestad del si- 
1 os otras repugnancias que 
dico, lo cierto es que 
le todos los medios legítimos de adquirir la su- 
prema potestad qn u los publicistas (2), 

lamente la pretendida donación del empe 
Constantino es el titulo con que se puede defender 
de los antiguos derechos que tiene dedo* 
imperio romano a una p.i ío de su do- 

nación , y en que estuvo colocada su capital. 
De esta donación de Constantino tai 
leí principado de los papas, no se halla men 
n los historiadores que escribieron su vida, ni hay 
itro instrumento auténtico do su certeza, q\ 
•oepechosa variedad con que se refiere y no » 



i., lie Jure ItflH H Pa¿, rap t? f f Seqol rldetar ma- 
..■l« inrmniudduffi ot contrete rale de regnl», rrgniiru(n<tut fl- 
jíboi aulla anquam lempnre .•uuiRuaulur, quod non tantum ad 
penurbandoa raultomm animas, el bella aereada pefünel; sed H 
nuol irolium staial rcpunoat, 

D* Jnrt Br¡U tt Paái, Ub. i t cap. ni. el commnmler 
ftbUcUt*. 



EL MONITOBIO DE BOMA 97 

ba (3). No puede menos de advertirse la extrafleza 
ier su referencia en boca del papa Mclchia- 
des, muerto antes del pretendido emperador donan- 
te j y con este fundamento la creyó la buena fe ó 
falta de critica de muchos, aunque los juiciosos 
siempre la tuvieron por fingida y como una fábula 
de los curiales (4). 

Cuando no tuviésemos dificultad en vencer nues- 
tra credulidad i b dar asenso ú la pretensa 
liberalidad del César, siempre hallaremos gravísimo 
embarazo, 6 por mejor decir, imposibilidad, en de- 
fender su valor, si la causa se hubiese de decidir 
en la formalidad de un juicio y por las reglas de 
derecho. Lo primero, es constante que en un es- 
tado electivo (cual era el imperio en tiempo de 
Constantino) no se percibe facultades en aquel 
príncipe para enajenar la metrópoli de su imperio 
sin consentimiento del Senado y del pueblo, y sin- 
gularmente de la misma capital, que se iba a trans- 
ferir á la soberanía de otro ; porque, siendo la so- 
ciedad un cuerpo que formó un contrato libre y 
voluntario, no se puede separar ninguna de las par- 
tee sin su expresa voluntad , utilidad y absoluta 
necesidad (5). 

Cuando hubiera tenido el emperador Constanti- 
no facultades para segregar esta porción de la su- 
prema potestad imperial , tampoco tiene duda que 
los efectos de su donación sólo pudieran haber dis- 
currido hasta los tiempos en que el valor y la for- 
tuna de Cárlomagno, rey de Francia, adquirió el 
supremo señorío de esta parte de la Italia. Es cons- 
tante que en este caso acabó por uno de loa medios 
mas reales y efectivos la soberanía de Constantino, 
de sus sucesores y del donatario (ti). De este fun- 
dador del nuevo imperio de Occidente sería nece- 
saria otra donación, que sólo existe en el buen 
deseo de la curia romana, y siempre estaba sujeta, 
siendo cierta, á las mismas dificultades sobre su 
validación y subsistencia. 

Fuera de estOB reparos de derecho, se ofrecen 
le suma consideración en el hecho, que no se 
compadecen con la legítima adquisición de ett 

li liberalidad de los crup* 
vemos en los sucesores de Constantino ejercitados 
los derechos de la majestad en Roma y sus depen- 



dí Cap, Cvm ñi »ff »*, v 9 dist 96; cap. Futuram, ui, qiifcat. i t 
Hf i Fmdam ée ffflMf, , 

\l) Daniel OtL, Jur. F„ cap. l?, tal ft!. 

i , iib. ii, cap. u, £ i. m ™n* 

acuitase, nisl etlam para aliruanda eonsemiaL: nam qoi m rlvtla 
lera coevnt, aocíctalcm qgandüta eontrabunt perpetuara» et irarnor- 
talrm raüooc psrtlin, qua? im< 

has partea non Ita c*»e sub fiórpuft, ut nmu partes eofisril tulli- 
rá lis, qui> aioe corpoela vita vlme non pottunl : el ideo in utum 
torpona recle abarlmluntuí : boc emití coi; us.de qun 14U 

Ut genrrls volúntale wl'tcH coolract i vrrajua 

eju» In partes ex primeva lOJütiaU mrileiiilum e*t 
tredl dd u jus eswt corpur» partea absriodeie I 

*e, ft allí in diUonem til 

\fi) Groi., Ve Jure B?U. tt /'o¿ , 14b. ut, cap. la, num. S. 

7 



m 



EL CONDE DE FLOIUD A BLANCA. 



is, en el reconocimiento Toal de tributos, en la 

u y en las demás afecciones esencial^ á 

Ja «urna potestad, á que se pueden unir todos loa 

» en que al imperio tunda Mu prsteai 
<iuc \ er en los autores que las han pro* 

i í). 
Bien examinada la materia, difícilmente Bfi 

ruria romana otro medio de sostener U le- 
nidad de la soberanía en el territorio eclesias- 
I ue el de la tolerancia y prescripción, que in- 
duce la larga duración ; pero esto, aunque es un 
; íujo de adquirirse entre las personas pri- 
vadas los dominios de las cosas, es muy oscuro y 
opinable de príncipe a príncipe, y está desterrado 
de entre los reyes y los pueblos libres, como mera- 
mente introducido por el derecho positivo civil y 
opuesto al natural (2). Y sólo se admite en las lar- 
gas posesiones una especie de dereliecíon, en fuer- 
za de la cual se presume renunciada la potestad 
I dueño anterior; y aunque a otroa publicistas 
irece meramento de vnz la cuestión, por pro- 
ducir los mismos efectos (3), convienen todos en 
que siempre es necesaria la posesión inmemorial, y 
que accedan los requisitos de que el antiguo dueño 
se aquiete, sin haber hecho, pudiondo, ningún acto 
de reclamación ; circunstancias que no se pueden 
ar respecto del imperio y de sus pretensiones 
al patrimonio eclesiástico. 

Si de esta suerte titubea el dominio temporal de 
la curta romana en el territorio que posee siglos 
hace, ¿qué juicio se podrá hacer respecto de aque- 
llos estados de que no tiene la posesión, y disfru- 
tan príncipes reconocidos por el imperio y por todo 
el universo? ¿Qué cosa más natural, que deber tra- 
tar á los demás como Roma misma querrá ser tra- 
tada, siguiendo la regla del derecho? (4): Quod 
quisque /tiró in alUrum statutHi^ ut ipse codtmjure 
uiatur. 

§ IL 

No era menester llevar más adelante nuestra 
consideración para manifestar la jactanciosa hin- 
chazón del extensor del cedulón de 30 de Enero de 
este año , si el objeto de este discurso no se enca- 
minase á impedir ae alucine á laa gentes sencillas 
que creen todo lo que viene de Roma, aunque sea 
en asuntos temporales, como un artículo esencial 
de nuestra creencia. 

Vamos, pues, aunque con brevedad, á apurar el 
fundamento con que la curia romana se apropia los 
ducados de Parma y Plasencia. Insinuaremos bre- 
vemente la serie de los soberanos bajo de loa cua- 
ti) Mural,, Droit* de Fempire nr te pairímoin* de LEglitt, 
[% D. Ferriin. Mcacbac, UkuL Cea/ron., lib. o, cap. u t num, si. 
Sctbold,, De Hepuíi. C.kri$t. t part. Ut, *eci. i, § 10, runa, 0. 
I tías, In Natis ad Puffendor., lib, tt, csp. wt, |8. 
\4) Uigutor-, I ib. ii, % H, p«r lot, 



les ha discurrido el dominio de estos do* i 
basta el señor Tufante, que es #1 actual. 

Sin ocuparnos en la oligarquía feudal qtuÁ 
dio la Lombardía, y que fué arreglada ea 1 
y leyes de los feudos derivados de loa long 
ni detenernos tampoco en laa parcial 
güelfos y gibelinoe. tomaremos el origen dei 
tiempo en que quedó la soberanía de ParmsjF 
senda en la c- no dependas! 

del ducado de Milán f al principio en ealidaíél 
vicarios del imperio, y después como principas! 
dependientes. 

En la sucesión de la casa de Sforcia 
el ducado de Milán, hasta que Luía 8foi 
a apoderarse del gobierno, que tenía en 
tutor del duque Francisco Sforcia, en sobrino ? 
curó alcanzar por todos los medios pasibles Wf*J 
mar en sí el poder que r< ?i nombre tjm\ 

y para asegurarse de □ Alonso de Anfal 

0«y0 podar recelaba, introdujo en Italia ] 
di Francia por medio do la alianza que ai 
el rey Carlos VIII, pretendiente al reino de N*v- j 
les, Poco después, arrepentido T atrajo soi 
enojo de este príncipe y de los reyes Cri«Uiaas 
mos, sus sucesores, que, hecha liga con la reptó 
ea de Venecia, le despojaron del estado de 1 
quedando en poder de Luis XÍI hasta t) 
de 1512, que con la famosa batalla de Havensi 
precisado á evacuarlos. 

El tín de esta liga era restituir en esti 
¿ Maximiliano Sforcia, primogénito de L 
pero no tuvo efecto, ni tampoco la expulsión dtl 
franceses de Italia, porque el legado del Pspti 
mantuvo con la ocupación de algunas cindsdtfj I 
señaladamente de las de Parma y Plasencia, non 
tante las reconvenciones que le hicieron los i 
tros de España y del imperio, para que dejase I 
aquellas ciudades portenecientesal estado dall 
yá que no tenía título, acción ni derecho alguno'.! 
enrío de Roma, ni jamas las había poseído hacino- I 
dolé presente que en la liga sólo se había capiüuV 
do amparar al papa Julio II en la posesión de I 
lonia y Ferrara y otras tierras de la Igle*í 

La muerto de Julio II, sucedida en 10 de F 
rodé 1513, abrió al duque Maximiliano Sforcia. t 
puerta para tomar la posesión de ea estado, qa» l 
dio el virey de Ñapóles, don Ramón do Cardona^ 
reconocimiento universal del pueblo, qne le prestí 
la obediencia, disculpando con la necesidad lasst 
habían dado al Papa, León X, que sucedió á Jo 
lio II en la silla de san Pedro y en el espíritu guer- 
rero, sintió extremamente la reintegración d 
qoe Maximiliano, y en particular d ídades 

de Parma y Plasencia, que deseaba agregar al pa- 
trimonio de la Iglesia; y bajo el pretexto de que 
se le había despojado violentamente do estos bie* 
nes en la sede vacante, empleó las armas espirih»* 
les de las censuras contra Maximiliano Sforcia, ana 



JUICIO IMPARCIAL BQBBE 
por el estado de las codas y predominio de la curia 
vino par fin & ceder, aunque bajo varia» protestas. 

Después, con la entrada de Francisco I, r 
Francia en la Italia, mudó todo de aembl. 
Maximiliano ge retiró i Francia, y León X cedió al 
rey Cr ístianisimo formalmente sus derechos y pre- 
tensiones á las ciudades de Panna y Plasencia, 
Abandonada por los franceses la Italia después de 
la batalla d< da por los españoles, se 

puso fin á ]a gnerra. El rey Francisco, en la capi- 
tulación que hizo con Carlos V para recobrar su 
libertad, por el capitulo t hizo expresa cesión de 
todos los derechos que podia tener al estado deMi- 
lan, y especialmente á los que le pudiesen pertene- 
cer por la cesión que Labia hecho en su favor 
León X t si alguno tenía á aquel territorio y sus de- 
pendencias. 

te de León X entró en la cátedra de san 
Podro el pontífice Adriano VI t y en su tiempo fué 
restituido al ducado de Milán tranquilamente Fran- 
i, que el 1530 obtuvo la investidura del 
etftor emperador y rey Garlos V t gobernando pací* 
feamente basta el año de 1535, que murió sin suce- 
uonibró llanamente por su heredero y su- 
r en los estados de Milán y en todas sus depen- 
i rtenencías al mismo sefior rey y em- 
parador don Carlos, que con las armas y tesoros de 
Safan* había reintegrado á la casa Sforcia, con- 
surtiéndolo el rey Cristianísimo por dicha capitu- 
lación, y el papa Adriano. 

£1 tefior Emperador y Rey, por su diploma, dado 
♦m Bruselas, á 11 de Octubre de 1540, invistió al se* 
3 II, bu hijo, en los estados de afilan y 
dencías, que^se continuó sin interrupción 
a loa reyes de España, hasta el sefior Fe- 
Al tiempo que obtuvo el sefior rey don Felipe IV 
dal ducado de Milán, Paulo 111 pro- 
curaba adelantar los intereses de la familia Farne- 
a permuta do otros estados ad- 
quirid al duque Pedro Luis la soberanía de Parma 
y Plaseio 

Muerto este príncipe en las discordias intestinas 
i|ne turbaron á aquellos pueblos, aficionados su 
extremo al gobierno milanés, el duque Octa 

leí señor Felipe II, que había sido 
• pacifica y generalmente soberano de 
Milán en 1551, la infeudacion de Plasencia, su ter- 
iísano, bajo el derecho de 
reversión á la corona de Espafia en defecto de su- 
cesión masculina, y con la condición de mantener 
ca el castillo guarnición española; y accedí 

elaciones el consentí mienta de Julio 11 1, 
rjeed i en la quieta posesión de aquellos 

estados. 
Desdo aquel tiempo se ha continuado en la fa- 
-in más novedad que haber mejora- 
da #1 ícudo la liberalidad del sefior Cario» II, que 



tu l 



EL MONITORIO DE ROMA. 99 

la rele%*ó de la obligación del juramento del caste- 
llano de Plasencia, y la hizo graciosa donación de 
varios pueblos de las jurisdicionea de Lodi y de 
Casal. Y las novedades que posteriormente han 
ocurrido sobre la sucesión en estos estados son 
muy recientes y notorias para que nos ocupemos 
en su relación. 

La serie de estos hechos conviene en la sustancia 
con el extracto circunstanciado que hace un gran 
político de los h¡ tos que cita(l), 

y no discrepa mas que en la concisión de las rela- 
ciones m dan los autores eepano- 
B han escrito particularmente del asunto (2); 
y cualquiera advertirá por sola su inspección que 
es muy estéril para fundar las pretensiones de la 
corte de Roma. 

Para no detenernos en inútiles contestaciones, la 
prueba mejor que puede ofrecerse es el manifiesto 
que publicó la curia romana en apoyo de sus pre* 
tendidos derechos (3). El autor, entre una oscura é 
indigesta implexion de especies, de que no es fácil 
alcanzar la conducencia que puedan tener al asun- 
to, reduce todas sus fuerzas á persuadir en los pa- 
pas el dominio alto y feudal de aquellos estados, 
por la razón de la transeúnte ocupación bélica de 
l i , y posteriores actos, que llama posesorios. 

Es verdad (como pondera grandemente el autor 
del Manifiesto) que la puerta es uno de los medios 
de adquirir los reinos y los imperios. No tuvo otros 
títulos Roma para sus conquistas, ni los godos para 
sujetar á la dominadora del universo ; y poede s 
que en el tiempo de los primeros mortales, en que, 
perla limitación de sus deseos, eran ociosas las le- 
iones, los premios y las penas, algunas domi- 
oes y potestades debiesen su principio á la 
fuerza y la ambición (4). 

Creemos más noble, justo y pacífico el primiti- 
vo origen de los ímj obstante, sentamos 
desde luego que la guerra justa y solé?! 
de lo» medios de adquirir la suprema potestad ; pero, 
como la corte de Roma no ha ¡ u basta aho- 
ra el justo y legitimo motivo de la ocupación de 
aquellos estados que hicieron las armas <t 
s alumbro 

iguir de aquellas violen 
ciosas ocupaciones que llama san Agustín grandes 
latrocinios (5). 

(1) lW*0*$ft, Lr$ fatrretx prttenv dt* puntenen d# CEuropi, 

¡na, Campritiito flhhrléi, ti n to fi. Mífoel 
r/w de tú tt«/¡a , part. ih, sosia. i # a i 

ittsf lasd fi'iuvstM, ut>< 

ii ., hb mi, *n*'tt . M|> 

. KHJUt íttti 
-<-b»nt , nrr|i: 

ti* *u.»ptf tatsslo spi*»rtsti 
tiihll per Saetí 

■OS, ti: 

l5j »». i 
bella llmtiai», el lude (i 






100 



£L CONDE DE FLORIDABLAN 



El recurso 6 que aquellos estados f nerón parte 
di exarcado, se contradice abiertamente por 
loa autores que han escrito sobre esta materia (1), 
En el citado manifiesto no se toma en boca, y el 

to de que hemos visto que se Birvió Jul 
para su ocupación tiene muy poca consonancia con 
pensamiento. 

Fuera de estas consideraciones, la declamada 
ocupación , que duró sólo cuatro afios t es demasia- 
damente momentánea y pasajera para constituir 
un derecho legitimo, y mucho menos fué capaz de 
hacer que el consentimiento del pueblo convirtiese 
la invasión en posesión legítima, conformo I U 
sentencia de algunos publicistas, aunque menos fa- 
vorecida (2). 

La posesión, que también alega la corte de Roma, 
es de la misma naturaleza ; y lejos de ser con 
da sin reclamación ni el menor acto perturbativo 
por otra potencia, como se requiere para <■■ 
tuir un título y adquisición legítima de aquella so- 
beranía, dando lugar á que el dueño ó el pueblo 
pierda la esperanza de recuperar su antiguo esta- 
do (3) , la vemos interrumpida en su mismo prin- 
cipio por las armas españolas en la mayor parte, 
en bu progreso con tantos actos en que han ejer- 
citado nuestros monarcas el dominio feudal, conce- 
diendo las investiduras á los duques de Parma, y 
en todos tiempos contradicha y reclamada por par- 
te del imperio. 

Mejor semblante ofrecía el derecho de la corona 
de España, que promueven nuestros autores (4), 

molestos, ¿ola regni cupldiute eonterere, et subderc, quid aliud 
quam grande lairoclnlum noniinandum est. 

(I Videndi apo.l linasset, ubi supra. 

I2l flurotas, De Cmtaíe, lib, n, cap, ix, % 3, onm. 7. Imnerium, 
quod invasor acxepit consensu populí , non eripuiL popólo, sed i 
Uco in populutn accepit: qaod sí restíluendum foretDeo, cajos 
lodullu liabet reddere leneretor. 

(3i (írotios, lib. uí, cap. ti, 5 i, num. 3. 

(4) Laguna et JfttHot, ubi supra. 



ademas del título hereditario que concede el testa* 
o del duque Francisco Sforcia, que hace efec- 
tiva la natural é independiente soberanía de aqu< 
líos estados en la primitiva adquisición de 1 
Sforcias. Si los papas hubiesen tenia* 
habitual é incontestable, que se han procura* 
atribuir, no tiene duda que se habría transferí 
á nuestros reyes por la cesión do León X á los 
yes Cristianísimos, y la qo K50 I al em 

perador Carlos V, rey de España, de que no puede 
dudarse. 

A este fin haríamos con gusto alguna estan< 
si do fuera del todo ociosa, L;i causa está hoy 
cidida ¿ favor de la soberanía independiente 
Parma. Por el capitulo I, articulo v del tratado 
Landres de 1718, llamado de la (ktádmpU A K 
se califica que al Papa ninguna intervención 
dio en e! arreglo sobre la su* 'irma y PL 

seneia; antes se estableció entre los altos cont 
tantes lo que pareció entonces conveniente, 
pues, por el tratado de Aquisgrán de 1748, que 
concilio á las cortes de Madrid y Viena, se radi 
como un fruto de la paz el dominio supremo en la 
casa real de Parma, con un reconocimiento gene 
ral de toda la Europa, que Boma no puede dud 
sin contradecirse, De aquí es que el procedimie 
tO de la curia romana no puede disculparse c< 
sus frías protestas ; porque r aunque con las arm 
en la mano se olviden á veces entre los prínci 
soberanos las convenciones más solemnes, en el Ín- 
terin ninguno niega la autoridad á los tratados, que, 
por el consentimiento de las naciones, son sin duda 
las leyes públicas de la sociedad general, que de- 
ben obligar á todas las potencias políticas que la 
forman (5). 



(5) Mr Real , Scienc. da Gowencment. tom. ?, cbap. m, lect 
per tot. 



. 



SECCIÓN TERCERA. 




In quorum altero edito Parma die 25 Octobris anni 1 70 4 sub gravibm pañis prohibebalur : ne 
gradas i et conditionts üliquem fundum , census , toca muntium , lona , 
immobilia cum mobitia, pecuniam, jura, et in Ewlesias, catws ccctesiastkos t a l taque 

loca pía, qum nomine dk mani-mohte nuncupantur, ele. 



§1. 

Por un efecto de aquel espíritu que ha introdu- 
cís facciones en el país de las letras, se ha 
• io hacer ahora un problema de tas facultades 
do los soberanos para el establecimiento di 
que prohiba la traslación de los bienes raices ó las 



iglesias, monasterios y demás lugares píos; quíe: 
decir t en estos cuerpos eternos de la sociedad 
vil, conocidos comunmente con el nombre de ma- 
nos muertas. 

No obstante que el pacto social t en cualquiera 
sistema de gobierno, ha reservado al arbitrio del 
que ejercita la soberanía el juicio de la 






^m 



^s^s^s^m 



la necesidad, 






JUICIO rMPARCIAL SOBRE 
'Onciade b que 

I ul pública y eq [o laa 

todas las cíase os, ha 

rsia la curia ro- 
parece ya temeridad y Ba- 
s , cuando el raa- 
I be estar en tolerar unas adquisi- 
las, que destruyan el patrimonio y 
i de loa seculares, y que al mismo tiempo 
ren la autoridad y el erario del Soberano. 
En 17&4, el sefior infante don Felipe promulgo 
<a Parata esta ley prohibitiva de las desmedidas 
.es de los exentos, impelido de la nece- 
ftfiad que manifiesta la entrada de su edicto con 
«ta «presión: «Eligiendo el bien público que se 
pcoga remedio á la ilimitada anuencia de bienes 
adquieren las manos muertas, las cuales, parti- 
¡alármente de un siglo á esta parte, se han hecho 
s de una prodigiosa cantidad de los mejores 
estados, ademas de 
qt¡r 1 1 de estaban dispues- 

á deferirse por las disposiciones ya hechas y 
f«s á su favor; después de un maduro exa- 
tanto se interesa el 
míos determinado n, etc. (1). 
S la curia romana reconociese al sefior Infante 
raoia de aquellos estados, ciertamente que 
a» labia menester el edicto otra justificación ; por- 
sama potestad civil formal ísim amenté no 
•«asista en otra cosa que en ordenar y dirigir las 
acciones do los subditos á la utilidad pública. Esto 
asa fin y esta es su definición (2). 
Todas las oblí s reyes en la legisla- 

u la conservación do las costumbres 6 los 
■tres , en la elección de los magistrados, en la paz, 
a la guerra y en el comercio, que explican los pu- 
MttJfftf (3), vienen á cifrarse en el cuidado de mi- 
rar en todas sus acciones por el cuerpo de la ropú- 
Ittea en común, para evitar que cuando promue- 
van una parte, las otras queden desatendidas (4), 

El i riel estado de la salud pú 

Iti e* - á los soberanos, con el consejo de 

.. ■ 

extraña voluntad (ñ). Y si se hu- 

Bac lis h»bf nttir apud [>. Cam ponían es, Tract. de la RegüM* 
mtrristthi*. «tp. it, uum. h. sub littera J. 

iota., t)e RtjftmtMc Pnncip., cn\,. tí, Regnum non est 

lar rr|en, ted m propter rc^num; quid ad hor Deus provt- 

Meé rcflbut, ni rfgimra repni arque gnbrrnetil, tt tinumqattn- 

pt ii • mi flota reflatnlij btc fiáis rt- 

el hnttines eufi>enrentnr per re- 

pta.r: < rommune bnnum ittt pir- 

Mosteo»* a rtlilo* booilatli . el »itut l»cus r priocU 

mtl propter nosiram satutem; ita 

ii reram domlnl lacere debent. 

PviYrna-, De Jur «a/ , lib. mi, cap. iv. 

reípübíka* pnrfecturl sunt, dúo 
*t» praecrpij leneaní, ul quiriqaid agón! ad tam referan!, obll- 
tanlrmm fuoram : alterum, ut i»ium Corpus reipul .-;, 

cariein iliqnam luentur. reliquas deserant. 
Tereot im, lib. vi ¡ Annat., cap, fin, 5. Non est 



EL MONITORIO BE ROÍ 101 

bieso de juzgar por alguna otra potestad civT 
tal de la justicia de las causas que mu 
sus resoluciones, vendrían i 
seculares la magistratura inferior , y la curia roma- 
na la suprema potestad civil, á titulo de tener in* 
tafee directo 6 indirecto los eclesiásticos Ó manos 
muerta* 

Si el ministerio de la soberanía no admite tal 
asociación sin ser destruido, ¿cómo m podrá dis 
putar al que está revestido de este supremo carác- 
íutoridad en un establecimiento á que le fuer- 
za el remedio de un daño público que experimenta 
en sus dominios? 

En Boma debe ignorarse la situación que tienen 
las cosas en Parma , y á su soberano incumbe so- 
lamente el cuidado de remediar Iob daños públicos, 
como que los conoce. 

Tu civm , patremque § eras ; 

Tu confute cune tu , 
Non UH¡ nec tita te movrant, 

Sed publica datan*. 

No obstante, á pesar de todo, la curia de Boma, 
sin negar la certeza del motivo , impugna el esta- 
blecimiento de esta ley, y por desgracia no falt 
rá alguno que disculpe su procedimiento, valién- 
dose de la controversia que la pretendida inmuni- 
dad de los eclesiásticos opone á los principes. 

A nosotros no nos es dable entrar de intento en 
una cuestión que es dilatada. Por otro lado , al pú- 
blico español nada se le puede decir de nuevo i 
ella; en un solo libro (6) qu< tro las ma- 

nos, ha visto casi todo lo que se ha escrito antigua 
y inodemamento en esta materia en todos los paí- 
ses, El ilustrisimo autor, no contento con haber re- 
cordado nuestras leyes primitivas, las que hoy < 
nos gobiernan , tas costumbres generales de la na- 
ción en todas edades, el fuero viejo y general i 
lajas taya* de Valonáis y Mallorca, lotpa 
ticu lares fueros de Sepúlveda, Cuenca, Cáceres, 
Córdoba, *Sevilla, Toledo, población de Granada 
y las cortes generales de Nájera y Bena. 
pasa á los reinos extraños, refiere sus leyes y u 
tos; al mismo fin examina con juiciosa critica Jas 
opiniones de los autores y mis fun -, y de 

todo hace ver al que no esté dominado de pasión 
que nada puede haber más digno de un monarca 
que se desvela por la feli 
al i ^tabli-cimicnto de una ley que impí 
sible desaguadero que agota las haciendas y pa- 
trimonios legos, que han de servir en si cuerpo ds 
los Reglares para la conservación del ¡ 



nsstrora Estimare qaem inpra rastro», et qulbui de eiusli 

i *ummuo rerum Joitlcíua di i defiere, oobu obíequi» 
f loria relicta c&t. 

ify Tratado de Ut HcoaU* de Amortando* del liu^lrhltno tenor 
D. Pedro Rodrifuea Campornaacs » flini del Cooiejor Cámara, 
Impreso en 1705, en íol. 



EL CONDE DI fPABLANCA. 



No sólo vía en esta eruditísima 

obra la armonía que tiene con todos derechos la 

ley de iin a, Bino que, por lo que hace Á 

< qiie no i puedo 

upa el ecl 

lar vígor y observancia á 
yes se que bau p D, siglos há, tan salu- 

dahli 
De esta clase fué la d do de la famosa 

>: «El departimiento 
que ye fecho de las tierras é de los monte* entre 
los godos é los romanos, en ninguna manera non 
debe seer quebrantado, pues t ser probá- 

is in los romanos non deben tomar uin deuian- 
dar nada de las duas partes de los godos t niu los 
godos de la tercia de los romanos, senon cuanto 

01 diemos, é los departimientos que £< 
los pudres, eos fillos nen so linaje non lo deben 
quebrantar,!) 

En esta constitución , los fundadores de la mo- 
narquía española, ajustándose en parte al regla- 
to con que puso el mismo Dios al pueblo esco- 
<n posesión de la tierra de la abundancia que 
le había señalado (1), aseguraron un orden cierto 
1 1 naneóte do las posesiones particulares en la 
república, que ha sido el objeto de todos los políti- 
cos para evitar los danos imponderables quo causa 
el amontonamiento de las riquezas en una clase 
privilegiada (2), 

Pero no nos detengamos en las reflexiones que 
nos ofrecía la amenísima erudición de este trata- 
do ; reservemos á sus lectores este gusto, insinuan- 
do con la brevedad posible las leyes modernas que 
prueban el uso de la regalía de amortización en 
Castilla* 

Es terminante la ley 231 del Estilo , cuyo con- 
texto damos abajo (3) , que prohibe á los eclesiás- 
ticos adquirir de los pecheros 6 de los hijosdalgo 
que vivían en behetría, que por esta razón no se 
distinguían de aquellos, sin licencia del Rey; per- 
i j dolos solamente a los hijosdalgo, porque en 
manos de ¿stos en aquellos tiempos oran las here- 
dades exentas, reduciéndose sus contribuciones á 
seguir el pendón real á su costa en la guerra, que 
por su frecuencia y continuación era una carga 

(I) JViíwrr,. cap. xin, 17, et cap. uro. 34. 

(i) D. Slmane.. llb. iv, eap, vm, De PHmogenÜ» t ex maltu 

(3) «Otrosí t desde «toe fué ordenado un las Cortes, que heroo 
feeha* en Castilla en Náxer» ; é otrosí , que fueron fechas en tier- 
ra «le León en Bcnavente , fué establecido en las Cortes del Rey do 
L».'on , que realengo nu pase á abadengo ; pero los hijosdalgo, lo 
que obie\cn en su» tierras, é lo que no fuese realengo, que fue- 
se suyo, fue establecido que lo pudiesen vender a las órdenes é al 
abadengo • maguer lai órdenes no bajan privilegio» que puedan 
comprar, ó que tes pueda ser dado ; mas ninguno otro que no sen 
hijodalgo, 6 que sea á fljmiaigo lo que obiere en el realengo, no 
to poeda venderá abadengo , ni comprarlo el abadengo, salvo si 
no obiese el abadengo, que lo pueda comprar, ó que leí pueda 
ser dado; y < o que «ea continuado después délos 

Otros revea, • Ley tít dtl Ettiio* 



un no se compensaba realmente con aquella 
franqi 

«demos persuadir en las leyes del Estilo 
más autoridad que la de un derecho consuctudin; 
pre es tfl opinión común, cuando está en vigo: 
r siempre acompañado de la autoridad del 
príncipe y de la aprobación y consentimiento d 
pueblo , es eficacísimo (4); y habiendo sido en 
paña general esta costumbre, en su restabl 
miento no se puede recelar inconveniente algún 

La ley « r >ü, título vi de la partida i es decisi 
para el i\- a estas palabras: «Mas si p 

aventura la Eglesia comprase algunas heredades 
ge las diesen hornos quo fuesen pecheros al Re; 
tenudos son los clérigos de le facer aquellos pech 
é aquellos derechos que habian á cumplir por ell 
aquellos de quien las hobieron; en esta manera 
puede dar cada uno de lo suyo á la Eglesia cuaní 
quisiere t salvo si el Eey lo hubiese defendido p 
sus privilegios ó sus carias.» 

Esta facultad de prohibir aun las enajenaciones 
que se hacían á la Iglesia por cualquier título, no 
obstante de ser con la condición de sufrir las mis- 
mas cargas reales y personales al tiempo de las 
enajenaciones, es formalísimamente la regalía de 
amortización* Y aunque el señor Gregorio López» 
en la misma ley, entiende la prohibición de las do- 
naciones que el Rey hiciese t ya se conoce que se 
resiste este pensamiento a] contexto literal de la 
ley, y que sin ofensa de la inmunidad eclesiástica, 
puede el Rey impedir la traslación de los bienes 
existentes en manos de legos á las manos muertas. 

Por fin, ¿qué otra cosa es que el efecto de una 
rigorosa regaifa de amortización, lo dispuesto en el 
auto acordado del Consejo, 3.*, titulo x del 13 
que dispone, para evitar las seducciones que Iasl 
mosamente se han experimentado con algunos ecl 
siásticos, que no tengan valor ni efecto alguno 1 
mandas y legados que se hicieren en las últim 

Piedades á favor de los confesores de los mo- 
ribundos, Ó de sus comunidades y religiones si fue- 
ren regulares? Si esto es así, si por un o 
justo se priva & estos determinados eclesiásttci 
de la adquisición efectiva en este caso, y la inm 
ntdad eclesiástica lo oye y lo ve observar sin i 
quietud ni alteración, ¿por qué se ha de ofetid 
tan lamentablemente de una ley que, según su 
pirita, no les prohibe absolutamente la adquisición, 
y sólo se encamina á mantener el buen orden de la 
sociedad ? 

\i) Pelma Suri., cornil. 76, ibí : Conauetndincm , non domináis 
tnventum , aed vita?, el lerapnrís autiiium, esse non ei regnarumm 
livtdino, terrore, el meto, sed et voluntario coniensu ob booum 
promiicoum paulatina producía, atque ia ilsf ütilitatís uuhor re- 
perla. Ramirea» De Ltg, retía, § 10, uuoi. tf. Consueludine* prios 
fuerunt m mondo qufcm leges, ideoque in principia potesial* non 
aunt, ut «lieebal Hildus, nec ptrtincntad legeos regiam, qnia ro- 
gali sceptro, imperíoque vetualiore* eiislunt, Leg. 3¡, De Lt- 
fíb. Inveterata consuemdo pro lege non ira mentó custoditur, el 
hoc cal jw, quoa dicitur monbos eooaUtutum. 



ra 

: 













\L SOBRE 

Adamas de eata obra, en que al público nada 1© 

leí señor 
del Consejo por lo crinan*!, 
respnesra que basta p:»ru desengañar a lo j 
preocu y que es digna do la 

c Ir que todos le conocemos (1). 

ió ya ne< 
tipo oii fundar la potestad de los ¡' 
pea para el miento do este género da le- 

yes. Tenía á su vista la obra del ilustrisimo Befior 
CemporaAn- sempeña este punto con tanta 

felicidad ; sabía que al Consejo, en el examen del 
ente que aun pende sobre este asunto, ni si- 
uiera se le ofreció duda acerca del poder del so- 
solamente, según nos testítica el sefior 
Momno , consistió el reparo que tuvo el prudentísi- 
ma del tribunal supremo de la nación, en 
¿laminar los medios de contener el daño de las ad- 
quisiciones indefinidas. 

A la verdad, sería enormísima la imperfección de 
la potestad legislativa, si no se hubiese de ejerci- 
tar en las leyes , m daños posibles 
centra el equilibrio de las adquisiciones, y hubiese 
tener la triste paciencia de experimentar el ex- 
de los abusos y de los danos , antes de pro- 
mulgar la ley que los remedie. 

Prosigue este sefior Fiscal, después do otras ob- 
servaciones iguales á la antecedente, y dichosa- 
mente descubre por testimonios irrefragab! 
antigüedad que tienen los clamores del pAbli 

r incesanl Jas iglesias y á los 

I monasterios las heredadla mal fructíferas del 
no T siendo los mejor "ice en esta 

cansa, los textos canónic - ecle- 

os, que en sus más - »nes se han 

i lamento de la diminución que padecen 
ana rentas decimales, por la continua traíistnigra- 
siones á las manos muertas privi- 
legiadas, 
A vista de las ilustraciones que logra el póbHeo 
acerca d* la materia de la amortización, seria muy 
ucraria la presunción de n Plantarlas. Pero no 
podremos dejar al lector sobre esto asunto, sin do- 
abra sobro la libertad eclesiástica, qae 
tanto h rodo el punto. 

Los autores qnc li el valor de desetn- 

bogar i an hallado otra cosa que 

una armazón de vagas é infundadaí decían 

las á ocultar los tri toe del 

o y suscitar vanos temores para ej re* 

A la verdad, la espiritualidad del cler 
á otra sociedad muy diferente de la ci- 








(1) gtjtrdimtt *>/ rtrrrtná* OHtf 4< Cntncñ ; rfnputtt* i$l *+ 
Ur M 

ap, Snkjectvm, <tt fleclm. Vette u roarescatidoa de la r»«- 
i it del reino de 16 de Febrero *e !7ae, calseid* #f» 
ti pin t jk. W j sif. del Memorial 4ti 0#4*p« i« 

Csou'tf, tJgoant. ímu. sí, páf. si. 




vil ; mas en los san 
como i 

franqueza 6 di 
su alto mínisk 

Fncra de las pruebas que ofrece el proemio de 

O discurso, y con que hemos \ ti de- 

recho divino lee ha impuesto en el cuerp 
de la . para los asuntos temporales, la 

misma indisoluble sujeción que ú los demás ciuda- 
danos, en adelante vendrá aún ocasión de confir- 
mar esta verdad por distinto capítulo. En el ínte- 
rin, para satisfacer á los que, faltos de instrucción, 
quieran censurar el dictamen de que les publique- 
mos subditos de las potestades supremas á los que 
gozan el sublime car , produci- 

remos el notable testimonio de un tan gran prela- 
do cual fu* san Juan Crisóstomo, que nos ha pre- 
cedido en el intento (3). 

£1 dominio de los particulares se debe templar 
al tono que quiera darle el aro Soberano, 

y esencialmente no pide otro 
las acciones que el legislador ¡ La razón 

es, porque como la naturaleza no ha conocido 'tras 
adquisiciones que ln n de un fruto 

que baste á satisfacer al apetito y a la pensión de 
ln vida, y como el derecho divino prese! 
ra mente de esto* afanen del mundo , sólo ai 
cho civil y al legislador toca reghi: ro pu* 

ramente temporal y profano, y limitar 6 a» 
los medios de adquirir comu aviene 

más á la salud y felicidad pública (4), 

De aquí se infiere que la |> 'le eneje- 

liar en manos muertas, mientras no 

ía real, es ana lirm; 

ic se hace sin la mei 

rinidad que las leyes han coartado las < 
liciones testamentarias, las donecii 
tos» y otros actos en que se ejercita el dominio par- 
ticular, y en que vemos por la historia de la legis- 
lación las mudanzas que inevitablemente ba intro- 
ducido la instabilidad de las cosas. 



§n. 

Respecto de los cclesiáf i rlnvía mu 

Oentti la ley de amortización. Sólo les puede | 
de la libertad do adquirir bienes sup 
lian menester sino para i 
traimiento rzoso para su c< 

> imperaior omnlbuj, et laterdotibus, et aanarhis non fa- 
ina vrt u bribas, Id »|uod ititla iin declini i 
clt; Om*U animé pvte*t*tihu xuprrnHmtntibut ilM 
st )po»tola«, ti evmgelltu, tí pro 
ru , ñeque entro putairm sobwtit itj toDjectlo. D 

D. Pñnt id Rea., h 

ifcnd , UcHr n«t t c . rj 3, llorólo* 
cap, iy.S 9, num. 5cto\ 









EL CONDE DE I BLANCA. 



otra conformidad siempre 1es queda una puerta 
muy franca para la unes, hasta el punto 

i lad, particular - 
( a en un reino donde es tan atenta y generosa 
la piedad, y que gobierna un soberano que raime 
en su amor y estimación á los eolesiAstieos, toda la 
virtud, coa que sus gloriosos predecesores convir- 
erigir iglesias y monasterios casi todo el 
i de sus largas y penosas conquistas , y nos- 
alcanzamos á distinguir una ley de esta 
ta, de las instrucciones que dejó el legis- 
lador divino al clero para su porte en este mundo. 
.is liberalidades de nuestros antiguos monar- 
cas nos hacen acordar la prodigiosa diferencia que 
la condui ¡oí del clero secular y regu- 

lar d a pos á la de los nuestros. Ocu- 

pados entonces casi todos los españoles en una 
guerra continuada, que ya era su oficio universal, 
ida dejaba pocas manos libres para 
el arado, y quizá era más que una sabia política 
agregar territorios y conceder montes y yermos & 
los paciñeos eclesiásticos. Según la historia, 
do más r< ¡j donaciones en un cu:: 

mero de habitadores, consistían los estados qua 
fueron en reinos de Castilla y de León. 

rdenej religiosas quo se conocían, eran agri* 
cultoras por su instituto, que, después de encomen- 
dar á Dios en el coro el prospero suceso do las hues- 
tes católicas, se retiraban al campo á proveerlas de 
■ubsiatencias. El clero secular, 6 seguía los pendo- 
nes, Ó no desdeñaba el honesto ejercicio de la la- 
•branza (1). Uno y otro contribuía al Rey por va- 
rios títulos, y sus riquezas venían á ser el único 
fondo del Estado de que dependía su manuten- 
ción ; y en tales circunstancias, y con las mismas 
condiciones, por necesidad ó por conveniencia, á 
ninguno de los seglares se les ofrecerá reparo en 
entregar á los clérigos sus posesiones. 



te leen con i tención las constituciones de lis órdenes 
monacales. recogida*, lof Lúeas Holstenio en el Coder Üeguíarum, 
■e bailara q ti < y tus olidos eran la ocupación tic los 

monjes; j (amblen se hallara en las disposiciones sucesivas, qué 
ei»ia bbraiují era dentro de la* cercanías det monasterio; pero sio 
en granjas particulares en que no hubiese comunidades formadas 
por evitar el ti tu prívadar, que ex- 

plica con Citas palabras ¡a lor 51, til. tu, parL i: «franjas ¿ en- 
comiendas tienen los religioso* de los monasterios por mandado 
de sus mayores; ¿ i las veces bar algunos de ellos, que por enga- 
ño del diablo, en teniéndolas, allegan haber de ta reatases 
•lucilos logares, é desjm paran los monasterios, é andas desobe- 
dientes por el mundo, é por las edrtes de los reyes, é en tas casas 
de Iaa otros ornes honrados; é porque santa Eglesia enlcndlú de 
la maldad de, estos tales que podrían nascer icandaloi deque ver- 
iilan mochos térros, luvo por bien santa Eglesia que los obis- 
pos en toviesen de esta manera, que los amo- 
nasen a so* monasterios; ó aquel haber que 
Ul Tal indicien en pro de aquellos logares onde lo 
ron por bien sus abades 6 los mayorales que 
Bienio no lo quisiesen facer, que 
las ob<'; 'Uí mayorales, que les apremiasen de 
sen de tornar a sus claustras. E si estos ma- 
psen apremiar de esta forma, que los obispos 
c da benefleio taju que tornea X »u orden. 



Cualquiera puede cotejar la diversa constitución 
de los tiempos en que vivimos. Ni el clero va o la 
guerra, ni es laborioso, ni las órdenes religiosas, 
aumentadas con tanto exceso, cultivan con sus 
manos loe campos contiguos á sus monasterios. 

Al contrario, los granjeros viven en poblado y 
se valen de seglares en cuanto lo pide su ínteres 
no contribuyen casi nada á proporción de 1 
gas que sufren los seglares, ni sobra otra cosa 
Bktftdci que i indadaiios miserables por falta de po 
seer haciendas de raíz, Pues ¿ qué razón habrá parí 
que no se trate de conservar en sus manos laa h 
redades y posesiones donde se empleen, para qn 
con su falta no crezca la miseria ? A f e que laa d 
naciones de los reyes á los eclesiásticos se iba 
reduciendo á p i que se extendían las co; 

quistas y que el reino se engraudecia. Menos 

cuentas y mis i leradas fueron las dt 

de Castilla que las de los de León ; y si se ob 
con cuidado, se verá que las adquisiciones de 1 
órdenes más modernas provienen en gran parte d< 
la sospechosa generosidad de un moribundo parti 
cular,óde la prevención de una fundadora poco 
instruida, de que pueden ser buen ejemplar 1 
guiare» de la Compañía. La ley del Fuero Viejo de 
Castilla impedía que lo:- ia de gravea do- 

lencias pudiesen hacer otras mandas que los nece- 
sarios sufragios (2) t y á ella es alusiva la qae se 
ha establecido poco há en Portugal. 

Cuando la ley de cuyo establecimiento se trai 
no fuera tan benigna para con los eclesiásticos, 
tan conforme al espíritu de sus funciones eepiri 
tuales, es constante que la libertad de adquirir que 
bfl puede corresponder en la pura representación 
de miembros ó parte de la república, no es más gttf 
una esperanza lúbrica y falaz, y un derecho imper- 
fecto , fundado principalmente en la pasiva apti- 
tud. Y á nadie le ha venido al pensamiento poner 
en cuestión que el Soberano, sin causa ni motivo 
alguno, puede privar á sus subditos de esta casta de 
derechos, ni de la de inhabilitarlos cuando le pa 
rezca, sin sombra de injuria é injusticia (3) , te- 
niendo en mira nada menos que la entera c 
vacion del Estado. 

Semejantes derechos miran á una esperanza me- 
ramente posible, que el Principe sin injuria rj 
subditos puede frustrar y reservarse, en uso de su 
dominio universal y eminente. Por una razón ge- 
neral del bien público, preferente á laa considera* 



(í) Las palabras del Fuero Vtejo j libré áe Ftuñét, sacado del 
códice antiguo, que estaba en la librería de Fernán Peres, señor 
de Batres, y reconoció Ambrosio de Morales, y forman el cap, m, 
dicen asi: * Este es Tuero de Casüella, que ningún home después 
de doliente ¿ cabeza-atado, nos puede dar nin mandar ninguna rosa 
de Jo sujo más del quinto; mas st viviere él é lo trajeren en sn 
parte á concejo ó a puerta de Iglesia, e non trajere loca atada, vale 
lo que dijere.* 

rotius , Di Juti RtU. tí Pan. , Ub, il, cap, l), | S. Clfgler., 
De Hrvk. Jfa/cjf. , Ufc. u f cap. m, g t 



se 

r, 
Obfl 






M 






1 3, de 
; minórales f de loa tesoros á loa m <n- 

lotaa (1), Y annq irenden a ! 

íes, jamas b 
ni las han c-reido contraria 

L eclesiástica t y lo n ffl las ros- 

íonce de loa están- 

r naturaleza es la esperanza 
do m tuedio del uso de la caza y de la 

posea. A M 

ajeno; la propia industria basta para l»a 
no obstante que son tan- 
toa loa estatutos y l¿i- lo proh ib 

nipos, y absolutamente en muchos siti' 

¡os, nunca se les ha 
8. tales providencias perjudican á sus 

y los demás que li- 
stan el dominio de los particulares •!• ! 
Ka parecido conveniente al legislador para con 
goír La utilidad pública , único móvil de sus reao- 
lockmee, Iub mira con quietud U exención de los 
clérigos, ¿qué razón puede tener para llevará mal 
i limitación más, igualmente potestativa en el 
rano, que sólo se distingue de las referidas en 
enignidad y en no ser absoluta prohibí - 
l derecho de adquirir? 
Cuando interviene la utilidad común, como bu» 
Cfda en Parara , no puede el Principe omitir la ley 
de amortización sin abandonar su obligación na- 
tural (3), A esta gran voz cesan los os más 
claro» de los eclesiásticos , según las confesiones 
de las mismas decretales de Bonifacio VIH (4). 
Pero no es ésta la razón que hace expedito en tal 
caso este negocio, sino porque entonces se veri- 
fica el motivo que inseparablemente debe ac> 
llar a todas las acciones de soberano , y logra el 
fin que requiere la justicia de las leyes (5). 

Eata es la mente del se&or presidente Covarru- 
biae y de don Fernando Menchaca cuando para su 
justa promulgación exigen este requisito (6). A es- 
to» dos grandes hombres no les asustaba la inmu- 

Pr«, Pere^lttm, part, ni, 1 í, oum. 4. 
f)e üonaHomb., lib, m, cap, vw, rnim. 44. 
• romanía utiiit.d» derelicito contra o.turam es!, GSHf , 

minu , i», et cap. A4vetiü$ t tu ; Db Imnunitétt Ee- 

r., Hb . i, De lnret¡¿ medicina nlt oportot pu- 

l ptoüíiici , niai quoil .d torpona utiiiutcm «pretal, quoniam 
tjqa caaaa rsi latUtati ; lie a kfíbua mi convenil arbitrar!, nial 
qao4 rnpuhiK*: coudscil ptoUSfdi quoolia cjus eaual »unt 
■natraba, 

\fi) U. Covanub , ln Hrltctwm. t cap. i>Q**e*t*r r 4* fíep- 

iirliaea, líe 

11S. m, S «f, mim ' 

asta o« narra titbuiorum , plus iquo B Ur i a T l ¡«icos, 

«aoruaa prrdia cu runa ad ccclnias, aut rccl< -mas 

. iiuebaat, terina et rquim case vidriar, ut wle.nl, &l modo 

liBl - ion cata auperiorcm , if Recital* diteniur cao 






EL MONTTOIUO DE ROMA- 105 

mdad ¡ue tenían bien entendida ; sa- 

que la arw bm acia es 

D orden muy superior, y diferente de los asun- 
mporales, como exp' nía claridad el 

doctor Navarro (7) 1 y sale desearon la necesidad, 
um* da Kofl DOHititqliyot de la ley justa, la 
cual ai pata permitir (5 contrade- 

cir las adquisicionea privilegia oo el estado 

de la d es que la 

• luí y paralelo 
de las nos muertas re- 

superfluo 
fca para cerrar la puerta, si in- 
tentase m Iquíri t i ríe causa justa, 6 á la ver* 
v abrir lan sticia. 
Si no so di;-.! n, podría caerse en error 
contra el bien público y en un mal irremediable. 
De esta ti ador abonado el 
: Juan Gutierres, eclesiástica mu ex- 
ceso del favor de los privilegios de su esta 
ponto á millones. Este escritor justifica el fuero de 
Vizcaya, que prohibe la traslación de los bienes que 
llaman dc ratt en aquella tierra, á las manos i 
tas ; pues expresamente afirma que no se opone en 
modo alguno á la libertad eclesiástica, é invoca la 
respetable autoridad del señor Covarrnbias para 
crédito de su proposición (8), 

La inmunidad eclesiástica, si no se distingue en 
su origen, es ciertamente un nombre vano y des- 
tituido de sentido en la sociedad civil, se pone eu 
con mucha impropiedad, de la cual ha na- 
cido sin duda la cuestión y la oscuridad* en esta 
materia, no porque los eclesiásticos DO I 
vilegios en la república, sino porque se debe dis- 
cernir al privilegiado del pri 
entender rectamente su naturaleza, no so ha i 
mar la denominación de las gracias del carácter 
del sujeto que las disfruta , sino de la mano que las 
dispensa, y siendo meras con cesiones de los rey© 
todas las que gozar ■ icos en el 

temporal, pide el agrada y la propi 

que nombren á sus exenciones y las agradezcan á 
nuestros augustos soberanos con §] titulo de reales. 
No ignoramos la repugnancia del clero, y n 



VfiYirr., fn tfonvst., eip, UfD a Dum, 130, qsirtí fderta- 
ratioi: Quod statucrc, ut nemo vead-t ana predi* ei, |«i non con* 
retU|*Ha , nou tat ei s« contra li 
rap., i)um~ 119. UnJe non dícíiur |is4 It*- 
tarrn m« Ijí<:¿ coquant* mollunt, íiiI -emljini clrrh .-i.s ju:. 

IM, qala ;>er se 
laalíl cal con- 
hominum, ttl ftuol aii • ngul.rc dkttua Ca- 

Htial. 

, l¡b. ut , Prtcttc, quaraí, 18, nutn, flt, ibi 
pro OSla. bociofum diccntium valere Irgcrn. |>< r <ju«iu iaJ 
ae bons imnmbilía tr^nsferantur in Crclrsiu io cas- 

aam , dura la rae a subsli lUquod mol 
ilaiuant ; quim op>> 

ttou, f thn, rol, ii t Lcg, tiltiufám 
»>* 1*9 . '|uibua per u. Courrub., ut n*f*l pttuasr^ 

- P . 5 *» nura, Un, lie regvl Jur,, ln 6. 






100 



EL CONDE DE FLORTDABLANCA. 



roas de la cana de Roma, para adoptar estaa ver- 
dades; su interés es muy conocido para r> 
vol uu tari am eut e á este reconocimiento; pero ello 
es que lo asegura nuestra ley de Partida en estos 
términos (1): « Franquezas muchas han los 
gos más que otros bornes, también en las? | 
ñas como en sus cosas ; éstas las dieron los empe- 
radores 6 los reyes , é los otros señores de la tierra, 
por honra é reverencia a la santa Eglesia, é es 
grande derecho que las hayan.» Y lo más conside- 
rabie, que si se niegan á recibirlos de la piedad de 
los príncipes f irremediablemente se deberían en tal 
caso considerar, en punto de privilegios tempora- 
les , como destituidos de ellos, porque ninguna po- 
testad espiritual os competente para habilitarles. 

No hay otro distribuidor de las gracias civiles 
que la mano poderosa y benéfica del Soberano. L< * 
cánones que se han hecho después que los princi- 
pes, por su devoción y amor filial á la Iglesia, lle- 
naron de franquezas á sus ministros, no tie&ejQ 
efecto ni fuerza alguna , ni la curia romana ni todo 
el clero junto tiene potestad de hacer estableci- 
mientos temporales (2). La que Dios lo ha confiado 
es de la linea espiritual y dirigida á la salvación 
de los hombres, como se ha visto al principio, y del 
todo incompetente y ajena de este conocimiento. 

Este asunto se trató, con motivo de las contro- 
versias de Venecia y Paulo V, magistralmente. La 
curia romana se vio precisada 4 abandonar el cam- 
po de batalla. No es materia que debe decidirse por 
opiniones de los curiales y sus adherentcs. Los bie- 
nes que se sujetan á esta ley son de legos, y seglares 
también los poseedores; ¿cómo puede negarse al 
príncipe temporal el derecho de establecer la ley 
suficiente á mantener el justo equilibrio entre lúa 
seglares y las manos muertas? Los más apasiona- 
dos sólo censuran la prohibición cuando es indefi- 
nida ó en odio ; luego dicen lo contrario cuando es 
templada y con el recto fin del sostenimiento del 
Estado , que son los términos de los estatutos Ó le- 
yes de Parma. Este es el verdadero espíritu de los 
escritores aun mas acérrimos, leidos con crítica y 
discernimiento. 

Nuestros mismos autores eclesiásticos más res* 

petables por su sabiduría y por sus costumbres se 

quejan ¿olorosamente de la lisonja que con el so- 

hreescrito de una falsa piedad apropia al Papa más 

justo en punto de potestad. 

El doctor Martin de Azpileueta, tan benen¡ 
á la Silla Apostólica, tiene esta queja (3), y el se- 



(I) Lef. 50, III. ?t, partlt. t. 

ít) Loebaser. t Trocí, át libert, Kccletl* CnU>. 

fli i-apa. ñeque totas omnlno fiera* jas babel de olla re 
lempo ralk italaendL 

Ip, Non Hctat, rír ¡of. ( f 3 P ibt; 

■ídem ul di)" imí tfregla vlrfnte alioqui pr*di- 

U tllai theoiofU** itter canonista, quorum nomina causa honorls 

ticte pnblice ttoeuRrunt e«n dlrentei m aeeeptsm Ifi IlfetUff 

pauta beucOda rcgrtn „ ai ea papa en conferret. Quod forte, *el 



en- 

po- 



e is 
ser 

5 



ñor obispo y pr i Oovarrubia 

repite (4), 

Jamas se ha ignorado en España la ineompeten 
cía del Pontífice para disponer de las cosas U 
rales. El ilustrisimo don fray Melchor Cano, que 
conoció la facilidad con que los curiales se fabri- 
can derechos y facultades; llevaba á mal queso re» 
curriese a Roma á solicitar indultos para contribu- 
ciones de loa clérigos, y otros actos que son pro- 
pios y potestativos de la autoridad soberana. Entre 
otros capítulos del célebre parecer de este grao 
prelado al rey don Felipe II, se explicó di 

, conociendo que estos ejemplares, hijos de la 
suma veneración de nuestros monarcas, podían ser 
perniciosos algún dia á la potestad suprema, y qu 
siempre eran dañosos á la misma Iglesia, por la 
razones que da este insigne y docto dominicano < 
los testimonios que produciremos adelante. 

Tratándose en el Consejo de Hacienda de hacer 
efectivo el indulto pontificio que obtuvo el sefii 
y emperador Carlos V para la venta de los vasa- 
llos de las iglesias, se opusieron fray Juan de Ro- 
bles y el abad de Sahagun, fray Francisco Ruiz de 
Valladolid, fundando con la autoridad de grandes 
doctores que el Papa no tiene ningún dominio en 
los bienes temporales de las iglesias ni de los ecle 
siáeticos, según refiere el obispo don fray Pruden- 
cio de Sandoval (5) , que es digno de copiarse en 
este paraje. 

&Kn el año de 1544 volvieron en el Consejo de 
Hacienda á tratar de lo mismo, y que le quitasen 
los vasallos ala Iglesia, pues habia facultad para 
ello;y fray Juan de Robles, varón insigne y noble, 
y de Iob mayores predicadores que hubo en su tiem- 
po, y fray Francisco Ruiz de Valladolid, abad de 
Sahagun, suplicaron de ello, c , s lo habían 

hecho ; y el Emperador quiso que fray Juan fie Rr 
bles le diese por escrito lo que habia dicho en voz 
y toé , que los bienes eclesiásticos son en alguna 
manera del Papa, pero no de todas partes para po- 
der hacer de ellos absolutamente lo que quísic 
según la doctrina de santo Tomas, en el 4 de las 
Sentencia* , dist. 20, cuest. 3, art. 3; porque el do- 
minio de los 1 •: | orales que poseen los ecle- 
icos no es del Papa, sino de ellos ó de sus igle- 
sias, y asi no puede el Papa transferir en nadie el 
dominio que no tiene, por lo que tienen todos los 
teólogos que el Papa puede incurrir en el pecado 
nnoníacomo los demás hombres, lo cual no 
seria así si fuese señor de los bienes de la Iglesia, 



alia almilla fueranlin causa quod fel, record. Pju* V müu «eroel 
diicrit Jurisconsulto* solitos esse plus satis potcstatis irihocre 
Papa, cui humillter respondí non omnes id faceré ; imn aliqu 
nimittio detrahere; sed medio eadcmquc recta viajara natural! 

DI eum humanís concillando» csse taf.idendaa, quod om» 
ntbus jiris ttiriusque professoribus perttoasutn iri, qaam maiitne 
copio. 

(4) I>. COTarrub., id cap. Ptceéhm , de Reput. jur, t Jn 6, f 9. 

(5) ttiitoria do Car ios V, lib. M t $ 33, el üb, un, 1 18, 



ian 
tna 









Jrr LRCIAL E 

i bienes qp 

, al fin 60 

;-€B»f jij, y no a >Juan 

Gtcaou declara uní} 

stskrr de los bienes eclesiásticos, en el (rata 
hita de t* Pote&tqtl eclesiástica, en !n 
rioo 12; y Guillermo Okan , 
tratado que hizo 22* potestak tummi /' 
prtuJu vii, alegando otro* doctorea en la opinión 
q«o s?igu. 

Qoedan, pues, como una mora merced do lo» 
principes supremos los privilegios y franquezas 
I goza el clero en el orden civil, Y asi como na- 
da es inÁs digno de un mooai Ixcq que ara- 
pha.rlaa con aqu [Uo pide la deli- 
cada concesión de privili ^ue recomienda 
Ul«> 'aO), «por eso hubo tneuest- 
peraxD*ti(<* para facer bien do conviene , como y 
caandor; nada le insta más en su conciencia que la 
derogación de cualquiera que pudiera tener el clero, 
y que el tiempo le hubiese vuelto intolerable, ex- 
oscilo y perjudicial ; porque el Rey ha de dar cuen- 
ta de La *d ion del público , que tiene á su 

10 Uf- 5. tu. i, par!) 



TCL MONITORIO BE KO»t/L \(ff 

L>iosnop4v> icaria con- 

legan- 

D Fernán (2), 

Por esa razón, en los bienes dfl los templarios do 

leo de Montegaudio, y en la§ temporal i da* 

des ocupadas á personan han usado 

nuestros soberanos de su regalía, por la devolución 

que se causa al cetro y origen de los dominios, 

que es el 8oberano ( como cabeasa de la república 

civil* 

Si es tan clara su autor i lerccho adqui- 

rido, mayor, por - clarase man 

para poner regla y modo en unos derechos que las 
manos muertas no poseen aún, ni ninguna de ellas 
tiene determinado derecho á poseer. 

(i) D. Ferdinand, de Mrndou , 11b. i, Ut Pact,, cap. ?, una* 5, 

ll esta) unías {lopQli . ?H .-'irtf.mnts poteslatem 

tianens iá traottmii. el issrtnistrsnes cjuj boas, si injuria, ?ei ig* 

Dor.iiilia , vei prava volúntate jlt<|uid ab oírtelo fibl commiio alle- 

uuw fecerU; irrltum ait, ti inane. Sic etiara princeps, quem me- 

IUCQ ri procuratarem vocal Plato, 
irjm Mrlftaia Saptfmitr, cap. vi, cura poicslateai Itabeat I Di-o, ad 
beuc, M beaté regeuduro, et cju.s uülitatem eamraiuiem inspioicn- 
saai, hoq Auu-m dlstipandaoi , si hanc patestatem ciredat injasta 
tegom quoaü s maiatiüiie, et prodiga f.rhiteflorum 

r oncessionc factam boc, at-que apud l>euw, el popalum fttum caso 



SECCIÓN CUARTA, 



Pmtercct in eodem Edicto pr<rcipicbatur t quod omnc$ qui in aliquo regulan ordine conmitu, mo- 
nasterio, aut congregatkne* religiosam profc&ionm emitiere voluit n suo- 
rumaejurium abdicativam renuneiationcm faceré tencrentur, reí si non facta, ote., etc. 






§ rfruco. 

A an no salía la naturaleza humana de un número 

i i vid nos, y ya Labia bol 
ue, conociéndose peregrinos sobre la tierra, ro- 
á los placeres y comodidades de la vida 
íta la sociedad, por ir á buscar en los de- 
siertos un lugar menos expuesto a los acometí- 
tos de las pasiones , donde no les ocupase otro 
cuidado que el de pensar seriamente en su arribo á 
la p?ii 

De estos hombres, abstraídos de las vanidades 

as y totalmente dedicados á Dios, de que 

hac© derivar el seflor obispo Caramuel (1) los in*- 

Ututos religiosos en su concepto general, jamos 

han f aludo en el mundo. En la ley escrita, los Mr 



i roa el, Ttothg* regufor. 
i. 10, ser totam. 




M Repiltm Stntti Bentttiit., 



«árenos, los hijos de los profetas, que habitaban 
juntos en comunidad, sin otra i que sis- 

bar á Dios y estudiar la Uy para la ensenan / 
pueblo, eran sin duda un -ioeos que 

sumo honor y considera- 
otan, 

pasaron en lodo 1*8 sombras 
a la realidad , J 

Hilariones y los Macarios tuvo princip 
;i y contemplativa; después se pi 
la vida motl tmentos que loa han 

dado, ya los obispos, como san Basilio, san Agus- 
tín, san Fructuoso, arzobispo de Braga, san Isido- 
ro, arzo los | illa, y san Leandro, paralas 

rubros dest 
de guia y de luz en el camino do 
angélica, 
ll que se resfriaba un el claro oí f 
de sus obligaciones, ae multiplicó el estado religio* 



108 EL CONDE DE 

so, con el fin de ayudarle en sus funciones; de suer- 
te que vino á componer el monacato dos clases dis- 
tinguidas , con el título de monacales y mendican- 
te*; una y otra de grande provecho y utilidad á la 
Iglesia. Las exenciones de la autoridad episcopal 
en muchos puntos, y la adquisición demasiada de 
bienes temporales, han sido los dos escollos en que 
principalmente se ha tropezado ; pero en este últi- 
mo punto con bastante diferencia. 

Los monacales, que no quieren distinguirse del 
clero secular sino en la profesión de una regla más 
estrecha, y que pretenden , no sin fundamento, que 
era entonces promiscua la opción , á imitación de 
la disciplina de la Iglesia oriental, de los oficios 
del claustro á los de la catedral (1), pueden poseer 
toda especie de bienes y de riquezas para mantener 
sus individuos sin ofensa de la pobreza religiosa, 
que por un voto solemne cada uno abrazó. 

Es verdad que las haciendas de los que entraban 
en el claustro á profesar la vida monástica, ó que- 
daban á los parientes, ó se vendían para dar sn 
importe de limosna á los pobres. Los bienes raíces 
que poseían los monasterios estaban colocados, 
como ellos, en desierto, y allí los monjes, con sus 
propias manos , se cultivaban el alimento, sin ha- 
cer granjeria ni tráfico alguno de sus cosechas. 
Este retiro y desinterés eran la divisa del monaca- 
to. Aun hoy estas comunidades, en lo general, se 
contentan con los bienes de su primitiva funda- 
ción. 

Al principio, los mendicantes , en común y en 
particular, sn primitivo instituto los hacia inca- 
paces absolutamente de los bienes raíces, y sola- 
mente libraban su subsistencia en el fondo ina- 
gotable de la limosna y de la piedad. Pero en el 
concilio de Trento lograron la dispensación para 
que sin pérdida de sus privilegios ni del subsidio 
de la caridad , pudiesen adquirir raíces hasta la cuo- 
ta necesaria para mantener sus individuos y comu- 
nidades respectivas, con la limitación y variedad 
que les prescriben sus peculiares estatutos (2) y 
pactos de fundación. 

De esta suerte, en la realidad mudó de sentido 
el nombre de mendioantes ; se han enriqueoido al- 
gunas órdenes religiosas que tienen este primitivo 
Instituto en todo su rigor, y la imitación exacta de 
la conducta temporal de los apóstoles quedó reser- 
vada á los hijos de san Francisco. 

No hemos traido al medio por suscitar envidia 
una noticia que nadie ignora ; sólo nos ha movido 
é esto recuerdo la renuncia extintiva y abdicativa 
que el gobierno de Parma impuso en este capitulo 
de su edicto á los que van á profesar en las órdenes 
religiosas, porque con la confrontación se pueda 
juzgar de la conformidad que tiene esta ley con la 

(I) lo». MablU., Ib ni Geni*. J»«fy. 

(* CodcíL Tridtflt» mm. 15; t>$ JUysJ., eap. ib. 



FLORIDABLANCA. 

sistemática constitución de las órdenes, y que en 
las mendicantes la dispensación de la absoluta in- 
capacidad de adquirir, otorgada por el concilio, 
fué muy restricta, y jamas con el fin de impedir á 
los principes el derecho de arreglar las renuncias 
y adquisiciones como materia puramente tem- 
poral. 

La consideración sola del instituto regular lo 
bastó al emperador León para reputar por indigna 
del desinterés de los religiosos, la opinión de que 
el monasterio, por cabeza y titulo de sus indivi- 
duos, debía percibir sus bienes. No hallaba camino 
este monarca del Oriente por donde se pudiese com- 
poner que abrazasen esta doctrina los que hacían 
profesión del desprecio de las riquezas , ni menos 
entendía cómo podían dejar de Ber responsables á la 
humanidad los que olvidaban al pariente ó al amigo 
menesteroso en la disposición de su herencia, por 
transferirla á los monasterios, y cómo les podía ser 
á éstos decorosa su aceptación ; repugnancia que 
elegantemente ponderó el Patriarca de Constanti- 
nopla (3). . 

La adquisición de herencias á los monasterios se 
opone á la perfección evangélica, que recomienda 
la atención á los parientes, mirando como étnico 
ó gentil al que los olvida; y en su defecto, subro- 
ga á los pobres para que en ellos se distribuya la 
propiedad de las haciendas vendidas, no por el mo- 
nasterio, sino de orden del que se retira del mundo. 
De aquí es que el derecho divino no autoriza la 
máxima de los tiempos oscuros, de que manaste- 
rium hábetur locofilii; antes de él se deduce abier- 
tamente todo lo contrario, aun gobernándose por el 
literal sonido de las palabras , cuando la caridad 
con los parientes, y sucesivamente con los verda- 
deros pobres, no fuese de una excelencia prefe- 
rente. 

Es, sin duda, conforme al desinterés de la profe- 
sión monástica, que no se pueden proponer los ad- 
miten tes, sin delito de simonía en la admisión de 
un individuo , otro ínteres ni otra esperanza que la 
de ganar á Dios un siervo más , y á la Iglesia un 
operario. Pero cuando les fuera licito otro pensa- 
miento, la ley es justísima en su raíz, conforme al 
Evangelio, y en nada agravia la libertad ó preten- 
dida inmunidad eclesiástica; pretexto general do 
los curíalistas y del cedulón de censuras de 30 de 
Enero. 

El que va á entrar en religión está precisado á 
desnudarse enteramente de los bienes, que ya por 
su profesión no puede retener, como incapaz de 
peculio; debe disponer de ellos con la suprema vo- 
luntad que cualquiera que lo ejecuta en los últi- 
mos períodos de la vida ; porque su profesión es 
una muerte civil, la cual en lo forense no tiene 
menos eficacia que la natural para quitarle la es- 

(3) NotsU. 6, ¿qpjrt¿¿#«ifc. 



JUICIO IMPARCIAL SOBRE 
olver á entrar en el loa y extinguir su 
. esta cía ¿ue sólo se 

¡ornen de loa demás en la lo ser teati- 

el cumplimiento de sus disposiciones, le pue- 
de señalar un heredero la suprema potestad ei- 
ijo de la cual existe absolutamente ante» de 
la profesión solemne , y excluir de su herencia á 
los que le parezca que conviene, sin causar 4 nadie 
injuria, aun en la opinión de los que hacen descen- 
der las facultades testamentarias del derecho na- 
tural (1). 

La inhabilitación de las comunidades para su* 
ceder en los bienes de sus individuos esc test' 
6 ab iiitettato, es uu establecimiento que no se in- 
troduce en odio ni por perjuicio del estado regu* 
lar, sino puramente en favor de los pariente 
la conservación de los bienes dentro de las fami- 
lias; cansa que, como se ha visto, tiene declarada 
la preferencia en el derecho divino (2), y que las 
damas legislaciones también han antepuesto y pre- 
ferido constantemente 4 las iglesias y á los monas- 
terios , porque al ñn el derecho de la sangr> 
4 en favor la naturaleza y la Escritura; la comuni- 
dad sólo una epiqueya de derecho positivo en sub- 
sidio y falta de los que por tantos títulos son 
acreedores á retener en la familia estas haciendas 
de los que van á dedicarse con perpetuidad á la 
vida común. 

Nuestro derecho español siempre ha sido con- 
trario 4 las leyes de Justiniano, que daban ce- 
sando renuncia, á los monasterios la prelacion en 
los bienes de sus ind guiares go- 

maban entre los godos la libertad de hacer testa- 
mento y disponer de sus bien. 

i es hasta el séptimo 
i heredero el monasterio ab inte* tato, como ex- 
literalmente la ley del Fuero Juzgo (4): «Loe 
igos é los monjes é las monjías, que non han 
e redado hasta séptimo grado, é non mandan nada 
de aos cosas, la Eglesia, á quien servien, lo debe 
haber todo, m 

£*te texto, aun en el final, puede entenderse de 
que el derecho d n subsidiaria de las igle- 

sias versa en loa bienes adquiridos intnr 



lun., Dí üonattt>Mbu* Jkjfü.lib. ui.eap. ivi.mnD. 3. 
SeJuBter , J%ri*prutí. psfr/Je. univen. , |ib< ut , i 3, $ *, 

prr M. 

/ i , a*t Tim>- m i Qul stiorum tni- 

limr dome&tiroruLD curam uon habf l, Mera nrgavit, et e»t InOdelí 
ftltnnr. h*ur t t jp i Con ildrrl* nudum , 

el careen» tvtfl ■■ u», h. Tiiom., J t i, aus**! 

|\afiiftt. t itrm 53G, num •'/», relítuí m rap. 

Qtéeum , *uli tStattt- 

redem foeerc Kceluiíia, oji-mi alterum SSl 
c»\k muí, Ibi: I'- 'lorairs- 

tixii pnnutai profer , paftiiibu», fratrl- 

ii chimum pcncult imbltum, cr 
.ití. iv, del /Wra Jm$9, 



EL MONITORIO DE ROM \. if)& 

según la expresión, la Eglesia^ á quien servien, y 
que los patrimoniales 6 familiares no están en este 
QSSOí 

Cuando el orden de verdadera caridad, el impul- 
la sangre y todas las demás razones que han 
juntado los que han escrito sobre la preferencia que 
debe tener la parentela, y aun los pobres, respecto 
de las iglesias, no hicieran esta ley tan justa y pia- 
dosa, bastaría para cortar radicalmente los pretex- 
una falsa piedad, la razón de conmiseración, 
que da la ley de Partida (5) : «Ca si algunos qui- 
I dar por Dios alguna cosa, que to viesen parien- 
tes pobres, antes lo deben dar á ellos que noá otros 
extraños T et non por sabor que hayan de facerlos 
ricos , mas por darles con qué puedan vivir é que 
non hayan de facer mal ; ca mas vale que sean ayu- 
dados de sus parientes, que non que anden con gran 
verguen/ > a los extraños, o 

En el interés reciproco de los que ha unido entre 
sí la naturaleza, está envuelta la utilidad de la pa- 
tria, primera obligación de los soberanos, y 4 que 
deben sacrificar sus derechos los particulares; por- 
que, proveídas las familias, se asegura la prosperi- 
dad pública del Estado, que depende de distribuir 
los bienes entre los vasallos, de modo que la mi- 
seria no los oprima, para enriquecer superfina- 
mente á unas comunidades , á quienes daña la abun- 
dancia de haciendas y es causa de su relajación, 
distrayéndose sus individuos, con esta ocasión, en 
pleitos y negocios seculares. 

Es verdad que algunos escritores eclesiásticos 
favorecidos de las constituciones de Justiniano, 
lian querido poner i iversia la justicia del 

estatuto que prohibe la sucesión de las comunida- 
des regulares en los bienes de los que profesan en 
ellaB, capitulándole ú recho divi- 

no y 4 la i y de que aparta 4 los hombres 

de abrazar la vida religiosa* 

•tí torea apasionados ha satisfecho muy 
particularmente el célebre Josef Lorenzo Casa Re- 
lanifestando la calumnia de su acusación en 
todas sus partes, y con especialidad haciéndoles 
ver que no puede influir cu el desvío de la vida 
monástica el pensamiento de los bienes témpora* 
les; debiendo por su inspiración abandonar toda la 
idea sobre este punto el que se determina 4 elegir 
la mejor parte , pues por si se enajena, con la pro- 
fesión, de toda esperanza de poseer (6), y le es in* 

(5) Le jr. 7. Ut mu, pitM. L 

Iflj Ciii Reí i», id SM*i< J***fni. ie Sueetitíom. §b htttL t 
| NaiCMtuí ft frmimf, num. i> SlUmcn In jare nnslro lombfUlrnfl 
eít; *rd contraria áptítí not úmnía Iritmnnliú , ac rttpubhcar^ rt 

.¡ut. i, irutu. Sí», Jdcro. in 
| H<mc%tu* tt firminá^ num 1L \ltamffi ei pn.bílu 
e rrcrplo foffílsítns irrnbilis 

BOS r?t, flieilaa % lf| ;»ifiir>ti¡r, ab hujosmcMi 

rallbas j.h ex divina I tupi rulots >m ro- 

en partera HiftfC determínal, rctrthrndutftt 

■ iit'iium. ii qtiíbu^ omnibiii «lle- 
nura iu %ü Tcúúil, c»rg raque iacapicem ic htkU usde f\ 



110 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



diferente dejar la hacienda á la parentela, á los po- 
bres ó á su futura comunidad. 

Este mismo autor hace ver que la Rota romana 
en sos determinaciones ha reconocido por piadosí- 
simo y muy justificado el edicto de que se trata» 
El doctísimo Ziegero Van Spen, que ha tratado la 
materia de raíz, bien distante de haber hallado que 
pudiese perjudicar á la inmunidad eclesiástica se- 
mejante ley ó estatuto , que antes bien tiene á sn 
favor las letras sagradas y el orden natural de la 
caridad , concluye con la expresión de que no ha- 
bía sabido que alguno hubiese presumido acusar 
semejante ley de ofensiva á las exenciones eclesiás- 
ticas (1) ; pues que, como se ha visto, ningunas 
hay que no sean contrarias á la idea de los inmu- 
nistas. Tan lejos, pues, está el edicto de Parma de 
ofender la inmunidad , que antes es abuso de ella 
y de las divinas letras querer posponer la causa 
de los parientes y del común á los intereses bursá- 
ticos de las manos muertas. 

El que alega inmunidad , la ha de probar deter- 
minada y específicamente. El concilio Turonense 
mira como simoniaco todo lo que se recibe con pre- 
texto de admisión al monasterio. ¿Donde está, pues, 
la inmunidad pretendida? 

El que desea profesar está bajo la autoridad civil 
en la testamentif acción. ¿Quién podrá disputar al 
Soberano el derecho de establecer la regla directi- 
va de las instituciones con preferencia á la fami- 
lia? ¿Con qué cara se puede tachar de contrario á 
la inmunidad de la Iglesia lo que es conforme á la 
doctrina apostólica? Esta doctrina inmutable no está 
sujeta al capricho de los inmunistas y curiales. 

Es muy cumplida la justicia y seguridad que tie- 
ne el edicto de Parma en el consentimiento gene- 
ral de todas las naciones, para que nos ocupe más 
tiempo ; sólo se debe notar que si la suprema ley 
de la salud pública exige que las adquisiciones de 
los regulares se coarten y se limiten, no se po- 
dría omitir la circunstancia de inhabilitar á las co- 
munidades á la sucesión testada ó intestada de sus 
individuos; porque abierto este camino, que es el 
más frecuente y regular que traslada los bienes en 
las manos muertas , se inutilizarían los demás ro- 



eonmodnm non est proprlam, sed conmanltitli tel rellslonie, vt 
dteit cardinal, de Loca, De Legitima, díte. M, nom. 10, etc., etc. 
(1) Van Spen, Jur. untoere. eeeletiatL iiueriat. ée Pecui. rcü- 
#<•#*., part n, cap. u, | final., per loU 



glamentos que pueden tomarse sobre conservar en 
las familias las haciendas y caudales. 

Reiría muy imperfecta la potestad del Soberano 
ai se le negase la autoridad de poder mandar por 
ley lo que el novicio puede hacer en su caso. El no- 
vicio puede excluir al monasterio, dejando á pa- 
rientes ó extraños sus bienes, y al Príncipe quieren 
los curiales negarle la facultad que tiene el parti- 
cular. Si la pretensa inmunidad (voz en este caso 
vacía de sentido) estuviese á favor de el monaste- 
rio, el que profesa la violaría instituyendo á pa- 
riente ó extraño. La verdad es de suyo sencilla y 
se funda siempre en la equidad. ¿Cómo cabe, pues, 
sostener por privilegio é inmunidad lo que es tan 
claro á la verdad y máximas esenciales del cristia- 
nismo, y aun de la conservación del Estado? 

No puede menos de causar extrañeza que la cu- 
ria romana haga ahora alto sobre un punto que, 
habiendo sido una de las resoluciones que tomó la 
república de Venecia en 1605, al tiempo de susci- 
tarse las diferencias con Paulo V, no se hizo en- 
tonces el menor reparo ni atención sobre este par- 
ticular, ni, por consiguiente, influyó en la disposi- 
ción de la curia y del Senado (1). 

Dejamos al juicio del lector decidir si hay contra- 
riedad de principios. Los soberanos, desde el naci- 
miento de la Iglesia, están en posesión de arreglar 
estas disposiciones, y no se lee otra que autorice á 
los curiales para arrojarse á revocarlas, ni aun para 
contradecirlas. 

Las órdenes religiosas se aquietan tranquilamen- 
te á estas leyes, como que conocen la justicia y la 
necesidad ; y la curia , sin saberse por qué, siendo el 
asunto temporal, excita los vasallos de Parma á la 
inobediencia de lo que manda su soberano. Oh 
témpora y oh more»! ¿Qué dirían san Dámaso, san 
León y san Gregorio, que leian las leyes imperia- 
les en la iglesia romana, y las comunicaban á los 
eclesiásticos, contentándose con representar á los 
emperadores si algo encontraban digno de expre- 
sión? Produzcan los curiales ejemplo de estos ce- 
dulones ó monitorios en la antigüedad y tradi- 
ción constante de la Iglesia. ¿ Por ventura ha em 
peorado de condición la soberanía en sus preemi- 
nencias, por estar dividía en más príncipes, ó por 
tener también soberanía el sucesor de san Pedro en 
sus estados? 

ffl D. Campománes, De la regaña de amortización, cap. x, 
nám. «7. F ' 



SECCIÓN QUINTA. 



In altero autim i 13 Januarii anni 1765 Parmtz tímiliter promúlgalo, jubehatur, ut minia 

bona, tfiw in postrante generaii Mi Pm ¡ralis, sub 

¡tur, aíque proptervd twmihus, íám ordinariin quámexiraor- 

irtú cotlcctis et oncñbus de eo tew¡ ¡(em panter deinceps forenl £*- 

i , etc. 



§1* 



La potestad de exigir tributos y contribuciones 
de loa bienes do sus subditos es sin duda uno de 
loa adornos más distinguidos en la majestad, y en 
que consiste su recoi ro apenas se de- 

en la corte de Roma el proyecto de adquirir 
et absoluto dominio temporal, y la perniciosa doc- 
trina que le favorece echó algunas raíces, cuando 
se apoderó de los corazones de algunos inmunistas 
al espíritu de in tapo, hasta 

al menor de sus individuos, no sólo se 01 

r privilegio divino, de todas tas obligacio- 
nes que nos impone la sociedad civil. Bino de la 
sujeción á concurrir en lo que interesa al Bey y á 
1 i patria. 

No contentos con romper el nudo de la subordi- 
nación en cuanto á sus personas, los aut 
nueras y antievangélicas máximas pas 
locar el ídolo de su pretensa inmunidad en bus bie- 
nes, rentas y posesiones ; y el nombre de g 
pecho 6 tiibuto se hizo tan horroroso á los ecle- 
siásticos, que ya no le podían 
y sin un levantado grito de que el san tus r' 
á violarse en lo más Íntimo, y el arca a derribarse 
?rra. 

En otros reinos y provincias fuera de España es 
rio ti do se arraigo mas este fanatismo. No son creí- 
bles las interpretaciones que han empleado los in- 
>or j»or todos respetos, realew 
l ano A 
ios ecl carnet i eos, sin perdonar n> 
■ion q o ser favorable para fijar su 

, en la Cnltceton /< 
es que se ha publicado de estos hechos (1), en que 
os de admirar el calor qi porra int*- 

r&¡ q ¡oylacfji [ue sostuvie- 

ron los magistrados «me providencias para mante- 
ner no w de la real dignidad y del 

estro clero español puede haber oído con gns- 



in det fntf* t i[*t mónifcMeni \f tiiUmt 4* independen- 
lqnn ont opitti data §tt dtfertn» ttettti aui principa 
(srartattai de tn fnttéct tuuentiut du rc*y, etc. , 17S3, 



to la lisonjera doctrina que exime en un todo á 
los eclesiásticos de la natural sujeción que deben 
á su soberano ; pero su porte y conducta ha sido 
distinta. Le haríamos una gravísima injusticia si 
no confesáramos que aun en sus pretendidas exen- 
ciones ha relucido siempre el amor á bu soberano 
y el reconocimiento á su monarca. 

En España, los más de los obispos, abades é igle- 
sias tienen del Rey en feudo diferentes tierras y 
señoríos, que les impone la especial sujeción del va- 
sallaje, que se extiende á contribuir al Bey en la 
paz y en la guerra, y á las demás obligaciones que 
explica Fernando III el Santo con estas palabras, 
en un privilegio concedido ul Obispo de Tuy, en la 
era de 1288, A. C. 1250: s Y el Obispo es mi vasa* 
lio por la ciudad de Tuy, y fizóme pleito y home- 
naje, v puso las manos entre las nuestras ante mi 
K*rra y pa«, y darme mo- 
neda y conducho, como lo hicieron los obispos pa- 
sados mi padre I (2). Y no podían se- 

I esterna de independencia, imaginado en otros 
países, sin olvidar el vínculo del homenaje, tan sa- 
grado á que ha sustituido el ju- 
m generalmente hacen hoy dia todos los 
obispos antes de entrar á tomar posesión de su silla, 
en estos reinos y los de las Indias, conforme á la 
ley 3.*, titulo ni di 1 libro i del Ordenar 
promulgó el señor rey don Alonso XI T y que des- 
pués continuaron loa Reyes Católicos en las corte. 
«la ley 13, titulo ni, li- 
■ 

¡oto, que les liga tan fuerte é indisolu- 
blemente i d que 
empeñó á sus pr m en el ser- 
vicio i es, del modo que nos lo representa 
la historia. La prontitud con que en todas oca- 
acudieron al real servicio con sus personas y ha- 
cienda > monarcas á que les 
considerasen, v lero,como auna buena y 
distin Jos demás subditos, que lejos 

isar en inmunidades imaginarias ó excesivas 
(porque no se excluyen las templadas y justas)? 



ftl Ríflrre eUS prhilrgto Sífldotil, en II Réttori* dt ü 



m^M 



■ 



Itt EL CONDE DE 

m una honrada vanidad de suaujecion y 
¡ento al trono. 
Creemos que el día de hoy hay poco que fatigar 
paila el discurso , donde el bien público, el 
i al Soberano y á la prosperidad común ha- 
cen los votos comunes de toda la nación , así de 
eclesiásticos como de seculares. Este reconocimien- 
to está patente, no sólo en nuestras crónicas y le- 
yes, sino también en las mismas decretales (1), 
Por estas consideraciones juzgamos muy >li 
á los individuos del clero secular y regular de Es- 
paña , de adoptar la especie de inmunidad real qoa 
patrocinan los curiales de Roma en sus letras 6 ce- 
dulón, que da motivo á este discurso. 

Se debe, en primer lugar, para desarmar el aparato 
voces del monitorio, correr el misterioso velo 
i los curiales sus pretendidas exen- 
ciones. Nada les es más familiar que poner el res- 
le sello de cosas sagradas á las posesiones y 
bienes de mano muerta, que se quieren someter al 
pecho y á la contribución. En los libros, en sus de- 

1 y en toda suerte de escritos las nombra 
oes y patrimonio de la Igletua, y al instante ade- 
lantan (como en el breve de la curia román 

;iere hacer esclava á la esposa de Jesucristo. 
Esta es una ponderación grosera, que han inventa- 
do para sorprender, contra el precepto de Jesu- 
quíE 8unt Cataría Orneari; ó 1 ' 
lo que le toca. Importa mucho desengañar al 
publico en esta materia , para que los curiales no 
en insurrecciones. 
La Iglesia se puede considerar ó física 6 real- 
sí misma, ó bajo de aquella abstracción 
pon que distinguen los juristas el cuerpo de sus 
Uros y la universidad de todos sus indivi- 
duos, y por ninguno de estos conceptos disfruta 
bs ni goza otro patrimonio que el reino 
ib. En el primer aspéate Rolo es un cuer- 
tafísico, que no tiene movimiento ni a 

¡ritual, y en el segundo sólo es la 
ion de loa fíele», que militan a sus pro- 
as, para adquirir la herencia celestial, 

en común 
r, por razón de hijos de tan santa 
no fuera asi, y la Iglesia gozar 

: i >a acreedores á él por 
porcional. Sólo las limosnas y 
oblaciones adventicias eran en ios primeros li- 
nio de los ministros de altar y de los po- 
para cuya distribución fueron cread 
los apóstoles. 
La adquisición de bienes raíces ó i sa en n 

que dotar los m inistros dependió de la liberalidad 
de loi y reyes, permitiendo ú loa igle- 

sias su adq , luego que por sus edictos y 



ti». £j iratumiMti 9 de Judien* , w j». Verum, 



mtcn- 

glo«4 

curia- 

testas 

i pa- 

ado- 

qua 

n 



tos, 



FLOBIDABLANCA. 

es la consideraron como cuerpo lícito en el im- 
t abrazado el cristianismo gustosamente en 
él. Lo mismo hicieron los godos en ana leyes, res- 
pirando esta habilitación secular un reconocimi 
to con las iglesias por muchos aigl 

favor del trono inconcusamente, sin que los c 
les turbasen á nación alguna ni á soberano en 
interiores disposiciones de gobierno; antes los pa 
pas mismos publicaban, de orden de los emperado 
res, las leyes que pusieron límite al desorden que 
aun en los primeros tiempos se observaba resp< 
al uso de loa privilegios de adquirir, concedid 
las iglesias. 

En una congregación religiosa como la Iglesia, 
que tiene por objeto formar al hombre interior, no 
había necesidad de fondos ni de bienes del mundo. 
El oro y la plata, estos codiciados metales, sólo 
o de embarazo, y se deben abandonar para 
buscar el tesoro de los cielos (2). 

Es verdad que en la Iglesia debe haber minia* 
trdfl que sirvan al altar y que cuiden de la predi- 
cación y de la administración de los sacramentos 
que es el dote inestimable que la dejó Jesucristo 
la tierra ; pero no se deben confundir Iob derec 

do el cuerpo ú del templo con loa del sacer- 
docio, ni esta porción escogida se ha de juagar que> 
es el todo. 

Para esclarecer esto punto, en que ha 

■nes el interés que la ignoranci, 
llegar á conocer con claridad loa derechos 
Iglesia y los de sus ministros, conviene reflexi 
su esencia y constitución. Este cuerpo, todo eap 
tual , que se compuso de individuos de las sociedci 
des civiles, perfectamente constituidas, tiene ob- 
jeto mas superior que los afanes de la tierra. Su 
fundamento consiste solamente en la unión de 
fe, que es el único ña que se propone ; d este 
tro se dirigen y al mismo vuelven todas las regí 
de su gobierno exterior ; todo lo demás que no ea 
ta línea es ajeno de su inspección. El mismo 
LO fundador de la Iglesia declaró expresa- 
mente que no venía á tomar conocimiento de Jas 
legislaciones del mundo, ni á otra cosa que ala 
obra de su salvación (3). 

a indiferencia que la naturaleza 
mira la riqueza y la pobreza y los demás orden* 
de la jerarquía civil, la gran excelencia de nu« 
•n consiste en ser compatible 
cualquiera de los sistemas justos con que se 
u los hombres, sin introducir 1* mis I 
novedad y alteración en los estados. En una p 
bra, la ley del Evangelio es una ley que no 
impone vínculo ni obligación sino en iai 



sí *is stffselfli rsse, v»tle, Tfiidr qu¡n hubcs, et <!* paop 
bos , I «tasrsai m «tiílo: el veftt, wauere roe, VtalJ 

cap, SIS, Y. íl. 

n mfcit n>u* Pilitim stiuní in tnun<1um,iif Jin'hvt mundo», 
6Cd IllaJteiOi HiurtdüS |icr i|i&uiu. JuiU., Cap. (i I, Y. 17. 




ejílas 




JUICIO TMP SOBRE 

un; dejando todo lo demás ií 
ranos , que poi 
fiMO'i enen este encargo, como adm i 

wer» T i santo Tomas (l). 

la sociedad espiritual de la Iglesia, el 
t , ia porci la y el orden s* 

i ene sobre los legua, que forman el i 
mo, la eminenr tinción {2 

era, sino que al rden está conce- 

el gobierno y el ministerio de todo el cuerpo, 
iráetcr está unida la autoridad para dirigir á 
[io dulce y amable de la persua- 
dí de fuerza ni de poder coactivo, 
de las pretensiones de los curiales, 
a san Juan Orisóstonio con tal claridad, que 
'ergi versarse aun por aquellas sutilezas 
ts con que? bc suele oscurecer la verdad (3). 
en la sociedad espiritual son tales los 
egios, las prerogativaa y autoridad delele- 
Jo carácter del sacerdocio en el clero ; con todo, 
a del cuerpo p< la sociedad civil, 

orresponder otros que aquellos que 
les haya dispensado la reverencia y benignidad de 
te tienen la dirección de este mismo cuerpo 
ne son los reyes y emperadores, vicarios 
os en lo temporal é independientes en las 
de esta linea. 

>r su esencia y constitución re- 
nngna en arrogarse lo que es del C 

esto es, toda disposición en U 

Itratia Spirüu Sincü: ntrriars 

■I saer»me»ti (umita Iprc 

um quídam habenl 

m , *cl fontrarteisten <-um illa , ut pra?. 

xfy^ n ,. quae non babenl nc- 

r dller- 
i capta, 
■a; sed relleta »uni a 

líqoe st'runilufn quod allqut* ali- 
tuja» tare» tereré drbel liti taha 

, cít euicumque 
MN suls su jüIwi 

vilandom; ai tMttfefl Id hoe titilar \c\ 

hberiñtlt; q 
i •liqua, i e $aat, val necessarla, vel repugHantia 

!i prntiibilionr U ¿t> U 'Uhwi., 

ordlnen, et ptebaa eaftilUalt Basteáis 

íum sanctilleatu*. Ta risilla - 

artatioM CkrUl Vi i a, dlssrrt. De 

IC curaUoni* ftlMlpItsáft) faruUa»i»m* 

Inini idfeíbat, tsd in es i4il 

i nao? t?»tn* ■ Ctuittia- 

nMiimn llrel prrranluiro lapMH ti 

altas tanta i Irglltn*. dita 1 11 Id dlUaqnaatíl cocr- 
l>rrrmuí ubi \un hfl 

aristas eos atiern » 

13 .-11101 per le, tn * 

I t>u/. 
i *d firman., homiK Ü3, cap, i, puf. *<J2, loni 



O DE ROMA. 

lidad, no se le \ bev dado. El mismo Jesu- 

, cuando envia ¡í sus apóstoles á cumplir el 
rio en que el clero ha sucedido expresa* 
, le prohibe toda posesión y propiedad (4)* 
¡.jnorainos la manera con que los curiales y 
transalpinos dividen este divii . Sólo 

en la misión conocen un precepto, y en el despreu- 
btcmea temporalea no hallan más 
qae un consejo, que aunque sea el mejor, no obli- 
gue á su observancia. Efectivamente, ¡su pr 
se ha dejado sólo ú las órdenes mendicantes, here- 
de la pobreza apostólica, ai 
herencia no se les ha transferido la autoridad de 
la misión, de donde deriva el clero jerárquico el 
régimen eepiritnal de la Igle- 

Tambien es verdad que el clero, por sn ministe- 
rio, no ha renunciado á 1 parado entera- 
mente, por su adhesión al altar, por su 
por su santidad, de las adquisiciones industriales, 
la equidad exigía que se proveyese ásu subsisten- 
cia, y que se sustentasen de los frutos de la viña 
que cultivan. 

es un precepto divino, y una jueí 
cion que deben todos los üeles á los que estúi 
picados en su pi piritual (5) ; pero de aquí 

no se deduce título alguno de propiedad en las co- 
sas humanas, ni otro derecho que el de la natural 
conservación de la vida. 

! principio de la iglesia cumplían los fieles 
esta obligación por medio da ofrendas voluntarias 
y graciosas, que depositadas en manos de los díá- 
00110a bajo de la autoridad eclesiástica, se distri- 
Juntad de D cuya dis- 

tribución sucedieron los i »n el producto 

de esta misma liberalidad, repartido próvidameu- 
itacian los gastos del culto, sin que en los 
ros siglos tuviese la Iglesia ni «1 clero bienes 
ni MU dgunas, 

pUM que el imperio abrazó el cristianismo, 
- t y que las sillas episcopales fun- 
dadas por I lea fueron establecidas, pare- 
¡ i *9 fieles más conforme y más razonable so- 
i sus pastores una renta fija; y con efecto, 
.ron por un derecho positivo, en que 
también intervino ln anuencia de los soberanea, 
díñente en España, según Be califica de los 
diploma* y oádnlai reales, la décima parte de aua 

14) \ unios aotem p radícate djccnias: Quis approplnqiwlt rrf> 
num ccclomm : inílrmns ruratc graiu arrept- 
lite pondere auium , ñeque antentum : ln I «un pe- 

ram tn tta, leaM ñeque talceimenfi, ñeque *lr- 

Id non ninrrou* poiestatem maiiduramli , *t \ 

lUitai >uis ítii^níin .muí tlaeei 

íruclu ejuí mm edlt? He. S, raul.» i, Atl Lori rtth., c*p. ti, t. i 
el seqq. 

m si ipihiualiutn i i«aa do- 

bsnt el ln carnalibu» ministrare Mili, tlot Igllur ISB 

(ti Inictuia hunc: per *us proútiscar lo Hit* 
paaiam. D. Paul. r Ai liom, t tí», >. 17 d *eqq. 

8 



114 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



fruto», que pareció suficiente para que, sin necesi- 
dad de distraerse a los afanes indispensables de la 
■ j no hacemos en el mundo, se dedi- 
casen tranquilos al ejercicio de su ministerio. 
En t atuvieron principio tai 

uacioTí < para el templo, basta m 

cea entredichos y prohibidas (1); las cuales, uni- 
das á los bienes que había adquirido la buena ad- 
ti y uso que hicieron los obispos de la 
tocaba a la Iglesia, 
forman « r i si canda] que verdaderamente es el pa- 
trimonio de los pobres, en cuyo alivio le distribuía 
san Agustín, según Posidio (2). 

es el derecha del clero, y en los límites de 
esta dotación debiera siu duda encerrar todas sos 
pretensiones temporales; pero se engaña grande- 

qnien piensa que g02an efectos raicea 
porales las manos muertas por el título de i 
tros de la iglesia. Pi pecto, nada temporal 

tenia que esperar un cuerpo aparta- 1 
y por su Oí n de todos los cuidados t 

tres, ni los fieles que lo componen pudieran tenor 
la obligación de dotar á sus BÜ&ifltroi eon bienes 
independí» otee de su unión espiritual, y que para 
nada en ella se tienen en consideración. Sólo la so- 
ciedad civil se la ha concedido en la precisa aten- 
ción de ser unos hombres que deben vivir, y que 
trabajan incesantemente á su provecho en la línea 
espiritual. 

No obstante, prescindamos, para no oscurecer el 
punto de los diezmos con que se ha dotado á los 
ministro» del altar en la mayor parte de los países 
católicos, - dad civil, obligada á mi manu- 

tención, la debe ser indiferente el examen déla 
exención de los bienes decimales. Por cualquiera 
respecto que sea, viene á ser ésta una congrua sus- 
tentación, libre dti toda carga que no sea dimana- 
da del asenso eclesiástico, por lo mismo que tiene 
cota determinada; respecto de que, de disminuí roe, 
sería, ó no cumplir la obligación, ó arrepentirse de 
su liberalidad. 

Reduzcamos sólo la cuestión á las posesiones que 
ro ha adquirido, ademas de la dotación deci- 
mal, primicias y oblaciones con que se contentó. 
Seguramente que la* propiedades, rentas y efectos 
porales qn &, no las pueden tener por 

claramente limita á la i 
el de.- rada la manutención, 

lo domas lo tieue el clero en virtud de un tí- 
llente humano, y según las leyes y esti- 
los de los países en fia posee. 

y la posesión de las cosas del 

lo es la obra de la ley civil que desconoció el 

e á la naturaleza, todos los 

«f. i, c>¿ ii inUqoc San* itotmo» 

teterablUqui cóndilo áUoedra, honorum, quod optaren! possil 

Arca. Marta, ubi «upri. 



y todas las cosas que se pueden apropiar á las 
comodidades de la vida pertenecen al hombí 

y pasajen bía es- 

pirar apagada la necesidad, y que dependía d* 
ligencia que fuese efectivo. El derecho divino tan 
poco regla las QftUd cedoreB ni pro] 

ríos que han Bido constituidos con las soci- 

niencia ó por i U estas mits 

mas vías reglaron I 

las posesiones , y se dejó ver por la primera ve 
como una consecuencia el dominio parti 

San Agustín, que penetraba bien á fondo £ 
verdades, no podía sufrir la queja que formaron 
loa donatistas de que se les había despojado de sus 
bienes en fuerza de las leyes ó rescriptos de los 
príncipes de la tierra (3). Para desencallar á estos 
ioa, preocupados a favor del dominio de sus 
posesiones, i en otro lugar ¡00 ra 

zonai i i que les convence que su poséelo 

BO podía descender del derecho divino, sino sólo 
de la I oradores, á que siempre debía 

estar bu jetos (4). 

De la misma doctrina se servía Hincraaro, arzo- 
bispo de Rerns, para convencer á los obispos su 
mporáneos sobre que por ningún medio 
ir a prestar obsequio buir 

esiones temporalea (5). 
El clero ha recibido por ministerio de las leve 
fundamentales de la soc >mo cualq 

iudadano, las posesiones que gaza; pero no ha 
sido con un dominio despótico , 

ia absoluta, sino con las condiciones y las re 
servas, tácitas ó expresas, que el director de la mis 
ma sociedad civil le ha impuesto ó deba in 

ral de la socir B6 están si- 

tas las tales haciendas. 

En los reinos patrimoniales, que 
y los publicistas recientes no admiten, el princip 
solamente es el verdadero dueño de los bienes y < 
las personas de los mismos ciudadanos; es el úni- 



cu- 

SI- 

mi. 



ni di- 

mi 

num 



(3) Rea retiras falso appcllantls , quas fecundara leges regara 
terrenorum amiUer* jnsst estis. aug,, tplít 48, Contr, Don&ti 

(4) Quid nobís |»ro|n>nmit dona tillas, sos invenientes quid i 
cant: villas noítras tulerunt, íundo* noslro^ Islam*; Stefefl 
testamenta tiuminiim, Qno jure defendía tiltil 1 Divino aul huma' 
no! Respondes!, diMnom jus In scrlpluris babomu»; liuraarjuro 
|tOI in NflBJ ISfiStIS, OSÉ |U(>d possíd* 
o* jare humano; nam jare divino domini esl ten 
ejas paaperes ct afolles Deas de linio ñectt . e« paspi 
una térra suportat. Jar»? lamen humano dicís lu c villa mea est, 

mas mea, ble servas meus rsl. Jure 6ffQ humano, juie In 
peralorum quaro? Unía Ips» jnra humana per Imperatoria elreg 
siculi Deus distribuí! geiieri humano ; vultis legamos le; 
rattirum, et secundum i^as agamu* de >illls; si jure human 
tuliU i ama leajrs Imperal 

quid toluerinl ab bSMYttots possiderc. 1). asftsUfl., trac!. 6, 
Jüiinnem, c,i|>, i. «uro. i.%, tora, tu , part, n, pag. 3iO t edil. Pa 
MtTs.. tm, 

(5i Si per jura regara possldentur posse alones, non 
al regí de ecelr*iastlm posteas Ion i bu» obsequiam non 
srcut intccmore* mei auia antecessor i bu* fiuiboeni 
coíst. 41, 



Ka 
ui 






.TüTCTO IMPARCIAL & 
">, y goza, no bolo la pc4 pió 

premo cargo , sino aquella que tiene un pa- 
dre de familias en su patrimonio, sin que en los 
ciudadanos resida mas derecho que el de una po- 
•caico precaria y revocable a su arbih 

1 derecho con que en otro 
tiempo gozaban los siervos en Roma sus 
(1), 
los demás esta: lus monárquico* pa- 

», sea la que quiera su eonstilucion y loa pri- 
vilegio* que se hayan reservado los ciudadanos a 
favor de sus propiedades y dominios , no se puedo 
negar al que ejercita la soberanía , esto ea, al prín- 
cipe ó cabeza de la sociedad , toda la potestad nece- 
saria que exijan la salud y utilidad publica, para 
ilar la traslación de Jos bienes de los subditos 
M en otras clases , á fin de que éstas no pier- 
dan entre sí el equilibrio. Porque aunque los que 
constituyeron la sociedad establecieron reglaa so- 
bre la propiedad de sus bienes, ea constante <jm- 
Do pudieron erigirla sin dejar sujetos los bienes á 
la iüapo*ic¡0!l arquitectónica y paterna de la po- 
civíl, reglada por la ex ublica (2), 

a recibir las modificaciones conveniente 

uso pues de este dominio absoluto, eminente, 
u i tectónico y paterno, pertenece al Soberano 
reglar el orden de transmitirles, y cardar á las po- 
sesiones de unos en otros los impuestos y tributos 

• »n necesarios á la conservación del Sí 
mudarlos y alterarlos conforme pidiesen la n 
dad y las circunstancias (3). Estas cargas son rea- 
lea é inhei m bienes de los subditos por la 
regla fundamental constitutiva de la sociedad, y 

cesaría sujeción, que constituye una bif 
expresa desde que la sociedad política fué consti- 
tuida, y no necesita reserva expresa lo que vie- 
r natural. n de la sociedad mismo. 

Ahora bien, si el clero tiene sus posesiones por au- 
toridad de la sociedad civil , ¿ cómo podrá negar las 
generales! expresas 6 virtuales, cou que 
ba recibido? ¿Con qué título disputará al So- 
berano la potestad de imponer los tributos que exi- 
ja la i mi del Estado ó de la república 
dondi »S los bienes? Ni ¿cómo puc*l< 
nos de reconocer la obligación hipotecaria con que 
íus mismas hen-dadcs á sufrir los 
impuestos? Por más que se desveles ar los 
curiales esfuerzos y pretextos para eludir la fuerza 
de estos principios públicos f será vana su diligen- 
cia c impotente su esfuerzo. 

eder por solo un instan - 

Jwf JVa¿ ( II», «til, «ip. *, I I* 

'Eius, J" /urt ketttffpte , hb i. tif i.S rt.cihb. ii f 
ra|« i>«% t i. con »mi-, n caá. n, } ti C » * aa f »» ., iib. m, Va- 
n*r rt$vt%t. t a», ti, tiara, 8, Hwch»c*, lth*tr. ra*trw ., lib. i, 
ujr *. num. 10. AiUtincí, De Üomt , ton, i, llb.u.ap. n, » 
■su. 10. 
O) Puñt od, . Ub. tria . cjp. ? , | S el L D. Tlmn., ltb. ui, IH 






El MONITORIO DE ROÍ 115 

I la claridad, la hipótesi 6 su- 
MI los eclesiásticos no sean subditos 
Di individuos de la sociedad Aunque esto fuera 
así, su exención personal no i ¡rabie á las 

posesiones de raíz que ba ni ma- 

nos y están enclavadas dentro de I l, niel 

público pudiera perder por esta razón el derecho 
que tiene adquirido para que catas posesiones ayu- 
den á las demás á soportar las Catgfta que se ofre- 
onforme al pacto sociaJ ea que están corn- 
il da» , y los eclesiásticos en eaüdad Úñ terrate- 
nientes, Semeja -ios perso- 
nales á las haciendas sería hacer al publico de 
peor condición que á cualquiera particular, que 
tiene el derecho de repetir su hipoteca. 
En una palabra, sería defraudar al caudal pi 
de una parte de sus fondos y fincas; % T íolcncia que 
berano no puede menos de defender y apar- 
tar, como perjudicial y destructiva del resto de la 
sociedad. 

Enhorabuena que estas pi fas haya traus- 

il clero In piedad de los fundadores de be- 
ncnVioe, iglesias o capellanías 
hayan destinado sus líquidos productos al i 
que hayan querido que fuesen libree de toda ga- 
bela y contribución cuando eran pocas estas ha- 
ciendas, y que las leyes mismas haya» favorecido 
tales fundación tlidades. Todo esto no ea 

capaz de eximir á las tierras y propiedades nueva- 
adquiridas con exceso del gravamen primi- 
n trajeron en el principio de su distribu- 
ción á favor de la misma sociedad. La voluntad do 
los generosos dotadores n á lo 

Jilamental de la sociedad, sin dar á ésta pe 
el pié , é introducir todos los males de una cieg 
anarquía. El destino de cst< til culto 

puede rae en aquella parte dedicada desde 

>rigcri á la conservación y á las neceei- 
dudes dil Estado, de cuyas regalías y derechos su- 
D ningún i manera, era dueño 

el fundador, ni pudo tras! la mano muer- 

ta, ni perjudicar á la soberanía cou sus pactos ó 
hechos priva 

Si ka in favorecido estas fundaciones, ea 

sin perjuicio de los derechos del público , los cuale 
Hon iaooataaEtnblaa *' nii|>n -,i indiblea, y nunca i 
pueda lieos, para dedil 

cir un pri r laa carg 

riñe á los vulgares prim 

m de que, ea tan de- 

v perjudicial la exención de loa tributos, 

i los no exentos* que 

lid*, se necesita que sea 

de levísima con- d otro individuo 

para -, ni sustancia (4) ¡ puea adema* 

de que el república debe 

(I) Ad l* iL, ia eip. Sutatm, dé Dectm* 



EL OWDfi DE FLORíDABLANVJx 
*i v.mp*ra*n«.t/# y con la atención c*r acocil';,* p-r^hoa 7 a»:iei 



»-.{.■■ 



.-. -r. «v» 'a .r.AtPr!* U libertad de nn in.Ii v [.í¿.> 

-. ■ y, r. >. Al o* 'l ern a* '.on ci n liAii an o* : c o rr*i > i a 

;*'¡ V: '.orr.-.or.i-. da pefíor.aa 7 de eos».**, toda 

...■/..: * «*r ! u.a '■Ti\¡*rifv.\<',Tk parcial "te la 

;.«/•■** a» 2 ■ . 1 * <*, ! ¡ i .% r * *! b*d r ir, c¿ e í fio r^r ar* o 
■v ■ i 1 .i . •-•. <■ '. o ri *. r 1 «: 1 v# n Aerif. i m i en to jr^n er 1 1 q n e 

..,1 ^..■.^■'¡i-J-, <!/ La* «rífcrioionea, pue». qne 
!•■'. ' <+*-. :u¡, ¡o y ftsV, temperamento, no solo 



*¡r.o ',■!►: para volver 4 los subditos ó 



*oo ir, '.í 

4 i a 4 ''..• i* t>ri.7ii'I¿4 a Hn antigua sujeción, se pue- 

'\i-.tt tit,;..-ir f/.'Jo* los medios eíicaoeii (2). 

fisU-» '.'.ri4idf.ra/:ion''4 no* ponen en eatado de 
/■orfioaf.ir 4 I oh irirr.urii-f.a4 con sua mi ama* armas; 
pory»'-. . *i U4 '!':':r''.tal*4 reconocen que lo» bienes 
y p'.^-ciori'H panan 4 poder de lo* ccle*iá*ticos con 
«o,N«Jl:i4 '.:»rf/a4 y £rv/4rn':nc* reales que latí impu- 
so '-.I puf-fo ó I a obl i vy. ion de lo» partían lares (3), 
í-'.n su o* ñor razón le* precisa 4 confesar la suje- 
ción 4 aqu'-.JIa* carga* reales que contrajeron las 
potc^ion'-a desde su origen y hii institución, corno 
non Ion pecho* y I a* contribuciones por ley fun- 
dfirri'-iirul t\v. la sociedad , ora vengan de antigua 
irnpoai' ion , ora se subroguen en otra, 6 no au- 
mente y <'t*tahl''zca de nuevo, neguu ion caaos lo 
pidan. 

Todo* loq t]i'Tt't\ t tm do que lian uñado Iuh nacio- 
nes »ulhm, romo qu« tif-nen por basa la regla pri- 
mor') ial do la frwHrm de la* sociedades, han dis- 
puesto qim la* sirgan quo ¡rif-rodiicn la utilidad pú- 
blica Iris d«hen soportar todo» indistintamente, híii 
fxfftpriofi ni ¡iri viln^io. Loa roiuauon, que han te- 
nido la gloria do qiw mi adopton huh lcycn portau- 
Um pnrhl'iH, Aun flnHpiiPN do extinguido «u nomhro 
y mi iuipniio, un 1'XÍinÍHn diMtHia clono do cargas 
Aun 4 ]oh oxciitoH dn lan cruiciijiloH (4). 

Kl dnrrchi» real di* I'Vipnnn no ha dejado mi cstama- 
lorin liifrur á la duda ni 4 la curHtinn. Kn la luy 56, 
Ululo vi, parí iila i, mi oxpnno oxproHaiuonto quo, 
do lan dnnacinucm ipio liiricmn Ioh vahuUuk pocho- 
ro« 4 Ion mdi'HiiUdicoii, nuitrihuyaii i^ntoH con los 
minni<M prcImH y iriUuton quu ue'OHtuinbrnhan aquo- 
llon. uMhh hí pur aventura la KgloHia comprase al- 
gún an horoiludoM, 6 no lan dioHou hoiuoH «jtío fucMon 
pQulionm al Uoy t (oniuhm non Ion cNrigon do lo fa- 
llí (¡ral., lili. 1. rap. ni, 1 1.1, num. 1. 
\% Mrncliaca , W**tr*t. Crm/ntr., lib. 11, controv. W, num. 19. 
K» *\ rt íurt hay virU» Iryn y partos priblirot , que pnihibrn U 
Mlivnulon «4o Un rp»alla< líot pjlrimonin y At la JurtMlirlon, »ln 
MCffiUad i* rururrír * principio» uf nrralrü , fnja rxpivílon w 
•ttlt» vw Pf r bltit rnnorlila» lato» ilmposif lonc*. 

(Al Cap. ff.r uitrti* , *> Wgnon*. Cum cUam bona virl molicrl 
■tni pro tiotf taritf obllfraU , rl rum »no onort» tran*if rlni ail 
l«frtllfa*M poMdlMirm : qa ^ dlrj»s,\l tribntanum prrdinm E»> 
«iMlr ilonfiHr. «umqnirf tonclur Koclcsi» ail Iribnlam? dlc, quod 
■Ir, ««la w* tranuli rum onrr* a« . 

(4) l,ff. j, 1*4. 4, Jafimr^*. r«rriM«^U/.. tbl: 0«i lamnniíaifm 

•at«Kwm pabli wr «m ron^wu anuí, one ra palrimonioram sa*- 

Jvíí^íT J n q ' ,lb ■ , "■•"• rt "*»r^» rf r Ipif ndi >«nt. Leg. í, 

aÜ^IÜÍ "i* N,ln ^ r ». 1«* p*tri«onut |mblic« itiliutia ca«M in- 

»«r «Hinr, ab nmnibn» »vbc «*da »mt. 



Eiíah a rooio. :r p«:t -riida arr:**"/. > ■:■* ;■::■:& Ii- !:•'■- 
o :•»-;,- el.) V ter.i»rL-i-.- ac^in-:: jc •=! "--risli-i .r 1 "-j. ra:/ 
7 orísran d* !■:■* p»7«:h-:f. 7 i -ín. :r:!.rr-rc:ijL r^j.! * \.-.< 
nÁstXíiOA p«ites!'ja-*s. r.r«*v!^-- -ri- .i;:ti -n ►:'. -:.i¿ ■?■-■ 
•'ine. en «irfr-iro -Ir cin*-:^. * -■'-• , .:■?.-*« I.i :r"-í:i 
rTt.'rn.i.*e aojii U voz r-.r ei :-.--ú-I-.- *. p- r -ri I L ^-..;.., 
«le herrnoia de a"_":ri i.'.-rr: j. . L-.-.l-iír: f r «rila «¿ti 
U míjima c^nforriii'la-i. -si ;íl*.^ r:i >ie F.-üi ; -rr «ru- 
lo debiese hacer (.>í : « :■■??■■■ ¿i a .»•--■. r-s^ ■ l i > a' ./-.n 
clérigo muriese sin facer tr*tari".*.-a:'.' -í n.¿:i--la ti».- 
sus coflM, é non huV«i-*e p-irier.tirs que L«?rf.Iasrii 
i»ua bienes, débelos heredar la Eclesi.i. ea tal ma- 
nera, que si aquella heredad había sei-t-i de hom*.-s 
qne pechaban al Hey por ella, la E^Ieáia sea temi- 
da de facer al Rey aquel loa fueros é aquellos de- 
rechos que facían aquellas cuya fuera en anee, v 
de darla 4 tales Lomes que lo fagan. *.i 

Disposición que debe entenderse de los pecho? y 
servicios personales que pagaban en aquellos tiem- 
pos todas las clases contribuyentes del pueblo, y a 
que se sujetaban los clérigos en esta especie de ad- 
quisiciones ; y por eso se les manda poner en per- 
sonas que pudiesen prestar estos sen-icios. La 
exención de los clérigos era meramente personal, 
corno menudamente explica la ley 51 del mismo ti- 
tulo y partida, y el señor Gregorio López, en la 
glosa, verbo: Por razón de sus personas; donde fun- 
da la Hiijecion 4 los pechos y contribuciones reales 
inherentes, con disposición privada 6 de el princi- 
po 4 los mismas cosas. 

Las leyes reales posteriores imponen 4 los clé- 
rigos la misma obligación en cuanto 4 la paga de 
los tributos anexos é inherentes 4 las heredades que 
compraren ; ley 11, título 111 de la Recopilación. La 
ley 2. a , título iv, libro 1 : «E otrosí, de heredad que 
sea tributaria, en que sea el tributo apropiado 4 la 
heredad, quo los clérigos que compraren tales he- 
redades tributarias, que paguen aquel tributo que 
os apropiado y anexo 4 tales heredades.)) Y lo mis- 
ino dhjpono, con específica expresión de la alcaba- 
la, la ley 3. 1 , título ni, libro I del Ordenamiento. 
Y para cerrar la puerta 4 discursos é interpretacio- 
nes, esta declarado que el derecho de la alcabala 
es un gravAmen real , anexo é inseparable 4 los he- 
redamientos, quo dondo quiera que fuesen le ha de 
seguir, por la ley 7.*, título ix, libro v del Ordena- 
miento: «Y desdo agora apropiamos, anexamos é 
imponemos el dicho tributo á los heredamientos.») 
lUcu que en España no era necesaria esta declara- 
ción ; porque las contribuciones de alcabalas, cien- 
tos y millones, y todas las demás. 4 excepción de 
las cargas concejiles, quo son puramente pexsu- 
nalca, son inherentes 4 las haciendas; y por esta 
razón no se reparten 4 los pobres y jornaleros, co- 
mo esta prevenido en las reglas que da para su 
exacción y cobranza la instrucción del aüo de 172o. 
i5> Ley M dd mismo Ululo y partida. 



\ L SOBRE 



§ir. 



que al piiblíco profesamos no puede 
el dolor de ver q\ 
¡j numerables leyes y títulos la 
carga 
■ 

udo no lo estuviera, des- 
i ti tu ti va do 
fniirn 
1h manutención del Estado y de la cor* 

I lanías y funda- 
que 

i ii la industria y en el afán de 
v- rabie agri curtí] 
tos no dan á los curiales parte en 
i , y son unos temperamentos para 
ü vitar muchas putas; mas li 

en estas i porales son un 

cha contra la autoridad real y un medicamento 
imperio I 

fin, se debe tener á la vista que ceta am- 
ia exención en cobas temporales, y las de- 
mas que goza do igual naturaleza en seto* 

i Europa católica, son verdaderos 
I de los soberanos, que, por re- 
1 alto ministerio en que se ocupa el cle- 
ro, se las lian dispensado con imponderable gene- 
dad. 

-o, quedarían reducidos á sufrir en 
la república y sociedad civil muchas derramas de 
las quo contribuye cualquiera otro ciudadano. Su 
i erio no lea saca de la sujeción á todas 
las leyes instituidas para el bien y la felicidad do 
pública, como prueba muy al intento el señor 
do (1). El sacerdocio, que es de la linea pura- 
I en la Iglesia, no contradice ni re- 
pugna a la sociedad civil y temporal; en aquella 
tea comunica las altua prerogativas y distinciones 

líeles, para aplicarse 
sin embarazo al la predicación, álacusc- 

fianza y a la administración de Job sacram 
que forman el ministerio sacerdotal. 

A no ser por la pi- >, hc man- 

ían aún 1 i de la 

i primitiva, en que qohoi 

to arriba ; 
cnanto A los tributos, no tolo los pagaban con lama- 

cap. ir, Maro emipruom est, et quítente 
riel Ulitis ti 

ge» muí 

ara, ir- 

¿aliono separa rt, í 

rpas eosflrttitt ln Illa república perfectum ex 

nlUs commitnllal cusí leí ecelesiasucí oott 

pssslt, aitponeoí ia malcría dvLU. 



XI TORIO DE BOMA- 117 

yor prontitud (2), sino que eran, ei 

hortamlo con su e 
y con loa pagasen los 

obstante la pobreza del clero en aquellos tiem* 
pos (3), 

•an en la misma condición que t 

tampo del rey Recto iue no 

In que pre liosa* 

i Rey, y en que continuaban la paga de los 
-> males, si eran de esta condi- 
ción l 

KJ derecho Alvino, por sus ce 'ríes expre- 

sadas 
de lo- jecion 

'i vi I i lis i la tierra l o tem- 

o«, uo puede ser más 

literal su dispon lose el 

lor con su mandato, por sólo acos- 

ii ejemplo á el cumplimiento, le pagó 

él mismo, con lo que arguye bu terquedad á los re» 

•1 derecho canónico (6), 

ir sin estr -fo U respuesta 

lan algunos eclesiásticos á estos textos. Dicen 
<nie la sujeción de que hablan, es sólo respe* 

pea gentil© peu- 

aorcrus el cristianismo «I -id de 

rocho* ; pensamiento des o pue- 

de tolerar la Iglesia de Di 

rumíente áloe aumentos de la religión, pues 
¿qué príncipe gentil querrá abrazarla, si ha de sa- 
crificar el sumo imperio liado? 
Confundan los distintos respectos •• y de 
Cristiano qne concurren en los sob< 
sin hacerse cargo de que, aunque por esta privada 
representación estén sujetos á las leyes espíritus- 
ue son el fundamento de la Iglesia, por el 
primero son independientes, y solo reconocen al 
¡►oderoso por sn superior. 
Los textos del derecho divino, en que pretenden 
fundar la sofiada inmunidad de sus posesiones, se 
reducen á algunos capítulos dr ■•, quo exi- 
men la tierra sacerdotal de la paga de I 

i a letra n- privile- 



(i) Cl| tas, causa H i Ibutuin petlt Impe- 

ráis non negamus, agii BetJefifJ setvanl Iribc 

n [ftJSor., llb. tv v ei r.ptgatum StcrfAotm, id- 

i |>. Casi poma lies, Trot d* ía rtyaliA de la amori 
Hfi i, nuin. 31. 

rsJfcJta, Itt t tíiñon 8. Jubcntc auiem , «tqur i 
Isatis* pilafino Recsrede Rase ü j>rxccj>n tjccniotjip 
conriUum,. ui 

©alo* expete W, sed . reddlleciptU mi tributo p Eídoi¿r lid , tul 
sutit alllpti, ttSqQr ' 

, cu i trlbulum, tributóos, 
>£*[., uctigat. MatiL j*i, fap< \\\i , f, 51 , el tpiní nú fioia.» 

■ nim censam fóltit Pillas fiel , quis to Untos es, qui soa 
patei esse sohcnduai? Cap, Wtgnum iútumentum, cetas 11, 
QHMfl 
(7) Vene*. , cap. aro, ▼. ti et seq. sobjeeituoe cam Pbaraoní, 






118 



EL CONDE DE FLORTÜABLA v 



Boui fació VIII, en que se afirma positñ 
- eelesi ¿ático». 
Coq una distinción se aclara que La inmunidad 
ártica, en cuanto á la administración de Imp 
ministerio» espirituales , ge debe respetar como de 
derecho divino, sin que en modo alguno ae extien- 
da a lu.s tributos y cargas públicas, puesto que las 
unes de Bonifacio VIH wtán revocada» 
por Clemente V, su sucesor. Los curiales uiuguna 
fiad tienen en el derecho civil ni en las cosas 
rales para dar al clero cate privilegio. Si es 
divino, como refieren, le deben produ- 
cir y demostrar de un modo que no eaté sujeto á 
contestaciones, porque de otra suerte funda de de- 
recho la sociedad. 

Hemos hablado indistintamente de todos los 
bienes redituables de los eclesiásticos, porque todos 
ellos, por el orden y por la esencia de las cosas, 
están sujetos al pago de tributos y contribuí 

ion que la que los principes 
loa han concedido ; y es buena prueba de esta pro- 
posición la opinión del señor Covarrubias, con q ni» n 
concuerdan los más de los canonistas. Este sabio 
presidente defiende que los bienes patrimoniales 
de los clérigos, aunque estén ordenados á titulo de 
n libre* de loa pechos ni de las oootri- 
nes, y aunque goce los privilegios del i k- 
ricato, reconoce que éstos son de otra claBe y línea 
muy distinta, y que pertenecen á la espirituali- 
dad, sin que la consignación del patrimonio obre 
otra cosa que satisfacer á los cánones, que previe- 
nes que el que haya de ser elevado al sacerdocio 
esté suficientemente proveido en la sociedad civil 



el cúnelos populas cjas, » no^ssirnis ierra ¡ni* £grplt us<juc >d 
eitretoo» termlnoi ejos, prtHer lema sacerdatalcn, qu¡E a rege 
tndiLí Intuí eis. 




para no sujetarse á la mendicidad (1). Tai esto si: 
así t ¿por qué razón lo deberán ser todos 1 
demás bienes de fundaciones, que con el mismo 
preciso motivo de la indispensable sustenta* 
les han dado, y las adquisiciones que lian heeh' 
esta necesidad? 

Si los eclesiásticos, como se ha visto 
por derecho divino exención personal de tributo 
bien claro se ofrece que el edicto de Parma i 
de ser infracción de sus inmunidades espiritual 
como el Monitorio romano estima. Y si aun 
gozasen, es constante que no se pue ir á la 

satisfacción de las cargas reales que pasai 
manos, ¿qué agravio se les hace en exigirles los 
derechos de las posesiones adquiridas después del 
último catastro en que fueron incluidas, y en que, 
por hacerse intolerable el goce de nrtariore* exen- 
ciones, se sujetaron expresa y realmente las ha- 
ciendas al pago de tributos? 

Últimamente, Adrinni» VI, Clemente Vil y Pau- 
lo III han prestado, á mayor abundamiento, su aaeu- 
so en aquellos estados, pura que pasen con n 
ga las posesiones a las manos muertas ; y esta sola 
consideración bastaba en esta parte para juzgar del 
espíritu con que ao han expedido las letras de la 
nía. Si fuese de derecho divino esta in- 
definida exeTieion de tributos en las manos muer- 
tas, en parte alguna las pagarían , ni la curia misma 
pudría aseutir á su pago* Juzgue el imparuialei eo 
la conducta de los curiales se guarda consecuencia 
con la corte do Parma, 



(i) Lib. i, Variar, retotut , eip. i?, ni/ro. 4, Ex ea eóDStfaitii 
lie niftil aliad operad a*signationem íllam pttnmonli , al ejuí 
lulo elencos sicrls ordinibus Utsfgnialur, quim f|uoil **UsA*t 
eam canoiubus, »tatucQtibus ceiuiücra id sacroi urdiaespn 
vendüm essf, ni&í is habeat palrimoniam , ei quo taleil ¿bsquu 
mendicítite alimento sibi ministrare; ande lale pathoitiniom et 
■ti a»signatíone non efftcilur ecdcMastiea&i* 



satio- 

ul Tl- 

Mft. 
IMll 



SECCIÓN SEXTA. 




Ut auUm ejusmodi Edicta ct omnia* quw ¡n m cranl deposita promptius et celeríüs txecutwni 
imandareHtur per quamdam notilieutwnem ettilam die 8 Fcbniarii anni ejusdem 1765, statutum 
e$t t ut assertus quídam Magtitralus *uper conservalione Regué, ut VOCanl juriedktiímU, 



En esta parte hace mucho alto el breve sobro 

n Tarma ae haya erigido un tribunal que oui- 

r la real jurisdicíon y la ejecución 

mirando esta providencia por otra 

•atracción de l« jios eclesiásticos, y como 

BJiai novedad inaudita. 

osa mas natural que establecer un tri- 



bunal superior en unos dominios que Be están arr< 
glando de nuevo, para sacarles do la infeliz sita 
c¡on en que les puso la serie de las guerras por m 
chos siglos. Esta protección , debida á los canon 
y al equilibrio del estado eclesiástico respecto 
secular, en parto alguna puede estar mejor deposi 
tada que en un tribunal superior y colateral d 
Príncipe de Parma, 8i no se leyese, parece difíc: 
creer que los curiales quieran disputar á un sobi 






>i* 




JUICIO IMPÁRCIAL SOBBE 
hnnnlin. 

JS'o 
porque eete tribunal eateftdieBC < exuc- 

jque pagar á 1 .1 tas del 

Eel-. -*stá enunciada desde muy an 

idida ó favor de lo* 

>n común. El saltar Gregorio Lopes la funda 
cridad de Bartolo y de Baldo, por la na- 
tural razón que dan esto» juri 

I este caso án¡( viene á 

ios mismas posesiones sujetas á su jurísdicn 
r» el i os tributos á q i* (l), 

y DO ee puedo estimar que ofenda *u* privil 
cualesquiera que fuesen; cuya sentencia suscriben 
loe autores que citamos abajo ( 8 

Para España, ateudidas sus leyes y la opii 
favor de 1< rados, no admita do 

La ley 4* del título iv, libro vr di miento 

Real declaró á tudos loa clérigos indistintamente 
* ojitos al juaga de los tributos de tas aleaba! 

tahle sanción: «Y no lo faciendo así, por el 
i hecho sea tal como aquel qm j deniega á su 
rey y señor natural bu tribu; [o.i 

En la ley 1.*, título II del libro ix de la Recopila- 
ción l ten declarado el conocimiento de las 
tas reales para la cobranza de contri bu • 
están palabras: «Otrosí, en cuanto toca a los 
t eclesiásticos, que impiden y embarazan las 
- nuestras ri-ut.is, queriendo ex 

algosas personas de la pagado 
ellas, o cu otra alguna manera, o que P 

or de lo que toca á las d I .«, no 

i -feneciendo, y proceden contra loa 
jaeces de rentas, en la dicha contaduría mayor se 
darán y despacharán las cédulas nuestras que se 
stumbran para que no conozcan, ni procedan, 
i embaracen, la dicha cobranza, ni se en 
i lo á esto tocante.» Y lo mismo dispone la ley 8.*, 
Jo XV! J I, libro IX de la Recopilación, concordan- 
la ley 55, titulo vi, partida 1.% que atribuye 
i loe seglares el < ndar á los clérigos 

> los tributos que m 

más expresión, las ordenanzas de la chan- 

II. ría de Valladoltd del aun de 1566, en que nu- 

lo las cosos en que ' y fundada su 

-• ellas la «n en los 

de las rentas y 

thos realce, y dice estas palabra* 

ocen a nu< que 

i reyes, DH< saora,degl 

sa memoria, y Nos, y nuestros oficiales y justicias 

(l> lo |«f. 51, Ut. ti, partí L r, terbo P»r rutón *V tu pmo***+ 

d) A , , iti de la htCópUtcé**. B<- 

Üb V cap vm t f«m. IfS. Florri de Mena, I ib, ji, de I» fértil, 
n, nuio *tt. Glroada, D* CtttiHf, pirt. tu, aom.ts, el 
f«r eos iiinumch addattl. 



EL MONITORIO D] 110 

mbramos A conocer, aunqne sea c 

denos, sin que i 

buya :le entren] ta en ello, ni se le 

haya «I l^una de eUo.l Lo mismo 

DcJUeria de 
• gor y 
tí los ordenanzas de las ehan- 
oilleríos y audiencias la pragmática con que prin- 
cipia la recopilación de nuestras leyes. 

El doctor Jos ico (que no 

pensarte en ninguna de las más dudo- 

sas pr- \ís de su estado, como lo calificó en 

rgia de 1 nee con el señor don 

i iyor), sienta como la má 
verdadera y común opinión, que el clérigo puede 
poi la justicia seglar sobre el pago 
de las contribuciones que adeudase (3), D< 
áa fi.iber alegado parte de las disposiciones que 
tadu*, refiere, en su comprobación, que la 
junta qne tuvo el clero en Madrid, en 1587, y en 
qne él mismo fu? vocal por la iglesia de Ciudad 
Rodrigo, da que era prebendado, dirigió al sefior 
i, Felfee II memorial , quejándose con 
un pleito muy ruidoso, que pendía 
entre el clero y la ciudad de Joras, sobr 
quién había de compelerá los clérigos trataul 
vino al pago de la alcabala. Y por haber su majes- 
metido la decisión del negocio á varios seño- 
res presidentes y algunos consejeros, trae á la letra 
el auto acordado, que por esta razón se 1 1 a ti 
Lente de Presidentes (4). Elegió los en 
que los clérigos deben pagar ■ I ueatro 

«Y si así no 1« 
las justicias les compelan á ello, deteniendo ó ex- 
cepLando los dlebos bienes, ó otros cualesquiera 
bienes ó frutos que hayan vendido ó contrata 
los demás bienes que tuvieren propios 6 de su» be- 
ios, dejando reservadas st la*,* 

fin toa términos específicos da formar un I 
nal particular para el pi 

las contribuciones de los manos muertas, expi- 
dieron nuestros soberanos sus reales - 
distintos tiempos, en cuya virtud se erigier 
buiíalcs de amor ti ¿a > imi en Valencia y Mallorca, 
saludablemente tiene vigor y observancia 
el uso de esta regalía. Y por lo que hace á Mal 
se decreto por el señor don Felipe V, en 24 da Ju- 
lio de 1717, la nueva forma de este tribunal (5), 
i jer ion ambos á la Cámara. 
En un punto de esta clase nos coní' 
con satisfacer á la queja que forma la curia ro- 
mana contra la corte de 1 

Lia respuesta que nos dejó el papa h» 

i.uilerm. V* Cabrita, llb. ru, qurst. 04, 
(4) Ee el i, ni. PU!, lib. n de la /Ven*. Htcop,, tom. nr. Tam- 
bién hace mención , y copla parir dH Autn te PrtitdrniM Jeroní- 
me Se Ceraitoa en el ^mt per tiim Húi 

uto acordado 51, M, ti, üb. m te la lUccpila 




EL COHlÍB D8 V 

ek 1 1 r r 

s el órJcu de lim coi ' debo & 

cer ni juez real el que goza las posesione» con real 
permiso, en sentencia de este J 8 * 

¡ la en todji 
sue&ti que les hubiera quedado 

muy i extrañar en los edi mtes A 

regalías temporalea , aunque en ellos tengan inte- 

, oomo míenií 
bíica mulgacion ha hecho indispensable 

]a c ou y el bien de aquellos estados. 

i i-xcusaria de repetir que la 

lica civil es en si bastante , y ha recibido de 

Dios todo el poder necesario para la ejecución do 

sus providencias , sin necesidad de recurrir á otra 

alguna autoridad. 

\<i pueden alegar los curiales autoridad sufi- 
contra la regalía, si se exceptúan algunos 
actos que el artificio y el ínteres propio les lia fran- 
queado, en premio de su arte para negí» inr. 

Los tribunales superiores usan düjurmlmon en 
los casos de su competencia, y de la protección en 
los que corresponde, según su naturaleza, Y así, en 
Milán acaba de erigirse un tribunal de esta natu- 
raleza para atender á idénticos asuntos. El Con- 
eejo conoce de ellos, y es un uso general del orbe. 
Pues ¿qué debe decir el iniparcial juicio á v ¡ 
la odiosa distinción contra el ministerio de Parma? 
idan los demás principes, para romper unas 
cadenas que impotentemente los curiales tratas 
cuntra la potestad temporal, en una edad ilustra- 
da , que recurre A la Escritura, a la tradición de los 
Padres y á los concilios, y aun á las mismas cou- 
ii es de los papas, para acertar en tales ocur- 
rencias. 

§n. 

El nombramiento de conservadores y comisa- 
rios que hizo el gobierno de Param para que ce- 
lase la ejecución de los edictos públicos, es uno 
de los cargos más ponderados que se leen en los 
cedulones de 30 de enero. La extensión que tiene 
el encargo de estos jueces A fin de velar sobre el 
número de regó lares de ambos sexos, al reglamen- 
to de los dotes de las monjas, y al temperamento 
que debe haber en los ruinosos gastos que se hacen 
al tiempo de su entrada en el monasterio, punza 
muy agudamente la delicada condición de los cu- 
riales ; sostienen que en estas providencias se ofen- 
de en lo más intimo la inmunidad eclesiástica, de 
quien hacen privativas tales inspecciones, y pon- 
deran un enorme abuso del poder secular, con la 
ordinaria axclamaoion de que se ingiere A dar la 
ley al santuario» 

No será muy molesto el discurso en el examen de 



(1) Jadíese eults talcos liahenU quia jure humano possessíonet 
lUbfnt. Canon Qw jure, i, diil, 8, 



LOUUUnLANCA. 

alo, poi más que convide su amenidad 
mucho. La naturaleza purameute temases! 
de] ' aquellos jueces conservadores eck 

temporal , es propia y do mera protección y sean* 
mía en los asuntos eclesiásticos. 

ésta distinción fácilmente 00 desarmas ls 

dislocadas de los curiales, J^sta 

ro la jurísdicion ó protección, segín 

i de casos de los magistrados, y La sttjeaa* 

del clero á las leyes civiles públicas, economice! 

suntuarias. 

Por más de once siglos fué tan reducido el 
mero de monjes, que sus adquisiciones ni 
sonas no perjudicaba al servicio del Rey y dt 
patria, y congregado únicamente para hacer 
vida solitaria , se hacia muy estimado en el 
el título de monjes (2) , y >orque no experim 

La nueva fundación de órdenes regulare» é\ 
conocer bastantes inconvenientes. N 

rea de este punto, las disposiciones de los 
cilios generales de Letran y León , y tambas 
sabe que por desgracia, frustrado en gran parte 
efecto t quedaron reducidas á perpetuar el 
miento de los dallos de la multiplica* 

Las mismas quejas y clamoree se llevaron 
santo concilio de Tirulo, A todoa los padre» 
eran muy conocidos los males que la pi 
multitud de regulares originaba á loa pueblo*. 
doctor Alfonso Guerrero y don Diego de Alan; 
Esquine] los explicaron muy particularmente es 
respectivos tratados sobre los puntos que é 
llevar la atención del concilio. Los Padres 
ron que seria un remedio bastantemente eficaí 
poner á loa superiores y comunidades una 
cha prohibición de que admitiesen sólo los indi 1 
dúos que se pudiesen sustentar con las rentas 
pias del monasterio 6 con el piadoso c- 
te de las limosnas ordinarias de los fieles 
esta buena inteligencia, omitiendo otras 
les que pudieron tal vez mediar, se contentaros 
aquel reglamento, La confrontación del número 
conventos que tenían los regulares en aqu- 
po, con el puntual estado de los que rnanti< 
dia de hoy, descubrirá el cumplimiento que batí- 
nido, sin salir de Espafia y en otras partes, la pro- 
videncia del santo concilio, y hasta qné gTado han 
debí di > subir forzosamente las contribuciones éf 

fiares que se necesitan para el susf. 
tanto número de religiosos, y aun de órdenes 



(2] Vidcanlur Zleger, Van Sptn, Jn Just Etrttsiaatic. f'«ir- t f,\ 
til. ni, rap. 1, duih. 1, et ex I», D. lldephons. ClemenU 
tegui, De Cwcqtú. Ftt»terat tt parí. 1, cap. 111, tiutu, 1 i, 

(3J Coricil. Trident., ses, 2o, cap. ni, Ve Hffuiñrü 
preillcti* autem raimas teri!s t el ilumibui, lam viroron , ju» 
nuiluTLim Luna imrauLiiu possidenlibus, vel non po^idenu&i» 
li uriium numerus eonsiitoattir, ac m posteram cons?r?eiar, <»' 
vet ei redJitibus proprii» nuraaMcriorum, vel ex consaed* e*t 
mosf nís commodi; possinl s oslen la rí. 






\RCIAL B 
superior* 
cuidar d ir el [ni 

en España loa generales 
Domingo y otroa de dar ejemplo 'i 

xiona un instante sobre b>s m 

.ibes, 
como Parma, combatido «le gti 
podrá ^erse la n 

risa multitud de reculares, de ca- 
<aa t de mayorazgos, substrae al matrin 
ana gran parte de loe jóvenes que debían 
a time t ahora en 

: »aes do intent ifla las eos 

loa en lo las órdenes, y como buenos va- 

sallos del Rey, a la i* inuacion «I 

en uso do la protección del concilio y da 

iplican su esfuerzo al n iliendo 

a que sus en. Es 

una justicia que no lea p* rebosar. El 

Mico se reúno actualmente en todas las 
partea de la monarquía, do do 

nuestro augusto m< marca Carlos III, Todas laB cío* 
ees del Estado caminan á oompeteneia para r 
Biarse por sí mismas. El señor infante don Fer- 
nando, duque de Parina, logra en sus vasallos las 
mismas disposiciones. Cuanto sale do na ji< 
mero y medida deja de ser cabal ; asi á las órdenes 
lares importa fijarse en un moderado pié, 
¿Quién podrá sostener en Purina , oomo pun 
1 , un número de 
¥oso al Estado y contrarío á los disposiciones déla 
ía? 
Bien diferente sería el modo de pensar de mu- 
dios padres do familias acerca del destino de sus 
¡oe, si fuera menos amplia la libertad de ¡ 
la vida religiosa y hubiese de preceder, como 
tiempo de los godos, la licencia del Rey 
ascender al sacerdocio. Destituido entonces el 
eeedor del mayorazgo del recurso que baila en los 
monasterios, buscada otros caminos de acomodar 
las ramas de su familia, sin forzar tal vez la voea- 
profesor 6 el artífice, variando de su actual 
conducta, convertiría en adelante todos sus cuida- 
dos en hacer herederos de su habilidad ¿sus hijos; 
en una palabra, se conciliaria el interés de los re- 
gulares en a toe, y no se olvida- 
ra los intereses do la patria en llenar los claus- 
tros de los no precisos ni convenientes en ellos, 
IüSta razo i EeiUO at« 
la fijación del número de 1< 
j de los regulares en aquel punto proporcio- 
ne la armonía y el equilibrio que 
juo cuerpo aso- 
cia 

lací i milicia t la agri cultora, 

las artaa tienen relación entre sí t en • i ví- 

anos de la sociedad ; su equilibrio es necesario en 



EL M( i2i 

i que su fomento no 
los nos alistásemos en las 
lof en- 
ría si nos e en el 
sacrificio y en la oración? 

hallar el m 

, y el ex horl.it U i el OTO 

la en los 

Pndií \<r 

dad, de los exc 
mucho «a extrati; 

con el testim 
uno M oe, «¡-hispo de Bada- 

joz, que ha mea de un si. I>re la mi- 

ti el título de 

que persuadía por el mis* 
mo tiempo la necesidad que hay d< 

il clero secular y regular y u 

con una elocuencia que no eí 
un. 

sabio ministro conocía qe 
poder de 1 

gran numero do los subditos, y se i loque 

Ubres para su multiplicación , no hubie- 

en su 
hallan 
en el 1 1 ion, por loque 

exced. i no al de ' moa, 

discurso, sostenía que la pro- 
pia coi -i del sacerdocio pedia ce 

to se limitase su número; j iante- 

del pueblo, no le i 
indiferente su decadencia. [a r#> 

el pueblo 
y loa -iba con ahinco p< 

providencia qu€ as varias formasde 

m rodean, sólo se adt. al sa- 

i alies 
el mérito de su virtud ia y literatura | 



'frff , rf rtgrndi retía**. Ufe, ni, 
pac. U \bi: ln multitud loe 
bks Ignomínii 
taiii Homar»!*, ¡tantCftlf, % quis 

possoot ilcrr, axas 

tro, tscrnioii ' bata sterlles < i.mro* doieo; 

non Inundase mlror. 

•Bü BrtTO, ubi pmilaat 
tl«m : é ¡ut\ o locffmeiUitro i*i< maffno 11 

enmew 
te» riM p9p*l 
olla Al» ! 

lisa lacero. ■ 
Libatai lUidcntíbüs lltnik-a, quibus seso conuocaot usJgajndi; 



EL CONDE DE 
Ahora, ¿qué duda cabe en que estos cui 
competen privativamente á los que Dios ha puesto 
tierra para el régimen y gobierno de la socie- 
dad civil, arios suyos en lo temporal? 
Muchas veces hemos repetido quo el ofii 
reyes se cifra cu U vigilancia de mantener los ór- 
denes de la república en el debido tempafmx&eato. 
A iiiniue Isa exti i >nes de los curiales 
uüruv s pe ranad irá o, y sólo pue- 
den m i(ue ignoran los limites de los 

ocupan en regía- 
los loB 
os, y serían ociosos los tribunales en el orbo 

lo «1 Magno, en la era 1089 
(afto d ' 051 ), con consejo de los grandes y 

'-(¿tabícelo varios reglamentos de disci- 
plina, y entre ellos, algunos tocantes á la monas- 

Es verdad que los reculares en otro tiempo de- 
bieron! por su honor y por su propia conveniencia , 
haber excusado ¿ los príncipes y al Gobierno la 
t en la reducción de su número, 
para evitar la desestimación que trae la multitud 

Bien al contrario de ser ofensivo en Parma ni 
en otra parte alguna la reducción do los regulares 
á número fijo, les restituirá sin duda todo el res- 
ine se merecen en la república cristiana ÍM 
que, ademas de su carácter, con sus virtudes y i 
-usefian á los demás el camino de la r 

>s se han alistado huyendo de la mi- 
i no serán por cierto los que den tales ejem- 
plos. 

El cardenal Roberto Belarmino copió esta* 

dades de la doctrina de san Agustín, en aquella 

madura, en que suele aflojar la fuerza de loa 

pasiones, A la consideración autor se 1© 

tUn los regulares como aquel extremado fruto 

de las higueras de Jr re mías, que no ti 

lo surno de lo bueno ó de lo malo (2) 

religiosos, dignos verdaderamente del 
que hacen los Santos Padres de aquellos 
que supíorou | - I>»h desiertos ; con- 

de vida tau estragada y lies 

unüVqnc isla orlantur, ti» vites Inqalrendnm. Clsoslri id obsequia 
«awdoUwoc ait difimatern eos tantum, quosttrtus, prudencia, 
icrarurn m- '. idmiius. 

de 0- Alomo Vil . cap. lxi?, #o el 

4ct qu¿ l«s tfftt H España han Icnldo 

« IssNjtesIst y Usssi r persoaM as ellss , 

nnn «Y en titania , que es el u título; 

r rejla la lajéelos de los reculares a tos obls* 

«a aUdctn* cor íhm contento* *e*n ole- 

dlrtitft é mi misma se lee en nuestros concilios re- 

|)f[nliKii i ¡i.-. i 1i autoridad real á restablecer j ron- 

t© Cardinal, Roben. Itcllarmin. , De Cemita columba?, iib it, 
eso. fl, pag íiulareí enin limllc* esse videm 

bt»v Jervaie , ínter qoas, quj? bona: eran!, erial bou* valde; et 
fin sala, sail w Tilde. 



B^sal 



FLORIDAS 

sa, qü< en el BÍglo hombres ni m 

perdidos ni más eritniualos; y buscando el on- 
da esta monstruosa diferencia entre hombres 
que han abrazado el mismo género do vida, no 
halló otra causa que la muchedumbre, comí 
en gran parte de gente pobre y miserable, q\ 
ma disfrutar sin trabajo en el claustro 1 

en el siglo les había n ij 

habilidad ó su pereza (3). Y hablando en otro pa- 

tel remedio que necesitaba este desorden, 

s que ninguno podía ser bastantemente eficaz, 

si Q0 raba para siempre de los inonaste 

la propiedad de bienes y haciendas, orige: 

fatal de la relajación que había llorado (4). 

La fijación de los regulares en su número no 
llamarse por ningún título reforma. Esta 
• os que justamente les debo ser odiosa, 
que supone la relajación y el distraimiento. L, 
primera sólo es una mera provideucia políti« 
hace precisa la conservación del Estado para en 
lob-hinte, sin tootr directa ni iiotinH amenté en la 
conducta de los regulares, ni en la observancia de 
pus institutos. 

Iiuporta mucho no confundir estas dos cosas da 

ruando se 
trata de las reformaciones de la disciplina regular, 
y de tomar medidas para su perfecta observancia, 
Intervenir la autoridad espiritual. 
Por fortuna, no se está en este caso en Parma ni 
en los dominio da España, después de las prov 
dencias tomadas con unos incómodos vecinos. To 
das las órdenes regulares que- hay hoy en los domi 
nios del Bey, no se duda que cumplen sus institu- 
tos muy exactamente. Pero si en alguna, con el 
tiempo (que no se capera), sn- contrario 

tampoco pueden los príncipes desatender el encar- 
go que les ha hecho la Iglesia sobre este particu 
lar (5) por boca de los concilios, conociendo lañe- 



: 



ui 

ro- 

n¡- 

tu- 

tl 

r 



vm, loco eit , pag. 203, Ideo enim dieitor muUUndo mo- 
nacnorum fllü esse m valle profunda el caliginosa, quia multiln 
do ex monte perfer.tjnnii cecidit »d vallera profundan* nimia? reí, 
xationis, QtmlfSltfl eos calígine mentís: oon enim don: 
lia ad pra'scpíum Cbrtlti ; id esl, non traxit ?os divina fsc 
uumtliíatem Chrlsii secta n data , sed carnaüs sensus, qal mcnlera 
tsesatat, dtiiít 1 1 los. vel ad vitam eommodiorem, rum essent pn 
peres; vel ad honores ambieodot in rebgtone, cam tn sfeulo noi 
tnvenirent, qtia vía possfnt ascenderé: vet alio ailqoo cónsul 
humano veslem saarlam indoeront, sed mores non miitaverunt 

{I) ídem, De (imttu cotumb*. l¡b* ni, cap. n t pa$ ,581, Qoai 
fvirut rclaiatio exorla est in monasteriis, ruando proprietas In 
Kresa est ¡ sic oportut, si reformatio vera neri debeat, ot propric ■ 
(SI pentlus arceatur. Esta propiedad ei el dominio particular en 
diosos con titulo de peculio, y lodo lo que se opone a la 
SSSS coman : sobre qoe conviene leer i Van Spcn, qat lo trats inoy 
de intento; pues las rentas necesarias y no - > entran 

en esta censura. No adoptamos otros pasaje» de Dtlarmtno, muy 
contrario á todas las órdenes qae no fuesen la suya, 

Tndcni., sea, ti, cap. xxii, De Itegniarib, HorUln 
etian sancta synodus omnes reges, et principes, NSflIUesSi et 
BaS|(StoftM í el in virlnle MSSlSi tall, ul vellint, 

prxdictis eplseopK abbatlbus .i' , el SStfsril 

lis in tnperitj íormatíonls executione sunm in 

et aaetoriUtcm uiterponere; qootios fucrínt rcquisiU, si siso uilo 



ao- 

fu- 

s 

-tu 

:: 

n- 

it 
a 

y 

u 




10 IMPARCIAL ; 
neeídad del auxilio i del brazo real 

Nada i o í ritual ni «k- coman con la re- 

forma de regulares la vigilancia sobre c« 
damero á un punto justo. Solo al pensamiento de 
los curiales se ba podido ofreí 

B pondo á la potestad eclesiástica un regla- 
mento meramente temporal de la república. I Vi o 
finjamos un momento que con efecto fuese asf ; aun 
en esta suposición % no se puede reprender el proce- 
dimiento del gobierno de Parma, sin olvidarse do 
que el concilio do Trento tiene limitado el número 
de ios regulares al de las rentas 6 limosnas or»l ¡no- 
rias ; porque* ademas de que los príncipes y los re* 
yes son protectores por derecho para la ejr< 
de los cañonea, aun en la opinión de autores que 
han hablado en el tono que les han dictado los in- 
tereses de la curia (1), el mismo concilio de Trento 
les ha hecho este especial encargo (2). Y así no 
puede la curia, ni la Santa Sede, que lo ha aproba- 
do» oponerse sin caer en contradicion ; los j 

rvadores de Parma no disponen de nuevo, y 
celan externamente sobre poner en literal olMfliP 
rancia lo misino que ha dispuesto el conci i 

No nos detenemos en el reglamento de los gas- 
tos de las entradas de las monjas, como cosa pur.i- 
mente temporal, ni en la fijación de los vital i 
dotes de las monjas y religiosos. Lo mismo hacen 
a cada paso los soberanos en las bodas, aunque el 
matrimonio sea sacramento, 6 cuando moderan los 
lutos y funerales. Estos reglamentos suntuarios son 
asuntos temporales, y la moderación de la super- 
fluidad que puede haber en ellos, á nadie incumbe 
sino al gobierno político, como advierte eualquie- 
i sin necesidad de persuasiones ni discursos fuñ- 
ios. Nuestros libros y leyes están llenas de estos 
y lamentos, y aun los autores adictos á los intere- 
t de los curíales reconocen paladinamente que en 
i se rozan con la inmunidad, á menos que cai- 
gan en el absurdo de llamar inmunidad la toleran- 
cia del desorden; yo La llamo impunidad. En este 
Monitorio, á fuerza de amontonar especies, se de- 



uapedlmenlo pr?ml&*, retle eiequantur id laudéis Del oaal- 

tetan 

rcselic. Autos, de Simeonib., Pe Botnaní Pontiflc. judtaa- 

nipoUAUír, wm. u, cap. ni, f 4, pag. 137, ibt Qltaoltsl aunes 

tal principe* (Facundi Henmancnsis fuiil olor) ec- 

ticoram canonam exequatorea esse, non court llores, pon 

mttí. TridemL, sea, 16, i o Decreto $wp*n*Íoni* t ib 

rrt U«oo fadrín aaueta S) nodos exhorta tur omnea principes ch ru- 
tilas*, et otoñes p relatos, ut observent, et respective quatenu* ad 
eos*r**Ul, observare faelanl in soisrrgnK. donaim 
ftmui» el singóla, qu» per hiM nerum ifventaroleniD concilláis 
farrunt htcienos statuti ct decreta, El ttif. t% cap. n, De Hefer* 
ti II Hilé locts piiilm. 



EL MONITORIO DE ROMA, 
b i lita mas y más en la pfi 

Eos católicos» sí 
p ar a est os asun x< ol ar- 

bitrio de los ooriale 

Da aquí dimana la 
la* materias espirituales I ístra- 

eion dv sacramentos, la potestad eclesiast 
f érente; pero al contrario, bu las cosas tenrpoi 

'los los eclesia- 
hasta el Popa, deben atemperarse á la í 

»fiesa el papa León IV r al 
emperador Liidm loo. 

Digan tot iles si ha mudado el sis* 

de ta disciplina de la Iglesia, para que ellos 
contradigan, abusando del r» re do 

Clemente XIII, ti lo que el papa León IV 
como máxima fundamental de la Santa Sede roma- 
na, Dejamos al juicio imparcial de loa sabios la de- 
cisión de asi ma, si tal debe llamarse el de- 
recho do los príncipes sobre velar en la policía ex- 
terna de los edeaitisticoB; derecho que les !u> 

lo los concilios, inclusos los cuati 
ros ecuménicos, y las mismas fl 

San Bernardo, en su* libros de Consideración al 
papa Eugenio JIJ % le decia con mucha fuerza que 
ningunos ofendían más á la Santa Sede que arpie 
líos que confundían lo eclesiástico y lo profano, 
haciéndola odiosa con mezclarse en lo que no lo 
lecia» Las epístolas de los papas mas insignes 
están llenan de sinceros reconocimientos do la se- 
paración inaccesible de ambas potestades; y entre 
los testimonios que pudiéramos juntar á los 
r i ores, en comprobación de esta verdad, es singula- 
rísimo el de Gelasio I, que de intento persas 

► d« todo nuestro discurso (i) con admirable 
energía y claridad. 

{3) Petra* de Marca, Cmcord. Sácere, et lmp. t Ilb. u t cap. t t 
?ers. i, ten elegios in cao. So» a tncomjtcirnicr % 41. caus.i. 
qtresl. 7, ibi: Nos ai t&compelenwr alíquld agimos, et ín n 
Jttta Icgis tramilem non con>emvni< imvp&- 

Uortiai enneta volumus emergí r 

et 7 miad, de U Potttt. eecmler en tú* eciaiéetiwi, cap. m, 
per tot, 

141 Gelasil PP. f., in tract. De Anatkemetí* rlnntfo, tom. f, Cfit- 
leet, Lnhbe , pag . 358, Sed curn ad mora teutona est runden re- 
gpm, atque ponllDcem ultra atbi nec imperator ponitUct nones 
imposult, ore pontifei regate fisüfium vtndtravit, Uuaoitts enkm 
nombra í\ts\u legis, atque púiiljllcis, *e<:midijm püfti- 

ei|i»tíunem namrx magniflre utrumque In «acra generosítjtc lomp- 
flfise dleantnr, ut altnal regale geno*, el «arerdotale tutu 
Attafnrn Miriams memor fragiLktati» humanr, quod suorum taluti 
ennigrurret, • ■ uiaguilitti teroprrans* »k adíonibus 

proprm. dlgnilatibusqüe dlfUnetla onlria potestatís oiri 
i>s rnetliebnali humllitale *alvjiri # no» i i 
•fratoret pro 
tita ponüDCibui indlgerent, el pontiflce» pro temporali curan re- 
rum, ¡m\ oibus utcrcLtur. 



124 



SECCIÓN SÉPTIMA. 



Nam sub die í(* lábentü frttftu mensis Januarij Panna prodil edictum , in primU qv 
meti08wn...i». t In a¡ enitn pnfedpttar, \%e mbdili Parmensis, ct Placentini, u, 
Ducatuum t qaieumque illi siut, taculart&aul ecckmstiá* universitatcs. concentos t 
domus, t<nn virorum* guaní mulientm, nmíne excepto , sua* íiks etíam as, 

exkro Trihttmli vulcfint, nequtin MtfWfrtifanU Curik, ñeque apud Apostolicam Sedm, 



§i- 



(Aun no conocían I las leyes escritas, f 

ya les era natural, no sólo él aborrecimiento de b»s 
juicios «\iniuj SfOf, sino el anhelo de que oVnír^ 
desús ptopioJ bogares \> |j n magistradus 

< o ¡patriotas suyos, elegido! á su satisfacción (1). 
Esta costumbre, >v xi ' rt ' ll,jn ' r ^ ucitn de los antiguos 
germanos, se halla observad* en toda» los ai 
nes, consultadas sus historias. 

Antes qn- -en en esta parte los curiales 

de Roma el establecimiento de una costumbre deri- 
vada de la utilidad de las naciones, debieron adver- 
tir que la equidad, esta hija primogénita de la ley 
de la razón, ¡mpTOM ID Ion OOMUBOMI de loa h«mi- 

Ibres, pide con mucho ahinco que á la triste con- 
dición de un litigante, que con tanta razón compa- 
los sahioB, no se apriete con la dura sobre- 
carga de precisarles, con abandono de sus familias 
y con sacrificio de sus intereses, á peregrinar en 
busca del oráculo de la justicia , que sin misten h.h, 
sin dificultades ni melindres > se les debe ofrecer 
patente á la puerta de sus casas. 

También han debido considerar que este edicto 
justísimo é imprescindible de un soberano que de- 
sea la felicidad de sus subditos, en Dada ofende la 
superioridad ó derechos justos de la curia. El Jugar 
del juicio es sin duda circunstancia muy mate- 
rial al ejercicio de la jurisdiciun, y bastante satis- 
facción de yus ideas es ejercitarla en otros territo- 
rios que los Bubtarvioarios, por medio de delegacio- 
nes y rescriptos, que al mismo tiempo que la con- 
s( rvrii, no pierdan de vista la utilidad y beneficio 
público, 

No es difícil de percibir el estimulo que hace ol- 
vidar á lo* curiales la Minia distancia que hay del 
reconocimiento déla superioridad de UiSautaSedo 
de Ruma, á la precisión de presentarse en el fuer-» 

Pino los litigantes al seguimiento de hiB causas 
h; gravamen que, BU el mentir tic un 
r t es tan extraño ó intolerable, que aun la 
icion de los regulares , y mi inmediata sujeción 

(t) Taeit M De Mor. Gtm,, ¡bi ! Jara oer pagos, YkosqBeredd lia 
ib iís # qal ín conciliis populi clecii esseni. 



i 



al romano Pontífice, se interpreta de 

se entienda que están precisados á aparecer * 

fuero romano, sino para que por rescripto*! 

D sus causas ante ¡i U* gados i 

les, evacuados antes los recursos orditiar 
superiores, residentes en sus patrias ó dote. 

Es un den tí establo * lo*j 

terminar sus juicios dentro de su propio paitrü 
ritorio; y esta verdad, que ataca ©1 Cedulón ¿1 
nitorio de 30 de Enero, con la insinuación < 
los tribunales de Moma no pueden juzgarse! 
jeros á ninguno .le los cristianos, de 
que no eólo es conforme á la primitiva di* 
eclesiástica, sino que está confirmada en lo*< 
nes de los mayores concilios, y con d< 
ejemplares de los mismos papas?. 

En el concilio Niceno, venerable fuente í 
legislación eclesiástica, donde, según san 1 
dictaron aquellas reglas perpetuas que han <l*x 
manecer hasta el fin del mundo (3) , ee de 
expresamente que los negocios eclesiásticos i 
neeiesen en las provincias mismas donde tenias al 
nacimiento* La certeza y justicia de esta ley i 
por el conducto más ino' uparcíal, ptwsll 

asegura el papa Adriano I con el elogio que sel 
rece, en las reglas que estableció contra los 
acusadores (4). 

En el sínodo Sard ícense, en que ee transcribiera 
muchos cánones del Niceno, según Graciano, i 
t mi' :- de lis provocaciones á apelaciones de il- 1 
gunos obispos de»pucs que habían sido juzgado! J 
en sínodo por bus comprovincialeg, ee < 
que perteneciese en honor de la Silla A \ 
esta única especie de causas, puea no se habU <!• | 

(2) CbopíD,, ftf Sacra PeIiL t lib* n. cap, r* f num. g. iba; Alai 
est romanara sfnlem agnoscem snperíorerii, alias romana* faro 
adire teneri monasiprioruin, el ccclesiamm eiemptiaies fcat* 
stinper habuerunl interprctotloneni, ut lucí proxims ronaoop» 
llfld s ti bes sen i, non lamen in urbo fumín sortircuhir, sed «fe> 
Liflcb rescripto apud patrios, e! provinciales jad i 
rent, 

(5) Epist. aá Pukheriam Au$wtam t Concil. t tom. rr. tottect 1+ 
íe t pig, &G8, ibí: Vcnerabiles tile paires inansuras ü&qut i4 Isti 
mundi legea ecrlesiasiicorura eaoonum con<l¡d<rur»i. 

(4) Caoone 12. Prudontisstroe, juaissimé^ur Nle* na, f#t al- 
cana dpíreta deflniernnt, qnirnniíiue negotia In suís Jocí».**' 
orla füerint, 11 n leuda. 



JUICIO DI T.RE 

uartiLas, mas no que avocasen la causa á 
loma (1). 
E*t rden se refiere en el concilio < 

iaé VI, en la » ta de las iglesias de 

d el papa Zócimo, en que se buscó el con* 
a sínodo Ni cena, para averiguar la regla 
i a por los haberse es- 

eii él sobre los juicios transmarinos (2), 
La decisión de los cánones sari tedia 

del gran obispa de Córdoba Osio, no 
ida en cuanto a en- 
1 «gados la Sai t partibu*, para con - 

oncilios provinciales déla 
provincia inás cercana las causas de obispos; an- 
tes tu iglesia de África , junta en concilio, la tu- 
va como una novedad, u ncontraba serlas 

en lo» mas verdaderos códices del concilio Nice- 
no (3), que bizo boa las las sillas patriar- 

cales con suma diligencia. 

Ademas de la fuerte contr le los obis- 

pos africanos sobre las apelaciones transmarinas 
en las causas de obispos, no está destituida de de 
fensor la opinión que sostiene que la mente del 
concilio Sardi cense sólo fué conceder al romano 
tice un derecho para examinar si las circuns- 
tancias de la causa pedían revisión y nueva aber- 
tura del juicio; pero que no inducen un recn 

¡OH, en que pud lir de la justicia or¿> 

(4). En estas causas, el concilio Tridentino ha 
ajado ya la regla, y en ellas ba sido grande y 
il la autoridad atribuida en Sárdica á la £ 
Je. 

La autoridad del codcüio Niceno no neo 
aderarse; sus disposiciones se han tenido m 

en tanta veneración en los negoci 
i, sm¡ de I "'riña como de disciplina, qu 
nos han d 
mente sin vigor algu liera dispof 

i á las de aquel célebre y «so, en 

que p< • se confir- 

la verdadera jerarquía (5). 

p, vtii F.l hoc MeosslBl faerit. et 

iRiiif» juiti4.'j>crinC congn 

du |M 

naum romtc i volu»- 

lum pula te < •■«.- ribero 

, ct pro- 
piBtftl 

i ndfm verltal on *uam 

mi tUl, urit lu psteilltl Ln&los quid vet- 

Itt, Jlt. 

i lanujnam • lu* n 
tirara synodo consUioiui», 
quu illa "paro "»'f iu>in rt 

ind c* ixansmlsahlls; iq cnnnlus wlorfbuset 
m repetiré. 

ivjkfii croa 



EL MONTTQBXO DI 125 

En las causa* B, que casi eran las únicas 

en la antigua disciplina, son mus 
evocaciones álos tribunales forasteros. Por esta ra- 

a 1«>h raíaos 

antiguos, aagun 

don Antonio Ag Q las anotadme* C" 

ilustra estos cánones, ex¡ 
las acusaciones no salgan de la provincia 
hayan de terminal dentro de 
comprovinciales, y generalmente dispuso que nin- 
gún obispo fuese enjuiciado fuera de su 

el respeto inviolable de lusprimiti 
nes, se han abstenido loa pontffi< nos de 

atraer á los tribunales de Roma las causas 

i cas que no fuesen de las ciudi 
rias, contentándose con señalar jueces que dir 
sen en el mismo país las que tocaban á di 
cion 6 acusación de obispos, 6 últimamente, en- 
viando personas que conociesen de ellas jum 
mIo provincial. En las demás causas, la 
güedad no lad que la tnm 

ta de tos obispos y de los metropolitanos •< 

En nuestra España se ve claramente qrj 
cios peregrinos no eran OCmocidOft, y que ¿iun las 
causas 

i i líos, ora fu -po el 

acusado y depuesto, de que el timonio la 

oaoM 
concilio XVI 1 i canon 8.*, 

Ires que le 
brarot' i\ del rej liaber 

cousi>i Ira i I Rey y la patria, 

lose con los obispos de África por mora 
n, y es ta tínica que se hubiese 
de! reino en los ocho primeros siglos, hasta que 
con la inundación mahou 
tornando, y en tiempo de don Alonso VI se 

ra liturgia muzárabe, y adoj 
que baoen memoria nuestros anales (6). 

Bit lOfl f flW Miictorum Patrum MSaalfttl ínstitnta, r\ vencrabíll* 
Sn ilrciviis, milla possunt Improbitate < 
b miUaaUCbrUtosrielii 
ojieifj ■ 

niara dispermllti roihi erciiítt e*t, etid neao lendH r<>ítum. «i 

relimen i| ■,.,. q UA( | 

abüt rutiiiiu'iitr, vi., 

l.akke, pa& i 
I 
riiüi Pjh 

Úxa dtrrcUH, otomaiitiam v*slr;r MacliUU adiooneo, ni )i 
cleiiarum, ikut tb Hits uecenll dcc«n 
i$it, ptrasn 

tg. MB, mi. 1 En | 
le* sacados del libro de li kalcnrii de Burgos i la era M < 
«icnle £r* MCXVI i*ir, 
nm kf tn tt ¡¡pomo. Ymo fue •'- 

fUfie, ú la rumaiia, que de DUt\ 




iaHi 



126 



EL CONDE DE FT.ORIPAHLAV 






Eu las dndaí dogra iciltosespaj 

deciríiau la materia coa toda discusión y ex 
cual es de tct cri la celebre altera* ion con el papa 
Benedicto II t *n el concilio XV Toledano, al cnal 
remitió el rey Egica el breve pontificio , para que 
en dicno sínodo se estableciese la aentencia que de- 
bía seguirse ; y en efecto, aquello* i 
dieron testimonio de bu doctrina, del concepto en 
que tenían la h le] eoncíHo, y de la vene- 

n qno la iglesia do Espafia conservaba á la 
le san Agustín. 
La iglesia de Francia suministra testnn<>ni 

ios de la inteligencia genuina iideei 

í | > M- i \driano II, 
en la famosa causa del obispo llincmnro, seaquie- 

i repuesta que iié el anotrispo de Retos a las 
en que el Papa le previno qsu remitiese á 

I el prelado acusado ; pues le ai*0 presente la 
imposibilidad de cumplir semejante mandato, tan- 
to por oponerse á loa cánones, como porque sin 

■a licencia del Rey el mismo arzobispo no 
nal ir <!■ los límites del reino (1). Sosegada 
acuella ruidosa contienda, en la carta que dirigió el 
mismo papa Adriano II al rey de Francia Carlos el 
Calvo, después de asegurar sus tuda intentaría que 
N - | uniese á las reglas establecidas en el concilio 
al icen o y en los otros cinco generales, promete que 
si el interesado se crcia aún agraviado, elegiría 

- que volviesen á ver la causa, ó los deputaría 
i ¿ ato re, delegando su autoridad de modo, que el 
negocio se concluyese canónicamente en la misma 
provincia donde babia empezado (2). 

Otro ejemplar oportuno ofrece la misma iglesia 
de Reina cu la deposición del obispo Aroulfo, por- 
que queriendo conocer de cata causa nuevamente, 
se le respondió que por la memoria de san Pedro 
siempre serían obedecidos los decretos de los ro- 
manos pontífices i, excepto un cuanto se opusiesen 
ú las constituciones Dicen as, que babia venerado 
siempre la misma Iglesia romana (3). 
Esta misma costumbre o b s e r var on loa pontífices, 

ii aquellas acusaciones propuestas derecha- 
en su misma curia. San Julio I delegó la 

diliftencfa de Grifarlo Vil; que había sido legado en Esparta con 
el nombre de HiMebrando. 

1 Bp1«t lt, lnl.r cis Uíncroati: Veslra seial atiettiritas, qula 
ner prsMidum ílinrmaram, ñeque etiara queinlinet eplsropnram 
íiím iliinunira re* lila praceperit. Omain, *el inaliqnaní parlero mea 
feOSaatsdltla ne nlt!cnd1 ha neo potcslalem, nec ip« ego ullra 5- 
ses reí regnl abtqoe illius reJeaUi progredi «lea. 

(41 Kpist. L 27. De Ms ti í 1 audeuas jodirare qüod possit niern» 
coneltín, itfmlSfDfl taler-orum conciliorum rejrulls, id decretis 
DÉSlrOfoa laietesform obviare, et paufopost. Si adttiic ju«t:im 
jataterit baSerc pruclamationem, stsñetl M injusti* (tamuaiam» 
i Ucituis aul r* hiere o ostro direrlls cum isetSfHtK 
PSStfl isMeeatSf , qur. Resla istt, el nrajoiia, in f[H arta aunt 
pruvnirí;^ ghsbIc& terariatsfar. 

'■-ís vera rmuauam Lkdesiara propter beati patri memtíriam 
fesipcr honoramlaui decrevimus. nec riVeretia romanar um pontift- 
curn obviare eoniemliniis; salva tanien auclonlate níca-ol rond- 
ín, quod NSsn romann Eeciestt semner venérala nL ftoussel, 
la ¡tutor. Ecctesiastic. jurudict., tib. iv, G%¿, vii, p*f. 354. 



pansa de san Atanasio, que so había t* 

romana, á los obispos de la pr< 
Lo mismo hizo el papa san Bonifacio cali i 
Máximo, obispo valentino, acusado delant 
tíficc de varios delitos y del de la herejía, i 
tiéndele al juicio de los prelados de su ¡ 
en Francia (4). Kl papa Agapeto, en vista < 
apelación introducida por cierto obispo < 
cía, depuesto por sentescía sinod.il, 
ti delegaría jueces que conociesen de su < 
Pero os ocioso malgastar el tiempo en la i 
ais di delegaciones particulares, de que es 
EaSJ las decretales. Era costumbre religio 
observada constituir en las provincias jrai 
ciclar, delegando sus veces á alguno de loso 
Hilario I dio sus veces al Obispo de Arles (6); f 
Gregorio Magno siguió su ejemplo, c< 
las al obispo de | a misma silla (7) ; 
(rrande afirma que los obispos de Tesal&úcai 
ron siempre vicarios de la silla apostólica i 
Oriente (8), En España Cenon y Saín- 
pos de Sevilla, y Juan, obispo de Elche o 
fueron vicarios apostólicos , pero no para tomar » 
nocimiento do causas contenciosas ni perjo 
los metropolitanos. Hace memoria del vic 
Cenon, arzobispo de Sevilla, el docto Pedro de 1 
ca (9). En este escritor se puede ver la dur 
tal costumbre, y el origen que tuvieron 
rios 6 legados , sus vejaciones en las pro 
inconvenientes. Los curiales en aquellas 
tenían poca influencia, y los papas, no se pro 
gar que eran observantísimos de las reglas^ 
bia prescrito la Iglesia en los concili 
juntarían del Occidente para los caaos grave*, c 
asenso de los soberanos. Lejos de intentar i 
cbar sus facultades en perjuicio de ] 
aun en el de los obispos metropolitanos y \ 

(1) Can. Dtcernlmus, 10, ñus. 3, qaeit. 9. Vcstram Seta 
ira fuovintiam esse judldum, et coiifrefari srnoJuio aaU 
halendarum Navembrium. 

fS) Episl. l r Agaptii* toro, u, CónciL 

m Episl. 8, Hitar. , toui- m, Catiect. Binii, pay. 574, rlí 
LaU't, lo ni. v, pag, fttí. 

(7) D. í.reg. , epist. 46, Ad unfr. ll&ltitt tpiscup , Uh. t. it4> 
tam. ti, paaj. 7X3, edit Piriaiew,, 17(k?. Secón. I«m aslisiaaie 
íuetudínero opportunam esse perspeiímus tn e<vlr-*e*. \ 
regno Lhiklnberti regís suoi, Vlfllfs arclalensis eii 
vites nostua irlbaere, ul si ioler fralres Rostros ron 
aliqua SViSSfil forte caotenlio, aurtoritatís sua 
nerope sedis aooslnlleaB funelus tompescal.— Se veqo* e»íoS'' 
rtatos miraban a interv. nir en las ransas contra io$ obispa { 
pu4ieAen turbar la tranquilidad y pai de iis iglssíia 

iR} S. Leo, epist. 81. 

(9) Marca, Concord, Sácere, et Impertí , lib. ?, ean. n 
turo. Eata» |>ariii miares comisionen rfel paps Simplicio * J 
del papa Horraisdas i Saloslio, ambo* an*>bi>| (l( 
presamente preservan los derechos d> loa raeiropoliutiot, y i 
atribuyen jorisdírlon alguna eantcuriu^a. Et íunttamcatolffi 
rahito es claro y leriuinante ron Era la avocación á IWma . 
vincmtanhl tonsint¡uHaíe diymrtU ila Relica j Lositaaia 
traía posstt eihibere per&mam, et patntm rrfjuh* »áhib 
úiam. Kl mismo papa Kosnibd^s díte lo propio i Jaan 4 < 
Elche : tervati* privUegm metrapoiit**orum. 






JUK 

han usarlas con la moder *tó- 

litar dispensas ni causar 
i en los provincias, y 
gÍO0, i i uía y costumbres de 

Jamas se contrapusiera lobra- 

ibre de los concilios provinciales o nació- 
nales, 

1 corto trecho que divide á los si- 
Atinente de Italia, le pareció á san 
rio nn dilatado espacio para precisar aque- 
llos naturales á que pareciesen en el fuera romano 
á controvertir sus causas de poco momento y con* 
sideración ; á este fin constituyó vicario al obispo 
tensa para su l mismo origen 

célebre tribunal de la monarquía il 
lia x tan combatido de Clemente XI (1), 

La c &fl muchos gastos que in- 

evitablem na un juicio en país remoi 

ios de sacrificar la justicia a la quietud ó al 
nnéstico, 6 el de ceder á la mejor fortu- 
na del contrario, moi i l tí y al conci- 
lio 1 V Lateranense á refrenar el abuso de avocación 
de los el ansia de los curiales había 
iquel siglo xni, contraías reglas de 
primitiva; estableciendo que á ninguno 
ge traer á juicio más allú tas ó 
las de su diócesis i 

i una 
la distancia que hubiese de haber para 
I parecer i 
propia diócesis (3) lara- 

Dfl papas demuestran el gran abuso de 
toa cu sde el siglo xi, anim 

aorancia de los pueblo** y espíritu militar de las 
.das. 
La disciplina mas antigua es sin duda ver 
r* y lo la tradición. En España, del 

[iO se apelaba al metropolitaulo propio, y en 
icia al metropolitano ano, J 

por vía de recu ti Consejo ó at 

cía (1 te era el norte y el progreso d 

Causas eclesiásticas, como se lee en el concilio XI II 

lenario nacional y presi<l¡ 
san .1 1 año 

¡msi ha»e, pro piiiv 
i .tu transm. 

iltrt «loas dlsr- 

nim per tltlsrii ipestallc imirant 

po**ii, .Jlu* laborista, el mpensls líti cederé, *el 

mere romprtlatur. 

Ol <"ap, Siétolm, ti. Hf HtmHfi, la BL Suadcnte utlltlate, ne 

«iui« u ' bma a Qor nor dlcseatii • 

Btttftl r^ Hemls, 

tej moaadils csusam contri pr< | mpoep teco- 

■W4 Ur trvrton drh* p#fi \ arf metropolitanos saum 

WUialurus leenSflHi non sitie? drbet a prnprtn episeopo etcommu- 

ni| *fnieiili¿ pnedamnari, antequaro i D tnrtrn- 

Mil *g- 

IU* cifomirm 

Mit absoluto, lor^ucri senicollam 



EL MONITORIO DE ROÍ 127 

del «¡J i 
i. irse ni un ejemplar, en los pr ofco *i- 

í^lofl, de juicio algún ioso de la iglesia de 

España ven 

arel coíií s cedulones para < 

su extraücza. 

No solamente pasa el breve, en la censura que 
hace del adieto en que el soberano de Parma pre- 
serva á sus subditos de los lastimosos ef» 
juicios peregrinos, por encima de laaconstitu 
da la Iglesia primitiva, que reconoce inviolat 
Silla romana acerca de la costumbre de delegar en 
las causas mayores, aejrun el concilio de Bil 
que eran las de obispos t únicamente reservadas por 
diligencia de Osio t obispo de Córdoba, y de los re- 
glamentos que han hecho en este particular los pa- 
pas mas señalados, sino que se olvida de lo* | 
legios é indultos recientes, que la misma Silla ha 
dispensado, 

Paulo III concedió al estado de Parma, en el alio 
de 166' de estos principios, la preem 

cía do que todos los pleitos eclesiásticos se fenecie- 
sen en su recinto ; delegando á este fin en el arci- 
preste de aquella catedral las veces apostólicas y 
la facultad de cometer. Este privilegio se pasa en 
todo el M i profundo silencio, sin que \ 

haga de él la especifica mención que sorín necesa- 
ria , según las reglas de las mismas decretales, para 
evitar los vicios de obrepción y subrepción clara, 
lupoco está en mano de los curiales derogar 
concesiones, fundadas en ra?.on por J 

upas en sus decretales, en 
que decía r iré es su ir. 

var ilesoB los privilegios de las iglesias , de las na- 
« y de los príncipes, asi como la curia quiere 
defender los «uyos (5). 

Ad< ve la pretendida avocación de 

los curiales a los antiguos generales establecimien- 



f/At0«j# á h tita pura Aplicar esta doctrina i /*# eicomnnionn ¿s- 
jiu/jM). Qaod cliam et ínter metropolitanos eonirenit observar!, si 
I»rirf ratatua qots a proprjo metropolitano ad alterios provincia? 
IV ipolestiam prrssarr su» agmincendara intutent: 
judilns a duobui metroi refitl analtas nepo 

tiáioají '.'-mmintrurjimnis jiigiilnili 

-tur ínllgu lloc lamen esl ob*crrindum, 
ul si prius anunujuf ñique r\romaonte*tionero comigrht »u»re- 
IÜMS, anteqDara » proprío episcopo ad ahum pcrlnn*lret 
c*fotnmuiilrata* apod cura, cují; :nt, hibeatur. quan- 

*Jin etconmu" nbjertibas, utnun jwsie 10 itiju 

Itatiti sit, agni>*cjnir . //a*/ri aquí rl r¿if«* cooriliar. el más oola- 
blr qor puede Urnr rn |Q0| la disciplina eclcsiiktka ; tieso A* 
eqatdad, y clarísimo para demostrar que tfl Espina no tenían lu- 
ftr los Jaldo» peregrino», y que en su lugar te debe aaar del re- 
curso j prot< < aatfl la fuerza y tiolc&cia, A que 
I tama «prsnwn eUm tfajpj, 

¡lar, l»P.. epist. 4; Londí , tom MUf, ii|.S7t; 

el CoiirfL LáHr, lom. « , | llaílis oamque eeelfsiaram 

pnvileiria, qua- aemper sonl aertanda, tú 

|i unctorum Iradltiouum diMioquilur sancit 
ijijuríjiu ipsius dumini proailHur* Cum exped 
rtU non m Isiitudlne regioii^ra, sed aáquaUJoiu 
ttiaruua. 







EL CONDE DE FLOBIüABLAHGA. 

toedeh l-l* la, á las decisiones de los ruisn; diñan en el 

ial de la curia ido 

nte las causas 
¡pios tan 
de dospol 

l e l a Furo* de 

imieuto del 

►>, es el 

nlolaa eti su vigoi 

ompatriotfi 
rados de su lengua, de sus leyes y de sus ooa- 
tlimb 

los, vencedures de gran parte de U 

ii la misma re _ 

t discusión de los negocios á 

, para no arrancar, con pretexto del 

tuos de sus casas y hogares (1). 

las cansas, tanto civil i riYninale?, 

de los ruínanos p<ir inju- 

rabie de los naturales el abuso de juicios 

ion del em- 

_'). Justiniano, adi mas de haber 

^ düU- 

' -l titu- 

qiliso 

^al, que compran diese 
► si tu ■ aaa (3). 

lo la equidad del dere- 
cho ta Ir ion de los juicios á provincias 
los ha ligado á tos o 
¡ijb y fin de aquí el 
■ 

p¡0. Respecto de los labradores, 

üa t que era 

aforarlos (4) ¡ y es Bsp*- 

fía se les guarda tan inviolablemente este privile- 

Lera su 
expíi I »dos los pleitos civiles y crimi- 



. Id VormuU ñtftorh Ptúp tais / Omnin'- pro 
cu v vit inltyettM .ni pwtodM miu¡ , as seis ii ad sst veetaessi 
odoa de I til I afuma- 

ban ton i n uqj musía aaeioa 

na rumen te, 

. üh ff, C- rseod., 
Ifl, r.iii. vitiiiux , iTii, i liri provti 

rnlm míe crlnlsssi 
istffriai astea 
ibuv IfRibu* roerrcnjus. 

tribu* nt aa l versa illlsat, ^t <iüj' 
IWeedi l occíi!enU*m sokra , el qu* rx 

iitii, mi la 

r x pco|prid pj 

rsatsslBUH < itcr., /* * 



ito de la audie 

f.as leyes civiles, qu 
liibtMi Iosjia Ij en ser A los curía- 

las de Roma muy respetables, singularmente las 
do los Novela*, que guardó la Iglesia romana, y á 
cuyas disposiciones se ajustó en la ocurran 
los casos particulares (5); y generalmente debe ser 
I lar la disposición del derecho civil á la 
no madre de toda piedad y manse- 
dumbre, no debe proceder en la admisión de lo 
juicios con una crueldad que ha parecido inhu- 
mana a los legisladores del siglo, como se estable- 
ció en el concilio Niccno, según afirma Julio I (6) 
aunque el papa Eusebio refiere que desde tiempo 
de los apostóles trae origen esta observancia; bien 
que entonces no habia fuero contencioso en los jui- 
cios eclesiásticos (7). 

El adicto de 1'arnia, que aquí reprueba el Monito- 
rio, sustancial mente se reduce á la con&tit 

rsal de todos los estados cristianos, que no 
pudieran consentir la perjudicial avocación de 
causas al fuero romano sin exponer á sus vasallos 
a ser la víctima de estos litigios peregrinos é u 
minables. Los portugueses no los toleran, ha 
graves penas, y en Indias se acaban las causas ecle* 
i.i en aquellas regiones por su distancia. En 
Espada hay expresa disposición, que prohibe ex- 

los vasallos á litigar fuera del reino en virtud 
de letras apostólicas (8)* Esta ley, que refiere i 

don Francisco Salgado á la letra (9), se ex- 
tiende á los regulares, á quienes se les prohibe, 
y con mucha razón, que lleven sus negocios delan- 
te de los jueces conservadores que solían ten» 
ra del reino. Y no sólo están prohibidos los juicios 

•jeros, sino que todos los jueces ecle&i 
tienen la obligación de delegar dentro de las mis- 
mas provincias, para que no salgan de una á i 

;iusas (10), En cuanto ¿ los legos, 
mas estrecha la prohibición do sacarlos á 
fuera de sus propias casas ; pues ni aun ea permití- 
do á los jai r,a del 

obispado, con el fin saludable de que no sean dis 



íSi Ion Camoteas., tbl: flictim instituto Nertliarum, 

1 r-miaifü ttacteiii. Divas Grejor,, n -i»i. 
u*item (n ttititaM* . lib. lili, r 

un duro est; quU si f*u«¡»m lutiuii, nun ab 
¿bis. 

OrienhlU E)*4irop,, ibi 
utuiurn «**sc «cea** to res, el aernaai 
í\ü»í s-rculi Ioris neo «idrniitaril . a sacerdotal» fondltus iSvrrl 
alo. 

1 ilu "*, causa \ qa;i tote * témpora aporto I oran 

sjnrtj eres aenrtl a**tar*a el ateiisationts, 

iota*. 

nil, lib. i, Scvhim. BecopU. 
m IK Saiiíi ,./< • •■ . ft*it n.c, 

(10| Lr«. 55, til. u «tel lio. ni. 









juicio ocpárcial sobre 

traídos de sus cargo», labranzas, oficios y mi] 
not (1). por lo que hace á loa reinos de Indias, 
Gregorio XIII concedió bu breve, i álttmo de Fe- 
brero de 1578, ; p e II, para que 
loe pleitos eclesiásticos se (< o aquello» 
países, sin sacarlos á otra parte ; que fué una decla- 
ración de lo que disponen los cánones, más bien 
que una concesión ó privilegio considerable. 
Y como no se puede llamar privilegio lo qi 
conforme á derecho común, usando de la protec- 
ción debida á los cánones, han recomendado i 
dos tiempos nuestros soberanos su cumplimiento, 
y por ello se hace especial ísimo encargo á las rea- 
les audiencias y tribunales de aquellas provincia 4 ? 
ultramarinas, en la ley 10, titulo ix, libro i de la Re - 
topilacion de, indias , que tiene inviolable y pun- 
tuad observancia. 

Se ha llevado tan mal siempre en nuestra Espa- 
ña la avocación de causas á la curia romana, como 
k ría ú los decretos conciliares y á los derechos 
«tel r * itól ico, igualmente revé- 

hijo de la Iglesia que celoso defensor de las 
regalías de su corona, qne le confió el Todopode- 
roso, habiendo entendido, en el afio de 1491, que 
08 oidores de la real cnancillería de Vallado- 
on su presidente, admitieron una apelación 
para la Rota en una causa de que e! conocimiento 
propio de la jurisdicion real, los depuso de 
1 1 pieos, y nombró en su lugar otros que mira- 

Ieen mejor por la conservación de los reales dere- 
(2). 
Los franceses, nación tenacísima de la primiti- 
va disciplina eclesiástica, que á fuerza de constan- 
cia y de la ilustración que siempre ba resplandeci- 
do en sus tribunales, conserva, con el nombre de 
franquezas de la Iglesia galicana, el vigor de loa 
antiguos cánones contra las innovaciones moder- 
nas de los curiales, jamas ha consentido la i 
Clon de sus procesos al fuero romano, y siempre ha 
en que se cometa el co- 
nocimiento que deba la Santa Sede tener en las cali- 
nas eclesiásticas á los prelados de las u 
tro de la propia diócesis del litigante. Y si alguna 
rtx se ha quebrantado estasalu<¡ ica, la 

fian remediado los parlamentos, y boy generalmen- 
te se interpone la apelación que llaman de abuso 6 
recurso de fuerza , para ante los magistrados sécula* 
ras)» á fin de reprimir toda inf racciou. 

Del reino de Portugal, el mismo señor Salgado 
nos refiere literalmente la constitución que resiste 
avocación de los negocios eclesiásticos á Boma. \'A 
latías de Hungría prohibió también átod 

Fallos la salida á litigar al fuero romano (3). En 
gofta se proveyó de remedio al mismo abuso 

1*1.3. II1 1 del lib. ir. 
ftl Catll», empeñé, ttlttor,, 11&, uní, cap. if« 
0) Ut reícrt satos. Ilcuud. lu Jhff. Hntlf Jtrtsdic, Ub. I?, 
ap 




EL MONITORIO DE BOMA, 129 

que boy intenta la curia de Roma respecto de Par- 
ma, por un antiguo y particular edicto (4), de 
qne testifican el vigor y la observancia los autores 
de aquel país (5). La Inglaterra católica disfrutó 
los mismos privilegios por derechos del reino y 
concesiones de los papas. Los estados de Flándes 
tienen innumerables constituciones á este fin, casi 
desde el tiempo en que empezaron á conocer el 
derecbo escrito, que ban mantenido siempre con 
loable firmeza, y renovado nuestros Beyca Cató- 
licos en el tiempo que estos estados fueron de la 
dominación española. Los venecianos, aunque tué- 
nos apartados de Roma, ban prohibido severfsi- 
mámente á sus subditos parecer en sus tribuna- 
les (6). 

muerte que se impugna en la pretendida avo- 
cación de los curiales la ley eclesiástica que es- 
tableció la Iglesia, y reconoció el concilio de Sár- 
dica en la asamblea que mas ban venerado los 
romanos pontífices, y los propios reglamente 
dictó la razón y la equidad ; y va este cedulón Ó 
monitorio a de- abeza del Befior infante, 

duque de Parina, don Fernando, las leyes que los 
soberanos de toda la cristiandad han d 
tiempo en tiempo para la felicidad de los pueblos, 
y las costumbres patricias, en que por mucho tiem- 
po han vivido los parmesanos con expresa anuencia 
de la misma curia romana y declaración de Pau- 
lo III. 

Este procedimiento de parte de los curinlee, aun- 
que no puede llevar el nombre de novedad, por ha- 
berse intentado muchas veces para tentar el sufri- 
miento de las naciones al ti uro yugo de las avoca- 
ciones, nunca puede ser agradable á ninguna de las 
provincias cristianas (7), ni tolerable al estado de 
I 1 arma, que, no sólo en reglas generales, sino en 
muy particulares títulos, funda su justicia, Diga 
el imparcial si esta condu iva ó justa 

de parte de los curiales. 

Si no lo es, ¿por qué Roma debo llevar á mal 
■ jin al sefior Infante, con su edicto, sostenga los 
privilegios, dv sus vasallos, y sefiui este, 

de que se le intentaba despojar, contra lo ui 
quo Paulo III había declarado en 1547? Al Sobe- 
rano toca mantener en vigor á los obispos y á loa 
vasallos sus facultad haya 

concordia, decía san León (8), y lil I des- 

pojo quo Roma causó con sus procedimientos, 4 

I i Oréonancet de l& Frttnckt f.t>mtf, Jib. *i. l*f. K, iima |fJ7. 

(5 1 GrltelMu« a Um% Hkm M U¡ MliqaS vrftttH 

45t t iOkmriil) , :, prinri um i 

et ntra provlnrlim ad lliigan-tum fiKtfl 

69, SO' i.3Ul sllO iJUoCÜí» \Úr |lnl 

tSj L't referí ¡h*t»t. Uat> 

C!) Piírlo* ««reí rnn*ellcff ut>i<nu gcaduoi ftefarhlra habf*» 
lar ¿.fifi, Jib. Rfftorteitf. ótí A(< 

H PuttSr'vtm |*ja#f„ t'v J|, SecunJ. oritiitm ds 
(ffiattüín i™ f(< pNrum, mi Qaonitffl reí 

ler laU' r$w I me ufatioro 

Unan, et rcgn *t nstrtel tim. 



130 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



pretexto de un tal Escalona , en cierto pleito ma- 
trimonial. 

Quéjase el contexto del Monitorio que Roma es 
tratada como extraña con este impedimento de 
avocación de causas á su foro inmediatamente. 

En cuanto á la unidad de la fe, la Iglesia es una 
y no conoce distinción de países, como observa Vi- 
cente de Leyrins. En esta parte no tienen lugar los 
privilegios de ninguna nación ni iglesia para en- 
sordecer á las amonestaciones del sucesor de san 
Pedro. 

En cuanto al fuero contencioso, no sucede del 
mismo modo. Los apóstoles, en su repartimiento, 
anunciaron el Evangelio y fundaron la Iglesia, di- 
vidiéndose las metrópolis bajo de las cuales debia 
regirse la policía y jerarquía externa de las pro- 
vincias, imitando la que proporcionalmente tenía 
el fuero civil en el imperio. 
* Asi la iglesia de África, sin apartarse de la uni- 
dad de la fe con la Santa Sede, no quiso reconocer 
los juicios transmarinos ó peregrinóse la curia ro- 
mana en el punto de causas de obispos ; antes esta- 
bleció canon ó regla de su disciplina, prohibiéndo- 
los expresamente (1). 



(1) Coneil. Cartkag. pott eotsulatum ílonorü XII et Tkeodoe. Víll, 
ann. Christi 419, can. 8, ibi : Quod si ab eis (Episcopis) prorocan- 
dam putavcrint, non provocent ad transmarina jadicia, sed ad pri- 
mates snarum provineiarum, aat onlvcrsale concilium, sicut et de 



San Cipriano, que fué quien mas vigor manifes- 
tó á favor de la libertad de la iglesia africana, tuvo 
la constancia de testificar la fe con su martirio, 
bajo de los emperadores Valeriano y Galieno , en 
el año 258 de la era cristiana, y consulado de Fus- 
oo y Basso. 

San Bernardo (2), que no tenia intereses parti- 
culares que disputar con la curia, declamó fuerte- 
mente contra el abuso de las avocaciones, manifes- 
tando ai papa Eugenio III los graves inconvenien- 
tes que de ellas se seguian á la Iglesia. 

¿De qué se admira, pues, el extensor de los ce- 
dulones, de que la corte de Parma quiera mantener 
una regalía de que se la va á despojar contra el 
sentido de los cánones y contra una declaración 
solemne de Paulo III? Juzgúelo también el impar- 
cial con serenidad de ánimo. 

episcopis sa?pé eonstitatom est. Ad transmarina autem qnl puta- 
▼erit appellaodam , a Dallo intra Afrieam ad communionem susci- 
pia'ur. Godei Canon. Africaoor. apnd Cristophorum jostellam, iu 
Biblioth. Jurii Canonici, lom. i, pag. Sil, edil. Parisiena., 1661. 

(i) D. B rnad., lib. ui, De Considerat. edEngen., cap. n, tom. n. 
Oper. cura MabiUon., pag. 434, edft. Venet., 1750. Quid tam deco- 
ráis, otad inToeationem tai nominis, oppressf effagiant, rersuii 
non refagiant? Quid e regione tam perrersom, tam recti aliena m, 
at Istetar, qai malefecit, et qui tulit inaniter btigetar? Inbuma- 
nlssime non moveris erga bominem, coi íüatae Injuria, earaulavc- 
re dolorem, et labor ilineris et dañina expensaron Et infrk: 
Qaoosque marinar antrerss terne , aut dissimolas, ant non ad- 
tertisT Quonsque dormitas? Qaoosqne non evigitat considera- 
lio toa ad tantam appellati nam confasionem , aique abasionem? 



SECCIÓN OCTAVA. 



Slatuitur etiam Beneficia ecclesiastica, etiam Comistorialia, pensiones, abbatias, commendas, dig- 
nitates, et muñera, jurisdictionem annexam habentia, qucecumque illa sint, et quácumque speciali 
appellatione commetnoranda forent, non ab aliis t pmterquam á subditis cansequi posse t etc. 



§ ÚNICO. 

En el examen de la justificación de este edicto 
debemos detenernos muy poco. El público ha visto 
ya demostrado que las leyes fundamentales del 
reino favorecen los edictos de Parma. La exclusión 
de los extranjeros de los beneficios eclesiásticos 
es la ley do todas las naciones, y la costumbre que 
universalmente se observa en los estados de la 
cristiandad, y solamente puede dar asunto esta 
sección para que no acabemos de admirar bastan- 
temente la inconsideración con que los curiales 
censuran un establecimiento y precaución de que 
apenas hay canonista, á lo menos entre los españo- 
les, que no haga el mayor elogio. 

Los cánones reconocen abiertamente la preferen- 
cia quo tienen los naturales y diocesanos respecto 



de los extraños, para obtener los beneficios, y por 
no poder sin agravio de la conciencia desatender 
este derecho, positivamente excluyen los advene- 
dizos de las iglesias que ha dotado y mantiene el 
sudor nacional (1). 

El derecho civil de los romanos tiene la misma 
atención á los naturales en la provisión de las pie- 
zas eclesiásticas, y éste fué el derecho común y 
primitivo que observaba la Iglesia romana (2). En 
la Escritura Sagrada se aprueban estas máximas, 

(1) Cap. Hortamur, mi, dist 71. Ecclesiis a robis fondatís 
aliande veniens dericas non sasclpiatar : cap. Bonn, u, % fin. De 
PostuiaL pnlal. Non poteramns salva consciente, eidem Ecclcsia 
in alia persona, quam de reguo üngariaí originem duccret, con- 
grae pro?idere, nec Yellemus ei profleere; et cap. Nemwm, disi. 
70, cap. ultimo, De Cierto, peregr. 

{% Leg. 1, M Ece.'etiii, C*i. deEpiscop. et Cieñe* Leg. na. Coa. 
¡ion licere habita mtrop$U 



JUICIO IMPARCIAL SOBRE 
llena* ile oqc cuando se ofrece 

conu- lelo y una gracia la elevación de un 

feta entre sus hermanos (1). 

i todavía más celoso en 
conservar a loa naturales del reino la privativa po- 
sesión de los beneficios eclesiásticos. No sol 

l en las leyes 14 y 25, titulo ni t libro i <!<- 
la Recopilación ¡ que por sabidas y observada* in- 
violablemente no copiamos, sino que las bulas de 
Roma que concedan cualquiera especie de benefi- 
uta 6 pensión eclesiástica a los extranjeros, 
eben presentar previamente, y se retienen in- 
cisamente en el Consejo, como contrarias á los 
• f la nación por virtud délas mismas le- 
'), y al impetrante se le secuestran los írutns 
del beneficio, ndomos do otras graves penas im- 
puestas. 
Los fundamentos que considera los doctores á 
de estas justísimas leyes son muchos para 
eunir en un extracto. E] 
de Acevedo, en el comentario de estas dos , 

:is leyes, después de haber concluido con mu- 
chos text' es, que no hay nación de la 
cristiandad conocida que admita á los extranjeros 
á la oí fieficios eclesiásticos, dis- 
largameute sobre las razones justificativas de 
esto establecimiento; se funda en Ka futid» 
principio de las iglesias, en el destino que deben 
tener sus rentas, en el ínteres del reino, en la obli- 
gación y oficio de los mismos provistos, y en el es- 
cándalo é inconvenientes que produciría lo <: 
rio; numera hasta catorce, que exborna con bas- 
tante erudición , y justifican estas disposiciones 
temporales de la soberanía, y las precauciones to- 
Liad as para su puntual é in vio 1 r vanci a (3). 
Otros autores, ¡tuto ba sido el 
tiajnen de la justicia con 8jfHl M OOXtl el paso en 
i leyes á los rescriptos grao i < la cu- 
i dispensase en perjuicio de el derecho de los na* 
[¿nales, han fundado el remedio de la ret. 
eti la utilidad pública y en los santos fin 

ndosc 
cargo latamente «le los escándalos 
tos que de lo contrario se (4). 

Estos res en el 

jiie DO hay sedas algunas en 1 
8 cánones de la colección de Graciano | 
i los concilios nacionales 6 generales, en su ori- 



(!) Proplicum tuseltjbo de medio íralruro morara. Dfuterem,, 

Saltad.. De Supphcñt., parí, i, cap. n, t). L'ovirrob., 

vedo, In dlrt. leg. iium. 7, ibi : Et qolbu» omnibu- 

endu», 
■ jrt i, rap. i», per I 
I gcncrali Itr, <[\t\ •!« nac malrm 

Goai., In r«s s Cene., fluí, l, porra nao. 15. 



EL MONITORIO DE RO 

gen no fueron Bl as buenas recomendaeío- 

ÚB daban los pontífices romanos, ií favor de al* 
personas beneméritas, para los obispos dioce- 
sanos, en forma de ruego. 

También había otros que llevaban el piadoso ob- 

le dotar congruamente á loa que sin este re* 

to habían sido ordenados, y se llamaban man- 

datos d( p En tiempo de Inocencio Ifl 

empezó la curia á introducirse en estos dos medios 

de recomendación ó mandato di 

Bonifacio VIII se arrogo la provisión de los be- 
nefieios vacantes in curia, por la confluencia de 
personas que las cruzadas traían á Roma, 

Juan XXII impuso las medias anatas, con que 
allegó una gran suma, y de este modo abrió el ca- 
| las reservas que buso Benedicto XII, su su- 
cesor, estando la curia en Avifion. 

i i endo la nota y censura, estas reservas fue- 
ron temporales durante la vida del papa reservan* 
te, estableciendo para ello las reglas con que so 
i despechar por la cancillería las bulas ó 
despachos de provisión, y de aquí les vino el nom- 
bre de reglas de eandlltrtaj derecho ambu) 
y variable en cada pontificado. 

En estas mismas reg!a9 hay la de idiomate, que 
en algún modo coincide con la exclusión de los 
t/ma* para los beneficios (6). 
Las naciones reclamaron una intrusión tan gra- 
ve en lo beneficial de parte de la en ubien 
los expolios y las vacante lementei 
fueron est.i , con trastorno de la 
pues en su origen la colación de ben 
pre del diocesano, y la presentación del pueblo, ¿ 

no, como cabeza de él, do 
ba particular fundación Ó dota 
De aquí se sigue que en lo 
diocesanos | « t .y sólo desde que ' 

el siglo xiv a reservas 

reyes á oponerse á la j 
pues llegaba el i i conferirse á una n 

D Alemania, Inglaterra y Fran- 
cia, con incompatibilidad de lugares y sin enten- 
der el idioma. 

[v manera que los mandatos y re- 

crea de una in- 
violable ejecutoria, habiéndose con curia 
08 , según | -hservar I* 

¡s*te xtv, en ma- 
1 Pápala absoluta y suprema poteal 

dos con novedad. Si* 

i dt UúfmAff , ¡bi : Itera »üloit, qaod ti ron- 
MngJt tam in ruru , IjII et- 

< I qaovll ili irx> animjiru 

clim nanim qoomoH 

ti llinjt. et IntcllijnbUiter loqul tciat liliotaa l 
.uin hujn«nii>di eoh - 

bppr <)ij<mi1 i ijm, vcl bem 

modi , nyiliu- vri momeoti. K.rf. UiguaU, toa. n, 

pif. 1V0, esit. Caloo. Alistaos,. 



EL COKDE DE 
guiÓBe la adulación de los comentado rea de las re- 
gios i por un <!■ 
inseparable de la dignidad [ 

Gal colación ; pero otros la censuran «-orno una di- 
minij rocho nativo <lr loa 

ubis; ite de U natural inbeeion del 

al orden, de que padlicnmcuti' >¿ 
¿un en los trece primeros siglos, < Le pre- 

sentación al cargo del pueblo, ó de los soberanos, 
como cabezas suyas ; y así , hasta las reservas no se 
conocían extranjeros ea las iglesias, 

Como quiera que se funde el poder del Pa: 
la mal 1 1 para España han cesado ya 

estos prolijos debates, que dieron lugar ánm 

alemanes, en tiempo de 
edujeron ría a concordato, los 

franceses en el por: 
en el de Benedicto XIV. Un asunto tan grav 

D tanto daño de las naciones, luego 
que éstas abriesen los ojos y llegasen á conocer sus 
intereses y los derechos nativos de los coladores 
ordinarios, altamente ofendidos en las reservas. 
Por esta razón tenemos la fortuna de mirar como 
superílua la copia de doctrina y de fundan 
que traen los autores á favor de nuestras ley 
afianzan en los naturales privativamente la 

acidad de Las rentas « lesiástieas. Pero 
todas son aplicables á la justificación del edicto de 
Panno. 

La justa desconfianza que todos los gobiernos 
advertido* do aquellos extranjeros que 

son de países sospechosos por bus ó por 

estar muy viva y presente en 
• le Parma. Las pretensio- 
nes de la Silla Apostólica á aquellos estados son, 

i f erad as en 
u sucintas expresio- 
nes del tu fro ducato Parmm et 
Piaa> ía que nunca He 
pued^ Parma estos sólidos prin- 

loee cuánta es la in~ 
flun ero eu el pueblo. 

Bola pin!-- la prudei 

íca del Befioi rej don Fernando V, 
llani:> • á ad- 

del Papa, p or ser natural de Flo- 
to entonces a sns enemigos y que 

una política meramente 
y turbaciniicK que 
Parma de la admisión i 



(t* R< ira a D. Peíro de Ulloa, In tltu\tratm>? 

ip. »t Y poniueel Rey Ca* 
4üe venía I 
:a alón que era florentino. Véase á fiar» 

i Obispo de v 



FLORIDA BLANCA, 

extraños á los beneficios, sin uot Sboerai 

y su previo asenso, son lecciones de los escarmiei 
tos y do tristes experien^ 

Es, pues T no sólo justa, sino necesaria, laproví 
delicia de la corte de Parma t y la testifica la ex 
presión de nuestra ley 14 con esta individualid 
tiEs muy ciert. ¡do qae cuando las di 

I y beneficios de nuestros reinos se dan 4 1< 
extranjeros, resultan de ellos muchos ini 
tes, a Y mas aba ; tno quiera ñ^OS ¿mte» 

agora veíamos y sentíamos esta injuria y da 
que nos y nuestros naturales recibían, ea] 
mente del año de 64 á esta parte, que se come: 
ron los movimientos y tari 

i BtC. Lo i}ii> 1 1 tiesto 

historiad quellos tiempoa, ¿Y cuáles 

deberá temer el gobierno de Parma de la 
mana, émula 

de libres facultades acerca de ¡ 
cíos, .podrí a brevemente inundar aquellos es! 
do eclesiásticos de su devoción, llenos de máxim 
opuestas á (os ini la casa real de Pai 

Aun cuando fuera posible qoi 'teipes 

culares perdiesen !?t utilidad publica y 

tranquilidad del Estado, no permitíais el i 
de la misma Iglesia y el buen ^rdeu en 
na y régimen espiritual, que el extraño fuese pre- 
ferido al diocesano y patrian •: 



im- 
ley 
7 la 

t 



dará á la heredad el que no la conoce ? Y el qu. 
ignora las costumbres y aun el lenguaje del país, 
¿qué servicio puede hacer al altar, que 
tiloso y útil á tos ti iefto que con < 

tiempo, á costa de descuidos y de faltas en el cun 
plimiento de su obligación, llegará á imponerse 
á ser útil á la Iglesia, cuando ya la naturaleza y la 
edad le dispensen, y aun le saquen enteramente < 
la posibilidad de satisfacer á las cargas más pesa 
das de su ministerio espiritual. 

Podían tanta estas consideraciones en el juicio 
del señor presidente don Diego Coi'arrubtas. qu 
sin recurrir á concesión de los poní 
ni á la fuerza de una costumbre inmemorial de 
reino, veía justificad 
dad eclesiástica y en el servicio di 
tantas las calai ria el cu! 

ierno espiritual de la i ria, se pe 

lia la piedad de este gran p 
Santa 6ede iteueren i,nopodr 

ménoi 

i ud y por el celo del culto 
ner r« D diidu qu que ( 

contenido el • de Parma (3), que no quila, 



(3) D, Cavare., Prwet., cap. mr, nom. 5. S ótasete 

rsi jris luir, <jin..i1 Ota 1*11*008 lile |>fÍ1ICÍ;)ütOS, el trfii ot¡ 

i . nc driHur eocleaiasui n ben 
procederé a tonepgslooc roaia» 

usu ímmcm» nwlmi , et evi DlttSff 

rítuatis, et o 



JUICIO IMPAmAT, SOBRE 
lera á la curia los derechos do reservan, y 
a á asegurar la utilidad en los provistos. 
No fóIo es ajustado el reglamento que excluye 
los extraños en cada estado de obtener tu noli 
o que, como deseaba el mismo señor Covarru- 
t se debería estrechar haBta el punto de que 
eseu patrimoniales á lo menos los beneficios cu- 
dos, sin que se admitan los de una provincia si 
de una diócesis a otra, sino solamente los orí 
narios de eadn obispado, como se observa en* al» 
nos obispados de España, aunque lapatrim<>nin- 
Ufad debe ser común a toda la diócesis, y no limi- 
tada a los pilongos de una parroquia ó feligresía. 
Esta especie, que con tanto gusto y aplauso oyó 
el concilio Tridentino, como afirma el mismo sefior 
Uovarrubias por testimonio del maestro Soto (1) T 
! era introducir una novedad t sino poner en vigor 
observancia de las primitivas leyes eclesiá^ 
ue no admitían ¿clérigo que fuese de otra rub- 
ia, sino en defecto de persona apta é idónea (2). 
2on esta doctrina consuena el estatuto de la igle- 
sia de Pl usencia en España, que con tanta razón 
f»ra el mismo Alfonso de Acevedo (3). 
En fin j ¿qué confirmación más oportuna 
constituciones de esta especie, y del sumo in- 
terés que tiene la Iglesia en que sus ministros se 
crien entro el gobierno particular de cada uno de 
os templos, que el establecimiento de los semina- 
dos diocesanos, que tan apretadamente se encarga 
P'T el mismo concilio Tridentino, MfltJaiHJo desde 
uégo los fondos que deben servir á su dr>t<» y fnu 
ion, para que de esta manera no falten jóvenes 
nstruidos en el servicio de la Iglesia, y pueda pro- 
veerse ésta de útiles ministros ? (4). 

Ademas del objeto de este edicto, importantísimo 
la patria y á la Iglesia, no alcanzamos por qaé 
ino pueda herir á la corte romana su publica- 
ion ni su cumplim i i fcivo. Sus facultades, 
rescindiendo ahora del origen de las reservas, 

el pmí plores contingant fcclesianim ministerio ealamitalis, 
jarum si cerlara habucril suromus fJmsü vicarius cognitiocem, 
iblo procul pro tilias suprema* dignitalis, qtiam summtis loljus 
edesia» pastor, et rector «btuiet, inregritate, jnsiiiia, 61 divhil 
iltus zHo tanlís, Pl tal Mili meriplatii jrlIjibL'bsí. 
(I) U. Lovarrub. , ubi suprit: Uode sincliflsianim essel, et reU 

pnbl:< < coníOlUssImniD , quad surnnius Eedesisp pontifei, aul 
Ecuménica sfiiodus sanrirei T ui omnu cajustoro^uedia-cealsbe- 
►íleia, saltera curam animarurn habentia, patrimonialia. eífleeren- 
r É alque non reciperenlar, nlsi cites, *el qui Ifltfi santariundi, 
lod i n cuncilío trídentino sunnuo omoiuiu co ase risa con so lla- 
lli hilase , tc&iis esl Dominkus Soto , \\b> m, De JutL et Jur^ 
test. 8, art. ii, p. i\S. 
i% Contit. Valentín., can 7. 
fSi Aceved., ad leges ti et 45, til. ni, lib. i de la Reeapü., 

iota. 8, 
(4) ConóL Tridente scs+25, Oe He formal., cap. xvm. Canal ÍY 
>Ut.y cap. xxm. ConcU. Aquhgran,, cap. cmv. Cantil, Latera- 
fu. t tul León X, ses. 9, De Reform* Curia?, et aliorum. 



EL MONITORIO DE ROMA. 133 

tan perjudiciales á los nativas autoridades de loa 
obispos en la colación de beneficios y quedan expe- 
ditas sin la menor n ovedad, y con bastante extensión 
en los naturales de Parma, ptfi templarse mediante 
un ubo y ejercicio mus conforme á, las circunstan- 
cias que desean los cánones en loa provistos, Ulti- 
itJiiiRiiti , ignoramos que esto- tf, costum- 

bres o derechos de los reinos se puedan reprobar 
por las leyes eclesiásticis; antes bien, los mismos 
mito res más adictos á las máximas de la curia nos 
raa lo contrario (5). Limitan, á la verdad, los 
arbitrios de los curiales que quisieran gozar bene- 
ficios en Parma ; mas no se sigue de aquí ofensa de 
los derechos del santuario, antes las provisiones 
eclesiásticas se acercan por este medio á la primi- 
tiva observancia de la Iglesia. 

La circunstancia que contieno esto edicto, do 
que jit nrda indispensablemente , para impetrar en 
Roma los subditos do Parma cualquiera especio de 
beneficio, noticia del Soberano, tampoco ofende 
los derechos que pretenda tener la Silla Apostólica 
en este punto. 

Es una prevención oportunísima para libertar á 
la misma Santa Sede de molestas y falsas relaeio- 
en una palabra, de todos los artificios que 
sabe usa el afán de adquirir y pretender en algu- 
nos. Bien se dejan entender los males que inevita- 
blemente reciben las iglesias cuando por otros me- 
dios reprobados logran las personas faltas de mé- 
rito ocupar las rentas que deben servir al premio 
de la virtud y del servicio de la Iglesia, Estos fi- 
nes, COMO tan justos, no los puede llevar á mal SU 
suprema cabeza en manera alguna (6). Mejor y 
m&s útil es que los beneficios se confieran con agra- 
do y noticia del Soberano , que dar lugar a la i 
cion de las bulas que vengan sin este requisito. La 
retención Be puede hacer, aunque los provistos sean 
obispos, siéndole sospechosos, como lo si- 
gravísimos doctores y lo tiene admitido la práctica 
diaria (7). 



(5) Azor, in Intütuñonib . Moral , parí. U, llb, vi» cap. iv, qavu. 
25, vers, Deinée eum alienígena*, ¡Ai; ilinc esl quorl staluus, el 
legibus priiic ipum et reffnm eiieri , el ifteilfttMB penilos cxclti- 
dantur a beneilciis ia regoo, provincia , *el urbe ínsiitiilJs.qusr 
leges jure canónico permití un tur, nec improbaniur. 

(B) I». Salgado, Pe SuppUcaL t part. i, cap. iv, mira. 76, et innu- 
nicrb aliís locis. 

{1) Narciso de Peralta, díct. TraeL, cap* xi, sip, nurn. H. D. 
Salgado, De SnppL úd Sanelh. t rap. u , part, i, nam. 80, ib-i : Rrc^ 
le canducuot tlli omntrs «Inclores, sine conlradictiune probantes, 
posse principen) saecula rem non admitiere á Sede apostólica, alí- 
ter sic provi»um, seo elcctum, si sit persona sibí sosperta , de 
qua non possit confldere, oe tone revelet adversariis arcana , et 
secreta sui rrírni. Ergo ubi eoneorrit similis Hit causa justa contra 
reipublica! utilítaicm» aul rtim scandalo , illorum liltersc provi- 
siools licité (rementer lamen) rctiscri possunt. 



tu 



EL CONDE DE FLORIDABLAXCA. 



SECCIÓN NOVENA. 



Tandemnequmlibetscriptura.mandatum^ephtolaySententia, dccretum, bulla f breve , asttk 
provisto, qum ab apostólica Sede emanaverit exequi ullo pacto possit in eisdem DucaUbw, m 
impétrate Exequátur, ut vocant, a sceculari potestatc. 



El genio de 1* soberanía es escrupuloso : ni ad- 
mite compañía suprema en el mondo, ni debe per- 
mitir acto externo en el reino , que no examine y 
reconozca. Qual quiera omisión en este asunto seria, 
6 un comprometimiento de la soberana autoridad, 
ó un descuido , que pudiese producir la ruina ó la 
turbación del Estado, cuando menos se pensase, si 
en manos de los curiales estuviese introducir pro- 
videncias, monitorios é innovaciones, sin ser vistaB 
antes en un tribunal acreedor de la confianza del 
Soberano. 

Por esta razón, los príncipes, celosos de la potes- 
tad que han recibido del Omnipotente , no han con- 
sentido jamas (no obstante su reverencia á la Silla 
Apostólica) la publicación do bulas, rescriptos ó 
breves, de cualquier género que sean , sin que pri- 
mero se examinen por sus magistrados con aque- 
llas formalidades que piden las leyes de cada país. 

Disputar á el señor Infante duque de Panna esta 
rogalía, es hacer á las claras ofensa á su soberanía. 

Bastaba traer al medio el dictamen universal de 
las gentes sobre este asunto , para convencer el de- 
recho de los soberanos sobre que sin su noticia no 
se divulguen ni publiquen en sus dominios los ac- 
tos de otra potestad. Con razón juzgaba Cicerón que 
el consentimiento universal de las gentes forma 
una especie de ley natural, secundaria á lo me- 
nos (1). A la verdad, no puede negarse que la voz 
casi común de los vivientes forma un cuerpo ge- 
neral de sus leyes , y la sentencia de muchos pue- 
blos siempre es digna de voneracion. 

No obstante que de esta materia, con la sola 
variedad en el nombre de pase, plácito, exequátur, 
letra* de pereatis y otros semejantes , está arreglada 
entro las naciones la publicación de los rescriptos 
de la corte de Roma, y que están llenos de razones 
á su favor los libros , no será importuno referir por 
mayor las leyes y reglas más notables de los rei- 
nos cristianos sobre este particular, y los escrito- 
res que han fundado este derecho de la soberanía, 
donde podrá el lector satisfacerse radicalmente. 

En nuestra España, desde la antigüedad se deja 

(1) Túteui. qwtt. lo omni re consenslo oroniam gen ti a m leí 
nitor» patanda est. 



ver el uso del plácito regio como ana mimiisbi 
cía precisa á la publicación de loa rescriptos,* 
sólo de la corte de Roma, sino también de lusca 1 
dolos concilios generales, que ea aun mas. 1*4 
principio uno mismo en todo, para que lakyf 
regla general no se intime, sin reconocer anta • 
en algo ofendo los derechos del Soberano, del co- 
mún 6 particular, ó introduce novedad grawasi 
do consecuencias. 

Averiguar este hecho de antemano efl preca- 
ción necesaria de un buen gobierno , con fdmis 
claras para abreviar la indagación y facilitada. 
Sin la presentación previa de los despacha* 
Roma, ¿cómo se lograria anticipada y ciertana* 
saber su contenido ? 

Esta presentación previa de los rescriptos ecle- 
siásticos es tan antigua en España como la a* 
narquía. 

En los cuatro primeros siglos de la era Cristis* 
que estaba bajo de los emperadores la Espatos 
bien reconocida la regalía con que procedían es si 
materias eclesiásticas, publicándose todos los de- 
cretos en los concilios con la intervención, noticia 
y asenso de los emperadores. 

Los reyes godos guardaron eacrupulceamert 
esta regalía, y la reconocieron los papas, como» 
ve en la epístola de León II , escrita al rey Enripa, 
para que permitiese la publicación de las actas* 
la sexta BÍnodo general ó concilio Constantino]»- 
litano segundo, en que se condenó la herejía é 
los monotelitas y la memoria de los que habí* 
sostenido bus errores, cuales fueron Sergio, Pino 
y Honorio, papa, engañado por aquellos Itere**» 
cas (2). 

Con la misma igualdad y sinceridad de aniso- 
que reconocían ios papas á nuestros antiguo* sobe* 
ranos el uso de esta regalía, inseparable de la bu* 



(l) Epist. León. Ptp. II §d Ervigtum t rt$em 
est 4, in Coiiect. Coneil. Cerd. A$uirre % tona. r#, pa~g. 501, ed* 
rom., 1754, ibi : Id circo el vestri Cristian! regnt íasüfin 
pietatis assumat, qoatenás hsec oanibas Dti ecelesits 
sacerdotibus , clericis, et popolis, adlandem Dti pn 
que re gn i slabililate, atqve sálate omiiim prstéicete* ttajtae 
Ut pax, et concordia in ecclesifs Dei vestri soblimii regsi leaaa- 
ribas neo concedente, testraqae christianittte faveats uiiuiM. 
et maneat; ut qui veslram colmen regnare disposiilsaaSeXta- 
bi lita te subnixam, concedat per plarima témpora piuiiOl. W 
sibi piacitfe commissua popqlam dispensare. 






JUICIO iMPARCIAL SOBRE 

o la congrega- 
n < ! I i visión de obífi] 

eíon ái t decisión de pleito», y en una pa* 

los asuntos externos y ti 
ras. 
El :: 1er que tuvieron los godos en las 

icificaniente y e 
Ja su latitud á los r< t tiradores de la rao- 

narqui-rt. En la larga serie de hechos históricos é 
ionmidables , que junl po don fray 

Prud< ■• .mdoval, puede ver cualquiera la 

-ion de la soberanía de nuestros monarcas 
las cosas tocantes .i i. Y en las 

reflexiones que hace este prelado para descul 
origen de las reales facultades sobre esta punto se 
prueba muy bien su justo título, y que pret 
atribuirlas á un efecto dn lo fuerza ó de la 
rancia, es pensamiento muy libre, que no cal 
en la moderación d> íosos monarcas, aun 

más ilustres por su piedad y religión que porsua 
las y conquistas, ni en el c*l 
i na de los santos y sabios prelados que flore- 
i|uo bien i 
verdaderos derechos de la Iglesia, no 1 
ran permitido bu perjuicio ni dejado de adv< 
4 loa reyes (1). 
Esta práctica de que las leyes eclesiásticas con- 
loasen sin el pase y flMlf 
6 inconcusamente en los demás concilios 
iónicos, como sucedió en ló64 con el ooi 

\q en el i >r de 1563, 

>e II , con ai nenio de su Cons< u ce- 

tse para que ttp npli- 

nes t y Jo misT tico, 

n algunas reservifl, en F1 andes y Nápol 

)ioil¡.»s n;v vini'iales cele- 

i mi ubi tab lea bu 
tas, ] preceder una ivdul.i 

realjlanuí m que al mismo llera 

ios obispos y ar- 



,a irt /rey h 
§*VlU¡Ln>: U.I*, pig. ttj u: los re» 

«beia de 

ti que la Iglesia ratóliej \ 
Ilesa. 

j en el poder y dudo que lo\ • 

i ríe tvspafla , fon peciAca po*csion en luz y 
rpamos dónde 

■ 

rc»u»rs ( i 

u tf que lo hiciesen por malicia ni por 

ioibíi S Leandro» S. Uldot 

ObilpOI y vbtfilc» ilC vingu- 



> ras 3 scúaUda cristiandad 



EL MONITOR I 135 

pos los asuntos precisos que debían tratar ; a: 

palatinos y firmaban las ac- 
tas, eotno *> n el com 
o. Inútilmente 

I atando la lectura de las actas , a 
cuales hay siempre una ley ó edicto, en que se re- 
sumen los cañones establecidos, y se mandan por 

mar en todo el reino, y gnar 
los vasallos eclesiásticos y seculares. El docto le- 

lerónimo de Cevallos (2) se hací 
cargo de esta regalía, y extracta las actas conci- 
liares para la más fácil inteligencia. 

De aquí ha dimanado que las uctan de concilios 
provinciales y constituciones sinodales se remitan 
al Consejo para su reconocimiento y examen f oido 
el se&or Fiscal, asistiendo un ministro real, »i nom- 
bre de su majestad t encargado de nada 
pase contrario á las regalías» derechos de loa vasa- 
D público (3), Las leyes de I 

(1/ Cevallos, De CogniL perviom riül,, ir. I ti, per 

p;W>ss. 8, num. B. 

Ifajftl* ll rr:! 
¡loóte a los principios de la regalía. <r> El tVj* 

Revereud» en 
Ya «abn 

btlláil rtJd" cuenta d 
pe oía» antiguo de esa pro 
esa eludad el concilio provr 

lo era t después de una larga ftuerra, par.» el restablecimien- 
to de la disciplina de la > 

trenio 7 bulas apostólica», para cuyo eferfa 
habia dispursio I01 deetetos j cánones que remitís adjuntos; no 
dudando que 

ha propuesto en ello», v que mí católico celo | 
teccion iciones 6 decretos 

e« el oísni) en , irecc üenen 

aspirar i mi soberano pitrodflto, que ■ ale di de 

dar la íuerra a estas Teyc*. m «ir- 

la de ti del referido mes , estrila a d. rlfO, mi secre- 

tario de Estado y del despacho universal, rcpi 
decrelos o constituciones ú 

provinciales Tirn 
ler licencia algosa 
de Cataluña, por lo que esper-i 

- y la Audir* un reparo en qn< 

tinuase to mismo , mayormente habiendo ofrecido hacer ver los di- 
chos decretos al Ministro qoe se habí aberro 
mandado, por punto general» qu> 
\edad, y venido en \ 
Si eaoelllo , guardándosela idas y obset 

\ la Aud>cnria, fundados en ana real ceJub, que prohibe la 

s1on dr 

|a, SO lublin querido eoovenir en que se le continuase al I 

i.i estilo deque se padÍ4 

r>iUr de liccnria jora U iin|irr«ion; y que, aunq. - 
el Concilio no tenéis reparo alguno en barí 
á los ojos de todo el mundo los decretos que 

M le cotilinuaíe un derecho q>i< 

lio fuese ser 
tul real permiso para qoe 1 1 se impriman y pu 

manto inte¡» , sin que se necesite acudir al a | ir la tl- 

'• toda istlajiejiad *r hi* [ 
aqoelll pt-' siin, \ rfi lo 1 

Confrj 

1 Tirrs- 









136 



EL CONDE DE FLOR ID ABL ANCA, 



disponen lo mismo, y asi se practica ; de manera que 
loa concilios ni las constituciones sinodales no se 
pueden publicar sin presentarse antes en el Con- 
nejo (1), 

Por la misma razón las órdenes , en común ni en 
particular, no se establecen en el reino, ni admiten 
sus peculiares estatutos, sin preceder el pase y no- 
ticia del Rey y de su Consejo ; sobre que es notable 
la condición cuarenta y cinco de millones , y lo que 
con mucha doctrina escribe el señor presidente don 
Francisco Ramos del Manzano (2) , y de aquí ñaue 
estimarse como de pacto las fundaciones de comu* 

Hilo , son difino* d« mi real aprnb;inon x protección ; j en su con- 
irrucnria, be vftiido en que se les dé el pase, i Un de <|ue pudrís 
jtMtfttS publicar e Japrimir sin preceder oirás mas solemnida- 
des ll requisitos; pero ton caldud que del decreto ó constitución 
d»i numero séptimo, en que ¡notando y excitando la disposición 
del faltado en ■ cilio de T rentó, t la bula In (lana líemm, o.ue 
j ticomoijíüti contra los üsnrpadores de bienes, censos, 
drrerhos y junsdíciones *íe los rirnaumeptos délas iglesias, be- 
tieliritis y lugares (►los, estatuye j ordena que dichas disposición 
IM de) Concilio y de la bula ( <w<t se publiquen todos los arias en 
las catedrales, y que los ordinarios ctlC5Ía>lic®s cuiden de decla- 
rar y ejecutar las censuras y penas de los contraventores ; se qui- 
te y deje de publicar é Imprimir la cláusula ttt* proetextu ic- 
qnruin, re/ alias ; pues demás de no ron sid erarse necesaria ni 
uní esta expresión, sin ella se refiere adecuadamente el proemio 
m decreto a la disposición conciliar del Trid entino... Y 
que nsimísmo se quite j deje de publicar e Imprimir la diosub 
que al fin del demio ó constitución del número trigésimo dice: 
Ííatrimt*nin a*tem qnxcumqtte enram dista Citpettanvt etnáttium^ 
in axonwque toco exutenüum cunlrahenda ttanttuita furent , ti da* 
ctatur de xvfflcteuii paténtate* nut privilegio t respecto de ser super- 
ítoa la Ilación y consecuencia que se saca acerca de los tnalnmo- 
Btdti de hs soldados, estando en actual expedición y campa na con 
relia; peei no tiende ei i&Jeato del üonciNo concluir oirá 
cosa que estatuir y ordenar se observen las d ce I j rae iones que 
ll Sagrada Congregación, en esta materia basta referirlas. 
Un sacar consecuencias é ií idone» de ellas, que pueden ser muy 
Socii is ; y que en los capitulo* á decretos de Eos números deci- 
moséptimo y * i gcslm octavo, tócanos a los administradores de ca- 
tas pías, en que te establece que estos administradores, cuales- 
qjt?r <|ue sean, ea*a aüo den sus cuentas al propio ordinario ecle- 
iMftian,} depositen H rdicualo en algnn depositarlo público del 
pfili'pado, lo cual se opone y perjudica en cierto modo á mi real 
Jirlfdiefofl . pótate la que tuca 4 esto es Óe mbto fuero, v Uta* 
lagar la prevención en ese principado ; se añada en los referidos 
dos decretos la di usa! t; Suda turnen regia jurisdictiane mitin 
cavbüf , pues ron ella se siibsan n eslf defecto; y os encargo que, 
como presidente que habéis sido de dicho concillo, Implase 
ejecute en esta misma cwnf «raridad , dando á este fin las órdenes 
y previdencias que os parecieren convenientes. Y por lo que toca 
i lo venidero, be querido preveniros que cyalesquier decretos ó 
constituciones que se hicieren en el concilio provincial Tarraco- 
nense, como también la» sinodales de sus obispos sufragáneos, 
antes de publicarse e imprimirse se hayan y deban presentar en 
el mi Consejo, a lin de ver y examinar si hay tosa contraria y 
perjudicial á mis rafallas, Jarisdtalaa. y derechos reales, ú si pue- 
den tener algún otro inconveniente- teniendo entendido que no 
batiéndole, se les dar* el pase y ejecutoria , para que libremente 
te poed m publicar é imprimir sin necesitar de las licencias, fep. 
maliiiades y demás requisitos que prescriben las leyes de estos 
reinos respecto de los libros y escritos; en cuya inteligencia dis- 
pondréis se tenga presente esta mi resolución en los tiempos y 
caaos que convenga para su roas puntual observancia; que así es 
mi Yrduntnd.» üada en Madrid, * dici y siete rilas del mes de Mario 
de mil setecientos diex yoch t aftas.— Yn el Jvtv.— Por mandado del 
Rey, nuestro señor, Don Juan Untan de Aragón. 

II, Salcedo , De Lea. paltt., til. i t cap. xn, g unic. , per tul. Ce- 
fallos* De Coonittoxe per titm víolentiar, dicL gloss. 8, num. SO. 

(Ij Leg. G, til. vin, I ib. i, ñesúp. ¡nd. 

\% D, Ramos, Ád Lee. JuL et Pap^ lib. m r cap. xuv, per tot. 



nidadea religiosas, para no permitir en sllaii 
dados ni alteraciones sin asenso real y del i 
aejo (3). 

El ejercicio de esta regalía de loa soberao o* i 
ca do las nuevas erecciones de roonast' 
reconoce la Iglesia (4), jamas se La ínter; 
en España. Los preciosos documentos de mm 
siglos a esta parte descubren la inviolable < 
rancia que siempre ha tenido, y todos ns 
autores ponderan con razón las utilidades qoe é 
ella se siguen. 

San Bernardo, por sus cartas á la infanta i 
Sancha t hermana del rey don Alonso VI el 3 
rudor, solicitaba la interposición de esta j 
para obtener la real licencia que indispensable 
te necesitaba la erección y reunión del mo 
de Tóldanos, que procuraba este santo (5), j« 
que experimentaba la oposición de ciertos uonji 

El autor que escribía, más hace de se isei entesa 
la historia de la traslación del cuerpo del 1 
aventurado san Félix de la capilla ó sacrista i 
corto pueblo de Bambola,óya sea Calatayud.Í 
de bosta entonces se había venerado, al monai 
de San Emiliano, afirma que no podía 
narse esta obra justa y pacíficamente sin qoe i 
viniese la autoridad y permiso real , como in 
sable requisito (6). 

Aquel espíritu de obediencia y sumisión ¿ 1 
potestades que tienen confiado do Dios el gobiei 
délos hombrea, tan sobresaliente en los dos ( 
dea patriarcas santo Domingo y san Franci? 
que han heredado sus hijos, nos ha dejado d 
gu i das pruebas de la antigüedad y obser 
ha tenido en España la presentación de las l 
breves apostólicos á ios reyes y a sus supr 
Límales para su reconocimiento. El primer pasoq 
dieron estos dos santos fundadores para la 
útilísima do establecer en EspaBa sus religiosa 
milias, fué presentar al santo rey Fernando III li 
bulas apostólicas de aprobación do sus instituí» 
y pedir reverentemente la licencia para fundar i 
esto reino, en uso de ellas; hecho constante, 
por la fidedigna y uniforme aseveración de i 
tros historiadores (7), sino por el eterno 
mentó de la inscripción de la piedra que se ve 4 i 
puertas de la santa iglesia catedral de 
ejemplo respetable, que deben imitar los imp 



(3) D. Solorzano, lUlnd. Gubernativa, ni, cap. xxxni.aaal 
et seq. 

(4i Cmñt, Mogunt. ! t mi htone If!, eap. u, tramlit la < 
Car por a t xxxvn; he Consécrate di si, i, íbi : Corpora uactana 
de loco ad loe uní nullus traiisfcrre pnesnmat siae eoasibe ffS- 
cipis. 

15) &. Bernard.» Epíst. 301 , ad Sanctiam, Mororem ¡mptrtirt 
Hitpania?* 

(6l Sandov., Fundaí. Monaster. S. Benedicta % part., in JTataaV» 
5, &íHit. t pag. Si, IbJ: Qnam non potnisse justé, ei *.n 
tudtne omni eomplcri absqne aucloritate et permíssa regall. 

(7) ÍHarian,, lib. xu, eap. vui. Colmenar,, HUÍ. Sepot. t up. »« 
( 6% Ferdjn. Castillo, la í/i*í> 5, Dom¡n, t tib. i, eap. il. 



50BB1 EL MONITORIO DE ROMA* 137 









loe brevet» | 1 escrupulosos 

en considerar despacio; pues ven 
practicado el uso del plácito regio por los tn i 
que vemeramoB en los altares. 

En el examen particular de fundaciones de órde- 
regulares Be int* lamente el estado 

iesiéstico para que la muchedumbre no perjudi- 
que alas antiguas y decaiga por falta de dotación 
la disciplina regular; la república tiene aún ma- 
yor ínteres para prevenir que la multitud de con- 
ventos t con pretexto de una falsa piedad, reduzca 
á los ciudadanos que han de soportarlas cargas del 
Estado á la impotencia que produce la mil 
ocasionando su número y sus riquezas males más 
conocidos que remediados cu todos tiempos, pero 
ponderados bastantemente por el señor presidente 
don Francisco Ramos del Manzano (1). 

Sobre las bulas y despachos de la curia romana 
son muy antiguas las quejas, luego que en los úl- 
timos siglos empezaron ú expedirse en Roma nego- 
cios particulares, contra la práctica de la venerable 
antigüedad, enviando embajadas solemnes y re- 
cursos, como en tiempo de don Juan el Segundo, 
de los Reyes Católicos por el doctor Palacios Ru- 
bios, y de Felipe IV por el señor don Juan de Chu- 
macero, del Consejo y Cámara, y don fray Do- 
mingo Piraentel, obispo de Córdoba, sin entrar en 
otras muchas. 

Como no lian bastado jamas las representaciones, 
ni aun las retenciones, para evitar los inconvenien- 
tes, el rey Católico Fernando V, en 1314, hizo ex- 
, con acuerdo de su Consejo, provisión circu- 
lar para bu presentación previa en él , antes de pu- 
blicarse ni ejecutara* 

Carlos I estableció para seis casos la mism.. 
«entacion previa, con las gravísimas penas c 
oídas en la ley que publicó en el afio de 1543 por 
pragmática (3). 

Nuestros escritores, á quienes sigue el señor Sal- 
cedo (4), fundan que tal regalía, como de pura pre- 
on, y aun de respeto a la Santa Sede para de- 
tener con tiempo cualquier escándalo, ni necesita 
-lumbre , pues tiene fundamento en 



(I) Rjnt'í* del Manían-» t Ai Lef. Jut, et Pap. , 11b. ni» 
ii ríe q ut<lena contr j ftedesia? ipsíus scdsuoii, 
savia fondatiombu» pra?judire tur alus ¡nteresse tiabenlibus ,,.. ar. 
éeoique nc mulüpticentur monasteria cura detrimento lllorum 
eonfrrur dota tumis et regulan* discipline , ct non semel s canda- 
lofum, el turbationis. quod ilem contra KectefH smsuní essel. El 
iaíra, nuru. fo Ib) : Tándem se lupra modum evcrescenlr et muí- 
nplirjio aottasterlura numero, nec suíúcientibos eis substituí 
do reino ram tlrlba*, it^ue «¡iibu*, reipublica? deslltauniur tlfffg 
et tribus : quod sane fegtl juris «e munerís, et política* providcn- 
UcrK. 

mn , De ftebu* pestfi Franeisei Ximenii , hb. » t (ol 
1 141 tbt . lunc per reglaa Utleras jussí sunl l'rbiura Pncfecll, 
itiA íf ierren lar» ad supremum refis thbunal 
BUter 

Salcedo, Dí L*j* Mtka, ub. n, eap. nt, perlol., 
ÜMC 



Uplirj 

do reí 

tiae et 
(t) 

■Idip 



el decoro de la soberanía y en la atención debida 
al Rey y a su Co d : ise sin su 

cía, para acudir con tiempo á cualquier perjuicio 
que por la distancia de la curia romana, poca noti- 
cia de las cosas del reino, 6 por falsas preces, 
da establecerse contra loa derechos ñ par- 

ticulares, 6 en daño de la tranquilidad, con el abuso 
do monitorios ó de las máximos adoptadas á la 
sombra del proceso aoual de censuras, llam:i 
Ctrna Den, 

Ya en el afio de 1537, en el reinad •> <1< Tirios I f 
eran intolerables en España la> 
cíones á Roma de que se quejaron las Curtes re- 
petidas veces. C ¡naba el 1 
Alfonso Guerrero al Rey por la perfecta eje. 
de la presentación de los despachos de la curia ro- 
mana, estatuyéndose ley para que no se pueda ha* 
cer intimación de Roma sin que fuese vista en el 
sjo (5), confesando en el Rey la autoridad y 
la necesidad de mandarlo. 

Después de Carlos I, mandó Felipe II, su hijo (6), 
lo mismo r. Ice rescriptos opuestos: al san- 

to Concilio, para que se trajesen al Consejo para 
ver si en algo se infringían sus disposiciones (7); 
y en cuanto a indulgencias, está proveída la mis- 
ma presentación 

Los concordatos atribuyen nuevo motivo á la 
presentación , pues siendo un derecbo correspectivo 
y recí| seta en arbitrio de la curia su dero- 

gación, ni de la disciplina monástica recibid,» 
uenso público (0). 

De uqui es que en España, no sólo por uso, sino 

rales, es olere no ee 

necesario recurrir á las declaraciones generales 

de 1 7<>9, 1718 y 1736, que fueron precaucionules con 



<5J Caer. , Trat, de la celeoraeh* de Cantil- , cap. in. allí : 
• Uta* esto también podría mi facillsimamenle» porgue esta la- 
yendo fltftfl majestad en Esparta una ley que no se peale 
mar citación df Koma sin que fuese víala en el flon&ejo di 
\\*i y en Aragón en el COflffje de Angón [ahora están mtiidon, 

• » habría mas fifia i 
«f titulo en el reino de Ñapóles; de manera que st uiu i 

I va en el reino de Ñapóles, el que la lleva ta presenta es 
ojo de vuestra majestad ; y si «I Consejo te pire* 
IléfO manda que se intime a quien va ; lo cual es cosa uüle, 
y por donde M obvian Ui malicias de muchos, que <o color de 
r. 'es i lobos hambrientos en la Avaricia de ad- 
• nellcios a diestro y ilnirsirn - H 
ronlinúa probando la obligación del l*apa * guardar y te- 
ner en obserr> % i*e etratuido* par te$ *<«- 
tei paires, leyendo guiados por arana drl Eipirii* Santo, Luego 
sipo deduciendo, por lo que ¿tile* ha probado, que at Rey toque 
u (onvenao instar y ^roturar et otea umtertai de U rmttaadad, par 
*er capeía de ¡o temporal, 

Uf.4, tiL mi, lib. i, fieeopit. 
\1) Uy fio y iñ, t»p. n, tft. If, Hb. n, Reeop, 
Lef. a, tit. i. iib i 
ii ist resuello, a consulta del Cooiejo de 9 de Enero 
., publicad» en it de Febrero de) nmmo año. y prol 
también »1 Nll ntordia llamada De Fachtaetti, ) i 

mente se previene en al art. it de la nueva pragmaiiei-íanciot 
> Junia de 1768, Sakra la presentar** de euiae m el 



138 



EL CONDE DE FLOR ID ABL ANTA. 



motivo de los disgustos do ambas cortes, y tenían 
otras extensiones, de qne ahora no se trata. 

Fernando VI, en 1751, mandó al Consejo escribir 
circularmente á los prelados de estos reinos , para 
quo remitiesen á él cualquier rescriptos ó despa- ¡ 
chos de la curia, concernientes á retenciones intro- ■ 
ducidae, y lo mismo previno en los despachos bene- 
ficíales para su presentación en la cámara. 

Ha sido muy aplaudida de los sabios más acre- 
ditados de fuera (1) la pragmática-sanción de Car- 
los III, de 21 de Enero de 17G2, que prescribe la 
regla que en esto se debe observar, y que la escru- 
pulosa exactitud y religioso celo de su majestad ha 
explicado , y reducido á la forma más practicable 
en la nueva real pragmática de 16 de Junio de 1768. 
Su contexto, por si solo, hace evidencia de la nece- 
sidad de esta precisa defensa de la regalía, y los 
apoyos que tiene en las leyes anteriores y costum- 
bres del reino, y en la esencia constitutiva de la 
soberanía, cuyo es el territorio. 

Queda, pues, en claro la forma con que en Espa- 
ña se deben publicar las leyes eclesiásticas, aunque 
dimanen do los concilios generales, para ligar á la 
observancia y constar debidamente ; y por oponer- 
se á esta justa práctica el monitorio in Ccena Domi- 
m', en cuanto á su publicación , prescindiendo del 
contenido de sus capítulos abusivos, se ha recla- 
mado en todo tiempo por nuestros soberanos y sus 
tribunales inconcusamente, si se exceptúa uno ú 
otro caso clandestino y artificioso. 

Del mismo origen y regalía dimana la ley esta- 
blecida para las Indias por Carlos I, en virtud de 
la cual todos los rescriptos tocantes á Indias , sin 
excepción, se presentan para obtener el pase (2), y 
se deben solicitar con el real beneplácito. 

En Francia son repetidos los edictos, cédulas 
reales, arrestos ó decretos de los parlamentos, que 
en todos tiempos se han publicado para que se 
muestren y exhiban todas las bulas y despachos de 
la corte de Roma , para ver si contienen cosa que 
8ea perjudicial á las regalías ó á los cánones reci- 
bidos. Creemos que nos podrá dispensar de mencio- 
narles por notorio, y de traer otro testimonio que 
la relación misma del capítulo lxxvii de las fran- 
quezas de la iglesia galicana (3), tan conocidas al 
mundo. 



(1) Jttitlo. Febron., De Stat. Eccles., cap. n, 9 8, nrm. 13. Sia- 
brt, Jtafcr*. Akalit., divis. 5, num. 51, part. ti. 

(*» taf. 2, tlt. i», Ub. i, Recop. Ind., y oirás muchas siguientes, 
entre las eualcs, la ley 9 del mismo título y libro prohibe expresa- 
mente á toda ciase de personas la impetración de breves y res- 
criptos tocantes a aquellos reinos, ¿ excepción de los que pidiere 
el Consejo, ibi: Nuettro Embajador, que es ó fuere en la curia ro- 
stm*, utos que en tu lugar asistieren, tengan particular cuidado de 
f«*M te impetre cota alguna, fuera de lo que tes escribiéremos por 
nuettro Contejo de Indlat, por ninguna pertona, etc. 

(3) Tom. m, Des liberte* de l'Eglite Gallicane, al princip. Esta 
•reten tac ion previa forma el cap. lxxvii de sns Franquezas, reco- 
piladas por Pedro Pitbou , que dice asi : « En segundo lugar, ob- 
servando cuidadosamente que todas las bulas y despachos dima- 



En Portugal habia sido siempre sagrada la cos- 
tumbre de que el chanciller del reino y el capellán 
mayor del Rey reconozcan las bulas pontificias y 
todos los mandatos eclesiásticos de Roma, sin quo 
tengan efecto alguno mientras no conste que no 
contenían perjuicio á la real autoridad ; y siempre 
se ha observado tan puntualmente que, aunque 
Inocencio VIII hizo muchas instancias, en el año 
de 1486, al rey don Juan el Segundo para que renuu- 
ciase esta antigua joya de su corona, se opusieron 
fuertemente los grandes y los magistrados de Por- 
tugal, sosteniendo que no era licita al Rey (4) la 
abdicación de una regalía que miraba á la común 
utilidad y tranquilidad de los pueblos, y en nada 
ofendía los derechos de la Silla Apostólica, como 
constantemente refiere uno de los historiadores de 
aquel reino (5). 

Del ducado de Bretaña, unido hoy á la corona do 
Francia, afirma lo mismo el autor de la Historia de 
la jurisdicion pontificia (6). De Saboya también es 
buen testigo el célebre Antonio Fabro, presidente 
de aquella provincia (7). 

En Ñapóles tampoco se admiten las bulas roma- 
nas sin el consentimiento real 6 exequátur. De esta 
costumbre es un ilustre testimonio la carta que es- 
cribió Fernando el Católico, en 1508, al virey de 
aquel reino, reprendiéndole gravemente porque se 
habia portado remisamente en la conservación de 
esta regalía. No podemos privar al lector de esto 
monumento, para que vea en boca de un soberano, 
tan distinguido hijo de la Iglesia, y que tanto dila- 
tó el nombro de Jesucristo entre las naciones bár- 
baras, sostenida con firmeza la dignidad real y jus- 
tificada su defensa, y así la damos á la letra. 



nados de la corte de Roma fuesen reconocidos, pan saber si en 
ellos hay alguna cosa que cause perjuicio, en cualquiera manera 
que fuese, á los derechos y libertades de la iglesia gallieana y 4 la 
autoridad del Rey , de que hay una ordenanza expresa del rey 
Luis XI, seguida por los condes de Flandes y Borgofla, y señala- 
damente por el emperador D. Carlos en una pragmática dada en 
Madrid, año de 1513 , practicada en España y otros países de sus 
dominios con más rigor y menos condescendencias que en este 
reino.» (Es el de Francia del que habla. Véase a Nr. Oupay, en el 
Comentario á este cap., tom. i, pag. mihi 183 et seq., donde recur- 
re también á las leyes de España y Portugal y á las de Inglaterra, 
siendo todavía católica.) 

U) Ad text., in rap. Intellecto, de Jurejur. Josef 11 publicó, 
en 1765, una pragmática 4 instancia del fiscal ó procurador general 
de la corona de Portugal, restableciendo la regalía de la presenta- 
ción de bulas, y recobrando una regalia inseparable del cetro. 

lí¡) August. Manuel , llislor. Joann. ¡I, lib. iv, pag. 178 et 179. 

(6) Antón. Roussel, Histor. Jur. Pontif., lib. i, cap. ív, alt: Pe- 
trum II Britannix ductm, sub poena corporiset confisca tionisbo- 
norum , ne bullae qusrumque in publicum ducatus sai prodirent, 
antequam examinatis in sao consistorio ipse annueret. 

(7i Anlonius Faber, Ad tit. Cod. de Appcllat. ababuiu, deflnit.3 
et i. Breves apostolici quamvis aequissimi , si inconsulto sen a tu 
farta sit {executio) appellari tamquam ab abusu potcst, ne princlpis 
jurísdictio impune contempla videatur. Pertinet enim ad senatus 
aueloritatem , ut provideat ne quid ab extra neo ullo principe Oat, 
quod vel principis dignitatem , vel pubiieam auctorltalea possit 
ladero. 






SOBRE 

i del rey Femando F, llamado el Católico , á 
tu virty de Nápolen. 

s Ilustre y reverendo Conde y Castellaa de Am- 
» poete, nuestro muy caro sobrino, virey y tugar- 
> teniente general. Vimos vuestras cartas de seis del 
» presente, y la carta clara y la cifra á que vos os 
> reinetiadee , en que decis que nos escribiades Jar- 
vgamente el caso del breve que el cursor del Papa 
«presentó á vos y á los de nuestro Consejo , que 
»«m vos residen ; debiera quedar por olvido, por- 
>que no vino acá; pero por lo que escribió 
♦Sonch, entendimos todo el dicho caso, y también 

• lo que pasó sobre lo de la Cava. De todo la cual 
'hemos recebido grande alteración, enojo y sentí- 
•miento, y estamos muy maravillados y mal oon- 
» tantos de vos, viendo de cuánta importancia y per- 
«juicio nuestro y de nuestras preeminencias y dig- 
i ni dad real era el auto que fizo el cursor apont 

• mayormente siendo auto de fecho y contra dere* 
y no he visto facer en nuestra memoria a 

• ningún rey ni visorey de mi reino, porque i 
i (kistes también de hecho, mandando ahorcar al 
•cursor que vos lo presentó; que claro estaque no 
■solamente en ese reino, si el Papa sabe que en 

• España y Francia le han de consentir facer seme- 
ftjante auto que ése, que lo será por acrecentar su 
•joriadicion ; mas los buenos visoreyes, atajando y 
i remedian do de la manera que he dicho, y con 
•castigo que fagan en un semejante es i más 
use osoij i 09, como antiguamente se vio por 
BexpcrHn.:Íik. Pero habiendo precedido las dr 

11 m unión e* que se dejaron presentar al comisario 
•Apostólico en lo de la Cava, claro estaba que vien- 
•Ho qne se sufría lo uno, se había de atrever á lo 
•otro. Nos escribirnos sobre este caso á Jerónimo 
•de Vicq, nuestro embajai na, lo 

ique veréis por las copias que van con la pr> 
%U% y estamos muy determinados t si su Santidad 
• no revoca luego el breve y *u virtud 

• fechos, de le quitar la obediencia de todos los reinos 
ido la corona de Castilla y Aragón, y de hacer otras 
•provisiones convenientes acaso tan grave y de 
•tanta importancia. Lo que ahi habéis de facer te 
•ello es, que rí cuando ésta red h i, redes no habéis 
•enviado & Roma los embajadores que en la carta 

• do niicer Sonch y en las de los otros dic* 

• Hades enviar, qne no loe enviéis en ninguna rna- 

• itera, porque seria enflaquecer y damnar mucho 

• el negocio; y si los habéis enviado, qne luego 

• ahora los escribáis que se vuelvan sin hablar al 

• Papa ; y sí por ventura hubieren A hablar, vuelvan 
iá ese reino sin hablar más y sin despedirse ni de- 

y vob faced extrema diligencia por facer 
^or que vos presentó el dicho breve, 
si estuviere en esos reinos ; y si le 1 b ha- 

ber, faced que renuncie y se aparte con acto de la 



EL MONITORIO DE ROMA. 

ie fizo del dicho breve, y mandadle 
lo pudiéredes ha 
'Iré 4 los que estuvieren ahí faciendo nu 

negocio por los de Áaculí, ; 
'diosa muy buen recaudo en alguna cy a 1 
' ra que no sepan H 
»y facedles renunciar y desistir á cáeles 
*que sobro ello hayan fecho, y proceded é puni- 
y castigo de los culpados de Asotüi, que en- 
ntraron con banderas y iit 1 ese nue 

«tro reino, por todo rigor de ju a aflojar ni 

d soltarles cosa de la pena que por justicia merocie- 
»>ren, y digan y fagan en Runa lo que quisieren; y 
d ellos al Papa, \ .apa ; y esto vos manda 

wrnos que fagáis y pongáis en obra, sin otra ( 
ación ni consulta, porque coinple mucho é irnpor 
«A nuestro ¡olo. Cuanto al negocio déla 

ftCava, ya vos habíanlos escrito que, no embargan - 
n te cualquier cosa que dijieue ó fieiese la serení 
•Reine si ella no facía 

1 los frailes del monasterio de la dicha Cava, 
ula favoreciésedes vos en nuestro nombre; y sin 
nque vos lo mandáe 1 p*aa yerro en nc 

lo facer; y porque el Duque do Femar, 
«hijos y consejeros pongan á la dicha aeren 

jj Reina, n ii' .tuna, en qn asconque 

«estorbe la ejecución de nuestra justicia y lo que 
n cumple á nuestro sen' icio, por eso no 1 
a dejar de facer. Por ende, nos vos mandamos, poca 
nía dicha sereí i na, nuestra hermana, no 

e facer justicia en dicho negocio, que vos 
»proV' 1 sobre ello todo lo que fm;ro justi- 

i>cia,' tuvieren culpa y deaagra- 

»s que esto vieren agreviadee ; y si fa- 
Dciendo esto, la dicha m Reina, m 

1 hermana, viniere á la Vicaría (l) á sacar los presos 

• que por la dicha razón mandáredi 

acaso vos inaud ^chámente, éso pena 

ude la fidelidad que nos debéis, é de nuestra ira ó 
n indignación , que prendáis al Duque de Fernandí- 

• na y á sus hijos , y á todos sus consejeros de la di- 
«cha serenísima Reina, nuestra hermana, y los pon* 

• gais on Castilnovo, en la fosa del millo, adonde 

• estén á muy buen recaudo, y que por cosa del n. 

• no los soltéis sin nt ¡ eeial mandami 
n y si Ja dicha serenísima Reina, nuestra hen 

re ir al dicho Castilnovo para lil 
I ellos, con la presente mandan 
i) alcaide di 1 dicho Castilnovo qne no la 
utrar en él, aunque haga todos los extremos del 

• mundo; porque fijo, ni hermana, ni otr 
•donde mi abemos de jneestor 

• be la de nuestra justicia, y Jos que en 
»Ul se 110 han de pasar sin caatí- 

• cnanto ú lo que cerca de olio fizo sJ rio del 

i i I Li virsrli rn N*Hf estriban!! «operior de ipelidooei 44 
ledas lis cmm ordlfiíiiii eat^ pirtet. 









Dl'apa, h\ estuviere allí,prendcdley fcenedle 

l pan del, y secretan ile reuun 

w desistir á los auto» que ha fecho «obre las dichas 
n descomuniones. Pero si fuere posible, | 

le habéis dt tu- 
to el dicho negocio de los de la Cava, es 
de los culpados y desagravio de los agraviá- 
is; dicho , porque fué caso feo y 
»de mal ejemplo, y digno de castigo. Pues vedes 
«núes i «on y determinación en estas cosas, 

wde aquí ftd ^a del mundo no sufráis 

«que nuestras preeminencias reales sean usurpadas 
fepor nadie, porque si el supremo domin 
«no defendéis, no hay qué defender, y la defensión 
nde derecho natural es permitida á todos, y más 
ñeco á los reyes, porque demás de cumplir a 
¿cion de su dignidad y estado real, cum- 
fpfa mu' ho para que tengau sus reinos en paz et 
» justicia y de buena gobernación. Otrosí, luego en 
allegando este corroo, proveeréis en poner buenas 
«personas, fieles y de recado, en los pasos de la cu- 
li irada de i jue tengan especial CKTgO dé 
» poner mucho recaudo en la guarda de los dichos 
«pasos, para que si algún comisario ó cursor 6 otra 
«persona viniere á este reino con bulas, breves ó 
icra escritos apostólico* de agrava- 
6 ínterdicho, 6 de otra cualcsquier cosa que 
I toque al dicho negocio, directa ó indireetatm nt- . 
n prendan á las personas que Los trajeren, y tomen 
«las dichas bulas ó breves, é escritos, y vos los trai- 
ngan; de manera que no se consienta que las pre- 
n ni publiquen, ni fagan ningún otro acto 
«acerca de este negocio, Dat. en la ciudad de Bur- 
il gos, á 22 de Mayo, anuo 1508.— Yo el Rby.— Y 
» más abajo : A ¡mazan . secretario. « 

Al mismo fin, en 30 de Agosto de 1561 , hizo ex- 
presa constitur ; r don F< lipe IT, declaran - 
do que las bulas pontificias no tuviesen ejecución 
territorio de Ñapóles, aunque contuviesen la 
cláusula de que su publicación en Roma valiese en 
tddifl partes (1). Y aunque san Pío V pretendió que 
los decretos de la curia de Boma se recibiesen y tu- 
viesen todo su efecto en Ñapóles sin preceder el 
exequátur, se opuso Felipe II , y desde entonces nin- 
gún rescripto de la curia romana se ejecuta 
consentimiento real, Ó el que llaman regio exequá- 
tur. El historiador de este gran rey refiere larga- 
mente la controversia con san Pío V, y los debates 
ubo sobro este asunto, concluyendo con este 
urna; Pero no quedó Pió temido ni obedecí- 

Los estados de Flándos, desde el tiempo de Foli- 

(II PíJgtn. 6, ínter sis illius regul, tilnl. De Catac. Camll. 
PrtttvUU Hfffi» tMtkotki, pa*. fól. 

'., Itb. vii, cap. in. Abra* 
bate memoria de lai Instancias que el comendador 
i! " I*, D. Luis a« íleqiieseiis, |>a*o, alendo embajador 

Roma, i «j, |»j„ v, suplicando cape clflcain ente de ia bula lia* 



Bueno, tienen edictos particulares, en que 86 
manda observar esta presentación , que después 66 
renovó por otros muchos de los príncipes sucesores 
en aquellos países, manteniéndose en la domina- 
ción española. En el año de 1574, Felipe II promul- 
go pragmática-sanción , á consulta de sus tribuna- 
les, para que las bulas de Roma, de cualquiera asun- 
to y calidad que fuesen, no se ejecutasen sin pre- 
ceder el consentimiento 6 plácito regio del gran Con- 
gojo da Mi 1 

En el año de 1647 se excitó una controversia so- 
bre si debían placetarse las bulas de Roma, que lla- 
man d/igtnúticaé, para su publicación. El Arzobispo 
de Malinas y el Obispo de Gante hicieron al Con- 
sejo privado, acerca de este punto, representaciones 
muy fundadas, que se estamparon para la e 
inteligencia, y descubren el artificio con que los 
regalaros de la Compañía impugnaban la regalía 
del exequátur para esparcir impunemente las decla- 
raciones que obtenian en sus disputas escolas 
y las novedades que cada dia introducían contra la 
di h trina de la Iglesia. 

Inglaterra, reino, mientras se mantuvo en la co- 
munión católica, de donde recibió los mayores ob- 
sequios la Santa Sede, estableció el mismo derecho 
de reconocer las bulas pontificias antes de su pu- 
blicación y ejecución, como refieren sus historia- 
dores. Algunos pretenden fuese el primero que 
mandó esto Guillermo el Conquistador (3), ejemplo 
que siguieron Ricardo II y Eduardo III, castigan- 
do severisimamente á los contraventores, hasta ha- 
ber ocupado las temporalidades de algunos obispos 
que publicaron despachos de la curia romana sin 
su permiso (4). Fácilmente se conocerá la nece- 
sidad de esta providencia , atendida la frecuencia 
de monitorios y entredichos con que se escand < 
zaba aquel reino; en tanto grado, que se dio orden 
para visitar los navios por si tratan de esta clase 
de despachos. 

En el reino de Sicilia, afirma que se observa el 
mismo derecho, Jacobo de Graffis, referido por 
el señor don Francisco Salgado (5) ; y de los demás 
estados de Italia testifica igual observancia Anto 
nio Amato (6). 



§ii- 

No necesitan las leyes comunmente recibidas ; 
dictadas por la común necesidad tuitiva, de apolo- 
gías. La regalía del exequátur se ha elevado, por i 
uniforme sentir de las naciones católicas, á la clase 

(2) Cadmer., Ub. i, BUL Á*fl. t antio fOSft. Pan nolcbatqttc mptatn 
m unim dorolnatione saa constHulum romana urbls pontiílm pr 
apostólico, Dist se jubentc. rccipcrc, ,iut cjus Utterti 
sibi óslense non fuiíscat, alio pacto suscipere. 

ti) Acta na ¡f. Garnetum, pag. 153, 154, *t<S et 517 Vcise Dn- 
pnj, pag. 181, Sobre ri cap. ix\n\ de fot libertada g altean ai. 

(5) D. Silgado, DeStipptieaL oú S$. t p, i, cap. u et aüi. 

(6) A«at., t'arínr. Rmtm. t tona, u, resol. tt. 



¡ 

?e- 




JUICIO IMPARCIAL SOBRE 
im derecho público ó universal en todas partí-* 
ecibido. K :i escritores de todas especies 

profesiones la conformidad de esta regalía con 
i razón y el Orden de las cosas. Referiremos a Jg ti- 
nos para desengaño de aquella gente que, por pre- 
ocupación, interés 6 malignidad, la achacan á un 
ibuso del poder de los príncipes , 6 ú deseo de exten- 
ier su autoridad. 
Juan Dríedon , ductor de Lovaina, célebre defen- 
or de la creencia católica contra Lulero t expli- 
ca adtnirnlíKniente que la potestad secular en el 
©conocimiento de las letras apostólicas no infie- 
re perjuicio alguno á la autoridad eclesiástica, y 
los útiles efectos que puede producir esta saludable 
práctica (1). 
Gabriel Vázquez, jesuíta, nada afecto ¿ los dere- 
hos de la majestad, en el particular tratado <\ne 
scribió por la jurisdicion eclesiástica contra los 
aagistrados seglares, sienta por indubitable cu- 
re los doctores el derecho de reconocer las letras 
ontifieias, y de prohibir quo tengan ejecución 
tiícntras no se hayan reconocido en los tribuna- 
reales (2). El padre Enriquez, á quien copia el 
Uor Salgado, también jesuíta, reconoce esta re- 
alía. 

El señor presidente don Diego Covarrubias T ci- 
ando y adoptando los principios del doctor Dríe- 
don, señala los santos fines que se han pro[ 
las leyes españolas en este reconocimiento, los da- 
dos que va á evitar ; y afirma que éste es un dere- 
bo de que usan y han usado siempre los principa 
iel orbe cristiano (3). Y en elogio de este pn 

rantísimo estaUn/imit-uto, dice quo si ftiguno 
nt» .mase arrancar de los príncipes cristianor 
otestad, iostautáneamente tocaría con laexp* n* n 
oía la multitud de calamidades que sobre roadnos 
i la república (4). 



i Driedo. 11b. n, De Ubert CkrUt., cap. n, ibi : Atiud hm a*- 
i sxcularem itatath mandare, net|u¡s ñatea! 1iii«*ris» apod- 
s; aliud veri* mandare, ut sine sin» templadlo el extinlne cie- 
no pareat taujusaodi lilteris, ñeque eiecutlortl mandel: mm prl- 
l non pote&l Qeri absque cotktemptu ecclesiasticx polestalis; 
«runriuio autem videtur posse Oeri sitie pra»juüicio MflatlllflfH 
potes La lis , vel saltíra Sedis Apostólica : pote&t emni tontlngere, 
quod princeps quispiam , til et privilegio, aut et comm 
papa? toM facial, aul en causa ralionabili seeunriuní cangro entinen 
el teiupnrls ad tffl statuendum, atque mandandum moveatur 
propter abosus inllendos ,, ne prelíelanlur etiranei , ant inidonei, 
ni propler iraporiuniiaieai, falsasque sugestiones liucraaapoato- 
t Impetraran!; non q,nori puteras MKQftffl vellilMbi juitiriurn 
siastkum usurpare, sed quod velJH ad aedil) calloncta rctpo- 
dicif sLalum ecclesüstkura promoveré. 

\% Cap. vi. Apud doctores indubitalum MU, posse Mpifftltrj- 
tus Bicy tares hileras pontificias, smleqaam virtute ipsaraní ad eie- 
Colinrum pratedalur, ca.amiu.kre ; ac prohinde prohi bereque id 
eiram cxeruilnnem quispiam proceda!, priu^^naai id ipsorum tn- 
bunalibus ciaminenLur. 

$) ti. Cafarr., I'recücar,, qaaisi., cap. xiiv, nana, # et Variar, 
rtitílht,, lib u, cap* vin. 

U> b. Covarr., ii> PratL, cap. xnv, nuro. 3, Ibi: Quod si quls 
contendí! a principíbus árcala nbus tianc lollere pote&Utem, sia* 
Uro non qulriem aeró enmperiet ei per i nica I o manifestísimo, quan- 
lyjn calamiLatls república inveieriL 



EL MONITORIO DE RO 141 

Si alguno desea la aprobación de los escritorea 
de todas clases, teólogos, jurisconsultos, cardena- 
les y obispos, los bailará en las obras del sefior don 
BfaueiiOO Salgado, traUído De SuppL, p*Tt« i, ca- 
pitulo n t y L'ti el Kcfmrdon Pedro González de Sal- 
cedo f fiscal que fué del Consejo De Legé Polit^ li- 
bro II, capítulo ni , los cuales tienen por asunto esta 
materia, y quedará abundantemente satisfecho. 

Es un expreso reconocimiento y aprobación de 
esta regalía de parte de los mismos pontífices ro- 
manos, el que resalta en los eficaces oficios é ins- 
tancias que hizo Clemente \ III, en el uño de 1595, 
al rey Cristianísimo Enrique IV, para que hiciese 
publicar y recibir en sus dominios el concilio de 
Treiito, exceptuando aquellas disposiciones, si ha- 
bia algunas, que fuesen contrarias ala quietud pú- 
blica (5); expresiones en que se ve concedí 
examen de las constituciones de la Iglesia que pu- 
diesen perturbar la tranquilidad ó el Orden público 
á la potestad secular. Y si este derecho se le reco- 
noce á un príncipe secular en las leyes establecidas 
por la Iglesia en un oonoilio general y ecuménico, 
¿cómo se podrá disputar respecto de los rescriptos 
de la curia romana, sujetos á los vicios de la obrep- 
ción y de la subrepción, y que no pueden proceder 
con la misma polijidad que Lofl resultantes de la 
congregación de la Iglesia universal , con el mis- 
mo fin de ver si se o pone u á los derechos reales ó 
nacionales? Pío IV, como se ha visto, hizo el mis- 
mo oficio con Felipe II, y León II coa el rey Er- 

La prescripción pudiera igualmente alegarse á 
favor del n-osi-nti miento regio ó pa&c que debe 
preceder á la publicación de los re >ntifi- 

cios. Verdaderamente que ésta no puede controver- 
tirse, después de tantos siglos que está viendo la 
curia romana observarse esta legislación en las na- 
ciones cristianas, y especialmente en España (6) r 
según todos los derechos. 

La Silla Apostólica lia rccutiooidf) esta regalía á 
los principes cristianos. Jacobo de Graf fis afirma 
haber visto letras pontificias de aquiescencia, diri- 
gidas á Felipe II (7), en que plenamente se confor- 
ma *u este uso, de que también deponen Domingo 
Bañez (8) y otros escritores. 

(5) Ínter fistolas Gardrnalis Pfzrnnil: effidat uL cúnctlivm trl- 
dcnTjnam publiietcn el ofcwnretur tu ómnibus, eic^fis lamen ad 
mirara sopplioiioncni et msianii^imam peii lionera, si qoa; forte 
ade&sent, qnae reverá sine iranquüliuiis perlurbaiionc eiecuitoni 
demandan nun ;tossíni. 

(t!j Tedro üelluga y Speculvmprincipumt rubr* 13. | Tr»efemu$ 
et | litcUiL Había de las regalías que el aso j U ptrktUa adquie- 
re a loa soberao (js. fia nals de coalrn siglos que se recuperó esta 
regalía en España. SI Rey Cstdllof, en (¿14, h resiableciocnn mo- 
tivo de dispensarle la residencia a on eanonigo la avltt, aconse- 
jándolo el rantciial Jiménez. Alvar. Can., Iib. f, YiLXimenii, ibi: 
Tune per liiteras recias jo&si sunt srbJuní praíecti, ut difá- 
mala au £ lloml aíferrentur r ad supreuium regís tribunal raí tte- 
rentur. 

fT) Jacob. GraíUs, DecU, «Brear.» tib. if , cap. xyiit, non». 119, 

(8; fJoutinf . üaftei, i, 2, fMML 67, art, t, dun, % 



142 EL CONDE DE 

Pero no son los privilegios , los concordatos ni la 
prescripción , las reglas por donde se ha de sostener 
esta regalía ; si fuese contraria al derecho divino, 
sería imprescriptible. Los reyes no deben su imperio 
á la voluntad de la curia romana, ni la potestad de 
las llaves debe mezclarse á su arbitrio en lo tempo- 
ral, como intentó Bonifacio VIII (1). El derecho 
de reconocer todos los actos exteriores que se in- 
troducen de nuevo en el reino , forma una parte 
principalísima de la soberanía y es inseparable de 
ella. Los reyes son responsables al Fundador de to- 
das las potestades de la tierra, de los escándalos y 
turbaciones que pueden agitar los pueblos enco- 
mendados á su gobierno y á su protección. Segura- 
mente que no se les podría hacer este cargo tan 
general y absoluto si hubiera algunas acciones ex- 
ternas exentas de su conocimiento y noticia, y en 
que por falta de ella no pudiesen prevenir ni evi- 
tar sus perniciosas consecuencias. 

Por esta razón , es de tal naturaleza el derecho de 
reconocer los breves pontificios, que el mismo So- 
berano no puede renunciarle, como estimaron los 
grandes y prelados de Portugal en tiempo de don 
Juan el Segundo (2). En su conservación descarga 
la conciencia del Monarca, y asegura la paz y quie- 
tud de sus vasallos en materias de religión, que son 
las más peligrosas cuando se apodera de los áni- 
mos el fanatismo. 

Renunciar á estas regalías es dejar perder los 
apoyos más esenciales del trono , y tolerar que el 
sacerdocio se arrogue los derechos del imperio. 
En nada, pues, debe esmerarse más la vigilanto 
solicitud de los magistrados, y especialmente de 
los fiscales, á quienes está encomendada la defensa 
de esta regalía. Es crimen de lesa majestad permi- 
tir que se vulnere, ni contravenga á ella en mane- 
ra alguna, por los importantes fines á que se ende- 
reza (3). ¿Quién será tan mal vasallo, que entregue 
la llave del imperio á la orgullos» ambición de los 
curíales ? 

§ III. 

No creemos que aun haya entro nosotros espiri- 
tas poseidos de falsas preocupaciones contra la au- 
toridad pública de su soberano. Si algunos hubiere 
todavía, por desgracia, de esta clase, dificultosamen- 
te se dejarán persuadir que no sea ofensa de la au- 
toridad eclesiástica, como ellos la entienden, la ins- 
pección económica y protectiva de los breves doctri- 
na/es que tengan por objeto una materia meramente 
espiritual. En los hechos, en el rito de la condena- 



(J) tom-m-, Vnem xanctam, de Mejorit. etobedient, 
fa» ^ i ^' m Sp *° • in lracl * De re$io P iaríl °* P- 4 » «P- '". 8 *. lb<: 
üjfo^J^^ PS pnt cnm regno ,pso Btlnm esl » et POtesWi regia?, tam 
jty**üé ^ connexnm , ut boc jas a se princeps nequeat abdicare, 
', f ***m ^ ftipsuai priocipatu exuaU 
% *** - m > o*I suprt, 1 4. 



*2 



FLORIDABLANCA. 

cion, en la forma del examen, en la común oposi- 
ción, y en otros puntos de hecho ó en la fórmula, 
puede haber graves dificultades que impidan la pu- 
blicación. Difícil es desarraigar estas rancias im- 
presiones, á pesar de tanta doctrina como han jun- 
tado á este fin nuestros regnícolas (4). Tampoco 
quisiéramos disputaran gentes que discurren de 
este modo por no haber alcanzado á entender las 
divinas letras, que dan ideas más ajustadas del po- 
der de los soberanos y de la potestad espirítuaL 
No por eso nos excederán en la veneración de los 
verdaderos derechos de la Iglesia. 

Es cosa cierta que á sola la Iglesia pertenece la 
explicación de los dogmas de la fe, el reglamento 
del culto, la dirección de las conciencias, y en una 
palabra, el régimen espiritual. Al principio de este 
discurso se ha insinuado bastantemente que los 
decretos que tenían este objeto eran propios y pri- 
vativos de la autoridad eclesiástica , con las reco- 
mendaciones de muchos papas y santos padres á 
los emperadores, á que conspiran todos los cánones 
que juntó Graciano en la distinción 96. Pero no por 
eso se ha de juzgar que son ningunas las partes 
del Soberano en los negocios de la religión, y me- 
nos que en el reconocimiento de las bulas y decre- 
tos que miren á este asunto , excede los limites de 
su potestad. 

San Agustín dice que sirven á Dios los reyes en 
tratar los asuntos tocantes á la religión, para man- 
tener en vigor la observancia y remover el desor- 
den (5). San Isidoro, arzobispo de Sevilla, doctor 
de las Espafias, reconoce esta obligación en los 
soberanos, y su derecho de protección (6), usando, 
para ejercerle, de su poder y de su brazo real. 

La razón de esto consiste en que la unidad de 
la creencia, la pureza del dogma y la exactitud de 
la disciplina, no sólo dependen de la perfección 
eclesiástica, sino que trascienden al buen enlace y 
armonía de todos los órdenes del Estado , pues á 
todos se extiende el ínteres común de la religión. 
La jerarquía do la Iglesia la sostiene con oracio- 
nes, predicación y sacrificios. El Soberano con su 
brazo y poder, empleando á veces sus fuerzas para 
reducir á su centro cuanto cause escándalo notable 
ó desorden en el cuerpo de la Iglesia. 

Esta genuina inteligencia de los límites do las 



(4) Véanse las representaciones de 1647, becbas por el Arzobis- 
po de Malinas y Obispo de Gante á Felipe IV, en su consejo pri- 
vado de Fttndes ; y es muy del caso el cap. Si quamfo, de reecrip- 
tis, en que Alejandro III reconoce los principios en que se fonda 
ol exequátur. «Si quando aliqua toa? fraternitall dirigimos (babla 
con el Arzobispo de Ravena), quae animom tuum exasperare viden- 
lur, turbar! non debes ; qualitatem negotü, pro qoo Ubi scrlbitur, 
consideraos, aot mandatum nostrom retereoter adimpleas, aot per 
lateras tuas, quare adimplrre non possis , rationabilem causan 
pretendas. Quia patícntersuslinebimus, si non feceris, qood pra- 
va nobis fuerit insinoatlone soggestom. 

(5i D. Angustio., üb. ni, Contr. Crescon. Grarn., cap. u. Sis pa- 
labras se trasladan mis adelante, pág. 143. 

(6) D. Isldor., lib. ui, SeiUení de *umm. kon. t cap. im. 







VL SOBRE 

por 
iblican l" k J mismos i ge- 

nerales y i s , como 1* 

£1 por 

lo* m< r los príncipes u los con 

y son los u ue se deducen de los prin 

hasta aquí explicados (1). 

\ no solo I 
tifie* san Agustín (2 ai se admira de los 

neu duda cu la utilidad de la subscri 
ial 6 de sus en loe concilios. 1 

lio Arauaicano II, ó de Orauge, aunque no se 
¿ cosa que del pecado original, d 
y del libre albedrío, antes de que Lm termi- 
naciones ee pul día y señaladas 
por seis varones consulares, COOIO consta } 

Ptttrtu , Marcel ¿mmmt, 
j 

, aíque PatríHué tonJS€nticn& , mbsc 
La promulgación de la 

i de Ja potestad soberana, la 
padres del concilio católico Ar i mínense 

Son en dema 
solemnes de ios con eneróles, nacionales, 

ocíales y sinodales, pan e\i-ir so 

ucontrar y 
ersado en los cánones, 
proposito la e| 
concilio ecuménico Constantinop<ditanu I, en que 
m le pide al emperador había 

nación (4), y las palabras con 
e se explicó el emperao * no en el < 

jo, también general, Calcedonense (ó), dando tai 
<s de su personal asistencia. 
No solo en los concilios antiguos se encij' 
terpueata la real autoridad, sino que consta en 
tino, de los poderes, que 
s á los tres cmbajno 
ios que asistieron a él, así en el coi 
rey de España como en el de emperador (G). En 

-inon. Vttnñm, di>t 0(1 B) \9C lo» empen- 

f«* uñttrr*atti, qn<r omniHm atmauni» ti/; qwr nvi 

I t (ttitii üil toiii'* el t'ttinri omnim) p.tlmel t'hr, 

U PftffH :j >'->rítf «le 

no Íjs uoii «&l oí i tnisicrí! im- 

; ronnilgatit, 

■ tur plclstU 

I roo vo- 
il Ducaí eorura, i(uai 

nBsaesSaffM 

I te inveuil uuii ului muí- 

l 

..<Ü un»rvm»[li»ffUtc.*f'rr 



ñNITORIO DE BOMA.. 143 

los mi unos esta 

i vención i Pianos en 

loa de la íe era necesaria para asegurar- 
se de l raciones, y 
íx median; *, á ñu de 
que las hiciesen respetar ibditoa, De 
otra suerte, como dimanadas de una di 
puramente espiritual y de doctrina, quedarían ex- 
puestas exterionnente al ie los particula- 
res, por falta de ac le auxilio 
para su ejeciu 

Nada se hizo, en loe primeros y mas florecientes 
Bi^log de la Iglesia, sin la intervención y concur- 
rencia de ios principes cristianos, aun en los puntos 
las determinaciones son infalibles; la mis- 
l universal, representada por los conci* 
lea, convidó y solicitó su auxilio; cono- 
d que de esta unión depende el que florezca 
la paz y la disciplina entre los fieles (7). Nada se 
hizo sin la inspección y consentimiento real en 
iris infalibles, dictadas por el Espíritu Santo. 
Abora admira al idiotismo de algunos que los 
I »es católicos quieran enterarse de los re 
la curia antes que se divulguen y puM 
solemnemente en cada región, precedida 
ioia da la potestad civil. 
Bt llegado el espíritu de adulación en algunos 
casuistas é inmunistas á querer persuadir que fija- 
Flora, producen todo su efecto 
en la ra noticia y sin conocí- 

to de las alteraciones ó escándalos qn 
Tas circunstancias del tiempo 6 de los reinos pue- 
den producir. Los mismos decretalistas, imbuidos 
de ka miL\ ie, reconocen que las le- 

lesiasticas no obligan mientras no están re- 
ír que para tener au com- 
ido deben estar aceptadas y publicadas le— 
galmente, y que de otro modo, de ninguna manera 
tío son obligatorias? (8) 

En la inspección de los breves doetn 
p loa príncipe! i i 
juzgar sob t 

te se cificn al punto de la pr 

r , y á rev> idioial- 

I jm , fetev el ftffOtBsl nastfo nomine daré, 

u re. 

pace et üttltlii 

BBkVfi i-bMTvtMur. el regni P*í t\ -uhrrp- 

Uone iiksMiitaiur. Novll uat I, |ili rum regnuro et ja« 

iunt , beno ri kiíiii mu.: 

lafll, non tinium par* 
r» res non ere se un I , ^**rl pitam ma.nr res mi 

I u*u rrrrpla 

¿i ó rebutí lo qui ignora T 






ÍU 



EL 0OKD8 DE FL0RIDABLA1 



mente si hay cota que lo impida. Introducirse Gil 
lo prij i lit v filiar por tierra la auto- 

ridad eclesiástica en la calificación dogmática. Pero 
advertirse que en esto también hay que coa- 
tí la autoridad y facultades de los obispos. 
Lo segundo no es otra cosa que cumplir los reyes 
lu obligación en qoe los ha puesto el Omnipo- 
i, para saber lo que pasa externamente en mis 
estados , y si va eJ juicio en regla. 

Leen, Librea de preocupaciones, muchos 

ir en su mente la distinción que 

la publicación y ejecución de I<>r decretos 

á la interposición del juicio que les 

motiva, y leyesen la explicación de Facundo fíer- 

de África, coetáneo al etiipera- 

l), sabrían que los soberanos no 

aspiran ai derecha de sacrificar ni de definir, que 

q propios d locio, y que en el prudente 

sobre la ejecución de los nuevos reglaim n 

re la Iglesia, guardado el honor debido 

á su jerarquía, no exceden los cotos de su potestad 

supr ! y protectiva, 

ilíi, ya que no sea posible el desengaño de 
que reciben los rescriptos de la curia romana 
ij que los príncipes solo 
los deben saber para en todos 

leoe, al modo que si fuesen dogmas revelados , 
oigan descifrada por un varón tan insigne como 
do: osa terquedad indiscreta, y 

los efectos ofensivos á la religión, y destructiva 
de la verdadera autoridad de la Silla Apostólica, 
qu. la ridicula superstición de su creído 

(2). 
9 de nuestro instituto la controversia I 
de la infalibilidad del Papacuaudodelio. sin el con* 
ueral las materias de la fe, en que uno de 
a (3) confiesa con ingenuidad 
que la negativa la sostienen gravísimos autori 
no es un dogma impío ni insolente. El mismo car- 
denal Belanuino, infatigable defensor de la auto- 
ridad pontificia, uo se atrevió á adornar absoluta- 
nejante privilegio (4), < 

(1) Faeandus Mrraiannensts, (ib. iti, cap* sis. Sciens imitar mu- 
neeps U/1» rfftt non impune erttlsse, quia Mirifi- 
care praSJUBpsll tula singulo ciliqae ctiam *.-rmuli Of- 
^bi impun»: íafí-re oon pos^e » 
; td qua» jam de Me cbrlstUni riu* fu era a I 
re, qaod nslliiená» lícet , leí tiov< i ranunes, quod non 

i lirio, 
■ canonam eiículor csse voloil, non condiior, non 

Tktotóff,, Itb 
*»•< Helara temeré, ar •, 

••■' jrJortLilrrii Ijtit fui t.iiU , non fa¥CHt¡ 

upatrocíniamanc- 

ittfic . tib. n, cap, i. 
nln.Jlb, ni, Ú*£ t .ip. xiv, 

útcl&a* Dotí pouc tirar», id MiidUgimus taro de uni- 
£tfc/¿tim, «|uam de «arw*U*te cpiscuponiaa; tU ot sea- 



nido a la Iglesia congregada, y que no disfruto* san 
Pedro en el concilio de Jerusalen,y conferencia 
con san Pablo en cuanto á la observancia de las 
prácticas de la ley antigua (5), ni el papa Estofa- 
no en la controversia con san Cipriano sobra el 
bautismo de los berejes, ni el papa Honorio en la 
causa de los monotelitas, cuyos erroree incauta* 
mente adoptó , ni Juan XXII en otros puntos no 
esenciales (Jj). El que quiera enterarte de 
alguno* de estos fundamentos puede recurrir fá- 
cilmente á los autores que abajo le señalamos (7). 
Para nuestro asunto nos ba^ta «aber, por la autori- 
dad de un gran teólogo como el famoso Juan Drie 
don, que los decretos pontificios acerca de los ne- 
I espirituales son capaces de la subrepción ; 
peligro que es suficiente á justificar su previa pr< 
sentacion en los tribunales reales antes de publ 
carse ni ejecutarse (8). 

No es sólo la Iglesia la que ba encomendado 
los reyes la ejecución protectiva de los sagrados 
cánones y de todas sus constituciones, definí 
y reglamentos para su aumento y subsistencia (9) 



£ 

oe- 
ion¡ 

B 

lo á 
los 



tas sit bajas proposJtionls : Eecietia non putei t err*re, U t 
quod teaent orones 11 deles lanqoam de flde, BSeaSSfiQ csi »»*ro 
et de üde; et simililer id quod doceat oranes eplscopí, Unqnai 
ad Adero pcriincns, necessarió e*t veram et de flde* 

<5) Ad Galat. , cap. n, vers. tt. la faciera ei reslitl, qata repre- 
bcnsibitls eral. 

(f] Epístola León. pop. TI *dErvigium, fteotm Riip**í*, qum 
est. i, in C$ü$6t CsaaU. Cardtnal Aguitre, loro, tf, psg. 500. Va- 
rum piissiaius imperador fraila Spiritas Sanctl anímala* et labo- 
rern pro cbrisüanr üde* puriuite sponle perpessvs, Bccleslam Del 
catbolicam ab erroris Bieretld mácala larainii nisibus parificare 
moüiDS est, et qalequid n r iVnsinnem rlirisiianis populi* poterat 
fcnrrare de medí» Del EedeslB ferit aarerrf, omnesqoe harretíeai 

nis aaclorcs venerando cénsente concilio coadernaati, el 
idanaüone projeelí sant: \Ú esl Tbeodoraf Fa- 
ramilanus episcapos, Ctras Aleundrinas, Serglss, Paalas, Pirras, 
et Petra» quoiubm constantinopolitani présales; et una cara ei* 
ílonorias romana», qai iiamacolalaro apostólica: traditionts reja- 
lam , qaam a pramlece>suribu.s sais accepit, niacuhn coa*en 
Sed el Naeariatn anilochenum rum Slephano ejas dísripalo ; imi 
ba?relic* pravitatis magistro et Polycbronio «juodam insano leí 
novo Sitaune, qai suscitationc mortat, bt?reüra; pnedlcaUosls 
ducíam polllcebalor íniplere; ñeque rarsas a«l fiara ten 
sinnis salten) cunfeuas convertí ¡rterna condemoatitmc i 
Bit El granes bi ram Arrio, Apnlllairia, Nestnrio, 1 
ro. Tbeodosio, Tbeoesio, ín deilale t atque hnroaaitate Hoin 
no&tri ietochrlsll iaan volantatem, ana raque opcratioucra pti 
dicantes, doctriaaaa bajreiicam iraprodente* defenderé conabaí 

Quos onmes cum erroribus Bflll tíhina cenfura de san 
fia, et nuuc superno ía vente pra^idio la au» 

li'i cunsoaaatiam omiies l>ci Ecciesiac pnea ni es concorda 

i infia. 

i», et V4"stri rlifistiani regni fa&tipiam studiom pieta 
QUitenna hsc omntba^ 

, rlmns, et pnpnlis, ad laodrm Dei pro veslrl quoqoe reg- 
nistabilitate,alque»jluteaainiam prj'dicctur. tt laírí: 1 1 pt*, el 
eaasofils in EesISfltS Oei lestrl >bblimis re^ni temporibu^ l> 
Hoeedtflie, vssinq •; roaae 

at qai tesitura culuicu n itjtt si 

miura, conceda! per plurUna témpora prosperb, te sibí piatítt coi 
m^suui papafisi álsaaatsfti 

l*Ha. Kflfsm*i l>e ¿(*fu Ecctesi*, cap, i» { 10. EptM* 
Al'*i*HS. f tive ifrfrtisuitum trmué conctuMíonuM , el la cap. Si, 
mer t qu**L iK rt | 

i an. Dnedo, lib. n, t>e L'aer/díe rhrnl,, cap. n. 
(d; Marta, Ut U* 4, ti lat/rrji, te prsríai. 



faf- 







JUICIO IMPARCIAL SOBRÉ 

nio Dios los ha nombrado por tutelares de 
esta esposa querida , y les ha encargado estrecha- 
mente su custodia. Al mismo Dios han de respon- 
der de esto encomienda, y de su cuenta están las 
resultas favorables y adversas de la paz y disci- 
plina eclesiástica (1); encargo en que les fió el po- 
der necesario para su cumplimiento y desempeño, 
que no pudiera llenarse por los príncipes si se les 
desnuda de la noticia previa y constante de estos 
reglamentos, para hacerles observar ó suplicar de 
ellos en las formas establecidas , según su natu- 
raleza. 

Sueñen ahora los decretalistas todas las cavila- 
ciones que les dicte el espíritu de partido ó* su en- 
ferma imaginación, para interpretar este derecho 
de patrocinio y protección de las leyes eclesiásti- 
cas. No pueden menos de reconocer cuánto degra- 
dan á la majestad de sus derechos en impugnar esta 
regalía, que aun en términos de urbanidad y de 
cortesanía nadie se atreverá á negar á los reyes. Lo 
cierto es que el papa san León se le explico al 
emperador de su propio nombre, confesándole en 
las cosas eclesiásticas el poder de corregir los ex- 
ceses y de defender los buenos establecimientos) 
el cual sin duda no se puede ejercitar sin tomar 
conocimiento previo, aunque económico y protecti- 
vo, de uno y de otro, para acertar con su i&spOe 
y examen (2). 

San Agustín afirma que el poder de los reyes es 
legislativo igualmente en las cosas (externas) de 
religión que en el reino que les está encargado; 
hace la apología contra los que, perdiendo de vista 
el derecho divino y de la ualu raleza, colocan en 
lus términos de unos meros mandatarios á los re- 
(3) en la policía externa de las cosas eclesiás- 

[i\ Can. Principa, oo*sl, 5, Por ser nolablej sacado de S tai- 
oro, llb. ui, Sasf. U* MU. tono, sis. i ; I letra, 
i por él se veri tomo lian pesiado |i nafróles de la 
iotoridmt de roa rejei en Io4oj lleatos. »Pi mil sos- 

im Inlra EcH uliulna leñen», m per 

iotrj Ecclcsiam poteslales seeesSSfíB non e*se»i a ni*i ulquod 

j >jict sacerdo* cfiicere p<*r dofiríwe sermone», p 
hoe ttnpiiMt peí dlMlsllSB torren sorregara E< 

easeotc 1 4 U ' ,nlr4 * 

kíui, riiíore principan coiiterjníar, ip- 
^ainqui i <i f iam EecIfSür hutnilitas etercere aon pta¡- 

bol liSorboffB poiestoM tnpunat, el ol 

loncm nirreatur, «irtutem SOtesUUS Impellat Coi 
til Deo Jrbcre »e I Itro pwptr; 

B. qtura a Cb «■ iSSClplOTt Naní Ún iu*e>lar pai 

i i ve «oí va tur, Ule ab 

oncm cxiKel, Ofll eorum poliStstl íiuw E 

lit. 84, ibi IVehea iocunctanter sdiertcrc reglara po~ 
• lum ad roumii régimen, • 
rollalan, ui asios nefari oeodo, et 

q n9 \ u <nm patcm hi> » «jo» sutil 

turbar. 

r a Crestón, (¡ramtn., cap. t%1bi: 
itanl, i» 
Ll ioo refOO ll, mala proln 

runenl ni 'iimanam soeirtatem, teram- 
rollflooettt. 
F-B. 







ÉL MONITORIO DE ROMA. 145 

ticas , pues ya se entiende que en las espirituales 
todo es de la autoridad eclesiástica. 

No tienen los principes cristianos, por su advoca- 
cía y protección, derecho para hacer decisiones doc- 
trinales en las materias espirituales , pero sí para 
reconocerlas y hacerlas eji do así bien para 

criar y dictar todas las providencias protectivas 
que parezcan oportunas si exacto cumplimiento de 
las que ha establecido 6 recibido legitima y canó- 
nicamente la Iglesia universal en materias de fe y 
de disciplina (4). 

Los emperadores y reyes más piadosos han re* 
frenado los novadores y han confirmado con sus 
leyes seculares los dogmas ortodoxos. En nuestra 
España el derecho real ocupa títulos enteros < I 
yes, que acreditan el celoso cuidado de nuestros 
monarcas por la conservación de la verdadera creen- 
cia en materia de mera disciplina y aun para el 
castigo de los herejes, distinguiendo éste de ta ca- 
lificación de los errores en punto de doctrina, so* 
bre que son innumerables los reglamentos, en todas 
partes y tiempos, de los príncipes católicos. De aquí 
desciende la atención .Tregir los 

predicadores que se exceden en en santo ministerio 
de palabra, 6 que vierten palabras sediciosas 
pecies seductivas para conmover ó alucinar el pus* 
blo. La prohibición de cofradías , que con el titulo 
de devoción, son perjudiciales en su número \ 
tos, 6 por ser de una clase de artesanos, 6 carecer 
de la aprobación del Consejo y del Ordinario (5), 
La asistencia de loa jueces y magistrados á las pro- 
cesiones públicas , para hacer observar 
compostura y orden de lugares , sin dar oca 
escándalo ó menosprecio de las cosas sagradas. Ha 
Llegado á tal punto el celo de nuestros soberanos, 
que siempre que han sdvsa lados, 

la menor acción que desdiga del rito y del cul 
lian dejado de advertírselo con seriedad , de que son 
basa ejemplo las cartas del señor don Felipe IV 
y de 1 1 iilre, dofis Mariana de Austria, en 

miente al Arzobispo de 
Granada el uso de silla de manos en la proi 
del Corpa* , y otras muchas que podrían traerse a 
la memoria. 

rabies testimo- 
nios de esta naturaleza, nos cunten OH re- 
cordar, para gloria li- 
tros reyes, la ley c/<s Porthla V ')■ 
Jital t que reglan la pompa y solemnidad con que 

(4) Vidcalar Va o Speo, tract. Pf Phrit» Heel*>> purt f, rap. n , 
| 1 et aeqq. Mirra, Ve tornearé. Sácere, et vi, cap, 

KStVfc »bl: Certum m i io<] acr- 

: tnlnuit, proal et luM. jume lalli ♦ 
cinuíirs obst ¡ 

dere ad fie iltorem eorom m Dea* 

tita eiplitjnriam, I -aiotUre ¿d utílí! 

nrm bajos < 
ostiaooram Codsi fluaqaa 

.juso lai leyca 3 y 4, til. uv, lib. wi, da la fíecoptL 



UG 



EL CONDE DE FLOR IDA BLANCA. 



debe i : [simo Sac rumen to e 

>r las caites, por haberse promulgado en 
pos antt?n , fundador de la solemne 

fiesta del Corpus (1), 

Bate es el poder que gozar» y que usan todos los 
utos para promover el culto y la pureza di La 
ion, confirmando lo bueno y conteniendo lo 
malo. A este objeto piadoso y desempeño de la 
protección para mantener la paz en lo ecle- 
onspiran las providencias de los royes 
en punto de reconocer en bus consejos 
las bulas y rescriptos pontificios anteado au publi- 
i ni efecto. Y de aquí se colige con facilidad 
que el señor Infante duque de Purina no hace en 
este edicto otra cosa que usar de una preroga- 
useparable de su soberanía, sin que eea fácil 
alcanzar el motivo con que la curia de Roma se 
ra contra Paraia más delicada que con las do- 
mas cortes de la cristiaudad, á no ser que intenta- 
sen los curiales probar, por vía de ensayo, sus fuer- 
r ¿ lo mismo en otras partes, y hacer 
la causa y el resentimiento de los príncipes católi- 
cos general B5t >mte,es el caso en que a] 
ro dice que los papas deben abste- 
nerse ¡invidencias arriesgadas, excusan- 
do una universal conmoción y escándalo (2). 

(1, I.pt fit, ilt iv, part. t. Penar deben tos cristianos de servirá 
nuestro SeBor Jrsncristo de voluntad y de fecho, é eslo no lo pac- 
r cumplidamente si no lo temieren , é non lo honraren eu 
cuarUí atañeras pudieren. E por ende tuvo pop bien santa Kgle- 
Ifl qu as cristianos deben fincar los hinojos á ropar 

muy bom idiosamente ruando al/an el Corpus Cliristi en la Eglesia, 
que fie esa mísnia guisa lo fdtsea, cuando lo llevasen fuera de Ij 
■ para comulgar h algún enfermo. E demás de esto nos don 
Aliona» rey, por honra del Cuerno de nuestro Señor Cristo, 
lOaadimos quo los. rrislhnos que se encontraren ron e!, que va- 
jn con él á lo BtáttOi fjst* en r;ibo déla calle do se fallaren; 
Fteei loi i iros que estuvieren en la calle fas- 
ta que llegue el eterizo á la casa dotkle es aquel a quien van i co- 
mulgar. E si alpunns ríniei ido, debei descender de las 
; b si tal lugar fuere en que oo lo puedan facer, débense 
Mr.it de la carrera, porque pueda el clérigo pasar por la calle sin 
embargo ninguno, etc. 
Ley ni. t¡L i, Ifh. j, Ordinam., osa esl le*. 2, lít. t, Un. i t Not>. 
Porque a nn estro Señor son acentos Jos corazones contritos 
\ aattlldet, y v\ eonadaieolo de tas eri Harta a su Criidur: Han- 
dtJftei y ordenamos que Mando ae amere que noi á el Príncipe lio- 
redero, d infantes» nuestros hijos, ó cualesquier cristianos, fle- 
que ríeni |w la calle el Santo Sacramento del Cuerpo de 
Eos seamos leuudos de acompañar fasta la 
¡onde salid, y linear los hinojos para le hacer reverencia, y 
¡ hasta que sea pasado; y que nos no podamos excusar de 
hacer por lodo, ni por polvo ni por otra cosa alpra tía. G 
sttiiqttíei que tal do lo hiciere, que pague tetsdetKon mará ved u 
de peno, tas dos pifies para lus clérigos que fueren con natura 
% lj terrera parte pura la justicia, porque daga presta eje* 
q en quien it dicha pena Incurriere. 
Sobre etU dfvoüsím* ley dio á Inz un tratado el doctor Carras- 
co y Narbona , Id tract De £taie, auno i\ t q, 83. PradílU i ^iir.is 
... ion de tila con el elogio qoe exige li pií i >d 
del le 

i Mfonso r.uorrero, en el tratado Del modo y forma 
qut tí he. U 'ittn- at ia crtckratuní drt gottral coNcith, y irrírr*! 

arcarlos I, impreso 
111 *>' ni w, il o di I 

cap. jiif la fine. ftilatf* deTnotieneto IV, la regla siguiente: «El Ino- 
liee en el . an, bf*isttii*i t ,.,„„, , f mundo cmüco 



Eutre los venerables padree ; ^arot» 

Ni cea, de toda la i 
cimiento de la verdadera > 86 atrv 

vióá contradecir al gran Constantino, cay 
dijo cara á cara: Vos intrá, ego autem ejstrá Eeek I 
iktm á Dea epucopus constituías surn. ¿ Seria el stla 
cío de los prelados do todo el stiaao ni 

punto tan interesante, pnro efecto de grog* 
rancia, ó la obra do una aduladora condescen 
No creemos quo Llegúela ceguedad de loe < 

i de los derechos de los príncipes al ei 
presumir de si que se han enterado mej 
lidud 7 Límites de la potestad de la Iglesia, óq 
exceden en celo por la conservación de sos 1<£ 
mos derechos, á los padres del concilio que 1 
reverenciar todos los siglos. 

La declaración que hizo el primero de loa i 
redores cristianos , el pacificador de la Iglc9Íi f a I 
un acto tan solemne , facilita á todo el que no < 
ra abandonarse á la extravagancia de en 
ó á las miras de su interés, la regla 
que todo acto externo temporal, eea del 
línea que se quiera, es déla competencia dV« 
reyes y de sus tribunales ; principio sen 
negable, que no tiene limitación, yon v 
la idea juata y verdadera del poder p: 
los soberanos en las materias celes 

Esta verdad la han individualizado nn 
rÍHcunt>uitos nacionales en los casos m 
itiimmsa copiado doctrina. Por ser loa fruí 
tas de los beneficios una cosa merai 
ral y profana» es opinión muy fundada (¡ne { 
el juez secular cono t lirias canssf 

íiciales en el juicio posesorio (3), y nunca se 
negfar á los tribunales reales este conocía 
para decretar el amparo de una p< 
pítima, y para restituir en ella al celesiiL- 
pojado por la fuersaó la violencia. 

Por la misma razón nadie ha puesto en < 
que el juez secular es competente para eoi 
bre el pago de diezmos debidos á loe < 
y las excepciones de que este punto 
ble (4). Las pensiones que gozan los lefi 

fó* dignidades eclesiá ^táne 

caso (5), y por el separado concepto de la 1 

levente Fe cree qne def mandamiento del Pjp> v 
daño», ú cuando ri>] (al mandamiento > t * escaQüaliuiaUli 
le han de obedescer, t pecan Ius «{íe le nbedesocii 
de i¿iK»rdar el Samo PonliOce de no dar causa qti» 1 
eandalke, ennw p es difho. y enmo se dice ea el ca» 
remos que fiesta se dice ddripns y legos; asi esfa r< 
cop.ivn, en el primero libro de loa Rfytt y a 

" l). Covarrub., Practicar., r*\¡. ixiv f nnni. j 
negamn», posse jostissimb jinl 
el ÍPlEti Jura partium regio nomine tutantur, 
lecau^am pos.sessuñain, ■ n qua 

lur t ad eífcrium til »|uk-i . it, ne Uul^^H 
wloli ilia, iiiit índebi i* pos&essinae, qsi i i 

{A tdem, uU, prnxímf f v t. llíud frito/' 
> l[ierou>m. CevaUos, DéCoQuii ¡ ■ 
n um 31, 



JUICIO IM PARCIAL SOBRE 
rali dad son de la jurindu ion real otros muchos 
asuntos que seria prolijo individualizar. 

Aunque el matrimonio es un sacramento do la 
Iglesia, libre á todos los que siti ningún impedi- 
mento canónico une el consentimiento de una per- 
fecta y deliberada voluntad, a ninguno se le ha 
ofrecido argüir de nulidad , por defecto do jurisdi- 
ciou, aquellos reglamentos políticos que, sin ufan- 
ea del indisoluble nudo espiritual, les prohiben á 
ciertas personas, por el interés de la república, 6 
limitan los gastos 6 los desórdenes en las bodas, 
eobre lo cual son dignas de la memoria las leyes 
españolas, antiguas y modernas, acerca do los ma- 
trimonios de los lujos de los reyes y acerca de 
los grandes del reino, que testifican en todos tiem- 
pos los historiadores que júntala exquisita erudi- 
ción del señor presidente don Francisco Ramos del 
Manzano (1). 

Es menester confesar, desterrando las nieblas 
que ha esparcido en unos el interés, y en otros \n 
demasiada credulidad, que es del derecho propio 
de los soberanos la noticia previa y asenso á la pro- 
mulgación de los leyes eclesiásticas, corno que es 
ud acto externo, que nada tiene de espiritual, que 
va á ejercitarse en sus dominios, y de que lian de ser 
los protectores. 

El cuerpo místico de la Iglesia, que deserihin 
con tan puntual menudencia á los padres del con- 
cilio de Baeilea nuestro clarísimo orador, ti 
ne preíado Andrés Magorense, seguramente que 
no tiene otro brazo en sus funciones externas que 
el poderoso de los reyes (2). 

A estas manos defensoras ha confiado el Omni- 
potente la vigilancia de las cosas de su Iglesia para 
su tutela y seguridad. No se duda que desde la ins- 
tituí ion de las sillas episcopales f que hirieron Lof 
apóstoles, y que al principio hemos insinuado, sin 
entrar en el empeño de est larecer las antigüedades 
eclesiásticas que trae á este fin el señor don Fran- 
cisco Ramos del Manzano (3), corresponde al ofi- 
cio del Metropolitano, por derecho, enmendar los 
agravios de los obispos sufragáneos en lis causas 
ordinarias. En el canon l.° del concilio Toledano IX 
ae dispone expresamente qoe , en caso de que estos 
prelados « abusando de su autoridad, disipen per- 
didamente los bienes de las iglesias del territorio 
de la metrópoli , recurran al Rey los patronos ó sus 
parientes para la enmienda y remedio de semejante 



(I) R Franetac. Hamos del Mañano, Ád Ltf. JuL et Pap, t 
hk m f cj|>. ii.i, I ñuta 5* 

v¿) Andreas «agoreos , In Cubenacul. GmnNL P* rt - «'i ca P » v . 
in Actit Concit. Conslamitñ*. Herma nn. Vos der lias I, loui. n, 
Sft, ibi: Quia sicut raput i&tiu» eornoíiü primum membrum, 
*t pnneipale est I\ipa,sic oeulí suut e piscopi et ura<J¡iti, qui suprr- 
iniendnni; lingua et pabia ptaálesiom et propljelai. Manus sunt 
reges Errifsi»' defensores, pé&ei ittil raid ti laborantes, et sic 
de alus tuerobns. 

(5) U. Fraiirísc. Ramos del Manían», AdUg.J*i,eiPay. t Ub.ii t 
cap. un, a iiuoj. 5, 



EL MONITORIO DE ROM | 147 

daño (4); texto singular, qtj tO, y 

muy notahle, porque nos repite 00D la mayor cla- 
ridad el natural progreso que tenían antiguam» 
en España las causas eclesiásticas, explicad 
capítulo del concilio Toledano XIII, que arriha i 
mos dado. 

En uu brevísimo tratado que escribió Ii<« 
Laurenti, presidente del parlamento de Tolosa, díó 
algunas reglas para sondear el poder j i de 

los soberanos en los negocios de la Iglesia ; y en* 
ellas, la general de que siempre que falte ó abn 
la potcBtad eclesiástica, le toca por derecha al pr : 
cipe la protectiva disposición (6) ; doctrina que ha 
explicado el señor Salcedo con el juicio y exl 
que ha menester (6), y de la cual trae oí ot- 

tumbre de Aragón de conocer log m¡ y 

jueces seculares de las causas de los exentos, qu 
promueven el señor Crespi (7) y casi todos loe ju- 
risconsultos de aquel reino» 

En una palabra, el derecho de patrociuio de la 
Iglesia, que tienen los soberano» do la cristiand.i 
se extiende á todo cuanto puede ceder en utilidad, 
aumento y edificación de la misma Iglesiu; 
guramente que con dificultad se puede propontr 
providencia en que se logren mejor tan Bu' 
nea, que la saludable del exequátur. Su | 
viene los escándalos, las turbaciones de la Igh 
y de los pueblos; evita los y Ioh perjui- 

cios que la importunidad de ambiciosos ímp 
dores pudiera originar contra las puras y su 
mas intenciones de loe papas; concilla el amor del 
público á su Santidad, y no interrumpida, hará flo- 
recer el crédito de la curia romana, de quien no ve- 
rá más que providencias útiles, editicativas y con- 
formes al ministerio apostólico. Estos von loa res- 
petuotoi limites de la reverencia que debemos al 
padre universal de los fieles, y ésta In discreta obe- 
diendfl que debe exigir de nuestro filial reconoci- 
miento (8). 



(41 CühcíJ. Totrt, IX, cap. t, tr.mstat. in cap. FiM* t LTlt, eans, 
10, qu.' i ilílft, \c\ nepotihus aut kmestiorlbus propia- 

f |uis rju? ( ijui cüDitfuxit, >d dlUMi Eotlestan licitmo sil, tuno 
buoas Intonimnis tiibere snlcrtiam, ut si sarcrJoieui , sen 
imm aliquii! ex col latís renos prevlderlDt, defía jdare, aut i 
nltionis honesta; cunvenliane cooipescaiit , aut epíjt 
rlgstis dtstpitleDl. Quod si talla episcopal 
metropolitano ejus nne insinuare proenrent. Si autnn mi 
Sanas talla gera!, Regia hace aurious intimare non ilufi r 

(B) Bernanl Laurenti , in iratt, Be Carito, jj i, ibi ; In rjulbns 
juíIl-x sreularibus polest íniponerc manus oe^otíis tula I 
absque metu ex.c.ommijnii'.iti«ijii>, 

{6j ü. Pelr SjIcciIo, De Lr$„ PfA'/ca, lib, í, cap. n, nom. 1 1, 

0) ü. Crialoph. Crespi de \'*U\ifiia,Ofaerv,jur, » 
se sobreesté asunta b docta akpi mn ilel Si. í> j 
inn t sribre el rofuiLimicntü de la íiioj unidad loe» I, ninrlus, % 
pif.14, 

(8l Andreas Magorcns., In (lubtmacul Cornil , part. n, cap. H a 
in Ácí. íawcU> lanutaucien*. llerniJiin, Yon der Btat, tato. \i, 
pag. 33i, ibi: Sic Ipsi ronum poultIJce* sunt di uiuu- 

tii, ut nun djligJuCur et veoereatur euritm errorea. 



148 



KL CONDE DE FLORIDA i- 



§ IV. 



)e esta misma protección dirigida á mantener 
ilesa la paz y unión, no sólo política, sino cristia- 
na, dimanan las leyes y pro vid» ncias establecidas 
og católicos soberanos para que la probi- 
i de libros se haga bajo de su soberana atilo- 
ridad y noticia , como se ve en la pragmática qne 
I oyes Católicos promulgaron en Toledo, año 
de 1502 (1); dando forma para los libroB dol reino 
y los que entrasen de fuera, sii nces tuvie- 

¡D esto nada que ver los inquisidores, ni otros 
a prelados que se nombraron por el lí< v y 
los jueces reales, con la distmciou que prescribe 
la 1< 

" TI t en 1558, puso bajo la autoridad del 

BJO toda esta regalía, y encargó á la Inqui- 

ta formación del catálogo de libros probi- 

bidos, á que llama Memorial; y ¿ntes le habiu 

encomendado Carlos I á la universidad de Lo- 

Este catálogo resulta de los libros delatados y 
u real i D tención que sin 
id y real permiso se publicasen 
nes de libros ni los indines expur- 
gatorios ; siendo lo que dispone la novísima oédtllft 
de 16 de Junio de oste afio de 1768, conforme á lo 
que siempre se lia usado ufcr en España; 

de que testifica el doctor Juan Antonio de Saura, 
comisario del Santo Oficio (8), en tratado que ex- 

(1) Ley K v Ut. ni, líb. i, Recopila que es la magistral en el 
asunto. 

(i) Saora, Voíim Plafomt, de Juifo crtmtnt d^efrinorH^ 
cap. xxui , pag. mihi Tí» el seqq. , ibl: Quinta assertio: cum pnu- 
clpcs fitnt protectores lldel , et eiccutores sacrorum canouoni, ti 
titraonltnarií pitres Beelesiaj; «bi jostao cansa: snppeiuni. lettf- 
MBnt, ut jndices doctnnarura in suís reunís commorante? 
Judietoliter determinent caía subordínalíoDe id Sanctam Sedeen, 
caoMí doctrinaran. Probatur ririran oxemplts conciliorum, el im- 
ii m in tertia assertione producid Secundó probatur aucto- 
vgBtn . et regnorum Hispan¡a\ Caro] ora V, anno 1546 Indl- 
;;utD, etexpurgatoriurn fleri jubet a Lovanknsi aca- 
demia examine magistral, consultivo t el scbolastico lantnm : et 
hiAflt id, quód anctorltale apostólica possuol academia ealbnli- 
i.ti Inaperator domino Ferdinando Volites Ge- 
runt. Qt pradirlam censurara Arañ>nn-c 
iiur, adjuncti* 
li contra eos, qoí censuram ¡11 ..tu 
irn n«m observaverlnt. Imprimí Mir Lovu- 
leil.et Vallis ISói . semel Gránalo: 

lispania? pablícatur. lo pn 
tura cgesan» majestai 
Aun» t un blbtíorum vnlumln* *b iraní 

, qnj eatti rur.u» [>rn BX20 

»> icadtmti*, ti pro judicial! decreto Inpfol- 

lactorío 

prohibitorio 

Dtfavit, 

-y suo, et Aloanl Ducis consiü» 

itorium et cx| 

elrca libro» in eis provlu- 

ttit, ul 

ira, el aiBft«tuii>tii \t poenis 






profeso escribió sobre esta materia dejWío fjcermi 

mine doctrinar um, é imprimió en Zaragoza, el año 

de 1639, en la imprenta de Pedro Vergcs, de 

dolé al tribunal do la Suprema Inquisición, En él 

expresa este escritor haberle dado el 

componer bu libro , á la verdad lleno do doctrina y 






Judieialiter tacantur. Sk optímara et sanara IntelligeirtiamBabeut 

que scríbuntiir, lib. i , RecopUatitmii, til. vir, leg. 24, de potestate 

regum Hispanise circa confiando* Índices et eathalogos expura; 

torios. Ca Icx anno 1íj*S primum evulgala est: in ea commendatu 

ínquisiioribQi , ni cathalngos librorum prohiben do rom aut expnr- 

gandorara tjpis edanL Caeterí cathalogl, qui ad banc nsqae diem in 

litspanüs evulgati snnt, proptorea con sine consnltaiione regura 

publícantur. Tcrtiú cadera probatnr asserlio r quía christianissimi, 

príncipes ab inilio Ecclc&ia?, non al jndíces, sed reí 

naríi prolectores et párenles recta 1 fldeí et doctrinamm, |sb í 

caibolicis doctoríbus reperinntur, nnlla probabilla dofrniata india 

cassa suppriral patíebantur. Sic Leo impera tor Anatniium praríei 

tura cocgit, ut episcoporüm sensum de contrae 

jrenter exqnirat. ídem otrinsqoe faciionis líb* 

lies ad romanum ponlilicem supplcí mítliL Tandera p 

cense concillara de emergentibas dnbiis. prapvio oxatmne nía sí: 

irali el consultivo perfontatur. Uterqne Tbeodosiii 

Murlianus Leonera» Jnstinlanas Vítiliam, Fbvius ConsUntinus 

Apthonera , et alii ortotloxl principes romanos atios pontífices in 

dübiis , prscvifl censara magistral* > et cxarainaüvl: non judicial 

coiuuluere; at pro iis, qua? cert6 etjudicialtter eplscopt dfflnit 

j .. ru esse statoebant , christiani principes eornm sententiam judi- 

ríalera ex^cutioui mandaban!. Qi& orania et síngala ex generalí 

büi eoaelUfi, et eorum aclis innotesennt; nec alitet f ni 

gerere poterant in exerrilio prolectorum, el patrum 

sulenda sánela Sede, si non ea examina et comolta 

terent. Ex gloriosis Hi^paniamm regibas Amalarii 

rus , Adepbonsas , ílecaredas, Sísenandus , Ühinüla , Cbindatol 

dos, Rccesvinlus, Wamba, et Ervigius in urbibus ToteüQa, Ufa 

charensi , Tacsaraagustana, Lncenst, et Emerítensl tarioc conven 

las» et Antistitttm sj nodos colligt praceperunt, ot judici w 

rioctrinalia, quam raoralla ad jurisdictloncm episcopornm pe 

decenjereatnr. tfnus Flavina Egicaocs rex tría eoncilia lo 
lelana índixit, ex quibus decimumquintura pro examinar 
tionibns qnatuor Juliani praesulis, et dignoscendi earura doctrin 
congiegalum est; ille convcnius sexagtnta duonun eplicoporum 
judk-ialiicr, cura sabonliuationeadsanctam Sedem Tcrítatem deeer- 
nebat. Alia cxerapla regum Hispanizo pro eiaralne coo^uIIíto, 
scbolaslico dortrinarura , saltera juvanl ad persuadendam eomm 
muneris efffé, ni rurent apud sanriam Sedem de COI 
cideudis. Sic llenricus 111, et Joanaes II pro examinando 
hjoiíibus aecusalis corara sancta Sede adveran Tcistatum sollicttam 
operara prrstitere, Pctrus Aragonix rex, ut alt Niteh Francisca- 
na l»errailii Tbadei, pag, 4í>it neatnévm edttionem Lugiumenxfm, pro 
gCripUfl lUjaudi Lollll Ilarcliinoneexcotíendis, parítercurav 
Pflllippii lil piissimus rex in eclebri quadam conttP 
episcopontm , acaderolarura , el sarrorntn ordinum cónsul' 
magistrales sentcnh us est. Proíecto: qula nonnnlla 

ex ins a4eo erial dubía r nt tlne aposi consuitauone 

dcienainari i ideo prácdictl regí 

> eisenteatlaferenií 
snsceperunt. C§UQ*át. Conittt. Rrntdlrt. i' 

¡'tofida , % 10, et e*t in ordine |! 
in Bultáño htiju* Puf'., tona, it, 

improbandss censemus» bajasraodH 
brorum adlUl aurtorlbas facías; quora prjeser- 

tira credendum sit, quidqui»! pro se Ipso, ata pro <)"rtrin«au» 
AsfiniiOM potolssd re, id mkntraé a censoribns, aiqoi 

N»hÍIo taiacn 
quoil *a-pí' i!i 

aotgrcfatieaa Factom rnia« 

qnandores sit de sueforc 

una illiutn 
lis dei sse posse el i 

rera ipsnm m 

sultohbus ilcsigoet» qui ex «rncio opOfl ptlre 
qncsnscipiat. 



jnera- 






cono* licué y re o. 

díaputa qti 

en el alio de 1635, que a! 

cripciou de las obras dn los llamados jeeuit 

va y í' 

Las delaciones atribuyen la jurisdicion para de- 
clarar merecen ser pi 
cu el erpurgaí I de los libr<»$ profti- 
nidos; y éste, en sustanciaos bftcho pcf 
Felipe II, en 1558 (i), á los inquirid tacion 
(Ím Cirios V á la universidad de Lovaina, 

La protección real se extiende también a impe- 
lí lores 
oos, se condenen eos obraB 6 proposiciones, y 
Ler toda aquella 
instrucción necesaria en materia tan grave, en que 
sa la fama de los hombres doctos, el progre- 
so de la instrucción pública y los intereses de la 
impresión. 

Esta audiencia verificó en tiempo del papa Bene- 
dicto II, que habiendo reparado él mismo cuatro 
proposiciones de san Julián, arzobispo de Toledo, 
ae examinó la materia en el XV concilio Toledano, 
declararon en el propio concilio, sin embargo 
del juicio d i oto II, por católicas y arregla- 

das al sentir de la Iglesia y de los Padres. 

El famoso Alonso Tostado, obispo de Avila, re- 
clamó contra la condenación que Eugenio IV hizo 
proposiciones suyas, sobre que escribió 
nn / fu revocación (2). 

a son los ejemplares de las obras del car- 
denal de Norrís , combatidas por los enemigos de la 
doctrina de Ban Agustín, que fueron mandadas bor- 
jar del expurgatorio. 

Lo mismo se ha hecho con algunos escritos del 

ible obispo de la Puebla, don Juan de Pa- 

lafox T en 17G1 , que antes se habían puesto en el ín- 

EI padre Rodrigues, monje de Leruela,por vir 
audiencia consiguiente a la real cédula 
de 18 do Enero de 1762, logró de la equidad del 

nal que, vueltas á examinar algunas i 
obra ■ o en la forma determinada. 

puede ser más respetable que el de 
la Santa Sede, y se ve la utilidad de la revisión y 
; habieud" La del Tosí 

i regia para conservar la fama de varón 
tan eminente. Todos los dias los juzgados cr 
dan mi r informados. En las 

de prohibición de libros, gobernados por la censu- 
ra de i res, no es cosa remota pueda inter- 
juido, parcialidad de escuela ó falta do 

en la sesión 18, ce- 
lebrada a 26 de Febrero ■ -tabléelo con su 



Ftaas. 

ion, obl svprfa, Id ijuinij j^crtiouc, ruf, m\hl 79. 



TORIO DE KOMA. 149 

r ferias 
jara calificar la 
la, para deliberar con más acierto, 
do motivo de 

adquiera que se 
lerase inl* > la prohibición de 

o oaltficécíón de doctrinas (3), Esto ejemplo es de 

Lo mismo había establecido antes el concilio 
de Bai por regla general en los neg 

de sai , en los cuales parece que la no- 

li acia man iría la au- 

i en fin, ha sido la costumbre de todos los 
concilios generales ó nacionales y provinciales, para 
aquietar los ánimos de los interesados; no siguién- 
dose, a la vordad, de su práctica el menor inconve- 
ido, por otra parte, riesgo de lo con- 
trario, 

* 

Por la misma razón, el citado doctor Saura asien- 
ta la conclusión siguiente (5): «Siempre que varo- 
lian publicado obras, y se prohiben ju* 
dicialmente, si los autores mismos, sus uuiv. : 

«lenes ó patrias, manifiestan doctores grave 
y suficientes razones para defender las proposicio 
ees que les han sido condenadas, pueden recurrir 
tente á los príncipes cristianos, para que dis- 
pongan , como protectores de la religión y padres 
extraordinarios, que se haga examen consultivo y 
literario. % 

Y poco más abajo añade Jo siguiente : «Esta aser 
cion es manifiesta, según los ejemplares testimo- 
hmdacoi ios en otras asercio- 

nes. H mdenar ¿ los que se por- 

tan asi, su ú los santísimos obispos, em- 

peradores, reyes, concilios y padres, en cuya Irai- 
se han escrito estas aserciones.» 

uniendo los fundamentos de esta audi 
mo escritor, que,c<> 
Oficio, y versado en las letras sagradas y canónicas, 
aunque no adicto á las regalías en algunas ooa 
se hallaba bien enterado, los reduce á cinco, en « 
forma (6), 

(3) Cornil. Tridente ses* f8, ibl ! St qslf ad so pertlnér* aHqto 
modo putaterit, qua 1 tei de hoc librorum et censoranim Degolló, 
vel de allis, tiaar ib hoc genorjiíi c tintillo trattanda pnrdi 
riubitet > sánela sanado se bmigne «««liton Ifl humla- 

mleoto coccedio a todos satvo-contlmto. 

rtsaoaileaa, qrne iDcipit 
Nttniuro eaae pífieuiosuto dene- 
gare audicnuam sn negotns doctrina?. Sátira, cap. mi , u 
KM 71. 
jfj, flirt, cap. ni», wt. Poslrtn* auertio, pag, mito 81 
tcrsl. 

■ ara, cap. na, mi ano, pag, Tiren!; ibl; Sccun da pin 
Manifesté proba tur. 

at gcncralibui printlpli» jurU do aodJentifl pra?*iandi 
lis, qul te grávalos arbitrantar. 
SecondO, ex mente coneUionim pwMrrtlm Trldcntlnl, rt I 
r aiicgatomm, et es nunmunl scdsu doctoreo; pi 
S, Cjpr \ balen si j, c ¡ io§ pro 

re maniresi.1 non expedlt allegara» 









EL CONDE DE FLORIDABLAfl 



o Lo primero se deduce de los generales principias 
del derecho , acerca de oir á los que se consideran 
agraviados. 

»Lo segundo, de la mente de loi concilios, en es 
pecitil los de Trento y Basilea, poco ha alegados, y 
del común seutir de toa doctore* , romo son g 
prtttuo (1), san Basilio ($), <•] AIhiUmis.* (3) y otro* 
muchos, que por ser cosa notoria no es del coso 
alegar. 

wLo tercero, de la práctica perpetua de la Iglesia 
de Dios, que inviolablemente ha observado toda Es- 
paña, especialmente después de fundada la supre- 
ma Inquisición, la cual da de por sí las proposicio- 
nes sueltas que han sido condenadas por los cen- 
sores, para que la* defienda el autor. 

«Lo cuarto se deduce del derecho natural y divi- 
no, porque en estos circunstancias es debida la au- 
diencia; pues no es leve, sino muy grave, la infa- 
mia que resulta a los autores de la prohibición 6 
expurgacion de sus libros, que trasciende a sus res- 
pectivas ordenen, universidades f países nativos. 
Son, ademas de eso, muy grandes los gastos que so 
hacen en la impresión de los libros, y por lo mis- 
mo, se requiere que las obras sean condenables con 
icia, para que recaiga una pena cierta sobre 
culpa también cierta. 

i Lo quinto, porque se daña gr a vi si mam en te la 
enseñanza cristiana si se condenan proposiciones 
probables, como lo tratamos en capítulo especial; 
siendo cierto que toda censura injusta es digna de 
una severa nota, como también lo hemos maTiif es- 
tado con autoridades pontificias y conciliares. n 
Hasta aquí el referido escritor, que trae ejemplos 
ras condenadas por la Inquisición de España, 
como las de Juan Fero, religioso fr tociscaxio, de- 
fendidas por Miguel de Medina, de su misma or- 
den, cuya prohibición se revocó, en vista de. la de- 
fensa. 

Fué muy celoso Felipe II de su autoridad, y 
aunque delegó la formación del Memorial de los 



Tentó, « pnü ptrpHüi ErrJeslaR Bel, noara lifevfvlaajb universa 
Hiíjiauta nbsmjiit; prttstrtiM pust er.cllonem suprema? in^uise 
UOflt*, QSfl Iket nulliiDCturi tribual censuras nualilIcaUínira. el 
CSfan fuiríhmcnU. ti non sil reu\t um íulinJuatiuDe >f»tlftÍI,H- 
tnbuil seorsitn pusrias propositiüiie», quo? a ceo.suribus cundera- 
flat*: SudI, ut eas iLn-íitur, 

Qoírlo e* jure nstanli H tifia*, cum pra?dkcti« eirransliolíis 
debi'a e»t au«Jieni¡s, ci> quotl nun Irvi* , sed «ravis hit ínfam a, 
qa* ex prcihtbiiione 1 , ¡ni! fl prirpaiione librurum emergit ii aue- 
tores, urdiiies, academiii», prouncus naturales: non letes eiiam 
lUM impíos», quae Ijuoi in impresaione lihrontin. Necesse í^iiur 
est» ni índ abtiatfe sínt opera ioeicuíabilla, utpro culpa cerü pceoa 
certa adlnbi alur 

Quinta, qula disciplina ehristiana gravrss«me laedltar, ti pwpch 
•Monta probabiles eondemoenlur, at singular' cjiíilediwerimuí; 
et omnis censura injusta pravísima m notan] mereitir, nt ibirletu 
tx pontiücíbus el contüiii manifestó probanian». 

(i) Dlv. Cypnau., i a concil. ftl t Episcap. fttt: Ne qoisquam not- 
rrúrn lyrantiico terror* ad obsequendi neces&itíitem colleps su»s 
adlgii. 

i») 8. RasiL, epist. 17, Ad üamo*um. 

0) AboL, íü pratífalionc prima partís DefcnwriU 



übroa delatados y prohibidos 6 expurgado* al San- 
to Oficio, fué como asienta este ©fe* u de h 
real beneplácito y autoridad, con» o que la publica- 
ción del catálogo es un acto de regalía, orí 
tálogo sea general ó catálogo parcial, que vaá» 
tablecer observancia general en el reino, cayapa 
licía es imprescindible de la soberanía. 

Sujeto" al mismo tiempo con regla clara la \ 
eaeion de los libros á la autoridad del 
Supremo, estableciéndose sobre ella, «leude loal 
yes Católicos (en cuyo tiempo se introdujo li¿ 
presta en España), los reglamentos, leyes jt 
acordados que los tiempo» han pedido. 

también dependiente de loa corregía 
bajo de la dirección y autoridad del Con 
la introducción de libros de fuera del ren; 
niendo las penas convenientes á loe contra? 
rea (4), 

Estableció laa visitas de las librerías bajo át la 
ju rindieron ordinaria real y diocesana en 
conveniente, para examinar, en aquel críl 
po de las herejías del Norte, ai algo había 
de nota ó censura y que los corregidores, < 
y superiores regulares, respectivamente, 
cuenta al Consejo de los libros existentes en li- 
brerías de sus subditos (5) ; cuyo» libros, en < 
quicr lenguas, «fallaren so spec liosos o reprob 
ó en que haya errores 6 doctrinas falsas, ó que i 
ren de materias deshonestas y de mal ejemplo, d 
cualquiera manera ó facultad qae sean 
en romance ó otras lenguas, aunque sean ét\ 
impresos con licencia nuestra; envíen de ellutr 
1 ación , firmada de sus nombres» á los del na 
Consejo, para que lo vean y provean , y en el < 
tanto los depositen en la persona do confía 
let paresuicre, y en las universidades de ! 
ca t Valladolid y Alcalá, mandamos que los i 
sidades en su claustro nombren dos doctoral i 
maestros, que juntamente con loa perla 
lados por ellos, y nuestras justicias» hagan 
dichos lugares de Salamanca y Valladolid j ¡ 
lé la dicha visita. Y ansimismo encargamos ya 
damos á toa generales, provinciales, abades, | 
res, guardianes, ministros de cualesquíer 6n 
de estos nuestros reinos, que tomando consigo p 
so o as doctos y religiosas, visiten las libn 
sus niuncst crios y los libros que particular 
tienen los frailes y monjas de sus órdenes» y i 
vien relación al nuestro Consejo, según y 
está dicho en los perlados y justicias, y mand 
que se haga de aquí adelante por los dichos [ 
dos y justicias y personas religiosa» en cada' 
año una vez, guardando lo que dicho ea. i» 

Por manera que la publicación de libros, la i 
traducción de ellos de fuera del reino, la vi 



(!■ Ley 21, cap. i, uX ?ir, !¡h. i d> la fíecúp t 
(S) Díct. l.i'í. U t cap. M r til, tu, \ib. u 



Las a la 

fjo la refo 

bar el 

s escritos a 
favor de las rog rOne. 

i recoger lus libro» que ao publican cotí 
al aso 

lo Cano* reservado* á 
su Sti nal se coincidía 00 

novísima i 

leño, de i* 
68, publicada en 8 de Agosto d 
afto v i aprimen todas las cátedra» que 

b n la Compañía en 
$e prohibe la eiwfiauza por bub li 

¡a económica para liberta 
i.is sanguinarias, sediciosas, contrarias á 
éd.i obediencia y respeto de los SÚbditOt 

le perversión eu las oostumbrea 

bradas sn> 

¡as a iasot¡ 

ojo con la denuoí ' 

D <<>n bos \\b¡> 

etH&O, OldO 
le sana enseñanza y aparta la 

mayores | 

üblica de i la Irnpii- 

! Estado las preemn n que 

tfebia formar su índice ó edict 
autoridad del 

les los magistrados real 
j lo que e 

i forma c 
[as , y »e acaba de ha» 
> notable ra atajar el 

tugnl, de la q 1 >a. 

/>., m akwda li 

ara qou so haca»"' 

m los danos «ni* su pub't- 

u. ttíTÚftt, 



151 

np acareo á pi 

atábleos? en Tí- 

lad, jamas lo tolcri 
dieron órdenes muy estrechas en 

fíí y IV (:i) al can 

Mmttdetu m< <■« Ttír^íno, e« 17 rfe Selicmbrt 

— tUnj 

una vuestra 
kldo que en la runpi elación (Je cardenales f|n 
viene en la eipaffielOfl del Indi* minando un 11 

licenciado Jet 

ilao inclinado* i m 
aicion redundar! eo gnve a*Do j 

del den « Utaloa w pLTfi-iMM e d 

.ron» á &ei 
res, y se apondría derechamente al tranquilo y naci llro estado, 

rs pontífices <jue lo 
IS y ordenado por mucho» cánones y decretos, íund 
da conveniencias y nansa* del 
cbo que luégn que rrcibiéredr; 

y buena int< 
aarsen 

pued»* leif 
eoafrigl denales salte una rosa tan jusUflcada j 

>ada es nenio i 

moderación , y que ae comiencen a 
universal do ellos y «no; tiendo los , 
Dios, too más hundas i < 
nerari 

acudir hasta el íln del m 
rio de la Sede apostólica , i U dtffeusa de nuestra «anta fe y a la 
oposición de los p< 
au Santidad entendido , ni;. 
pue» de ellas oo se ha de conseguir otro fin q« 
recibid 

medios por derecho >s; que en ello recibí rí de ios 

agrarial. 
muy amado amigo» aatati 

—Yo »l Ha».— Uértohmt C 

i U *% mojíittld, $% ferka fn HadnJ, .i 

[ion K< 

BatadOi mi n. 
?mny amado amigo 
tiene muy i if»f que los que loar 

liban en fi 
{tontos na que hay centro?! 

que en I las Inmunidad^, prtvtleitOl ) i 

los clérigos , tunden y apoj tosa que leo son mis favo- 

¡ 'os» sacados de le* 



EL CONDE DE 
Dorja, y después ó ' ia Ghinnacero y I'í- 

mentel, paro que sobre este asunto pasasen con 
Urbano Vil I los oficios más eficaces, manifestando 
la incompetencia* Pero fueron ineficaces los oficios, 
Antes en el ano de 1647 se pusieron en el índice las 
obras del señor don Juan de Solórzano, sobre que 
el Consejo Real consultó con vigor al mismo IV 1 i 
pe IV ulose la verdadera D 

recho, en este y otros casos, con Roma. Frustra prc- 
cibu* ímpttratur^ quod jvr "'¿ditur \ Si 

«l uso de la protección alcanza á contener estas in- 
vasiones, en vano se han dado pasos inútiles, y que 
tal vez cansan desdoro á la regalía, suficiente en 
tí para protegerse con el uso de la suplicación y 
retención. 

La experiencia enseñó á Felipe IV el camino se- 
guro de esta reflexión. Prosiguiendo la curia ro- 
mana el designio de desarmar á la jurisdicion real 
en sus justas defensas, despachó, en el ano siguien- 
te de 1648, otro breve, en que se prohibían las obras 
de don Josef Seaé, Pedro Calixto Ramírez, fray 
Jerónimo Cenedo , y otros autores aragoneses que 
sostienen con vigor las regalías ; y para frustrar es- 
tas asechanzas, expidió el Rey su real cédula de 1 1 
de Febrero del mismo ano de 1648, al Virey de 
Aragón, en que le dijo lo siguiente: 

s EL REY. Reverendo en Cristo padre, obispo 
ndo Málaga, de mi consejo de Estado, mi tugárte- 
le y capitán general: Hase entendido que en 
nRoma se han despachado breves sobre la pmliíbi- 
Dcion de algunos libros, y porque para a<b 
nen estos reinos es necesario preceder orden mia t 
u y conocimiento de si es contra mis regalías esta 

cual . dentro de muy breve tiempo, harén comunes todas las opi- 
niones que son en su taw, y se juzga r¿ conforme a ellas en todos 
los tribunales Introducción que necesita de remedio» porque se- 
rán pocos los amores que quieran exponerse á peligro de que se 
recojan sus obras; r cuando alguno se atreva, no sera <te prove- 
ía recogen su» libros, con lo cual, de los autores modernos, 
apenas se halle ninguno que no favorezca & los eclesiásticos; y 
deseando atajar este dado, me ha parecido advertíroslo, ya los 
demás mis embajadores que asisten en esta crtrle, para que ba- 
oi juntado» tralado y conferido en ratón de ello, en la forma 
M hable á su Sanidad, y bapn en mi nombre 
muy apretadas instancias, pidiéndole que en las materias que no 
§oa de fe, sino de controversias de Jurisdicion y otras semejan- 
tes , dejo opinar i cada uno y decir libremente su sentimiento, 
como lo hicieron los autores antiguos, que escribieron y permi- 
olros pontífices ; y que no mande recoger los libros que 
trataren de materias jurisdieionsíes. aunque escriban en favor de 
la mía ; pues de la misma suerte que su Santidad pretende defen- 
der la soya, no ba de querer que la mía quede indefensa, sino que 
tato corra eon igualdad ; y diréis a su Santidad que si mandare 
recoger los libros <jue salieren con opiniones favorables a la ju- 
oa seglar, mandare yo prohibir en mis reinos y señoríos 
n» qne se escribieren contra mis derechos y preeminencias 
y que t?nn i e hará con efecto si su Beatitud 

es tan justo y razonable; y de las diligencias 
h que en e*to se hirieren, y el efecto que resultare, me da- 
infrascrito secretario, para qne contar- 
lo que se debiere hacer, en que reelbl- 
r * •s™ ¡ • V sea, muy reverendo padre Cardenal. 

mi mu* tttld r'$tro Señor en vuestra continua guarda) 

Í>C Madrid, t» de Abril do 1634,-Yo il Ret.-Aü- 



FLORIDA! 

1j ibicion, os encargo y man 

Sta, advirtáis al Arzobispo y obispos de 
• ese reino que no ejecutan los breve» que sobre 
nesto te les hubieren presentado ó presentar» l 
n darme primero razón de ello y tener 
apara hacerlo , y daréislaámi abogado fiscal pai 
»que acerca de egto haga las diligencias l|U< 
D vengan para que ae reconozcan los breve 
n remitan á manos de mi protonotario, Pedro 
nllanueva; que en ello seré servido n (1). 

De ahf se deduce la necesidad de la previa pre- 
sentación en el Consejo de tales rescriptos prohibí* 
ti vos, emanados de la curia romana, de cualesquiera 
obras, por si en la prohibición se ofenden las doc- 
trinas acertadas que sostienen los derechos de 
soberanía, ó intervienen novedades esotros motivi 
de bullicio 6 escándalo. Esta protección debida 
semejantes obras t caliñea la utilidad y ne< 
de lo que sobre esto dispone la novísima real 
la (2) de 16 de Junio de 1768, para impartir la real 
protección, según la calidad del caso. 

No es ahora del asunto tratar de las omisiones 6 
abusos que contra providencias tan sabias se hayan 
experimentado, ya porque en las cosas humanas 
es difícil que no sucedan, y por eso debe estar to- 
do gobierno vigilante para no dar entrada 4 los 
{•i i meros desórdenes, que siempre vienen paliados, 
y ya porque su majestad , imitando á sus glorío- 
eos predecesores f ha establecido, en 18 de Enero 
de 1762 y en el citado dia 16 de Junio do 1768, las 
reglas oportunas y de equidad , conformes á los 
principios conocidos de la materia. De en puntual 
observancia resultará favorecer en lo justo á lo 
autores, y apartar todo recelo en materia tan seria 
qno sin regla determinada retardaría tal vez laíns- 
t rumión en que se interesa tanto el público. 

Estas reglas no impiden á los diocesanos y me- 
tropolitanos las calificaciones y pastorales sobre 
d« H trina, ni á la Santa Sede y concilios el uso de su 
autoridad respectiva, conforme á los cánones. Todo 
di á cubierto con las providencias tomadas, y 
las cosas en su debido límite, usando el Rey de la 
protección que debe á los cánones, á sus vasallos 
eclesiásticos y seculares , y á impedir que las letras 
6 las regalías padezcan la menor zozobra de opre- 
sión ni aun imaginaria, sin que eso sea poner en 
duda la notoria equidad de los tribunales por don- 
de esto ha corrido y corre. 

Dos reflexiones deberán convencer la preocupa- 
ción de algunos, y no de los más versados, acerca 
de la justificación de las providencias tomadas, 

(f) Trae esta real cédula, al asunto de qne te trata, el señor don 
Joscf Ledesma, en su Alegación eobre et conocimiento 4e tn inmu- 
nidad tacef, concluí 3, na*, Oft 

{*) Rrffium Edimm Cateto til tu* He H¡ Jun. 1768. art. v, ibt: 
•Que ningún Breve ó dc«pacno de la eorlc de Roma, tocante i la 
Inquisición, aunque sea de prohibición de libros, se ponga en i 

ii y sin bal» H pase de mi Cornejo, 

Cono requisito preliminar é Indispenwblc- 



á^H 







CHO IMPARCIAÍ. SOBRE 
No se admite en el reino memorial em firma, pa- 
pal anónimo, pr -ie algún miserable 
lo, y que sólo j 

les; tú, finalmente, capitulación, cuyo delai 
afiance las resultas el»! juioio, para pagar los daños 
y coetas ai saliere falsa la acusación. Tan escrupu- 
son las leyes para no exponer la honra de los 
ciudadanos al furor ni a las asechanzas de viles, 
ocultos y vengativos delatores. 

¿Cuánto mayores suelen serlas emulaciones y 
envidias contra los hombres grandes y sobresalien- 
tes en las letras? Sócrates dio el ejemplo de lo que 
puede el ostracismo. ¿Será de la prudenciada 
bierno fiar la suerte de los mejores libros t 
mente á ocultas delaciones y á ocultas censuras de 
loa calificadores, que arbitrariamente se nombran, y 
pueden tener parte en la delación, confabulación, 
ínteres ó las mismas preocupaciones del delator? 
Oficio fué siempre oscuro, y que Trajano desterró 



EL MOHITORÍO DE ROMA. 163 

del imperio, para tranquilizar á sus vasallos. Sub- 
sistan enhorabuena las delaciones, pero temple 
sus inconvenientes la audiencia. Véase esta re- 
flexión á sangre fría, y se hallará que las máximas 
del cristianismo prefieren la amonestación y adver- 
tencia á la delación. Juzgúelo el imparcial. De la 
oscuridad de tales delaciones, y de la falta de de- 
fensa do los delatados, ha resultado alguna vez en 
todas partes donde están en uso, el abatimiento de 
I célebres é ingeniosos. 
Segunda reflexión. Si los rescriptos de la curia 
romana se sujetan al pasñ por evitar las resultas de 
una ejecución clandestina, sin noticia del Soberano 
ni de su supremo Consejo, ¿por ventura algún tri 
bunal. compuesto de vasallos del Rey, podrá que- 
jarse de la intervención de esta misma autoridad? 
Ya se ve que no cabe tal objeción en los ilustrados 
ministros que les componen. 



SECCIÓN DÉCIMA. 

CONCLUSIÓN DEL MONITORIO. 



Prmfata et tingula edicta > etc. t penitits et omnmb mdla, etc, Caterum cum notorti et explorad 
jun ornnes qui edicta . decreta , ordumtiones, mándala pradicta ediderunt, promulga- 

runt , aulquoquomoilo... necnon illorum mandantes, fautores T consultores , ndha-i 
ra$ ¿eclesiásticas ásacris canonibus, oeneralibus ConcUtorum dccrelis.,. ac pfXBSeriim litfens ti te 
Cctna Domini . sinnult* Müfa bfi Al promulijan sidilis , inflictas... , ñeque o 

censuris hujusmodi, á qutx\uam rmi á nobis, seu Romnno Pontífice... absolví ct liberan posst.„ 
ideireb Utos omnes f etiam ¡md metttionc m illorum sito raí andan 

tenore prccmitium decernimus > et pariter deciaramus 

A, 



}L 






rdua materia es la que contiene la presente sec- 
Todo el asunto de los edictos de Parma trata 
■:m temporalea, dirigidas al bien público de 
loa subditos de aquel estado. Obedecen los eclesiás- 
ticos y los seglares; no se oye la menor queja do 
los interesados. 

Con todo, do oficio se divulgaron los cedulones 
de 30 de Enero de este año de 1763, publicados en 
i á 1 • de Febrero, en los parajes más pn 
otra un soberano piadosísimo, constituido en 
•dad tierna. 

Si la materia es civil, no toca á las cosas espiri- 
tuales. En España se declara, en tal caso, qi 
eclesiástico hace fuerza; y si ai 
CÍO, se suplica y retiene, para que no se use de él. 
Hemos probado hasta ahora, en las secciones an- 




tecedentes , que los reglamentos de Parma son pu- 
aporales y de la ooi i do Ion so- 

beranos, por lo lo la potestad real, en su 

¡a é inmediatamente deperj 
MaHie la puedo juzgar en sus funcioues, sin 
usurpar los den < 
Es cierto que miou mo i< 

■n loa cañones conciliares por diferent 
tas ó e las son de la linea espiritual, si 

: ran en las fuentes estas i i 
sit: jones de la Iglesia. Ni los sol 

se violase su regalía, trayendo la i 
munion á las cosas civiles, porque seria un la: 
tabls trasto i 

estos caso* la ] 
las fin : 

rdad. 
Tan lejos está de p §j decoro del 

sacerdocio prodigar las excomuniones, quo ya el 



154 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA. 



concilio do Trento (1) refiere la experiencia de que 
búIo conduce el publicarla*! con temeridad ó ligere- 
za para hacerlas despreciar, y más bien acarrea da- 
ños y desolaciones que provechos. 

Estas excomuniones se decretaban en los conci- 
lios, y no se veia an discernimiento inmediato de 
la curia romana ni del metropolitano, despreciado 
el propio ordinario y concilio provincial. Con razón, 
aun en los negocios espirituales, encaminados á la 
salud de los hombres, se procedía con esta grada- 
ción, y no se veian publicar en Roma ni en parte 
alguna revocaciones de leyes temporales con im- 
posición de censuras. 

En esa línea casi fué único el monitorio de Pau- 
lo V contra la república de Venecia. El Senado, con 
su firmeza, enseñó el camino que se debía tomar, 
pues nunca admitió absolución , por ser incompe- 
tente en materias temporales la curia romana , y 
nulo el discernimiento de las censuras. Los curia- 
les se franqueaban á este partido; pero la vigilan- 
cia del Senado conoció las malas consecuencias de 
un acto de debilidad. 

En establecer las leyes necesarias al buen go- 
bierno, hace el Principe de Parma lo que debe y lo 
que puede, y es un acto meritorio y digno delante 
de Dios y de los hombres. 

La regla canónica es, que faltando culpa en el 
acto porque so discierne la censura, aunque sea de 
la linca espiritual, la censura es nula, y lo misino 
si la culpa fuese venial ; y en esta regla se com- 
prenden las censuras discernidas por el mismo Pa- 
pa (2) , en lo que convienen aun los escritores más 
adictos á los curiales. 

Do este principio, general y universalmente re- 
cibido de todos los teólogos y canonistas, descien- 
de el rito y forma canónica que se debe observar 
inviolablemente en este juicio eclesiástico, y las 
causas legitimas que deben preceder para llegar á 
el uno y otro extremo, con la advertencia de que, 
aun cuando fuera un negocio entre las partes más 
infelices, todo se encuentra trastornado y omitido 
en los cedulones precipitados de la corte de Roma, 
en que se conoce tiraron los autores de ellos á sor- 
prender para lograr su fin. 

La causa de la excomunión, no sólo ha de ser legi- 
tima, sino constante y manifiesta por medio de la 
seriedad de un juicio público y abierto, en que sea 
convencida la transgresión después de haber oido 

Mi C*nci¡. Trié., scs. £">, De ñeform., cap. m, ibi : Sobrie tamen, 
***t***nifrlrrui)spectioncigladiuscxcomrauuicationisiexercendu3 
*«*, mm ftiptrirntia doeeat; si temeré, aot levibus ex rebus in- 
VÜ-'L't' ' *"*" «""temni, qoam formidari, et PERNICIEM P0- 

i*! **'"' T '* r/ hifltoric ' de Censuris, cap. i?, 8 i. Quaprop- 

f j **f*,*f »*f.#,«iu liruro t ft Theologorum consenso receptara 
*y*\' HmmHh,p •"«*** majorera ferri non posse, nlsi obooipam 
Té ¿ . ,?' **** 1ént i HUm 'adabitatum in bac materia tradlt, et 
El'!i*L '' *"* ' * w **• i# " 1 ' *• addit <i a « num - *• -Propositara 
SkH^£ fMip4Hm l "'* w A * * h%n{üX * polestate Ecclesias, data 
«Busur Vurnim,, 1U u f,* e jpu taantu pontifex possit pro sola 



las disculpas (3). Este examen previo es un requi- 
sito inviolable, que exige aun entre particulares el 
derecho para la legitimidad do las sentencias é im- 
posición de las penas. 

Estee8 el invariable método que dispuso el Fun- 
dador divino de la Iglesia, y que no se puede omi- 
tir sin pervertir del todo la divina instrucción que 
dejó á los apóstoles y sus sucesores para llegar al 
tremendo caso de la excomunión (4) en las mate- 
rias espirituales que no se mezclasen con el reino 
de este mundo. 

Esta institución divina, de donde desciende la 
potestad de las llaves, prueba que la Iglesia es la 
dueña de este poder, si se consideran sus palabras 
con la reflexión que el doctísimo canciller Juan 
Gerson las explica á este fin (5), y por eso omitimos 
ampliar. 

En todo el largo tiempo que estuvo en mayor vi- 
gor la primitiva disciplina eclesiástica, fueron del 
todo ignoradas estas súbitas excomuniones , que se 
lanzan ipaofacto (G), y que son contrarias á los di- 
vinos reglamentos, si pretenden excusar la previa 
amonestación. 

Es precisa una gran atención á estas vias ritua- 
les; porque la Iglesia, guiada de Jesucristo, no ha 
confiado este poder al arbitrio voluntario de sus 
ministros; no los ha autorizado para turbar á los 

venial! culpa pra?cisse, directé majorem excomniunicatfoncm 
ferré.» 

Iliocet inferí num. 6. Excommunicationem latam pro levi culpa, 
qos mortalem gravitatera non attingát cssenon solnm injustain, 
sed ipso jare nullam, a qnocamquc feratur. 

(3 1 Van Spen, Trae, historie, de Ceasur., cap. v, § 1, et cap. 

ii, 5 4- 

(4j Si peccaverit in te frater luus, vad«\ et corripc eom inter te 
et ipsum solnm ; si te auiierit, lúcralos eris fratrem toara; si au- 
tem te non audierit, adüibe tecuán unura, vel dúos, ot in ore doo- 
mm, vel triuoi lestium stet omne verbum. Quod si non audierit 
eos, dic Ecclesise; si autem Ecclesiam non audierit, sil tibi sicut 
etbnicns el publicanus. Amen dico vobis, qusecumque alligaveri- 
tis super lerram, erunt lígala et in coció: el quaecuinque solveritis 
su per terram, erunl soluta et in coelo. Maitu., cap. xviu, v. 13 
et seq. 

(5) Hoc argumentan! ex evangelista Malta? o depromptum urget 
Gersonius, Traet. de Potcstal. ecctes., considera!, i, ibi : Haiic po- 
testatem (¡nquit contulit Christas, Malth., 18, vers. 13, dum diiit 
Pelro Tice omnium: Si peccaverit in le frater tuus, vodeet corripe 
eum , ele. Sequitur : quod ai te non audierit, tit tth sicut ethntcus et 
publicanus. Quo in loco fundatur jurídica poteslasexcommuuican- 
di, vel interdicendi ab ecclesiasticis sacramentis, et commuuionc 
Ddelium rebelles, ft inobedientes Ecclcsie, sicut asas est aposto- 
lus; ct idem hortatus est ad Tiium, 3, vera. 10, scribeus: litere/i- 
cum hominem puní priman, et secunda* correplionem devita; ot 
simile dicit, i, Corintk., 5, vers. 11: Si quis frater nommatur inter 
ros, etc. Sequitur : cum hujttsmodi nec ctl/um sumere. Fundatur rur- 
sus absque omni calumnia possibiii, in lioc texto plenitudo potes- 
tatis gladii spirilualis, el executio ejus in Eeclesia, super qucni- 
libet ebristianum, qui esl frater noster, etiam si Papa fuerit. Nec 
accipiendum est hic, dic Ecclesiee, id est f>0jMr;qaoniam Chrístus 
Petra loquebatur, qui non dixisset sibi ipsi. 

(6) Van Spen, ubi supr., cap. ni, g A. Iliud, cap. i, f 1. Annota- 
vimus, has juris excommunieationes, et censuras pluribussatcalis 
in Ecclesia fuisse ignóralas; posterioribus wculis admodum raul- 
liplicatas; adeo ut tándem invaluerit, vix ullum pranipué é Curia 
Romana prodire decretum, coi non sil annexa excommunicatio 
Ipso facto incurrenda: idque non raro etiam in decretis ad solam 
renun, aut joríom lemporallua conservationem ten den tí bus. 



sober¿» a de 

■ 

ecia. 
Despue* del siglo xn áasii, 

■ 

ido pora 

(ira (1). 

la cualidad de j necea conten < 
los mii ticoH en este 

no pin ion, de 

ir.il á un juicio legi- 
timo, ' ,á que se tom< 
dos las med 

lia de probar ron eviden 

orno de la 
línea espiritual ,y sin i atoa previos requi 
dka enteramente el juicio, por faltar la cualidad 
tirisdicion, 
Ha la saludable amo* 

¡empre debe preceder á t^>«ía expe- 
lí de laa i 
rías disposición 

sn el breve se d 
Cantidad n | en el espacio 

edictos publicados, estoa oficios n 
traiiiceri á la ma la data del ultimo 

o, que pm de IG de I . 

D de los Ci 
no, pues no hubo tiempo 
para oficios al^" 

i en el bu 

<!<• la amo- 
ion de que hablan Ion cañones (3), De modo 
que la adir ladera 

Cltae¡"n, que DO He l 
casos de la .con. ¡ 

i a misma solemnidie ts di- 

un proceso ju- 
(4). 
t excusar la p> 
de esta diligencia en ningún cuso, porqu 

Íel delito manifiesto debe preceder para el efecto 
do ta imposición de censuras; pues como ésta 
una verdadera pena t sino una medicina, úi 
debe ser amonestado el delincuente, por si se logra 
la curación antes de echar mano fuera de tiempo 
de tau doloroso remedio (5), 



ubi supra. cap. ir, | 5. 

mgií, de Senlentía exeommtUKle€t. «leal 

iraalun ' 'iia, 

nen t ée$**l i**nm jdmoDcnm> É 

[$% t <juo« Ubi jtru tribal .1 

Cotarrub*, iu t*p« Atoa «ínter, parí, i, f % oum. 4. Van 
a, obi supra» el commuinier DO. 

, nú». «. Et liare quídeu adeó vera 



>MJL 

tratado, t del maní* 

duras 

ibrió su aversión á ! 
señor lnf/»: 
AJ d 
úiaUn 

nte la falta de COntUm 
puede justifica I lanzaini 

ttumaz el 

■sto camina en la \ 
sis de que la materia pn lira, y 

causa de ella, toque al 

lio las cansas al moni- 

la promul lauras 

Donitorio, cuando no contuviera injust 
nnlida ti su forma 

solemnidad do p 

sale de la imaginación del le ., y ú 

rtatuto, as 
Los concilios unn 
Iglesia bao aiiy partii 

tdar su pi 

tes no quiso qy 

llevase cada io- 
nes (6). 

vmoiaa para ba 

u por toda* 



wnt, ot ctiam i a noloritf rxn>mtn un ir a Uo oís ir ule o til noa 
ter íerv»ita» i|U,im müttillone ranoMin | 

ot quariam inserí i 1U cjtindeía i 

urbíbüittp 

. de Vrmtrnt 
i re dactnnt, «i»*u. 

llClJl rUam I icm». perlr potii- 

■ omiubu* Insinuar) £/w*í «rf ty/p. f>«j, 






EL COKDE DE FLOftIDABLAr. 



ncilirv Sardieense con el 
pspft u en la Ita- 

lia 

Kn f irrir á ejemplos tan antiguos» 

*n venerables f en Apoyo de una verdad 
quer t de persuasiones T imonio 

mas relevante podremos producir de la indispensa- 
ble ti > le 1 na particulares promulgaciones de 
las leyes eclesiásticas, que las diligencias que Pío IV 
practicó para la publicación del concilio 1 
tino en los Países- Bajos, que t por la sol i* 
I de nuestros soberanos, de-; iaberso 
añado las actas en sos consejos, á imitación de 
lo que el Consejo Real practicó en España en 1664, 
y de baber expedido I i , goberna- 
dora de aquellos estados , su cédula á los obispos y 
tribunales para su ejecución, en 1564 y 1565? Ni 
ejemplar mas vivo que las instancias que al 
mismo fin hicieron los papas con los reyes cristia- 
nísimos en todas ocasiones? Clemente VIII t para 
lograrla, puso la moderación do que se publi 

¡lio en aquel reino, exceptuando aquellas cons- 
ones que pudiesen perturbar la tranqi. 
pública (2) ; y asi, en punto de doctrina es indispu- 
table su autoridad en Francia, y en lo que no ofen- 
da las regalías y cánones recibidos en el reino. 

Todos estos oficios los ha pasado la curia ro- 
mana en el conocimiento de que la promulgación 
general que se habia hecho en Roma del Qonoilio 
no era suficiente para dar fuerza obligatoria i 
c usable de sus i constituciones. La noticia que se 
debe comunicar de las leyes á los interesados para 
inplimiento, debe ser clara y manifiesta, en 
tal forma, que cierre la puerta á la ignoran 
cada uno en particular; efectos que no puede 
ducir la generalidad de una publicación en país 
io siempre deja bastante parte ignorante 
de ella, sin recurrir á ninguna casualidad. 

lánaula que contiene el breve, de que, publi- 
cado en los sitios que acostumbra la curia romana, 
produzca sus efectos en Parma, no es capaz de su* 
plir la especial y solemne promulgación que re- 
fi toda ley ó estatuto eclesiástico. Este es un 
secreto que no alcanzó la antij que ha in- 

el estilo de loa curiales, sin reparo a las 
disposiciones más expresas y ú los principios de la 
ion de las leyes (3). 

■ autera eieel «til, disponer* debes, st per tu 

.nimia, et In Italia iuol frailes Dftftri, 

iint, cogito*'. < i Julium 

, A quien remitió las actas de la sexta 
tn a todas l| hispoi, 

ira que las mcribii 
iiupaiu t lora, iv, pag. 300 StSOt, edil. 

láetieat, qum rever* sise tras* 

iri inm possent, 
r , aSt, 11» f)t iiffotJñal fcnnl Arautican,, 
furos, i!, cap, mi; late Van Sp 
Cmnrit, cap. i, | i, 



A los autores á quienes no Ka c*£ido una p 
sion les ha parecido ridicula y ñ 
qne el campo de Flora tenga la admirable vírtí 
de difundir repentinam -tiand 

una cierta noticia de las leyes que se publin 
en él (4). 

Ademas de ser form al isiinji mente necesaria 
las leyes su promulgación, se debe bacer especil 
carneóte, para conseguir la puntual ejecución á qu 
se endereza. Sin esta circunstancia esencia! 
no pudiera el legislador afirmarse en el logro de 
los fines de utilidad que debe proponerse ; porqu 
mal instruidos los subditos, no pudieran ;. 
ni representar los inconvenientes que pudiera caí 
sar el establecimiento generalmente, 6 en algún* 
parajes que, según las circunstancias, no pi 
venir á bu mente. Éste es un derecho y una 
dad natural, que no puede dispensarse. El ernpi 
dor Justiniano, en las Novelen , que tanto celebró 
Iglesia, dio la forma de esta específica promul ( 
ciun de las leyes eclesiásticas (5). Tal es la non 
de intimación que religiosamente han observa 
los concilios universales de la Iglesia , an; 
modernos. 

Las constituciones do la curia no están exentas de 
la obrepción ó subrepción que una | ion pi 

ticular le puedo bacer demostrable» Todo prelai 
está sujeto á la enfermedad Apóstol (i 

y sólo la ciega y vana lisonja , que no ha menosi 
el sucesor de san Pedro (7), puede dudar de la 
mun opinión que reserva al cuerpo de la IglcRi 
unida al Papa, la infalibilidad (8). Y para el fin 
enmendar estos peligros de I ion Intuían 

no puede menos de bacer presentes mi* disposici 
nes en una forma clara y específica, arreglándose 
lo que siempre ha observado la Igl 

SÍ en las leyes civiles es tan necesaria U 
cacion en la metrópoli y en las provincias partí 
lares, como lo estilan nuestros augustos soberai 
con sus pragmáticas, crece la precisión de esta ol 

(4) Nicolao Scrar. , ditp. de leg. Qnam entra jora tare, «ni» les 
Rosne tít, eadem eodem tempom momento In r.aflii, II 
et India» eiircmi&que chrisüanoram geaUom pariibtiA fliam, el 
prora ul^tjiui veaserít, Soto, be Justiita et juk, l»b. i. 
ift tf f Mi-lina, disp. 3í»5. Cardinal. Cajcí., 1, 

i, iissert 45, aura. 69. Anlunez, fie bonat, fieg.. 
Ilb, t, cip. x, nam. 78, Van Spcn, De Promulga^** teg. ecc testas- 
Ui ' , CSp u . fl 3, Marca, be Caneará. Sácere, et /*/>,, \\h. 
lulo iv, nara. 2. 

5) Novel. 6. Sanctissimi patriarchae hax propooaoUn eecle 
*ub ae conslitutis, ut raanift-sta faciant metropolita oí i , quas a 
bis constituía suní ; mili rarata eosstftsUs sub se rpi&copts m 
Eestl facían! : itlurum vero singuli ÍQ propría Kcclesia hrc propo 
iunt, m mitlus n ostra reí publica ignoret, 

farota Ponlllex circúndalas cst Jnürmirate. 

17} Non eget Pelma oenriario nostro; no«*tr* adulatioüS non 
eget Mefcnior, Cano, be Loci* t líb. v, |«e»l 

(81 Andreas Dobal., be fu>m. Vontif, Poten., qn^ 
♦Je flde, deünillMiifs pontiílu.H, Jonec üriiversi ¡uam ilt 

naic sos posse, easacrepijvcru. atpaaas, Tostado, i pan 
Defensor, trittm Conetitiionum , tona, u, qü^ít, i, cap, ut t Ubi la 
prubat, tjaotl Papa la lide el nionbiis errare poitst. 



¡ue 



>po- 




158 EL CONDE DE 

absoluta, y sí do la tradición y consentimiento de 
las iglesias, donde no tiene lugar el espíritu de do- 
minación : Non dominantes in clero (1). Y no pudie- 
ran menos de reconocer que la obligación de las 
leyes puramente directivas ha de ser voluntaria y 
dependiente del consentimiento. Es la opinión se- 
gurísima y recibida comunmente, no sólo por la 
autoridad de los hombres grandes que la sostienen, 
sino por la poderosa fuerza de sus fundamentos (2). 
Si son doctrinales , claro es que se llama de fe lo 
que está generalmente reconocido por todas las igle- 
sias católicas, dispersas por el orbe. 

Por el defecto de aceptación y de uso , son mu- 
chas las bulas y los rescriptos romanos que sólo 
han servido de aumentar los volúmenes de su colec- 
ción ; y distinguidamente, como que su materia era 
menos aceptable, la bula revocatoria de los privi- 
legios de los mendicantes ; la de Gregorio XIV so- 
bre la inmunidad local de los templos, contra lo dis- 
puesto en nuestras leyes patrias (3) ; los monitorios 
«i Cana Domini; el motu propio de San Pío V so- 
bre censos, y otros infinitos, de que es testigo el car- 
denal Cusano (4) ; y es común y suficiente excep- 
ción contra estos rescriptos probar que no están en 
uso ni aceptados , de que hay ejemplos. 

Finalmente, en este punto no han podido menos 
do confesar los más adicto» á la curia romana que 
el defecto de aceptación justamente desnuda la ley 
eclesiástica de todo su vigor, si se funda en la pú- 
blica utilidad, ó cuando no pueden recibirse 8Ín 
perjuicio de tercero (5). Pero no es mucho que ha- 
ya merecido la confesión de estos doctores una cosa 
declarada expresamente por el papa Bonifacio VIII, 
fundador do los decretales en que so quiso apoyar 



(1) D. Chrysost., in A<*/§ Apottobr., homü. 3. Legibas, ic man- 
dalis omnia peragnntur; hie vero ntltale, ñeque enlm licet ex 
anetoritatc pnecipere. Así hablaba un Crisóstomo. 

(i) Cardinal. Cosan., De Concordia Catkol., lib. ir, cap. ix, x y xi. 
Joan. Gerson, Tract. de Vita tpiritual., lect. 4. Navarr., in Summ., 
cap. xxni, nam. 42. O. Covarrnb., Variar., lib. n, cap. xvi, nnm. 6. 
Driedo, De Libert. ekritt., cap. ii, docom. 2. í). Salgad., De Sup- 
fHcat, part. i, cap. ii, nnm. Ii3. Marca, De Concord. Saeerdoí. et 
Impertí, lib. u, cap. xvi. 

(3) D. Ledesraa, Alegación en favor de le regalía toare la inmu- 
nidad local, nam. 47. Vid. D. Matbea, De He Crim., controv. 7, 
■un. 14, ibi: Gregoriana in Regáis Hispanise non tenet, eum ab 
H sapplicalam fuerit, et non sitnsn recepta. Et nam. 15, ibi: 
Kec adhnc obstabit, si replices pontifieem habere po testa te m á Deo 
ob qaod minime rrquirant decreta ipsios acceptionem popoli per 
■san, at aliqai ex theologis asserunt. Nam licet vernm sit antece- 
días, prout est in bis, qnac fldci, aut jnris divinl, vel natnralis non 
nnt, tceeptationem popull requiri ad validitatem constitutionis: 
IttL Ib cap. In ütit, $ Leget, di si. 4, ele. 
. (4) Ad boc qnod slatum ejns liget, non soffleit qaod sit pablice. 
pfttmnljptam , sed oportet quod acceptetur, et per asura probetur 
JtMndam sopor iora, et ea qu¡e notanlnr de constitutionibos in 
rutoica, ubi dicitor per DO. qaod ad validitatem statuti tria sont 
Becettaria, potestas in sutoente, publicatio staluli, et ejusdem j¡»- 
f rebatió per o*am : ande videmus innúmera apostólica statuia, 
Mlirn i principio, pi^tquam edita fuere, non fuisse acceptata. 
,C ardí nal. Cosan., loe. supr., proiim. ciUt., et Marca, lib. ii, cap. 
«til, ■«». 7. 

« (ti) Kiarox . De le§ib. t lib. iv. cap xvi. Cardinal, de Grenaob., 
t*ll**rt. Xcckt. C«//ir««., lib. u, cap \i a v.i. 



FLORIDABLANCA. 

el poder monárquico do la curia romana (6), revo- 
cado por Clemente V en la extravagante Meruit de 
Pririleg. 

Por esta razón , Inocencio I dejó á sus sucesores 
advertidamente el consejo de que se abstuviesen, 
sin mucha necesidad, de decretos y de mandatos 
que traen consigo la repugnancia y la resistencia 
' ásu admisión ; considerando este pontífice que sólo 
podría su multiplicación producir la tribulación do 
la Iglesia, y que se debia renunciar ventajosamen- 
te á la gloria de expedirlos, por la tristeza, muchas 
veces , que costaría el revocarlos (7). 

Aunque se hubiera observado en la fulminación 
do estas censuras la forma y rito que prescriben el 
derecho divino y los cánones, es evidente su nuli- 
dad por el defecto notorio de jurisdicion en la po- 
testad espiritual para juzgar de la materia de los 
edictos de Parma en cuestión. Las cortes de Vene- 
cia y Turin, en casos iguales, han sabido demostrar 
la circunspección que debe guardar la curio. Nues- 
tras leyes españolas han sido el apoyo más firme de 
la regalía. 

En los reglamentos meramente políticos, aunque 
comprendan á los eclesiásticos , no puede ingerirse 
ni mezclarse la potestad eclesiástica, porque es me- 
ramente regulativa de las cosas que pertenecen al 
orden espiritual. Lo contrario será siempre mirado 
como un exceso de sus límites, y una manifiesta 
usurpación de la suprema potestad temporal. £n 
esta parte, la de Parma, como todas las demos de la 
tierra, carece de juez superior que examine y co- 
nozca de sus juicios, aun ateniéndose á los testi- 
monios que produce el cardenal Roberto Bel armi- 
ño , infatigable promovedor de los derechos de la 
curia, y á la confesión del papa Inocencio (8). 

Las leyes públicas son privativas de los prínci- 
pes por todos títulos. A ellos y á su consejo toca 
discernir si son ó no convenientes al Estado ; si se 
logran en su establecimiento los fines de común 
utilidad á que se dirigen ; si son asuntos indepen- 
dientes de todo otro conocimiento. Este examen no 
es de la inspección ni del cuidado del Papa, que en 
punto á las leyes civiles, ordenadas á la buena ad- 
ministración de la república, ni tiene voto ni debe 
ser oido, como resuelve el gran fray Francisco do 
j Victoria, que se propuso la cuestión en Iok mismos 
términos formales (9). El Duque de Parma no dic- 



(6) Cap. i. De Contri!., in 6. 

i7) Canon Detignal., dist. 15. Tamen qnoniamsxpinsa caria re- 

petuntur; ravendum est ab tais propter tribuía tionem, q ase s*pe 

de his Korlesi.T provenit. Kt Can. Pra-lerea, eadem dt\t. Quibus 

i postea major tristitia, cuní de revocandis eis aliqnid ab imperafo- 

| re precipitar, quam gratiam naseitur de adscitis. 

j (8) Bellarm., Contra Sanad. Smald. Reges enim terne nollum 

; babent in terris jodieem quoad res políticas. Innoreut. io psalm. LO. 

llex non babet superiorem, a quo jiHicari, et puniri possit in 

terris. 

(9i Víctor., De Pottttat. Ecclet., num. U, ibi: Si papadiceret 
aliqnam legem civilcm, aat aliquam administrationem temporalea 
non es*e confenientem, etnon expediré fubernaUoni rcijoblictt, 



JUK 

para 
•l p 

trienio civil ?u - is súb* 

tantee leyes? 
» la curia ál Etotttt muy 
ia de- 
mee de mi incompetencia para el conocí* 
liento de loa materia» temporalee, ospa- 

¡iie segnn los tiempos en que escribía 
í'ien, sin nota de vanagloria, dar el n 
de imperial al tratado que dio á luz sol i 

wanos, y que á pesar de tan ma 
titulo, y de la dignidad de la materia, pudiera que- 
de la corta memoria que han heon 

tífica que lare- 

a de Florencia declaró inválidas las censaras 

en cierta ocasión fulminó la curia, por recaer 

.loramente temporal , en que no reco- 

trina común, que aprendió el autor, na- 
varro de patria, en la célebre universidad de Padua, 
f6 al gravísimo jvrii Bocio*) su 

maeetro, que conformo á ella liabia ac 
el caso que ocurrió con I 

en repetidos parajes de bu obra, con> 
le precisamente á las ex« ^promulga- 

das por el mismo Papa para hacerle obed* 

temporalee; y afir 1 1 
valor, por ser una intru ¡ ¡el ajena notoria 

inifiesta (1), 
Para llegar el Pontífice ¿ ser jue 

i camino abierto 
Por mas sendas 
nsquen loa tres detall 

icconsacr: ¡ id bau can- 

ead m la elación de los curiales de Boma, les han 
la reforma 
, intentar atribuirle un indi 



xti autem d(< lom, cu}uj 

iiun ri»r(? rirspotxtro, ti a Pjju dl< < 
tdiri ifubcrnaii'ini Lcmpoi 

■ ii.jü dúo spoctal ad eum, sed ad 

i 

■ . ni til lUB 

' iúqk me i til 
■ ]iw »d Uhüt p»f> MS f 

■ 

I 
•ruó» 

i a i i e j*romulg.»U£ nuil leí i 



EL MOXITOET 
en la iporalcs. Siempre * 

r 
uentar co: 

juo el mii 

ie del ejei 
i 

>ados cediesen cu d 
i lir É los h 

les seculares de Parum ú reclamar bu justicia é in- 
terés, como materia civil. 

El clero de Ca le don Juan l y 

de Enrique III. se quien oponer, en I 

i y do T de 1401, á 

contribuir en los repartí i 
tes, caminos y muros de las - 
legó la causa al Consejo, doude fueron oidos y 

No bay cosa mas natural que el clero, en I 
bus civile* 4 la sociedad civil , 

tribuuales reales como I s, asi 

ios legos van A los i 

la y cosas espiritual 
jue toda la materia sol» 
i io es muy ajena y muy distante de la 
• leaiástica, para venir á un Irnpi 
censuras, como observa I 
isos de tal natnraleza. 
Los hechos de los reyes y demás soberanos tmn* 
ca ac ] 

' ar con tal respeto en la tierra, qn< 
gravosos en \n 
6 abrogación d 

romano lo ejecuta con I 
-o, sólo r 

ma suplica bm 
viilio principe, 

-ínse en juez supeí i 
mo escribía muy al 
pontífice (5). 

De P$íts . £< i « id. 

i ■ ; 

ladalíjari, 
4) Ccrs , nbi ■ 

lireaa i 

la» non pririumat, vel u*i 

tatli i 

tico I 

■ 






160 



EL CONDE DE FLOKIDABLANCA. 



Algnuos de esto» preocupados, de qui 
Gcrson que no distinguen loa derecho» del Papa 
m del Dominador del cielo y «le la tierra (1), 
querrán disculpar la conducta de )ob curiales, di- 
ciendo que la d la inmunidad eclesiástica 
es el fiu solo á que se ta el monitorio t j por 
i pican las la Iglesia, sin que el 
Pontífice aspire á juzgar de las leyes publicas de 
EDA, ni aj'- atestad. 
El oate modo de pensar, pretende sin 
duda alo con uno equivocación 
: La inmunidad eclesiástica en el 

io propiamente, las exenciones 

de los clérigos en lo temporal , dimanan de los pfi- 

B les han 

uoatrado por todos caminos, y como nos 

lio Tomas (2). Al Papa ni al concilio no 

usa, por ser un asunto civil, que 

esta- fuera da mi potestad espiritual. La d 

i -una es un acto perturbativo de la soberanía, 
De ella depende la moderación de las preen 
cias y franquezas civiles de Jos eclesiásticos (3), 
del misniu modo que les fué facultativa su i 
El concedente del privilegio es el qu< 
< r de sus límites, y ponérseles cuando por 
falta de eÜOi se hace nocivo. ¿Quién, sino el Prín- 
[e impedir ó permitir la compra de raíces 
en sus < x i mirles de pechar? Cosas tan cla- 

ras, apenas se disputaban ¿ los reyes , hasta que loa 
jesuítas vinieron á perturbar la doctrina de santo 
Tomas y de toda la Iglesia. 

Las censuras, si se miran las cosas en rigor, no 
se pueden llamar armas de la Iglesia, hablando 
con propiedad, en el orden civil, en que nada tiene 
que defender ni por qué echar mano de ellas ; seria 
igar un corto perjuicio con el inmenso exceso 
que explica el oportuno ejemplo del pío y dut-1 o 
GeJ v sería traer el numen á la arena. En 1 g 

Jinea espiritual se halla reservado el uso de la cen- 
sura para la corrección de los enemigos de la Igle- 
sia y no para ofender á sus mejores protect 

¿ Con que necesidad la curia romana hace esta 

causa suya , cuando el clero de los estados de Par- 

ma venera y obedece las justas determinaciones de 

Juzgue ahora el im parcial de la opor- 

tuti uese expiden estos cedulo- 

um nemo si!, qui de sais íattts ten pora I ibas pos- 

► RflOSfeM?. 

(1) Httúhtt, 4e Extómmnnic, eOBSfécnt II. Snnl qitl eiisttmint 
10) esíe unum Ucun», qui babel polesialem in caslo, rt In 

•Y, ad Hont, r cap. mi, V, 6, Meó ct Inbnia 
bi: Al» iior quimil) debito llaeri Hit derld ei privile- 
' quiriem xquitatem natura lera habrt. 
II , cap. *iv, J 13, et l'uffendorff, líb, vm, 
S í>. 

< »*i»kt, leei. I, corollar. i.Nara qui pro so- 

iQt conunmh 

:ii'» ( fui qin 

- r »«n nbl^re i fronte vi 

rcbrivll. 



den 



ues inesperados en un siglo en que las máximas 
nopaflia están desacreditadas. Los ecl es i as ti 
nunca pueden perder de vista, en el uso de sus de- 
fensas, el ejemplo de Jesucristo, que ¿un para re- 
ditair á la Iglesia echó mano, en lugar de la fuerza 
fulminante de los rayos, de los auí i de la 

cruz (5), y así redimid á los hombrea. Véase la di- 
ferencia, 

Conforme á las divinas letras, y á la opinión de 
los Santos Padres y de los doctores de todas profe- 
siones, la excomunión sólo puede recaer sobre un 
delito grave, verificada contumacia en el orden 
espiritual. Seguramente que los establecí miem 
civiles, como los edictos de Parma, que se en 
minan á la felicidad de los pueblos, siguiendo 
pasos y ejemplo de todas las naciones católicas 
políticas que los han hallado convenientes, no de- 
ben , sin nota de grande temeridad , estimarse por 
transgresión de las leyes divinas. 

Cuando no hubiéramos probado en este disen 
que la libertad temporal que disfrutan los eclesiás- 
ticos, único fundamento de la curia, es positiva- 
mente independiente de las constitucional divinas, 
y se pudieran cerrar los ojos á todo lo que se ha 
expuesto, por lo menos nadie podrá negar, por adic- 
to que sea á la curia, que la causa esté litigiosa y 
en posesión la soberanía. Esta sola circunstancia 
bastará para imposibilitar la excomunión, según 
las doctrinas más trivial 

Siguiendo á la doctrina del obispo CaramueL, no 
sólo es nula la censura que se impone al que obn 
con una opinión probable á su favor por defecto 
pecado, sino que abiertamente declara reo de 
delito al que la promulga. Aunque d 
mil amos con gusto la recusación del probabiligmo, 
que adoptó este prelado por su íntima amistad c< 
los fautores de tales doctrinas nuevas, aprovech, 
remos, por un efecto de abundancia, la en 
viveza con que reprende el abuso que hacen algí 
nos prelados de las censuras, fulminándola 
pleitos en que por lo dudoso de la causa ni 
admisibles (6). 

<5l 0. Hferonytn., E»UL ad Théopk$L, ¡f>| : Chírslsi non ful 
nans, non Ierren*, sed vagien* in cunis, sed pendens in cruce 
desidia rcdeniii. 

10] Epíscop* Caranmel, WiThtohgia fundamenta h mon 
1301. í*cio primo: An BSSSll «"tmiiimunicari, qir: 
nionem probabilemT Ct secunda: An non *tt peccatum 
laUSBtitBl escommunífire, nempe illora qui excommunicaí 
potes!' Ad pfiniiJnj vidttur r<'$pono>tiríum, non pOSSS en 
rari, quia non peccavit morlaliter. Cum igitor non , 
trr, immo ñeque vtatlllter, qui so|<itiur s*n\c ntiim proi 
f<iJ¡ipitur eiun, qui operalur < 
nie-ari non posse. Ad secundum e 
eifommunii-iiiu infamia in inftrt, el si injusta Illa til, 
miniara, et infamiam injitste; et ob hanc real 
ea1| peeeare nortalltsr i llura, qui Injust* al 
Accedlt, quud abuli Das sil patentan pórtale, ri qui innocentes 
cxc^niruiiiin ji ( iIi>m)j iSSll |»<>i , u& 

' aul i 
Justj eti tioi* i 
municiiiti : al qutJ trqa dlceaias de ud<K(i«¿unis ooatrl ui 



)bra 

■i 






■a 



JUICIO IMPARCIAL SOBRE 
\ el testad, y la nuli- 

:♦ la excomunión de las letras contra Parma, 
de haberse dirigido en ofensa de 
[nfante duque de Parma, 
►nal, y puramente en odio del ejer- 
do su m i 
Loa magistrados están exentos en todas las fun- 
- de su carga del rayo de la censura, por el 
laurel de la majestad que los cubre y abriga ; son 
unos depositarios y eoadm i lustradores de la potes- 
tad suprema, con quien vienen a constituir un 
mismo cuerpo (1) ; y ésta no puede ser interrum- 
pida en su ejercicio , ni por consiguiente , pueden 
■■\ comulgados. 
Bien miserable por cierto seria la majestad, si 
no gozase estos privilegios. En tal caso, pendiente 
del capricho de cualquiera de los eclesiásticos que 
tase la potestad de las llaves, no tendría hora 
ni momento seguro para su uso. Con cualquier mo- 
tivo se podria imponer al Rey y á sus tribunales 
una suspensión de oficio, y el titulo de provisor 
sería más envidiable que el cetro (2). 

Por la misma razón de la exención y libertad que 
naturalmente deben gozar los magistrados para 
el libre uso y ejercicio de sus funciones, es incon- 
testable la doctrina del padre I I cual afir- 
ma que los fiscales» cuando piden la retención de 
los rescriptos pontificios por alguna de las causas 
que justifican este recurso según nuestro derecho, 
ser coüqj eu las censuras del 
orio in Otna Domini, que según este respe- 
table autor y el general consentimiento, no está 
recibido en España ni en las otras naciones; opi- 
nión indubitable , á que suscriben todos nuestros 
autores, como se puede ver en los que citamos (3). 

latí*, dextronam sinistrórsum tifommanicalionibus fnlminanti- 
ib4o al vii>md jolliex- 

,r, quE suurii Ju> manuleneut, <]ul fort* si non inanii- 
Dt, pecearent; an non deberetdkl , in lila ante setttentjam 
..tia.ftcropcr esse utraaiqiiecausim dubfcam, nec po&se ali- 
qurm ssconuiStctrlt 

,; QnhpAi, CfíJ. na Leg. Jutiom MajntQtu, >bi : Qola a 

-i o pjtíum venerantur. FU íníra : Nata el ¡M pars corpohs 

I ftOl nos ipios fiumtramu». Lf £. 7, IfS. », ISfÜt i 

i >mo este llaman c It es asi 

como padrr del l'n 

. cap, un, ubi letaifar, n« regen, 

gtot maelstratuft, aut ufnciakt excommOQtealJOQÍBas, vel 
milis cfDfiuris 

.iiiperii mlníírrrtwr, rt a jtidkum CCCltaUfllCOrSfll jinlicio 

(a, eis. ut, % 5, vnlenitu», qai tan- 

luitU. Nc« dubium h i r> f Uclüm, QB6d jí> lid (CtfttB* 

m pniKtpibas, c «ir ii ni r| r: iiiritbus 

>> jbíllnurnnt ; nec enim 

[Mi, vel eorum offl 

i i , vel líftvem srculls ab alio ssueto pasfillc*, 

fe f'os 

r«Kis,ai b.'nii esBuassis, *e poblic) ad reg 
ido ImBitmoniUi , 
Ji. Salfad., 0* >*; 



EL MONITORIO DE ROMA- 161 

• i rey y en el magistrado do 
un re i acurran, con el augusto « mal- 

la soberanía, la cualidad de 
la la Iglesia y de aer uno del rebaño. Por este 
respeto ha nacido el príncipe con obligación á sor 
en todas sus acciones el decbado y ejemplar de 
los pueblos que están bajo su dominio ; debe ser el 
más reverente y el más fiel servidor de la Iglesia, 
y venerador de su potestad espiritual ; pero de esta 
filial reverencia sdlo se infiere ce ¡a que 

está obligado á conservar en pureza todo Jo espiri- 
tual , sin derecbo en la curia para faltar al Rey ni 
á los tribunales en los resp les son debidos. 

Reserven los curiales las censuras para sus ca- 
sos , y refórmenlas eu todo lo que sea extraño á sus 
fim< iones espirituales; aprendan délos principen 
la moderación, y eootiderau los riesgos espi 
les y temporales que los C loa que 

fulminan las censuras con tanto abuso, ha 
de ellas un fermento de i 4). No se pue- 

den tolerar estos desafueros contra un príncipe, 
¿un considerado como un particular cristiano. Es 
imprescindible de su sagrada persona el car 
de ungido de Dios para gobernar sus estad Oft, y 
con encargo de responder de la buena disciplina 
de la Iglesia , según el doctor de las Espalias san 
Isidoro. 

En las cosas espirituales recibe el príncipe de la 
Iglesia los sacramentos y los misterios y demás 
puntos de su creencia. En Jas temporalee, los sa- 
cerdotes dependen del principe en i a ala 
sociedad civil. No hay en la jerarquía de fa Igle- 
sia razones para turbarle en la potestad temporal 
ni en la protección de la Iglesia. E* una de I 
jurias más atroces que se pueden hacer al 
alterar las sociedades civiles y relajar la ol>' 
cia do loa vasallos; porque este bou 
dad es un derecho que no se debe á ta cualidad do 
hijo de la Iglesia, ni de que ésta le pueda pri- 
var (5) ; todo soberano le ha recibido de la mano 



un, Qno-.it/. R~ffui*r, t lom. i.ouirst. ft, iirVYTir, (bl: Talo 
mu Mibre|ihtiMin de bel jürtirah, rl contra vniunur- 
cefeBÜs Imprtratum, et p*r Imi 

ellam si imponat BfBCSfttl 

de , Ib Qn'i h 

n rliam optime Con 

trtaiQi per fSBdffl) Ka man. rtodrlfseí loc-o eflsc« bIH »t*crtt 

rlpes, ct tuorom triboiuliuin cafttilisrlot , driin 

i, a\ inielliftutiE n i e«»st#B)n *á 
O laeen, H lrar>í|« litairm foi rr^rriíai Vi* 

deaniut tente mundat , nn U.flBp. ¥i, QUa. II 

(iBBUáa, in Irg rt\ m. v, part. i. elZcrola, , 

qsll moilkom fermentum UUam man^tnr corrumpit* 
EXBirptB vetu* feruienlam, nt 
jIM»i '. Cortntk. 

•u\ Oí Air rt/sftjlfr. | ( .,dum 

írilt, jut tutiepti 

rlflt eam bontt fui* pro|<i iti »i 

ItriS. üart. Medina, 1,5,^*5! uaaict* 

11 



tes 



EL CONDE DE FLORIDABLANCA, 



divina, con entera independencia en la tierra, P<>r 
eso la sujeción está ordenada por el apóstol, aun 
respecto 4 los príncipes díscolos é infieles (1). 

No juzgaba así Salmerón t uno de los corifeos do 
las máximas que actualmente corren entre los cu- 
riales, inspiradas por los regulares de la Compañía, 
fe con blasfemia que san Pedro y san Pablo 
habiun adulado u loa reyes cuando inculcaban tanto 
«1 clero la obediencia de sus príncipes (2) ; ¡ des- 
caro execrable, de que con dificultad dará un ejem- 
plo tan impío la historia de los horesiarcasl Para 
el que tenga dificultad en persuadirse que pudie- 
sen en sus principios hacer correr impunemente los 
llamados jesuítas una proposición tan blasfema ó 
insolente, va acotado el pasaje con puntualidad. 

La excomunión nunca es capaz de privar de los 
efectos del derecho divino al príncipe t ni do rom- 
per el sagrado vínculo de la sujeción que le deben 
sus súbd ¡tos , y á los que en su augusto nom I i 
nen parte en el régimen ; asi como á cualquier padre 
de familias no se le puede despojar de los r< 
paternales que le deben sus hijos , sin quebrantar 
el derecho natural , ni impedirle la sociedad, el go- 
bierno y la dirección económica de su casa (3). 

La impiedad de los que apartan la vista de las 
reglan divinas por hacerse unos establecimientos 
conforme* á sus pasiones y á sus intereses, fué so- 
lamente la que pudo enseñar que era posible res- 
pecto de los principes, por su personal sujeción á 
la Iglesia, desatar el nudo de la fidelidad que unie- 
ron la naturaleza y la divina concesión; porque no 
pudtendo los subditos, por efecto de la anatema, co- 
municar al príncipe ni recibir sus leyes, estarían 
obligados á huir de sus estados, en el sentir de ta- 
les incendiarios. Esta doctrina sacrilega y abomi- 
nable, y los ejemplares que con abuso de la potes- 
tad de las llaves dirigieron á las cabezas corona- 
das los rayos de la anatema, mereció la justa cen- 
sura de los varones doctos y piadosos que hemos 
citado arriba ; y la miraron como cismática y per- 
niciosa. Pudiera Ber objeto de nn problema ecle- 
siástico calcular siestas doctrinas antievan gálicas 
contra la obediencia debida á los reyes han derra- 



llo sos est privarte allcujus bonl propril , quod tratitgrrsior legis 
pritts, pourdrral, sed privado bonnrum communiíun, qnx ib Er- 
eleala frat retffptSI 
(I) Serví labCtU Uots, in emsl tlmore domiati, non tantum bo- 

ii tluriids i, Píir, cap. ii, fin. 17, 
\V Á\ (. B. Ptuli nd Román , supcf 111* 

vtrbs eapilis ii j : Oaitilt stiiaij poleataltbus sublimioribui», oír .; 
iom mi, di el, 4, pag. 901, edil. Mitrít., 1(88, apuii Lloviera 
jo Panli lempart moda nova pr 
• numen tare baní, quasí d* rrrum publi- 
carías nmlone ilobitanlet , el do ronrlslonc sai iroperü blandí- 

Imoctuiii 

sil: subjL'Cli, tnqail, estole omni huma- 

■» err i i, si ve rrgl «i«a¿i preccllciití, slvc dücJ- 

MI. 100, irt, ii. D. Covamib,, in cap. 
Alma Mtirr, p, i, % 5 # num. I. Solo, De Jut. tí jur , 
quat. 3, an i. 



mado ma ana que las pereectieíor 

de los gentiles en los tres primeros siglos de 
Iglesia. 

Bien distintas atenciones debia la majestad 
los príncipes supremos al uso que hacían los ant 
guos padres de la autoridad espiritual de las 11 
ves; nunca se les vi ó ¿ estos fíeles imitadores 
los apóstoles esgrimir con más fuerza la espada de 
las censuras , que en defensa de la suprema salud 
y seguridad de los monarcas y de todas las leyes 
que promulgaban para el bien y seguridad de la 
patria (4). Estas censuras apelaban á los eclesiás- 
ticos sediciosos, que ya, por desgracia, se conocie- 
ron en aquellos siglos más cercanos á el estableci- 
miento de la Iglesia. 

No sólo aspiraban de este modo los padres anti- 
guos á asegurar y á mantener la fidelidad de los 
pueblos hacia las personas de los príncipes, sus le- 
yes y constituciones, quitando todo motivo que 
pudiese servir do mal ejemplo, y la relajación, sino 
que bien distantes de que pudiesen entrar en su 
imaginación estas doctrinas funestas, acordaron á 
la majestad el privilegio positivo da que el I; 
restituyese al gremio de la Iglesia i cualquier per- 
sona con quien tratase por el mero hecho, si acoso 
vivía separado do él por alguna sentencia de < 
comunión. Parecióles á nuestros antiguos coi 

alóles que la Iglesia no debía rehusar la co 
pañí a y la sociedad del que merecía tenerla íntin 
y familiar con el Soberano (5). Este privilegio de 
los católicos monarcas españoles fué también 
conocido á los reyes cristianísimos de Francia, 
uno de los capitulares del rey Carlos el Calvo 
muchos de los mismos obispos se aprovecharon < 
él en algunas ocasiones (6). 

Para que no falte irregularidad alguna en 
monitorio , se extiende á todos los dominios de Par- 
ma, sin advertir que la muchedumbre no puede ser 
excomulgada , ¿un con motivo justo y razonable, y 
que siempre es un cuerpo que debe vivir seguro ; 
exento de la censura (7), por no interrumpir los eje 
cicios de piedad y religión en el pueblo* 

Cuando es delincuente la multitud , no se puede 
lograr los frutos piadosos que se propone la Iglesii 

(4) Cundí. TatrL XI l, cap. U Obedicndnm cst regi <|tji drjutd eju 
salad prnlir.iai, el pslna; consulaerit: ande i 
cep< ab anathcuiids ncnicntla alienas, ao( divina? animadversión 

pjos salulrm aut 
eommoverll raidem, aut quamcurn 

U, Tuíet. tU, IV, ►*, Yl, i 
<5) ( I. SI quos eol¡ i note 

tas, aut In graiiaiu benignidad* rceeporlt, aut pa. 

¡urn el popa 
cipero In v limonera debenit , ut f 

principáis píelas habcl accrplum, n#c a sacerdotisa Dd 
turciirancu*. 

(6) M U lítt. et lib. lmi. I 

haneiiiiir lun. ti, Ün prturt* dtf Ubrrjet Je fEffiUe Cuiüa 
eos?, f, nun. í, 

G res, nec mnlUludo snnt cicommuniiaudí Gb$M in 
Mati*., r¿¡«. 13. 



caso 
>ex- 

:ÍUos 
com- 
ió de 

•; 









JUICIO IMPARCIAL SOBRE 

en el aso de 1a excomunión ; y en tugar de la en- 
mienda por virtud de una saludable corrección, sólo 
puede esperar que , creciendo la enfermedad, se co- 
munique el desprecio de las censuras á muchos in- 
dividuos de aquella muchedumbre t á quienes no ha- 
bía tocado el contagio que se intente reprimir; y 
haciéndose el mal general é incurable, se venga a 
convertir lastimosamente en destrucción de la mis- 
ma Iglesia el ejercicio de la potestad, que sólo se la 
lia concedido para su edificación (1). 

En tal caso, según san Agustín, que caminaba en 
esta materia llevando siempre delante de si el mo- 
delo infalible de la práctica de loa apóstoles, el re- 
medio que les queda á los ministros de la Iglesia 
as el ruego y la oración, propio y natural efecto de 
una madre tierna que desea la salud de sus hijos ; 
y siempre debe usar de la misericordia, más á pro- 
pósito para conservar los ánimos de los fieles en su 
obligación, que del espanto de una censura, que 
perturba á los buenos y no corrige á los malos (2), 

Por desgracia, tiene y llora la Iglesia hartos ejem- 
plos de la solidez de la doctrina de este santo doc- 
tor. Su número es dilatado y muy conocido para re- 
ferido aquí ; pero si para comprobación de unas má- 
ximas tan conformes al espíritu de la Iglesia y al 
Evangelio se pudieran desear algunos más , submi- 
nistrarían abundante materia las consecuencias que 
por lo regular han tenido los entredichos. 

Esta es una especie do anatema más benigna, 
que se emplea por los que tienen la potestad de las 
llaves contra las ciudades y los pueblos enteros; su 
naturaleza y efectos distan extremamente del rigor 
de la excomunión ; y según le describen los tu 
es una pena meramente temporal, que sólo prohibe 
á los fíeles la intervención exterior á los oficios di- 
vinos de la Iglesia, sin privarlos de sus sufragios y 
oraciones (3). 

Se ignora eí origen del entredicho general ; y los 
que nos han dado su historia, aseguran como cosa 
indubitable que la práctica de esta especie de cen- 
suras fué desconocida de la primitiva disciplina por 
muchos anos. 

itl U\eh hrccabsenssrribo, ni onnnr#*en§ dorios igatn lo euní, 
•econdum ftolfslatea, qoam domino* dedil milii in *dificmonem, 
el non <$e*lronionem. U. Pao!, u, *4 Corintk., 13,11, 

(1) Nc'{u<* en luí [wirsl i-sse s»lubrls l moltis correntio, nisi 
coro Míe curnpilur, tal n»>n habet sociam mulliludinem, eum ve- 
ro ídem morbo* plorimos seespsverlt, nil alias bMis restal quaui 
dolor el giiDiius — Ne turo volueriDl roüigere ckania eradícent 
thllcuro. ,. A|iostolus uDom iuceslüosotn eienmmunieul, mullos 
RNikleatICBibits cuinquinatus non eicommunií-ai t sed perjublum 
suum polios divisa lUgello eesfctossi roknatur Rever) si con- 
tagio pccrjmJI molliiLidioem LtfifttrfV, ütías) llisfstinfl 

■nía esl, oam eonsílíu separad otiiü, er iiasll 
auoi, et (jerni. iosa, arque sairikga: qnia impía el sanerbii lli.nl, 
el plus penoibaní inllrmos bonos, quam eorrijfunl ankiusua ma- 
\Mf , túnir. fjisf, PifUf íif «. , I ib. m, tap. ir, nurn. 11, 
totn. ii p pag. <il cL6ú, edil. Parisién*,, tOJíí, cura ManoiÁor. 
Cougrtg. $, Uiiuri, 

13/ D. Cnmrub., ín cap. Alma mafer, t parí t % 4, num, i. el 
Ub. ii , Ytrm. , cap. vai , nuoi, 10. Vao BstS, iracu Ve Censar. t 
cap. u, 1 1. 




EL MONITORIO DE ROMA. 163 

Con razón afirma Van Spen que antes da loa si- 
glos x 7 xi era desconocido el entredicho de ana 
comunidad ó pueblo (4), y no es muy solemne el 
origen que se le atribuye. 

Generalmente hablando, precedidas las amones- 
taciones fraternales, sólo era corregida con exco- 
munión y penitencia en la Iglesia la transgresión 
de la fe, y otras faltas graves en lo espiritual, has- 
ta que se introdujo el abuso de la composición á 
dinero de los excesos, conmutando la edificativa 
penitencia en una multa pecuniaria, como refiere 
el arzobispo Pedro de Marca (5). 

Sea el que se quiera el principio de los entredi- 
chos, su índole y objeto , no puede negarse que su 
práctica no es menos peligrosa ni menos contraria 
a! fervor y á la caridad cristiana, como advirtió fray 
'Domingo de Soto (6). 

En vez de causar el entredicho general el com- 
i miento y la enmienda, resfria el ánimo de 
los fieles, y cede en menosprecio de la religión esta 
suspensión en su ejercicio T en la conformidad que 
sallemos, por hts relaciones de que en Francia, le- 
vantado el entredicho que impuso á aquel reino el 
papa Inocencio III, al fin del siglo su, liacian ya 
mofa los rústicos de las ceremonias del santo sa- 
crificio de la misa, y les causaban novedad, por fal- 
tada uso (7). ¿Qué culpa*! ¡ene la multitud sencilla, 
para sufrir tan gravo pena? 

Con atención á todo esto, los católicos reyes de 
España, que, por su amor á la Iglesia y por su pri- 
mogenitura , no pueden menos de velar sobre la dis- 
ciplina, han desterrado de la corte el entredicho, 
reconociendo Paulo III en tono de privilegio lo 
mismo que nuestros antiguos cánones les conce- 
den (8), 

Sería un hecho difícil de disculpar á los ojos de 
Dios y do los hombres, condenar al cumuu a un su- 
plicio espiritual por delito ajeno, aun habiendo- 



íl) Van Snfn, dlel. tip. n, g 3. Nec ftrllfr Invenlelor huj«*«A- 
di íriicrttirium ante isenlum X ral XI lilktin, oí rrl ral fila auo 
lif, i|iumtumvií Ib Cü*et ciniw uní Lilis, vd Ofrltltti iMpul, vcl so* 
peder , oul dominus; ail submisiontiii, el correriionem per tlroile 
.genérale I¡ntt-n1kciuni ttftfltflf. 

/'. C J*i I. ft imp., Ilb. fl| ( ca,t. \i. 

<ñ\ lloüiinje, SOIS, ín *, ifet.it, <J" ibí: Interrilo 

tttm.qaamvis el una parte ad lenoieoj rirfimuianiciitfriun con- 
dSCftt, e* ittftri Unin In ¡xMU'nlarn di I ni culis vergil | 
mi oí : na ni tune nmi H<;luro DOpfflai dsSSSlltfíae, IHfBSSlflUfi «li- 
nlni efllria slTeetom eoram, el íen>nu iurdíl; terum n 
cierna |SSI II rcrabsíor, el tsvsvlnr mí tltftfl divina cd(Tb<aoda. 
(jna uliqoe r»U0Oé, et divina rdigio ü>-lniiiL-uitiui Sttitsr, 
pulns so el in tnorlbuñ sUimeíre* 

|7| Vio S[fcen, tnel. fie rejuvrH, ttp, ix, % i, Ibl ; Taolo tempe- 
re fleteral inturJicium. quod íartu rjtti leiainoonc humnii > r*Q 
vcl lú aiiQíiram , qu< BlttaatBl uuditrerant im*um, sertSSdfSl 
•acerdüles selebnntet. 

is) Leg, tS, tu. in f líb i. HéMpttBt. Auto j, ut. s, Hk i; »M mi- 
ii-l cdníenio de la TriniiU«l se nouüciV M blttl lli "^ Mi- 
tillad de I'juIo III, para qoe no se Stttffl nuiter euir.Mlldtn 
mino út treinta días Aessc ntltleri U Bórte 1 \ |ut itev 
el <iue llene puesto; el SStl obcüi-clu , y cu su cuoi|diuiknlo t dgo 
lo aliarla y «jullaria.» 



164 



EL CONDE BE FLORIDABLA^ 



le (1). Por esta razón t tas mismas decretales de Bo- 
itl han declarado nula la censura que fie 
fulmina contra la universidad (2). En < 
funda el señor Covarrubias la común opinicu 
preciando la de otros autores, de que tío se puede 
^ migar á la universidad , por ier un cuerpo pu- 
nte metafisico (3). 
I riesgo de que se frustren los efectos de la 
excomunión, si el respeto al inocente presunto anu- 
lan la sentencia de excomunión contra un común, 
¿qué juicio se podrá hacer de la que fulmina la 
curia romana contra los inocentes vasallos de Pal- 
ma, que no han dado la menor ocasión, y que no 
pueden ser culpables en cumplir un precepto divi- 
no , que les manda obedecer a su principe y señor 
natural? 

No sólo el Rey, el magistrado en sus funcio- 
nes (4), y la universidad, por ser cuerpo metafi- 
sico, están exentos de la fulminación de censuras, 
por los respetos particulares que se han tocado, 
sino que generalmente debe gozar la misma inmu- 
nidad cualquiera persona privada, en quien se co- 
nozca con claridad que va á frustrarse el fin piado- 
so que se propone la Iglesia en la excomunión (5). 

Otro capitulo de nulidad se descubre por el he- 
cho de fulminarse las censuras á los subditos de 
Parma por razón de las culpas futuras, y por tal 
cree la curia debe reputarse el que obedezcan los 
mandatos de su soberano. Semejante excomunión 
expresamente lareprueban los cánones (6), y el íod- 



(I) Cap. Si habes, xit, quaest 5, Sene* a Jtivene eoeplscopo, el 
eplsropus tot annorum colleja nidum agnículo paratas sum diace- 
re, qaomo'lo vd l)eo, vcl homiiilbus justara possiinus redijere ra- 
tionem, ti «olmas innoeentis pro seelere alieno, ex quo son tra- 
bara sleut ex Adam, in quo omnes peccaterunt origínale pe cratuní, 
aplrttoall sapplicio puniamus» 

(H Cap. Romana, $ In vnivertitatem , de Senteni, ejeommum- 

¡rrjb.. lib, n, Variar. resol,, fap, fOf, et In cap, A/wí 
mater, psrt. l, % $ t num, 3, De Sent. escom.. in % 

Bvfllot, De Ctfmt, per riam riol. , flos. 0, num. 64, pap. 
mlni 73, ibi; * El hane onstram senteutiam in lostril tenet pater 
Manad Rodrísuer, tom, i, Qu&tt Refutar., qaa?«t. 6, irt. tnt, 
abi r^olvit rafes, il int superioretn 

In lemporalibus, ct *nos Krívi*símos consiliarios posse sine timo- 
fe eieommunlcatlonis bnllai in Cana Domini . detlnere eicrutln- 
nem huMarum apóstol Icartv ; si notara ItttSftl litad convenire pro 
con sert alione ct pta uil fl jL mü iaa- 

tantlam psrth, vel fiValí* restl eonnllji, cujus miooi hod 
eel \era el aho de tfilSi ilte dnrttsslfna», el saplentisnimu* %ir in 
d llttemum (jenerr oniailtiimus, ct BOtlbHUSte ffí 
unon de la Mota Uefina Consiliarios, et rn 

niMS. 

|B n Cotarro*,, 1t «ap Alma Jf«/¿r,part. i,ln príncipe nnio 1i. 
um ntirionim Kfnifotla tañe crít arimiltenría, cum )u- 
itlonem minime ntilitalera i pal es 
liin, iinntn ínspíeliur magis indurandum eor 

meen; iunc eiünim poleríl snptífsedere litiic 
,.»íifii.»rium colicuar ex capite Pro4at t et cap, 
»cq m Blandía «*mro tune wbt* esl i 

«udut, oon utnagtt coa- 

tama T 

-tlam iic mica ■♦•nirnila* escoman!* 

fjliitr In Jii ilota vldelfetl, 

a) talf Quid feterlnt, *el «lum pro jara eomniíaia tul» hacíorait, 




áel 

nte g 

z 



i las doctrinas evangé'Üc 
bre la obedien< q otro ] 

tan justos, necesarios y cou 
de que se toma pretexto para fulminar el moni- 
torio. 

No es menos TÍsible y notoria la nulidad 
n estas censuras, por sostenerse en 
cíones de la bula in Cama Domini; con 
más famosa que por su materia , por el sentimi 
to y convenio universal con que la resisten 
las naciones cristianas. 

Acerca de la antigüedad de este ruidoso moni 
rio, su principio y progresos , hay entre los auto 
bastantes diferencias. Todas las concillan los sefi 
res don Juan Luis López y don Josef de Ledesma 
las obras particulares (7) que están para salir á el 
público. Asi se omitirá esta materia enteramen 
porque suponemos este proceso como una m 
protesta de parte de la corte de Boma, cuya efi 
cía ella misma desprecia prácticamente. 

Por lo que toca á el recurso al Rey contra los 
abusoB de los jueces, prohibe el canon xn del co 
cilio XIII ToJedauo la imposición de censuras 
docto Jerónimo de Cevallos afirma al 
que las de la Cena exceden de lo¿ U p 

testad del Papa , y carecen de eficacia por falta 
jurisdicion, en perjuicio de la autoridad de lo» 
yes (8), 

Aquellas disposiciones pontificias que eximen 
los eclesiásticos de la legítima y natural sujeci 
que deben á sus reyes, y que trasladan á la curia 
la monarquía absoluta de todos los reinos, las re- 
clamó a una voz la cristiandad entera. Ninguno de 
los {nrfneipsfj católicos las lia admitido, ni tien 
según loe principios de derecho, arbitrio para ace 
tar semejantes máximas, contrarias á la obligad 
precisa, en que están todos los soberanos de la ti 
ra, do mantener su independencia temporal, y 
velar sobre la conservación de sus estados, o 

lose á los atentados con que la 
tende apropiarse sus derechos ó los de sus subdi- 
tos (9). 

Del reino de Francia es dificultoso reducir á un- 
mero las ordenanzas y los edictos que se han pu- 
bf irado para establecer sólidamente, como una basa 
fundamental de la monarquía, las preciosas májei- 



sl de lili» infra ifrujiua ttiínimé salla fecerínt, prolerre pranaota 
dí>! niora in exhiben da satisfatiiniie, vcl tulpa, s««o offrnia p 
«CMcrii. lonoccnL IV addatfua a d, Cófarrab,, ubi »uprt, f . 

(7) La obra del Sr, Lopeí tlpnc el lítalo «le Hütorié /raai eV _ 
tula Mamada de /.i Cena. La del Sr. Lrdcstna, Aíeoaeton t* ttt- 
ftñitt de la regalía f Intunníex del reino de Savatra. 

Í8) C» IracL et g]*, .Cam A*> 

dnini. c t uiianh ai» rtfffS prrtiiUMt líjela cucullio In viro 

nibus Impnliendís se inlromlll 
nutn. et naturale, et lolfere suh ai: ^d 

veritatíá, «I la le, in pro u¡ eiL 

Q0) FaU doctrina de n -nos fii* re* 

lias, la confirma U Santa Sede eo el cap. tai* I teto, ü* **/*, 



dé. 






JUICIO HfPAECIAL SOBRE 
> de que «•! Bey no conoce superior algn 

lo temporal ; que le los loa 

ÍOB de r. las vacantes de loa 

lias; q> r junta ni asamblea 

a en el reino sin su permiso ; que las bulas 

del Papa no sp deben ejecutar en Francia sin letras 

p que se lea conceda el pase \ que loa va* 

tallos del Bey no pueden ser citados á Roma para 

agunaesj ¡no jantes cometer- 

* t» portihm las causas legítimamente apeladas, y 

s á su sobe- 
protección contra las vejaciones 6 fuerza dé 
i eclesiásticos, por vía de apelación como de 
abuso; remedio en todo parecido á los nuestros de 
a»rza jé m cuales aun lo 

nksti • s so lian valido ut i 1 Espa- 

ña y ! >ara conservar sus derechos. 

Ke üero de autos acordados y de- 

paríame»- 

reales Un expedido pm- 

inflnir Ano 

n In eversión de estos principios, 

¡ios de la da la igU*ia 

lleva a la 

elogio de un rey tau g 

se compon 

de la invi que ha 

mpre esta I reino. Los 

genios felices d^ h de aquella 

ñera el mundo literario, y muelen 

vestidos del carácter de el 

mu soberano y di K «> 

den tos para aci 

isa de la iglesia galicana se reducen 

«D sustancia A r en vigor, respecto á la 

¿rte la puntual observancia del dere- 

• o, y ln disciplina universal* 

\ por la Iglesia sin novedades arbi- 

rias. 

-fia no es menos difícil reduoir á número 
la* leyes, las pragmáticas, las historias y los escri- 
• 

baria nna obra que, con el título de de- 
n de la Igktia de España t y dé la protección 
reo/ en ctta, igualaría y se hermanaría con los vo- 
Intncnes de la Ha ga- 

licana; y en parte so reconoce cotejando las obras 
i!e Marca y Coy 

se citan las constituciones de am- 
» reinos, y se carean sus máximas fundamenta- 
les. Todo esto, puesto en orden, aclararía las ideas 
de iti «i i ial pan las soni- 

la t f il tiemj ir 00- 

o que se ritfs por estas I 

la pr 

rodillo jamas 



EL MONITORIO DE ROMA. 165 

tir la | proceso llama* 

Casna Dominio sin exponerle á un trastorno 
días, y sii 

os derechos y prero- 

la rnien I real exige para ha* 

respetar de Ion [coa. En una palabra, 

sería lo mismo adoptar tales prin dejar 

rey, y quedar impotente para mantener el 

equilibrio y armonía entre los os y secn- 

1 ares. 

Para debilitar el poder de los reyes, sentaron los 
regulares de la Compa&ía el ¡ de que loa 

eclesiásticos no eran propiamente subditos de los 
Untaron en sus libros muchas opiniones 
para délo litar el respeto y valor de las leyes civi- 
les, como se prueba en la obra del padre fray Vi- 
Mas , sin detenerse en mayor individualidad, 
Mas como la obediencia y subordinación á las 
lares está tan clara y patente en el 
Evangelio y < n las epístolas de san Pedro y san 
, han tenido valor estos regulares de dea* 
in las apostólicas doctrinas muy d« 
ladÓ esta orden } como se 
el pe hiñeron, uno de los primeros 

fundadores de ella, y que con tanto esfuerzo se 
opuso en el concilio á la autoridad de los obispos, 
para sostener los curíales y sus prerogativas, Eu fin, 
dice abiertamente que san Pedro y san Pablo adu- 
laron á los reyes y emperadores, en cuanto asegu- 
ran la obligación en conciencia de obedecer á los 
reyes con todos tos fíeles , sin distinción de ecle- 
¡iros (1). 

i na nueva ha resultado la máxima 
¡ría á la sujeción debida á los sobornaos y 
£.. Liemos civiles, substrayéndolos estos escr 
•'■oinpaflfa de la masa general de la no> 
levantando dentro del Estado dos monarquías, una 
ritual, sujetando esta ultima 
eu todo y por todo á la curia. 

De aquí han ido derivándose la* adiciones 
procesos ín Orna Domtni, eoment tendi- 

dos por los regulares do I lia, adulando de 

este modo a la curia, y cr un todas partea 

la unidad dfi la Ittb0fdi nación civil i lt.s reyes, de 
que ha resultado un trastorno casi universal. 

Para sostener estas doctrinas en la práctica, te 
esforzaron los regulares de la Compañía, en al 
loado do Paulo V t contra la república de Ve- 
necia, á intentar anular las leyes civiles que esta 
' -tablee ido en 1605 sobre amortiza* 
castigo de los eclesiásticos en delitos atroces 
por los magistrados seculares, y prohibición de 
nuevas fundaciones sin asenso previo del Senado 
ido de LTrbauo Vil I 
.1 los mismos regulares de la Compañía 
igual entredicho, excitando para ello al colector 

fl) Salmcro», lOM jddurtn liptfc, pig. IOS. 






166 



EL CONDE DE PLORIDABLANCA. 



pontificio, don Alejandro Castracani, arzobispo de 
Neocastro, el cual intentó, prevalido del aboso de 
las censaras in Coma Domini (1), anular la ley que 
prohibe en Portugal adquirir raíces á las manos 
muertas. 

Las resultas de aquellas controversias del colec- 
tor fueron gobernadas por los regulares de la Com- 
pañía ; estaban fundadas en las mismas doctrinas, 
y produjeron la sublevación general de aquel 
estado. 

Mientras los reyes y sus tribunales reclamaron 
en todos tiempos la publicación de tales censuras, 
eomo turbativas del ejercicio de la soberanía, estos 
regulares, en sus libros y en sus manejos, procu- 
raron en todos tiempos sostener tales máximas para 
mover la curia romana y ocupar á los soberanos 
con estas controversias, sosteniéndose ellos á be- 
neficio dol desorden y de la confusión. 

Bien sabida es la protección que en la curia ro- 
mana logran ahora estos regulares con el ministe- 
rio pontificio. De la irregularidad de las cláusulas 
del monitorio, tomando su fundamento y apoyo de 
las llamadas censuras in Coma Domini , fácilmente 
te colige la nulidad de tales rescriptos como el 
presente, y la incompetencia con que en materias 
civiles, á que están sujetos los eclesiásticos, se ha 
expodido contra la corte de Parma. 

Por fin , concluiremos esto punto con la observa- 
ción de que los ruidosos aumentos que hicieron los 
papas al proceso in Coma Domini, si siguieron su 
naturaleza, no podían estimarse por censuras, ni 
por excomuniones; porque éstas, según su primitivo 
origen, se ve que fué una mera ceremonia editi- 
cativa para los fieles, y exhortatoria para los here- 
jes , como advertidamente previene el antiguo ce- 
remonial romano, con estas palabras : Et hoc iotum 
fii pro utilitate excommunicatorum , ut vidente» $e a tot 
boniiy iantorum dierum excludifaciliü» ad reconcilia- 
iionié gratiam condeecendant : ad diem vero feetum 
respondetur, quod hoc non est eententim prolatio, sed 
exclusionU ostensio, et non per viamjudicialem, sed 
admonitionem et correpHonem materialem; tenien- 
do presente que los herejes no podían ser excomul- 
gados por estar fuera de la Iglesia (2). Y si para con 

(11 Slabra, Deéue. Creuel., part. i, difis. 8, nan. 41 y simien- 
tes de la traducción espafiola. 

(i) Cercmoniéle Bomanum, edítom josso Greforü X, apad Joan- 
test MabUloniam, Mu$*i iulici, tom. u, pag. ttl, l nsm. tt. 



los nuevos capítulos se pretende hallar expedita la 
excomunión , también se pudiera inferir que des- 
pués del monitorio de Julio III habría resultado el 
absurdo de quedar reducida la Iglesia al estado pon- 
tificio, y todas las naciones separadas de su seno; 
porque en todas hemos visto en rigurosa observan- 
cia la costumbre contraria á aquellos oapítulos, 
siendo los primeros los eclesiásticos quienes recur- 
ren á la protección de los tribunales reales en mu- 
chos asuntos. 

El cardenal Zabarola explicó su inutilidad con 
ifna comparación muy oportuna y perceptible. Aun 
prescindiendo -de los capítulos de nulidad , injus- 
ticia y defecto de publicación solemne y obliga- 
toria, no alcanzaba este docto purpurado que pu- 
diesen producir su efecto unas censuras concebidas 
en términos confusos, generales é indefinidos. Se- 
mejantes excomuniones indeterminadas no salen, 
en su concepto, de la esfera de meras advertencias, 
incapaces de ligar ni comprehender aun á los que 
se conoce que ejercitan los actos de su prohibición, 
mientras no se les declare por tranagresores en la 
solemnidad de un juicio legítimo ; porque el modo 
general de hablar siempre es desestimable en to- 
das materias, como manifiesta con el ejemplo del 
sacerdote que por la expresión general de que los 
grandes malhechores deben ser castigados con el 
último suplicio , no incurre en la irregularidad de 
que nadie le excusaría, si la contrajese á un caso 
particular (3). 

Pudiéramos ilustrar el pensamiento de este autor 
por muchos caminos y en distintas materias , pero 
estamos en que son bastantes las consideraciones 
anteriores para que los imparciales juzguen do los 
fundamentos en que descansan las censuras y con- 
minaciones del monitorio romano. 



(3) Franciscas Zabarella Card. Florent. , DeRefermeL Eeckrtm, 
cap, xtii , De Cennris Eccictiattiái i* Aet. Concil. ContfnL Her- 
■anni Yonderhardt, edil. Franeofurt., 1700, tom. i, pag. 535, ibi: 
Simula dicimas de general! modo loqaendi: nt diceodo excomma- 
oleamos ornees sacrilegos, ornees impedieetes jislitiam eoclesJat- 
ticam, omnes qni talem rem snbripnerant, et talis modos loquen di 
geeeralis, et confusas non ligat, ut videtur gentes ad vltandnm 
tilos, qnos In particular! tales eognorerant nfsi per judicium Ules 
esse nomieatim promolgeetnr... Sieit Muerdos Miera tus potett 
dicere qood omnis far slt saspendendas, nee in irregvlaritate in- 
eurrit, qua ionodaretar, si dieerel hio far sispeidl debet, ant In- 
terial. 



SECCIÓN ÚLTIMA. 



¡ [ajusta remienda á la corte de Rom usurpa al Soberano sitó ttgalia&. 



i únicamente , para terminar nuestro din 
■o,1b averiguación del semblante con que se 
nif ar las censuras del breve román* 
talle sin delito, que las constituciones que traen 
•\ Hombro de la cabeza do la Iglesia, como quiera 

>n respeto. 
I*a cv mte de Dios y 

de loa Itoin , f viene a trací 

mérito al que na le fulmina, bajo el terrible sobres- 
crito de la mayor de las | 

La - astfcia de las censuras es 

ay diferente de la nulidad. En C3te último 
i ni hay obligación á la observancia de los cá- 
prescriben las joñas y la conducta de 
Itit c y ar su absolución (2), 

el juez que nula é inv.i 
mentó tía, de que no se le obedezca, porque 

su precepto es Ineficaz, como que procede sin au- 
i, id. 
La •-observancia y la reverencia de las excomu- 
a notoriamente nulas no sería un acto rcli- 
i - T i -cribe al propósito el piísimo 

Un di I a, no so ha de dar á las i 

uiacion que se debe a las ver* 
- (3), 

Es tan manifiesta la injuria que se baria en tra- 
tar do- excomulgado al que se le ha impuesto nula- 
semejante sentencia, qne no dejarían de pe- 
car gravemente los que evitasen su coinpaní 
sociedad en todos los ca tiejt ser <íe 

perjuicio. Esta comí- 

:ue con razón sufre la nol ialismo á la 

jurisdicion eclesiástica, no ^ apro- 

bar en esta parte la común de todos los es; 
tw (4). 

(I) 0. Aog.% Pialin, 1U2. Qui justos o!, el injusli.- ailediel- 
tor, praniu' Uir. 

I*. Alma m , | 7, num. 7, 

tfllt «?K<viiiaianlca(um a »mi jurfice injusto faoim, iil cst, absque 

ejtts rulpu inlerlm lig-iiura e*se, ¡»c tern 

Viro ¿anoncr. uulcjns »Ututos, nub i*tpní*aJi 

ubi eieomr . ■esjni 

?adcm, <|üia cicüromunjrjitir.i 
► U |, ¿, art. i, aa 4. 

D. ftnarr., in cap i um c**imtéi t 4* ¡leuri¡iti», remed, 5. 

mi cvtutnyt, reucd. I, nuo. 3£3. Quiid 

Itaanrla vrrtt rlrhifam , faltls non defrr- 

[tjm, Satanás in eum ac iransíor- 

uuw, !>. LoH 
''tcvaiajuaicaiuai oiurcat, ^uia mju- 



Si la fuerza y la violencia se emplean en hacer 
efectivas las excomuniones injustas cuando el re- 
medio de la apelación no sea pr« por la dis- 
tancia, porque se deniega 6 porque la superioridad 
del juez no la permita, cualquiera tieue recurso al 
pe soberano, á la suplicación y retención; Te- 
idos por el señor Infante duque de 
Fariña, en forma especifica contra el monitorio» 

A su soberanía toca levantar las opresiones que 
padezcan bus subditos, y detener el impulso del 
brazo que se las imponga, sea de la condición que 
se quiera (6). 

debe ser el uso de las censuras en el Orden 
civil, cuando se consideran nulas y notoriamente 
abusivas, con traatorao d« la quietad deis repú- 
blica y ontre sus particulares ciu ¿Qué 
deberemos decir en el caso presente, en que la vio- 
lencia de una censura ínja tiente nula 
po